Comentario al evangelio – 4 de mayo

¡Te daré gracias ante los pueblos, Señor!

Qué párrafo más extraordinario del evangelio de Juan, aunque es otro de los textos que por leído abundantemente y hasta musicalizado y cantado otras tantas veces, también corre el riesgo de caer en nuestras escuchas rutinarias.

Hoy, en estos días de libertades constitucionales y constitutivas parece que imponer a alguien un mandamiento de amor ni siquiera suene bien, “¡Te mando que ames!”. Desde luego si entendemos la acción de amar no tanto como el típico ejemplo gramatical de verbo de la primera conjugación, sino todo lo que supone de carga afectiva, de entrega personal, desvelo, renuncia, de poner al otro en el centro de la vida hasta hacerlo semejante y prójimo. Tan próximo que ocupa un lugar de grandes dimensiones en mi corazón, es decir en mi preocupación “efectiva” de voluntad convertida en acto hacia él, tornando míos sus problemas, tanto fracasos como éxitos, sus noches oscuras y sus proyectos ilusionantes, su enfermedad y salud, sus trabajos y desempleos, su riqueza y pobreza, su mirada alegre y sus lágrimas…

Desde luego parece que este mandato por mucho que lo cantemos corre el riesgo de quedarse en norma ideal y de escaso cumplimiento y desde luego a la vista de los resultados –salvo los muy honrosos y venerables ejemplos- así parece ser.

Es probable que hayamos puesto mucho empeño memorístico en la primera parte del estribillo y poca reflexión en la segunda, ¡en el cómo! Si dijéramos hay que cumplir el ¡como Yo os he amado! de Jesús, abriríamos una puerta distinta; la de experimentar la fuente misma del Amor, el desbordamiento del amor de Jesús en mi vida, que me ha hecho “amigo” en su corazón (“Amigos fuertes de Dios” que expresaba Teresa de Jesús) y me permite comprenderme como una “persona nueva” a la luz de quien da la vida en gratuidad. Descubrir al otro en el amor mismo en que Dios me tiene a mí más que mandato es consecuencia.

Esta es una experiencia de intimidad y profundidad que si bien leemos en las insignes biografías –contemplar y actuar- sin embargo, hoy nuestro vehemente empeño por cambiar la realidad (bueno, urgente y signo del Espíritu), nuestras multitareas, multiexplicaciones, multiexcusas… nos impide gozar suficientemente, porque sentirse amado por Dios es una gozada, un alegrón, un manantial de vida de tal caudal que necesariamente se torna en vida entregada a los otros.

Así es que ya sabes, si encuentras dificultad en cumplir el mandamiento del amor, date a disfrutar el “COMO YO OS HE AMADO”

Pepe Lillo cmf.

Viernes V de Pascua

Hoy es 4 de mayo, viernes de la V semana de Pascua.

Llego a pasar este rato con el Señor. A este rato que es fuente donde el agua me refresca y recupero las fuerzas para seguir caminando. A este rato que llena mi vida de aire fresco. Busco una postura cómoda y voy haciendo mi respiración más lenta y profunda. El Señor me está esperando.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 15, 12-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Un texto sobre el amor. Pero no uno más. Todos queremos dar y recibir amor, a ser posible del bueno, pero no es fácil entregarlo si es de verdad. Jesús llegó a dar la vida por los otros. El Señor no me pide gestos heroicos, sino repartir ese amor cada día con pequeños gestos, con acciones concretas. Hoy se me invita a pensar en cómo estoy entregando mi vida y hasta qué punto estoy dispuesto a hacerlo.

Hoy estoy aquí, un rato con él, porque él me ha elegido, a mí. Soy importante para Dios y eso me alegra el corazón y me da mucha fuerza. Tengo una tarea que realizar y eso conlleva también una gran responsabilidad. Este puede ser un buen momento para pensar, con sinceridad, si me siento elegido. ¿En qué puedo ayudar? ¿Cómo puedo ponerme a ello?

No te lo puede decir más claro. Al volver a leer el texto, fíjate en cómo te dice, personalmente que te ha elegido y quiere que des fruto. Cómo sabe que eres muy capaz y que te hace falta ese empujón para ponerte en marcha. Para eso te dirige hoy su palabra. Escucha con el corazón.

Es el momento de hablar con él. Te ha llamado amigo y lo es. Por eso puedes tener la confianza de contarle tus dificultades para llevar a cabo tu tarea. Para repartir amor a los otros, para pensar en los demás y un poco menos en ti mismo. Para dar a los demás los frutos que espera de ti.

Muchas veces solía repetirme mi maestro,
Para que mi corazón saboreara sus palabras:
‘Generosidad no es que tú me des
lo que necesito más que tú,
sino lo que necesitas más que yo.’
Y un amigo mío añadía, como reinterpretándolo:
‘Si de algo os sentís necesitados, dad de eso mismo,
que, sólo así, llegaréis a conseguirlo’ […]
Aunque no tengáis prisa: imitad al labrador;
que sabe que no está en su mano el ciclo del fruto.
Que la tierra no alaba al sembrador por su siembra,
pero se la devuelve ampliamente multiplicada.

Fernando Moreno Muguruza, sj («El Jardín Interior»)

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p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén. 

Liturgia 4 de mayo

VIERNES DE LA V SEMANA DE PASCUA, feria

Misa de la feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio pascual.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 15, 22-31. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables.
  • Salmo 56. Te daré gracias ante los pueblos, Señor.
  • Jn 15, 12-17. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Antífona de entrada           Ap 5, 12
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.

Oración colecta
DANOS, Señor, una plena vivencia de los misterios pascuales,

para que, celebrándolos con alegría,
nos protejan continuamente y nos salven.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,

que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual

Antífona de comunión
El Crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.

Oración después de la comunión
SEÑOR, después de recibir el don sagrado del sacramento,

te pedimos humildemente
que nos haga crecer en el amor
lo que tu Hijo nos mandó realizar
en memoria suya.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

San José María Rubio

SAN JOSÉ MARÍA RUBIO
Presbítero jesuita

Dalías (Almería), 22-julio-1864 
+ Madrid, 2-mayo-1929
B. 6-octubre-1985 
C. 4-mayo-2003

«San José María Rubio vivió su sacerdocio, primero como diocesano y después como jesuita, con una entrega total al apostolado de la Palabra y de los sacramentos, dedicando largas horas al confesonario y dirigiendo numerosas tandas de ejercicios espirituales en las que formó a muchos cristianos que luego morirían mártires durante la persecución religiosa en España». Con estas palabras sintetizaba Juan Pablo II la trayectoria de santidad y apostolado del padre Rubio, cuando lo canonizó en Madrid, el 4 de mayo de 2003.

Sencillo y profundo al mismo tiempo, de temperamento retraído, serio y hasta tímido o débil, la vida del apóstol de Madrid, José María Rubio, puede sintetizarse en su famosa frase: «Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace». Andaluz de origen, vio la luz en la villa almeriense de Dalias el 22 de julio de 1864. Hijo de una familia numerosa (13 hermanos de los que quedaron sólo seis) vivió una infancia campesina. De él dijo su abuelo: «Yo me moriré, pero el que viva verá que este niño será un hombre importante y que valdrá mucho para Dios. Aún niño, se lo llevó un tío canónigo a Almería y luego al Seminario de Granada, donde otro canónigo, Joaquín Torres Asensio, se convertiría en su autoritario protector y se lo llevará consigo a Madrid, donde José María celebró su primera misa, el 8 de octubre de 1887, en la colegiata de San Isidro.

Destinado como coadjutor a la localidad de Chinchón, donde el joven sacerdote comienza a tener fama de santo, y más tarde como párroco de Estremera, se caracteriza por su vida de oración y ayuda a los pobres y enfermos, dando cuanto tenía a los demás. Débil de carácter, en contra de su voluntad, se deja convencer por don Joaquín para presentarse a oposiciones de canónigo en Madrid, que perdió. Pero su protector obtuvo entonces que le nombraran profesor de latín del Seminario de Madrid. Ya entonces confiesa en secreto a sus amigos su deseo de ser jesuita.

Capellán de las religiosas Bernardas, comienza su fama como excelente confesor de su austeridad horas de entrega generosa al trabajo, además de sus catequesis a niñas pobres, su entrega a los traperos o sus tandas de ejercicios. Ya era conocido en Madrid, pues durante el estreno de la escandalosa Electra, de Galdós, cuando el público gritó contra el padre Carreño, incluyó en los insultos al «jesuita Rubio», cuando aún no había ingresado en la Compañía de Jesús.

Muerto don Joaquín, en 1908 comenzó su noviciado en Granada, siendo luego destinado a Sevilla y Manresa, donde realizó su año de Tercera Probación. Cuando los superiores le dicen que su lugar de trabajo apostólico será Madrid, pide por favor que le manden a un sitio donde nadie le conozca. Llegado a la capital, su madre acababa de morir: «Me he abrazado con la santísima voluntad de Dios, que así lo ha querido», escribió.

Su extraordinaria actividad apostólica, desde la residencia jesuítica de la calle de la Flor, le hizo en seguida buscado y admirado por todo el mundo, a pesar de carecer de las cualidades humanas de sus brillantes compañeros, como el predicador padre Alfonso Torres. Revestido de sobrepelliz y con el bonete sobre su cabeza ligeramente ladeada, despedía una luz especial, un aura invisible, un magnetismo sobrenatural. Humanamente hablando su elocuencia era un desastre, pero sus sermones cautivaban a la gente. Y es que vivía cuanto predicaba. Mientras, seguía atendiendo a algunos pueblos pequeños de la provincia de Madrid con sus provechosas misiones. Incorporado definitivamente a la Compañía con sus últimos votos, el 2 de febrero de 1917, no obtuvo el grado de profeso de cuatro votos o «estado mayor» de los jesuitas, sino el de «coadjutor espiritual». No hizo valer que era doctor en Derecho Canónico, ni habló nunca de esta humillación, debida a que no había hecho el examen ad gradum, que exigía la orden para pertenecer al grupo selecto de los profesos. Acosado por una temporada de escrúpulos, fue tomado a broma por fundar los discípulos de San Juan e incluso sometido a un registro policial acusado de crear un nuevo instituto religioso. El caso es que los superiores le prohibieron este ministerio. «No busco más que cumplir la santísima voluntad de Dios», repetía. También le quitaron de director de las Marías de los Sagrarios y de director de un boletín del Sagrado Corazón. «Debo ser tonto. No me cuesta obedecer», añadía.

Mientras, hasta tres horas había de permanecer en la fila el pueblo de Madrid para confesarse con él. Hacía esperar a las marquesas, si estaba atendiendo a una mujer pobre. Gozaba de dones místicos e incluso de capacidades sobrenaturales o insólitas como bilocación, telepatía, profecía y videncia. A veces pronosticaba el futuro, estaba a la vez en el confesonario y visitando a un enfermo, o escuchaba una llamada de socorro a distancia y hasta el aviso de una madre fallecida para ir a atender a su hijo incrédulo.

Se hizo famoso el suceso de un día de carnaval en que, llamado a llevar los últimos sacramentos a un enfermo, un grupo de juerguistas le habían preparado una trampa en una casa de citas. Uno de ellos pretendía en una cama hacer el papel de moribundo para burla y regocijo de los demás y dar ocasión de fotografiar al incauto sacerdote. Al entrar José María en el prostíbulo con la intención de atender al enfermo, descubrió que éste estaba realmente muerto. El pánico y la impresión fue tal que dos personas se hicieron religiosos poco después, entre ellos el famoso radiofonista padre Venancio Marcos.

Sin embargo, su principal labor la ejerció en los suburbios más pobres de Madrid, particularmente en La Ventilla, donde los movimientos revolucionarios encendían ya a la clase obrera. Fundó escuelas, predicó la palabra de Dios y fue formador de cristianos que llegarían a morir mártires años después. Fue consejero también de Luz Rodríguez-Casanova (-8 de enero), fundadora de las Apostólicas de Jesús, empeñadas como él en la solidaridad y evangelización de los más pobres.

Su testamento fue una charla a las «Marías de los Sagrarios», en la que les exhortó a realizar una «liga secreta» de personas que busquen la perfección en medio del mundo, con lo que se adelantaba a su tiempo y a los institutos y movimientos laicales. Presintió su propia muerte y llegó a despedirse de sus amigos. En la enfermería de los jesuitas en Aranjuez, tras haber partido en pedazos sus apuntes espirituales por humildad y después de decir «si el Señor quiere llevarme ahora, estoy preparado», «abandono, abandono» y «ahora me voy», falleció sentado en una butaca y con los ojos puestos en el cielo, el jueves 2 de mayo de 1929. En todo Madrid se repetía: «¡Ha muerto un santo!» Miles de personas asistieron a su entierro y ulterior traslado al templo del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, donde reposan sus restos en el claustro, que no han dejado de ser visitados por el pueblo de Madrid. Fue beatificado por Juan Pablo II el 6 de octubre de 1985.

No habían pasado ocho años, cuando, en la luminosa mañana del 4 de mayo de 2003, el mismo Juan Pablo II, en su quinta visita apostólica a España, canonizaba en la madrileña plaza de Colón, al padre Rubio, junto con otros cuatro beatos españoles: Ángela de la Cruz (-5 de noviembre), Pedro Poveda (-28 de julio), Maravillas de Jesús (-11 de diciembre) y Genoveva Torres (-4 de enero).

«Los nuevos santos —dijo el papa— se presentan hoy ante nosotros como verdaderos discípulos del Señor y testigos de su Resurrección.»

PEDRO MIGUEL LAMET, S J.

Laudes – Viernes V de Pascua

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Himno: TU CUERPO ES LAZO DE AMORES

Tu cuerpo es lazo de amores,
de Dios y el hombre atadura;
amor que a tu cuerpo acude
como tu cuerpo perdura.

Tu cuerpo, surco de penas,
hoy es de luz y rocío;
que lo vean los que lloran
con ojos enrojecidos.

Tu cuerpo espiritual
es la Iglesia congregada;
tan fuerte como tu cruz,
tan bella como tu Pascua.

Tu cuerpo sacramental
es de tu carne y tu sangre,
y la Iglesia, que es tu Esposa,
se acerca para abrazarte. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Acuérdate de mí, Señor Jesús, cuando llegues a tu reino. Aleluya.

Salmo 50 – CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate de mí, Señor Jesús, cuando llegues a tu reino. Aleluya.

Ant 2. Es verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. Aleluya.

Cántico: QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR. Is 45, 15-25

Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen
nunca jamás.

Así dice el Señor, creador del cielo
– él es Dios -,
él modeló la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»

No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un dios que no puede salvar.

Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
– No hay otro Dios fuera de mí -.

Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.

Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios y no hay otro.

Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
«Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»,
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»

A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Es verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador. Aleluya.

Ant 3. Servid al Señor con alegría. Aleluya.

Salmo 99 – ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Servid al Señor con alegría. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hch 5, 30-32

El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión, el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre,y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado. Aleluya.

PRECES

Dirijamos nuestra oración a Dios Padre, que por la resurrección de Jesucristo nos ha dado vida nueva, y digámosle:

Ilumínanos, Señor, con la claridad de Jesucristo.

Señor, Padre clementísimo, tú que nos has revelado tu plan de salvación, proyectado desde antes de la creación del mundo y eres fiel en todas tus promesas,
escucha con amor nuestras plegarias.

Purifícanos con tu verdad y encamina nuestros pasos por las sendas de la santidad,
para que hagamos siempre el bien según tu agrado.

Haz resplandecer tu rostro sobre nosotros,
para que, libres de todo mal, nos saciemos con los bienes de tu casa.

Tú que por Cristo nos reconciliaste contigo,
danos la paz a nosotros y a todos los hombres del mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, concédenos realizar plenamente en nosotros mismos el misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas nos dé una fuerza constante que nos lleve a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lectura – Viernes V de Pascua

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿QUÉ HAS VISTO DE CAMINO?

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Levántate, Señor, y ven en mi auxilio. Aleluya.

Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28 – I – SÚPLICA CONTRA LOS PERSEGUIDORES INJUSTOS

Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»

Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»

Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Levántate, Señor, y ven en mi auxilio. Aleluya.

Ant 2. Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso. Aleluya.

Salmo 34, II

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.

Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.

Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;

me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso. Aleluya.

Ant 3. Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor. Aleluya.

Salmo 34, III

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,

y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.

Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.

Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi causa.
Júzgame tú según tu justicia.

Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu siervo.

Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabaré.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor. Aleluya.

V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya.
R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los apóstoles 19, 21-40

REVUELTA DE ÉFESO CONTRA PABLO

En aquellos días, Pablo concibió el propósito de ir a Jerusalén atravesando Macedonia y Acaya. Y pensaba:

«Después de estar allí, he de visitar también Roma.»

Envió a Macedonia a dos de sus auxiliares, a Timoteo y a Erasto; y él se detuvo algún tiempo en el Asia proconsular.

Hubo por aquellos días un gran tumulto con motivo de la predicación del Evangelio. Un platero, llamado Demetrio, que labraba en plata templetes de Artemisa, propocionaba mucho trabajo y ganancia a los artífices. Los convocó un día, junto con los demás obreros del ramo, y les dijo:

«Bien sabéis, amigos, que de esta industria depende nuestro bienestar. También estáis viendo y oyendo decir que no sólo en Éfeso, sino en casi toda el Asia proconsular, este Pablo, con su persuasión, ha llevado tras de sí a mucha gente, diciéndoles que no son dioses los que fabricamos con nuestras manos. Esto supone el peligro no sólo de que vaya a la ruina nuestra industria, sino también de que el mismo santuario de la gran diosa Artemisa pierda su prestigio. Con ello quedará despojada de su grandeza aquella a quien toda el Asia proconsular y el orbe veneran.»

Ante estas palabras, se llenaron de ira y comenzaron a gritar:

«¡Grande es la Artemisa de los efesios!»

Se produjo un revuelo en la ciudad, y todos a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de viaje de Pablo. Quería Pablo salir en público ante el gentío allí reunido, pero no le dejaron los discípulos. Incluso algunos magistrados de la provincia romana de Asia, amigos suyos, le mandaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro. Unos gritaban una cosa, y otros otra. La gente que se había reunido se hallaba revuelta y alborotada, y la mayor parte no sabían por qué se habían reunido. En esto, algunos de entre la multitud dieron sus instrucciones a Alejandro, a quien los judíos habían hecho destacarse; y Alejandro, haciendo señas con la mano, intentó hablar en defensa propia ante la reunión. Apenas se dieron cuenta de que era judío, levantaron todos a una la voz y estuvieron por espacio de dos horas gritando:

«¡Grande es la Artemisa de los efesios!»

Por fin, el alto funcionario de la ciudad logró calmar la multitud, y se expresó así:

«Efesios, ¿quién no sabe que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua traída del cielo? Esto no lo puede negar nadie. Por lo tanto, conviene que estéis en calma y que no hagáis nada atropelladamente; porque habéis traído aquí a estos hombres que ni son sacrílegos ni blasfeman contra vuestra diosa. Si Demetrio y sus compañeros de profesión tienen algo que demandar contra alguno, asambleas públicas se celebran, y procónsules hay: que recurran a ellos. Si alguna otra cosa deseáis, la trataremos en la asamblea legal ordinaria. Porque estamos expuestos a que nos acusen de sedición por lo que ha sucedido hoy, y no hay motivo alguno que justifique este tumulto.» Y, dicho esto, disolvió la manifestación.

RESPONSORIO    Cf. 2Co 1, 8.9

R. No quisiéramos que desconocieseis la tribulación que nos sobrevino en el Asia Menor. * Pero no pusimos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos. Aleluya.
V. Nos vimos agobiados lo indecible, hasta no poder más.
R. Pero no pusimos nuestra confianza en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones del beato Isaac, abad del monasterio de Stella
(Sermón 42: PL 194, 1831-1832)

PRIMOGÉNITO DE MUCHOS HERMANOS

Así como la cabeza y el cuerpo forman un solo hombre, así también el Hijo de la Virgen y sus miembros elegidos forman un solo hombre y un solo Hijo del hombre. Dice la Escritura: El Cristo íntegro y total lo forman la cabeza y el cuerpo, ya que todos los miembros juntos forman un solo cuerpo, el cual, junto con la cabeza, constituye un solo Hijo del hombre, un solo Hijo de Dios, por su unión con el Hijo de Dios en persona, el cual, a su vez, es un solo Dios por su unión con la divinidad.

Por tanto, todo el cuerpo unido a la cabeza es Hijo del hombre e Hijo de Dios, y aun Dios. De ahí aquellas palabras: Padre, quiero que sean uno, como nosotros somos uno.

Así pues, según este famoso texto de la Escritura, no existe el cuerpo separado de la cabeza, ni la cabeza separada del cuerpo; ni existe el Cristo total, cuerpo y cabeza, separado de Dios.

De manera que todo el conjunto, por su unión con Dios, es un solo Dios; pero el Hijo de Dios está unido con Dios por naturaleza, y el Hijo del hombre está unido con el Hijo de Dios de manera personal, mientras que su cuerpo lo está de un modo místico. Por consiguiente, los miembros de Cristo, unidos espiritualmente a él por la fe, pueden afirmar con todo derecho que son ellos también lo mismo que es él, Hijo de Dios y Dios. Pero él lo es por naturaleza, los miembros por comunicación; él lo es en plenitud, los miembros por participación; finalmente, él es Hijo de Dios por generación, los miembros lo son por adopción, tal como está escrito: Habéis recibido espíritu de adopción filial, por el que clamamos: «¡Padre!»

Según este espíritu, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios, para que el primogénito de muchos hermanos pudiera enseñarnos a decir: Padre nuestro, que estás en el cielo. Y en otro lugar dice el Señor: Subo a mi Padre y a vuestro Padre.

Por el mismo Espíritu por el cual el Hijo del hombre nació del seno de la Virgen como cabeza nuestra, nosotros renacemos en la fuente bautismal como hijos de Dios y como cuerpo del Hijo del hombre. Y, así como él nació inmune de pecado, así también nosotros renacemos por el perdón de nuestros pecados.

Del mismo modo que en la cruz cargó sobre su cuerpo de carne con los pecados de todo el cuerpo, así quiso también que a su cuerpo místico, por la gracia de la regeneración, no le fuese imputado pecado alguno, como está escrito: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. Este hombre dichoso es sin duda el Cristo íntegro, el cual, en cuanto que su cabeza es Dios, él mismo perdona los pecados; en cuanto que la cabeza del cuerpo es un Hijo del hombre, nada tiene personalmente que se le pueda perdonar; y, en cuanto que el cuerpo de la cabeza son muchos, nada se imputa.

Él mismo es justo por sí mismo y se justifica a sí mismo. Él mismo es Salvador y salvado; cargó en su cuerpo sobre el leño los pecados de los cuales limpia a su cuerpo por medio del agua. Ahora continúa salvando por el leño y por el agua, como Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, los cuales cargó sobre sí mismo, como sacerdote y sacrificio, y como Dios que, ofreciendo su propia persona a sí mismo, por sí mismo se reconcilió a sí consigo mismo, y con el Padre y el Espíritu Santo.

RESPONSORIO    Rm 12, 5; Col 2, 9-10; 1, 18

R. Siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros unos de otros. * En su cuerpo glorificado habita toda la plenitud de la divinidad; e, incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Aleluya.
V. Él es la cabeza del cuerpo de la Iglesia; él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.
R. En su cuerpo glorificado habita toda la plenitud de la divinidad; e, incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Aleluya.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, concédenos realizar plenamente en nosotros mismos el misterio pascual, para que la alegría que experimentamos en estas fiestas nos dé una fuerza constante que nos lleve a la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.