Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 20-21

«20Y se va a casa, y de nuevo se reúne la muchedumbre de manera que no podían ni comer pan. 21Y sus familiares, oyéndolo, salieron para agarrarlo, porque decían: “¡Está fuera de sí!”.

La sombría conclusión de la lista de los Doce discípulos, que termina con Judas, el que le traicionará, conduce a una pequeña serie de historias que ponen de relieve la oposición a Jesús por parte de su familia y de los escribas. Es prácticamente seguro que Marcos ha sido el responsable de que el texto sobre la oposición de los escribas (3, 22-30) haya quedado incrustado entre las historias que ponen de relieve la ruptura de Jesús respecto a su propia familia (3, 20-21 y 3, 31-35). Esa técnica de «emparedado» es típica de Marcos (cf. 2, 1-12; 5, 21-43; 6, 14-29; 11, 12-25; 14, 54-72).

La composición presente de Marcos está estructurada en forma de quiasmo (A-B-B-A) en torno a la parábola del hombre fuerte en 3, 27:

  1. A) 3, 20-21: parientes de Jesús

  2. B) 3, 23-26: le acusan de actuar como agente diabólico
  3. C) 3, 27: parábola del hombre fuerte


B’) 3, 28-30: le acusan de actuar como agente diabólico

            A’) 3, 31-35: parientes de Jesús

El carácter central de la parábola del hombre fuerte no es accidental, porque deja al desnudo la causa subyacente de la oposición contra Jesús, tanto de su familia como de las autoridades religiosas: aquí viene a expresarse la división radical y la fiera enemistad entre Jesús y las fuerzas demoníacas que esclavizan a la humanidad y que la vuelven ciega para el auténtico bien.

3, 20-21: El pasaje comienza con la entrada de Jesús en una casa, después que él ha morado en una montaña con el recién fundado grupo de los Doce. No se especifica la ubicación de la casa, pero se puede suponer que está cerca o en el mismo Nazaret, porque aparecen rápidamente la madre y los hermanos. La presencia de Jesús atrae de inmediato a una multitud, y Jesús y los Doce se encuentran tan ocupados en atender a los que vienen que no tienen ni tiempo para comer.

Los miembros de la familia de Jesús llegan a la conclusión de que está enloquecido. Es difícil penetrar en la razón que les ha llevado a pensar así. El hecho de que Jesús ha llegado a ser tan popular que le buscan sin cesar ¿acaso puede significar que se ha vuelto loco? De todas formas, la reacción de los familiares es semejante a la de otras personas del evangelio que interpretan las buenas obras de Jesús en un sentido negativo. En el siguiente versículo los escribas presentarán los exorcismos como evidencia de una contaminación diabólica y en 6,1-6 sus paisanos reconocerán sus milagros y su sabiduría, pero se escandalizarán frente a ellos. Sea como fuere, la evaluación desfavorable de la familia de Jesús, que desemboca en un fuerte veredicto, queda reforzada por la yuxtaposición de ese veredicto con la opinión semejante de los enemigos constantes de Jesús, que son los escribas. Más aún, el gesto de la familia que quiere agarrar con violencia a Jesús (kratésai), con la clara finalidad de impedirle que actúe, anticipa el uso del mismo verbo para aludir a los esfuerzos de los enemigos de Jesús cuando le arrestan (cf. 12, 12; 14, 1.44-45).

Estos rasgos muestran que Marcos es el más duro de todos los evangelios cuando pinta la relación de Jesús con su familia, y resulta interesante saber qué razón tiene para ello. En algún sentido el retrato que Marcos ofrece de las tirantes relaciones entre Jesús y su familia debe responder a un fondo histórico. Nos hallamos ante un tipo de historia que la Iglesia probablemente no habría creado por sí misma, pues parece colocar tanto a Jesús como a su familia bajo una luz dudosa. Por otra parte, Jn 7, 3 apoya el tema central de esta historia, diciendo que los hermanos de Jesús no creían en él. La familia de Jesús, y quizá incluso sus discípulos, pueden representara la Iglesia judeocristiana de Jerusalén, observante de la Ley mosaica, contra la cual está luchando Marcos, quien aparece como representante de un cristianismo gentil que no se siente obligado por el cumplimiento de la Ley.

Sin embargo, un factor que quizá ha influido aún más es probablemente el hecho de que algunos cristianos de Marcos han tenido que romper con los miembros de sus propias familias. La acusación de la locura en contra de Jesús resulta semejante a la acusación que a menudo se lanzó en contra de la salud mental de los primeros cristianos. Esta explicación es apoyada en la forma en que, en el conjunto de la narración de Marcos, aparece enmarcada la referencia a la tensión de Jesús con su familia (tanto en nuestro pasaje como en 6, 3), situándose entre dos referencias a los discípulos que tienen que abandonar a sus familias, como aparece en 1, 18-20 y en 10, 28-31. En el último caso, Jesús alaba a los que han dejado a sus familias «por mi causa y por el evangelio», prometiéndoles que recibirán una nueva familia «con persecuciones». El matiz de la persecución familiar aparece de nuevo en 13, 12-13, donde Jesús predice que algunos de sus discípulos serán entregados a muerte, a traición, por sus propios parientes y serán «odiados por todos, a causa de mi nombre».

Estas profecías reflejan probablemente unas experiencias de alienación familiar y de persecución que resultaban comunes entre los primeros cristianos y, en este contexto, la visión de 3, 31-35, donde Jesús tiene problemas con su propia familia, produciría un tipo de «shock» de identificación y de reconocimiento en algunos de los miembros de la comunidad de Marcos. Esta escena les recordaría también el aspecto escatológico de su situación presente, dado que los textos apocalípticos interpretan la ruptura respecto de los miembros de la familia como uno de los sufrimientos del tiempo final, un sufrimiento que tiene que ser soportado hasta que Dios acorte los últimos días y salve a su pueblo (13, 13.20). Si el mismo Jesús no quedó libre de esta prueba escatológica, ¡cómo podrían evitarla los cristianos de la comunidad de Marcos!