La voz de María

Escuchamos la palabra: (del Evangelio de Lucas)

Mi alma glorifica al Señor mi Dios. Se goza mi espíritu en mi Salvador. Él es mi alegría, es mi plenitud, Él es todo para mí. Estoy tan contenta y soy tan feliz, que por esto doy gracias, con toda el alma a mi Señor. Nadie ha hecho tanto por mi como Dios. Él me quiso desde siempre, aunque yo no me daba cuenta del todo. Me colmó de todos sus favores, por eso todos envidian mi suerte. Todo se lo debo a Él, que está por encima del hombre, Y quiere su bien; que es bueno y poderoso, que es fiel y nunca falla a su Palabra. No le gusta los que están seguros de sí mismos porque en realidad no lo están y su corazón, al final, los engaña. Siempre dijo que estaría con los que actúan como yo, Y estoy segura de que lo hará, porque Él es fiel y siempre cumple su Palabra. Lo sé porque Él lo ha dicho muchas veces y siempre lo ha cumplido. Por eso estoy muy contenta y soy feliz y doy gracias con todo el alma a mi Señor.

Saludo

¿Nos hemos parado a pensar, de vez en cuando, qué tonalidad y cómo sería la voz de María? Alguien, con mucha razón, dijo que «la voz de María tiene el color de cada alma, el sonido de las cuerdas vocales de cada creyente y la dulzura del paladar que sabe saborear la palabra: María»

  • La voz de María era suave. No quería imponerse a la gran voz de Dios.
  • La voz de María era sencilla. Sólo entendía y comprendía que era instrumento en las manos de Dios
  •  La voz de María era, ni más ni menos, que una melodía en los labios de Dios.

Estamos en la Pascua. El mes de mayo, dedicado a la Virgen María, nos invita a proclamar la presencia de Jesús muerto y resucitado.

No podemos contentarnos con una adscripción en una determinada religión. ¿Cómo es nuestra voz? ¿Nos dejamos sentir, como cristianos, allá donde estamos? ¿Qué timbre tiene nuestra voz? ¿Suave u ofensiva? ¿Humilde u orgullosa? ¿Sencilla o complicada? ¿Grave o estridente? ¿Comprometida o indiferente?

La voz de María sigue estando presente en la voz de todos sus hijos e hijas que, como Ella, decimos un ¡fiat! ¡hágase!

Por el contrario, silenciamos la voz de María, cuando ponemos sordina al evangelio, cuando no damos la talla como católicos, cuando no defendemos aquellos valores que el cristianismo puede aportar a nuestra sociedad.

¿Silenciamos o somos altavoz de María?

Dejamos, ante la figura de María, este micrófono. Quiere simbolizar nuestro deseo de manifestar públicamente los sentimientos de la Virgen: ¡Nada ni nadie como Cristo!

ORACIÓN

AFINA MI VOZ, MARIA
Si se impone la angustia,
que entone una palabra de aliento
Si asola la tristeza,
que florezca en un sonido de alegría
Si avanza la soledad,
que ejecute una melodía de solidaridad
AFINA MI VOZ, MARIA
Que no pierda el compás de la fe
Que no deje el ritmo de la esperanza
Que no ignore el punto de la caridad
AFINA MI VOZ, MARIA
Para que, allá donde yo esté,
suene el evangelio con música nueva
Para que, allá donde yo pase,
sea proclamado y bendecido el nombre de Cristo
Para que, allá por donde yo cante,
sea engrandecido Dios Padre Todopoderoso
AFINA MI VOZ, MARIA
Para que no desafine mi vida cristiana
Para que llegue a un final feliz la partitura de mi existencia
Para que  no existan alteraciones en mi confianza
Para que no se rompa la composición
que Dios ha pensado con mi vida
AFINA MI VOZ, MARIA
Y, si por lo que sea, alguna vez se calla,
dame una vitamina de esas que a Ti te sobran:
claridad en el hablar
dulzura en el caminar
y timidez en el juzgar
AFINA MI VOZ, MARIA
para que, cuando me presente ante Dios,
pueda hacerle conocedor
de una melodía -mi propia vida-
la cual, intenté llevarla  a cabo.
Amén

Rezamos un Ave María.