Vísperas – Miércoles II de Pascua

SAN ESTANISLAO, Obispo y mártir. (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: OH DIOS, QUE ERES EL PREMIO

Oh Dios, que eres el premio, la corona
y la suerte de todos tus soldados,
líbranos de los lazos de las culpas
por este mártir a quien hoy cantamos.

El conoció la hiel que está escondida
en la miel de los goces de este suelo,
y, por no haber cedido a sus encantos,
está gozando los del cielo eterno.

Él afrontó con ánimo seguro
lo que sufrió con varonil coraje,
y consiguió los celestiales dones
al derramar por ti su noble sangre.

Oh piadosísimo Señor de todo,
te suplicamos con humilde ruego
que, en el día del triunfo de este mártir,
perdones los pecados de tus siervos.

Gloria eterna al divino Jesucristo,
que nació de una Virgen impecable,
y gloria eterna al Santo Paracleto,
y gloria eterna al sempiterno Padre. Amén.

SALMODIA

Ant 1. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Salmo 61 – DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Ant 2. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Salmo 66 – QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Ant 3. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA BREVE   Ap 7, 14-17

Ésos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los molestará el sol ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.

RESPONSORIO BREVE

V. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. Aleluya, aleluya.
R. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. Aleluya, aleluya.

V. Y se alegrarán los rectos de corazón.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Resplandecerán los justos en presencia de Dios. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. Aleluya.

PRECES

En esta hora en la que el Señor, cenando con sus discípulos, presentó al Padre su propia vida que luego entregó en la cruz, aclamemos al Rey de los mártires, diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Te damos gracias, Señor, principio, ejemplo y rey de los mártires,
porque nos amaste hasta el extremo.

Te damos gracias, Señor, porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos
y les das parte en los premios de tu reino.

Te damos gracias, Señor, porque hoy hemos ofrecido, como sacrificio para el perdón de los pecados,
la sangre de la alianza nueva y eterna.

Te damos gracias, Señor,
porque con tu gracia nos has dado perseverar en la fe durante el día que ahora termina.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te damos gracias, Señor,
porque has asociado a nuestros hermanos difuntos a tu muerte.

Dirijamos ahora nuestra oración al Padre que está en los cielos, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que concediste al santo obispo Estanislao la valentía de derramar su sangre para confesar tu nombre, haz que también nosotros permanezcamos firmes en la fe, hasta morir, si es necesario, por conservarla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 11 de abril

Lectio: Miércoles, 11 Abril, 2018
Tiempo de Pascua
 
1) Oración inicial
Al revivir nuevamente este año el misterio pascual, en el que la humanidad recobra la dignidad perdida y adquiere la esperanza de la resurrección futura, te pedimos, Señor de clemencia, que el misterio celebrado en la fe se actualice siempre en el amor. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según san Juan 3,16-21
Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»
 
3) Reflexión
• El evangelio de Juan es como un tejido, hecho con tres hilos diferentes pero parecidos. Los tres se combinan tan bien entre sí que, a veces, no da para percibir cuando se pasa de un hilo al otro. (a) El primer hilo son los hechos y las palabras de Jesús de los años treinta, conservados por los testigos oculares que guardaron las cosas que Jesús hizo y enseñó. (b) El segundo hilo son los hechos de la vida de las comunidades. A partir de su fe en Jesús y convencidas de la presencia de Jesús en medio de ellas, las comunidades iluminaban su caminar con las palabras y los gestos de Jesús. Esto ha tenido un impacto sobre la descripción de los hechos. Por ejemplo, el conflicto de las comunidades con los fariseos del final del primer siglo marcó la forma de describir los conflictos de Jesús con los fariseos. (c) El tercer hilo son comentarios hechos por el evangelista. En ciertos pasajes, es difícil percibir cuando Jesús deja de hablar y cuando el evangelista empieza a hacer sus comentarios. El texto del evangelio de hoy, por ejemplo, es una bonita y profunda reflexión del evangelista sobre la acción de Jesús. La gente casi no percibe la diferencia entre las palabras de Jesús y las palabras del evangelista. De cualquier forma, tanto las unas como las otras, son palabras de Dios.
• Juan 3,16: Dios amó el mundo. La palabra mundo es una de las palabras más frecuentes en el Evangelio de Juan: ¡78 veces! Tiene diversos significados. En primer lugar, mundo puede significar la tierra, el espacio habitado por los seres humanos (Jn 11,9; 21,25) o el universo creado (Jn 17,5.24). Mundo puede significar también las personas que habitan esta tierra, la humanidad toda (Jn 1,9; 3,16; 4,42; 6,14; 8,12). Puede significar también un gran grupo, un grupo numeroso de personas, en el sentido de la expresión “todo el mundo” (Jn 12,19; 14,27). Aquí, en nuestro texto, la palabra mundo tiene el sentido de humanidad, de todo ser humano. Dios ama la humanidad de tal modo que llegó a entregar a su hijo único. Quien acepta que Dios llega hasta nosotros en Jesús, éste ya pasó por la muerte y ya tiene vida eterna.
• Juan 3,17-19: El verdadero sentido del juicio. La imagen de Dios que aflora de estos tres versículos es la de un padre lleno de ternura y no la de un juez severo. Dios mandó a su hijo no para juzgar y condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Quien cree en Jesús y lo acepta como revelación de Dios no es juzgado, pues ya ha sido aceptado por Dios. Y quien no cree en Jesús, ya ha sido juzgado. Se excluye él mismo. Y el evangelista repite lo que ya ha dicho en el prólogo: muchas personas no quieren aceptar a Jesús, porque su luz revela la maldad que en ellas existe (cf. Jn 1,5.10-11).
• Juan 3,20-21: Practicar la verdad. Existe en todo ser humano una semilla divina, un rasgo del Creador. Jesús, como revelación del Padre, es una respuesta a este deseo más profundo del ser humano. Quien quiere ser fiel a lo más profundo de sí mismo, aceptará a Jesús. Es difícil encontrar una visión ecuménica más amplia que lo que el Evangelio de Juan expresa en estos versículos.
• Completando el significado de la palabra mundo en el Cuarto Evangelio. Otras veces, la palabra mundo significa aquella parte de la humanidad que se opone a Jesús y a su mensaje. Allí la palabra mundo toma el sentido de “adversarios” u “opositores” (Jn 7,4.7; 8,23.26; 9,39; 12,25). Este mundo contrario a la práctica libertadora de Jesús está gobernado por el Adversario o Satanás, también llamado “príncipe de este mundo” (Jn 14,30; 16,11). El representa el imperio romano y, al mismo tiempo, los líderes de los judíos que están expulsando a los seguidores de Jesús de las sinagogas. Este mundo persigue y mata las comunidades, trayendo tribulaciones a los fieles (Jn 16,33). Jesús las liberará, venciendo al príncipe de este mundo (Jn 12,31). Así, mundo significa una situación de injusticia, de opresión, que engendra odio y persecución contra las comunidades del Discípulo Amado. Los perseguidores son aquellas personas que están en el poder, los dirigentes, tanto del imperio como de la sinagoga. En fin, todos aquellos que practican la injusticia usando para esto el nombre de Dios (Jn 16,2). La esperanza que el evangelio trae a las comunidades perseguidas es que Jesús es más fuerte que el mundo. Por esto dice: “En el mundo tendréis tribulaciones. Pero ¡ánimo: yo vencí el mundo!” (Jn 16,33).
 
4) Para la reflexión personal
• Tanto amó Dio al mundo que llegó a entregar a su propio hijo. Esta verdad ¿ha llegado a penetrar en lo más profundo de mi ser, de mi conciencia?
• La realidad más ecuménica que existe es la vida que Dios nos da y por la que entregó a su propio hijo. ¿Cómo vivo el ecumenismo en mi vida de cada día?
 
5) Oración final
Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
en Yahvé se gloría mi ser,
¡que lo oigan los humildes y se alegren! (Sal 34,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 11-12

11Y los espíritus inmundos, cuando lo veían, caían ante él y gritaban diciendo: “Tú eres el Hijo de Dios”. 12Y les abroncaba mucho para que no lo hiciesen manifiesto».

 

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p style=”text-align:justify;”>Reacción de los demonios. Las reacciones de los sufrientes humanos ante Jesús tienen un paralelo inmediato en la reacción de los demonios; esta semejanza refuerza la conexión marcana entre enfermedad física y exorcismo. Los espíritus impuros reconocen el estatus de Jesús como Hijo de Dios; por otro lado, la forma en que Jesús impone silencio sobre este reconocimiento refleja también una preocupación básica de Marcos, que muestra ahora aquello que Jesús había prohibido decir a los demonios cuando les ordenaba que no divulgaran su identidad (cf. 1, 34), es decir, que era Hijo de Dios. Este es el título más importante y más adecuado para Jesús en el evangelio, y su uso aquí representa el clímax del pasaje; algo que paradójicamente queda resaltado por el hecho de que Jesús impone silencio sobre ello. Este es el segundo uso del título (el primero fue la voz del cielo en 1, 11), y esos dos usos permiten trazar una comparación y un contraste significativo. 


<

p style=”text-align:justify;”>1, 11: Tú eres mi Hijo querido, en ti me he complacido


<

p style=”text-align:justify;”>3, 11: Tú eres el Hijo de Dios 


<

p style=”text-align:justify;”>Lógicamente, los demonios ni se muestran contentos con Jesús ni lo aman. El contraste evoca ya las fuerzas llenas de odio que en su momento desembocarán en la muerte de Jesús. En este contexto, la confesión de los demonios muestra también la mentira de la calumnia posterior de los escribas, cuando dicen que Jesús los expulsa con la fuerza de Beelzebul (3, 22), porque aquí los espíritus reconocen que, lejos de haber establecido un pacto con ellos, Jesús está comenzando a destruirlos con el poder de Dios. Resulta significativo el hecho de que la filiación divina de Jesús aparezca relacionada con su oposición efectiva al poder de Satán. Según eso, conforme a la visión de Marcos, «Hijo de Dios» no es simplemente un título que Jesús tiene como Mesías humano -y ciertamente no parece haber existido en el judaísmo 
una esperanza extendida en el Mesías como exorcista-, sino una designación por la que se sugiere que Jesús comparte la soberanía de Dios sobre los poderes sobrenaturales perversos (cf. Flp 2, 9-11).


Jesús no permite que el reconocimiento de los demonios continúe extendiéndose sin más, sino que les prohíbe que le descubran. Esta prohibición no tiene mucho sentido en un nivel narrativo, por la gran cantidad de gente que acompaña a Jesús. La prohibición refleja más bien el motivo del secreto mesiánico de Marcos, según el cual la filiación divina de Jesús queda humanamente escondida hasta que la crucifixión y la resurrección puedan mostrar el modo exacto en que deben entenderse. Más aún, no son los demonios, ni siquiera un ángel del cielo, los que deben proclamar el mensaje de la filiación divina de Jesús y lo que esta significa para el mundo. Esa tarea de honor está reservada para unos seres humanos; y así, en el siguiente pasaje un grupo selecto de hombres serán escogidos para ello.

Vida nueva

La fe cristiana no es un adoctrinamiento. Cada cristiano está llamado a vivir personalmente, con la experiencia de su vida, la verdad universal que manifiesta la Pascua. Si la resurrección es el centro de nuestra fe, es porque significa el retorno de la vida. La vida iba a perderse, y hoy se encamina hacia su plena realización.

Creer en la resurrección es afirmar que alguien —y alguien de nuestra historia— está «lleno de vida». Para siempre. Creer que Cristo está vivo es plantear para cada hombre el sentido de la vida. Pero creer en la resurrección es aún más. Es experimentar ya en lo secreto de nuestro corazón que, en Cristo, hemos vencido a las fuerzas de la muerte, aun cuando sigan aprisionándonos. Victoria para nosotros; sin duda; pero victoria también para el mundo, pues nuestra esperanza no es para uso privado, sino que es para el mundo. Cuando descubrimos con asombro que hemos sido despertados a la vida sin término, ese nuestro asombro es buena noticia para la tierra entera: nos convertimos en la conciencia viva de lo que ya le ha sido dado sin que la propia tierra se diese cuenta. El mundo aprende en nosotros que la muerte es «contra natura».

Y no es que liquidemos alegremente el lado trágico de la existencia. Al igual que el no creyente, nos vemos enfrentados al absurdo, abocados al sufrimiento y al vacío. Pero creemos humildemente que ya fluye en nosotros una sangre nueva. Afirmamos que, desde la mañana de Pascua, hemos nacido a una vida nueva: «¡El mundo antiguo ha pasado, y ha nacido un mundo nuevo!». Creer en la resurrección es apasionarse de la vida. Creer en Jesús es descubrir todo el amor a la vida que Jesús manifestó en sus palabras y obras. Es creer en el mundo y hacer lo posible para que el mundo alcance su fin. Creer en la resurrección es descubrir el poder de vida que Dios nos hace experimentar: nuestra vida no camina hacia su perdición. «Estad vivos, auténticamente vivos», dice Dios (Talec). Si creemos en la vida es porque hemos descubierto en la resurrección de Jesús que el secreto tenebroso del mundo es la palpitación de un corazón que ama: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único».

Esta confesión, este testimonio, lo hacemos juntos. Es significativo que las primeras experiencias del Resucitado ocurran siempre «en Iglesia», cuando los discípulos están reunidos. Si el Nuevo Testamento contiene manifestaciones individuales del Resucitado, las refiere siempre a la comunidad («Id a decir a mis hermanos», «ella corrió a decirlo…»). La fe no está escondida en la intimidad de la conciencia personal, sino que es cosa de todo un Pueblo. Creemos juntos y experimentamos unos con otros, unos por otros, el secreto de la vida.

Marcel Bastin

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

20. Son muchos y profundos los vínculos entre cristianos y judíos. Ambos están anclados en un precioso patrimonio espiritual común. Ciertamente, comparten la creencia en un Dios único, creador, que se revela y se alía con el hombre para siempre, y que por amor desea la redención. También tienen la Biblia, que en gran parte es común para judíos y cristianos. Para unos y para otros, es «Palabra de Dios». El común recurso a la Escritura nos acerca. Por otra parte, Jesús, un hijo del pueblo elegido, nació, vivió y murió como judío (cf. Rm 9,4-5). También María, su madre, nos invita a redescubrir las raíces judías del cristianismo. Estos estrechos lazos son un bien único, del que todos los cristianos se sienten orgullosos y deudores al pueblo elegido. Pero aunque el carácter judío del «Nazareno» permite a los cristianos saborear gozosos el mundo de la promesa y los introduce de manera decisiva en la fe del pueblo elegido uniéndolos a él, la persona y la identidad profunda de este mismo Jesús los separa, puesto que los cristianos reconocen en él al Mesías, el Hijo de Dios.

Comentario Domingo III de Pascua

ORACIÓN

Jesús, Señor resucitado, tú saliste al paso a los discípulos que caminaban ciegos y faltos de toda esperanza:

  • –  háblanos como a ellos en el caminar de nuestra vida,
  • –  ábrenos los ojos y el corazón para reconocerte en tu Palabra y en las Escrituras,
  • –  llénanos de asombro y gozo cada vez que nos permites reconocerte junto a nosotros, cuando nos reunimos para celebrar tu recuerdo en la Eucaristía. Tú que vives y reinas con el Padre por los siglos de los siglos.

    AMEN.

 

Lc 24, 35-48

«35Y ellos contaron lo que había pasado por el camino y cómo le habían conocido al partir el pan.

36Mientras hablaban de estas cosas, se presentó en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. 37Asustados y llenos de miedo, les parecía ver un espíritu.

38Y él les dijo: “¿Por qué estáis turbados y por qué suben a vuestro corazón vacilaciones? 39Ved mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y ved: un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que tengo yo”. 40Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

41Pero como aún no creían por la alegría y estaban estupefactos, les dijo: “¿Tenéis aquí algo para comer?”. 42Y ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. 43Y, tomándolo, lo comió delante de ellos.

45Entonces abrió su mente para que comprendieran las Escrituras.

46Y les dijo: “Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día, 47y que se proclamaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48Vosotros sois testigos de esto”. [49Mirad que yo envío sobre vosotros la promesa de mi Padre. Y vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de una fuerza de lo alto”]».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Después del encuentro de Jesús resucitado con dos discípulos camino de Emaús, perícopa a la que pertenece el primer versículo de nuestro evangelio (Lc 24, 13-35) viene este encuentro de Jesús, esta vez con todo el grupo de discípulos. En este encuentro, primero se nos ofrece la confirmación de la identidad de Jesús (cf. “Soy yo mismo”, v. 39) y después la misión de los discípulos (cf. la misión universal en el v. 47). Tras este encuentro con el resucitado, al evangelio solo le queda la escena de la ascensión (24, 50-53).

 

TEXTO

El evangelio de hoy nos propone el v. 35, que pertenece a la perícopa anterior, pero, en cambio, no recoge el v. 49, con el que termina la unidad textual; sin embargo, lo ponemos en el texto entre corchetes. La perícopa (vv. 36-49) se divide en dos unidades. La primera (vv. 36-43), centrada en la identidad del que se aparece a los discípulos, de Jesús, tiene tres momentos: a) la aparición de Jesús, que asusta a los discípulos (vv. 36-37); b) la presentación de Jesús, centrada en el ver de los discípulos (vv. 38-40); c) la demostración del ser de Jesús, que come como una persona de “carne y hueso” (vv. 41-43). Insistencias: el paso del miedo a la alegría; el ver y mostrar; la identidad de Jesús. La segunda parte de la perícopa (vv. 44-49) también tiene una estructura tripartita: a) la profecía de la Sagrada Escritura cumplida en Jesús (v. 44); b) Jesús abre la mente de los discípulos para que comprendan la Escritura (v. 45); c) nueva referencia a la Escritura y anuncio de la misión, implicando a los discípulos (vv. 46-49). Insistencias: lo ocurrido con Jesús tenía que ocurrir pues así lo habían profetizado las Sagradas Escrituras; el don de la comprensión; el encargo de la misión universal a los discípulos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Los discípulos reconocen a Jesús al partir el pan. La palabra (lo que Jesús les explicaba por el camino de Emaús) es por sí misma insuficiente si no conduce al acontecimiento, al sacramento. ¿Nuestras palabras de fe se plasman en “acontecimientos”, en hechos que permiten el encuentro comunitario con Jesús? ¿Nuestras eucaristías son verdadero reconocimiento de Jesús, de su proyecto y de sus exigencias?

• El miedo, el susto, la turbación impiden reconocer a Jesús, que trae la paz y la alegría a nuestro interior. El proceso para dejar atrás los miedos y experimentar el gozo pasa por Jesús. Nuestra vida espiritual tiene que estar profundamente centrada y radicada en Él. ¿Dónde “vemos” y “palpamos” a Jesús? ¿En qué se manifiesta la “alegría pascual” en nuestra vida? ¿Qué miedos nos paralizan aún?

• El papel de la Sagrada Escritura, de la Biblia, es fundamental en la vida de todo creyente y de la comunidad. Para conocerla y aprovechar su alimento espiritual es necesario que Jesús nos “abra” la mente: Jesús es el criterio para poder interpretar y comprender la Biblia. ¿Qué papel juega en nuestra vida de creyentes? ¿Nos dejamos acompañar y alimentar por ella?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo III de Pascua

III Domingo de Pascua
15 de Abril 2018

Hechos 3:13-15.17-19; Salmo 4:2.7.9; 1Juan 2:1-5a; Lucas 24:35-48

Jesús es real: los fantasmas no comen

Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludo diciendo: Paz a ustedes. Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo. Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: ¿Tienen aquí algo de comer? Le dieron un pedazo de pescado asado, y él lo aceptó y lo comió en su presencia. Luego les dijo: Lo que me ha pasado es aquello que les anuncie cuando estaba todavía con ustedes; Que había de cumplirse todo lo que está escrito de mi en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos. Entonces hizo que entendieran las escrituras, y les dijo:” Esta escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día.” En su nombre, y comenzando desde Jerusalén, hay que anunciar a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que sus pecados les sean perdonados. Ustedes son testigos de estas cosas.

Reflexión y Actividad

Si estuvieras ahí, ¿Qué sientes al tocar las manos y los pies de Jesús? ¿Qué quieres preguntarle? ¿Piensas que Jesús de verdad tenía hambre cuando pidió de comer? Jesús trata de calmar los miedos de sus amigos. ¿Ayudas a tus hermanos o compañeros cuando tienen miedo de algo? Jesús trae la paz. ¿Tratas de reconciliar a tus amigos y compañeros cuando se han enojado? Los discípulos eran testigos de la resurrección. ¿Somos nosotros testigos? ¿Como? Escriban en los Cristos resucitados en la siguiente página, como pueden ser testigos de Jesús.

Oración

Señor, cuando tú estás con nosotros, tenemos paz, consuelo y alegría. Ayúdanos a sentirte siempre presente para reconciliarnos y ofrecer perdón. Ayúdanos a no hacer nuestra voluntad sino la tuya. Ayúdanos a ser testigos de tu amor. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Jesús vuelve a aparecer entre sus amigos después de resucitar y ellos siguen sin poder creer lo que ven. Pero esta vez les “abrirá el entendimiento” y su alegría será completa: pues no sólo vuelven a ver vivo a Jesús, sino que ahora sí creen que él ES ÉL Hijo de Dios, que es Dios mismo. Es alegría les llevará a salir a hablar de él, y esa fe les hará comprometerse  el resto de sus vidas a cumplir con el mandato de Jesús: “predicar a todas las naciones”.

Los cristianos debemos ser personas alegres, porque tenemos fe. Es decir, porque creemos que Jesús es Dios que nos vino a salvar y que sigue caminando hombre con hombre, junto a nosotros.

Los cristianos debemos ser personas alegres, porque:

  • Podemos recibir a Cristo resucitado en la Comunión.
  • Porque si pecamos, contamos con Jesús, para pedir el perdón de Dios, y volver a empezar.
  • Porque cuando ayudamos a los que nos necesitan, podemos sentir la paz que Jesús nos deja.
  • Porque aún en los momentos tristes, si conservamos nuestra fe, descubrimos que son para nuestro bien y para nuestro crecimiento como personas…

Esta fe en Cristo, también debe comprometernos -como a los apóstoles-, a predicar sus enseñanzas, a mostrar a otros el camino del amor, ¡a ser como Jesús y salir cada día dispuestos a cambiar el mundo!

Comentario al evangelio – 11 de abril

Tanto amó Dios al mundo
La nueva vida de la resurrección a la que nos incorporamos por el bautismo no es sino una vida centrada en el amor. Y es que la salvación que consiste en la plena comunión con Dios y, en Él, con los demás, no puede entenderse más que como amor: ser amado y amar. Pero, ¿qué es el amor? Palabra usada, abusada, gastada y, tantas veces, prostituida, suele identificarse con un mero sentimiento voluble, rosa, romántico que, como viene, se va. Pero el amor es mucho más que sentimiento: abarca la entera realidad personal, todas sus dimensiones. Y no puede ser de otra manera, porque el Dios en el que creemos, un Dios personal, habitado por relaciones personales, es amor. Así pues, el amor, sí, siente, pero también conoce y comprende, y, además, quiere, decide, pasa a la acción.

Podemos experimentar en nosotros mismos en qué consiste el verdadero amor. El amor es una voluntad, una decisión, una entrega que comporta renuncias y sufrimientos. No se ama de verdad a otra persona si no se está dispuesto de algún modo a sufrir por ella. De hecho, ¿quién nos hace sufrir más, sino aquellos a los que más amamos? Nos puede parecer que esto es así en nosotros, que somos limitados y débiles, pero no en el caso de Dios, que es omnipotente, de modo que a Él amar no le cuesta nada (le sale gratis, por decirlo así). Es verdad que el amor, por ser lo más valioso, es un don gratuito, que no se puede comprar: “si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable” (Ct. 8, 7). Pero gratis no significa barato. Jesús nos lo recuerda hoy: el inmenso amor de Dios al mundo, un amor extremo y exagerado, le ha costado el desgarro de la entrega de su Hijo, una entrega total y dolorosa, hasta la muerte. No le ha salido gratis a Dios amarnos “tanto”, hasta el extremo: “Os rescataron… no con oro y plata, sino a precio de la sangre de Cristo” (1 P 1, 18).

Cuántas veces el amor fracasa porque somos avaros y cicateros y no estamos dispuestos a pagar su precio. En tal caso, vence el egoísmo, que nos exilia de la salvación porque nos exilia del amor. No es Dios el que nos juzga ni nos condena, sino que nosotros mismos nos condenamos por no creer en el amor.

En la Resurrección, por el contrario, descubrimos un amor verdadero, que triunfa sobre el egoísmo, porque se ha entregado del todo, asumiendo el precio que esa entrega comporta. Vivir en este mundo en el ámbito de la resurrección por el bautismo significa vivir creyendo que ese precio merece la pena (aunque pena haya y, a veces, no poca), que no es una pérdida, sino una ganancia y que, pese a todas las apariencias, el amor vence.

Y esto se expresa también en el testimonio de fe, en el testimonio público de la resurrección. Como vemos en la primera lectura, también aquí hay que estar dispuesto pagar el precio de la persecución, pero sabiendo que no hay persecución que pueda acallar la Palabra, porque no es posible encerrar en una mazmorra el amor con el que tanto amó Dios al mundo.

José M. Vegas cmf