Vísperas – Miércoles VII de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VEN, CREADOR, ESPÍRITU AMOROSO

Ven, Creador, Espíritu amoroso,
ven y visita el alma que a ti clama
y con tu soberana gracia inflama
los pechos que criaste poderoso.

Tú que abogado fiel eres llamado,
del Altísimo don, perenne fuente
de vida eterna, caridad ferviente,
espiritual unción, fuego sagrado.

Tú te infundes al alma en siete dones,
fiel promesa del Padre soberano;
tú eres el dedo de su diestra mano,
tú nos dictas palabras y razones.

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,
del corazón ahuyenta la tibieza,
haznos vencer la corporal flaqueza,
con tu eterna virtud fortalecidos.

Por ti, nuestro enemigo desterrado,
gocemos de paz santa duradera,
y, siendo nuestro guía en la carrera,
todo daño evitemos y pecado.

Por ti al eterno Padre conozcamos,
y al Hijo, soberano omnipotente,
y a ti, Espíritu, de ambos procedente,
con viva fe y amor siempre creamos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Vuestra tristeza se convertirá en gozo. Aleluya.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Vuestra tristeza se convertirá en gozo. Aleluya.

Ant 2. Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos. Aleluya.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos. Aleluya.

Ant 3. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De él todo procede, por él existe todo, en él todo subsiste: a él la gloria por los siglos. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Co 2, 9-10

Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman. Pero a nosotros nos lo ha revelado por su Espíritu: y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

V. Os lo enseñará todo.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo os bautizará con Espíritu Santo y con fuego. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo os bautizará con Espíritu Santo y con fuego. Aleluya.

PRECES

Unidos a los apóstoles y a todos los que poseen las primicias del Espíritu Santo, glorifiquemos a Dios y supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor.

Padre todopoderoso, que has glorificado a Cristo en el cielo,
haz que todos reconozcan que está presente en tu Iglesia.

Padre santo, que dijiste de Cristo: «Éste es mi Hijo amado, escuchadlo»,
haz que todos atendamos su voz y nos salvemos.

Envía tu Espíritu al corazón de tus fieles,
para que purifique lo manchado y fecunde lo que es árido.

Que venga, Señor, tu Espíritu, para regir el curso de la historia
y renovar la faz de la tierra.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Te pedimos, Señor, por los difuntos: admítelos en tu reino
y acrecienta nuestra esperanza en la resurrección futura.

Digamos ahora todos juntos la oración que el mismo Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios misericordioso, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, que se entregue plenamente a ti y que viva siempre unificada por el amor, según tú se lo has mandado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 16 de mayo

Lectio: Miércoles, 16 Mayo, 2018

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

Padre lleno de amor, concede a tu Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, dedicarse plenamente a tu servicio y vivir unida en el amor, según tu voluntad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Juan 17,11b-19

Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.

3) REFLEXIÓN

• Estamos en la novena de Pentecostés, esperando la venida del Espíritu Santo. Jesús dice que el don del Espíritu Santo se da sólo a quien lo pide en la oración (Lc 11,13). En el cenáculo, durante nueve días, desde la ascensión hasta Pentecostés, los apóstoles perseveraron en la oración junto con María la madre de Jesús (He 1,14). Por esto conseguirán en abundancia el don del Espíritu Santo (He 2,4). El evangelio de hoy continúa colocando ante nosotros la Oración Sacerdotal de Jesús. Es un texto muy bien apto para prepararnos en estos días a la venida del Espíritu Santo en nuestras vidas.

• Juan 17, 11b-12: Cuídalos en tu nombre. Jesús transforma su preocupación en plegaria: “¡Cuídalos en tu nombre, el nombre que tu me diste, para que sean uno como nosotros!” Todo lo que Jesús hizo en su vida, lo hizo en Nombre de Dios. Jesús es la manifestación del Nombre de Dios. El Nombre de Dios es Yavé, JHWH. En el tiempo de Jesús, este Nombre era pronunciado como Adonai, Kyrios, Señor. En el sermón de Pentecostés, Pedro dice que Jesús, por su resurrección, fue constituido Señor: “Sepa, entonces, con seguridad toda la gente de Israel que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”. (Hec 2,36). Y Pablo dice que esto se hizo: “para que toda lengua proclame, para gloria de Dios Padre: ¡Jesús Cristo es el Señor!” (Fil 2,11). Es el “Nombre sobre todo nombre” (Fil 2,9), JHWH o Yavé, el Nombre de Dios, recibió un rostro concreto en Jesús de Nazaret. Y es entorno a este nombre que hay que construir la unidad: Guárdalos en tu nombre, el nombre que tú me diste, para que sean uno como nosotros. Jesús quiere la unidad de las comunidades, para que puedan resistir frente al mundo que las odia y persigue. El pueblo unido alrededor del Nombre de Jesús ¡jamás será vencido!

• Juan 17,13-16: Que en sí mismos mi alegría sea colmada. Jesús se está despidiendo. Dentro de poco se irá. Los discípulos continúan en el mundo, serán perseguidos, tendrán aflicciones. Por esto están tristes. Jesús quiere que tengan alegría plena. Ellos tendrán que continuar en el mundo sin formar parte del mundo. Esto significa, bien concretamente, vivir en el sistema del imperio, sea romano o neoliberal, sin dejarse contaminar por él. Al igual que Jesús y con Jesús, deben vivir en el mundo sin ser del mundo.

• Juan 17,17-19: Como tú me enviaste, yo los envío al mundo. Jesús pide que sean consagrados en la verdad. Esto es, que sean capaces de dedicar toda su vida para testimoniar sus convicciones respecto de Jesús y de Dios Padre. Jesús se santificó en la medida en que, en su vida, fue revelando al Padre. Pide que sus discípulos entren en el mismo proceso de santificación. Su misión es la misma que la de Jesús. Ellos se santifican en la misma medida en que, viviendo el amor, revelan a Jesús y al Padre. Santificarse significa volverse humano, como lo fue Jesús. Decía el Papa León Magno: “Jesús fue tan humano, pero tan humano, como sólo Dios puede ser humano”. Por esto debemos vivir en el mundo, sin ser del mundo, pues el sistema deshumaniza la vida humana y la vuelve contraria a las intenciones del Creador.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Jesús vivió en el mundo, pero no era del mundo. Vivió en el sistema sin seguir el sistema, y por esto fue perseguido y condenado a muerte. ¿Yo? ¿Vivo hoy como Jesús lo hizo en su tiempo, o adapto mi fe al sistema?

• Preparación para Pentecostés. Invocar el don del Espíritu Santo, el Espíritu que animó a Jesús. En esta novena de preparación a Pentecostés es bueno sacar un tiempo para pedir el don del Espíritu de Jesús.

5) ORACIÓN FINAL

Bendigo a Yahvé, que me aconseja;
aun de noche me instruye la conciencia;
tengo siempre presente a Yahvé,
con él a mi derecha no vacilo. (Sal 16,7-8)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 28-30

28En verdad os digo que todo se les será perdonado a los hijos de los hombres, los pecados y cuantas blasfemias blasfemen, 29pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene perdónjamás, sino que es reo de pecado eterno”.

30Porque decían: “¡Tiene un espíritu impuro!”.

<

p style=”text-align:justify;”>3, 28-30: Tras refutar la acusación contra él, Jesús pasa a la ofensiva: no es él quien ha pecado, pactando con Satán, como sus enemigos pretendían, sino que son ellos los que, por su falsa acusación, han cometido un pecado imperdonable. La transición a este contraataque de Jesús resulta brusca, pero cuadra bastante bien dentro del contexto de Marcos. 
El «amén» («en verdad») con que se inicia este pasaje (3, 29) expresa una gran autoridad. Esta fluye de la visión de 3, 27 donde Jesús aparece como portador de un poder sobrenatural decisivo en la lucha escatológica contra el diablo. Más aún, la promesa de perdón de los pecados que sigue al «amén» puede entenderse como uno de los frutos de la victoria del Más Fuerte sobre Satán. Pero esta promesa de perdón universal («todo se les perdonará a los hombres» [3, 28]) viene inmediatamente matizada: no habrá perdón contra aquellos que pequen «contra el Espíritu Santo» (3, 29). El judaísmo afirmaba que existen pecados que no pueden perdonarse: Mc 3, 28-30 encaja bien en esta teología judía de la expiación: todos los pecados son perdonables, excepto la blasfemia en contra del Espíritu, es decir, excepto el rechazo de la revelación definitiva de la voluntad de Dios en Jesús. 
Pero, según Marcos, ¿en qué consiste, más precisamente, este pecado imperdonable que es la blasfemia contra el Espíritu? Esta pregunta y su contrapartida existencial («¿habré cometido yo ese pecado?») han torturado a lo largo de los siglos a los cristianos más sensibles. Pues bien, desde el contexto de Marcos, vemos que el pecado contra el Espíritu Santo es un tipo de oposición total y maligna a Jesús, una oposición que invierte y niega toda la evidencia de su poder sanador diciendo que él, Jesús, está poseído por el demonio (cf. 3, 22.30). 
Esta acusación de que Jesús está poseído por el diablo es «la blasfemia en contra del Espíritu Santo», porque, según Marcos, la verdadera fuente del poder que actúa en los milagros y exorcismos de Jesús no es un espíritu impuro, sino el Espíritu Santo, el poder de la nueva edad de Dios. El hecho de interpretar esta acción liberadora de Dios, de un modo perverso, como una obra del diablo, muestra una identificación tan completa de «mi propio yo» con las fuerzas de la destrucción (e indica tal oposición a las fuerzas de la vida) que no queda ya ninguna posibilidad futura de restauración. 
En el contexto vital del evangelio, parece que la acusación de haber cometido el pecado imperdonable constituye un tema habitual de disputa entre la comunidad de Marcos y sus oponentes. Este pasaje comparte vocabulario y temas con 2, 6-10, donde Jesús es acusado de blasfemia; también está cerca de 14, 53-65, donde le arrastran ante un tribunal y le condenan a muerte por la misma acusación, y de 13, 9- 13, donde se dice que algunos miembros de la comunidad de Marcos son llevados ante los tribunales y condenados a muerte, aunque son ellos quienes poseen el poder del Espíritu Santo.

El gusto de María

El mayor gusto que podemos dar a una madre es, precisamente, ser buenos hijos siguiendo las huellas que ella nos deja para no confundirnos y alcanzar la felicidad de María.

La Pascua, entre otros sabores, dejó en el paladar de María, el gusto por la Resurrección. La pena se convirtió en gozo en la mañana de Pascua; la tristeza se trastornó en alegría, ante el sepulcro vacío; el color negro dio a la blancura pascual, por la presencia de Jesús Resucitado.

Y es que, el gusto de María, fue dar gusto en todo a Dios. Todo lo quiso hacer bien. Sin demasiado ruido pero con certeza; con humildad pero con lo necesario; con obediencia pero conscientemente.

Hoy, ante María, nos podríamos preguntar:

¿Damos gusto a Dios en algo?

¿Es para nosotros un gusto, creer y esperar en Dios?

¿Gustamos y disfrutamos -desde ahora- con el fruto de la Pascua que es la resurrección futura?

La insipidez es esa sensación de que “algo falta” en el café de nuestra vida cristiana. Hay que cogerle gusto al evangelio y al seguimiento a Jesús. No podemos dejarnos vencer por una insulsez que nos aparta del placer por las cosas de Dios.

Hoy, ante María y en este mes de mayo, dejamos este azucarero. Que nuestra Madre, María, nos ayude a gustar la presencia de Dios en nuestros días y, también, a dar gusto a Dios con nuestras obras y palabras.

 

ORACIÓN

QUIERO SER AZÚCAR
Que dé dulzura en medio de la amargura
Que sazone las situaciones enquistadas por el odio
Que facilite la paz y la armonía
QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Diluyéndome para dar sabor a este mundo
Diluyéndome para que Dios sea tomado a pequeños sorbos
Diluyéndome para que Jesús sea más conocido
QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Y que el mundo, de esta manera, sea menos soso
Alcance el punto de la dulzura que el cielo nos propone
Adquiera el aroma de un buen postre divino
QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Para que, como en tu hogar,
nunca falte lo imprescindible frente a lo necesario
Para que, como en tu casa,
no esté ausente la delicadeza frente a lo tosco
Para que, como en tu hogar,
exista la cortesía para Dios que llega
QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Para que otros hombres conozcan el gusto de ser hijos de Dios
Para que se deleiten comiendo la Eucaristía
Para que, la Palabra, sea delicia
antes y después de cada jornada
QUIERO SER AZÚCAR, MARIA
Y, cuando Dios me falte, por lo que sea
vaya corriendo al mostrador del cielo
y, por la oración y la contemplación,
encontrarla y poder comprarla.
Amén.

Rezamos un Ave María.

Ecclesia in Medio Oriente

Los laicos

55. Los laicos son plenamente miembros del Cuerpo de Cristo por el bautismo, y están asociados a la misión de la Iglesia universal[52]. Su participación en la vida y las actividades internas de la Iglesia es la fuente espiritual permanente que les permite ir más allá de los confines de las estructuras eclesiásticas. Como apóstoles en el mundo, ellos convierten en acción concreta el Evangelio, la enseñanza y la doctrina social de la Iglesia[53]. En efecto, «los cristianos, ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben dar su contribución con el espíritu de las bienaventuranzas, convirtiéndose así en constructores de paz y en apóstoles de reconciliación para el bien de toda la sociedad»[54].


[52] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 30-38; Id., Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988): AAS 81 (1989), 393-521.

[53] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Una esperanza nueva para el Líbano (10 mayo 1997), 45.103: AAS 89 (1997), 350-352. 400; Propositio 24.

[54] Homilía en la Misa de clausura de la Asamblea especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio (24 octubre 2010): AAS 102 (2010), 814.

Comentario Domingo de Pentecostés

ORACIÓN

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

 

Jn 20, 19-23

«19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas donde estaban los discípulos, por miedo a los judíos, vino Jesús y se puso en medio y les dice: ‘Paz a vosotros’.

20Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Así que los discípulos se alegraron al ver al Señor.

21Jesús les dijo de nuevo: ‘Paz a vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío’.

22Y, dicho esto, sopló y les dice: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23A quienesperdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se losretengáis, les quedan retenidos’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Estamos ante el primer final del evangelio de Juan. Antes de nuestro texto, el evangelio ha relatado la escena del sepulcro vacío (Jn 20, 1-10) y la aparición de Jesús a María Magdalena (20, 11-18). Después, se nos relatará la reacción de Tomás (20, 24-29), la aparición de Jesús en el lago de Tiberíades (21, 1-23) y el segundo final del evangelio, que concluye con una impresionante hipérbole acerca de lasacciones del Resucitado, que deja abierta para el creyente la puerta de una relación abierta e interminable con Jesús, Señor de la Vida (21, 24-25).

 

TEXTO

En este texto evangélico la acción se sitúa en “el primer día de la semana”, nombre clásico para indicar el día de la resurrección, el domingo, día por excelencia de la asamblea cristiana. Tiene dos momentos: la presencia de Jesús con los discípulos sin Tomás (vv. 19-23) y el diálogo de éstos con Tomás (vv. 24-25). La escena siguiente es “ocho días después”, cuando Jesús vuelve a estar con los discípulos y habla con Tomás (vv. 26-29). Después, la primera conclusión del evangelio (vv. 30-31).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• A nivel eclesiológico (discipular), básicamente es un texto de movimientos, de avances, de transformación: del miedo a la alegría, de estar cerrados a estar enviados. Nada queda igual después de la Resurrección, se inicia un nuevo itinerario radicalmente transformado y transformador. ¿Sentimos esa nueva fuerza ahora que pasó la Pascua?

• A nivel cristológico, se remarca la bondad de Cristo Jesús, que no sólo no reprocha a sus amigos el abandono y la soledad en que le dejaron, sino que les regala las primicias de su Pascua: la paz y el Espíritu Santo con el perdón de los pecados.Jesús es el mismo Jesús crucificado pero también el Mesías, el Señor, el Hijo de Dios, Dios mismo. ¿Tiene el papel que sin duda merece en nuestra vida?

• A nivel teológico, es impresionante la densa riqueza del misterio de Dios: Padre que envía, Hijo y Señor, Espíritu Santo. ¿Tanto dinamismo de amor de Dios no choca con nuestra modorra espiritual?

• Tres veces repite Jesús el saludo: “¡Paz a vosotros!”. La paz y la serenidad interior es una marca de los discípulos“habitados” por Jesús. La paz, que es un don del Resucitado, se vuelve tarea de los discípulos en el envío. ¿Dónde urge trabajar la paz entre nosotros?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo de Pentecostés

Solemnidad de Pentecostés
20 de Mayo 2018

Hechos 2, 1-11; Salmo 103, 1ab.24ac. 29bc-30. 31.34; 1Cor 12, 3b-7.12-13; Juan 20, 19-23

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

 

Reflexión

En las lecturas de esta semana Jesús trae paz y alegría. También, Jesús envía el Espíritu Santo que aleja todo miedo y convierte a los discípulos en proclamadores de la Resurrección de Jesús y les da el poder de perdonar los pecados. Nos explican que los dones y talentos de cada uno son distintos, pero todos estamos llamados a servir a Dios. ¿Cómo sabemos que está el Espíritu Santo presente en nosotros? ¿En nuestras familias?

 

Actividad

Represente la primera lectura con los niños (Hechos 2,1-11) Reúnalos en círculo, empiecen a orar. Preparen con anticipación una lengua de fuego para cada niño. En ellas escriba un don del Espíritu Santo. Coloquen una en la cabeza de cada niño con una cinta a la hora de la brisa. Luego ore sobre cada uno pidiéndole al Espíritu Santo ese don para cada niño. Todos agarrados de la mano hacen una oración.

 

Oración

Envíanos tu Espíritu, Señor, que nos trae paz y valentía para afrontar los problemas. Danos los frutos de bondad, generosidad, alegría, paz y paciencia, que lleven a nuestra familia y a nuestro grupo a la armonía para que nos impulsen a servir a todos. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de Pentecostés

Cristo acaba de morir, sus amigos están tristes y temerosos. Han cerrado la casa en que se ocultan por miedo a que también ellos sean ejecutados. Pero Jesús se presenta ante ellos y les deja el gran regalo que cambiará su vida para siempre: el Espíritu Santo. A partir de entonces, los miedos y las dudas serán sustituidos por valor y sabiduría para continuar lo que Cristo inició: llevar su palabra de salvación al mundo.

Y tal fue el éxito de los apóstoles, que Pedro convirtió ese mismo día de Pentecostés a 3000 personas con su primera predicación (cfr. Hch 2, 41), y más adelante a otras 5000 con la segunda (cfr. Hch 4, 4).

Jesús también nos llama a nosotros a continuar con su gran misión de salvar al mundo. Y a pesar de que hoy no hay persecuciones como las que Cristo enfrentó, sí hay una tendencia en el mundo por alejarnos de dios y de nuestra fe. Esto sumado a nuestros propios problemas, tristezas y temores, a veces nos hace sentir confundidos, tristes y desalentados.

Pero Cristo nos dejó su Espíritu Santo, ese gran amigo que siempre está al lado de nosotros aconsejándonos, consolándonos y animándonos, para salir a la vida a hablar de Dios con nuestro buen ejemplo de vida y con su Palabra.

¿Dónde podemos encontrar al Espíritu Santo?

  • En nuestras oraciones
  • En la Eucaristía
  • En la lectura de la palabra de Dios
  • En el buen ejemplo de nuestros hermanos
  • En el buen consejo de nuestros padres y del sacerdote…

¿Pido en mis oraciones que el Espíritu Santo se haga presente en mi vida?

Comentario al evangelio – 16 de mayo

Jesús vive, muere y resucita para que los hombres tengan la vida. Pero su entrega no significa propiamente una sustitución a la responsabilidad que tenemos con nuestra vida. Jesús inicia un movimiento, da el primer paso, abre el camino para que el discípulo pueda hacer lo mismo. El se hizo fuente de donde todo procede para los que creen en su palabra. Por eso, la palabra que recibimos como discípulos suyos no debe hacernos inertes ante la vida, sino asumirla con todas sus consecuencias.

La palabra que hemos recibido pide testimonio de nuestra parte, pide que nosotros seamos sus testigos: “Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo” (Jn 17,18). Eso quiere decir que, si el testimonio de Jesús ha encontrado el odio del mundo, no hay que esperar que la condición de los discípulos sea distinta. El mundo sabe que la palabra de Cristo nos hace libres y verdaderos y eso incomoda las estructuras que viven bajo la dictadura de la mentira (hoy las famosas fake news), de la mundanidad y del relativismo.

La palabra de Jesús amenazaba el orden y la tranquilidad del mundo. Su modo de actuar fue considerado subversivo para los poderes de su tiempo: el poder político, de la cultura y de la religión. Por eso, fue juzgado y condenado por ser la encarnación de la subversión, por no aceptar el dominio supremo del mundo y de las potencias que lo gobernaban: la mentira, el odio, la muerte. Asimismo, es la suerte del cristiano que no tiene otra palabra que la de Cristo y otra suerte que la suya.

Es verdad que en nosotros hay un instinto casi irresistible de protección, seguridad y tranquilidad. Un ejemplo se puede ver en los padres que tuvieron que luchar mucho para lograr buenas condiciones para sus hijos y creen que lo mejor es ahorrarles esfuerzos personales. Pero lo que Jesús nos enseña es que el amor no puede ahorrar el sacrificio de las personas amadas. El amor es fiel y la fidelidad no rehúye de los sacrificios. Eso nos ayuda a comprender la entrega de Jesús en la cruz: solo desde la fidelidad al amor es posible comprender la obediencia de Jesús al Padre. Aunque no nos sintamos a la altura de las exigencias evangélicas, no nos sintamos capaces de abrazar los sacrificios que se presentan en la vida, lo importante es dar el primer paso. Como decía el Papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium: “Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades” (EG 44).

Eguione Nogueira, cmf