Vísperas – Viernes II de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TU CUERPO ES PRECIOSA LÁMPARA

Tu cuerpo es preciosa lámpara,
llagado y resucitado,
tu rostro es la luz del mundo,
nuestra casa, tu costado.

Tu cuerpo es ramo de abril
y blanca flor del espino,
y el fruto que nadie sabe
tras la flor eres tú mismo.

Tu cuerpo es salud sin fin,
joven, sin daño de días;
para el que busca vivir
es la raíz de la vida. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.

Salmo 114 – ACCIÓN DE GRACIAS

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha salvado mi vida de los lazos del abismo. Aleluya.

Ant 2. El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.

Salmo 120 – EL GUARDIÁN DEL PUEBLO.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor guarda a su pueblo como a las niñas de sus ojos. Aleluya.

Ant 3. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

Cántico: CANTO DE LOS VENCEDORES Ap 15, 3-4

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 5, 8-10

Cristo, aunque era Hijo de Dios, aprendió por experiencia, en sus padecimientos, la obediencia, y, habiendo así llegado hasta la plena consumación, se convirtió en causa de salvación para todos los que lo obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote «según el rito de Melquisedec».

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Subió al árbol santo de la cruz, destruyó el poderío de la muerte, se revistió de poder, resucitó al tercer día. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Subió al árbol santo de la cruz, destruyó el poderío de la muerte, se revistió de poder, resucitó al tercer día. Aleluya.

PRECES

Oremos a Cristo, fuente de toda vida y principio de todo bien, y digámosle confiadamente:

Instaura, Señor, tu reino en el mundo.

Jesús salvador, tú que, muerto en la carne, fuiste devuelto a la vida por el Espíritu,
haz que nosotros, muertos al pecado, vivamos también de tu Espíritu.

Tú que enviaste a tus discípulos al mundo entero para que proclamaran tu Evangelio a todos los pueblos,
haz que cuantos anuncian el Evangelio a los hombres vivan de tu Espíritu.

Tú que recibiste todo poder en el cielo y en la tierra para dar testimonio de la verdad,
guarda en tu verdad a quienes nos gobiernan.

Tú que todo lo renuevas y nos mandas esperar anhelantes la llegada de tu reino,
haz que, cuanto más esperemos el cielo nuevo y la tierra nueva que nos prometes, con tanto mayor empeño trabajemos por la edificación del mundo presente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que descendiste a la mansión de la muerte para anunciar el gozo del Evangelio a los difuntos,
sé tú mismo la eterna alegría de todos los que mueren.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo muriera en el patíbulo de la cruz para librarnos del poder del enemigo, te pedimos nos concedas alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 13 de abril

Lectio: Viernes, 13 Abril, 2018

1) ORACIÓN INICIAL

Oh Dios!, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz; concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 6,1-15

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: « ¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

3) REFLEXIÓN

• Hoy empieza la lectura del capítulo 6 del evangelio de Juan que trae dos señales o milagros: la multiplicación de los panes (Jn 6,1-15) y Jesús que camina sobre las aguas (Jn 6,16-21). Inmediatamente después, aparece el largo diálogo sobre el Pan de Vida (Jn 6,22-71). Juan sitúa el hecho cerca de la fiesta de Pascua (Jn 6,4). El enfoque central es la confrontación entre la antigua Pascua del Éxodo y la nueva Pascua que se realiza en Jesús. El diálogo sobre el pan de vida aclarará la nueva Pascua que se realiza en Jesús.

• Juan 6,1-4: La situación. En la antigua pascua, el pueblo atravesó el Mar Rojo. En la nueva pascua, Jesús atraviesa el Mar de Galilea. Una gran multitud siguió a Moisés. Una gran multitud siguió a Jesús en este nuevo éxodo. En el primer éxodo, Moisés subió a la montaña. Jesús, el nuevo Moisés, también sube a la montaña. El pueblo seguía Moisés que realizó señales. El pueblo sigue a Jesús porque había visto las señales que él realizaba para los enfermos.

• Juan 6,5-7: Jesús y Felipe. Viendo a la multitud, Jesús confronta a los discípulos con el hambre de la gente y pregunta a Felipe: “¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?” En el primer éxodo, Moisés había obtenido alimento para el pueblo hambriento. Jesús, el nuevo Moisés, hará lo mismo. Pero Felipe, en vez de mirar la situación a la luz de la Escritura, miraba la situación con los ojos del sistema y respondió: “¡Doscientos denarios de pan no bastan!” Un denario era el salario mínimo de un día. Felipe constata el problema y reconoce su total incapacidad para resolverlo. Se queja, pero no presenta ninguna solución.

• Juan 6,8-9: Andrés y el muchacho. Andrés, en vez de quejarse, busca soluciones. Encuentra a un muchacho con cinco panes y dos peces. Cinco panes de cebada y dos peces eran el sustento diario del pobre. El muchacho entrega su alimento. Hubiera podido decir: “Cinco panes y dos peces, ¿qué es esto para tanta gente? ¡No va a servir para nada! ¡Vamos a compartirlos entre nosotros con dos o tres personas!” En vez de esto, ¡tuvo el valor de entregar los cinco panes y los dos peces para alimentar a 5000 personas (Jn 6,10)! ¡Quien hace esto o es loco o tiene mucha fe, pensando que, por amor a Jesús, todos se disponen a compartir su comida como hizo el muchacho!

• Juan 6,10-11: La multiplicación. Jesús pide que la gente se recueste por tierra. En seguida, multiplica el sustento, la ración del pobre. El texto dice: “Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, y comieron todo lo que quisieron.” Con esta frase, escrita en el año 100 después de Cristo, Juan evoca el gesto de la Ultima Cena (1Cor 11,23-24). La Eucaristía, cuando se celebra como es debido, llevará a compartir como hizo el muchacho, y a entregar el propio sustento para ser compartido.

• Juan 6,12-13: Sobraron doce canastos. El número doce evoca la totalidad de la gente con sus doce tribus. Juan no informa si sobraron peces. Lo que le interesa es evocar el pan como símbolo de la Eucaristía. El evangelio de Juan no tiene la descripción de la Cena Eucarística, pero describe la multiplicación de los panes como símbolo de lo que debe acontecer en las comunidades a través de la celebración de la Cena Eucarística. Si entre los pueblos cristianos hubiese un verdadero compartir, habría comida abundante para todos y sobrarían doce canastas ¡para mucha más gente!

• Juan 6,14-15: Quieren hacerlo rey. La gente interpreta el gesto de Jesús diciendo: “¡Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo!” La intuición de la gente es correcta. De hecho, Jesús es el nuevo Moisés, el Mesías, aquel que el pueblo estaba esperando (Dt 18,15-19). Pero esta intuición estaba siendo desviada por la ideología de la época que quería un gran rey que fuera fuerte y dominador. Por esto, viendo la señal, ¡el pueblo proclamaba a Jesús como Mesías y avanza para hacerle rey! Jesús percibiendo lo que iba a acontecer, se refugia sólo en la montaña. Y así no acepta ser mesías y espera el momento oportuno para ayudar a la gente a dar un paso.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Ante el problema del hambre en el mundo, ¿tú actúas como Felipe o como el muchacho?

• La gente quería un mesías que fuera rey fuerte y poderoso. Hoy, muchos van detrás de líderes populistas. ¿Qué nos tiene que decir sobre esto el evangelio de hoy?

5) ORACIÓN FINAL

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré? (Sal 27,1)

Oración Buenos días

Oración para la mañana en la semana del 16 al 20 de abril, con los materiales publicados por los salesianos.

Buenos días 7-11 septiembre. Infantil

Buenos días 16 al 20 de abril. Ed Infantil

 

Buenos días 7-11 septiembre. Ed. Primaria

Buenos días 16 al 20 de abril. Ed. Primaria

 

Historia del Corpus Christi

Buenos días 16 al 20 de abril. Ed. Secundaria

 

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Buenos días 16 al 20 de abril.Bachiller

Ecclesia in Medio Oriente

22. Las relaciones entre las dos comunidades creyentes han estado marcadas por la historia y por las pasiones humanas. Ha habido numerosas y reiteradas incomprensiones y desconfianzas recíprocas. Las persecuciones insidiosas o violentas del pasado son inexcusables y merecedoras de una neta condena. Sin embargo, a pesar de estas tristes situaciones, las aportaciones mutuas a través de los siglos han sido tan fecundas que han contribuido al nacimiento y florecimiento de una civilización y de una cultura conocida como judeo-cristiana. Es como si estos dos mundos, que se declaran diferentes y contrarios por diversos motivos, hubieran decidido unir sus fuerzas para ofrecer a la humanidad una aleación noble. Estos lazos, que unen y separan al mismo tiempo a judíos y cristianos, les deben abrir a una nueva responsabilidad de unos respecto a otros, de unos con otros[18]. Pues los dos pueblos han recibido la misma bendición, y las promesas de eternidad que permiten avanzar con confianza hacia la fraternidad.


[18] Cf. Discurso en la visita de cortesía a los dos grandes rabinos de Jerusalén, Jerusalén (12 mayo 2009), AAS 101 (2009), 522-523; Propositio 41.

La misa del Domingo: misa con niños

*Objetivo: seguir celebrando la presencia de Jesús Resucitado

*Idea: el Señor nos conforta y nos ayuda en las dudas


1. MONICIÓN DE ENTRADA

¡Buenos días a todos! ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Sí, amigos. Seguimos celebrando, con los cantos y las flores, la luz y el agua, la Palabra y nuestra alegría, el triunfo de la VIDA sobre la muerte a través de la resurrección de Cristo. ¿Nos damos cuenta de lo que supone? También nosotros, por si lo hemos olvidado, resucitaremos.

Mientras tanto ¿qué podemos ofrecer al Señor? Ni más ni menos que nuestra fe. Para ello venimos a la Eucaristía: para fortalecer nuestra amistad con El, para que desaparezcan nuestros interrogantes, nuestras dudas. Sigamos celebrando la Pascua del Señor

2. PENITENCIAL

Como todos los domingos de la Pascua, y hoy también, el sacerdote rocía con el agua bendita nuestras cabezas. Hagamos promesa de no alejarnos del Señor. Pidamos perdón por aquello que nos distancia de Él. Le digamos que, ser Hijo de Dios y ser seguidores suyos, es lo más grande que nuestros padres han hecho por nosotros a través del Bautismo.

(Mientras se rocía con el agua bendita: Ilumíname Señor: Un solo Señor; Danos un corazón…)

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Vamos a escuchar las lecturas de este tercer Domingo de la Pascua. En la primera, Pedro, nos habla de lo esencial de este tiempo: Dios ha resucitado a Cristo de entre los muertos.

En la segunda, San Juan, nos recuerda que –a pesar de nuestros pecados—tenemos un gran abogado, un gran defensor (JESÚS) que intercede ante Dios y que ha pagado con su vida por nosotros.

Finalmente, en el Evangelio, escucharemos uno de los encuentros sorprendentes de Cristo Resucitado con los apóstoles. Que también nosotros sintamos la presencia de Jesús diciendo: ¡ES EL SEÑOR!

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

(Responderemos todos: ¡ERES EL SEÑOR RESUCITADO!)

4.1. Por la Iglesia. Para que nos haga vivir con alegría desbordante este tiempo de la Pascua. Por los cristianos perseguidos y masacrados. Oremos

4.2. Por los que tienen dudas. Por los que han perdido al Señor y viven tristes. Oremos

4.3. Por los pobres. Por los que no tienen lo imprescindible para vivir o ser felices. Oremos

4.4. Por los que se preparan para la primera comunión. Para que vivan este tiempo ilusionados por conocer más y mejor a Jesucristo. Oremos

4.5. Para que no olvidemos nunca la misa de los domingos. Sin ella nos debilitamos. Dejamos que muera nuestra fe. Oremos.

5. OFRENDAS

5.1. Con esta SONRISA queremos simbolizar la alegría de la Pascua cristiana. Que se note, en nuestras palabras y actitudes, que CRISTO es importante en nuestras vidas.

5.2. Con este cartel con la palabra RESURRECCIÓN queremos dar gracias a Dios porque, Jesús, son su muerte y resurrección nos ha dado la posibilidad de vivir un día eternamente. ¡Gracias, Señor!

5.3. Con el PAN Y EL VINO (las auténticas, únicas y verdaderas ofrendas eucarísticas) llevamos hasta el altar nuestro deseo de mejorar nuestras relaciones con Dios. Que lo sepamos reconocer, valorar y cuidar más en la eucaristía de cada domingo.

6. ORACIÓN FINAL

ERES NUESTRA ALEGRÍA, SEÑOR

En la oscuridad, nos aportas luz

En las dudas, nos ofreces verdades

En la violencia, eres paz

ERES NUESTRA ALEGRÍA, SEÑOR

Cuando llegue la muerte, serás vida

Cuando llegue el final, serás principio

Cuando se apaguen las luces del mundo,

nos encenderás otras eternas en el cielo

ERES NUESTRA ALEGRÍA, SEÑOR

Apareces cuando más te necesitamos

Apareces cuando otros amigos nos fallan

Apareces y, a veces, no te reconocemos

Apareces y, con tu pan, nos alimentas

ERES NUESTRA ALEGRÍA, SEÑOR

Nos defiendes a pesar de nuestros errores

Nos amas a pesar de nuestros olvidos

Resucitas para que, un día,

también nosotros contigo lo hagamos

ERES NUESTRA ALEGRÍA, SEÑOR

Testigos de Jesús, cumpliendo sus mandamientos

1.- Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos. Vosotros sois testigos de esto. Cuando los dos discípulos de Emaús vuelven a donde estaban reunidos los demás discípulos, les cuentan entusiasmados lo que les había pasado por el camino. Y, cuando estaban hablando de estas cosas, se les aparece Jesús en medio de ellos. Jesús se les aparece como persona humana, es decir, en cuerpo y alma. Los judíos siempre entendían a la persona humana como una unidad de cuerpo y alma, antes y después de la muerte. El concepto de alma que se separa del cuerpo después de morir es un concepto griego. Por eso, Jesús, después de resucitado, intenta demostrar aquí a sus discípulos que está totalmente vivo y para convencerles les pide que le den algo de comer: no es un fantasma, es una persona humana viva. Después de esta aparición, los discípulos se convierten en personas distintas, en testigos valientes de la resurrección de Jesús. Y este es el mensaje principal del evangelio de este tercer domingo de Pascua: que debemos ser testigos valientes de la resurrección de Jesús. Todos nosotros conocemos la frase de Pablo VI, cuando dijo que el hombre contemporáneo prefiere a los testigos, antes que a los maestros. Hoy día, sobre todo, no podemos fiarnos simplemente de las palabras de los políticos, de los comerciantes y medios de comunicación, puesto que frecuentemente son palabras diversas y contradictorias, aunque estén hablando de un mismo tema. Algo parecido puede pasarnos cuando escuchamos o leemos a los medios de comunicación religiosa. En concreto, podremos comprobar esto si leemos diversos libros o artículos que hablen sobre la resurrección de Jesús. Y mucho menos, si escuchamos a catequistas o predicadores hablar maravillosamente de Jesús resucitado, pero luego vemos que en su vida diaria no son consecuentes para nada con lo que dicen. El mandamiento de Jesús es que nos amemos los unos a los otros como él nos amó. De poco valdrá que expliquemos maravillosamente este mandamiento, si después nosotros no lo cumplimos, es decir, si en nuestra vida no somos testigos de lo que decimos. Hagamos, pues, hoy, nosotros este propósito, como discípulos de Jesús: predicar la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, demostrando en nuestra vida que nosotros somos personas convertidas y cristianamente perdonadoras.

2.- Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos…, sé que lo hicisteis por ignorancia… Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados. Seguramente que tenía razón Pedro cuando decía que muchos judíos que gritaron pidiendo la muerte de Cristo, seguramente que lo habían hecho por ignorancia. Muchos sacerdotes, muchos fariseos, los sumos sacerdotes, escribas y doctores de la Ley y muchas autoridades judías creían sinceramente que Jesús iba, con algunos de sus actos, contra la Ley de Moisés. Por eso, lo que les propone Pedro es que se arrepientan y se conviertan. También nosotros hacemos más de una vez algo malo por ignorancia. Lo importante para cualquier cristiano es vivir en un continuo examen de conciencia, sabiendo arrepentirse y corregirse cada vez que nos damos cuenta de que hemos hecho algo mal. Lo peor es el empecinamiento en el mal. Si somos humildes y sabemos reconocer nuestros errores y corregirlos estaremos siempre en el buen camino, en el camino de la salvación.

3.- En esto sabemos que conocemos a Jesucristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “yo le conozco” y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso. El mandamiento nuevo de Jesús es muy claro para los cristianos: “amaos unos a otros como yo os he amado”. Examinémonos en este mandamiento y si lo cumplimos podremos decir que conocemos a Jesús; si no, no. En este caso, no son las simples palabras, o la expresión de bellas ideas cristianas, sino que es la acción cristiana la que nos hace ser verdaderos conocedores de Jesús. Seguramente, que, a lo largo de la historia cristiana, han conocido a Jesús mejor los místicos que los teólogos. Unamos en nuestra vida las dos cosas: oración y contemplación cristiana con una verdadera vida cristiana. La contemplación y la acción cristianas deben caminar siempre juntas; divorciadas no forman un verdadero matrimonio cristiano.

Gabriel González del Estal

Oración: Hombre y mujer los creó

Hablar de la familia es algo delicado, porque afecta a experiencias muy personales y profundas de la persona. La experiencia de familia que hayamos tenido va a influirnos en nuestra manera de ser y de estar en el mundo.

La realidad es que hoy en día hay diversidad de familias y de valores que sustentan las distintas formas de familia. Hay quienes tienen una experiencia muy gratificante y constructiva de familia, pero también hay quienes han experimentado la dificultad extrema, el dolor, y aun la ruptura. La propuesta de la Iglesia, nos aporta una sabiduría milenaria en relación a la familia cristiana y ha dado lugar no sólo a una doctrina, sino sobre todo a una sabiduría familiar que llega a nuestros días a través de matrimonios cristianos que han vivido con Dios en el centro y en el origen de su compromiso, intentando ser felices haciendo felices a los demás, dando amor, tiempo, com
prensión, escucha, valores, solidaridad, fe, esperanza…

Esta sabiduría puede ser considerada como un tesoro para todos, creyentes y no creyentes. En este rato de oración reconozcamos nuestra fragilidad y al mismo tiempo apreciamos la grandeza del don recibido con la familia.

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo. Y los bendijo Dios y les dijo: -Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra. (Gn 1, 27-28)

 
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Hombre y mujer los creó

Comentario al evangelio – 13 de abril

El pan que ha bajado del cielo

Tras el ciclo del bautismo, por el que nos incorporamos a la comunidad de los discípulos del Resucitado, la Palabra de Dios se adentra en el ciclo de la eucaristía, como lugar privilegiado donde ver al Señor y encontrarse con él. El evangelista Juan, que no recoge en su Evangelio la institución de la Eucaristía, la presenta, en cambio, en el gran discurso del Pan de vida, que se va a prologar durante toda la tercera semana de Pascua.

Una situación de necesidad sirve como introducción a este discurso y sus consiguientes diálogos. Cerca ya de la Pascua (en alusión a la Pasión de Cristo), una multitud de discípulos se encuentran con Jesús en un lugar alejado, lo que plantea un problema logístico. ¿Cómo alimentar a una multitud en descampado? La situación evoca la situación de Israel en el desierto, milagrosamente alimentado por Dios con el maná. Jesús, nuevo Moisés, alimenta a la muchedumbre a partir de los escasos medios de que disponían. Jesús toma, bendice y reparte los panes, con una fórmula eucarística evidente. Jesús es superior a Moisés, porque este fue un mediador entre Dios y el pueblo, mientras que es Jesús mismo quien da de comer a la multitud.

El carácter eucarístico de la situación, que se irá revelando en los diálogos posteriores, no niega sino que se basa en el remedio de una necesidad física, de un hambre de pan. No se pueden separar demasiado radicalmente las necesidades materiales y las espirituales. La atención a las primeras es señal y testimonio de un espíritu nuevo. El que come el pan de la eucaristía no puede no abrir sus ojos con misericordia a las necesidades de los hambrientos (de tantas y diferentes hambres). La sabiduría de la fe pide actuar positivamente a favor de los necesitados. Va más allá de esa otra sabiduría humana, reconocida por Lucas en el fariseo Gamaliel, que con respeto a los insondables planes de Dios, se limita a abstenerse de hacer mal. 

Pero actuar y remediar estas hambres no es suficiente: el pan que Jesús distribuye, el nuevo y definitivo maná, está destinado a saciar también otras hambres más profundas y definitivas: el hambre de bien y de salvación, el hambre de verdad y de justicia, el hambre de Dios. No se puede reducir el mensaje cristiano a un discurso de solidaridad social o económica, aunque ésta sea también una exigencia  de la verdadera fe. Si se produce ese reduccionismo, es fácil caer en la tentación de “usar”, de manipular a Dios, para hacer de Él el talismán de nuestros deseos y nuestros planes, como aquella multitud que, viendo el signo poderoso de Jesús, quiso llevárselo y proclamarlo rey a la fuerza. Cuando hacemos así, en realidad ya estamos abandonado a Cristo, estamos rechazando su mensaje, el significado verdadero de sus signos, y lo forzamos a alejarse de nosotros, a quedarse solo, como se quedó sólo ante los que decidieron matarlo. 

José M. Vegas cmf