II Vísperas – Ascensión del Señor

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: RETORNA VICTORIOSO.

Retorna victorioso
la cruz en mano enhiesta como un cetro,
como la llave que abre el paraíso;
y a su lado retornan los cautivos
vuelto en gozo las lágrimas y el duelo:
¡Jesús entra en el cielo!

Vuelve el Esposo santo;
el hijo más hermoso de la tierra
regresa coronado de su viaje,
y la Iglesia, la Esposa de su sangre,
lo acompaña radiante de belleza:
¡Jesús entra en el cielo!

Alzad vuestra esperanza,
porque ha quedado el áncora clavada;
si la tormenta agita el oleaje,
no se agite la fe del navegante,
que en la ribera Cristo nos amarra:
¡Jesús entra en el cielo!

El Padre Dios se goza
porque descansa el Hijo en su regazo
al retorno triunfal de la pelea;
goce la Iglesia, goce en su Cabeza,
y alabe por los siglos a su Amado:
¡Jesús entra en el cielo!. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre. Aleluya.

Ant 2. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Aleluya.

Salmo 46 – ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

El nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
El nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. Aleluya.

Ant 3. Ya ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él. Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ya ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 3, 18. 21b-22

Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conduciros a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Lo que actualmente os salva no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Jesucristo, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. Subo a mi Padre y a vuestro Padre. Aleluya, aleluya.
R. Subo a mi Padre y a vuestro Padre. Aleluya, aleluya.

V. A mi Dios y a vuestro Dios.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Subo a mi Padre y a vuestro Padre. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh Rey de la gloria, Señor del universo, que hoy asciendes triunfante al cielo: No nos dejes huérfanos, envía hacia nosotros la promesa del Padre, el Espíritu de verdad. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Rey de la gloria, Señor del universo, que hoy asciendes triunfante al cielo: No nos dejes huérfanos, envía hacia nosotros la promesa del Padre, el Espíritu de verdad. Aleluya.

PRECES

Aclamemos, alegres, a Jesucristo, que se ha sentado hoy a la derecha del Padre, y digámosle:

Cristo, tú eres el rey de la gloria.

Rey de la gloria, que has querido glorificar por medio de tu cuerpo la fragilidad de nuestra carne, elevándola hasta la gloria del cielo,
purifícanos de toda mancha y devuélvenos nuestra antigua dignidad.

Tú que por amor descendiste hasta nosotros,
haz que también nosotros por amor subamos hasta ti.

Tú que prometiste atraer a todos hacia ti,
no permitas que nosotros seamos apartados de la unidad de tu cuerpo.

Tú que nos has precedido al cielo en tu ascensión gloriosa,
haz que te sigamos ahí con nuestro corazón y nuestra mente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ya que te esperamos como Dios, juez de todos los hombres,
haz que un día podamos contemplarte en tu gloria y majestad, junto con nuestros hermanos difuntos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, rebosar de alegría al celebrar la gloriosa ascensión de tu Hijo, y elevar a ti una cumplida acción de gracias, pues el triunfo de Cristo es ya nuestra victoria y, ya que él es la cabeza de la Iglesia, haz que nosotros, que somos su cuerpo, nos sintamos atraídos por una irresistible esperanza hacia donde él nos precedió. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Id y proclamad el evangelio

Querido amigo: Hoy nos vamos al Monte de Galilea. Allí vamos a presenciar la última aparición de Jesús, una aparición que no es como las otras; Jesús va desapareciendo poco a poco y lentamente, no lo hace de repente. Tú y yo en este encuentro nos vemos marcados por esta gran solemnidad de la Ascensión, que es una llamada a la esperanza, al amor de Jesús, que se va, pero que permanece con nosotros, y una llamada fuerte al compromiso de misión. Vamos a escucharlo como nos lo narra Marcos en el capítulo 16, versículo 15 al 20. Lo escuchamos con toda atención, oímos lo que nos dice Jesús y les dice a sus discípulos en estos momentos últimos de su subida hacia el Padre:

Por último, se apareció a los once y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Quien crea y sea bautizado, se salvará, pero quien no crea, se condenará. A los que crean, acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, tomarán serpientes y si beben algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados”. Así, el SeñorJesús, después de hablar con ellos, se elevó al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos partieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor, y confirmando su palabra con las señales que la acompañaban.

Después de oír la narración tan gráfica que nos cuenta el Evangelista, entramos ya en nuestro encuentro y empezamos a meternos y ver cómo Jesús les habla… y me habla… y les dice… y se despide… y nos envía. Jesús ha pasado la muerte y ha pasado la resurrección, ha preparado a sus discípulos, me ha preparado a mí, y ya comienza una nueva etapa: una etapa de testigos, de testigos de la misión, de lo que Él realizó. Y esta etapa la hace cuando Él ya es glorificado, después de haber sido humillado tanto, cuando Él ha compartido nuestra suerte, cuando Él ha compartido nuestra vida. Por una parte nos da pena: se va ya Jesús… Pero no se aleja, Él va a estar siempre con nosotros. Nos lo ha dicho más de una vez: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Y esto nos llena de esperanza y nos llena de ilusión, porque no estamos solos, porque nuestro trabajo está siempre acompañado de su presencia, y nos llena de muchísima alegría también porque sabemos que en medio de nuestra vida Él siempre va a estar con nosotros.

Este encuentro, Jesús, conforme vas hablando y conforme te vas elevando, esa tristeza se me convierte en esperanza: sé que vas a entrar en el Reino de tu Padre, pero Tú vas a estar con nosotros y nos vas a llevar y vas a ascender, pero nos vas a dar una nueva vida. Pienso muchas veces en las faltas de esperanza que yo tengo, en los días sin ilusión, sin fuerza, sin alegría, sin valor. Pienso en la experiencia triste de estar solo sin darme cuenta de que Él está a mi lado. Pienso en estos días oscuros en que Tú estás pero yo no te veo. Por eso hoy, en este encuentro, en esta festividad, en este momento que estamos ahí viéndote cómo estás y subes, te pido mucha esperanza. Y cuando yo me sienta triste, que Tú me des esa alegría de tu esperanza. Que cuando yo [esté así] recite ese himno tan precioso que rezamos y que a mí, cada vez que lo rezo me impresiona y me emociona. Y te lo digo hoy en este encuentro con todo el corazón y con toda el alma. Te invito, amigo mío, a repetirlo conmigo:

Estate, Señor, conmigo siempre,
sin jamás partirte, y, cuando decidas irte,
llévame, Señor, contigo;
porque el pensar que te irás me causa un terrible miedo
de si yo sin ti me quedo, de si Tú sin mí te vas.

Llévame en tu compañía, donde Tú vayas, Jesús,
porque bien sé que Tú eres la vida del alma mía;

si Tú vida no me das, yo sé que vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo, ni si Tú sin mí te vas.

Por eso, más que a la muerte, temo, Señor, tu partida
y quiero perder la vida mil veces más que perderte;
pues la inmortal que Tú das sé que alcanzarla no puedo
cuando yo sin ti me quedo, cuando Tú sin mí te vas.

Precioso himno de añoranza, de súplica a un Jesús que está con nosotros, peroque no le vemos: “¡Estate, Señor, conmigo!”. Hoy le decimos a Jesús conforme leestamos viendo subir lentamente hacia su Padre, hacia su glorificación definitiva, ledecimos: “Estate, Señor, conmigo… No te vayas… Estate, Señor, conmigo”.

Pero a mí me pasa como a los discípulos, hoy, que se quedan mirando al cielo ahí… y tenemos que oír esas voces de esos ángeles que dicen: “Varones de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?”. Jesús ya no está ahí, Jesús ya está en la vida terrena, está en el trabajo, está en la misión. No, ya tenéis una misión nueva, ya tenéis una etapa nueva. Sí, hay que mirar al cielo, elevar todo, pero hay que empezar la misión:“ ¡Id y proclamad!”. Dos mandatos que en este encuentro los oigo profundamente de Jesús: “Id y proclamad el Evangelio”. Es necesario que yo proclame el Evangelio, es necesario que lo diga y que lo publique. El mundo necesita ser conocido de Jesús, el mundo necesita eso y Tú me lo vienes a recordar hoy. Esta festividad es un recordatorio fuerte y una exigencia para la misión. Necesito superar esa dificultad, esos miedos, ese caer en la tentación de centrarme en mí misma, esa manera de hablar distorsionando el proyecto tuyo. El mundo necesita que proclamemos y que vayamos sin miedo y con todo, porque somos los elegidos y somos elegidos para dar fruto. Nosotros tenemos también que comenzar esta etapa, y esta fiesta es un impulso para inaugurar el tiempo del compromiso, el tiempo del testimonio. ¡Fuera las desilusiones, fuera los cansancios, fuera todo! ¡Tenemos que pedirle a Jesús que publiquemos su amor por donde vayamos!

Y tenemos que publicarlo en medio de este mundo, porque Él nos dice las señales que vamos a tener en esa proclamación de su Buena Noticia al mundo entero:“Id y anunciad esa Buena Noticia. Vosotros sois el anuncio de la liberación por dondevayáis. Tenéis que quitar tantos demonios… Quitaréis demonios, hablaréis lenguasnuevas… El demonio de la ambición, de la violencia, del desamor, de la soledad, detantos… tantos…”. Y nos dará unas lenguas nuevas y romperemos barreras y nos comunicaremos con facilidad y sanaremos, porque Él nos llena de las señales de la liberación que son el amor y la vida. Y nos ayuda y nos acompaña en proclamar esta Buena Noticia —que son las señales de la liberación de la vida—. Y decir que Él es el Señor de todo y que Él es el Señor de la vida y que Él es el Amor, porque todo todo todo procede de su amor.

También en este encuentro me viene a la memoria aquel poema que tantas veces hemos leído, trabajado… este poema tan bello de Fray Luis de León: la Oda a la Ascensión. ¡Cómo me gusta recordarla!

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro, en soledad y llanto?
Y Tú, rompiendo el puro
aire, ¿te vas al inmortal seguro?

¿A dónde volverán ya sus sentidos? ¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura, que no les sea enojos?
Quien gustó de tu dulzura,
¿qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto al fiero viento, airado,
estando Tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

¡Ay!, nube, envidiosa
aún deste breve gozo, ¿qué te quejas? ¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

Fray Luis de León comprendió muy fuerte la Ascensión, pero la comprendió en un sentido de añoranza, y esta fiesta es una fiesta de la alegría, y este encuentro es un encuentro de la alegría, un encuentro en que Jesús nos dice: “Ya no estéis tristes. Mirad, habéis empezado una nueva etapa. No, no tengáis miedo, id, venga, ya esta etapa es salir fuera…, pero mira, siempre mirando al cielo”. El corazón y la mente en el cielo y la acción en la tierra. Como Él: mirar hacia arriba. Pero no quedarnos ahí, sino trabajar.

Bien, Jesús, este encuentro es para petición, para alegría, para esperanza, para ilusión y para cuestionarnos cómo es nuestra misión, qué remanente lleva, qué ambiente, qué cobertura tiene: ¿miedos, desilusiones, esperanzas? Muchas veces me quedo mirando al cielo viéndote subir. Pero yo te pido más de una vez: ¡llévame en tu compañía! Y quiero bajar del monte así, para dar testimonio de tu resurrección, de tu Buena Noticia. No me quiero quedar mirando al cielo, quiero pisar el suelo y anunciar que Tú eres amor y que Tú nos llevas siempre contigo, y que Tú estás siempre a nuestro lado. Me quedo pensando en mi esperanza, en mis desilusiones, y se las elevo, se las doy a Él para que se las lleve para arriba.

Y también pienso en mi compromiso. Resuena como un retintín: “Id al mundoentero… Vete al mundo y proclama la Buena Noticia, no te quedes ahí, que aunque seas como una humilde lamparilla puesta sobre el candelero, tienes que alumbrar y tienes que transmitir la Buena Noticia”. Yo, aunque sea así, Jesús, quiero que me quites todos estos miedos, que me asciendas también Tú arriba contigo y que mi vida sea un compromiso de entrega, de misión y de fuerza. Que yo te lleve a todas las partes donde yo pueda. Gracias, Jesús, por tu presencia, gracias porque nunca me vas a dejar. Dame ánimo, que me infunda fuerza, que sienta que Tú estás siempre en lo profundo de mi corazón, que sepa llevar tu mensaje, tu vida contra toda desilusión, y que sepa ir por el mundo proclamando la Buena Noticia. El mundo, la sociedad me necesita. Yo no puedo justificarme con ninguna dificultad, porque sé que Tú estás conmigo. Ayúdame, Señor, llévame Señor contigo, no me dejes aquí. Gracias Jesús por tu Ascensión, por tu presencia, por tu fuerza para proclamar el Evangelio.

En silencio me comprometo en mi pobreza, en mi debilidad, a ser testigo, a proclamar, como pueda, con gestos, con mis acciones, con mi testimonio, proclamar que Tú eres el gran Señor y que Tú eres la Buena Noticia. Gracias, Señor. “¿Qué hacéis, varones, mirando al cielo?”. Que yo no me quede así, que baje para proclamarte, dispuesta a testimoniar tu amor con alegría, con fuerza y con ilusión, pero siempre contigo a tu lado. Gracias, Señor.

Francisca Sierra Gómez

Solemnidad de la Ascensión

Jesús da a sus Apóstoles el mandamiento de ir a proclamar la Buena Nueva a la creación en su totalidad (en griego pasè tè ktisi). La expresión no sido escogida al azar. No dice “a todas las naciones” o “a toda la humanidad”, como le hacen decir algunas traducciones, sino simplemente “a toda la creación”. Acaso nos de alguna luz el colocar en paralelo este texto con el de la Carta a los Romanos, texto en el que dice Pablo que no hemos recibido un espíritu de servidumbre sino el Espíritu que hace de nosotros hijos adoptivos de Dios, a lo que añade él que la creación en su totalidad gime en medio de dolores de parto, esperando también ella la plenitud de la revelación.

Cuando la euforia de los descubrimientos científicos ha conducido a la humanidad a tratar con arrogancia y con irresponsabilidad no pocas veces al conjunto de la creación material, incluido en ésta el mundo animal, hasta el punto de poner en peligro el equilibrio ya que no el futuro del universo, no está de más el volver a escuchar este mensaje que nos dice que la Buena Nueva que los discípulos de Jesús han de predicar se dirige no únicamente a unos cuantos privilegiados, no únicamente a la humanidad, sino al conjunto de la creación. En realidad, todo el Nuevo testamento nos muestra la encarnación del Hijo de Dios como una nueva creación, como el comienzo de la vuelta a la armonía de los comienzos de los hombres, tanto entre si como con el cosmos en totalidad y con Dios.

Tal es su duda alguna también el sentido de los signos que han de acompañar según Jesús a quienes van a recibir esta buena nueva: cogerán serpientes en sus manos, beberán venenos sin que nada de esto les haga mal alguno; el mero hecho de tocar a los enfermos les devolverá la salud, y sobre todo expulsarán los espíritus malignos y hablarán una lengua nueva que puedan todos entender. No se trata en todo esto de “milagros” que tengan por finalidad el asombrar o el convencer. Se trata más bien del restablecimiento de la armonía inicial. El ser humano se halla ligado por todas las fibras de su ser al conjunto del cosmos. La armonía entre él y Dios no puede ser restablecida sin que sea restablecida la armonía entre él y toda la naturaleza creada.

Esa misma enseñanza la hallamos en el pasaje de la Carta de Pablo a los Efesios que tenemos hoy como segunda lectura. Pablo recomienda a los Cristianos de Éfeso que iban en una unidad entre ellos; “…con mucha humildad, dulzura y paciencia, soportaos mutuamente unos a otros con amor; tratad de conservar la unidad en el Espíritu por el vínculo de la paz”. Y explica que el fundamento de esta unidad se halla en el hecho de que todos hemos recibido la misma gracia, por Cristo “que ha bajado hasta lo más bajo en la tierra” y que “ha subido hasta lo más alto de los cielos para colmar todo el universo”.

Una vez que ha dado Jesús su mensaje a los Apóstoles, y que ha desaparecido de su mirada en una nube, prosiguen éstos inmóviles mirando fijamente en la dirección a donde ha marchado. Dos ángeles los devuelven entonces a la realidad: “¿Por qué seguís ahí mirando al cielo?”. Los Apóstoles han comprendido lo que les ha sido dicho y marchan a difundir por doquier la Buena Nueva. Buena Nueva que se ha llegado hasta nosotros, de suerte que es ahora tarea nuestra el seguir difundiéndola por parte nuestra no sólo a toda la humanidad, sino sencillamente a toda la creación.

Vivimos en un mundo en que las “malas noticias” llenan toda la prensa; destrucciones masivas en el curso de conflictos armados, o como consecuencia de seísmos naturales que se han hecho más mortíferos debido a construcciones inadecuadas, o como consecuencia de una gestión irresponsable de los recursos naturales y del mundo animal – y en un mundo en el que abundan al mismo tiempo las falsas buenas noticias que ofrecen paraísos efímeros y superficiales. En este mundo es deber nuestro, como discípulos que somos de Jesús de Nazaret, el hacer presente su Buena Nueva por una vía de armonía con Él, entre nosotros, con los humanos de todas las razas, culturas y religiones así como con el conjunto del cosmos.

A. Veilleux

Ascensión del Señor

Está demostrado que el evangelio de Marcos termina en 16, 8. Por tanto, Mc 16, 9-20 son conclusiones añadidas posteriormente a este evangelio. Así lo demuestran los códices más autorizados. No se sabe con seguridad cuándo – se añadieron estas “conclusiones secundarias” del evangelio de Marcos. Este relato, por tanto, no es auténtico.

La Ascensión del Señor es la fiesta de la exaltación de Cristo al cielo. Jesús es entronizado a la derecha de Dios. Además, cuando se lee este evangelio en la misa, esta fiesta se ve también como la exaltación del cristianismo, que aquí se nos presenta como:

1) La única religión que salva.

2) La religión universal.

3) La religión que tiene poderes sobrehumanos, ya que ni las enfermedades, ni las serpientes, ni los venenos pueden amenazar a sus fieles.

Ahora bien, ni podemos saber qué significa eso de sentarse a la derecha de Dios. Ni el cristianismo es la única religión universal. Ni los cristianos poseen los poderes sobrehumanos que aquí se mencionan. Y en cuanto a que no haya salvación fuera del cristianismo, la teología actual no está de acuerdo con tal afirmación.

La exaltación de Jesús no puede presentarse de forma que dé pie a pensar que Jesús se aleja para siempre de este mundo y, menos aún que Jesús se diviniza hasta tal punto que, por eso mismo, nos resulta menos humano. Todo lo contrario: la exaltación de Jesús es, y debe ser, la más entrañable humanización suya. Y también la nuestra.

José María Castillo

13 de junio – Sagrado Corazón

LA LANZADA

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas que, al presentarte el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

CONSIDERACIÓN DEL DÍA

Lanzada contra el Corazón de Cristo es la impiedad, el desprecio que se hace de las cosas sagradas; la burla y el sarcasmo contra las mismas; la negación de las verdades y doctrinas de Jesús.

 

LETANÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre Eterno, Dios de los cielos, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Pa­dre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Al­tísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están to­dos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eter­nos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de mu­cha misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de opro­bios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, perforado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda con­solación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, perdónanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, escúchanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y sa­tisfacciones que te dio en nombre de los pecadores, y concede propicio el perdón a los que imploran tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que tus santos misterios infundan en nosotros el fervor divino, con el que, recibida la bondad de tu dulce Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por siglos infinitos. Amén.

Virgen digna de veneración. Virgen digna de alabanzas

– Oración a María

Querida Madre.
Acompáñame todos los días.
Ayúdame a portarme bien
y ser un buen hijo, servicial y atento
para lo que necesiten mis papás.
Quiero ser un buen hermano,
que no discuta ni me pelee tan fácil
por cosas que no son importantes.
Dame una manito en las cosas de la escuela
y ayúdame a tener siempre
una sonrisa para todos los que me rodean.
Ayúdame a vivir haciendo el bien,
como le enseñaste a tu hijo Jesús.
Ayúdame a ser como El y quererle con el alma y la vida.

– Le cuento a la Virgen

VIRGEN DIGNA DE VENERACIÓN, VIRGEN DIGNA DE ALABANZAS. Me mandaron a bañar no sé por qué si ayer me bañé, bueno, mientras me bañaba me puse a cantarte una canción de mi propia inspiración, la compuse bajo el agua, mi hermana comenzó a dar golpes en la puerta para que saliera, ¿quién entiende a Carmela, primero que me bañe y después que salga rápido? Parece que me tardé más de la cuenta porque mis dedos están arrugados, pero es que tú mereces que te digan los más bellos piropos de este mundo y del otro también y que te alaben y feliciten hasta en el último pueblito del planeta y fuera del planeta también, porque te lo ganaste. Mi abuela dice que mi voz va a ser más bonita con el tiempo, pero que segurito que a ti te gustó mi canción. Si me descuido hasta los ángeles me copian la letra, pero si es para cantarle a María se la doy con gusto.

– Le pido por todos

– Felicitaciones Virgen María por ser la Madre de Dios

– Te pido por todos los niños que no pueden decirte cosas bonitas porque no te conocen. 

– Enséñanos a rezar con todo nuestro corazón. Te mereces todas las alabanzas del mundo y los piropos más bellos.

–  Pienso y rezo

Ahora cierro los ojos y el corazón para pensar y rezar un misterio del Rosario que corresponda al día de hoy. 1 Padrenuestro, 10 Avemarías y el gloria.

Ecclesia in Medio Oriente

52. La vida consagrada, contemplativa y apostólica, es una profundización de la consagración bautismal. En efecto, los monjes y monjas buscan seguir a Cristo de manera más radical mediante la profesión de los consejos evangélicos de obediencia, castidad y pobreza[48]. La entrega sin reservas de sí mismos al Señor, y su amor desinteresado por todos los hombres, dan testimonio de Dios y son verdaderos signos de su amor por el mundo. Vivida como un don precioso del Espíritu Santo, la vida consagrada es un apoyo irremplazable para la vida y la pastoral de la Iglesia[49]. En este sentido, las comunidades religiosas serán signos proféticos de la comunión en sus iglesias y en el mundo entero en la medida en que estén realmente fundadas en la Palabra de Dios, la comunión fraterna y el testimonio de la diaconía (cf. Hch 2,42). En la vida cenobítica, la comunidad o el monasterio tienen por vocación el ser lugar privilegiado de la unión con Dios y la comunión con el prójimo. Es el lugar donde la persona consagrada aprende a caminar siempre desde Cristo[50], para ser fiel a su misión con la oración y el recogimiento, y ser para todos los fieles un signo de la vida eterna, que ya ha comenzado aquí (cf. 1 P 4,7).


[48] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 44; Id., Decr. Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, 5; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Vita consecrata (25 marzo 1996), 14, 30: AAS 88 (1996), 387-388; 403-404.

[49] Cf. Propositio 26.

[50] Cf. Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, Instruc. Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio (19 mayo 2002): L’Osservatore Romano, ed. en lengua española (26-28 junio 2002), 5-14.

Lectio Divina – 13 de mayo

Lectio: Domingo, 13 Mayo, 2018

“¡Id por todo el mundo llevando la Buena Noticia!”
¡El está vivo entre nosotros!
Marcos 16,9-20

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Una clave de lectura:

La liturgia de esta fiesta de la Ascensión nos pone delante una escena en la que Jesús se aparece a los discípulos y les confiere la misión de ir por el mundo entero, para anunciar la Buena Noticia. El texto del Evangelio de Marcos (Mc 16, 9-20) es la parte final del apéndice. Durante la lectura del texto pongamos atención en este punto: “¿A quiénes se aparece Jesús, cuáles son los diversos aspectos de la misión y cuáles los signos de su presencia en la comunidad?”

b) Una división del texto para ayudar en la lectura:

Marcos 16, 9-11: Jesús se aparece a María Magdalena
Marcos 16, 12-13: Jesús se aparece a dos discípulos
Marcos 16, 14-18: Jesús se aparece a los Once y les confiere la misión
Marcos 16, 19-20: Jesús sube al cielo delante de los discípulos.

c) El texto:

9 Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. 11 Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron.
12 Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. 13 Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.
14 Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. 15 Y les dijo: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Marcos 16,9-2017 Estos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.”
19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que os ha gustado más y que ha llamado vuestra atención? ¿Por qué?
b) ¿Quiénes son las personas a las que Jesús se aparece y cómo reaccionan?
c) En el texto que hemos leído ¿quién tiene más dificultades para creer en la resurrección?
d) San Pablo dice: “Con Jesús Dios también nos ha resucitado y nos ha sentado en los cielos ” (Ef 2,6). ¿De qué modo esta afirmación nos ayuda a comprender mejor el significado de la Ascensión?
e) ¿Cuáles son los signos de la presencia de Jesús en las comunidades? ¿Cuál es el significado de cada signo?
f) ¿Cuáles son, hoy, los signos que convencen mejor a las personas de la presencia de Jesús en medio de nosotros?

5. Una clave de lectura

para profundizar en el tema.

i) El contexto:

El apéndice del evangelio de Marcos ofrece una lista de apariciones de Jesús (Mc 16, 9-20). Hay otras listas, pero no siempre coinciden. La lista conservada por Pablo en la carta a los Corintios es muy diferente (1Cor 15,3-8). Esta variedad muestra que, al principio, los cristianos no se preocupaban de describir o probar la resurrección. Para ellos la fe en la resurrección era de tal manera vívida y evidente, que no había necesidad de dar alguna prueba. Las mismas comunidades, existiendo y resistiendo en medio de tantas contrariedades y persecuciones del Imperio romano, eran una prueba viva de la verdad de la resurrección.

ii) Comentario del texto:

a) Marcos 16,9-11: Jesús se aparece a María Magdalena, pero los otros discípulos no la creyeron.
Jesús se aparece primero de todo a María Magdalena y ella va y lo anuncia a los otros. Para venir al mundo Dios quiere depender del sí de María de Nazareth (Lc 1,38). Para ser reconocido como el Viviente en medio de nosotros, quiere depender del anuncio de María Magdalena que había sido liberada de siete demonios.
Marcos dice que Jesús se apareció ante todo a María Magdalena. En esto está de acuerdo con los otros tres evangelistas. (cfr Mt 28, 9-10; Jn 20,16; Lc 24, 9-11). Pero en la lista de las apariciones transmitida por la Carta a los Corintios (1Cor 15, 3-8), no existen apariciones a mujeres. Los primeros cristianos tuvieron dificultad en creer los testimonios de las mujeres.

b) Marcos 16, 12-13: Jesús aparece a dos discípulos
Esta narración de la aparición a los dos discípulos que iban de camino y se dirigían al campo es una probable alusión al episodio de la aparición de Jesús a los discípulos de Emaús, que al regreso, compartieron su experiencia de la resurrección con los Once y sus compañeros” (Lc 24, 33-34). Sólo que en Marcos, diversamente de lo que afirma Lucas, los otros no creyeron al testimonio de los dos.

c) Marcos 16,14: Jesús reprende la incredulidad de los Once
Aparece finalmente a los once discípulos reunidos a la mesa y les reprende su incredulidad por cuanto no habían creído a las personas que lo habían visto resucitado. Por tercera vez, Marcos se refiere a la resistencia de los discípulos a creer en el testimonio de aquéllos o aquéllas que han experimentado la resurrección de Jesús. ¿Cuál puede ser el motivo de esta insistencia de Marcos al mencionar la incredulidad de los discípulos? Probablemente para enseñar dos cosas. Primero, que la fe en Jesús resucitado pasa por la fe en las personas que dan testimonio de ello. Segundo, que ninguno debe perder el ánimo, cuando la duda o la perplejidad nacen en el corazón. ¡Incluso los Once tuvieron dudas!

d) Marcos 16, 15-18: Los signos que acompañan el anuncio de la Buena Noticia
En seguida Jesús confiere la misión de anunciar la Buena Noticia a todas las criaturas. La exigencia que Él pone para quien quiere ser salvo es ésta: creer y ser bautizado. A los que tienen el valor de creer en la Buena Noticia y se hacen bautizar, Él promete estos signos: (1) expulsarán los demonios, (2) hablarán nuevas lenguas, (3) tomarán en las manos las serpientes, (4) beberán cualquier ponzoña y no les dañará, (5) impondrán las manos a los enfermos y éstos curarán. Estos signos se dan aun hoy:
* expulsar los demonios: es combatir el poder del mal que estrangula la vida. La vida de muchas personas ha mejorado desde el momento en que entraron en comunidad y empezaron a vivir la Buena Noticia de la experiencia de Dios. Participando en la vida de la comunidad, echan el mal de sus vidas.
* hablar nuevas lenguas: es comenzar a comunicarnos con los otros de modo nuevo. A veces encontramos una persona que nunca la habíamos visto antes, pero sucede como si ya la conociésemos de mucho tiempo. Es porque hablamos la misma lengua, la lengua del amor.
* tomar en las manos las serpientes y tomar el veneno: hay muchas cosas que envenenan la convivencia. Muchas habladurías que arruinan la relación entre las personas. Quien vive la presencia de Dios sabe superar esto y no es molestado por este veneno mortífero.
* curar los enfermos: en cualquier lugar en el que aparezca una conciencia más clara de la presencia de Dios, aparece también una especial atención a las personas excluídas y marginadas, sobre todo a los enfermos. Lo que más favorece la salud es que la persona se sienta acogida y amada.

e) Marcos 16, 19-20: A través de la comunidad Jesús continúa su misión
Aquel Jesús que allá en la Palestina acogía a los pobres, revelándoles el amor del Padre, ahora es el mismo Jesús que continúa presente entre nosotros, en nuestras comunidades. A través de nosotros, Él continúa su misión de revelar la Buena Noticia del amor de Dios a los pobres. Hasta hoy, la resurrección se continúa. Ningún poder de este mundo es capaz de neutralizar la fuerza que promana de la fe en la resurrección (Rom 8, 35-39). Una comunidad que quiere ser signo de la resurrección debe ser signo de vida, debe luchar contra las fuerzas de muerte, para que el mundo sea un lugar favorable a la vida, debe creer que otro mundo es posible. Sobre todo en aquellos lugares donde la vida del pueblo está en peligro por causa del sistema de muerte allí impuesto, las comunidades deben ser una prueba viva de la esperanza que vence al mundo, ¡sin temor a ser felices!

iii) Ampliando informaciones sobre el Evangelio de Marcos – Las sorpresas de Dios:

Desde el principio del Evangelio de Marcos la exigencia era ésta: “¡El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca! Convertíos y creed en el evangelio”. Esta exigencia inicial de conversión y de fe indica la puerta, a través de la cual tenemos acceso a Jesús y a la Buena Noticia de Dios que Él nos trae. No hay otra entrada. La fe exige creer en Jesús, en su Palabra, aceptarlo sin imponer condiciones. Estamos invitados a no encerrarnos en ningún nombre o título, doctrina o costumbre, y mantened siempre abiertos los ojos a las sorpresas de Dios, que piden una conversión constante. Los nombres y títulos, las doctrinas y costumbres, las devociones y plegarias, son como la tarjeta que llevamos sobre el pecho para la identificación. La tarjeta es importante, porque nos ayuda y orienta cuando queremos encontrar a una persona que buscamos. Pero cuando se encuentra, no se mira ya a la tarjeta, ¡sino el rostro! La persona que buscamos, cuando luego la encontramos , casi siempre es diferente de la idea que nos habíamos hecho de ella. ¡El encuentro siempre reserva estas sorpresas! Sobre todo el encuentro con Dios en Jesús. A lo largo del evangelio de Marcos las sorpresas de Dios son muchas, y vienen de donde menos se esperan:
* de un pagano que da una lección a Pedro, porque reconoce la presencia de Dios en el crucificado (Mc 15,39);
* de una pobre viuda que ofrece lo poco indispensable que tiene para compartirlo con los otros (Mc 12,43-44);
* de un ciego que gritando molesta a los discípulos y ni siquiera tiene una doctrina cierta (Mc 10, 46-52);
* de los pequeños que viven marginados, pero creen en Jesús (Mc 9,42);
* de los que usan el nombre de Jesús para combatir el mal, pero no son de la “Iglesia” (Mc 9,38-40);
* de una mujer anónima, que escandaliza a los discípulos por su manera de obrar (Mc 14,3-9);
* por un padre de familia a quien obligan a llevar la cruz y se convierte en discípulo modelo (Mc 15,21);
* de José de Arimatea que lo arriesga todo y pide el cuerpo de Jesús para poder sepultarlo (Mc 15, 43);
* de las mujeres que, en aquel tiempo, no podían ser testigos oficiales, pero son ellas las escogidas por Jesús como testigos cualificados de su resurrección (Mc 15,40.47; 16,6. 9-10)

Resumiendo: Los doce discípulos, llamados de modo particular por Jesús (Mc 3, 13-19) y por Él enviados a la misión (Mc 6,7-13), fallan. Pedro renegó (Mc 14, 66-72), Judas lo traicionó (Mc 14, 44-45) y todos huyeron (Mc 14,50). Pero precisamente en el fallo aparece la fuerza de la fe de los otros que no hacían parte del grupo de los doce elegidos. La comunidad, la Iglesia, debe tener una conciencia bien clara que ella no es la propietaria de Jesús y ni siquiera posee todos los criterios de la acción de Dios entre nosotros. Jesús no es nuestro, pero nosotros, la comunidad, la Iglesia, somos de Jesús, y Jesús de Dios. (1Cor 3,23) ¡La más grande de todas las sorpresas es la resurrección!

6. Salmo 27 (26)

El valor que nace de la fe

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Cuando me asaltan los malhechores
ávidos de mi carne,
ellos, adversarios y enemigos,
tropiezan y sucumben.

Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no teme;
aunque estalle una guerra contra mí,
sigo confiando.

Una cosa pido a Yahvé,
es lo que ando buscando:
morar en la Casa de Yahvé
todos los días de mi vida,
admirar la belleza de Yahvé
contemplando su templo.

Me dará cobijo en su cabaña
el día de la desgracia;
me ocultará en lo oculto de su tienda,
me encumbrará en una roca.
Entonces levantará mi cabeza
ante el enemigo que me hostiga;
y yo ofreceré en su tienda
sacrificios de victoria.
Cantaré, tocaré para Yahvé.

Escucha, Yahvé, el clamor de mi voz,
¡ten piedad de mí, respóndeme!
Digo para mis adentros:
“Busca su rostro”.
Sí, Yahvé, tu rostro busco:
no meocultes tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
Yahvé me acogerá.
Señálame, Yahvé, tu camino,
guíame por senda llana,
pues tengo enemigos.

No me entregues al ardor de mis rivales,
pues se alzan contra mí testigos falsos,
testigos violentos además.
Creo que gozaré
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Ascensión del Señor

¿Mirar hacia arriba o mirar hacia abajo?

«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?».

En una palabra: ¿estar con la nariz vuelta hacia arriba, o apuntar los ojos en dirección de la tierra? Aun admitiendo que no existe el riesgo de que los hombres de nuestro tiempo miren demasiado hacia arriba, de todos modos esa es una falsa alternativa.

En efecto, al Señor no lo encontramos entre las nubes (los primeros astronautas nos han quitado toda duda al respecto). Lo descubrimos presente en la tierra. Es inútil ya esperarse apariciones de lo alto. Las apariciones vienen de abajo. Los cielos se han abierto de una vez para siempre y ha descendido el Salvador. Pero ahora, aunque aparentemente ha consumado su vuelta al cielo, la tierra es la que tiene que abrirse bajo nuestros ojos atónitos, para que nosotros logremos descubrirlo en sus infinitos disfraces.

El párroco, tomando inspiración de la frase «no os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado», o sea, la venida del don del Espíritu, ha aludido a la obligada, larga preparación a la que los candidatos al sacerdocio deben someterse antes de iniciar su misión que ha de continuar, en la Iglesia, la de Cristo.

Yo, mentalmente, he hecho dos precisiones. Ante todo: ¿cuándo se puede decir que un cura está preparado? ¿cuando ha terminado sus estudios en el seminario, o cuando ha recibido la «fuerza del Espíritu santo»? O sea: ¿preparación escolar o experiencia del Espíritu?

Y luego: ¿la cosa se refiere exclusivamente al llamado periodo de formación, o afecta también a la vida del apóstol, por lo que, en ella, deberían existir regulares «tiempos de espera», en soledad, oración, contemplación?

Necesitamos también curas «inactivos», que antes de moverse y correr sepan pararse largo tiempo a meditar, que antes de hablar estén a la escucha, que antes de dirigirse a los hombres presten atención a Dios.

El obispo Tonino Bello ha acuñado una fórmula bellísima: hay que ser contemplactivos (con ct).

Es interesante también la respuesta que Jesús da a los apóstoles curiosos de saber si ese era el tiempo en el que finalmente se realizaría su sueño del Reino. He ahí la réplica seca: «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad». Como diciendo que a los discípulos se les han asignado tareas, se les han dado instrucciones acerca de la misión a ellos confiada, pero no se les dan informaciones acerca de los vencimientos. En el equipaje de los «enviados» no cabe un calendario.

A pesar de esto, hoy aparece gente que dice conocer el vencimiento fatídico. Y desgraciadamente muchos lo creen y toman en serio esas patrañas.

¿Materiales superados?

Para la segunda lectura, el cura ha elegido el principio del capítulo cuarto de la Carta a los cristianos de Efeso, deteniéndose de manera particular en la primera frase: «Hermanos: yo, el prisionero por amor al Señor, os ruego que os comportéis como corresponde a la vocación a la que habéis sido llamados. Sed humildes, amables y pacientes. Soportaos los unos a los otros con amor. Mostraos solícitos en conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu».

Un inciso: ¡Sería hermoso, también hoy, recibir una carta de un cardenal, de un obispo, o también de un simple sacerdote prisionero por el evangelio o por causa de la justicia!

El predicador ha dicho que Pablo proporciona los materiales para la construcción de la comunidad. Y ha formulado una pregunta precisa: «¿Según vosotros, estos materiales son válidos también hoy, y por tanto utilizables, o se han descubierto otros mejores?».

Personalmente no tengo dudas al respecto. Es verdad que algún maestro se hace la ilusión de que ha inventado fórmulas, tomadas quizás de los libros de sociología o de los textos de psicología (siempre, de todos modos, cosas de segunda mano), capaces de reemplazar la terapia sugerida por Pablo (como si hoy, para devolver salud y vida a la comunidad existiesen productos vitamínicos que en tiempos de Pablo, prisionero, y por tanto situado fuera del mundo, no existiesen).

Creo que esas fórmulas brillantes sólo sirven para embellecer la fachada (y para que haga un buen papel quien lo propone y los desprevenidos que las repiten). Pero no hay que dejarse engañar por las apariencias, por el barniz moderno y por el lenguaje usado con evidente complacencia.

Hay que entrar dentro de la casa. Y entonces se cae inmediatamente en la cuenta de si se han empleado o no esos ladrillos tradicionales pero insustituibles. Una cosa son las charlatanerías intelectualísticas, otra el estilo de vida comunitario.

Sí, todo puede parecer funcional. Pero hay que comprobar si las cosas «funcionan» en sentido evangélico.

Yo no me impresiono cuando algún doctorzuelo, provisto de barba bien arreglada más que de sabiduría genuina, sentencia que las sugerencias facilitadas por san Pablo para «convivir» de una manera satisfactoria, son cosas resabidas, y dadas por supuestas. Estoy convencido de que lo más necesario es volver a aprender las cosas que se saben. Y que las cosas parezcan «dadas por supuestas» no cuando se dicen, sino en el preciso instante en que se hacen.

Y si éste insiste en defender —como me ha sucedido oír una vez en una conferencia— que esas son soluciones «desilusionantes e inadecuadas para la complejidad de los problemas de hoy», alego que los problemas se vuelven complejos y complicados sólo porque lo deciden ciertos maestros malos, habilísimos para embrollar incluso los asuntos más simples.

Me parece, además, que en la lista de los ministerios redactada por Pablo (apóstoles, profetas, pastores, evangelistas, simples hermanos que han de resultar idóneos para llevar a cabo la tarea que se les asigne) falta uno: espectadores. Y decir que ese, para muchos de nosotros, es el papel preferido.

El versículo censurado

En cuanto al evangelio, refiriéndome a una lectura precedente (tengo la costumbre de leer en casa con tranquilidad los textos de la liturgia, antes de ir a la iglesia), sospeché que se había efectuado un corte abusivo. He ido a controlar y mis sospechas eran fundadas. En el texto propuesto por el leccionario existen omissis. Y no logro explicarme el porqué.

En efecto se ha omitido el versículo 14, considerado seguramente embarazoso. Lo reproduzco aquí: «…Se apareció a los once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón…».

Ahí está el hecho indudable de que Jesús envía por todo el mundo individuos todavía no curados de su incredulidad y dureza de corazón. No se despide de ellos con una caricia, sino con un reproche.

No sé si tengo que alegrarme o lamentarme por este detalle ciertamente no insignificante.

Parece, de todos modos, que ese reproche resulta saludable y, según mi modesto parecer, debería acompañar siempre a los apóstoles de todos los tiempos, especialmente a esos tan seguros de sí mismos y dispuestos a reconvenir exclusivamente a los otros.

A. Pronzato

Sigamos a nuestra cabeza

En los Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro en 2016, una atleta ganó la medalla de oro en los 400 metros lisos al tirarse de cabeza a la meta y ganar por sólo 7 milésimas de segundo. Esta atleta lo hizo porque el reglamento de la Asociación de Federaciones de Atletismo indica que Los participantes serán calificados en el orden en que cualquier parte de su tronco (y no la cabeza, el cuello, los brazos, las piernas, las manos o los pies) alcance el plano vertical del borde más próximo de la línea de llegada. Por tanto, lo que se toma en consideración a la hora de determinar al ganador son los hombros o el pecho; y ella, para conseguir que sus hombros cruzasen la línea de meta, se lanzó de cabeza. Y no ha sido la primera en hacerlo: han sido varios los atletas que han ganado medallas impulsando con fuerza la cabeza porque así fuerzan la entrada en la meta de los hombros, tronco y el resto del cuerpo.

Estamos celebrando la solemnidad de la Ascensión del Señor. Como hemos escuchado, Jesús… dio instrucciones a los apóstoles que había escogido movido por el Espíritu Santo y ascendió al cielo (1ª lectura). Jesús ha cumplido ya la voluntad salvífica del Padre y ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios (Evangelio).

Y en la oración colecta hemos pedido que donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo. Siguiendo el ejemplo del atletismo, podemos decir que Jesús ha completado su carrera y ha llegado a la meta, pero no quiere entrar solo: quiere que los miembros de su cuerpo, nosotros, entremos con Él.

La voluntad salvífica del Padre es que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2, 34); y Jesús, antes de su Pasión, expresa: Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy, y contemplen mi gloria (Jn 17, 24). Para que ese deseo se cumpla, en los domingos anteriores Jesús ha insistido en la necesidad de estar unidos a Él, como las ovejas al Buen Pastor (Domingo IV), como los sarmientos a la vid (Domingo V), permaneciendo en su amor (Domingo VI).

Jesús, en su Pasión, “se lanza de cabeza” a la Cruz para atravesar la meta de la muerte y ganar la carrera hacia su Reino. Y así Él, que es nuestra cabeza, “estira de nosotros” para que entremos detrás de Él y también atravesamos la meta de la muerte y podamos estar con Él en su Reino.

Pero en una carrera todos los miembros del cuerpo colaboran para conseguir la medalla. También nosotros, miembros de Cristo, tenemos que colaborar con Él, nuestra cabeza, y en la 2ª lectura hemos escuchado algunas indicaciones: Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Son actitudes que debemos pedir y desarrollar en lo concreto de nuestra vida y relaciones: familia, trabajo, parroquia, asociaciones y grupos de los que formemos parte… con personas concretas y acciones concretas. Así crecerá también la conciencia de estar unidos a Cristo y entre nosotros, formando un solo cuerpo y un solo Espíritu. Crecerá nuestra conciencia de estar corriendo juntos la carrera de la vida, hacia una misma meta, porque una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. 

¿Qué significa para mí la Ascensión del Señor? ¿Me siento miembro de su Cuerpo? ¿Qué hago para permanecer unido a Él, como mi Cabeza que es? ¿Mi estilo de vida me ayuda a avanzar en la carrera de la vida? ¿Me siento unido a los otros “corredores”, formo “cuerpo” con los otros miembros de Cristo, o vivo mi fe de modo individualista?

Jesús, por amor, como vimos el domingo pasado, “se tiró de cabeza” en la Pasión para ganar para nosotros la gloria de la resurrección. Vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino (Prefacio) y correspondamos a ese amor como hemos escuchado que hicieron los primeros discípulos y Apóstoles: Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes. Somos herederos y continuadores de esta misión, sigamos a nuestra Cabeza; y cuando nos asalten las dudas, cansancios, miedos y preocupaciones, tengamos presente que Jesús no se ha ido para desentenderse de este mundo (Prefacio), y su mismo Espíritu es quien nos une y envía, porque como celebraremos el próximo domingo, el Señor hoy también nos dice a nosotros: Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo.