Los derechos de las mujeres son derechos humanos

Cristina Monteys Homar

Cuenta El origen del tantra de Tara (texto tibetano del s. XVII) que Tara, antes de convertirse en la deidad femenina iluminada que venera el budismo mahayana, fue una princesa entregada al dharma y a la meditación profunda. Cuando estaba a punto de alcanzar la iluminación, un monje le dijo que era lástima que hubiera renacido en un cuerpo de mujer, pues para poder iluminarse tendría que regresar como hombre. La princesa, mucho más sabia que el monje, respondió: Aquí no existe hombre, ni mujer; no existe el yo, la persona, ni la conciencia; es vano calificar de masculino o femenino. Cómo se engañan a sí mismos los necios mundanos.

E hizo un juramento: Son muchos los que quieren alcanzar la iluminación suprema en un cuerpo de hombre, pero pocos los que desean obrar por el bien de todos los seres en un cuerpo de mujer. Hasta que este mundo quede vacío, yo velaré por el beneficio de todos los seres conscientes, en un cuerpo de mujer.

La historia del juramento de Tara nos muestra la tensión que existe en las tradiciones religiosas entre la esencia de su mensaje, que afirma la igualdad entre hombres y mujeres, y la cultura patriarcal que intenta desmentir esta igualdad y justificar con argumentos religiosos y espirituales la subordinación de las mujeres. Los textos sagrados de todas las tradiciones reflejan esta tensión y las lecturas que de ellos se han hecho a lo largo de la historia han tendido a enfatizar aquello que servía para mantener el orden establecido y a invisibilizar las historias, los símbolos y los referentes que reivindican lo femenino. Aun así, las propias religiones y sus textos de referencia nos ofrecen los recursos para transformar las estructuras sociales y religiosas para hacerlas más justas e igualitarias.

Creados iguales, merecedores de la misma recompensa

• Cuando Dios creó al ser humano, lo creó semejante a Dios mismo. Hombre y mujer los creó (Génesis 1,27 – judaísmo y cristianismo).

• Allah ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las que dan limosna, los que y las que ayunan, los castos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Allah (Corán, 33:35 – islam).

• Sea una mujer o sea un hombre a quien ese carruaje esté esperando, en ese mismo vehículo entrarán a la presencia del Nirvana. (Therigatha, Versos de las ancianas sabias – budismo).

Alabanza del aspecto femenino de la divinidad y la transcendencia 

Devi Sukta o Himno de la diosa:

Yo soy la Reina, la que junta tesoros, la más considerada, la primera entre los que merecen adoración (…). Ellos no lo saben, pero yo resido en la esencia del Universo. Escuchad, todos y cada uno, la verdad (…). Sobre la cima del mundo yo creo al Padre: mi hogar está en las aguas, en el océano. Desde allí yo penetro en todas las criaturas, como su Yo Supremo…

He creado todos los mundos según mi voluntad, sin ningún ser superior a mí, y los impregno y habito en su interior.

La consciencia eterna e infinita soy yo, y mi grandeza es habitar en todas las cosas (Rigveda 10.125.3 – 10.125.8 – hinduismo).

Sobre Prajnaparamita, la perfección de la sabiduría

Los Budas en los mundos que están en las diez direcciones piensan en estas perfecciones de la sabiduría como su madre. Los salvadores del mundo en el pasado, y también los del presente en las diez direcciones, han surgido de ella, y así lo harán los del futuro. Ella es quien muestra este mundo como es, ella es la generadora, la madre de los Budas (Astasahasrika Prajnaparamita Sutra, o La perfección de la sabiduría en 8.000 líneas – budismo).

Alabanza de la Sabiduría

Salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como bruma. En el cielo tenía mi habitación; mi trono estaba sobre una columna de nubes. Sola recorrí la bóveda celeste y atravesé lo más hondo del abismo.

Reiné sobre las olas del mar, en la tierra entera y  en todos los pueblos y naciones. (…)

Acérquense a mí los que me desean y coman todo lo que quieran de mis frutos, pues conocerme es más dulce que la miel, y poseerme, más dulce que un panal (Sirácida 24,3-6.20 – judaísmo y cristianismo).

Dios, como las mujeres 

Yo guié al pueblo de Efraín y le enseñé a caminar; pero ellos no comprendieron que era yo quien los cuidaba. Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacia mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer, pero no quisieron volverse a mí (Oseas 11,3-5 – judaísmo y cristianismo).

• El Señor dice: Por mucho tiempo me quedé callado, guardé silencio y me contuve; pero ahora voy a gritar como mujer de parto, gimiendo y suspirando(Isaías 42,14 – judaísmo y cristianismo).

•¿Qué mujer que tiene diez monedas y pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘¡Felicitadme, porque ya he encontrado la moneda que había perdido!’? Os digo que así también hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se convierte (Lucas 15,8-10 – cristianismo).

Iguales en el mundo y frente a Dios

Pero los creyentes y las creyentes son amigos unos de otros. Ordenan lo que está bien y prohíben lo que está mal. Hacen la oración del salat, dan la limosna del azaque y obedecen a Allah y a Su Enviado. De ésos se apiadará Allah. Allah es poderoso, sabio (Corán, 9:71 – islam).

• Allí donde las mujeres son veneradas, los dioses están contentos. Pero allí donde las mujeres no son veneradas, todas las ceremonias religiosas resultan inútiles (Manu Smriti o Leyes de Manu 3-56 – hinduismo).

• Al creyente, varón o hembra, que obre bien, le haremos, ciertamente, que viva una vida buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras(Corán, 16:97 – islam).

¿Qué importa el género?

– Sariputra: ¿Por qué no cambias tu sexo femenino? 

– Diosa: He pasado doce años aquí buscando las características innatas del sexo femenino y no las he podido encontrar (Vimalakirti Nirdesa Sutra – budismo).

• Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos sois uno solo (Gál 3,28 – cristianismo).

• No dejaré que se pierda obra de ninguno de vosotros, lo mismo si es varón que si es hembra, que habéis salido los unos de los otros (Corán 3:195 – islam).

• Parvati le dice a Shiva, su esposo: Debes considerar quién eres tú, y qué es la Naturaleza… ¿Cómo puedes trascender la naturaleza? Lo que oyes, lo que comes, lo que ves, es todo Naturaleza. ¿Cómo puedes estar más allá de la Naturaleza? Estás envuelto en la Naturaleza, aunque no lo sepas (Skanda Purana 1.1.21.22 – hinduismo).

Como muestran los textos, todas las tradiciones religiosas comparten este «núcleo igualitario», la afirmación de la plena e igual humanidad de hombres y mujeres, aunque lo expresen de maneras distintas. En las tradiciones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islam) la igualdad entre hombres y mujeres se formula en términos de su igual creación a imagen de Dios, mientras que en el hinduismo y el budismo, se afirma que tanto hombres como mujeres pueden alcanzar la liberación del ciclo de renacimientos. A pesar de eso, estas creencias y enseñanzas fundamentales se encuentran mezcladas entre numerosos relatos y afirmaciones que las contradicen, y por eso es fundamental acercarse a los textos dejando de lado los prejuicios y las lecturas parciales, sobre todo cuando nos referimos a religiones que no son la que profesamos.

Para terminar, una historia del evangelio. Cuentan Marcos y Mateo que, una vez que Jesús pasaba por la región de Tiro y Sidón, una mujer cananea se le acercó para pedirle que curara a su hija. Jesús le respondió que era una lástima que fuera cananea, porque él había sido enviado únicamente a las ovejas perdidas de Israel. Pero la mujer, igual que Tara hizo con el monje, le replicó: Sí, Señor –dijo ella–, pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Y el texto sigue: Entonces le dijo Jesús: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Hágase como quieres. Desde aquel mismo momento, su hija quedó sanada (Mateo 15, 21-28 – cristianismo).