Vísperas – Miércoles V de Pascua

SAN ATANASIO, obispo y doctor de la Iglesia. (MEMORIA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VERBO DE DIOS, ETERNA LUZ DIVINA.

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Dios, que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada
en el seno de Virgen, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado,
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

Con destellos de luz que Dios envía,
no dejéis de brillar, faros divinos;
de los hombres y pueblos sed su guía,
proclamad la verdad en los caminos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

Salmo 26 I – CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La diestra del Señor lo exaltó haciéndolo jefe y salvador. Aleluya.

Ant 2. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

Salmo 26 II

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Aleluya.

Ant 3. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA BREVE   St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

V. En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.
R. En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

V. Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En la asamblea le da la palabra. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Atanasio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh doctor admirable, luz de la Iglesia santa, san Atanasio, fiel cumplidor de la ley, ruega por nosotros al Hijo de Dios. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios has glorificado a tu Iglesia,
haz que todos los cristianos resplandezcan por su virtud.

Tú que por la oración de los santos pastores, que a semejanza de Moisés oraban por el pueblo, perdonaste los pecados de tus fieles,
purifica y santifica también ahora a la santa Iglesia por la intercesión de los santos.

Tú que de entre los fieles elegiste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los consagraste como ministros en bien de sus hermanos,
llena también de tu Espíritu a todos los pastores del pueblo de Dios.

Tú que fuiste la heredad de los santos pastores,
no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre viva alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por medio de los pastores de la Iglesia das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que suscitaste a san Atanasio como preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo, haz que nosotros, iluminados por sus enseñanzas y ayudados por sus ejemplos, crezcamos en tu conocimiento y en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 2 de mayo

Lectio: Miércoles, 2 Mayo, 2018

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido; atrae hacia ti el corazón de tus fieles, para que siempre vivan a la luz de tu verdad los que han sido librados de las tinieblas del error. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del Evangelio según Juan 15,1-8

«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he dicho. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

3) REFLEXIÓN

• Los capítulos del 15 al 17 del Evangelio de Juan nos presentan varias enseñanzas de Jesús, que el evangelista ha unido y colocado aquí en el contexto amistoso y fraterno del último encuentro de Jesús con sus discípulos:
Jn 15,1-17: Reflexiones entorno a la parábola de la vid
Jn 15,18 a 16,4a: Consejos sobre la manera de comportarse cuando se nos persigue
Jn 16,4b-15: Promesa sobre la venida del Espíritu Santo
Jn 16,16-33: Reflexiones sobre la despedida y el retorno de Jesús
Jn 17,1-26: El Testamento de Jesús en forma de oración

• Los Evangelios de hoy y de mañana presentan una parte de la reflexión de Jesús sobre la parábola de la vid. Para entender bien todo el alcance de esta parábola, es importante estudiar bien las palabras que Jesús usó. Y es igualmente importante observar de cerca una vid o una planta para ver cómo crece y cómo se enlazan tronco y ramos, y cómo el fruto nace del tronco y de los ramos.

• Juan 15,1-2: Jesús presenta la comparación de la vid. En el Antiguo Testamento, la imagen de la vid indicaba el pueblo de Israel (Is 5,1-2). El pueblo era como una vid que Dios plantó con mucho cariño en las costas de los montes de Palestina (Sal 80,9-12). Pero la vid no correspondió a lo que Dios esperaba. En vez de unos racimos de uva buena dio un fruto amargo que no servía para nada (Is 5,3-4). Jesús es la nueva vid, la vid verdadera. En una única frase el nos da toda la comparación. El dice: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto”. La poda es dura, pero es necesaria. Purifica la vid, para que crezca y produzca más frutos.

• Juan 15,3-6: Jesús explica y aplica la parábola. Los discípulos ya son puros. Ya fueron podados por la palabra que escucharon de Jesús. Hasta hoy, Dios hace la poda en nosotros por medio de su Palabra que nos llega por medio de la Biblia y de muchos otros medios. Jesús alarga la parábola y dice: “¡Yo soy la vid y vosotros los sarmientos!” No se trata de dos cosas distintas: de un lado la vid, de otro, los ramos. ¡No! No hay una vid sin ramos. Nosotros somos parte de Jesús. Jesús es el todo. Para que un ramo pueda producir frutos, debe estar unido a la vid. Sólo así consigue recibir la savia. “¡Sin mí, no podéis hacer nada!” Ramo que no produce fruto es cortado. Se seca y se le recoge para quemarlo. No sirve para nada ya, ni siquiera ¡para hacer leña!

• Juan 15,7-8: Permanecer en el amor. Nuestro modelo es aquello que Jesús mismo vive en su relación con el Padre. El dice:”Como el Padre me amó, yo también os he amado. ¡Permaneced en mi Amor!” Insiste en decir que debemos permanecer en él y que sus palabras deben permanecer en nosotros. Y llega a decir: “¡Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis!” Pues lo que el padre más quiere es que nos volvamos discípulos y discípulas de Jesús y así demos mucho fruto.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cuáles son las podas o momentos difíciles que he pasado en mi vida y que me ayudarán a crecer? ¿Cuáles son las podas o momentos difíciles que pasamos en nuestra comunidad y nos ayudaron a crecer?

• Lo que mantiene viva una planta, capaz de dar frutos, es la savia que la atraviesa. ¿Cuál es la savia que está presente en nuestra comunidad y la mantiene viva, capaz de dar frutos?

5) ORACIÓN FINAL

¡Cantad a Yahvé un nuevo canto,
canta a Yahvé, tierra entera,
cantad a Yahvé, bendecid su nombre! (Sal 96,1-2

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 22-26

22Y los escribasque habían bajado de Jerusalén decían: “Tiene a Beelzebuly con el poder del Príncipe de los demoniosexpulsa a los demonios”. 23Y, llamándoles a él, les hablaba en parábolas: “¿Cómo puede Satanásexpulsar a Satanás? 24Y si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede mantenerse. 25Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no puede mantenerse.

26Y si Satanásse ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, sino que tiene su fin.

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p style=”text-align:justify;”>3, 22-26: La imputación de la familia, que acusa a Jesús de locura, es grave. Pero más grave y de mayor malicia es la acusación de los escribas, cuando afirman que Jesús realiza sus exorcismos con la fuerza de Beelzebul. Esta acusación de brujería conlleva una posible pena de muerte. La visión negativa de los escribas aparece destacada por el hecho de que ellos «han bajado de Jerusalén». En los textos bíblicos, «bajar» es con frecuencia un concepto negativo y, para Marcos, Jerusalén es un lugar que lleva una connotación desfavorable, dado que es la ciudad donde Jesús será condenado a muerte, será flagelado y crucificado, y la ciudad que, a consecuencia de eso, será destruida (cf. 12, 6-9; 13, 1-2). 
La acusación específica de los escribas es que la habilidad que Jesús tiene de realizar milagros, habilidad que ellos no niegan, proviene de una fuerza demoníaca y no de una fuente divina. Él expulsa demonios con la fuerza de Beelzebul, el príncipe de los demonios. Los lectores de Marcos saben que esta acusación es falsa, pues los mismos demonios han reconocido en 1, 24 que Jesús no tiene nada en común con ellos. Sin embargo, es una acusación que resulta comprensible, dada la ambigüedad moral de los milagros y de otros fenómenos carismáticos. Por eso, el Antiguo Testamento y las tradiciones judías intentan ofrecer criterios para distinguir los carismas divinos de los demoníacos. La respuesta básica consiste en afirmar que una actividad carismática que se mantiene en conformidad con la Ley resulta buena; por el contrario, una actividad carismática que aparta al hombre de la Ley viene a concebirse como expresión de extravío y recibe la connotación de magia o acción diabólica. Los que realizan una actividad de ese tipo son dignos de ser condenados a muerte (cf. Dt 18, 19-20 y Filón, Leyes Especiales 4, 50-52). Por eso, es probable que la misma actitud de Jesús ante la Ley llevó a los escribas a pensar que sus exorcismos y otras curaciones debían proceder de un influjo demoníaco; de un modo significativo, la acusación por la que los escribas acusan a Jesús de pacto con Satán (en 3, 22) viene después de su controversia con ellos en torno a la Ley (en 2, 1-3, 6). 
Jesús rechaza con firmeza esa acusación, convocando a los escribas, como si fuera a un juicio legal, para que aclaren lo que dicen. Jesús les refuta «en parábolas», en plural, aludiendo así a los dos textos: a) a las comparaciones individuales que hallamos en 3, 24-27 (reino y casa divididos y hombre fuerte); b) y al juicio de tipo proverbial que aparece en 3, 28-30. Las parábolas aparecen introducidas por una pregunta retórica: «¿Cómo puede Satán expulsar a Satán?» (3, 23). La absurdidad de la acusación de los escribas queda después destacada por la parábola del reino dividido y la casa dividida (3, 24-26), que combina la imagen del dominio de un rey sobre su reino (3, 24) con la de un dueño de casa sobre su casa (3, 25). Esta combinación resulta bastante natural en un contexto helenista, donde las dos esferas de autoridad (reino y casa) se encontraban vinculadas con frecuencia (cf. 1Pe 2, 13-3, 12). Así que si Jesús estuviera expulsando demonios con la fuerza de Satán, esto significaría que Satán se habría levantado en contra de sí mismo, de manera que su reino y su casa se hallarían divididos y que su reino estaría acabándose. Pero resulta claro que el reino de Satán no se está acabando, lo que demuestra que los exorcismos de Jesús no son una expresión de que Satán se encuentre en guerra en contra de sí mismo (3, 23-26). 
La parábola del hombre fuerte (3, 27) presenta a Satán como un cautivo encadenado por Jesús, el victorioso.
Las parábolas del reino y de la casa dividida se encuentran subordinadas a la parábola del hombre fuerte, que está en el centro de la estructura concéntrica del conjunto del pasaje. Marcos mantiene las parábolas del reino y de la casa dividida, porque son importantes para refutar la acusación de los escribas, que aseguran que Jesús tiene un pacto con el Diablo, pero les ha querido dar un sentido nuevo. Esas parábolas no indican si el reino de Satán ha caído o no, sino la forma en que está siendo destruido. Más en concreto, muestran que el reino de Satán no se está autodestruyendo (por lucha interior de Satán contra sí mismo), sino que está siendo devastado por una fuerza exterior, es decir, por el poder de Dios que actúa a través del mismo Jesús.

Los ojos de María

¡Ojos que no ven, corazón que no siente!, dice el viejo refrán.

En María, esto no se cumplió. Vivió siempre con los ojos puestos en los planes que Dios tenía preparado para Ella.

En Nazaret, con sus pupilas dilatadas, dijo que “sí”. Que, estaba dispuesta, como un cheque en blanco para que Dios firmase cuando quisiera y como quisiera.

En el crecimiento de Jesús, abrió bien los ojos para que, Jesús, anduviese por los caminos que conducían a Dios.

En el final de la vida de Jesús, aún con lágrimas, nunca el sollozo se antepuso a la altura con la que, María, encaró y vivió la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo.

Y es que, María, abrió los ojos para Dios y, además, le brindó todo su corazón. ¿Se puede esperar más por parte de Dios? ¿Pudo dar más una humilde nazarena que a sí misma?

Para la reflexión: 

¿Detrás de que corren nuestras miradas?

¿Vemos la profundidad de las cosas y de los acontecimientos o nos quedamos en la superficialidad?

¿Somos solidarios cuando contemplamos causas injustas que hacen sufrir?

Presentamos, ante María, unas gafas. Que Dios nos ayude a no perderle de vista.

ORACIÓN

TUS OJOS, MARIA

Son grandes, porque quedaron embelesados
por el anuncio del Angel
Están limpios, por las lágrimas de emoción en el Nacimiento de Cristo
Son risueños, por la juventud y la hermosura de Aquella que los lleva
Son inquietos, porque nunca se cansan de mirar al Hijo
Están sanos, porque siempre miraron en la dirección adecuada
No tienen tensión, porque saben cerrarse ante Aquel que es descanso
No tienen brizna alguna, porque Dios los cuida con amor de Padre
No están ciegos porque, al pie de la cruz,
los mantuviste despiertos
No son insensibles, porque desde la cruz,
Jesús los llamó a ver a los hombres como a sus hijos
No parpadean porque, ante la situación del mundo,
saben que han de estar bien abiertos
No huyen, porque ante el mal tiempo,
han de ayudar a los demás a descubrir el horizonte

Rezamos un Ave María

Ecclesia in Medio Oriente

Los obispos

41. En virtud de su ordenación, el obispo queda instituido a la vez como miembro del Colegio episcopal y como pastor de una comunidad local mediante su ministerio de enseñar, santificar y gobernar. Con los patriarcas, los obispos son los signos visibles de la unidad en la diversidad de la Iglesia, como Cuerpo cuya cabeza es Cristo (cf. Ef 4,12-15). Ellos son los primeros elegidos gratuitamente y los enviados a todas las naciones para hacer discípulos, enseñándoles a observar todo lo prescrito por el Resucitado (cf. Mt 28,19-20)[37]. Es, pues, de vital importancia que escuchen y conserven en su corazón la Palabra de Dios. Han de anunciarla con valentía, y defender con firmeza la integridad y la unidad de la fe en situaciones difíciles, que por desgracia no faltan en Oriente Medio.


[37] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores gregis (16 octubre 2003), 26: AAS 96 (2004), 859-860.

Comentario Domingo VI de Pascua

ORACIÓN

Señor y Hermano nuestro Jesús, Tú estás con tu Padre yestás con nosotros cada vez que “nos reunimos en tu nombre”, concédenos:

  • –  vivir siempre de las Palabras que dirigiste a los tuyos en la última cena,
  • –  y permanecer siempre pidiendo y esperando tu Espíritu que nos haga amarte a ti, amar a tu Padre, y cumplir tu mandamiento de amar a nuestros hermanos los seres humanos.

 

Jn 15, 9-17

«9Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor.
10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.11Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

12Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
13Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotrosos llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

16No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé.17Esto os mando: que os améis unos a otros».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Continuamos con la lectura del cap. 15 de Juan, y continúan algunos términos claves del evangelio del domingo pasado:permanecer en Jesús, dar frutos, pedir al Padre y ser concedido. En el pasaje de hoy, emerge la idea del amor entre el Padre y el Hijo, entre el Hijo y los discípulos y entre los discípulos. Además, otros temas significativos son el guardar los mandamientos de Jesús, la alegría, la amistad, la elección y el envío. Se crea así un itinerario espiritual impresionante, cuyo origen está en la experiencia de amor teologal, que conlleva un adecuado planteamiento ético de la vida, que produce una alegría insospechada cuando la vida está bien fundamentada en Jesús (cuando nos considera‘amigos’ suyos), que elige, llama y envía a sus seguidores aproducir fruto, un fruto que haga patente aquí y ahora el amor teologal, un estado de cosas que los sinópticos llaman‘Reino de Dios’.

 

TEXTO

El evangelio tiene dos partes: a) la primera parte (vv. 9-11),centrada en “permanecer en el amor” (vv. 9-10) y una conclusión sobre el gozo. Se advierte una cadena de doble dirección: el amor del Padre al Hijo y del Hijo a sus discípulos; la permanencia de los discípulos en el Hijo y del Hijo en el Padre. Todo, ¡para que nuestro gozo sea colmado! b) La unidad de la segunda parte (vv. 12-17) viene garantizada por la inclusión “que os améis” (vv. 12 y 17). Elamor mutuo tiene su fuente en el amor que Jesús nos tiene, que le lleva a dar la vida por nosotros, a elegirnos y adestinarnos a dar frutos. El amor recíproco es, entonces, expresión y consecuencia obligada de una experiencia teologal: la experiencia de Dios no la expresan nuestras palabras sino el amor que seamos capaces de desplegar hacia los demás. Es EL mandamiento para quienes nos decimos seguidores de Jesús.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

El amor del Padre es la fuente de todo. Dios ama al mundo inmensamente y su amor se manifiesta en el envío de su Hijo, para que tengamos vida por medio de Él. Los mandamientos de Jesús y del Padre son expresión de amor y camino de vida. Se permanece en Jesús recorriendo su camino, abrazando su proyecto, igual que Jesús permanece en el Padre siendo el heraldo de su Reino.Permanecer es perseverar.

• La alegría cristiana no es superficial e inestable, no depende de circunstancias internas o externas. Es el don del Señor Resucitado, el signo de la presencia del Espíritu quenos ha sido dado. Se atribuye a Nietzsche la frase: “No creoque Cristo sea salvador, porque no veo a los cristianos cara de salvados”. ¿La podría decir por nosotros? ¿En québasamos nuestra alegría?

• Si experimentamos el amor del Padre, estamos urgidos acompartir este don con los demás. El discípulo de Jesúshace del amor “la marca de la casa”, pero hacer concreto yefectivo ese amor, y más en estos tiempos tan difíciles, nolo encontramos en un “recetario”: exige profundidad y discernimiento, empatía y decisión; exige tener a Jesús como modelo: por amor verdadero hacia los otros, entrega su propia vida.Por amor verdadero hacia los otros,nosotros…

• Jesús pide a sus elegidos, a los discípulos, a nosotros,obras concretas (frutos) que surgen de la acogida de su Palabra. Nuestro discipulado no es sólo de escucha, sino que debe tener consecuencias en y para la vida. Elección(v. 16), vocación (v. 15), misión (v. 16)… son palabrashuecas, es decir, palabras que cada cristiano y cada comunidad tiene que saber rellenar en respuesta al amor de Dios.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo VI de Pascua

VI domingo de Pascua
6 de Mayo 2018

Hechos 10, 25-26.34-35.44-48; Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4; 1Jn 4, 7-10; Juan 15, 9-17

El Amor más grande da la vida por sus amigos.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo.

Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros”.

Reflexión

Enumeren las personas que los quieren. ¿Qué hacen estas personas por ellos? ¿Y ellos por las personas que los quieren? ¿Los obedecen? ¿Qué sacrificios están dispuestos hacer? Jesús dio su vida por nosotros. ¿Cómo le agradeceremos a Jesús lo que hizo por nosotros? ¿Cumplimos los mandamientos?

 

Actividad

Preparar un cartel con la foto de Jesús. (Agrandar el documento de descarga). Recortar un corazón para cada niño. En cada uno escriban su nombre y el de la persona que más los quiere. Escribir algo que harán por ellas (os) en esta semana. Luego cada niño lo coloca en el cartel. Antes de terminar el grupo se lo llevan para entregárselo a esa persona especial.

Dar la vida por los amigos

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Señor, Dios te pidió tu propia vida. Mira, con bondad, los sacrificios que hacemos por nuestra familia y por nuestros amigos. Danos valor para entregarnos también a otros y llevar tu mensaje a todas partes. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo VI de Pascua

Jesús habla con sus discípulos hablándoles con ternura y cariño. Porque no les habla como discípulos, sino como lo que son: sus amigos. Y les deja un mandamiento nuevo: “que se amen los unos a los otros”, porque así los ha amado Cristo, y porque esa es la mejor forma de permanecer en el amor de Dios y dar frutos en la vida.

¡Nosotros también somos amigos de Cristo! Y como a sus primeros discípulos, nos ama y nos pide ir por la vida dando frutos de amor, amando a nuestro Padre Dios y a los que se crucen en nuestras vidas.

Pero cuidado: amar no sólo es hacer cosas buenas por los demás cuando “sentimos bonito”, cuando nos caen bien, cuando “nos nace”… Jesús nos dice que amar es “dar la vida por los demás”. Es decir: buscar en todo momento, hacer el bien con nuestras actitudes y acciones a quienes estén cerca de nosotros: nuestros padres, hermanos, amigos, enemigos, maestros, abuelos, vecinos…

¿Cuánto estamos amando?

  • Cuando perdono al que me ofende y pido a Dios por él.
  • Cuando siento el dolor ajeno como propio y hago algo por ayudar a quien lo sufre.
  • Cuando aún sin ganas, ayudo en casa para hacerle el trabajo más llevadero a mis papás.
  • Cuando trato bien a todos, incluyendo a los que no me caen tan bien.
  • Cuando trato con respeto y cariño mis maestros.
  • Cuando cumplo mis deberes con gusto y responsabilidad.
  • Cuando dejo de hacer lo mío por dedicarle tiempo a mis abuelitos.
  • Cuando comparto mis juguetes con mis hermanos…

Amar al estilo de Cristo es dar la vida por los demás. Y esto no sólo lo lograremos con ayuda del Espíritu Santo. ¡Pidámoslo en nuestras oraciones!

Comentario al evangelio – 2 de mayo

¡Vamos alegres a la casa del Señor!

San Atanasio: obispo y doctor de la Iglesia:https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/atanasio.htm

Qué manía con delimitar las pertenencias, las identidades, marcar la línea del dentro o fuera… y por supuesto, siempre bajo mi perspectiva y criterio. “Los buenos, los fieles al ideal son aquellos que cumplen las mismas normas que yo”. Nadie tiene derecho a salvarse fuera de este perímetro tan “puramente delimitado”. Desde este planteamiento resulta fácil generar la disquisición moral de si alguien que salta al recinto en los cinco últimos minutos de su vida tiene o no el derecho adquirido a la salvación garantizada para “los puros del sistema; o tantas otras que la historia y el anecdotario moral nos tiene planteadas. ¡Imponemos tantas circuncisiones a los demás! ¡Hay tanta gente a la que dejamos fuera!
Pero si la acción de Jesús era precisamente estar con los otros, los pecadores y transgresores, los excluidos por leprosos, las prostitutas amenazadas por la ley, los lisiados proscritos… ¿Quién soy yo para establecer límites a la acción salvadora del Padre? ¿No es ahí –entre los perdidos que están fuera del recinto- donde él proclama la Bienaventuranza del Reino?

Si el único requisito es engancharse a Cristo como el “sarmiento a la vid” y dejar que su savia corra por mis venas para dar frutos de autenticidad que se traduzcan en frutos de misericordia de Dios, de perdón y reconciliación con el hijo que se había perdido y tanto daño y ofensa causó, frutos de Paz y Justicia (las del corazón de Dios y no las de este mundo)… Si no hay más requisito ¿Quién soy yo para imponer “circuncisiones a los otros sarmientos y podas al viñador”?

Algunos cuando oímos eso de la “alegría del evangelio” hacemos una fiesta tan íntima y reducida que acabamos por no invitar ni compartir con nadie, y cuando el Papa nos invita a ser “Iglesia en salida” nos damos una vuelta por el porche de nuestro cubículo de santidad para decir aquello de “¡qué mal está el mundo, ya no se circuncida como antes!

Pepe Lillo cmf.