Vísperas – Miércoles VI de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Salmo 61 – DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No se turbe vuestro corazón; tan sólo creed en mí. Aleluya.

Ant 2. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Salmo 66 – QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos, que se alegren por tu salvación. Aleluya.

Ant 3. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Su resplandor eclipsa el cielo, la tierra se llena de su alabanza. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 7, 24-27

Jesús, como permanece para siempre, tiene un sacerdocio eterno. De aquí que tiene poder para llevar a la salvación definitiva a cuantos por él se vayan acercando a Dios, porque vive para siempre para interceder por ellos. Y tal era precisamente el sumo sacerdote que nos convenía: santo, sin maldad, sin mancha, excluido del número de los pecadores y exaltado más alto que los cielos. No tiene necesidad, como los sumos sacerdotes, de ofrecer víctimas cada día, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez por todas, ofreciéndose a sí mismo.

RESPONSORIO BREVE

V. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

V. Al ver al Señor.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Los discípulos se llenaron de alegría. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Espíritu me glorificará, porque tomará de lo que es mío para dároslo a conocer. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Espíritu me glorificará, porque tomará de lo que es mío para dároslo a conocer. Aleluya.

PRECES

Imploremos a Dios Padre, que por la resurrección de su Hijo de entre los muertos nos ha abierto el camino de la vida eterna, y digámosle:

Por la victoria de Cristo, salva, Señor, a tus redimidos.

Dios de nuestros padres, que has glorificado a tu Hijo Jesús, resucitándolo de entre los muertos,
convierte nuestros corazones, para que vivamos la nueva vida de tu Hijo resucitado.

Tú que nos has devuelto al Pastor y guardián de nuestras vidas, cuando éramos ovejas descarriadas,
consérvanos en fidelidad a tu Evangelio, bajo la guía de los obispos de tu Iglesia.

Tú que elegiste a los primeros discípulos de tu Hijo de entre el pueblo de Israel,
revela a los hijos de este pueblo el cumplimiento de las promesas que hiciste a sus padres.

Acuérdate, Señor, de los huérfanos, de las viudas, de los esposos que viven separados y de todos nuestros hermanos abandonados,
y no permitas que vivan en la soledad los que fueron reconciliados por la muerte de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que llamaste a ti a Esteban, el cual confesó que Jesús estaba a tu derecha,
recibe a nuestros hermanos difuntos que esperaron tu venida en la fe y en el amor.

Digamos ahora todos juntos la oración que nos enseñó el mismo Jesús:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, que, así como ahora celebramos en la fe la gloriosa resurrección de tu Hijo Jesucristo, así también merezcamos regocijarnos con todos los santos, cuando vuelva él triunfalmente al fin de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 9 de mayo

Lectio: Miércoles, 9 Mayo, 2018
Tiempo de Pascua
 
1) Oración inicial
Escucha, Señor, nuestra oración y concédenos que así como celebramos en la fe la gloriosa resurrección de Jesucristo, así también, cuando él vuelva con todos sus santos, podamos alegrarnos con su victoria. Por nuestro Señor.
 
2) Lectura
Del Evangelio según Juan 16,12-15
Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros.
 
3) Reflexión
• En estas semanas del tiempo pascual, los evangelios diarios están sacados, casi todos, de los capítulos de 12 a 17 de Juan. Esto revela algo respecto del origen y del destino de estos capítulos. Reflejan no sólo lo que acontece antes de la pasión y de la muerte de Jesús, pero también y sobre todo la vivencia de la fe de las primeras comunidades después de la resurrección. Reflejan la fe pascual que las animaba.
• Juan 16,12: Mucho tengo todavía que deciros. El evangelio de hoy comienza con esta frase: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello”. En estas palabras de Jesús afloran dos cosas: el ambiente de despedida que marcaba la última cena, y la preocupación de Jesús, el hermano mayor, con sus hermanos más jóvenes que en breve se quedarán sin su presencia. Quedaba muy poco tiempo. En breve, Jesús sería detenido. La obra iniciada estaba aún incompleta. Los discípulos apenas estaban al comienzo del aprendizaje. Tres años es muy poco para cambiar de vida y comenzar a vivir desde otra imagen de Dios. La formación de ellos no se había terminado. Faltaba mucho, y Jesús tenía todavía muchas cosas que enseñar y transmitir. Pero él conoce a sus discípulos. Ellos no son de los más inteligentes. No soportarían conocer ya todas las implicaciones y consecuencias del discipulado. Quedarían desanimados, no serían capaces de soportarlo.
• Juan 16,13-15: El Espíritu Santo dará su ayuda. “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros”. Esta afirmación refleja la experiencia de las primeras comunidades. En la medida en que iban imitando a Jesús, tratando de interpretar y aplicar su Palabra en diversas circunstancias de sus vidas, experimentaban la presencia y la luz del Espíritu. Y esto acontece hoy en las comunidades que tratan de encarnar la palabra de Jesús en sus vidas. La raíz de esta experiencia son las palabras de Jesús: “Todo lo que tiene el Padre es mío, también. Por eso os he dicho recibirá de lo mío y os lo explicará todo”.
• La acción del Espíritu Santo en el Evangelio de Juan. Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gen 1,1), así el Espíritu desciende sobre Jesús “como una paloma venida del cielo” (Jn 1,32). ¡Es el comienzo de una nueva creación! Jesús habla las palabras de Dios y nos comunica el Espíritu sin medida (Jn 3,34). Sus palabras son Espíritu y Vida (Jn 6,63). Cuando Jesús se despidió, dijo que iba a enviar a otro consolador, a otro defensor, para que se quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14,16-17). A través da su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros, a través del bautismo, todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1,33). Cuando apareció a los apóstolos, sopló sobre ellos y dijo: “¡Recibid el Espíritu Santo!” (Jn 20,22). El Espíritu es como agua que brota de dentro de las personas que creen en Jesús (Jn 7,37-39; 4,14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: “A quienes vosotros perdonaréis los pecados serán perdonados; y a quienes no liberéis de sus pecados, quedarán atados” (Jn 20,23). El Espíritu que Jesús nos comunica tiene acción múltipla: consuela y defiende (Jn 14,16), comunica la verdad (Jn 14,17; 16,13); hace recordar lo que Jesús enseñó (Jn 14,26); dará testimonio de Jesús (Jn 15,26); manifiesta la gloria de Jesús (Jn 16,14); desenmascara el mundo (Jn 16,8). El Espíritu nos es dado para que podamos entender el significado pleno de las palabras de Jesús (Jn 14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4,23-24). Aquí se realiza la libertad de Espíritu de la que habla San Pablo: “Donde hay el Espíritu del Señor, ahí hay libertad”, (2Cor 3,17).
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Cómo vivo mi adhesión a Jesús: solo o en comunidad?
• Mi participación en la comunidad ¿me llevó alguna vez a experimentar la luz y la fuerza del Espíritu Santo?
 
5) Oración final
Sólo su nombre es sublime,
su majestad sobre el cielo y la tierra.
Él realza el vigor de su pueblo,
orgullo de todos sus fieles. (Sal 148,13-14)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 27

27Pero nadie puede, entrando en la casa del fuerte, saquear sus posesiones, si primero no ata el fuerte; y entonces saqueará su casa.

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p style=”text-align:justify;”>3, 27: La parábola del Fuerte, que es el último argumento, aparece con toda fuerza en el momento culminante del pasaje (3, 27). De un modo provocativo, que es propio de sus parábolas, Jesús compara sus propias acciones con las de un personaje de tipo transgresor: en este caso, un ladrón que irrumpe en la casa de un hombre, al que le ata y que le roba sus bienes. Conforme a la alegoría creada por esta parábola, Satán es el dueño fuerte de la casa (cf. 3, 25), pero Jesús es uno Más Fuerte, que ha invadido el 
reino de Satán, que le ha amarrado de un modo fuerte y que ha saqueado sus bienes (cf. 1, 7), unos bienes que son los mismos seres humanos a los que Satán había previamente poseído. En este contexto, la parábola revela que los exorcismos de Jesús demuestran que el reino de Satán toca a su fin (cf. Mc 3, 24) y que ha irrumpido el reino de Dios. En el fondo de las vivas imágenes de Mc 3, 27 subyacen varios textos del Antiguo Testamento sobre el poder liberador -y destructor del mal- de Dios (Is 49, 24-25; Sal 68, 19; y es el tema central de los relatos del Éxodo). Los exorcismos de Jesús constituyen una señal de que la nueva era de Dios está llegando y de que él (Jesús) es el agente destinado para su llegada.

El pensamiento de María

El pensamiento de María

Escuchamos la Palabra: (del Evangelio de Lucas)

“El ángel Gabriel fue enviado a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una Virgen.

El ángel le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia anteDios. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará hijo de Dios.

María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel”.

 

Reflexión

El pensamiento de María, como el de tantas mujeres, era el casarse con el hombre de su vida. Pero, Dios -por aquello de que es sorprendente y que, incluso, escribe derecho en renglones torcidos- quebró, en cierta forma, la felicidad inicial de María.

¿Qué pensamientos pasarían rápidamente por la mente de María? Lo que ya sabemos: temblor, miedo, asombro, etc. Pero, María, supo reaccionar a tiempo.

Por sorpresa le vino el ángel. Y, sin tiempo a mucho más, como cuando a uno se le exige una gran responsabilidad, María dijo que sí.

El pensamiento de María, tal vez, volaría sobre la persona de José. Pero, no le importó. Supo, desde el principio, reaccionar positivamente hacia la propuesta divina.

No se paró a pensar ni en el color de las alas del ángel ni, por supuesto, si aquello era una broma de los vecinos de la esquina: ¡dijo sí y acertó!

Ese fue el pensamiento de María. Se fió, creyó y aceptó. Pero, lo más importante es el cómo reaccionó.

Cuando se nos piden responsabilidades como cristianos ¿cómo respondemos?

Cuando se nos exige algo de nosotros ¿en qué pensamos? ¿Que deben ser los demás los que se impliquen?

Cuando nos invitan a dar pasos en favor de la iglesia o de los demás ¿nos asustamos? ¿Nos acobardamos?

Sembremos y pongamos, a los pies de María,  la flor del pensamiento. Puede reflejar, perfectamente, nuestro deseo de volver una y otra vez al regazo de Dios.

ORACIÓN

MI PENSAMIENTO
Que nunca me deje de asombrar,
para que Dios me encuentre dispuesto
Que no cierre las ventanas de mi corazón,
para que el Señor entre por ellas
Que no me acobarde ante las exigencias de la fe,
para que así yo mismo me dé cuenta de su valía
Que nunca me canse de mirar hacia el cielo,
para que no deje de pensar en él
Que no esté pendiente de mi imagen en el mundo,
lo importante es saber lo que Dios
pensará de mí el día de mañana
Que no viva de espaldas a la fe,
para que Dios se me manifieste con fuerza
María;
Ayúdame a pensar en Dios y menos en lo secundario
Anímame a escuchar su voz en medio de tanto ruido
Abre mis entrañas para que, Jesús, nazca en mí
Enséñame el sendero que conduce hacia la confianza
Y, si por algo tropiezo y caigo,
te pido que, entonces,
también tu pienses en mí y no te olvides de que existo
Amén.

Rezamos un Ave María

Ecclesia in Medio Oriente

48. El celibato sacerdotal es un don inestimable de Dios a su Iglesia, que conviene recibir con gratitud, tanto en Oriente como en Occidente, pues representa un signo profético siempre actual. Recordamos, además, el ministerio de los sacerdotes casados, que son un elemento antiguo de las tradiciones orientales. Quisiera dirigir también mi aliento a estos presbíteros que, con sus familias, están llamados a la santidad en el ejercicio fiel de su ministerio y en sus condiciones de vida a veces difíciles. Reitero a todos que la belleza de vuestra vida sacerdotal[44] suscitará sin duda nuevas vocaciones, que tendréis la responsabilidad de atender.


[44] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, 11.

Comentario Ascensión del Señor

ORACIÓN

Señor y Hermano nuestro Jesús, por haberte rebajado hasta la muerte por nosotros, tu Padre te exaltó y te dio su misma gloria y poder junto a Sí:

  • tú destino es nuestro destino, tu gloria será nuestra gloria,
  • haz que, creyendo en Ti, vivamos siempre en la esperanza en medio de todos los aprietos de la vida,
  • y si tú quieres, seamos testigos tuyos en el mundo, comunicando a los hombres y mujeres de hoy todo lo que nos aportas de vida, de perdón, de confianza.

 

Mc 16, 15-20

«[En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once], 15y les dijo:

“Id por todo el mundo, proclamad el Evangelio a toda la creación. 16El que crea y se bautice será salvado; pero el que no crea será condenado.17A los que crean, les acompañarán estos signos [semeia]: en mi nombre echarán demonios, hablarán lenguas nuevas, 18cogerán serpientes en las manos, y si beben algún veneno mortal no les hará daño, impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos’.

19Entonces, el Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

20Y aquéllos fueron y proclamaron por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos [semeia] que los acompañaban».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Nos encontramos con los versículos finales del evangelio de Marcos. No pertenecen al evangelio original (que termina en Mc 16, 8), pero se han considerado canónicos desde siempre. Forman parte del final largo del evangelio, que suele estar en las traducciones de nuestras biblias (aunque también hay un final corto, que suele figurar en nota al pie). Es, pues, el final canónico del evangelio de Marcos, y por ello tiene una gran relevancia. La insistencia está puesta en la proclamación del Evangelio y en los signos que la acompañan.

 

TEXTO

Este evangelio forma parte de la perícopa 16, 9-20, pero aun así podemos entresacar una estructura ternaria: a) las últimas palabras de Jesús (vv. 15-18), centradas en el envío o misión, en la fe y en los signos que acompañan a la fe; b) la partida de Jesús al cielo, en el centro del texto, origen de la fiesta que celebramos (v. 19); c) la reacción discipular, obediente y fiel gracias a una nueva presencia de Jesús (v. 20). Destaca la triple inclusión creada por el proclamar (vv. 15 y 20), todos los sitios (vv. 15 y 20) y los signos (vv. 17 y 20), temas que emergen sobre los demás. También es interesante el único imperativo del texto (‘proclamad’ el Evangelio; ‘id’ es en el original un participio) y, de igual modo, el juego de ausencia/presencia del Señor Jesús, que se va al cielo pero que sigue actuando en ellos y por medio de ellos.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

Ha llegado el tiempo del testimonio y de la misión: la fuerza del ‘proclamar’ y de hacerlo en todo lugar es la llamada más apremiante del texto. La fuerza inaugural del texto ¿no choca con nuestra modorra a la hora de hacer presente nuestra fe en Jesús, nuestro compromiso con su proyecto, nuestro modo de evangelizar? ¿Qué significado tiene esta llamada en nosotros?

• La importancia de los signos: algunos de los que presenta el evangelio son los que realizó Jesús, y todos ellos, en aquella época, eran típicos para consignar la presencia de Dios, presencia de vida, amparo y liberación; esto hay que saber traducirlo a la situación de hoy en nuestro anuncio de la Buena Nueva. ¿Cuáles son los signosque acompañan nuestra proclamación de la fe?

• La consideración de la nueva presencia de Jesús: la gráfica imagen de la ascensión al cielo explica una dimensión que se nos escapa, pero que nos lleva a la esperanza, a la alegría, nunca exentas de dudas; pero el Señor nos acompaña ayudando a confirmar con hechos lo que proclamamos. ¿Sentimos la presencia de Cristo en nuestra vida personal y comunitaria? ¿De qué manera?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Ascensión del Señor

Ascensión del Señor
13 de Mayo 2018

Hechos 1, 1-11; Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9; Efesios 1, 17-23; Marcos 16, 15-20

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”. El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.

Reflexión

Jesús ha dado mucho amor y ahora quiere que sus amigos le ayuden con la misión de contar todo lo bueno que es Dios, no sólo con las palabras, sino también con las acciones. ¿Cómo le vas a ayudar a Jesús a predicar la buena nueva?

 

Actividad

Preparar una caja pequeña decorada con signos de amor y una foto de Jesús. Aquí coloquen unas tarjetas con un mensaje de Jesús para cada niño y una misión. (Ejemplos: Quiero que: sonrías a menudo, que hagas tu tarea escolar sin que te lo recuerden, que ayudes a alguien en tu escuela que lo necesite, que ayudes a tu mama en las tareas de la casa, que visites a un familiar/compañero enfermo.) Deje que cada niño escoja una tarjeta. Cada niño promete tratar de cumplir su misión que se le ha encomendado en la semana.

 

Oración

Jesús, tu nos envías anunciar el amor de Dios y la salvación que viene de ti a todos. A veces no sabemos ni como empezar. Danos tu luz y tu sabiduría para reconocer en cada momento del día la manera de cómo podemos ser tus testigos con nuestras acciones de honradez, justicia, amor y servicio a todos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Ascensión del Señor

Después de haberse aparecido en varias ocasiones a sus amigos, Jesús sube al cielo. Hoy recordamos ese momento llamado “La Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo”. Será la última vez que Cristo sea visto en este mundo, hasta su segunda venida que nos ha prometido. Mientras tanto, nos deja una gran misión: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”.

Esta invitación de Jesús no es sólo para los sacerdotes y demás religiosos, sino para todos nosotros. Porque el mundo está necesitado del amor de Dios que se manifiesta en su Palabra, en los sacramentos, y en las obras de amor de los hombres.

Con nuestra propia vida, en nuestro actuar de todos los días, podemos “tocar” la vida de otras personas y ser un testimonio del amor de Dios en la tierra.

¿Cuándo estoy predicando el Evangelio?

• Cuando hablo a otros de Dios y de su Palabra.
• Cuando ayudo al que me necesita.
• Cuando cumplo con mis deberes de honradez y responsabilidad.
• Cuando visito a mi amigo o familiar enfermo.
• Cuando no sólo perdono al que me ofende, sino que lo trato con mayor y busco su bien.
• Cuando enseño al que no sabe.
• Cuando me divierto sin que esto sea a costa de burlarme de otros.
• Cuando busco que en mi familia se viva un ambiente de respeto, cariño y comprensión…

Para evangelizar no tenemos que irnos de misioneros al África. Todos los días, en todos los lugares en que la vida nos pone, hay alguien esperando ver en nosotros a Cristo y sus enseñanzas. ¡El mundo lo necesita!

¿Qué tan buen evangelizador he sido con mi ejemplo de vida?

Comentario al evangelio – 9 de mayo

      Algunos dicen que este discurso de Pablo a los atenienses fue crucial en su apostolado. Intentó convencerles a través de la razón, del discurso, del pensamiento, y, al no conseguirlo, desde entonces buscó otra forma de hablar y ya no se volvió a dirigir a los sabios de este mundo. 

      Pero la realidad no es esa, no ha sido esa en la historia de la iglesia. Desde aquellos primeros tiempos y sin solución de continuidad, la iglesia, los cristianos, se ha servido de todos los medios posibles para evangelizar. También de la razón. No podía ser de otra manera porque la razón es un don de Dios. La razón iluminada por el Espíritu nos ayuda a comprender mejor la buena nueva de la salvación, nos hace más cercano a Jesús, nos facilita entender sus motivaciones, sus palabras, sus acciones. Y todo lo que sea conocer mejor a Jesús nos ayuda a ser mejores seguidores suyos. 

      Pero es que, además, no se puede oponer la razón a la fe. No se puede pedir a las personas que renuncien a la fe si quieren creer. No creemos porque “es absurdo”. El Dios que nos ha regalado la razón y la inteligencia no nos pide que renunciemos a ella sino que la usemos al servicio del reino, al servicio de la fraternidad, de nuestros hermanos y hermanas. Mediante el uso de la razón y la inteligencia se han conseguido muchas cosas a lo largo de la historia que han facilitado la vida de las personas, desde la medicina hasta la ingeniería. Es verdad que la razón es susceptible de ser usada mal, como todo lo humano. Pero no es mala en sí misma. Depende de cómo se use. Orientada por el Espíritu, sirve al reino, sirve al Evangelio. 

      Aquellos atenienses no quisieron escuchar a Pablo. ¿Ninguno? No sabemos lo que quizá llegó al corazón de alguno de aquellos que le escucharon. Se dice que algunos se le juntaron y creyeron. Quizá en otros el primer rechazo dejó lugar luego a la reflexión. Quizá más tarde cambiaron de actitud. De hecho, la iglesia floreció en aquellas tierras, y aún hoy florece. 

      Lo que es claro es que, a la hora de evangelizar, la iglesia debe hacer el esfuerzo, como lo hizo Pablo, de adaptarse al lenguaje, al idioma, de los que escuchan. Nosotros no medimos los resultados como quien mide las ventas de una empresa porque no somos comerciales ni vendedores sino intermediarios respetuosos, facilitadores, que intentan allanar el camino para que cada persona se encuentre con el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.

Aristóbulo Llorente cmf