Vísperas – Lunes III de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CANTARÁN, LLORARÁN RAZAS Y HOMBRES

Cantarán, llorarán razas y hombres,
buscarán la esperanza en el dolor,
el secreto de vida es ya presente:
resucitó el Señor.

Dejarán de llorar los que lloraban,
brillará en su mirar la luz del sol,
ya la causa del hombre está ganada:
resucitó el Señor.

Volverán entre cánticos alegres
los que fueron llorando a su labor,
traerán en sus brazos la cosecha:
resucitó el Señor.

Cantarán a Dios Padre eternamente
la alabanza de gracias por su don,
en Jesús ha brillado su Amor santo:
resucitó el Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Salmo 122 – EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,

como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor será tu luz perpetua, y tu Dios será tu esplendor. Aleluya.

Ant 2. La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Salmo 123 – NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La trampa se rompió y escapamos. Aleluya.

Ant 3. Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 8, 1b-3a

Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Él es ministro del santuario y de la verdadera Tienda de Reunión, que fue fabricada por el Señor y no por hombre alguno. Todo sumo sacerdote es instituido para ofrecer oblaciones y sacrificios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ésta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ésta es la obra de Dios: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado. Aleluya.

PRECES

Con espíritu gozoso, invoquemos a Cristo, a cuya humanidad dio vida el Espíritu Santo, haciéndolo fuente de vida para los hombres, y digámosle:

Renueva y da vida a todas las cosas, Señor.

Cristo, salvador del mundo y rey de la nueva creación, haz que, ya desde ahora, con el espíritu vivamos en tu reino,
donde estás sentado a la derecha del Padre.

Señor, tú que vives en tu Iglesia hasta el fin de los tiempos,
condúcela por el Espíritu Santo al conocimiento de toda verdad.

Que los enfermos, los moribundos y todos los que sufren encuentren luz en tu victoria,
y que tu gloriosa resurrección los consuele y los conforte.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Al terminar este día, te ofrecemos nuestro homenaje, oh Cristo, luz imperecedera,
y te pedimos que con la gloria de tu resurrección ilumines a nuestros hermanos difuntos.

Porque Jesucristo nos ha hecho participar de su propia vida, somos hijos de Dios y por ello nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al camino recto, concede a todos los cristianos que se aparten de todo lo que sea indigno de ese nombre que llevan, y que cumplan lo que ese nombre significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 16 de abril

Lectio: Lunes, 16 Abril, 2018

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados, para que puedan volver al buen camino!; concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 6,22-29

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.» Ellos le dijeron: « ¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?» Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»

3) REFLEXIÓN

• En el evangelio de hoy iniciamos la reflexión sobre el Discurso del Pan de Vida (Jn 6,22-71), que se prolongará durante los próximos seis días, hasta el final de esta semana. Después de la multiplicación de los panes, el pueblo se fue detrás de Jesús. Había visto el milagro, había comido hasta saciarse y ¡quería más! No trató de buscar la señal o la llamada de Dios que había en todo esto. Cuando la gente encontró a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, tuvo con él una larga conversación, llamada el Discurso del Pan de Vida. No es propiamente un discurso, pero se trata de un conjunto de siete breves diálogos que explican el significado de la multiplicación de los panes como símbolo del nuevo Éxodo y de la Cena Eucarística.

• Es bueno tener presente la división del capítulo para poder percibir mejor su sentido:

6,1-15: el pasaje sobre la multiplicación de los panes

6,16-21: la travesía del lago, y Jesús que camina sobre las aguas

6,22-71: el diálogo de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos

1º diálogo: 6,22-27  con la gente: la gente busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaún

2º diálogo: 6,28-34  con la gente: la fe como obra de Dios y el maná en el desierto

3º diálogo: 6,35-40  con la gente: el pan verdadero es hacer la voluntad de Dios

4º diálogo: 6,41-51  con los judíos: murmuraciones de los judíos

5º diálogo: 6,52-58  con los judíos: Jesús y los judíos

6º diálogo: 6,59-66  con los discípulos: reacción de los discípulos

7º diálogo: 6,67-71  con los discípulos: confesión de Pedro

• La conversación de Jesús con la gente, con los judíos y con los discípulos es un diálogo bonito, pero exigente. Jesús trata de abrir los ojos de la gente para que aprenda a leer los acontecimientos y descubra en ellos el rumbo que debe tomar en la vida. Pues no basta ir detrás de las señales milagrosas que multiplican el pan para el cuerpo. No de sólo pan vive el hombre. La lucha por la vida sin una mística no alcanza la raíz. En la medida en que va conversando con Jesús, la gente se queda cada vez más contrariada por las palabras de Jesús, pero él no cede, ni cambia las exigencias. El discurso parece moverse en espiral. En la medida en que la conversación avanza, hay cada vez menos gente que se queda con Jesús. Al final quedan solamente los doce, y Jesús ¡no puede confiar ni siquiera en ellos! Hoy sucede lo mismo. Cuando el evangelio empieza a exigir un compromiso, mucha gente se aleja.

• Juan 6,22-27: La gente busca a Jesús porque quiere más pan. La gente va detrás de Jesús. Ve que no ha entrado en la barca con los discípulos y, por ello, no entiende cómo ha hecho para llegar a Cafarnaúm. Tampoco entiende el milagro de la multiplicación de los panes. La gente ve lo que acontece, pero no llega a entender todo esto como una señal de algo más profundo. Se detiene en la superficie: en la hartura de la comida. Busca pan y vida, pero sólo para el cuerpo. Según la gente, Jesús hizo lo que Moisés había hecho en el pasado: alimentar a todos en el desierto, hasta la saciedad. Yendo detrás de Jesús, ellos querían que el pasado se repitiera. Pero Jesús pide a la gente que dé un paso más. Además del trabajo por el pan que perece, debe trabajar por el alimento que no perece. Este nuevo alimento lo dará el Hijo del Hombre, indicado por Dios mismo. El nos da la vida que dura por siempre. El abre para nosotros un horizonte sobre el sentido de la vida y sobre Dios.

• Juan 6,28-29: ¿Cuál es la obra de Dios? La gente pregunta: ¿Qué debemos hacer para realizar este trabajo (obra) de Dios? Jesús responde que la gran obra que Dios nos pide “es creer en aquel que Dios envió”. O sea, ¡creer en Jesús!

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• La gente tenía hambre, comió el pan y buscó más pan. Buscó el milagro y no la señal de Dios que en el milagro se escondía. ¿Qué es lo que más busco en mi vida: el milagro o la señal?

• Por un momento, haz silencio dentro de ti y pregúntate: “Creer en Jesús: ¿qué significa esto para mí, bien concretamente en mi vida de cada día?”

5) ORACIÓN FINAL

Señor, te conté mi vida y me respondiste,
enséñame tus preceptos.
Indícame el camino hacia tus mandatos
y meditaré en todas tus maravillas. (Sal 119,26-27)

La llamada

Título original: La llamada
Intérpretes: Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta, Gracia Olayo, Richard Collins-Moore.
Género: musical de contenido religioso.
Directores: Javi Ambrossi y Javier Calvo.
Producción: España 2017

El musical homónimo de Ambrossi y Calvo lleva cuatro años de representación ininterrumpida en el Teatro Lara de Madrid. Esta adaptación a la pantalla, efectuada y dirigida por los mismos autores de aquel, recoge lo más sobresaliente del mismo pero no ha tenido la misma acogida del espectáculo teatral. No es nada fácil el género musical en cine y, aunque hay cambios respecto al original, algunos de ellos no acaban de funcionar.

La obra trata de una pareja de chicas, algo ya mayorcitas, que están en un campamento veraniego del colegio de monjas al que asisten. A lo largo de su estancia entablarán amistad con sor Milagros, una religiosa joven y animosa. La llamada, a la que se refiere el título, es la vocación que una de las muchachas experimenta. Ve y oye a Dios que la invita a seguirle con canciones de Whitney Houston y ademanes de showman. Por otra parte, la monja joven se dará cuenta de que se ha enamorado de la otra chica y empieza una relación con ella.

Esta es la cara y cruz de una película que, en principio, emparenta con aquel cine de «monjitas» de antaño, pero con un talante más «moderno» y desenfadado, que se permite licencias en la representación del mismo Dios y de cosas consideradas sagradas, pero sin intención de blasfemia o de ridiculizarlas. Simplemente, de actualizarlas…

Como decíamos, el film resulta un tanto irregular con momentos felices y otros da claro bajonazo. Pero puede servir para debatir sobre las vocaciones cristianas hoy.

La Pascua de la fidelidad

LA PASCUA DE LA FIDELIDAD

Cristina Santa Olalla

 

Para niños/as a partir de 9/10 años. Esta reflexión sobre la Pascua, según la disponibilidad de tiempo y la capacidad de los niños, puede hacerse en una sesión larga, en dos sesiones, o hacer un solo paso. Los textos tendrían más fuerza explicados por el catequista que simplemente leídos. Las ideas fundamentales del segundo paso se basan el en libro “Cristología para empezar”, de José Ramón Busto, Ed. Sal Terrae.

Definición de fidelidad: Es la capacidad que tiene el ser humano de cumplir con los pactos y compromisos adquiridos y de no engañar ni traicionar a la palabra dada.

Lluvia de ideas: poner ejemplos de fidelidad y traición a unos principios, a los padres, un amigo, a una promesa….

PASO 1:

YAVÉ ES FIEL AL PUEBLO DE ISRAEL

EL PASO DEL MAR ROJO

(Esta primera parte requiere un espacio amplio donde pueda hacerse una pequeña carrera)

Lectura: Ex, 14, 5-10; 15-18; 21-23

Este fenómeno podría tener una explicación científica: un fuerte viento habría hecho retroceder el agua de las dos cuencas fusionadas: la de un río y la de una laguna costera que dejó un paso de tierra, que dejó un paso de tierra seca de 2 a 2’5 km de largo y de 3 km de ancho que pudo durar unas nueve horas. Tan pronto el viento se calmó, las olas volvieron a cubrirlo todo. Que pueda tener una explicación científica no cambia nada del sentido religioso del relato: los creyentes israelitas, igual que los actuales cristianos, podemos descubrir la mano de Dios en los acontecimientos.

 

Juego

Somos israelitas que salimos de Egipto y vemos cómo los egipcios nos persiguen con sus carros. Atravesamos el tramo de tierra seca corriendo para que no nos alcancen y cada cuatro zancadas nos agachamos para evitar las flechas egipcias. Al llegar al otro lado, nos giramos para ver a los egipcios y escuchamos la lectura.

 

Lectura: Ex 14, 26-28

<

p style=”text-align:justify;”>EL DESIERTO

Lecturas: Ex 3, 7-8 y Lev 26, 11-13

Yavé fue fiel a su pueblo, pero llegar a la tierra prometida les costó mucho tiempo de travesía en el desierto donde tuvieron que pasar muchas dificultades. Los israelitas supieron ver la fidelidad de Yavé a su pueblo en los momentos difíciles que pudieron superar.

 

Ejercicio

Copia la cita y relaciona cada una con uno de los elementos de la vida de los israelitas en el desierto, en los que supieron ver la mano de Yavé en situaciones extremas de hambre y sed. (Solución: Ex 15, 24-25a con AGUA PURIFICADA; Ex 15,27 con OASIS; Ex 16,13 con AVES; Ex 16,15. 31 con MANÁ y Ex 17,6 con AGUA DE LA ROCA).

Ex 15, 24-25a MANÁ
Ex 15, 27 AGUA DE LA ROCA
Ex 16, 13 AGUA PURIFICADA
Ex 16, 15;31 OASIS
Ex 17, 6 AVES

LA TIERRA PROMETIDA

Lectura: Jos 1, 1-5

Tras abandonar el tiempo de esclavos en Egipto y la dureza del desierto, los israelitas se encuentran en la cuenca mediterránea, tierra fértil y con mucha agua. Vamos a tratar de ponernos en la piel de los israelitas y expresar qué sentirían:

DEJARON ATRÁS… ENCONTRARON…
Esclavitud Libertad
Pobreza y hambre Abundancia
Decepción Esperanza
Tristeza Alegría
Inseguridad Estabilidad

Lluvia de ideas: Podemos poner ejemplos actuales de personas que les cambia la vida (encuentran trabajo, se curan de una enfermedad, les toca un premio…) y expresar qué dejaron atrás y que encontraron.

 

CONCLUSIONES

Lectura: Dt 6, 4-5

  • En el A.T. los israelitas experimentan a Yahvé como un Dios que ama y cuida a su pueblo con un amor CONDICIONADO a que su pueblo le corresponda cumpliendo los mandamientos que Yahvé dio a Moisés.
  • Los israelitas experimentan la fidelidad de Yahvé hacia ellos ayudándoles en los momentos difíciles que pasaron en el desierto.
  • El pueblo de Israel tuvo que pasar momentos muy duros y situaciones muy dolorosas, hasta que pudieron disfrutar la Tierra Prometida.

JESÚS ES FIEL A SU PADRE DIOS

PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS

La predicación de Jesús sobre la llegada del Reino de Dios, hace tambalear la estructura religiosa de los israelitas. Jesús predica que el Reino de Dios se nos ofrece a todos sin tener que hacer algo para merecerlo, que da igual ser varón que mujer, sano que enfermo, judío que gentil…. que no se llega a Dios a través de sacrificios de animales ni ofrendas, que Dios nos ama con un amor incondicionado. Si eso es así, el Templo de Jerusalén no tiene sentido. Si no es así, Jesús es un falso profeta.

Jesús pudo evitar su pasión y muerte: Solo tendría que no haber subido a Jerusalén. Pero Jesús es fiel a su Padre Dios y predica el amor incondicionado de Dios hasta el final. Si Jesús no tiene razón, es merecedor de pena de muerte. Si Jesús tiene razón, hay que cerrar el Templo de Jerusalén. El Sanedrín, como ya sabemos, le condena a muer- te por ser un falso profeta. Aparentemente, el mensaje de Jesús ha fracasado.

 

DIOS ES FIEL A JESÚS RESURRECCIÓN DE JESÚS

Jesús tenía razón. Y por eso su padre Dios le resucita. Dios es fiel a Jesús. Cuando decimos que Jesús ha resucitado estamos diciendo que Jesús está vivo, y vive la vida de Dios en su Reino, en el que se hace realidad el Amor, la Justicia, la Fraternidad…

Con su muerte y resurrección, Jesús nos ha salvado de fracasar como hombres, porque nos ha demostrado que la vida es más fuerte que la muerte, que el bien es más fuerte que el mal, que el amor es más fuerte que el odio y que el hombre tiene la capacidad de hacerlo realidad.

 

Ejercicio de los antónimos

Imprimir unas cartas con una palabra en cada carta y en las que haya parejas de antónimos:

<

p style=”text-align:justify;”>EL BIEN – EL MAL;


LA VIDA – LA MUERTE;

<

p style=”text-align:justify;”>
EL AMOR – EL ODIO;


LO VERDADERO – LO FALSO;

<

p style=”text-align:justify;”>
LA VERDAD – LA MENTIRA;

<

p style=”text-align:justify;”>
LO INCONDICIONAL – LO CONDICIONADO;

LA FIDELIDAD – EL ENGAÑO;

<

p style=”text-align:justify;”>
LA LEALTAD – LA TRAICIÓN;


<

p style=”text-align:justify;”>EL AFECTO – LA INDIFERENCIA;


LA ACEPTACIÓN -EL RECHAZO;

<

p style=”text-align:justify;”>
LA AFIRMACIÓN – LA NEGACIÓN;


EL JUSTO- EL PECADOR;

<

p style=”text-align:justify;”>
EL COMPROMISO – LA COMODIDAD;

<

p style=”text-align:justify;”>LA GENEROSIDAD – EL EGOISMO;


<

p style=”text-align:justify;”>LA EXIGENCIA – LA DEJADEZ;


EL EQUILIBRIO – LA INESTABILIDAD;

<

p style=”text-align:justify;”>
LA PLENITUD – EL VACÍO;

<

p style=”text-align:justify;”>
LA PAZ – LA GUERRA;


<

p style=”text-align:justify;”>LA LIBERTAD – LA ESCLAVITUD;


<

p style=”text-align:justify;”>LA LUCHA – LA RENDICIÓN;


LA SEGURIDAD – LA INCERTIDUMBRE.

Hacer grupos de 5 ó 6 componentes, imprimir un juego de cartas por grupo. En cada grupo se reparte las cartas barajadas. El primer jugador, destapa una carta, y el que tiene el antónimo, lo presenta. Si todos consideran que es correcto, se lleva las dos cartas. Si no acierta, las dos cartas se las lleva el primer jugador. Cuando no hay acuerdo, es el grupo el que decide si es correcto. Si al terminar todas las parejas, el grupo considera que hay que cambiar alguna pareja, pueden hacerlo. Gana el que se lleve más cartas.

Cuando todos los grupos han terminado de jugar, ante un panel y con la frase: “ES MÁS FUERTE QUE…”, el catequista nombra una palabra y cada miembro del grupo que la tenga, sale al panel. Si todos coinciden en los antónimos, se pone una palabra a cada lado de la frase. Si no coinciden las parejas, se consensúa entre los portadores de las cartas. Al terminar de poner las cartas, el panel quedaría de este tipo.

Los participantes pueden ir añadiendo parejas de antónimos y ponerlos en el panel, y poner ejemplos de su vida en los que haya que optar por alguna de las dos posibilidades.

 

JESÚS NOS HA SALVADO

Lluvia de ideas: Decir situaciones en las que podemos ser salvados de un gran peligro (bombero de morir quemados, medico de una enfermedad, policía de un robo, socorrista de morir ahogado….)

¿De qué gran peligro nos ha salvado Jesús con su muerte y resurrección?

Si repasamos los valores que son más fuertes que sus contrarios, podemos asegurar que Jesús lo hizo realidad en su vida demostrando que todo el potencial que el hombre lleva dentro puede hacerlo vida y salvarnos de ser unos hombres frustrados.

Lectura: Rom 8, 2

  • JESÚS NOS HA SALVADO DEL PECADO: El bien es más fuerte que el mal
  • JESÚS NOS HA SALVADO DE LA LEY: No tenemos que hacer nada para que Dios nos ame, su amor es incondicionado. No es necesario hacer sacrificios ni ofrendas al Templo.
  • JESÚS NOS HA SALVADO DE LA MUER- TE: Dios le resucitó y todos resucitaremos con él a la vida del Reino de Dios.

 

CONCLUSIONES

  • Jesús es fiel a Dios, y eso le lleva a la muerte. Dios es fiel a Jesús, y le resucita porque JESÚS TENÍA RAZÓN: Dios nos ama con amor INCONDICIONADO sin pedirnos nada a cambio. (Nuestra manera correcta de actuar es consecuencia del amor: igual que si hacemos lo que

nuestros padres nos piden, es para corresponder a su amor, y porque sabemos que lo que ellos quieren es lo mejor para nosotros, Dios nos quiere como Padre, y quiere lo mejor para nosotros)

  • Jesús resucita a la vida del Reino de Dios, y con su fidelidad al Padre, nos demuestra que podemos empezar a hacer realidad el Reino en este mundo.

Escribe algunas acciones que nos lleven a hacer realidad el Reino de Dios aquí y ahora.

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Ejercicio final: Relaciona los elementos del Paso del Mar Rojo y los de la Muerte y Resurrección de Jesús:(Solución: Tierra prometida y Reino de Dios; Desierto y Pasión; Paso del Mar rojo y subida a Jerusalén)

TIERRA PROMETIDA PASIÓN
DESIERTO SUBIDA A JERUSALÉN
PASIÓN DEL MAR ROJO REINO DE DIOS

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

25. Los católicos de Oriente Medio, la mayoría de los cuales son ciudadanos nativos de su país, tienen el deber y el derecho de participar plenamente en la vida nacional, trabajando en la construcción de su patria. Han de gozar de la plena ciudadanía, y no ser tratados como ciudadanos o creyentes de segunda clase. Al igual que en el pasado, cuando, como pioneros del renacimiento árabe, eran parte integrante de la vida cultural, económica y científica de las distintas civilizaciones de la región, desean compartir hoy, como entonces y siempre, sus experiencias con los musulmanes, aportando su contribución específica. A causa de Jesús, los cristianos son sensibles a la dignidad de la persona humana y a la libertad religiosa que de ella se deriva. Por amor a Dios y a la humanidad, glorificando así la doble naturaleza de Cristo, y por el sentido de la vida eterna, los cristianos han construido escuelas, hospitales e instituciones de todo tipo, donde se acoge a todos sin discriminación alguna (cf. Mt 25,3ss). Por estas razones, los cristianos prestan una atención especial a los derechos fundamentales de la persona humana. No es justo, pues, afirmar que estos derechos son sólo derechos cristianos del hombre. Son simplemente derechos exigidos por la dignidad de toda persona humana y de todo ciudadano, cualquiera que sea su origen, convicción religiosa y opción política.

Homilía – Domingo IV de Pascua

EL VERDADERO PASTOR

Bella imagen es ésta del Pastor y sus ovejas. Aunque lejana de la civilización de la ciudad, reducida a una estampa bucólica, la parábola del Buen Pastor y su grey no deja de ser para nosotros evocadora y simbólica.

1.- Situación actual.

La imagen del Pastor, en el lenguaje cristiano, ha pasado a significar el quehacer ministerial de la jerarquía de la Iglesia. El pastoreo, que sugiere paz y tranquilidad, en estos tiempos anda revuelto.

El fenómeno contestarlo, universal, está también presente en el seno de la comunidad cristiana. Hay obispos que discrepan del Papa y de su estilo pastoral. Los presbíteros se enfrentan en no pocas ocasiones a sus obispos. Las comunidades, cada vez más conscientes, disienten de la línea seguida por la Conferencia Episcopal o su propio obispo.

La situación actual, aunque es rica por la nueva era que pretende alumbrar, entraña serias dificultades, sobre todo si se pretende ser honrado y vivirá fondo según los criterios del Evangelio. Numerosos cristianos nos encontrarnos a mil leguas de los que han sido constituidos institucionalmente como Pastores. Surge espontáneamente la inquietud. De entre los Pastores, ¿quiénes están en la línea del Evangelio? Cuando se está en desacuerdo con algún miembro de la jerarquía, ¿quién estará equivocado? ¿Hay criterios en el Evangelio para discernir al verdadero Pastor? ¿Cómo hacer surgir en medio de la comunidad buenos Pastores? ¿Es posible guardar la comunión con ciertos Pastores?

En estos tiempos romper la comunión con los Pastores, u olvidarla, es la tentación de cada día. Esta desolación no sólo aqueja al pueblo de Dios, sino que se ha apoderado también de los mismos Pastores. Pablo VI decía a la Conferencia Episcopal italiana: «Ser obispo ya no es un título honorífico, sino un deber de servicio, ¡y qué servicio’ No me sorprende ver con frecuencia cómo obispos en ejercicio, y no siempre enfermos o ancianos, y candidatos llamados al Episcopado, busquen el modo de declinar tal deber, que hoy parece haberse hecho insoportable» (11 de abril de 1970).

 

2.- Falsos Pastores, características.

El problema es aún más complejo: en la Iglesia hay, de hecho, malos Pastores. Personas que se aprovechan del ministerio y caen en los mismos defectos que Ezequiel echaba en cara a los Pastores malos que, en nombre de Dios, pretendían apacentar al pueblo (Ezeq 34, 1 ss.). Son Pastores malos los que se apacientan a sí mismos, los que buscan congraciarse con el poder, mantener las estructuras en las que se encuentran cómodos. Pastores que se comen al pueblo, que alimentan la conciencia de que «el pueblo soy yo». Hay muchos que no cuidan al débil, que pactan con el poderoso y entran en el juego de mantener la opresión. Son malos Pastores los que ejercen la autoridad por voluntad de poder, los que excomulgan sin amor, los que dispersan sin haber intentado antes reunir.

3.- Notas del verdadero Pastor.

La narración del Evangelio nos ofrece criterios para discernir cuál es el verdadero Pastor. Es necesario tenerlos en cuenta.

— El Pastor verdadero da la vida por los suyos (Jn 10, 11). Los ama, los valora. El Pastor bueno no se estima a sí mismo como lo más importante de la Iglesia, sino que da su puesto a la comunidad. No hace ostentación de su servicio, sino que da silenciosamente, sin prestigio, la vida por el pueblo. Hay que amar al pueblo hasta darlo todo por él: hasta la pérdida del ministerio, la renuncia al episcopado o el destierro. El Pastor verdadero no está preocupado por conservar a toda costa el ministerio.

Cristo es el Buen Pastor porque ha dado su vida por el pueblo. No ha guardado nada para Sí, ni tan siquiera el ser Pastor; lo entregó todo.

— El Pastor y el pueblo deben tener un conocimiento mutuo y vivir en relación, en comunión (Jn 10). El pueblo que no conoce a sus Pastores, ¿cómo puede estar en comunión con ellos? Los Pastores que no están atentos a las necesidades de los demás, ¿cómo pueden presumir de que sirven? El Pastor es Pastor del rebaño y para el pueblo. Por la gracia de Dios el ministerio surge como sacramento de la comunidad y para ella; por eso no se puede ser Pastor sin estar en profunda solidaridad con el Pueblo de Dios.

El conocimiento engendra un amor verdadero a la comunidad, hasta dar la vida. El Pastor es puesto por Dios como expresión de la comunión del pueblo, realizada por la eficacia de la presencia de Cristo. En la comunidad reside la fuente de la Palabra viva de Dios, que obliga por igual al Pastor y a los fieles. La autoridad en la Iglesia es el servicio de unos a otros en el amor. El que sirve es el primero, como el que más ama es el que más sirve.

— El verdadero Pastor está preocupado por la unidad y reunión delpueblo disperso (Jn 10, 16). Hoy muchos Pastores son causa de escándalo y dispersión por la torpeza con que desarrollan su función ministerial. El Pastor bueno potencia lo que une, no lo que separa; siembra confianza, no desconfianza, viendo enemigos y adversarios donde no los hay; crea un clima de diálogo, sin creerse nunca en única norma de verdad. Hay Pastores que confunden sus apreciaciones personales con la Palabra de Dios, y otros confunden la unidad de la comunión, con la uniformidad en la manera de expresar esa comunión en la fe. De esta manera provocan la confusión, cerrando en la Iglesia la posibilidad del progreso y escandalizando, no precisamente con el anuncio del Evangelio.

 

4.-Actitudes ante la Jerarquía de la Iglesia.

La luz y la sombra se ciernen sobre nosotros. El discernimiento no es nada claro. Nosotros mismos estamos abocados a apreciaciones subjetivas. Hay, sin embargo, Pastores malos en todos los grados del ministerio. ¿Qué hacer?

Mantener una postura meramente crítica no hace sino crear mal ambiente, no construye nada.

¿Cómo llegar a hacer una crítica madura? ¿Es posible? ¿Acaso hay cauces de diálogo en la Iglesia? ¿Se hace caso a la comunidad? ¿Podemos hacer algo más que crear una corriente de opinión? ¿Se podrá llegar a conseguir que desaparezcan los malos Pastores y que sean elegidos creyentes valiosos?

Hay quienes dudan de que todo esto sea posible. Creen que es necesario romper con los Pastores malos.

Otros, ante lo ambiguo e intrincado de la situación, hemos optado por mantener una actitud crítica, pero dentro de una profunda y responsable comunión con lo que los Pastores deberían ser, aunque algunos de ellos ni lo signifiquen. Esto comporta una gran tensión. Sin embargo, hoy la comunión en la Iglesia solamente puede conservarse en el sufrimiento.

Jn 10, 11-18 (Evangelio Domingo IV de Pascua)

El capítulo 10 del Cuarto Evangelio está dedicado a una catequesis sobre el “Buen Pastor”. El autor utiliza esta imagen para proponer una catequesis sobre la misión de Jesús: la obra del “mesías” consiste en conducir al hombre a pastos verdes y a fuentes cristalinas donde brota la vida en plenitud.

La imagen del “Buen Pastor” no fue inventada por el autor de Cuarto Evangelio. Literariamente hablando, este discurso simbólico está construido con materiales provenientes del Antiguo testamento. En especial este discurso tiene presente a Ez 34 (donde se encuentra la llave para comprender la metáfora del “pastor” y del “rebaño”). Hablando a los exiliados de Babilonia, Ezequiel constata que los líderes de Israel fueron, a lo largo de la historia, malos “pastores” que conducían al Pueblo por caminos de muerte y de desgracia; pero, dice Ezequiel, el propio Dios va a asumir ahora la conducción de su Pueblo; pondrá al frete de su Pueblo a un “Buen Pastor” (el “mesías”) que lo librará de la esclavitud y lo conducirá a la vida. La catequesis que el evangelista nos ofrece sobre el “Buen Pastor” sugiere que la promesa de Dios, transmitida por Ezequiel, se cumple en Jesús.

El contexto en el que Juan sitúa el “discurso del Buen Pastor” (cf. Jn 10), es un contexto de polémica entre Jesús y algunos líderes judíos, principalmente fariseos (cf. Jn 9,40; 10, 19-21.24.31-39). Después de ver la presión que los líderes judíos hicieron sobre el ciego de nacimiento para que no abrazase la luz (cf. Jn 9,1-41), Jesús denuncia la forma como esos líderes tratan al Pueblo: están solamente interesados en proteger sus intereses personales y utilizan al Pueblo en su propio beneficio; son pues, “ladrones y salteadores” (cf. Jn 10,1.8.10), que se apropian de algo que no les pertenece y roban al pueblo cualquier posibilidad de vida y de liberación.

Nuestro texto comienza con una afirmación lapidaria, puesta en boca de Jesús: “yo soy el Buen Pastor”.

El adjetivo “bueno” debe entenderse, en este contexto, en el sentido de “modelo”, de “ideal”: “yo soy el modelo de pastor”, o el “pastor ideal”. Y Jesús explica, enseguida, que el “pastor modelo” es aquel que es capaz de entregarse para dar la vida por sus ovejas (v. 11).

Después de la afirmación general, Jesús compara las dos figuras del pastor: el “pastor mercenario” y el “verdadero pastor” (v. 12-13).

Aquello que distingue al “verdadero pastor” del “pastor mercenario”, es la diferente actitud ante el “lobo”. El “lobo” representa, en esta “parábola”, todo aquello que pone en peligro la vida de las ovejas: los intereses de los poderosos, la opresión, la injusticia, la violencia, el odio del mundo.

El “pastor mercenario” es el pastor contratado por dinero. El rebaño no es de él y él no ama a las ovejas que le han sido confiadas. Se limita a cumplir su contrato, huyendo de todo aquello que puede ponerle en peligro a él y a sus intereses personales. Se limita a cumplir determinadas obligaciones, sin que su corazón esté con el rebaño. Tiene una función de ordenar al rebaño y dirigirlo, pero su actuación está siempre dictada por la lógica del egoísmo y del interés. Por eso, cuando siente que hay peligro, abandona al rebaño a su suerte, a fin de salvaguardar sus intereses egoístas y su posición.

El verdadero pastor, es aquel que presta su servicio por amor y no por dinero. No está interesado solamente en cumplir el contrato, sino en hacer que sus ovejas tengan vida y se sientan felices. Su prioridad es el bien de las ovejas que le fueron confiadas. Por eso, arriesga todo en beneficio del rebaño y está, así, dispuesto hasta a dar la propia vida por esas ovejas a las que ama. Las ovejas pueden confiar en él, porque saben que no defiende intereses personal sino los intereses de su rebaño.

Jesús es el modelo del verdadero pastor (v. 14-15). Conoce a cada una de sus ovejas, tiene con cada una de ellas una relación personal y única, ama a cada una, conoce sus sufrimientos, dramas, sueños y esperanzas. Esta relación que Jesús, el verdadero pastor, tiene con sus ovejas es tan especial, que la compara con la relación de amor y de intimidad que tiene con el mismo Dios, su Padre. Este amor, personal e íntimo, es el que lleva a Jesús a poner la propia vida al servicio de sus ovejas y hasta a ofrecerla para que todas ellas tengan vida y la tengan en abundancia. Cuando las ovejas están en peligro, él no las abandona, sino que es capaz de dar la vida por ellas. Ningún risco, dificultad o sufrimiento le hacen desanimarse. Su actitud de defensa incondicional del rebaño está dictada por un amor sin límites, que va hasta la donación de la vida.

Después de definir de esta forma su misión y su actitud para con el rebaño, Jesús explica quiénes son sus ovejas y quién puede formar parte de su rebaño. Al decir “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer” (v. 16a), Jesús deja claro que su misión no se encierra en las fronteras limitadas del Pueblo judío, sino que es una misión universal, que está destinada a dar vida a todos los pueblos de la tierra. La comunidad de Jesús no está encerrada en una determinada institución nacional o cultural.

Lo que es decisivo, para formar parte de la comunidad de Jesús, es el acoger su propuesta, adherirse al proyecto que él presenta, seguirlo. Nacerá, entonces, una comunidad única, cuya referencia es Jesús y que caminará con Jesús al encuentro de la vida eterna y verdadera (“ellas oirán mi voz y habrá un sólo rebaño y un sólo pastor”, v. 16b).

Finalmente, Jesús explica que su misión se inserta en el proyecto del Padre para dar vida a los hombres (vv. 17-18). Jesús asume ese proyecto del Padre y dedica toda su vida terrena a cumplir esa misión que el Padre le confió. Lo que le mueve no es su interés personal, sino el cumplimiento de la voluntad del Padre. Al cumplir el proyecto de amor del Padre en favor de los hombres, está realizando su condición de Hijo.

Al dar su vida, Jesús es consciente de que no pierde nada. Quien gasta la vida al servicio del proyecto de Dios, no pierde la vida, sino que está construyendo para sí y para el mundo la vida eterna y verdadera. Su entrega no termina en fracaso, sino en glorificación. Para quien ama, no hay muerte, pues el amor genera vida verdadera y definitiva.

La muerte de Jesús, no es un accidente o una inevitable fatalidad, sino un gesto libre de alguien que ama al Padre y ama a los hombres y escoge el amor hasta las últimas consecuencias. El don de Jesús, es un don libre, gratuito y generoso. En la decisión de Jesús de ofrecer libremente la vida por amor, se manifiesta su amor por el Padre y por los hombres.

Todos nosotros tenemos nuestras figuras de referencia, nuestros héroes, nuestros maestros, nuestros modelos. Es a una figura de ese tipo a la que, utilizando la imagen del Evangelio de este domingo, podríamos llamar nuestro “pastor”. Es él el que nos señala caminos, quien nos da seguridad, quien está a nuestro lado en los momentos de debilidad, quien condiciona nuestras opciones, quien es para nosotros una especie de modelo de vida.

El Evangelio nos dice que, para el cristiano, el “Pastor” por excelencia es Cristo. Es en él en el que debemos confiar, es alrededor de él donde nos debemos juntar, son sus indicaciones y propuestas las que debemos seguir.
¿Nuestro “Pastor”, es, de hecho, Cristo o tenemos otros “pastores” que nos arrastran y que son las referencias fundamentales alrededor de las cuales construimos nuestra existencia?

¿Qué es lo que nos conduce y condiciona en nuestras opciones: Jesucristo?, ¿las directrices del jefe?, ¿la cuenta bancaria?, ¿la opinión pública?, ¿las ideas de los creadores de opinión o del presidente del partido?, ¿la comodidad o la instalación?, ¿el éxito o el triunfo profesional a cualquier precio?, ¿la última moda?

Prestemos atención a la forma como Cristo desempeña su misión de “Pastor”: no actúa por intereses (como sucede con otros pastores, que sólo intentan explotar al rebaño y usarlo en su beneficio), sino por amor; no huye cuando las ovejas están en peligro, sino que las defiende, preocupándose por ellas y hasta siendo capaz de dar por ellas su vida; mantiene con cada una de las ovejas una relación única, especial, personal, conoce sus sufrimientos, dramas, sueños y esperanzas.

Las “cualidades” de Cristo, el Buen Pastor, aquí enumeradas, deben hacernos percibir que podemos confiar íntegra e incondicionalmente en él y poner, sin recelo, nuestra vida en sus manos.

Por otro lado, esta forma de actuar de Cristo debe ser una referencia para aquellos que tienen responsabilidad en la conducción y animación del Pueblo de Dios: aquellos que han recibido de Dios la misión de presidir a un grupo, de animar una comunidad, ¿ejercen su misión desde la donación total, desde un amor incondicional, desde el servicio desinteresado, a ejemplo de Cristo?

En el “rebaño” de Jesús, no se entra por invitación especial, ni hay un número restringido de plazas a partir de las cuales nadie puede entrar. La propuesta de salvación que Jesús hace, está destinada a todos los hombres, sin excepción. Lo que es necesario para entrar a formar parte del rebaño de Dios, es “escuchar la voz” de Cristo, aceptar sus indicaciones, hacerse su discípulo. Eso significa, concretamente, seguir a Jesús, adherirse al proyecto de salvación que él vino a traernos, recorrer el mismo camino que él recorrió, en la entrega total a los proyectos de Dios y en la donación total a los hermanos.

¿Nos atrevemos a seguir a nuestro “Pastor” (Cristo) por el camino exigente de la donación de la vida, o estamos convencidos de que ese camino es solamente un camino de derrota y fracaso, que no nos lleva a donde queremos ir?

Nuestro texto acentúa la identificación total de Jesús con la voluntad del Padre y su disponibilidad para poner toda su vida al servicio del proyecto de Dios. Nos garantiza, también, que es de esa entrega libre, consciente, asumida, de donde procede la vida eterna, verdadera y definitiva.

El ejemplo de Cristo nos invita a adherirnos, con la misma libertad y con la misma disponibilidad, a las propuestas de Dios y al cumplimiento del proyecto de Dios para nosotros y para el mundo. Ese camino es, con seguridad, un camino de vida eterna y de realización plena del ser humano.

En nuestras comunidades cristianas, tenemos personas que presiden y que animan. Podemos aceptar, sin problemas, que ellas recibieron esa misión de Cristo y de la Iglesia, a pesar de sus limitaciones e imperfecciones; pero conviene igualmente tener presente que nuestro único “Pastor”, aquel al que estamos invitados a escuchar y a seguir sin condiciones, es Cristo. Los otros “pastores” tienen una misión válida, si la recibieron de Cristo; y su actuación nunca puede ser diferente del modo de actuar de Cristo.

Para que distingamos la “voz” de Jesús de otras llamadas, de propuestas engañadoras, de “cantos de sirena” que no conducen a la vida plena, es necesario un permanente diálogo íntimo con “el Pastor”, un confrontarse permanentemente con su Palabra y la participación activa en los sacramentos, donde se nos comunica esa vida que “el Buen Pastor” nos ofrece.

1Jn 3, 1-2 (2ª lectura Domingo IV de Pascua)

La primera carta de Juan es, como ya dijimos en domingos anteriores, un escrito polémico dirigido a comunidades cristianas nacidas en el mundo joánico (se trata de comunidades cristianas de varias ciudades situadas alrededor de Éfeso, en la parte occidental de Asia Menor). Estamos en una época en la que las herejías comenzaban a perturbar la vida de esas comunidades, causando confusión entre los creyentes y amenazando con subvertir la identidad cristiana.

Las principales cuestiones propuestas por los herejes eran de orden cristológico y ético. En términos de doctrina cristológica, negaban que el hijo de Dios se hubiese encarnado a través de María y que hubiese muerto en la cruz; en su perspectiva, el Cristo celeste vino sobre el hombre Jesús en el momento del bautismo, abandonándolo otra vez antes de la pasión…

Por tanto, la humanidad de Jesús es un hecho irrelevante; lo que interesa es el mensaje del Cristo celeste, que se sirvió del hombre Jesús para aparecer en esta tierra.

Desde el punto de vista ético y moral, estos herejes no cumplen los mandamientos y desprecian especialmente el mandamiento del amor al hermano. En este contexto, el autor de la carta va a presentar a los creyentes las grandes líneas de la vida cristiana auténtica.

El texto que se nos propone, forma parte de la segunda parte de la carta (cf. 1Jn 2,28- 4,6). Ahí, el autor recuerda a los creyentes que son hijos de Dios y les exhorta a vivir de forma coherente con esa filiación. El contexto es siempre el de la polémica contra los “hijos del mal” que no hacen las obras de Dios, porque no viven de acuerdo con los mandamientos.

A modo de introducción a la segunda parte de la carta, el autor recuerda a los cristianos que Dios les ha constituido como sus “hijos”. El fundamento para esa filiación reside en el gran amor de Dios por los hombres (v. 1a). El título de “hijos de Dios”, que los creyentes ostentan, no es un título pomposo, pero superficial y sin contenido; es un título apropiado, que define la situación de aquellos que son amados por Dios con un amor “admirable” y que recibirán de Dios la vida nueva.

Evidentemente, la condición de “hijos”, implica estar en comunión con Dios y vivir de forma coherente con sus propuestas. Los “hijos de Dios” realizan las obras de Dios (un poco más adelante, en un desarrollo que no aparece en la lectura que la liturgia de hoy propone, el autor de la carta contrapone a los “hijos de Dios” con los “hijos del diablo”, que son aquellos que rechazan la vida nueva de Dios, no practican “la justicia, ni aman a su hermano”, cf. 1 Jn 3,7-10).

La condición de “hijos de Dios”, que hacen las obras de Dios, sitúa a los creyentes en una posición singular ante el “mundo”. Por eso, el “mundo” ignorará e incluso perseguirá a los “hijos de Dios”, rechazando la propuesta de vida que ellos atestiguan. No es nada nuevo ni sorprendente: el “mundo” también rechazó a Cristo y a su propuesta de salvación (v. 1b).

A pesar de ser ya, desde el día del Bautismo (el día en que aceptan esa vida nueva que Dios ofrece a los hombres), “hijos de Dios”, los creyentes continúan el camino de su realización definitiva, hasta el día en el que la fragilidad y la finitud humanas sean definitivamente superadas. Entonces, se nos manifestará a los creyentes la vida plena y definitiva, el Hombre Nuevo plenamente realizado. Ese día, los creyentes estarán en total comunión con Dios y serán “semejantes a Él” (v. 2).

La filiación divina es una realidad que atañe al creyente a lo largo de su peregrinación por esta tierra y que implica una vida de coherencia con las obras y las propuestas de Dios; pero sólo en el cielo, tras la liberación de la condición de debilidad que forma parte de la fragilidad humana, el creyente conocerá su realización plena.

Antes de nada, nuestro texto nos recuerda que Dios nos ama con un amor “admirable”, amor que se traduce en don de esa vida nueva que hace de nosotros “hijos de Dios”.

En este 4º Domingo de pascua, el Domingo del Buen Pastor, el autor de la primera carta de Juan nos invita a contemplar la bondad, la ternura, la misericordia, el amor de un Dios empeñado en llevar al hombre a superar su condición de debilidad, a fin de llegar a la vida nueva y eterna, a la plenitud de sus capacidades, hasta hacerse “semejante” al mismo Dios.

Todos los seres humanos caminan por la vida buscando la felicidad y la vida verdadera. El autor de esta carta nos garantiza: para alcanzar la meta de la vida definitiva es necesario escuchar la llamada de Dios, acoger su don, vivir de acuerdo con esa vida nueva que Dios nos ofrece. Y ahí, y no en otras propuestas efímeras, parciales, superficiales, es donde está el secreto de la realización plena del hombre.

¿Cómo deben responder los “hijos de Dios” a los retos que Dios les plantea? En el texto que se nos propone este problema no se resuelve; con todo, la cuestión es abordada y reflexionada en otros pasajes de la primera carta de Juan.

Para el autor de la carta, el “hijo de Dios” es aquel que responde al amor de Dios viviendo de forma coherente con las propuestas de Dios (cf. 1 Jn 5,1-3), esto es, en el respeto a los mandamientos de Dios. De forma especial, se recomienda a los creyentes que vivan en el amor a los hermanos, a ejemplo de Jesucristo.

El Autor de la carta avisa, también, a los cristianos para el inevitable choque con la incomprensión del “mundo”. Vivir como “hijo de Dios” implica tomar opciones que, muchas veces, están en contradicción con los valores que el mundo considera prioritarios; por eso, los discípulos son objeto de desprecio, de risa, de ataques de aquellos que no están dispuestos a conducir su vida de acuerdo con los valores de Dios. Jesucristo conoció y se enfrentó a esa misma realidad; pero su historia nos muestra que vivir como “hijo de Dios” no es un camino de fracaso, sino un camino de vida plena y eterna. Los cristianos no deben, por eso, tener miedo de recorrer el mismo camino.

Hch 4, 8-12 (1ª lectura Domingo IV de Pascua)

El testimonio sobre Jesús y sobre la liberación que vino a ofrecer a los hombres, manifestado en los gestos (cura al paralítico, a la entrada del Templo de Jerusalén, cf. Hch 3,1-11) y en las palabras de Pedro (discurso a la multitud, a la entrada del Templo, cf. Hch 3,12-26), provoca la inmediata reacción de las autoridades judías y la consecuente prisión de Pedro y de Juan. Es la reacción lógica de los que pretenden perpetuar los sistemas de esclavitud y de opresión.

Así, Pedro y Juan son hechos prisioneros y conducidos ante el Sanedrín, la autoridad que supervisaba la organización de la vida religiosa, jurídica y económica de los judíos. Presidido por el sumo-sacerdote en funciones, el Sanedrín estaba constituido por 70 miembros, provenientes de las principales familias del país.

En la época de Jesús el Sanedrín estaba, por lo que parece, dominado por el grupo de los saduceos, los cuales negaban la resurrección. En el Sanedrín había, también, un grupo significativo de fariseos, que aceptaban la resurrección. Sin embargo, los dos grupos dejan de lado sus divergencias particulares para hacer causa común contra los discípulos de Jesús.

La pregunta hecha a los apóstoles por los miembros del Sanedrín es: “¿con qué poder o en nombre de quién hicisteis esto?” (Hch 4,7). El texto que la primera lectura nos presenta es la respuesta de Pedro a la pregunta que le hicieron.

Es muy probable que el episodio se asiente, en general, en bases históricas. El testimonio sobre ese Mesías, crucificado poco antes por las autoridades constituidas, debía aparecer como una provocación y desatar la reacción de los líderes judíos. Sin embargo el episodio, tal como nos es presentado, sufrió retoques por parte de Lucas, empeñado en demostrar que la reacción negativa del “mundo” no puede ni debe calar en el testimonio de los discípulos de Jesús

El texto que se nos propone es, sobre todo, una catequesis destinada a los creyentes, mostrándoles cómo se debe concretar el testimonio de los discípulos, encargados por Jesús para llevar su propuesta liberadora a todos los hombres.

Antes de nada, Lucas observa que Pedro está “lleno del Espíritu Santo” (v. 8). Los cristianos no están solos y abandonados cuando se enfrentan con el mundo para anunciar la salvación. Es el Espíritu el que conduce a los discípulos en su misión y el que orienta su testimonio. Se cumple, así, la promesa que Jesús había hecho a los discípulos: “cuando os lleven a las sinagogas, los magistrados y las autoridades, no os preocupéis con qué habéis de decir en vuestra defensa, pues el Espíritu Santo os enseñará, en ese momento, lo que habéis de decir” (Lc 12,11-12).

“Lleno del Espíritu Santo”, Pedro, aquí en el papel de paradigma del discípulo que testimonia a Jesús y su proyecto ante el mundo, se transforma de reo en acusador. Los dirigentes judíos, atrincherados tras sus prejuicios e intereses personales, catalogaron la propuesta de Jesús como una propuesta contraria a los designios de Dios y asesinaron a Jesús; pero la resurrección demostró que Jesús vino de Dios y que el proyecto que él presentó tenía el sello de garantía de Dios.

Citando un salmo (cf. Sal 118,2), Pedro compara la insensatez de los dirigentes judíos a la ceguera de un constructor que rechaza como inútil una piedra que acaba siendo utilizada por otro constructor como la piedra principal de otro edificio (v. 11). Jesús es la piedra angular de ese proyecto de vida nueva y plena que Dios quiere presentar a los hombres. La prueba es ese paralítico, que recuperó la movilidad por la acción de Jesús (“es por Él por el que este hombre se encuentra perfectamente curado en vuestra presencia”, v. 10). En realidad, Jesús es la fuente única de donde brota la salvación, no sólo la liberación de los males físicos, sino la salvación entendida como totalidad, como vida definitiva, como realización plena del hombre.

Jesús (el nombre hebreo “Jesús” significa “Yahvé salva”) es el único canal a través del cual la salvación de Dios llega a los hombres (v. 12). Con esta afirmación solemne y radical, Lucas invita a los cristianos a ser testigos de la salvación, proponiendo a los hombres a Jesucristo y llevando a los hombres a adherirse, de forma total e incondicional, al proyecto de vida que Cristo vino a ofrecer.

Una nota, todavía, para registrar la forma valerosa y clara como Pedro da testimonio de Jesús, incluso en un ambiente hostil y adverso. Lucas sugiere de esta forma cómo los discípulos han de anunciar a Jesús y su plan de salvación. Nada ni nadie deberá parar y callar a los discípulos, llamados a colaborar con Jesús en el anuncio de la salvación.

En resumen: los discípulos recibirán la misión de presentar, al mundo y a los hombres a Jesucristo, el único salvador. Es el Espíritu el que anima en esa misión y el que les dará el coraje para enfrentarse a la oposición de esas fuerzas de opresión que rechazan la propuesta liberadora de Jesús.

La catequesis que Lucas nos propone en este pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, presenta a Jesús como el único salvador, ya que “no existe bajo del cielo otro nombre, dado a los hombres, por el cual podamos ser salvados”. Lucas nos avisa, de esta forma, para que no nos dejemos seducir por otras figuras, por otros caminos, por otras sugerencias que nos presentan propuestas falsas de salvación.

A veces el camino de salvación que Jesús nos propone está en fragrante contradicción con los caminos de la “salvación” que nos son propuestas por los líderes políticos, por los líderes ideológicos, por los líderes de la moda o de la opinión pública; y nosotros tenemos que hacer elecciones coherentes con nuestra fe y con nuestro compromiso cristiano.

A la hora de optar, no olvidemos que la propuesta de Jesús tiene el sello de garantía de Dios, no olvidemos que el camino propuesto por Jesús (y que, tantas veces, a la luz de la lógica humana, parece un camino de fracaso y de derrota) es el camino que nos conduce al encuentro de vida plena y definitiva, al encuentro del Hombre Nuevo.

Después de dos mil años de cristianismo, parece que no siempre se nota la presencia efectiva de Cristo en esos caminos en los que se construye la historia del mundo y de los hombres.

El barniz cristiano del que hemos revestido a nuestra civilización occidental, no nos ha impedido el recurso a las armas, a los genocidios, a los actos bárbaros de terrorismo, a las guerras religiosas, al capitalismo salvaje. Los criterios que presiden la edificación del mundo, están demasiadas veces, lejos de los valores del Evangelio. ¿Por qué sucede esto?

¿Podemos decir que Cristo es, para los cristianos, la referencia fundamental? Nosotros los cristianos hacemos de él, efectivamente, la “piedra angular” sobre la cual construimos nuestra vida y la historia de nuestro tiempo?

A través del ejemplo de Pedro, Lucas sugiere que el testimonio de los discípulos debe ser claro, incluso en condiciones hostiles y adversas.

La preocupación de los discípulos no debe ser presentar un testimonio políticamente correcto, que no incomode a los poderes instituidos y no traiga persecuciones a la comunidad del Reino; sino que debe ser un discurso valiente y coherente, que tenga como preocupación fundamental presentar con fidelidad la propuesta de salvación que Jesús vino a hacer.

Los discípulos de Jesús no están solos en esa lucha contra las fuerzas que oprimen y esclavizan a los hombres. El Espíritu de Jesús resucitado está con ellos, ayudándoles, animándoles, protegiéndoles en cada instante de ese camino que Dios les mandó recorrer.

En los momentos de crisis, de desánimo, de frustración, los discípulos deben tomar conciencia de la presencia amorosa de Dios a su lado y recuperar la esperanza.

Los líderes judíos son, más de una vez, presentados como modelos de ceguera y de cerrazón hacia los designios de Dios. Son “malos pastores”, preocupados por sus intereses personales y corporativos, que impiden que su Pueblo reciba las propuestas de salvación que Dios le hace. Su ejemplo nos muestra cómo la autosuficiencia, los prejuicios, la comodidad, llevan al hombre a cerrarse a los desafíos de Dios y a rechazar sus dones. Ellos son, por tanto, modelos a no seguir.

Comentario al evangelio – 16 de abril

UNA COMUNIDAD QUE SE ADAPTA Y SE REFORMA


      Es oportuno en este tiempo de Pascua, en el que vamos recorriendo la primera expansión misionera del Evangelio de la mano del Libro de los Hechos, que nos encontremos ante el testimonio de Esteban. Se trata de un apóstol de origen griego que ha intentado inculturar el Evangelio en la cultura helenista, y para ello cuestiona, toma distancias y echa a un lado algunas de las tradiciones más sagradas del judaísmo tradicional como el Templo y la Ley. 

      Conviene pararse a pensar en el «terremoto» que suponen los cambios que Esteban, Pablo de Tarso y otros muchos cristianos han introducido en sus comunidades. La Ley (los mandamientos, prohibiciones, ritos, etc) eran elementos nucleares de la fe judía. Se la ha llamado «la religión de la revelación de la Ley de Dios». De modo que el estar en orden con Dios, cumplir su voluntad, ser un judío fiel… exigía tener en cuenta todas esas obligaciones. Y así fue durante siglos (y hasta hoy). Por otra parte, el Templo (mientras se mantuvo en pie, claro) era otro elemento de identidad: religioso, étnico y político-económico. Con todos sus rituales, ofrendas, sacrificios, la casta sacerdotal… Podríamos añadir un tercer elemento que también fue puesto en cuestión (aunque aquí no se menciona todavía): la circuncisión como signo exterior de la pertenencia al pueblo elegido.

     Pues bien, con todo el peso y la trascendencia y la larguísima tradición de estos elementos esenciales… fueron dejados a un lado por una parte de la primera comunidad cristiana: aquellos que tenían puesta la mirada en los que no estaban, en los que podrían acercarse a Jesucristo… pero percibían como obstáculos toda ese serie de condiciones y tradiciones. Otros, en cambio, de origen judío, se sentían cómodos con las cosas «como siempre», con las tradiciones de siempre, aunque hubieran aceptado las enseñanzas de Jesús… Y, claro, entre unos y otros estalló el conflicto. 

     Esteban era un espíritu libre y tenía claro -como más adelante le ocurrirá también a San Pablo- lo que era esencial del Evangelio/Jesucristo, y también que había que abrirlo a todas las gentes y culturas, dejando a un lado lo que no fuera imprescindible, lo que consideró secundario o superado. 

    Curiosamente, el revuelo comienza en una sinagoga que podríamos considerar de talante liberal, por estar formada por descendientes de antiguos esclavos liberados (= los «libertos»), procedentes de países lejanos. Pero hasta para ellos era demasiado atrevido y escandaloso ese modo de entender y predicar el mensaje de Jesús. Así que Esteban será acusado ante el Sanhedrín, por los mismos motivos que lo fue Jesús, y también echando mano de testigos falsos.

     Decía al principio que es oportuno recordarlo en estos tiempos en que hablamos de nueva evangelización, y en que asistimos a una tremenda mezcla de culturas… que piden caminos nuevos, diálogos nuevos, adaptaciones atrevidas, creativas, renovaciones, aun a costa de «sagradas tradiciones»… no sea que nos esté pasando lo mismo que entonces. Hay muchas voces hoy que piden adaptaciones, que cambiemos ideas, lenguajes, planteamientos teológicos, tradiciones seculares… para poder conectar con la nueva cultura, con las nuevas generaciones. Por un lado los datos estadísticos sobre la deserción o alejamiento de las generaciones por debajo de los 30 años debieran resultarnos alarmantes, y nos piden reaccionar. No se trata de «marketing» como dicen despectivamente algunos, ni de aguar el Evangelio, ni de culpar a los que no están por no estar…

Algunas cosas que pueden leerse en el Documento Presinodal de los jóvenes:

A veces, sentimos que lo sagrado resulta lejano de nuestra vida cotidiana. La Iglesia suele aparecer como demasiado severa y excesivamente moralista. En otras ocasiones, en la Iglesia, es difícil superar a la lógica del ‘siempre se ha hecho así’. Necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa, que aprecie sus raíces y patrimonio y que ame a todos, incluso a aquellos que no siguen los estándares.

Animamos a la Iglesia para que puedan profundizar en su comprensión del papel de la mujer y poderles así darles un mayor protagonismo (empower: Dar la autoridad o el poder para hacer algo), tanto a la mujer laica como a la mujer consagrada, con el mismo espíritu con el que la Iglesia ama a María, la madre de Jesús.

Los jóvenes que se encuentran desconectados o quienes dejan la Iglesia, lo hacen por haber experimentado indiferencia, sentirse juzgados y rechazados…

Se puede asistir, participar e irse de la Misa sin experimentar un sentido de comunidad o familia como Cuerpo de Cristo, los cristianos profesan un Dios vivo, pero algunos asisten a Misas, o pertenecen a comunidades, que parecen muertas.

     Seleccionar frases de un documento es siempre algo subjetivo, claro. Cada uno puede sacar sus consecuencias leyendo el documento entero. Pero… como aquellos primeros discípulos: creo que necesitamos poner un ojo en Jesucristo, – que siempre quiere el bien de los hombres, que era incluyente, acogedor…- y el otro ojo en la realidad de las gentes de hoy, jóvenes y no tanto…. Tiene sus riesgos, claro (que se lo pregunten a Esteban que acabó muy mal, a manos de los defensores de la ortodoxia y la tradición), pero cuando dicen las encuestas más fiables y recientes (2018) la Europa post-cristiana ha llegado: Para un rango de edad comprendido entre los 18 y los 26 años, en países como España, más del 50% de los encuestados se declaraban ateos o agnósticos. Algo tendremos que hacer… lo dejo para la oración y la reflexión personal.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf