La Biblia y el periódico

Decía el teólogo protestante, Kard Barth, que la homilía, el sermón hay que prepararlo manejando con una mano la biblia y con la otra el periódico. Imagen expresiva para recordarnos que el espíritu, el mensaje evangélico como el sentir de la calle deben de estar presentes, deben mezclarse.

Siguiendo el consejo de Barth entresaco de los espacios mencionados a modo de titulares. Señalo lo más destacable, teniendo en cuenta que esto es muy subjetivo. Silvana Pérez, periodista argentina, afirma: “las mujeres, pese al machismo, son el alma de la Iglesia”. En el Observatore Romano se leía: “No existe la evangelización desde una oficina”. El Papa Francisco recordaba a los padres y padrinos (de bautizo): “debéis enseñar a los niños a hacer el bien”.

Pensando en Siria, en el Yemen y en otros escenarios: “La guerra genera pobreza y la pobreza genera guerras”.” La mejor manera de prevenir la violencia y las guerras es hacerse cargo de los pobres y trabajar por la justicia”. También en Nigeria “han asesinado a dos sacerdotes, a 78 cristianos seglares e incendiado 60 casas pertenecientes a cristianos“.

La parlamentaria, Pilar Rahola (se confiesa no creyente), se indigna ante “los progres“ que hacen “del desprecio a los católicos un arma revolucionaria, cuando en realidad solo es el retrato preciso de la estupidez”. Pues se puede contar con “los creyentes” para mejorar a la sociedad. De ellos he recibido, dice Rahola, bondad, capacidad de empatía, de comprensión, de sentido de justicia, de sentido del valor para defender los propios ideales”.

En torno al Primero de mayo, las reivindicaciones de los pensionistas y de las mujeres han ocupado los primeros espacios. Este paquete de situaciones se puede engordar mucho más añadiendo realidades más personales, más íntimas. La pregunta es cómo dar una respuesta (que me comprometa a mí) coherente, útil, positiva desde el evangelio de Jesús. Es decir, cómo Jesús aquí y ahora puede ser ”Camino verdad y vida”,como se definió a sí mismo.

Hoy, el evangelio nos da una respuesta y se centra una vez más en el amor. Un sentimiento, una fuerza que muchos lo tenemos que concretar, pues si no se precisa, se reduce a humo.

Conviene salir al paso de creer que sobre el amor lo sabemos todo. Sin embargo, el amor no consiste ni en miradas (no es mirarse el uno al otro), ni en sonrisas, ni en cariños, ni en locuras, si no en “obras son amores”. En efecto, la Iglesia existe para evangelizar, si no sirve para esto – lo dice San Pablo- no sirve para nada. El lema lo ha marcado Jesús: “éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. “amaos no de palabras y con la boca, si no con obras y de verdad (…). Quién no practica la justicia ni ama a su hermano, no procede de Dios”.

Por otro lado, en éste domingo se celebra el día del enfermo. Ninguna circunstancia altera, desestabiliza tanto a la familia como una enfermedad. Ella ocasiona dolor, soledad, incapacidad, impotencia, cansancio, debilidad, aislamiento, rabia y a veces, desesperanza, angustia y trastorna planes y proyectos. Pero también la enfermedad enseña mucho y favorece momentos felices. Puede ser una escuela de paciencia y de lucha, de resistencia, de sensibilidad, de unión familiar. También de egoísmo y de mezquindad. La enfermedad es un buen metro para medir la calidad de una familia.

Un buen deseo sería que el sufrimiento no nos aplaste. Que no nos falte apoyo, afecto y ternura.

Josetxu Canibe