Un nuevo comienzo

Con la resurrección del Señor se inicia una nueva vida. Los relatos evangélicos expresan esta perspectiva con toda claridad. El primer día de la semana Marcos, al igual que Mateo, nos indica dos veces el día del suceso: Pasado el sábado, día de descanso, viene «el primer día de la semana» (v. 1). Hoy nuestro domingo, día del Señor. Marcos insiste en la hora: «muy temprano», «al salir el sol» van las mujeres al sepulcro (v. 2). El énfasis está puesto en la idea de inicio, de un nuevo comienzo. La intención es embalsamar el cuerpo del Señor (también en Lucas, a diferencia de Mateo que no menciona el asunto). Los nombres de las mujeres varían ligeramente en los cuatro evangelios, pero hay uno que siempre está: el de María Magdalena.

El relato es sencillo, no hay ningún acontecimiento especial, salvo que en Marcos la piedra del sepulcro ya fue retirada (cf. v. 4). El mensajero es simplemente un joven «vestido de blanco» (v. 5). Les dice: «No os asustéis»; se trata de un asombro con un matiz de temor, y se adelanta a una eventual pregunta: «Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado». La fórmula es escueta pero contiene lo esencial, luego añade algo que puede ser comprobado por las mujeres: «No está aquí… Mirad el sitio donde lo pusieron» (v. 6). El sepulcro vacío es signo de una nueva presencia, de eso deben dar testimonio. Lo primero será comunicarlo a los discípulos, que tal vez no se habían atrevido a ir los primeros a ver la tumba de Jesús. Ellos deberán dirigirse a Galilea, tal como él lo había dicho, «allí lo veréis» (v. 7). En Galilea, la región de la cual son originarios y por cuyos caminos acompañaron la predicación del Maestro. El sepulcro seguirá vacío en Jerusalén; pero el mundo, desde la tierra marginada de Galilea, se llenará de la presencia del Cristo resucitado.

Marcos nos presenta en seguida a las mujeres «temblando de espanto», tanto que «no dijeron nada a nadie» (v. 8). El texto termina abruptamente, el temor se comprende, no así el silencio. De hecho, Mateo deja abierta la posibilidad de que comuniquen lo experimentado, por su parte Lucas nos presenta a las mujeres cumpliendo el encargo de hablar con los discípulos. Esto ha hecho pensar en que la versión de Marcos no esté completa (por ello la Biblia de Jerusalén coloca unos puntos suspensivos). No obstante, puede suceder también que en Marcos estemos ante una nueva indicación, frecuente en él, de que creer es un proceso largo y difícil. Y que está siempre comenzando.

Bautizados en Cristo

Pablo nos da el sentido de la liturgia bautismal tan relevante en la vigilia pascual. Como todo sacramento el bautismo es un signo, signo eficaz lo llama la tradición cristiana. Lo significado es nuestro vínculo con Cristo. En la muerte de Cristo muere el poder del pecado, del egoísmo autosuficiente. En esa muerte hemos sido bautizados(cf. v. 3). Pablo refuerza la idea de la resurrección diciendo que «por el bautismo fuimos… sepultados con él en la muerte». Gracias a ello, así como Cristo resucitó, nosotros hemos sido llamados a «una vida nueva»(v. 4).

De un nuevo comienzo nos hablaba también Marcos. Pablo precisa, lo que debe morir en nosotros es «nuestra vieja condición», que «fue crucificada con Cristo» (v. 6). De ese modo dejaremos de ser esclavos del poder de la muerte que se expresa en el pecado, ruptura de amistad con Dios y entre nosotros. De ese poder somos liberados por Jesucristo (cf. v. 7). Como la de él nuestra vida debe ser «un vivir para Dios» (v. 10). Ser testigo de la resurrección es aceptar la fuerza del Espíritu de libertad y de vida en nosotros. Liberándonos del egoísmo y liberando a los demás de todo lo que les impide realizarse como seres humanos y como hijas e hijos de Dios. La solidaridad acogedora y comprometida con todos y en particular con los más necesitados nos vincula al Cristo resucitado, dador de vida.

Gustavo Gutiérrez