Anunciar el evangelio

1. A veces, el cristianismo es concebido, erróneamente, como milagrería o contemplación quimérica del cielo. Preocupan excesivamente los exorcismos diabólicos, las glosolalias y las sanaciones. No partimos de la proclamación del «evangelio» ni nos concentramos en el «mundo entero». Hemos distorsionado la «salvación» y la «condenación». Precisamente el evangelio de la Ascensión corrige estas desviaciones.

2. Cristo asciende, porque ha descendido; se transfigura, porque ha sido desfigurado. La Ascensión no es un hecho histórico constatadle: es objeto de fe. Es final de una etapa y comienzo de otra definitiva. Jesús deja de ser visible bajo una determinada forma de manifestación y se hace presente en unos nuevos «signos», a los que precede la evangelización y la entrada en la comunidad nueva.

3. La Iglesia y los cristianos recibimos la misión de Jesús muerto, resucitado y ascendido a los cielos. Es misión de fe, de crecimiento comunitario, de transformación de la creación.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Llevamos a cabo los cristianos la misión de Jesús?

Casiano Floristán