Vísperas – Jueves V de Pascua

SANTOS FELIPE Y SANTIAGO, apóstoles (FIESTA)

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TRISTES ESTABAN LOS APÓSTOLES

Tristes estaban los apóstoles
tras sepultar a Cristo
que, a muerte despiadada,
lo sentenciaron los impíos.

Con dulces palabras, un ángel
a las mujeres dijo
que en Galilea el Señor
habría muy pronto de ser visto.

Mientras corrían presurosas
a hablar a los discípulos,
lo ven, besan sus pies,
pues se les aparece vivo.

Cuando lo saben los apóstoles
acuden velocísimos
a ver en Galilea
el rostro adorable de Cristo.

Sé, Jesús, de las almas júbilo
y pascual regocijo,
a tus triunfos asócianos,
que en la gracia hemos renacido.

Tribútese, oh Jesús, la gloria
a ti, que, ya vencido
el reino de la muerte,
nos abre lúcido el camino. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Felipe, el que me ve, ve también a mi Padre. Aleluya.

Ant 2. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Aleluya.

Ant 3. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me amáis, guardaréis mis mandatos. Aleluya.

LECTURA BREVE   Ef 4, 11-13

Cristo ha constituido a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

RESPONSORIO BREVE

V. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

V. Sus maravillas a todas las naciones.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Contad a los pueblos la gloria del Señor. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. Aleluya.

PRECES

Hermanos: Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, oremos al Padre por su pueblo santo, diciendo:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.

Padre santo, que quisiste que tu Hijo resucitado de entre los muertos se manifestara en primer lugar a los apóstoles,
haz que también nosotros seamos testigos de Cristo hasta los confines del mundo.

Padre santo, tú que enviaste a tu Hijo al mundo para dar la Buena Noticia a los pobres,
haz que el Evangelio sea proclamado a toda la creación.

Tú que enviaste a tu Hijo a sembrar la semilla de la palabra,
haz que, sembrando también tu palabra con nuestro esfuerzo, recojamos sus frutos con alegría.

Tú que enviaste a tu Hijo para que reconciliara el mundo contigo,
haz que también nosotros cooperemos a la reconciliación de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste que tu Hijo resucitara el primero de entre los muertos,
concede a todos los que son de Cristo resucitar con él, el día de su venida.

Oremos ahora al Padre, como Jesús enseñó a los apóstoles:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que nos alegras todos los años con esta fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago, concédenos, por su intercesión, que, viviendo ahora íntimamente unidos a la muerte y resurrección de tu Hijo, podamos, en la eternidad, contemplar la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 3 de mayo

Lectio: Jueves, 3 Mayo, 2018

1) ORACIÓN INICIAL

Tu Hijo, Señor, después de subir al cielo, envió sobre los apóstoles el Espíritu Santo, que había prometido, para que penetraran en los misterios del reino; te pedimos que repartas también entre nosotros los dones de este mismo Espíritu. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Juan 14,6-14

Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.

Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.» Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy, fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago, es el mismo que meditamos durante la cuarta semana de Pascua, cuando el apóstol Felipe pide a Jesús: “Muéstranos al Padre y esto nos basta”.

• Juan 14,6: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Tomás había preguntado: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos conocer el camino?” Jesús responde: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”. Tres palabras importantes. Sin un camino, no se anda. Sin verdad, no se acierta. Sin vida, sólo ¡hay muerte! Jesús explica el sentido. El es el camino, porque “¡nadie viene al Padre sino por mí!” Pues, él es la puerta por donde las ovejas entran y salen (Jn 10,9). Jesús es la verdad, porque mirándole a él, estamos viendo la imagen del Padre. “¡Si vosotros me conocierais, conoceríais también al Padre!” Jesús es la vida, porque caminando como Jesús caminó, estaremos unidos al Padre y tendremos la vida en nosotros.

• Juan 14,7: Conocer a Jesús es conocer al Padre. Tommaso preguntó: “Señor, no sabemos dónde vas. ¿Cómo podemos conocer la calle?” Jesús contesta: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” Y añade: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto. Jesús habla siempre del Padre, pues el Padre era su vida y transparenta en todo lo que Jesús hace y dice. Esta referencia constante al Padre provoca la pregunta de Felipe, cuya fiesta celebramos hoy.

• Juan 14,8-11: Felipe pregunta: “Muéstranos al Padre, ¡y esto nos basta!” Ver y experimentar al Padre era el deseo de los discípulos; era el deseo de muchas personas en las comunidades del Discípulo Amado de Asia Menor y, hasta hoy, continúa siendo el deseo de muchos de nosotros. ¿Cómo experimentar la presencia del Padre de la que tanto habla Jesús? La respuesta de Jesús es muy bonita y vale hasta hoy: “Felipe, ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces? ¡El que ha visto a mi, ha visto al Padre!” La gente no debe pensar que Dios está lejos de nosotros, como alguien distante y desconocido. Aquel que quiere saber cómo y quién es Dios Padre, basta que mire a Jesús. El lo ha revelado en las palabras y en los gestos de su vida. “¡El Padre está en mi, e yo estoy en el Padre!” A través de su obediencia, Jesús está totalmente identificado con el Padre. En cada momento él hacía lo que el Padre le mostraba para que lo hiciera (Jn 5,30; 8,28-29.38). Por esto, en Jesús ¡todo es revelación del Padre! ¡Y los signos o las obras de Jesús son obras del Padre! Como dice la gente: “¡El hijo es la cara del padre!” En Jesús y por Jesús, Dios está en medio de nosotros.

• Juan 14,12-14: Promesa de Jesús. Jesús hace una promesa para decir que la intimidad con el Padre no es privilegio sólo de él, sino que es posible para todos y todas aquellos que creen en él: El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Nosotros también, a través de Jesús, podemos llegar a hacer cosas bonitas para los demás como las hacía Jesús para la gente de su tiempo. El intercederá por nosotros. Todo lo que la gente le pide, él lo va a pedir al Padre, y lo conseguirá, siempre que sea para servir. Jesús es nuestro defensor. El se va pero no nos deja sin defensa. Promete que va a pedir al Padre que mande a otro defensor o consolador, al Espíritu Santo (Jn 14,15-17). Jesús llega a decir que el precisa irse ahora, pues, de lo contrario, el Espíritu Santo no podrá venir (Jn 16,7). El Espíritu Santo realizará las cosas de Jesús en nosotros, si observamos el gran mandamiento de la práctica del amor.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Jesús es el camino, la verdad y la vida. Sin camino, sin verdad y sin vida no se vive. Trata de dejar penetrar esto en tu conciencia.

• Dos preguntas importantes: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Quién soy yo para Jesús?

5) ORACIÓN FINAL

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
el firmamento anuncia la obra de sus manos;
el día al día comunica el mensaje,
la noche a la noche le pasa la noticia. (Sal 19,2-3)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

21. “Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético”.

En el catecismo hay muchas citas de santos padres, es una gran riqueza patrística, también litúrgicas, de oraciones colecta, por ejemplo, también del magisterio de la Iglesia o de la vida de los santos. Estas citas que se intercalan dentro del catecismo ponen ejemplos prácticos e iluminan lo que se está explicando en el Catecismo. Son una gran joya porque se ha hecho un esfuerzo de entresacar. Es el fruto de un equipo de expertos que han elaborado el Catecismo, unos conocedores de la patrología, otros de la vida de los santos… Esto puede ser utilizado iluminando el punto del catecismo, y también pueden ser entresacados para un uso catequético.

El Corazón de María

El corazón es el lugar donde, entre otros, guardamos los secretos más íntimos. Es en el corazón donde sufrimos y gozamos, donde disfrutamos y lloramos, desde donde odiamos o nos volcamos amando.

El corazón de María, palpitando en medio de la Pascua, sigue rebosando alegría por la presencia de Jesús Resucitado. Pero, también es verdad que con el anuncio del anciano Simeón, la Virgen preparó su corazón a los contratiempos (en crueles espadas) que la vida y muerte de Jesús de Nazaret, le proporcionó.

Una de las flores que más le gusta a nuestra Madre es, precisamente, el ofrecimiento de nuestro corazón para Dios.

Nunca como hoy tenemos tantas casas y, nunca como hoy, personas que viven sin techo.

Nunca como hoy vivimos tan juntos y, nunca como hoy, marcados por la soledad.

Nunca, como hoy, tan lleno de cosas y con la sensación de que nos falta algo.

Pidamos a María que, en este mes de mayo, y animados por el espíritu pascual, pongamos el corazón en lo que hacemos y en lo que decimos. Pero, sobre todo, que en este mes de mayo inundemos nuestras entrañas con lo que fue grande y decisivo en María: JESUS.

Todo ello lo representamos gráficamente con este corazón.

ORACIÓN

Tu corazón, María,
rebosa agradecimiento.
Tu corazón, María,
desborda de felicidad.
Tu corazón, María,
se siente engrandecido por la presencia de Dios
Tu corazón, María,
ama incluso a aquellos que no te aman
¡Danos, María!
Un corazón sencillo
para acoger a Dios
Un corazón noble
para sincerarnos con El
Un corazón alegre
para sembrar la ilusión
Un corazón desprendido
para no mirarnos a nosotros mismos
Un corazón conciliador,
para no cerrarnos a los que nos rodean
Y, si por lo que sea,
ves que nuestros corazones
están cerrados con potentes candados:
ven a nuestro encuentro, María,
y rompe los eslabones que nos impiden ser libres.

Rezamos un Ave María

Ecclesia in Medio Oriente

42. Para promover la vida de comunión y diakonía, es importante que los obispos se esfuercen siempre por su propia renovación personal. Esta atención del corazón pasa «ante todo por la vida de oración, de abnegación, de sacrificio y de escucha; después por la vida ejemplar de apóstoles y pastores, hecha de sencillez y humildad; y, finalmente, por su deseo constante de defender la verdad, la justicia, la moral y la causa de los débiles»[38]. Además, la tan deseada renovación de las comunidades pasa por el cuidado paternal que tengan por todos los bautizados, y en especial por sus colaboradores inmediatos, los presbíteros[39].


[38] Id, Exhort. ap. postsinodal Una esperanza nueva para el Líbano (10 mayo 1997), 60: AAS 89 (1997), 364.

[39] Cf. Propositio 22.

La pascua es alborozo del espíritu

1.- PARA DIOS NO HAY FRONTERAS. – Cornelio era centurión de la cohorte itálica, una de las más prestigiosas del imperio romano. Hombre profundamente religioso que temía al Señor y que “hacía muchas limosnas al pueblo y oraba continuamente a Dios”. Un pagano que sentía en lo más íntimo de su alma la necesidad de amar y dar culto al verdadero Dios… Cristo lo había predicho: “Vendrán de Oriente y de Occidente, para sentarse en la mesa de los hijos de Abrahán, de los hijos de Dios”. Es uno de los momentos primeros en los que esa profecía maravillosa se cumple. En contra incluso de lo que pensaban los judíos, entre los que también estaban los mismos apóstoles.

En efecto, Pedro, el primero de todos ellos, se va a oponer a la admisión de los gentiles de un modo casi instintivo. Él seguía pensando que no debía de entrar tan siquiera en la casa de un pagano, convencido de que ese acto le manchaba, le dejaba impuro ante Dios… Pero el Espíritu, la gran fuerza que mueve a la Iglesia, le empuja a vencer sus escrúpulos de judío observante. Y entra en casa de Cornelio. Y descubre atónito la buena disposición de aquel soldado romano, sus sinceros deseos de encontrar el verdadero camino.

 “Levántate que yo también soy hombre” -responde Pedro a esa actitud de humilde adoración-. Es un encuentro imborrable, un primer e importante paso para la difusión universal del Evangelio del amor y de la verdad. Gracias a esto, también nosotros, los paganos de la remota Hispania, escucharíamos un día la proclamación del mensaje cristiano.

Al ver Pedro la de fe de aquel puñado de paganos, se siente conmovido. Descubre en los hechos la magnanimidad grandiosa de Dios, su corazón grande, inmenso, tan lleno de amor y de deseos de salvación. En él no hay acepción de personas, no hay clases sociales, no hay favoritismos, no hay injusticias. Las puertas de su casa, la Iglesia Santa, están abiertas de par en par para todos los hombres que acepten, lealmente, su mensaje de liberación.

Los judíos pensaban que sólo los descendientes de Abrahán podían participar en los bienes que Dios daba a los hombres. Sólo ellos eran hijos del Altísimo. Pero esa cortedad de miras se cambia de modo insospechado, para dar cabida en las moradas eternas de Dios a todos los hombres, paganos o no, de la tierra.

 Sólo era necesario practicar la justicia y temor a Dios. Temor que no es miedo, temor que es amor reverencial y entrañable. Temor no de siervo que tiembla ante el látigo, sino temor de hijo amante que se entristece ante la posibilidad de causar una pena a su buen Padre Dios… También es necesario practicar la justicia. Dar a cada uno lo que es suyo, no aprovecharnos de nadie, por muy débil que sea. Cumplir con honradez las obligaciones personales de cada momento y circunstancia. Ese es el temor y esa es la justicia ante la que Dios se complace, derramando a manos llenas su gracia, su paz, su amor.

2.- ALEGRÍA EN PLENITUD. – Bajo la luz de la Pascua seguimos contemplando a Jesús que abre su corazón a los apóstoles, en la intimidad del Cenáculo. Como para el evangelista San Juan, aquellas palabras han de adquirir para nosotros una dimensión nueva y profunda después de que Cristo ha resucitado. Su victoria de entonces, preludio de la victoria final y definitiva, confiere a nuestro entendimiento una perspectiva más rica y luminosa para comprender lo que el Maestro nos dijo. El triunfo de Jesús fortalece además nuestra voluntad, enciende la ilusión y el entusiasmo de ser fiel a Jesucristo hasta la muerte, para recibir luego la corona de la vida.

Declaración de amor son las palabras que el Señor nos dice hoy: “Como el Padre me ha amado, así os he amado Yo… Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos…”. Palabras que abrasan el alma y que fueron, y son, una realidad viva y gozosa; palabras que resuenan ahora con la misma fuerza de la vez primera que se pronunciaron, con la misma intensidad, con la misma urgencia. Pablo expresa con vigor esa incidencia del amor de Dios en el alma y exclama: La caridad de Cristo nos urge. Sí, también a ti y a mí nos urge con su impulso arrollador el amor divino.

Pero el amor es cosa de dos. Dios nos ama con toda la grandeza infinita de su corazón. Sin embargo, el hombre puede quedarse insensible al requerimiento divino, puede decir que no, o lo que es peor puede responder que sí a medias, sin que esas palabras de correspondencia pasen de sus labios, sin decir que sí con el corazón, con las obras. Jesús nos urge insistente: “Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Está claro, no basta decir que se ama a Dios, hay que demostrarlo con una vida coherente y fiel al querer divino.

La Pascua es el tiempo de la alegría, es tiempo de fiesta, es alborozo del espíritu. El Señor nos conoce, sabe cuánto añoramos la dicha íntima y verdadera. Para que la alcancemos nos ha prescrito, como un mandato nuevo, el mandamiento del amor: “Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud”. Este es el resultado de una fidelidad exquisita al Señor: una felicidad honda, la alegría inefable del mismo Dios, el gozo llevado hasta el culmen de su plenitud. Alégrate, hermano mío, alégrate. Surge de nuevo de tu vida muerta, di que sí al Señor que te habla de amor y recobra la dicha y la paz suprema.

Antonio García-Moreno

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.
Juan 15, 1-8

Comentario del Evangelio

Unidos a Cristo, enchufados a Cristo. Jesús hace esta comparación para que la podamos entender muy bien. Nosotros somos los sarmientos que estamos unidos a la vid, que es Jesús. Si no estamos unidos a Él, nos secamos y valemos muy poquita cosa.

Enchufados a Cristo. él es la gran luz. Y para que nosotros demos luz potente y luz verdadera debemos estar conectados a Él.

¿Y para qué queremos ser luminosos, dar luz? Pues para que la oscuridad no consiga vencer en cada uno de nosotros y en los demás. ¿Y cuando somos luz para los demás? Pues cuando somos personas con fe, creyentes, que hacemos las cosas por aquello en lo que creemos. Que todo esto sirva para crecer como cristianos en nuestras vidas…

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe alguna situación de tu vida en la que hayas sido consciente de estar en conexión con Jesús.

• ¿Cómo podemos estar los cristianos conectados a Jesús? ¿Qué podemos hacer?

• Escribe un compromiso que te ayude a estar en todo momento en conexión con Jesús.

Oración:

Estamos seguros, Señor, contigo.
La savia que nos recorre es fuerte y pura,

no tememos a nada, pues estamos contigo,
eres Tú quien potencia nuestra vida,
la energía que brota de nuestras entrañas,
el impulso que reaviva nuestra historia.
Tú eres la vid, y como soy sarmiento,
a veces me desaliento y reseco,
pero Tú estás ahí, por los adentros,
renovando mi ilusión, poniéndome en misión,
haciendo junto a mí esta tarea
de construir el mundo a tu manera.
Tú Señor, que eres la vid,
que eres el fuerte,
sujétame fuerte a tu tronco,
hazme dar fruto dulce y jugoso,
mantenme transpirable y disponible,
no dejes secar mis ramas débiles,
ni permitas que se endurezcan
mis adentros,
Tú que conoces mis plagas y mis miedos.

Tú me has elegido

Me sedujiste, Señor y me dejé seducir.
Llamaste un día a mi corazón
y no puedo hacer otra cosa que seguirte.
La vida contigo se vuelve una fiesta,
las dificultades se reducen
y brota en mí fuerza y sosiego,
las alegrías se multiplican,
porque llenas mi boca de risas,
mi corazón de canciones
y toda mi vida de tu amor.

Tú haces de mi vida una fiesta,
porque llenas mis días de sentido.
Tú haces que pueda con las dificultades,
porque me recuerdas mis recursos.
Tú me conviertes en sanador de otros,
porque me llenas de ternura y sabiduría,
para facilitar otros caminos, para entender,
liberar y curar heridas de la vida.
Tú me haces generador de vida en abundancia,
al tiempo que la haces brotar dentro de mí y
juntos las contagiamos a los hermanos.

Para Ti no valen los ritos o rezos sin sentido,
para Ti vale la vida, el amor y la ternura,
Tú valoras los detalles, las vivencias y la acción,
aunque para descansar necesitemos orar la vida,
dejándonos acariciar cada día por tu amor.

Cada mañana me vuelves a llamar
y me pones en marcha.
Vas presentándome hermanos con lo que vivir,
vas poniendo ante mí regalos, dolor y belleza
y me vas sugiriendo el modo
y la manera oportuna,
el gesto y la palabra adecuada,
para llenar de tu amor la vida entera.

Tu amor me vuelve alegre
y me impulsa a alegrar.
Tu fuerza me hace fuerte
y me invita a apoyar y acompañar.
Tu misericordia me hace empático
y tolerante, amigo y amante.
Tu bondad me vuelve tierno, dulce y amoroso con el género humano.
Tu llamada me da seguridad, me descansa y me sosiega.
Tu ejemplo me dinamiza y me convierte en buena noticia.
Gracias por llamarme, Señor…
Aquí me tienes, para hacer tu voluntad.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo VI de Pascua

• Este Evangelio de hoy es la continuación del domingo pasado (Jn 15,1-8). Continúa la alegoría de la vid y el sarmiento.

• Hay como dos partes con una frase central que las une y que es una referencia a la Pascua de Cristo: el amor más grande es el de Jesús, que “da la vida por sus amigos” (13).

• Antes de este versículo, las palabras de Jesús insisten en decir que los discípulos tienen que “permanecer en su amor” (9) del mismo modo que Él “permanece en el amor de! Padre” (10), que es la fuente del amor. Enraizados en este amor, podrán “amarse unos a otros como Cristo los ha amado” (12).

• Lo que sigue al versículo central (13) gira alrededor de la palabra “amigos” (13.14.15) y tiene su punto culminante en el “fruto que dure” (16) y la oración que el Padre escucha (16).

• “Permanecer en el amor” no es una cuestión reducida al mundo de los sentimientos.

Está íntimamente ligado a hacer la voluntad de aquel que ama. Es decir: Jesús es amado por el Padre y hace su voluntad, “guarda sus mandamientos” (10); los discípulos somos amados por Jesús y hacemos —lo podemos hacer porque tenemos este amor— su voluntad (14), “guardamos sus mandamientos” (9). Por tanto, “guardar los mandamientos” (9.10) sólo es posible desde la actitud de acoger el amor de aquel que los da; y esta voluntad, estos “mandamientos”, consisten en amar, “dar la vida” (13).

• La palabra “mandamiento” (12, 14 y 17) en la Biblia no tiene un sentido legal, jurídico.

Significa lo que hace llegar a la perfección. Por tanto, el mandamiento del amor no es algo que se imponga. El amor no se puede imponer. Sólo se puede ofrecer.

• Jesús ha recibido del Padre un mandamiento (Jn 10,17-18; 12,49; 14,31; 15,9-10) que le indica lo que tiene que decir, lo que tiene que hacer y cómo tiene que dar la vida. En una palabra, el mandamiento es la voluntad de Dios sobre Jesús, que lo lleva a dar la vida. El mandamiento que Jesús dejará a sus discípulos será el mismo (Jn 15,9-10.13).

• “Dar la vida” (13) es dar vida a los demás, empezando por los más débiles y por los que uno tiene al lado. Quizá hay que aclararlo en este tiempo en que hay tantos suicidas que dan la vida matándose y matando a otras personas. El caso de Jesús es claro, como lo dice el libro de los Hechos: ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, Dios estaba con Él (Hch 10, 38). Su muerte en cruz es la culminanación de esa vida que da vida paso a paso, una vida que se da del todo, por amor, no por otra causa que el amor gratuito, el amor que no pide nada a cambio.

• La afirmación de que Jesús “da la vida” es frecuente en el evangelio y las cartas de Juan (Jn 10,11.15.17.18; 15,13; 1Jn 3,16). Ese“dar la vida” de Jesús tiene como consecuencia que los creyentes dan la vida los unos por los otros (Jn 15,13; 1Jn 3,16).

• Sobre el dilema “siervos”-”amigos” (15) hay que tener en cuenta que el “siervo” ejecuta y que el “amigo” conoce las intenciones. De todos modos, la palabra “siervo”, que Jesús desestima para identifica sus discípulos, es una palabra que en la Biblia tiene un sentido positivo: cuando a relación es con Dios es un título de nobleza que implica fidelidad sin reservas,

• Pero Jesús da a los discípulos el título de amigos, hasta ahora reservado a Abrahán y Moisés, a quienes Dios no sólo confió la ejecución de sus mandamientos, sino que les comunicó cara a cara el conocimiento de su designio. Jesús nos comunica su intimidad (15).

• Jesús lleva la iniciativa sobre nosotros, nos ha elegido (16). Quiere que seamos su presencia —“dar fruto”— en medio del mundo. Y ello será posible si nos amamos unos a otros.

• “Pedir en su nombre” (16) no se puedehacer si no es en comunión, en íntima unión de unos con otros en Él.

• “Para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud” (11). Esa “alegría” la da la comunión de amor, la comunión de voluntades. No es algo superficial. Es fruto de haberse puesto en esa dinámica del amor del Padre.

• Sugerencia: podemos hacer un estudio de Evangelio con los textos en los que sale “la alegría”: Jn 3, 29; 15,11; 16, 24; 17,13; Mt13, 44; Lc 1, 14.44; 10, 21.

Comentario al evangelio – 3 de mayo

“A toda la tierra alcanza su pregón.”

Fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago.

Estamos en tiempo de Pascua,  tiempo de hechos apostólicos, tiempo de anuncio y confesión de la fe. En la primera lectura recogemos precisamente el testimonio de este primer anuncio que Pablo hace a la comunidad de Corinto y que recitamos cada domingo y fiesta de guardar en el Credo de nuestras misas
“…fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos…” Esta afirmación sobre la persona de Jesús, el Cristo, es la esencia de la fe de quienes nos decimos cristianos; lo subrayamos y corroboramos con los textos de las apariciones que proclamamos de manera particular durante este tiempo de Pascua y que Pablo nos recuerda en la lectura de hoy.

Confesar la fe en Cristo resucitado es una opción radical que marca un antes y un después en la comprensión de sentido de la persona. Si soy coherente con lo que mis labios afirman, entonces los planteamientos de vida, los criterios éticos y morales, deben traducirse en aquellas obras cotidianas que dan validez a lo que los labios afirman; y la persona de Jesús en toda su dimensión humana y divina se constituye en programa de crecimiento personal: “yo soy el camino, la verdad y la vida…”.

Este sentido de recorrido, de peregrinación interior de la mano de Jesús, de tránsito por las veredas de ésta nuestra vida y la del Maestro, que arrancan en la decisión de ponerse en marcha e iniciar una andadura hacia la consecución de la Verdad y la Vida plena en Cristo: constituye todo un proyecto de santificación como nos propone Francisco en su nueva exhortación, pero además es la única manera de entender la confesión de fe que pronunciamos, porque “de lo contrario se ha malogrado vuestra (nuestra) adhesión a la fe” y las palabras perdieron su significado y se hacen incoherentes con la vida misma. Nadie malogra el tiempo de su vida por afirmaciones en las que dejó de creer, de no ser que se convierta a sí mismo en su propia ficción.

¡Santiago y Felipe, ayudadnos a proclamar  -con autenticidad- a toda la tierra su pregón.

Pepe Lillo cmf.