Viernes II de Pascua

Hoy es 13 de abril, viernes de la segunda semana de Pascua.

Vengo a orar un día más, a encontrarme contigo, Señor de la vida. Vengo a escuchar tu Palabra, a sentarme en tu mesa. Dejo, hoy también, que tu vida se convierta para mí en tu escuela y en canción. Respiro hondo, intento que se acallen los ruidos, las preocupaciones o urgencias que puede haber en mi vida. Ahora es el momento de escuchar.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 6, 1-15):

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»

Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»

Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.»

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.

La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Me pongo, por un instante, en el lugar de alguna de esas personas que siguen a Jesús. Yo también soy como esos hombres y mujeres necesitados de sanación, hambrientos de pan, de palabra, de encuentro. También yo, desde mi necesidad, me abro a Jesús y le pido que sacie mi hambre.

Ahora me imagino que soy uno de los discípulos. También reconozco en mí la pereza de unas veces, la fatiga de otras, la impotencia de no saber cómo responder, o la preocupación real por las muchedumbres. Todo puede ser parte de mi horizonte y entonces Jesús me dice: “dales tú de comer”.

Me pongo finalmente en el lugar de ese muchacho que forma parte de la muchedumbre, con sus cinco panes y sus dos peces. Que se puede guardar para sí o puede compartir. Miro mi vida y me pregunto cuáles son mis panes y mis peces.

Al leer ahora el canto “dadles vosotros de comer”, me voy fijando en la escena que describe y en los distintos sentimientos que afloran. Que quizás también son mis sentimientos y preguntas algunas veces. Las dudas sobre lo que debo hacer. Sobre si en realidad es cosa mía dar de comer al hambriento. La llamada a preocuparme de los otros, la inseguridad sobre si habrá suficiente para todos, la invitación de Jesús.

Cada día escucho y miro ….y cada día es lo mismo
cada día … si pudiera aliviar tantas quimeras..
cada día me pregunto si en realidad son mis asuntos
cada día…todo un mundo…qué puedo hacer si hay tantos muros….

Cinco panes y dos peces es todo lo que puedo dar
cinco panes y dos peces, Señor; no sé si bastará
y me sonríes y asientes y me haces así, consciente
de que mis panes y peces, son en realidad simiente
que se reparte y florece, que si se guarda, perece
y que la suma de todos, sacia a aquel que más padece 

DADLES VOSOTROS DE COMER
DADLES VOSOTROS DE COMER
QUE EN VUESTRAS MANOS HAY VIDA
QUE EN VUESTRAS MANOS HAY VIDA
QUE ESTÁ DESEANDO CRECER 

Nunca pensé que importase lo que hago o dejo de hacer
ni creí que un solo gesto hiciera al mundo renacer
y me sonríes y asientes y me haces así consciente
de que el amor es poderoso si uno se vacía todo
para ser cauce, sin lodo, sin paredes, sin escombros,
del Amor que Tú derramas para alimentar a todos

DADLES VOSOTROS DE COMER
DADLES VOSOTROS DE COMER
QUE EN VUESTRAS MANOS HAY VIDA
QUE EN VUESTRAS MANOS HAY VIDA
QUE ESTÁ DESEANDO CRECER

«Dadles vosotros de comer», de Salomé Arricibita.

Imagino ahora que tras ese momento tan especial, en esa mesa de tantos, me quedo a solas con Jesús. Le hablo de mis sentimientos, preguntas, resistencias o anhelos. Lo que sea que llevo dentro, lo pongo en sus manos. Y dejo que él acoja lo que soy ahora.

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.