Una ola inmensa

En la solemne ceremonia religiosa del Viernes Santo a la tarde, uno de los momentos más evocadores es el de la adoración de la cruz. Todos los participantes en el acto litúrgico desfilan ante la cruz y besan las cicatrices de los pies y del corazón del crucifijo. Este gesto no suele ir acompañado de lágrimas. Solamente, excepcionalmente unas tímidas lágrimas acuden a sus ojos cuando regresan a los bancos. Quizá no valoramos suficientemente lo realizado por Jesús en favor de nosotros.

Esta semana ha muerto Beltrame Arnaud, teniente coronel de la policía francesa, por los disparos de un delincuente. Precisamente este policía se había intercambiado voluntariamente por una rehén. A su madre no le ha sorprendido que Beltrame Arnaud actuara así, pues la razón de vivir de este policía era esto: “defender a los demás”. Ante este gesto de solidaridad, de entrega y valentía se ha levantado una ola inmensa de admiración y simpatía en toda Francia, extensible a otros lugares del mundo. El número y la variedad de gestos surgidos por doquier, empezando por las montañas de ramos de flores depositados en multitud de rincones, hablan por sí solos.

Jesús no se merece menos. ¡Se lo ha ganado!

Al amanecer, María Magdalena fue al sepulcro y vio “la losa quitada”.

La resurrección anuncia que las losas, que nos aplastan, pueden ser eliminadas, retiradas.

La resurrección nos comunica que la humanidad no camina hacia la nada, hacia el absurdo, sino hacia la plenitud.

La resurrección nos habla del triunfo del Crucificado. Tengo la sensación de que sintonizamos más fácilmente con el Cristo sufriente que con el Cristo triunfante. Le acompañamos hasta el calvario y ahí nos despedimos.

La celebración litúrgica más entusiasta, es decir, la de la Pascua de Resurrección, consiste en “dar el paso del hombre viejo al hombre nuevo”. El escritor francés J. Green, se extrañaba de la actitud de los cristianos que al salir de la misa “bajan del calvario y hablan del tiempo bostezando”.

Creer en la Resurrección es enfocar la vida de otra manera. Permanece en ti la invitación de San Pablo: “Despojaos de la ira y de las groserías, vestíos del hombre nuevo”¿Quién nos quitará la losa de la corrupción, de la maldad, de la mentira?, se preguntaban las mujeres que iban camino hacia el sepulcro, donde habían enterrado a Jesús. Metáfora que repetimos los ciudadanos del siglo XXII pues ”la Fe es el pájaro que canta cuando la noche es oscura”.

¡Felices Pascuas de Resurrección!

Josetxu Canibe

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