Puertas cerradas

La mención de las puertas cerradas, con que nos encontramos en la narración de cada una de las dos apariciones de Jesús que se nos narra en este relato de Juan, ha mantenido siempre mi atención y picado mi curiosidad. Pudiera uno muy bien verse tentado a pensar que Juan no menciona las puertas cerradas más que para subrayar que Jesús tiene ahora un cuerpo espiritual que puede muy bien atravesar las puertas cerradas y las paredes. Lo cual estaría totalmente en contra de lo que dicen los cuatro Evangelistas que se esfuerzan por demostrar que el cuerpo de Cristo resucitado es un cuerpo físico normal, que puede comer y ser tocado.

La mayoría de las traducciones de este texto apenas ayudan para su entendimiento, toda vez que unen la mención de las “puertas cerradas” con la de “el miedo a los Judíos”, cosa que no hace el texto original.. Este texto original no dice que los discípulos habían cerrado las puertas por miedo a los Judíos, sino que simplemente dice que las puertas estaban cerradas en el lugar en que se hallaban reunidos los discípulos por miedo a los judíos, y que de pronto Jesús se mostró en medio de ellos.

Es posible que demos con alguna luz sobre el sentido de este texto poniéndolo en relación con las palabras del mismo Jesús: “Cuando ores, ve a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre”. Lo que Juan quiere subrayar es el hecho de que los discípulos se hallaban en oración, con todas las puertas cerradas, cuando se les apareció Jesús en la tarde de Pascua. Y lo mismo aconteció cuando una vez más se les apareció una semana más tarde.

En realidad, el texto original no dice que Jesús se mostró “ante ellos”. Lo que dice es: “Estaba allí, en medio de ellos”. Evidentemente, vemos de seguido la relación con la promesa de Jesús: “Donde dos o tres se hallan reunidos, allí estoy yo en medio de ellos”.

Jesús manifiesta su presencia en medio de sus discípulos cuando, siguiendo su recomendación, se retiran juntos a algún lugar en nombre suyo para orar. Lo cual nos da a entender que cada vez que nos reunimos en la Iglesia en nombre de Jesús, para orar, se halla él allí en medio de nosotros.

Pero, ¿qué es lo que en concreto puede querer decir la expresión “por miedo a los judíos” en este contexto? – S trata de una expresión que utiliza Juan de vez en cuando en su Evangelio, y que pone e relación con la incapacidad o el rechazo de hablar de Cristo o de predicar el Evangelio. Por ejemplo, cuando viene de incognito Jesús al templo, el día de la fiesta de las Tiendas, porque lo quiere matar Herodes, las muchedumbres se preguntan quién puede ser él, pero nadie habla abiertamente de él “por miedo a los Judíos”. Cuando cura Jesús al ciego de nacimiento y preguntan los Fariseos a los padres de este ciego, los padre se niegan a dar una respuesta “por miedo a los judíos”. José de Arimatea que cuida de que se sepulte a Jesús, era un discípulo de Jesús, pero lo era a ocultas, “por miedo a los Judíos”. En el Evangelio que hoy hemos escuchado , vemos por consiguiente a los discípulos reunidos, pero sin decir una sola palabra de Jesús “por miedo a los judíos”. No había recibido aún el Espíritu que había de conducirlos a una vida nueva, y habría de darles la fuerza y el valor para dar testimonio el Evangelio.

Jesús, pues, vino y les dijo: “Como me ha enviado el Padre, os envío yo también”, y sopló sobre ellos. ¿Qué sentido tiene este soplo? Se trata sin duda alguna de la transmisión del Espíritu. Pero la expresión que utiliza Juan significa mucho más que eso. No utiliza la expresión ordinaria que significa “soplar”. Utiliza una palabra griega especial que no se encuentra más que tres veces en la traducción griega de la Biblia. La primera vez es en la narración de la Creación:”El Señor Dios modeló al hombre del polvo de la tierra y sopló en sus narices su aliento de vida”. La segunda vez se halla en capítulo 27 de Ezequiel en el que el Espíritu de Dios se cierne sobre el campo de los huesos secos y les sopla una vida nueva. (Hay una tercera vez también en el libro de la Sabiduría, pero que de hecho es una cita del libro del Génesis).

Lo que en este suceso realiza Jesús es una nueva creación.

Hermanos y hermanas! Nos hemos reunido esta mañana en nombre de Cristo, para dirigir nuestra oración al Padre. Se halla en medio de nosotros, engendrándonos a una vida nueva y enviándonos a la misión. Recibamos la Eucaristía como un alimento que nos dará la fuerza de ser sus testigos fieles, cada uno de nosotros según la propia vocación.

A. Veilleux