«Victimae Paschali, Laudes»

Hermosa secuencia de Pascua. Su autor es el sacerdote Wippo de Borgoña (+1048/50), monje del S.XI, capellán del emperador Conrado II y de su hijo Enrique III. Se cree que es, asimismo, autor de la música. Wippo compuso la poesía para servir de secuencia en la Misa, pero la forma dialogada de la segunda parte la hizo muy popular en los dramas o misterios de la Resurrección. Actualmente le falta la quinta estrofa, sobre la incredulidad de los judíos, que fue suprimida por San Pío V:

«Credendo est magis
soli Marie veraci
quam turbae iudeorum fallaci»

1. Cristo, Víctima Pascual (Victimae paschali laudes)
Cristo es presentado ante todo como la Víctima Pascual, el Cordero inocente. Cristo es contemplado en el Apocalipsis como el Cordero que se mantiene en pie, Cordero degollado (5, 6), el Cordero que fue muerto y es digno de recibir el honor, la gloria y la bendición (5, 12: cántico de Vísperas del martes). En su sangre han blanqueado sus vestidos los mártires (7, 14); vencieron al acusador por la sangre del Cordero y por el testimonio valiente (12, 11). Quienes son vírgenes le siguen y pueden aprender y cantar el cántico nuevo (14, 1-5). El Cordero abrió los siete sellos del libro (cap. 6 y cap. 8). Ahora reina y llegó la hora de sus bodas con la Iglesia (19, 7: cántico de las II Vísperas del domingo). Son dichosos los llamados a la cena de las nupcias del Cordero (19, 9).

Ya en el principio de la vida pública de Jesús, Juan lo había señalado como el «Cordero que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 36). La conjunción de ambos textos forma la invitación a la comunión. También en el Gloria, y durante la fracción del pan, se invoca al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo: el Hijo del Padre.

2. Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza (Inmolent christiani)
El poema es titulado, por así decirlo, en la estrofa inicial independiente como «alabanzas inmoladas a la víctima pascual». El sujeto oferente son los cristianos; el objeto directo del verbo, que especifica la oferta de los cristianos, son las «ofrendas de alabanza»; el beneficiario es Cristo; sólo a él le corresponde el honor y la gloria. Él «es la víctima propicia de la Pascua».

Lo que se inmola es propiamente un sacrificio. Pero encontramos que en el latín medieval significaba también lo que se ofrece a una iglesia, así como el sacrificio de acción de gracias. Por tanto, no nos ha de extrañar que el poema de alabanza al Cordero Pascual, Cristo, sea presentado como inmolación.

3. El Cordero inocente a sus ovejas salva (Agnus redemit oves).

Cristo, el Buen Pastor, a sus ovejas rescató del poder del mal. La primera carta de San Pedro nos recuerda que fuimos «rescatados de la manera vana de vivir no con plata y oro sino con la sangre preciosa de Cristo, como Cordero sin tacha ni mancilla, a quien Dios resucitó de entre los muertos y glorificó» (1P 1, 18-21).

4. Y nos reconcilia con su Padre (Reconciliavit peccatores).
Cristo es el reconciliador; Él es quien reconcilió a los pecadores con el Padre. Recordemos el inicio de la preciosa fórmula de la absolución sacramental, eco de pasajes bíblicos: «Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y resurrección de su Hijo…» (Ef 2, 4; Rm 5, 11; 2Co 5, 18-20; Col 1, 20, cantado en las Vísperas de cada miércoles).

5. Muerte y Vida lucharon (Mors et vita duello). El enfrentamiento de Cristo con la muerte –en admirable duelo– recuerda los pasajes entusiastas de San Pablo: «Cristo ha deshecho y aniquilado el poder de la muerte» (Rm. 6, 9; y la cita de Oseas 13, 14 en 1Co 15, 54-55). El combate de la vida y la muerte ha sido duro, han luchado en combate portentoso (conflixere mirando). El caudillo de la vida, muerto, reina vivo (dux vitae mortuus regnat vivus). Es la victoria de la vida sobre la muerte.

6. Diálogo con María la de Magdala (Dic nobis Maria, quid vidisti in via?).
Tras preguntarla sobre lo que ha visto en el camino, habla María Magdalena. Para comprender la base bíblica del testimonio de María, deben tenerse en cuenta no sólo el evangelio de San Juan (Jn 20, 1-10 y 11-18), sino los pasajes de los sinópticos que hablan de las mujeres que se dirigen al sepulcro la mañana del día siguiente al sábado (et valde mane una sabbatorum, veniunt ad monumentum, orto iam sole alleluia –Mt 28, 1-10; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-11–). María responde ante todo que vio el sepulcro de Cristo que vive y la gloria del Resucitado (Sepulcrum Christi viventis / et gloriam vidi resurgentis).

Aquí venía la estrofa quinta en el texto de Wippo, suprimida por San Pío V: Credendum est magis solae Mariae veraci / quam turbae iudeorum fallaci. Hay que creer más a María, la única veraz / que a la turba falaz de los judíos. Era una observación: la versión que María da de su experiencia en la mañana de Pascua es veraz. Vale más el testimonio de ella sola que la excusa de los príncipes de los sacerdotes sugerida a los que hacían la guardia sobre el cuerpo robado mientras dormían: «Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy» (Mt 28, 11-15; Evangelio del lunes de la octava).

¿Por qué la revisión tridentina de las secuencias decidió suprimir esta estrofa el año 1570? Sin duda porque encontraban que el carácter vivo y gozoso del diálogo quedaba desordenado por el recuerdo de los judíos.

7. Testimonio de los ángeles, el sudario y los vestidos (Angelicos testes, sudarium et vestes) María continuaba contemplando la narración de lo que había visto (es la estrofa que se ha mantenido): los «testigos angélicos», el sudario y los lienzos. Se trata de la sábana que envolvía el cuerpo del difunto por la espalda y, dando la vuelta, le cubría por encima. El sudario o pañuelo iba aparte, atado a la cabeza. Gracias a los estudios y los gráficos sobre la Sábana Santa de Turín se ha divulgado este modo de amortajar, que fue el usado en la sepultura de Jesús. Añadimos que la Neovulgata usa la palabra linteamina, que significa lienzo o tela (Jn 20, 7).

Al suprimir la estrofa quinta, la forma dramática o teatral queda, pues, como un diálogo entre los discípulos y María, sin distraer la atención con observaciones.

8. Profesión de fe: resucitó Cristo, mi Esperanza (Surrexit Christus, spes mea).
María afirma claramente que Cristo resucitó. Y resume en las palabras «mi esperanza» todo cuanto significaba para ella Jesucristo.

La asamblea dice que sabemos (con la certeza que da la fe en el testimonio del Evangelio) que Cristo ha resucitado verdaderamente (Scimus Christum surrexisse a mortuis vere).

9. Invocación y súplica final (Tu nobis, Victor, Rex miserere).
La asamblea de los cristianos, el sujeto activo de las alabanzas, esparcidos por el mundo entero, después de profesar su fe en Cristo Resucitado, completa esta profesión de fe con la invocación a Cristo, llamándole «Rey y Vencedor», y porque reina glorioso, sentado a la derecha del Padre, le pide que tenga misericordia de nosotros.


Ver KAUFMANN, CRISTINA, Comentario espiritual sobre la secuencia de Pascua, en Pastoral litúrgica, Ed. Edice, núm. 279, pp. 139-144, para una mayor ampliación.

Antonio Alcalde Fernández