Vísperas – Jueves IV de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ES LA PASCUA REAL, NO YA LA SOMBRA.

Es la Pascua real, no ya la sombra,
la verdadera pascua del Señor;
la sangre del pasado es solo un signo,
la mera imagen de la gran unción.

En verdad, tú, Jesús, nos protegiste
con tus sangrientas manos paternales;
envolviendo en tus alas nuestras almas,
la verdadera alianza tú sellaste.

Y, en tu triunfo, llevaste a nuestra carne
reconciliada con tu Padre eterno;
y, desde arriba, vienes a llevarnos
a la danza festiva de tu cielo.

Oh gozo universal, Dios se hizo hombre
para unir a los hombres con su Dios;
se rompen las cadenas del infierno,
y en los labios renace la canción.

Cristo, Rey eterno, te pedimos
que guardes con tus manos a tu Iglesia,
que protejas y ayudes a tu pueblo
y que venzas con él a las tinieblas. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Salmo 143 I – ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es mi refugio y mi libertador. Aleluya.

Ant 2. Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Salmo 143 II

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. Aleluya.

Ant 3. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el Pastor de las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Aleluya.

PRECES

Alabemos y glorifiquemos a Cristo, a quien Dios Padre constituyó fundamento de nuestra esperanza y primicia de la humanidad resucitada, y aclamémoslo, suplicantes:

Rey de la gloria, escúchanos.

Señor Jesús, tú que, por tu propia sangre y por tu resurrección, penetraste en el santuario de Dios,
llévanos contigo al reino del Padre.

Tú que, por tu resurrección, robusteciste la fe de tus discípulos y los enviaste a anunciar el Evangelio al mundo,
haz que los obispos y presbíteros sean fieles heraldos de tu Evangelio.

Tú que, por tu resurrección, eres nuestra reconciliación y nuestra paz,
haz que todos los bautizados vivan en la unidad de una sola fe y de un solo amor.

Tú que, por tu resurrección, diste la salud, al tullido del templo,
mira con bondad a los enfermos y manifiesta en ellos tu gloria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por tu resurrección, fuiste constituido primogénito de los muertos que resucitan,
haz que los difuntos que en ti creyeron y esperaron participen de tu gloria.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios nuestro, que al restaurar la naturaleza humana le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes, mantén siempre tus inefables designios de amor hacia nosotros, y conserva en quienes hemos renacido por el bautismo los dones que de tu bondad hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 26 de abril

Lectio: Jueves, 26 Abril, 2018

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, que has restaurado la naturaleza humana elevándola sobre su condición original; no olvides tus inefables designios de amor y conserva en quienes han renacido por el bautismo los dones que tan generosamente han recibido. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 13,16-20

«En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. «Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: El que come mi pan ha alzado contra mí su talón. «Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe, me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a aquel que me ha enviado.»

3) REFLEXIÓN

• A partir de hoy, para tres semanas, todos los días, excepto las fiestas, el evangelio del día está sacado de la larga conversación de Jesús con los discípulos durante la Ultima Cena (Jn de 13 a 17). En estos cinco capítulos, que describen la despedida de Jesús, se percibe la presencia de los tres hilos de los que hablamos anteriormente y que tejen y componen el evangelio de Juan: la palabra de Jesús, la palabra de las comunidades y la palabra del evangelista que hizo la última redacción del Cuarto Evangelio. En estos cinco capítulos, los tres hilos están de tal manera entrelazados que el todo se presenta como una pieza única de rara belleza e inspiración, en la que es difícil distinguir lo que es del uno y lo que es del otro, pero en el cual todo es Palabra de Dios para nosotros.

• Estos cinco capítulos traen la conversación que Jesús tuvo con sus amigos, en vísperas de ser detenido y condenado a muerte. Era una conversación amistosa, que queda en la memoria del Discípulo Amado. Jesús, así parece, quería prolongar al máximo ese último encuentro, momento de mucha intimidad. Lo mismo acontece hoy. Hay conversación y conversación. Hay conversaciones superficiales en las que se gastan palabras y que revelan el vacío de las personas. Y hay conversaciones que van al fondo del corazón y quedan en la memoria. Todos nosotros, de vez en cuando, tenemos estos momentos de convivencia amistosa, que dilatan el corazón y se convierten en fuerza en la hora de las dificultades. Ayudan a tener confianza y a vencer el miedo.

• Los cinco versículos del Evangelio de hoy sacan dos conclusiones del lavatorio de los pies (Jn 13,1-15). Hablan (a) del servicio como característica principal de los seguidores de Jesús, y (b) de la a identidad de Jesús como revelación del Padre.

• Juan 13,16-17: No es más el siervo que su amo. Jesús acaba de lavar los pies a sus discípulos. Pedro se asusta y no quiere que Jesús le lave los pies. “Si no te lavo los pies, no podrás compartir conmigo” (Jn 13,8). Y basta lavar los pies; el resto no necesita ser lavado (Jn 13,10). El valor simbólico del gesto del lavatorio consistía en aceptar a Jesús que se entrega a sí mismo por los demás, y no aceptar a un mesías rey glorioso. Esta entrega de sí como siervo de todos es la llave para entender el gesto del lavatorio. Entender esto es la raíz de la felicidad de una persona: “Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís”. Pero había personas, también entre los discípulos, que no aceptaban a Jesús como Mesías Siervo. No querían ser siervos de otros. Probablemente, querían un mesías glorioso como Rey y Juez, según la ideología oficial. Jesús dice:”No me refiero a todos vosotros. Yo conozco a los que he elegido, pero tenía que cumplirse la Escritura: ¡El que come mi pan, ha alzado contra mi su talón!” Juan se refiere a Judas, cuya traición va a ser anunciada inmediatamente después (Jn 13,21-30).

• Juan 13,18-20: Digo esto desde ahora, para que creáis que YO SOY. Fue en ocasión de la liberación de Egipto a los pies del Monte Sínai, que Dios reveló su nombre a Moisés: “¡Estoy con vosotros!” (Es 3,12), “Yo soy el que soy” (Ex 3,14), “Estoy” o “Yo soy” me mandó a vosotros” (Ex 3,14). El nombre Yahvé (Ex 3,15) expresa la certeza absoluta de la presencia libertadora de Dios junto con su pueblo. De muchas maneras y en muchas ocasiones Jesús usa esta misma expresión Yo soy o Soy yo (Jn 8,24; 8,28; 8,58; Jo 6,20; 18,5.8; Mc 14,62; Lc 22,70). Jesús es la presencia del rostro libertador de Dios en medio de nosotros.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• El siervo no es mayor que su señor. ¿Cómo hago de mi vida un servicio permanente a los otros?

• Jesús sabe convivir con las personas que no lo aceptaban. ¿Yo lo consigo?

5) ORACIÓN FINAL

Cantaré por siempre el amor de Yahvé,
anunciaré tu lealtad de edad en edad.
Dije: «Firme está por siempre el amor,
en ellos cimentada tu lealtad.» (Sal 89,2-3)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

20. Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias”.

Es decir, en el catecismo unos párrafos están escritos con letra más grande y otra más pequeña, porque se ha querido con ello distinguir lo que es el desarrollo principal de la explicación de algunas puntualizaciones de tipo histórico, por ejemplo, en un párrafo se refiere a San Bernardo, y eso se pone en letra pequeña porque se está haciendo una explicación complementaria.

Nosotros somos los sarmientos, Señor

NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú la VID llena de vida y de verdad
NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú la VID del buen vino de la alegría
NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú la VID de la esperanza
NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú eres la VID del amor, Señor
NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú eres la VID de la Fe, Señor
NOSOTROS SOMOS LOS SARMIENTOS, SEÑOR
Tú eres la VID de la UNION
Nosotros somos los sarmientos, Señor
Gracias, Señor por hacer brotar cosas buenas
en todos nosotros tus hijos.
Amén

Ecclesia in Medio Oriente – Benedicto XVI

35. Mientras algunos católicos nativos de Oriente Medio que, por necesidad, hastío o desesperación, toman la dramática decisión de abandonar la tierra de sus antepasados, de sus familias y de su comunidad de fe, otros, por el contrario, llenos de esperanza, optan por permanecer en su país y en su comunidad. Les animo a consolidar esta hermosa fidelidad y a continuar firmes en la fe. Otros católicos, en fin, tomando una decisión tan desgarradora como la de los cristianos de Oriente Medio que emigran, huyendo de la precariedad y con la esperanza de tener un porvenir mejor, escogen países de la región para trabajar y vivir.

¿Teléfono sin línea?

Atrás quedó el domingo del Buen Pastor con esa llamada del Papa Francisco a entregarnos, unos y otros, generosamente en pro de Cristo. Ahora, a un día con el mes de mayo, contamos con una “aliada especial”: María. Ella también es Divina Pastora que alienta nuestros trabajos y nos anima en este camino de fe que, desde el día de nuestro bautismo, hemos de cuidar con la mano siempre cierta de Dios.

1.- ¿Qué es una fe sin Dios? ¿Y una fe sin contrastar con la Comunidad Eclesial? ¿Y una fe descafeinada u oportunista? En este quinto domingo de la Pascua comprendemos algo que, a veces, sufrimos y sentimos en las carnes de nuestra vida cristiana: sin Jesús es imposible perseverar, seguir adelante, creer y manifestar públicamente el “humus” de nuestras vivencias cristianas. Quien diga lo contrario es porque, su fe, está sometida a un personalismo, individualismo u orfandad. Y, eso, no es bueno. Sin Jesús, nada. Si nos soltamos de su persona nuestros frutos, además de tendenciosos y fatuos, serán diminutos, risorios o incluso también oportunistas y sectarios. Es imposible permanecer como testigos de Cristo sin nuestra unión con Él. Es, por poner un ejemplo, como pretender tener línea telefónica en casa sin estar unidos a una red. Haremos como que hablamos…pero no estaremos hablando con nadie: no hay línea.

2.- Quien persevera junto a Jesús sabe que, el amor, es algo que brota espontáneamente y sin recompensa alguna. En definitiva, como sarmientos fundidos a la vid que es Jesús, estamos llamados a colocarnos en esa primera división cristiana: dar frutos que sean reflejo de nuestra comunión íntima con Cristo.

Como cristianos no estamos llamados a deslumbrar por los grandes dones y carismas que el Señor nos ha regalado. Y, por el contrario, sí que somos urgidos a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza poniéndolos en práctica.

–¿De qué sirve un cántaro si nunca entra en contacto con el agua?

–¿De qué sirve una lámpara si nunca se enciende?

–¿De qué nos sirve la vida cristiana si, tal vez, la dejamos mediatizada por muchos preceptos y desvinculada de la persona de Jesús?

3.- Por ello mismo, al releer el evangelio de este domingo de Pascua, caemos en la cuenta que –tal vez— muchas de las alteraciones que se dan en nuestro mundo son consecuencia de querer ser sarmientos sin vid; agua sin fuente; vida sin más límites que los que uno se marca. ¿Es bueno? Por supuesto que no.

Toda casa necesita de unos cimientos y, toda persona, también requiere de unos principios o de unos valores que sean modelo, guía irrenunciable para entender la vida y para defender la de los demás.

Jesús, en ese sentido, nos advierte de que una existencia sin Dios, una vida con excesivos atajos está abocada al fracaso, a la sequedad, a la esterilidad. A la falta de ilusión o apatía. Y ¡cuánta escasez de optimismo en nuestro mundo! ¡Cuánto déficit de esperanza en nuestro vivir! ¿No será por qué nos hemos aislado de esa vid que es la fe en Jesús? ¿Podremos aguantar mucho más tiempo en esa orfandad?

4.- Que nuestra alianza con Jesús nos aporte esa fuerza que anhelamos para seguir compartiendo, viviendo y proclamando los ideales cristianos. No será, desde luego, por falta de voluntad del labrador (Dios) que espera pacientemente a que demos fruto: nos hizo sus hijos por el Bautismo, nos da frecuentemente el pan de la Eucaristía, nos perdona en la Penitencia, nos anima por la Unción de Enfermos, nos guía con su Palabra… ¿y todavía queremos más de Dios para ofrecerle algún que otro buen fruto de nuestra vida?

Si la unión hace la fuerza, nuestra fuerza – la de los cristianos – será nuestra unión con Jesús. Sin fisuras y con todas las consecuencias.

5.- SIN TI, NADA, SEÑOR

Siento que soy algo, y resulta que soy poco y nada
y, después de afirmarlo,
veo, Señor, que me creo, grande e imprescindible
¿Cuándo entenderé que, sin Ti, no hay luz ni vida?
¿Cuándo comprenderé que, si me separo de Ti,
mi vida es fracaso, cruz, pena sin gloria?
Sí; Señor.
Sin Ti, aunque no me lo crea a veces,
siento que soy nada y que me aguarda la nada
Perdóname por las veces que rompo contigo
Por aquellos momentos en que, siendo solo hombre,
alardeo de ser un “dios” pequeño.
Perdón, mi Señor, vid del sarmiento de mi vida:
por presentarte frutos de segunda o de tercera,
cuando tu esperabas de mi vida…algunos de primera
Acompáñame, Señor, y aliméntame con tu Palabra:
que sea savia que corra por mis venas cristianas
Auxíliame con tu Gracia,
y corta todo aquello que hace estériles mis caminos.

SIN TI, NADA, SEÑOR
Es imposible dar lo que uno no tiene
Es difícil regalar lo que uno quiere para sí
Es utopía ver al otro como hermano, siendo adversario
Mas, contigo, Señor
uno ofrenda hasta lo que no tiene
no mide lo que su mano enseña
y, antes que odio,
sé que he de contestar con un amor sin límites.
Ayúdame, Señor,
a permanecer unido a Ti: TU ERES LA VIDA
a pensar unido a Ti: TU ERES EL PENSAMIENTO
a caminar unido a Ti: TU ERES EL CAMINO
a trabajar unido a Ti: TU ERES EL FUTURO
a amar unido a Ti: TU ERES EL AMOR
a mirar hacia el cielo: TU ESTAS EN LA ETERNIDAD
SIN TI, NADA, SEÑOR…

Javier Leoz

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

Juan 15, 1-8

 

Comentario del Evangelio

Unidos a Cristo, enchufados a Cristo. Jesús hace esta comparación para que la podamos entender muy bien. Nosotros somos los sarmientos que estamos unidos a la vid, que es Jesús. Si no estamos unidos a Él, nos secamos y valemos muy poquita cosa.

Enchufados a Cristo. él es la gran luz. Y para que nosotros demos luz potente y luz verdadera debemos estar conectados a Él.

¿Y para qué queremos ser luminosos, dar luz? Pues para que la oscuridad no consiga vencer en cada uno de nosotros y en los demás. ¿Y cuando somos luz para los demás? Pues cuando somos personas con fe, creyentes, que hacemos las cosas por aquello en lo que creemos. Que todo esto sirva para crecer como cristianos en nuestras vidas…

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe alguna situación de tu vida en la que hayas sido consciente de estar en conexión con Jesús.

• ¿Cómo podemos estar los cristianos conectados a Jesús? ¿Qué podemos hacer?

• Escribe un compromiso que te ayude a estar en todo momento en conexión con Jesús.

Oración

Estamos seguros, Señor, contigo.
La savia que nos recorre es fuerte y pura,
no tememos a nada, pues estamos contigo,
eres Tú quien potencia nuestra vida,

la energía que brota de nuestras entrañas,
el impulso que reaviva nuestra historia.
Tú eres la vid, y como soy sarmiento,

a veces me desaliento y reseco,
pero Tú estás ahí, por los adentros,
renovando mi ilusión, poniéndome en misión,

haciendo junto a mí esta tarea
de construir el mundo a tu manera.
Tú Señor, que eres la vid,
que eres el fuerte,
sujétame fuerte a tu tronco,
hazme dar fruto dulce y jugoso,
mantenme transpirable y disponible,

no dejes secar mis ramas débiles,
ni permitas que se endurezcan
mis adentros,
Tú que conoces mis plagas y mis miedos.

Tú eres la vid

Estamos seguros, Señor, contigo.
La savia que nos recorre es fuerte y pura,
no tememos a nada, pues estamos contigo,
eres Tú quien potencia nuestra vida,

la energía que brota de nuestras entrañas,
el impulso que reaviva nuestra historia.

Si estamos agarrados a Ti, Padre,
no tienen sentido tantas dudas,
no comprendo cómo tengo distracciones,
ni por qué confundo los valores,

ni cómo es posible que actúe en desamor,
si eres Tú quien me guía y quien me nutre.

Tú eres la vid, y como soy sarmiento,
a veces me desaliento y reseco,
pero Tú estás ahí, por los adentros,
renovando mi ilusión, poniéndome en misión,
haciendo junto a mí esta tarea

de construir el mundo a tu manera.

Soy un sarmiento seco, y bien lo siento,
pues si estuviera más agarrado a Ti,
más desde dentro,

no me perdería en tonterías,
no haría daño a nadie, no estaría triste,
no buscaría en cosas llenar mi ansiedad,
sino que dejaría que tu savia circulara por mí.

Tú Señor, que eres la vid,
que eres el fuerte,
sujétame fuerte a tu tronco,
hazme dar fruto dulce y jugoso,
mantenme transpirable y disponible,
no dejes secar mis ramas débiles,

ni permitas que se endurezcan
mis adentros,
Tú que conoces mis plagas y mis miedos.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo V de Pascua

• Con esta imagen, “yo soy la vid…” (1.5) Jesús habla no sólo de su identidad; también dice cuál es la relación entre Él y los discípulos.

• Con respecto a la identidad, aplicándose a si mismo la imagen de la “vid-cepa” (1.5), Jesús se está identificando con el Pueblo de Dios (Israel, en el AT; la Iglesia, en el NT). Pero hay una novedad: el Pueblo no había dado nunca los frutos que se esperaban –se esperaba buena uva; pero dio agrazones (Is 5,1-7)–; ahora, en cambio, Jesús es “la vid verdadera” (1), la cepa que dará“fruto” (2.5.8).

• Y sobre la relación Jesús–discípulos – “los sarmientos” (5)–, se planteada como la unión a la persona de Jesús, sin distancias. Es una relación personal.

• Y se da mucha importancia a la necesidad de mantener esta unión (4.5.7). Detal manera que esta página del Evangelio nos habla de la identidad del “discípulo” de Jesús (8): es “discípulo”quien está unido íntimamente a Él en una relación personal y, estando unido, vela-trabaja –“poda-limpia” (2)– por mantener esta unión, que se puede romper (6). Sólo así dará “mucho fruto” (5). Del mismo modo que Jesús no puede hacer nada sin el Padre (Jn 5, 19-20), el creyente no puede hacer nada sin Jesús. La vida del discípulo es dejarse modelar según Jesús. Ha de amar como Él (Jn 13, 34) y debe dar la vida como Él (Jn 13, 1ss; 1Jn 3, 16).

• Por tanto “el fruto”, pues, que podemos dar los discípulos no depende sólo de nosotros. La acción de los cristianos, la transformación del mundo que pretendemos, no depende de la técnica con qué podamos actuar, ni de las estrategias, ni –en absoluto– de los medios económicos o del poder que podamos tener en el mundo. Los “verdaderos” (1)“frutos” serán los que resulten de nuestra unión con Jesús, de nuestra atención a su Persona, de nuestra apertura a la acción de su Espíritu que nos envía a los más pobres, a los que no tienen ningún poder ni siquiera los medios para vivir con un mínimo de dignidad.

• El texto remarca especialmente que esta unión con Jesús pasa por retener sus palabras (3.7). Es la fidelidad a la Palabra. Una Palabra que es punto de referencia del que no podemos prescindir. Una Palabra que, esto sí, leemos cada vez desde la novedad que supone la vida de cada cual, la vida del mundo, la vida de cada día.

• También se pone de relieve que la fidelidad a las palabras de Jesús nos abre a la oración-plegaria. Y que la unión entre nosotros alrededor de esta Palabra, hará que nuestra oración-plegaria sea eficaz. Es decir, la eficacia de la plegaria no está en la perfección estética, ni en la pureza personal… La plegaria sólo es eficaz si estamos unidos entre nosotros y si hay unión entre nosotros y Jesús y, por lo tanto, con los pobres.

Comentario al evangelio – 26 abril

Si ayer festejábamos a san Marcos, evangelista, hoy lo hacemos con san Isidoro de Sevilla, obispo y doctor de la Iglesia. Otro santo de palabras, de la Palabra. Además de con Leandro, su hermano, que también fue santo y obispo de Sevilla, Isidoro compartió magisterio con san Ildefonso, que dijo de Él: «la facilidad de palabra era tan admirable en san Isidoro que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas». También se dice de él que fue el primer lexicógrafo -valga el anacronismo- y un puente imprescindible entre la Edad Antigua y la Edad Media. Sin duda, Isidoro fue un sabio de este mundo… pero lo fue por escuchar la sabiduría que está más allá de este mundo.

Isidoro, como tantos otros santos, refleja la paradoja de la fe, que se vale de la elocuencia humana pero la trasciende por completo. Fijémonos si no en san Pablo, que no debía ser especialmente torpe en su predicación y, sin embargo, confiesa que ha renunciado a anunciar el misterio de Dios «con sublime elocuencia o sabiduría» porque la fe no se asienta sobre las fuerzas del hombre sino sobre el poder del Espíritu. Ahora bien, Pablo no deja de hablar de Dios y lo hace por doquier, casi siempre con discursos muy elaborados. En último término, ambas cosas son ciertas: por un lado, la Luz no procede de nosotros, sino del Señor que nos llama y nos capacita; por otro, «no se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos en la casa».

Somos más doctos que nuestros maestros –dice el salmo 118- cuando meditamos la Palabra del Señor, cuando reparamos en la voz callada del Calvario. Allí, delante de los labios apretados de Jesús, que reza por nosotros, tenemos únicamente la potestad y el principado de la sal: nuestra palabra –nuestra sabiduría- puede conservar el alimento del Señor y potenciar el sabor que el Evangelio tiene de suyo. Nada más… y nada menos. Cristo crucificó consigo todos los discursos vanos y falaces, y se convirtió con su Pascua en discurso de Vida eterna. Él ha querido –este es el milagro- que nosotros formemos parte de Su discurso imperecedero, que guardemos su Palabra y sazonemos con ella cada una de nuestras horas. Ninguno somos Pablo; tampoco Isidoro. Pero seremos más sagaces que todos los sabios si nos abrimos a su Luz, siquiera por un momento.

Feliz fiesta.

Adrián de Prado, cmf.