I Vísperas – Domingo VI de Pascua

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: REVESTIDOS DE BLANCAS VESTIDURAS

Revestidos de blancas vestiduras,
vayamos al banquete del Cordero
y, terminado el cruce del mar Rojo
alcemos nuestro canto al rey eterno.

La caridad de Dios es quien nos brinda
y quien nos da a beber su sangre propia,
y el Amor sacerdote es quien se ofrece
y quien los miembros de su cuerpo inmola.

Las puertas salpicadas con tal sangre
hacen temblar al ángel vengativo,
y el mar deja pasar a los hebreos
y sumerge después a los egipcios.

Ya el Señor Jesucristo es nuestra pascua,
ya el Señor Jesucristo es nuestra víctima:
el ázimo purísimo y sincero
destinado a las almas sin mancilla.

Oh verdadera víctima del cielo,
que tiene a los infiernos sometidos,
ya rotas las cadenas de la muerte,
y el premio de la vida recibido.

Vencedor del averno subyugado,
el Redentor despliega sus trofeos
y, sujetando al rey de las tinieblas,
abre de par en par el alto cielo.

Para que seas, oh Jesús, la eterna
dicha pascual de nuestras almas limpias,
líbranos de la muerte del pecado
a los que renacimos a la vida.

Gloria sea a Dios Padre y a su Hijo,
que de los muertos ha resucitado,
así como también al sacratísimo
Paracleto, por tiempo ilimitado. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya.

Salmo 118, 105-112 – HIMNO A LA LEY DIVINA

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.

Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y cabalmente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya.

Ant 2. El Señor, libre de las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya.

Salmo 15 – CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA RESURRECCIÓN.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor, libre de las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya.

Ant 3. Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 2, 9-10

Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, sois ahora pueblo de Dios; vosotros, que estabais excluidos de la misericordia, sois ahora objeto de la misericordia de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Guardad mis mandamientos, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo quede colmado. Aleluya

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Guardad mis mandamientos, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo quede colmado. Aleluya

PRECES

Oremos a Cristo, que resucitando de entre los muertos destruyó la muerte y nos dio nueva vida, y digámosle:

Tú que vives eternamente, escúchanos, Señor.

Tu que eres la piedra rechazada por los arquitectos, pero convertida en piedra angular,
conviértenos a nosotros en piedras vivas de tu Iglesia.

Tú que eres el testigo fiel y el primogénito de entre los muertos,
haz que tu Iglesia sea también siempre testimonio ante el mundo.

Tú que eres el único esposo de la Iglesia, nacida de tu costado,
haz que todos nosotros seamos signos de tus bodas con la Iglesia.

Tú que eres el primero y el último, el que estabas muerto y ahora vives por los siglos de los siglos,
concede a todos los bautizados perseverar fieles hasta la muerte, a fin de recibir la corona de la victoria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tu que eres la lámpara que ilumina la ciudad santa de Dios,
alumbra con tu claridad a nuestros hermanos difuntos.

Sintiéndonos verdaderos hijos de Dios, digamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor ferviente estos días de alegría en honor de Cristo resucitado, y que los misterios que estamos recordando transformen nuestra vida y se manifiesten en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 5 de mayo

Lectio: Sábado, 5 Mayo, 2018
Tiempo de Pascua
1) Oración inicial
Señor, Dios todopoderoso, que por las aguas del bautismo nos has engendrado a la vida eterna; ya que has querido hacernos capaces de la vida inmortal, no nos niegues ahora tu ayuda para conseguir los bienes eternos. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 15,18-21
Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
 
3) Reflexión
• Juan 15,18-19: El odio del mundo.”Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros”. El cristiano que sigue a Jesús está llamado a vivir al revés de la sociedad. En un mundo organizado desde intereses egoístas de personas y grupos, quien procura vivir e irradiar el amor será crucificado. Este fue el destino de Jesús. Por esto, cuando un cristiano o una cristiana es muy elogiado/a por los poderes de este mundo y es exaltado/a como modelo para todos por los medios de comunicación, conviene desconfiar siempre un poco. “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo”. Fue la elección de Jesús lo que nos separó. Y basándonos en esta elección o vocación gratuita de Jesús tenemos la fuerza para aguantar la persecución y la calumnia y podremos tener la alegría en medio de las dificultades.
• Juan 15,20: El siervo no es más que su señor. “El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi palabra, también la vuestra guardarán”. Jesús había insistido en este punto en el lavatorio de los pies (Jn 13,16) y en el discurso de la Misión (Mt 10,24-25). Y esta identificación con Jesús, a lo largo de los siglos, dio mucha fuerza a las personas para seguir su camino y fue fuente de experiencia mística para muchos santos y santas mártires.
• Juan 15,21: Persecución por causa de Jesús. “Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.” La insistencia repetida de los evangelios en recordar las palabras de Jesús que pueden ayudar a las comunidades a entender el porqué de las crisis y de las persecuciones, es una señal evidente de que nuestros hermanos y hermanas de las primeras comunidades no tuvieron una vida fácil. Desde la persecución de Nerón en el 64 después de Cristo hasta el final del siglo primero, vivieron en el temor de ser perseguidos, acusados, encarcelados y de morir en cualquier momento. La fuerza que los sostenía era la certeza de que Jesús estaba en medio de ellos.
 
4) Para la reflexión personal
• Jesús se dirige a mí y me dice: Si fueras del mundo, el mundo amaría lo suyo. ¿Cómo aplico esto a mi vida?
• Dentro de mí hay dos tendencias: el mundo y el evangelio. ¿Cuál de las dos domina?
 
5) Oración final
Pues bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

Domingo VI de Pascua

1. Situación

Los discursos de la Cena, llamados también de «despedida», nos sitúan en el corazón de la vida pascual: el don del Espíritu Santo, que nos recrea en lo más íntimo y nos hace vivir la vida del Resucitado, la vida teologal.

Pregúntate así, sin más preámbulos: ¿Te atreves a desear o, al menos, a pensar que estás llamado a ser un místico?

No pienses en cosas raras, sino en experimentar tú, precisamente tú, la vida del discípulo tal como la describe Jesús en Jn 14-17.

¿Qué sientes al hacerte esa pregunta?

– ¿Identificación y deseo? ¿De dónde nace ese deseo? Quizá despertaste al sentido de la vida desde la experiencia de relación con Dios, y, lógicamente, permanece como anhelo.

¿Qué te ha enseñado la vida sobre esos deseos?

– ¿Vértigo, miedo a un mundo desconocido? Tú has sido, quizá, mucho más normal en tus sueños y proyectos. Pero tal vez comienzas a estar desconcertado, porque Dios te está metiendo, imperceptiblemente, en horizontes insospechados de vida interior.

¿O prescindes de estas cuestiones, porque das por respuesta que la mística es para gente rara o muy especial?

2. Contemplación

Los Hechos: También a los samaritanos se les concede el Espíritu Santo. Para que no pienses que la plenitud de la vida teologal es para una minoría selecta.

El salmo celebra el poder de Dios. ¡Qué mal pensamos de Dios cuando creemos que no puede hacer maravillas con nuestra pequeñez!

El Evangelio insiste en la comunión entre Jesús y el discípulo, obra del Espíritu Santo. Se trata de una relación única: conocimiento íntimo, pero inobjetivable; es experiencia de vida nueva, pero no puedo disponer de ella, sino sólo recibirla; consiste en amar a Jesús, pero la verdad de este amor está en cumplir su mandamiento, el amor al prójimo. Esta comunión con Jesús es la máxima alegría del Padre. Está dada, y es inagotable; iniciada con la Resurrección, abarca la eternidad.

3. Reflexión

Un buen test de la calidad de nuestra vida teologal es confrontar nuestra experiencia espiritual y los discursos de la Cena.

Si te parecen muy bonitos, pero «música celestial», todavía no has descubierto lo mejor.

Nunca terminaremos de personalizar esa Palabra. A ella han vuelto siempre, como referencia esencial, nuestros místicos.

Sin embargo, es importante que percibas dentro de ti aquellas experiencias que conectan directamente con esa vida pascual del discípulo. Se dan en la mayoría de los creyentes que han hecho un cierto proceso de liberación interior; pero no saben valorarlas. Lo peor de todo es que tienen miedo a darles paso:

– Ese poner tu vida, confiadamente, en manos de Jesús, y experimentar que pierdes miedo al futuro, al riesgo, al sufrimiento.

– Descubrir que la vida crece «de dentro afuera», no por cumplimiento de normas ni por esfuerzos de voluntad.

– Haber cambiado de mirada en tu relación con el prójimo, de modo que ahora ya no piensas en los demás por justificar tu vida ni por impulsos de compasión, sino porque sientes que tu vida no te pertenece.

Sabiduría para concentrar tus energías en lo esencial, el amor, de modo que todo lo que haces, oración y acción, trabajar y perder el tiempo, se unen en tu corazón.

Esa ternura agradecida ante Dios y ante la vida, como subsuelo en que se asienta la actitud básica de la existencia.

¿Que todo esto es sólo inicial? Sin duda. Con todo, ¿no ves que has recibido el Espíritu Santo para que esa vida se despliegue? Tus miedos y tus cálculos se resisten a dejar que la Vida te crezca. El Espíritu es el Defensor, y El se encarga de salir a favor del Don de Dios. Confía, y El te irá fortaleciendo por dentro, suavemente, como quien nada hace. La obra de Dios suele ser pacífica, con la violencia liberadora del amor.

4. Praxis

Que alguna frase de los discursos de la Cena vaya resonándote durante el día, en medio de tus quehaceres.

Yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros.

Javier Garrido

Domingo VI de Pascua

Las principales temáticas subyacentes a lo largo de todo el tiempo Pascual son: una invitación a alegrarnos con la Resurrección de Jesús, garantía de nuestra propia resurrección y una exhortación a convertirnos a Dios.

Sobre el primer punto hemos tratado ya los pasados domingos. Nos centraremos hoy en el segundo:

NOS SENTIMOS EXHORTADOS A CONVERTIRNOS A DIOS.

Pero, ¿a qué Dios hemos de convertirnos? ¿Cómo es ese Dios? ¿En qué Dios creo yo?

La pregunta es más importante de lo que parece porque, desde la más remota antigüedad, los hombres hemos caído en la tentación de imaginárnoslo conforme a nuestros conocimientos humanos.

Ya en los tiempos de la vieja Grecia, entre los siglos VI-V (a.J.C.), Jenófanes de Colofón criticaba seriamente a los dioses homéricos de la tradición griega, porque, decía este pensador, no son más que una invención humana, creada a imagen y semejanza del ser humano. “Los etíopes dicen que sus dioses son chatos y negros, mientras que los tracios dicen que los suyos tienen ojos azules y son pelirrojos.

No es esto lo peor, sigue diciendo: “Dotados no solamente de cuerpos, brazos y piernas similares a las del hombre, los dioses tienen además todos los vicios imaginables. Son corruptos, mienten, engañan, traicionan, etc. por lo que en ningún momento deberían ser usados con fines educativos”.

Es importante esta crítica porque Homero era la base de la cultura del pueblo griego en aquel momento.

Ciertamente es un error “elaborar” nuestra idea de Dios influidos por nuestro contexto cultural, pero es inevitable porque es del mundo cultural de donde sacamos los “materiales” necesarios para “confeccionar” nuestra cosmovisión.

Esa es la razón por la que esa tendencia perdura en nuestros tiempos. También nosotros somos hijos de una cultura. Paradójicamente el hombre es padre al mismo tiempo que hijo de la cultura. Ya decía Ortega que el hombre es él y su circunstancia.

Quiere esto decir, que tampoco nosotros nos vemos libres de la tentación de imaginarnos un Dios conforme a las ideas e imágenes vigentes en el contexto histórico en el que nos ha tocado vivir.

Es algo que hemos experimentado los que tenemos alguna edad. Todavía hace muy poco que en nuestra religiosidad estaba vigente el “Dios-Terrible”, heredado de la mentalidad medieval y que todos tuvimos la oportunidad de contemplar en la película “El Séptimo Sello” de Ingmar Bergman. Hoy, que padecemos una crisis de autoridad y respeto por lo sublime, se presenta a Dios como “un-don-nadie al que parece que todo le da poco más o menos y al que se le considera de poca utilidad en la vida ordinaria.

La manera más eficaz de librarnos de esta dependencia cultural es atender a los datos de la revelación lo más objetivamente posible, teniendo en cuenta que, aún éstos, no se libran del todo de ser interpretados dentro de un contexto histórico determinado.

Cuando luego recemos el Padrenuestro, no podremos librarnos del todo, de pensar que nos estamos dirigiendo a un Dios que es, lo que hoy entendemos por padre, quizás muy diferente de lo que se entendía por padre hace solo 100 años. Lo mismo cuando decimos que Dios respeta nuestra libertad. El contenido actual de palabras como libertad y respeto no tiene nada que ver con lo que significaban en la época feudal, o simplemente hace 50 años, sin ir más lejos.

Esto supuesto procuraremos, de la mano de los textos Sagrados, acercarnos lo más objetivamente posible a la “descripción” que Dios hace de sí mismo a través de la Revelación.

No obstante, el domingo que (D.M) tratemos de la Santísima Trinidad, volveremos a insistir una vez más, en que, a pesar de todos los esfuerzos hechos por el mismo Dios y por nuestra razón, la esencia de Dios nos quedará solo muy lejanamente vislumbrada. Hemos de resignarnos a admitir que Dios es inaccesible a la comprensión por parte de la mente humana.

Aceptada esta limitación conceptual volvemos al contenido de los textos de la Liturgia de hoy. (Hch. 10, 25-26, 34-35, 44-48; 1ªJn. 4, 7-10; Jn. 15, 9-17)

Atendiendo a estos textos, que recogen solo una pequeña parte de la Revelación sobre Dios, tenemos lo siguiente:

Dios aparece definido como AMOR. Lo subrayaba San Juan (1ªJn. 4, 7-10) El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

Un amor eficaz. En esto se ha manifestado el amor de Dios  por nosotros: en que ha mandado a su Hijo único al mundo para que nosotros vivamos por él. (l.c.)

Universal. Compruebo que Dios no hace distinción de personas, que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea, nos decía San Pedro. (Hch. 10, 34-35)

Imparcial. Descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras. (Hch, 10, 44))

Ilimitado Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. (Jn.15 ,13)

Que alegra la vida. Os he dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría sea completa». (Jn. 15, 11)

Que llena el alma humana. Yo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he oído a mi Padre. (Jn. 15,15)

Atendiendo a estos textos, y a otros muchos no citados por no alargarnos excesivamente, hay que reconocer que Dios se ha esforzado al máximo por ofrecernos datos con los que podamos acercarnos un poco a reconocerle como “ AMOR”

Muy importante esta visión de Dios porque, junto a la tentación de convertirle en un “ídolo” construido a nuestra imagen y semejanza, existe, en muchos creyentes, y no pocas veces en los mismos textos litúrgicos aprobados por la Iglesia, otra desfiguración en la que Dios aparece como un ser lejano, omnipotente, que nos deslumbra y sobrecoge. Elevado sobre su inmensa grandeza nos resulta lejano, invisible y bastante desconectado de nuestra vida.

Es una postura que nos recuerda aquella historieta en la que un niño preguntó a su padre ¿de qué tamaño es Dios?

El padre le enseñó un avión volando y el niño dijo que era pequeño, apenas se le veía

Lo vio luego en el aeropuerto y dijo que era enorme.

Entonces le dijo el padre: Dios es tanto más grande cuanto más cerca estamos de Él.

La idea de que Dios es amor es la que le hace más comprensible a nuestra razón y más cercano a nuestra vida.

Así es. Dios cuando lo contemplamos en la lejanía nos resulta casi invisible y desconectado de nuestra vida diaria. Cuando, por el contrario, lo contemplamos en los Evangelios nos aparece en toda su grandiosidad de Padre; de Padre que nos ama, que nos espera, que nos anima y orienta. De Padre que se esfuerza en acompañarnos del brazo, a lo largo de toda nuestra existencia.

Con el Bautismo sella nuestro primer encuentro consciente con Él, nos fortifica con la Confirmación, nos alimenta con la Eucaristía, bendice el amor con el Matrimonio, mantiene la fe con el Orden Sacerdotal, se acerca a lavar nuestras heridas con la reconciliación y nos sale al paso en nuestro definitivo encuentro con Él con la Unción. Como vemos, por su parte, está dispuesto a hacer con nosotros el viaje de nuestra propia vida.

Puede decirse que Dios hace todo lo posible por estar cerca de nosotros abrazándonos con su amor.

Por nuestra parte también se precisa un esfuerzo: acercarnos a Él con una buena dosis de humildad, de deseo de aprender, de dejarnos iluminar. Recordemos que ya nos advirtió Jesús que estas cosas el Padre las revela a los sencillos de corazón. (Mateo 11,25-27)

Es absolutamente necesaria esta disposición. El soberbio está tan lleno de sí mismo que piensa que no tiene ya nada que aprender. Su “inflado yo” le incapacita para recibir cualquier nueva información.

La conclusión de esta reflexión es que, el Dios que se nos revela y en el que creemos y al que debemos convertirnos es un DIOS-AMOR que, aunque parece estar muy lejano, si sabemos acercarnos a Él con apertura de mente y limpieza de corazón le encontraremos muy cercano a nosotros; mucho más cerca de lo que a primera vista parece.

No desaprovechemos su intento de acercarse a nosotros y sepamos corresponderle con tanto amor como Él nos tiene. AMÉN.

Pedro Sáez

Madre de Cristo

– Oración a María

Querida Madre.
Acompáñame todos los días.
Ayúdame a portarme bien
y ser un buen hijo, servicial y atento
para lo que necesiten mis papás.
Quiero ser un buen hermano,
que no discuta ni me pelee tan fácil
por cosas que no son importantes.
Dame una manito en las cosas de la escuela
y ayúdame a tener siempre 

una sonrisa para todos los que me rodean.
Ayúdame a vivir haciendo el bien,
como le enseñaste a tu hijo Jesús.
Ayúdame a ser como El y quererle con el alma y la vida.

– Le cuento a la Virgen

MADRE DE CRISTO. Es como decir Madre de Jesús cuando más sufría, clavado en la cruz , con la corona de espinas en la cabeza, golpeado, abandonado. ¿Cómo es posible que fueran tan malagente con Jesús esos perversos que lo clavaran en una cruz.? ¡Esto no se le hace a una madre! ¿Cómo aguantaste tanto sufrimiento? Mi mami dice que todo lo que le hagan a un hijo le duele doblemente a su mamá. A mi me clavaron un trompo en la cabeza (fue sin culpa pero mis amigos asustados se fueron y me dejaron solo), yo corrí a mi casa con el trompo clavado y chorreando sangre, al abrazar a mi mamá me desmayé tranquilo, ella nunca me abandona, aunque después me dijo que como siga así la voy a matar de un susto. Ahora tengo una cicatriz en la cabeza, pero cada vez que la toco recuerdo y te agradezco porque tú siempre estuviste al lado de tu Hijo, en las buenas y en las malas al pie de la cruz. 

– Le pido por todos

– Gracias porque nunca nos dejas solos cuando estamos tristes.

– Enséñanos a confiar siempre en tu protección. 

– Dale fuerza a las mamás que sufren por sus hijos enfermos que es peor. 

– Ayuda a los niños a no darle tantas mortificaciones a su mamá.

–  Pienso y rezo

Ahora cierro los ojos y el corazón para pensar y rezar un misterio del Rosario que corresponda al día de hoy. 1 Padrenuestro, 10 Avemarías y el gloria.

Ecclesia in Medio Oriente

44. Corresponde a los obispos asegurar una gestión sana, honesta y transparente de los bienes temporales de la Iglesia, de acuerdo con el Código de los cánones de las Iglesias orientales o el Código de Derecho Canónico de la Iglesia latina. Los Padres sinodales han creído necesario que se haga una auditoría seria de las finanzas y de los bienes, poniendo cuidado en evitar la confusión entre los bienes personales y los de la Iglesia[41]. El apóstol Pablo dice que el siervo de Dios es un administrador de los misterios de Dios. Ahora bien, «lo que se busca en los administradores es que sean fieles» (1 Co 4,2). El administrador gestiona bienes que no le pertenecen y que, según el apóstol, están destinados a un fin superior: los misterios de Dios (cf. Mt 19,28-30; 1 P 4,10). Esta gestión fiel y desinteresada, tan deseada por los monjes fundadores –verdaderas columnas de muchas Iglesias orientales– debe servir prioritariamente para la evangelización y la caridad. Los obispos se preocuparán de asegurar a sus presbíteros, sus primeros colaboradores, una adecuada subsistencia, para que no se pierdan en la búsqueda de lo temporal, y puedan consagrarse dignamente a las cosas de Dios y a su misión pastoral. Por lo demás, quien ayuda a un pobre gana el cielo. Santiago insiste en el respeto que se debe al pobre, en su grandeza y su verdadero puesto en la comunidad (cf. 1,9-11; 2,1-9). Por eso es necesario que la gestión de los bienes se convierta en un lugar de anuncio eficaz del mensaje liberador de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad y, a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). El mayordomo fiel es aquel que se ha dado cuenta de que sólo el Señor es la perla fina (cf. Mt 13,45-46), y que sólo él es el verdadero tesoro (cf. Mt 6,19-21; 13,44). Que los obispos lo manifiesten de manera ejemplar a los sacerdotes, seminaristas y fieles. Por otra parte, la enajenación de bienes de la Iglesia debe atenerse estrictamente a las normas canónicas y a las disposiciones pontificias en vigor.


[41] Cf. Propositio 7.

El amor como mandamiento

1. La palabra «amor» —que, de tanto usarla, ha acabado trivializándose y devaluándose— tiene en nuestro idioma multitud de contenidos. Hay quienes no entienden —o entienden mal— el «amor al prójimo» y el «amor a Dios». Para volver a reconocer lo que significa «amar» es preciso descubrir la entrega de Jesús. Sólo así se puede entender que Dios es amor.

2. Desde las concepciones humanas del amor hasta el misterio del amor divino, que culmina en la cruz de Cristo, la Biblia descubre el significado del amor de Dios al hombre y de éste a su prójimo y al propio Dios. El amor de Dios a los hombres se revela en las intervenciones históricas a favor de su pueblo; es un amor que se renueva de generación en generación y que se manifiesta de un modo electivo y personal, en forma de amistad, siendo los profetas los destinatarios privilegiados de la misma. Finalmente, es amor misericordioso que salva y perdona.

3. Al amor de Dios corresponde el amor al prójimo. En la Biblia no hay oposición entre fe y caridad, liturgia y amor. La fe que no es activa en el amor no es fe. Y el amor que no se expresa con el perdón no es amor cristiano. El amor a los hombres —especialmente a los desvalidos— en el seguimiento de Jesús ha sido y sigue siendo fuente de renovación y de liberación.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Es el amor fuente de renovación cristiana?

Casiano Floristán

Amigos, no siervos

En este tiempo la liturgia de la Iglesia nos ha presentado un conjunto de relatos de las apariciones de Jesús resucitado. Luego nos ha recordado pasajes evangélicos en los que se da el sentido de la victoria sobre la muerte: el amor.

Como yo los he amado

El capítulo quince de Juan está marcado por la ternura del Señor hacia sus discípulos. Su mensaje es: permaneced en el amor que os tengo, es el mismo que el Padre me tiene a mí (cf. 15, 10 y 12). Esa debe ser la fuente de nuestra alegría (cf. 15, 11). Jesús expresa este mundo de relaciones con una palabra clave: amistad. Ser cristiano es ser amigo del Señor. Amigo, no siervo. El siervo hace las cosas porque recibe una orden, no porque conoce y comulga con las intenciones del amo (cf. 15, 15). Se trata de algo frío y formal. El comportamiento del amigo viene de dentro, la amistad supone comunicación, haber hecho nuestros los objetivos y sentimientos de aquel que apreciamos y amamos.

El calor de la amistad implica un compartir que crea una igualdad y rompe las categorías de dominación y servidumbre. No hay amor sino entre iguales. En la capacidad para hacer de los demás nuestros amigos, se juega nuestra vida cristiana. Si nos aferramos a pretendidas o aparentes superioridades que consideren a los otros como inferiores, no podremos compartir el evangelio con ellos (cf. Hech 10, 26). La solidaridad cristiana no es impersonal. No hay compromiso con los pobres y oprimidos si no hay amistad con ellos. Sólo así permaneceremos en el amor.

Conocer a Dios

El Señor nos dice que nos llama amigos «porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (15, 15). Nos ha comunicado las motivaciones profundas de su testimonio. Así nos ha «igualado» con él. Es decir, nos ha hecho saber lo que él sabe, que «Dios es amor» (1 Jn 4, 8). Eso es conocerlo. En la Biblia conocer a Dios significa amarlo. La primera razón para ello es que Dios es amor, él nos eligió, nuestro amor es respuesta a su iniciativa libre y gratuita (cf. 15, 16).

Quien no ama no lo conoce (cf. 1 Jn 4, 8). Ese amor debe dar frutos (cf. 15, 16). El envío del Hijo nos manifiesta el amor del Padre (cf. 1 Jn 4, 9). Ahora comprendemos mejor su mandamiento: «Que os améis unos a otros» (15, 17). Esa es la manera de acoger el amor que Dios nos tiene. Todo el que se compromete con las necesidades y aspiraciones del hermano está cerca de Dios. «Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme, y practica la justicia, sea de la nación que sea» (Hech 10, 35). Vivir la igualdad y practicar la justicia es obra de los amigos de Dios. «En esto consiste el amor» (1 Jn 4, 10).

Gustavo Gutiérrez

La Biblia y el periódico

Decía el teólogo protestante, Kard Barth, que la homilía, el sermón hay que prepararlo manejando con una mano la biblia y con la otra el periódico. Imagen expresiva para recordarnos que el espíritu, el mensaje evangélico como el sentir de la calle deben de estar presentes, deben mezclarse.

Siguiendo el consejo de Barth entresaco de los espacios mencionados a modo de titulares. Señalo lo más destacable, teniendo en cuenta que esto es muy subjetivo. Silvana Pérez, periodista argentina, afirma: “las mujeres, pese al machismo, son el alma de la Iglesia”. En el Observatore Romano se leía: “No existe la evangelización desde una oficina”. El Papa Francisco recordaba a los padres y padrinos (de bautizo): “debéis enseñar a los niños a hacer el bien”.

Pensando en Siria, en el Yemen y en otros escenarios: “La guerra genera pobreza y la pobreza genera guerras”.” La mejor manera de prevenir la violencia y las guerras es hacerse cargo de los pobres y trabajar por la justicia”. También en Nigeria “han asesinado a dos sacerdotes, a 78 cristianos seglares e incendiado 60 casas pertenecientes a cristianos“.

La parlamentaria, Pilar Rahola (se confiesa no creyente), se indigna ante “los progres“ que hacen “del desprecio a los católicos un arma revolucionaria, cuando en realidad solo es el retrato preciso de la estupidez”. Pues se puede contar con “los creyentes” para mejorar a la sociedad. De ellos he recibido, dice Rahola, bondad, capacidad de empatía, de comprensión, de sentido de justicia, de sentido del valor para defender los propios ideales”.

En torno al Primero de mayo, las reivindicaciones de los pensionistas y de las mujeres han ocupado los primeros espacios. Este paquete de situaciones se puede engordar mucho más añadiendo realidades más personales, más íntimas. La pregunta es cómo dar una respuesta (que me comprometa a mí) coherente, útil, positiva desde el evangelio de Jesús. Es decir, cómo Jesús aquí y ahora puede ser ”Camino verdad y vida”,como se definió a sí mismo.

Hoy, el evangelio nos da una respuesta y se centra una vez más en el amor. Un sentimiento, una fuerza que muchos lo tenemos que concretar, pues si no se precisa, se reduce a humo.

Conviene salir al paso de creer que sobre el amor lo sabemos todo. Sin embargo, el amor no consiste ni en miradas (no es mirarse el uno al otro), ni en sonrisas, ni en cariños, ni en locuras, si no en “obras son amores”. En efecto, la Iglesia existe para evangelizar, si no sirve para esto – lo dice San Pablo- no sirve para nada. El lema lo ha marcado Jesús: “éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. “amaos no de palabras y con la boca, si no con obras y de verdad (…). Quién no practica la justicia ni ama a su hermano, no procede de Dios”.

Por otro lado, en éste domingo se celebra el día del enfermo. Ninguna circunstancia altera, desestabiliza tanto a la familia como una enfermedad. Ella ocasiona dolor, soledad, incapacidad, impotencia, cansancio, debilidad, aislamiento, rabia y a veces, desesperanza, angustia y trastorna planes y proyectos. Pero también la enfermedad enseña mucho y favorece momentos felices. Puede ser una escuela de paciencia y de lucha, de resistencia, de sensibilidad, de unión familiar. También de egoísmo y de mezquindad. La enfermedad es un buen metro para medir la calidad de una familia.

Un buen deseo sería que el sufrimiento no nos aplaste. Que no nos falte apoyo, afecto y ternura.

Josetxu Canibe

Una alegría diferente

Las primeras generaciones cristianas cuidaban mucho la alegría. Les parecía imposible vivir de otra manera. Las cartas de Pablo de Tarso que circulaban por las comunidades repetían una y otra vez la invitación a «estar alegres en el Señor». El evangelio de Juan pone en boca de Jesús estas palabras inolvidables: «Os he hablado… para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena».

¿Qué ha podido ocurrir para que la vida de los cristianos aparezca hoy ante muchos como algo triste, aburrido y penoso? ¿En qué hemos convertido la adhesión a Cristo resucitado? ¿Qué ha sido de esa alegría que Jesús contagiaba a sus seguidores? ¿Dónde está?

La alegría no es algo secundario en la vida de un cristiano. Es un rasgo característico. Una manera de estar en la vida: la única manera de seguir y de vivir a Jesús. Aunque nos parezca «normal», es realmente extraño «practicar» la religión cristiana, sin experimentar que Cristo es fuente de alegría vital.

Esta alegría del creyente no es fruto de un temperamento optimista. No es el resultado de un bienestar tranquilo. No hay que confundirlo con una vida sin problemas o conflictos. Lo sabemos todos: un cristiano experimenta la dureza de la vida con la misma crudeza y la misma fragilidad que cualquier otro ser humano.

El secreto de esta alegría está en otra parte: más allá de esa alegría que uno experimenta cuando «las cosas le van bien». Pablo de Tarso dice que es una «alegría en el Señor», que se vive estando enraizado en Jesús. Juan dice más: es la misma alegría de Jesús dentro de nosotros.

La alegría cristiana nace de la unión íntima con Jesucristo. Por eso no se manifiesta de ordinario en la euforia o el optimismo a todo trance, sino que se esconde humildemente en el fondo del alma creyente. Es una alegría que está en la raíz misma de nuestra vida, sostenida por la fe en Jesús.

Esta alegría no se vive de espaldas al sufrimiento que hay en el mundo, pues es la alegría del mismo Jesús dentro de nosotros. Al contrario, se convierte en principio de acción contra la tristeza. Pocas cosas haremos más grandes y evangélicas que aliviar el sufrimiento de las personas y contagiar alegría realista y esperanza.

José Antonio Pagola