Vísperas – Jueves VII de Pascua

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: VEN, ESPÍRITU DIVINO.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre,
don en tus dones espléndido,
luz que penetra las almas,
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

Salmo 131 I – PROMESAS A LA CASA DE DAVID.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Dios le ha dado el trono de David, su padre. Aleluya.

Ant 2. Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores. Aleluya.

Salmo 131 II.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesucristo es el único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores. Aleluya.

Ant 3. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¿Quién como tú, Señor, entre los dioses? ¿Quién como tú, terrible entre los santos? Aleluya.

LECTURA BREVE   1Co 6, 19-20

¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros. Lo habéis recibido de Dios, y por lo tanto no os pertenecéis a vosotros mismos. Habéis sido comprados a precio. En verdad glorificad a Dios con vuestro cuerpo.

RESPONSORIO BREVE

V. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

V. Os lo enseñará todo.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Espíritu Santo. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa y os anunciará las cosas futuras. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa y os anunciará las cosas futuras. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, bendito por los siglos, y pidámosle que envíe el Espíritu Santo a los que ha redimido con su muerte y resurrección; digamos:

Salva, Señor, a los que has redimido.

Envía a la Iglesia el Espíritu de la unidad,
para que desaparezcan todas las disensiones, odios y divisiones.

Tú que libraste a los hombres del dominio de Satanás,
libra también al mundo de los males que lo afligen.

Tú que, dócil al Espíritu Santo, diste cumplimiento a tu misión,
haz que los sacerdotes encuentren en la oración la fuerza y la luz del Espíritu, para ser fieles a su ministerio.

Que tu Espíritu guíe a los gobernantes,
para que busquen y realicen el bien común.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que vives en la gloria del Padre,
acoge a los difuntos en tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Tu Espíritu, Señor, infunda en nosotros la fuerza de sus dones, para que nuestros pensamientos te sean gratos y nuestra voluntad esté siempre sometida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 17 de mayo

Lectio: Jueves, 17 Mayo, 2018

Tiempo de Pascua

1) ORACIÓN INICIAL

Que tu Espíritu, Señor, nos penetre con su fuerza, para que nuestro pensar te sea grato y nuestro obrar concuerde con tu voluntad. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Juan 17,20-26

No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.»

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy nos presenta la tercera y última parte de la Oración Sacerdotal, en la que Jesús mira hacia el futuro y manifiesta su gran deseo de unidad entre nosotros, sus discípulos, y para la permanencia de todos en el amor que unifica, pues sin amor y sin unidad no merecemos credibilidad.

• Juan 17,20-23: Para que el mundo crea que tú me enviaste. Jesús alarga el horizonte y reza al Padre: No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Aquí aflora la gran preocupación de Jesús por la unión que debe existir en las comunidades. Unidad no significa uniformidad, sino permanecer en el amor, a pesar de todas las tensiones y de todos los conflictos. El amor que unifica al punto de crear entre todos una profunda unidad, como aquella que existe entre Jesús y el Padre. La unidad en el amor revelada en la Trinidad es el modelo para las comunidades. Por esto, a través del amor entre las personas, las comunidades revelan al mundo el mensaje más profundo de Jesús. Como la gente decía de los primeros cristianos: “¡Mirad como se aman!” Es trágica la actual división entre las tres religiones nacidas de Abrahán: judíos, cristianos y musulmanes. Más trágica todavía es la división entre los cristianos que dicen que creen en Jesús. Divididos, no merecemos credibilidad. El ecumenismo está en el centro de la última plegaria de Jesús al Padre. Es Su testamento. Ser cristiano y no ser ecuménico es un contrasentido. Contradice la última voluntad de Jesús.

• Juan 17,24-26: Que el amor con que tú me amaste esté en ellos. Jesús no quiere quedar solo. Dice: Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. La dicha de Jesús es que todos nosotros estemos con él. Quiere que sus discípulos tengan la misma experiencia que él tuvo del Padre. Quiere que conozcan al Padre como él lo conoció. En la Biblia, la palabra conocer no se reduce a un conocimiento teórico racional, sino que implica experimentar la presencia de Dios en la convivencia de amor con las personas en la comunidad.

• ¡Que sean uno como nosotros! (Unidad y Trinidad en el evangelio de Juan) El evangelio de Juan nos ayuda mucho en la comprensión del misterio de la Trinidad, la comunión entre las personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu. De los cuatro evangelios, Juan es el que acentúa la profunda unidad entre el Padre y el Hijo. Por el texto del Evangelio (Jn 17,6-8) sabemos que la misión del Hijo es la suprema manifestación del amor del Padre. Y es justamente esta unidad entre el Padre y el Hijo la que hace proclamar a Jesús: Yo y el Padre somos una cosa sola (Jn 10,30). Entre él y el Padre existe una unidad tan intensa que quien ve el rostro del uno, ve también el rostro del otro. Cumpliendo esta misión de unidad recibida del Padre, Jesús revela al Espíritu. El Espíritu de la Verdad viene del Padre (Jn 15,26). El Hijo pide (Jn 14,16), y el Padre envía el Espíritu a cada uno de nosotros para que permanezca en nosotros, dándonos ánimo y fuerza. El Espíritu nos viene del Hijo también (Jn 16,7-8). Así, el Espíritu de la Verdad, que camina con nosotros, es la comunicación de la profunda unidad que existe entre el Padre y el Hijo (Jn 15,26-27). El Espíritu no puede comunicar otra verdad que no sea la Verdad del Hijo. Todo lo que se relaciona con el misterio del Hijo, el Espíritu lo da a conocer (Jn 16,13-14). Esta experiencia de la unidad en Dios fue muy fuerte en las comunidades del Discípulo Amado. El amor que une a las personas divinas Padre e Hijo y Espíritu nos permite experimentar a Dios a través de la unión con las personas en una comunidad de amor. Así, también, era la propuesta de la comunidad, donde el amor debería ser la señal de la presencia de Dios en medio de la comunidad (Jn 13,34-35). Y este amor construyó la unidad dentro de la comunidad (Jn 17,21). Ellos miraban la unidad en Dios para poder entender la unidad entre ellos.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Decía el obispo Don Pedro Casaldáliga: “La Trinidad es aún mejor que la comunidad”. ¿En la comunidad de la que tú eres miembro, percibes algún reflejo humano de la Trinidad Divina?

• Ecumenismo. ¿Soy ecuménico?

5) ORACIÓN FINAL

Señor, tu me enseñarás el camino de la vida,
me hartarás de gozo en tu presencia,
de dicha perpetua a tu derecha. (Sal 16,11)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

23. El acento de este Catecismo se pone en la exposición doctrinal. Quiere, en efecto, ayudar a profundizar el conocimiento de la fe. Por lo mismo está orientado a la maduración de esta fe, su enraizamiento en la vida y su irradiación en el testimonio (Cf. CT 20-22; 25)”.

En este punto se está diciendo cuál es el acento del Catecismo, todas las dimensiones de la vida cristiana tienen que estar presentes, no se pueden subrayar al mismo nivel, dependiendo de qué obra se trate subraya más un aspecto u otro. Lo que dice es que el acento se pone en la exposición doctrinal, porque es un Catecismo mayor, y lo que quiere es fijar los contenidos de la fe católica. Quizá cuando uno da una catequesis a un niño de 7 u 8 años el acento no lo pone tanto en la exposición doctrinal, le enseña una doctrina, pero quizá el acento lo pone en las explicaciones prácticas para la vida del niño. Aquí estamos hablando de una Catecismo mayor a partir del cual se elaborarán los catecismos menores, luego es normal que el acento se ponga en la exposición doctrinal.

Así, es por ello, que puede ocurrir que a un lector del Catecismo se le haga un poco cuesta arriba algunas partes del mismo porque tiene un contenido doctrinal muy denso, y por eso también conviene hacer alguna explicación. Se pone el acento en la exposición doctrinal, pero eso no significa que no se insista en la maduración de la fe, en el enraizamiento en la vida, en la irradiación del testimonio de la vida de un cristiano, que son otros aspectos, pero el acento principal es la formación, conocer la fe católica, aunque no es un conocimiento abstracto, está expuesto de una manera que quiere ayudarnos a madurar en la fe, enraizar la fe en la vida y ayudarnos en nuestro testimonio.

Por otra parte, nos damos cuenta de que es imposible disociar totalmente el conocer del amar, es imposible. Se ama lo que se conoce y para poder conocer también hay que amar, si no amas en profundidad tu conocimiento será superficial. San Agustín fue un auténtico enamorado de esta intuición. Conoce para amar, pero ama para conocer, eso es obvio. Con lo cual, el catecismo no podemos pensarlo nunca como un conocimiento. Imaginamos una persona no creyente o agnóstica que tuviese un conocimiento intelectual de todos los principios del Catecismo católico, que dijésemos ¡Es impresionante lo que sabe! Por ejemplo, cuando uno va a Tierra Santa y se encuentra con unos guías de religión judía o ateos, que tienen un conocimiento bíblico que enseña a todos los peregrinos con un montón de detalles, y luego cuando llega la celebración de la misa se retiran. Y se dice ¿Cómo pueden tener un conocimiento tan profundo sin amar? Esa persona, si no ama no puede conocer el sentido profundo de la Palabra.

Aquí se nos remite a la “Catechesi Tradendae” que fue de las primeras intervenciones magisteriales de San Juan Pablo II, cuando él llegó al pontificado decía que la catequesis supone ir desarrollando poco a poco la semilla de la fe. El pronuncia un sí y aunque ese sí lo pronunció con todo el corazón y con toda el alma, luego tiene que ser desarrollado, yo pronuncio un sí, pero años después te conozco más profundamente, Dios mío, que al principio. Esto le pasa a un matrimonio, pero cuando lo dice no se da cuenta plenamente a lo que le está diciendo el sí y quién es su esposa o su marido. Esto le pudo pasar a la Virgen María, que al pronunciar el sí no sabía todo lo que ese sí conllevaba. Esto pasa en la catequesis, cuando se profundiza en la catequesis se puede llegar a pensar “Yo no sabía que iba a poder conocer a Dios en la religión católica con este grado de novedad”.

Eso quiere decir que te estás catequizando bien, que estás profundizando en distintos aspectos, como decía Santa Teresa que cuando leía un texto de la Palabra de Dios descubre en él nuevos matices, que el texto se hace totalmente nuevo para ella. En el texto de la Catechesi Tradendae al que se nos remite nos dice que la catequesis tiene que ser bien orgánica y ordenada. Es decir, que tiene que tener una especie de agenda sistemática y no improvisada que le permita seguir un fin preciso, no entrando en cuestiones disputadas ni de investigaciones teológicas, sino yendo a la fe católica, que al mismo tiempo es completa y la catequesis no es meramente el primer anuncio, el kerigma, porque éste es el anuncio de la salvación de Jesucristo de una manera muy breve. Por ejemplo, alguien alejado de la fe en una predicación escucha el kerigma de la Iglesia “Cristo murió por nosotros, por nuestra salvación y está esperando tu respuesta de amor y que superes tus desconfianzas, poniendo tu esperanza en Dios que es el único que no te va a fallar”, este es el kerigma, la predicación directa del mensaje de salvación. Eso es una cosa, el kerigma, y otra el catecismo, que es explicar de una manera sistemática y orgánica uno por uno los elementos de la fe. Dios nos salvó de esta manera, primero en el Antiguo Testamento envió los profetas, patriarcas… etc. etc… esto supone ya una catequesis que tiene que integrar todas las esferas de la vida y tiene que ir en un crecimiento paulatino poco a poco.

A veces se insiste muy equivocadamente en que lo importante no es la ortodoxia, conocer la fe, sino el ortopraxis. La verdad es que no hay que separar una cosa de la otra. Es una dicotomía que hacemos con frecuencia y es un gran error, separar ortodoxia y ortopraxis. Recuerdo haber visto no hace mucho un chiste de un humorista de tipo secularizado y no precisamente en comunión con el magisterio de la Iglesia y decía lo siguiente, se veía a una persona ayudando a un discapacitado y decía “Yo creo que damos demasiada importancia a la ortodoxia, nadie nos va a juzgar por lo que creímos sino por lo que amamos”. Es una frase muy políticamente correcta en esta cultura de relativismo. Esto no es verdad, si uno lee el Evangelio dice que seremos juzgados del amor “Tuve hambre y me disteis de comer…” y también dice que seremos juzgados de la fe “Cree y te salvarás”, es decir, que la apertura o la cerrazón a la fe es también la apertura o la cerrazón a la Salvación. Así la oposición entre ortodoxia y ortopraxis es falsa, las dos han de integrarse, y en este sentido, el estudio del catecismo no es algo desencarnado de mi vida, sino que me va a ayudar a entregar mi vida a los necesitados y para el desarrollo de los talentos que Dios me ha dado.

El tacto de María

Dice un viejo proverbio: “sobran manos y falta tacto”. María sobresalió, con dos simples manos, por su delicadeza y su tacto para cumplir y llevar a cabo el pensamiento que Dios tenía sobre ella.

¡Nunca, dos manos, hicieron tanto! ¿Qué hacemos con las nuestras?

María tuvo ese sentido del tacto para comprobar la textura interior de un Dios que le exigía lo aparentemente imposible.

*El sentido del tacto para tocar la forma de un Dios humanado.

*El tacto para comprobar la dureza de ser Madre al pie de la cruz.

Para nosotros, contemplar a María en este marco de la Pascua, es darle la enhorabuena por esa intuición que tuvo desde el anuncio del ángel hasta el mismísimo día de Pentecostés. ¡Tuvo tacto para las cosas de Dios y, Dios, fue su gran lotería!

-Sin Ella no hubiera existido la noche más feliz de Belén

-Sin Ella no se hubieran molestado en desplazarse tres regios personajes

-Sin Ella no hubiera habido vino bueno en Caná

 

Demos gracias a Dios, por el tacto divino de María. Que también nosotros, en esta Pascua, en este mes de mayo, presentemos a Dios estos guantes.Con ellos queremos simbolizar nuestro deseo de vivir, trabajar, sentir y actuar con la misma sensibilidad de la Virgen María.

 

ORACIÓN

QUIERO TENER TACTO
Para buscar a Dios y no perderlo
Para distinguir el error de la verdad
Para no andar por caminos equivocados
QUIERO TENER TACTO
Como el de María, vivo e inquieto
Como el de María, humano y divino
Como el de María, sereno  y humillado
Como el de María, obediente y activo
QUIERO TENER TACTO
Sin dejar la tierra, tocar el cielo
Sin dejar el cielo, no olvidar la tierra
Sin dejar de ser hombre, no olvidar a Dios
Sin dejar a Dios, sentirme plenamente hombre
QUIERO TENER TACTO
Para comprender y ser comprendido
Para vivir y ayudar a vivir
Para levantarme y ayudar a levantar
Para creer y ayudar a creer
QUIERO TENER TACTO
Como el de María, para bendecir a Dios
Como el de María, para sentir a Jesús
Como el de María, para disfrutar al Espíritu
Como el de María, para acariciar la cruz
QUIERO TENER TACTO
Y, si por lo que sea, sólo tengo para las cosas del mundo
te pido, María, que des otra sensibilidad a mis manos.
Amén.

Rezamos un Ave María

Ecclesia in Medio Oriente

56. Como el ámbito de lo temporal es vuestro propio terreno[55], os animo, queridos fieles laicos, a fortalecer los lazos de hermandad y colaboración con las personas de buena voluntad en la búsqueda del bien común, de la sana gestión de los bienes públicos, de la libertad religiosa y del respeto de la dignidad de cada persona. Aun cuando la misión de la Iglesia se hace difícil en los ambientes donde el anuncio explícito del evangelio encuentra obstáculos o no es posible, que «vuestra conducta entre los gentiles sea buena, para que […], fijándose en vuestras buenas obras, den gloria a Dios el día de su venida» (1 P 2,12). Preocuparos de dar razón de vuestra fe (cf. 1 P 3,15) mediante la coherencia de vuestra vida y vuestro obrar cotidiano[56]. Para que vuestro testimonio dé realmente fruto (cf. Mt 7,16.20), os exhorto a superar las divisiones y cualquier interpretación subjetivista de la vida cristiana. Poned cuidado en no separarla – con sus valores y exigencias – de la vida familiar o en la sociedad, en el trabajo, en la política y la cultura, pues todos los diferentes ámbitos de la vida del laico entran en el designio de Dios[57]. Os invito a ser audaces por amor a Cristo, seguros de que ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución os podrán separar de él (cf. Rm 8,35).


[55] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 31.

[56] Cf. Propositio 30.

[57] Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre1988), 57-63: AAS 81 (1989), 506-518.

Los dones del Espíritu en nosotros hoy

1.- Pentecostés es la fiesta de Espíritu y de la comunidad. Es la culminación de la Pascua. La vida nueva que Jesús consiguió es también nuestra vida. Muchas veces no somos conscientes de la actuación del Espíritu en nosotros. Quizá sea porque no le dejamos actuar….Da la sensación de que estamos como los discípulos antes de Pentecostés: decimos que creemos en Jesús, nos confesamos cristianos, pero vivimos apocados, medrosos, sin garra. Entonces nos refugiamos en nuestra fortaleza por miedo a salir al mundo. Pero la imagen que define mejor a la Iglesia no es la de la fortaleza, sino la de la tienda que se planta en medio del mundo.

¿No nos dijo Jesús el domingo pasado que bajáramos al valle y no nos quedásemos plantados mirando al cielo? También los discípulos estaban dentro con las puertas y ventanas cerradas por miedo a los judíos. Comparten miedos, ilusiones y el recuerdo de Jesús. El Espíritu se presentó como un vendaval y unas llamas de fuego. El viento y el fuego purifican y transforman. Y entonces…, salieron a predicar, sin miedo, sin utilizar la fuerza, sostenidos en su debilidad por el Espíritu. Cuando la Iglesia se encierra en sí misma por miedo a contaminarse con el mundo, cuando la imagen que da es la de una fortaleza firme, no convence. Se convierte en piedra de escándalo para muchos.

2. – “Estaban todos reunidos”. No dice el Libro de los Hechos que estaban solo los apóstoles, sino todos, es decir el conjunto de los discípulos, todos los que se proclamaban seguidores de Jesús. Por tanto, los dones del Espíritu lo reciben todos los cristianos, no sólo los que han recibido el orden ministerial. El Espíritu actúa en todo, aunque cada uno reciba un don y una función. A cada carisma o don corresponde un ministerio o servicio. Pero todos somos miembros del cuerpo de Cristo y hemos recibido la misma dignidad por el Bautismo. ¿Reconoces en ti el carisma que has recibido?, ¡sabes cuál es tu misión dentro de la Iglesia! En este momento de la historia más que nunca hay que reconocer la importancia de los ministerios laicales. La Iglesia debe tener una estructura circular y no piramidal.

3.- Realizar las obras del Espíritu. Nos dice la Carta a los Gálatas que andemos según el Espíritu, que no realicemos las obras de la carne. Las obras de la carne que cita San Pablo degradan al hombre y lo someten a esclavitud. Estas obras, están patentes también en nuestro tiempo: fornicación, libertinaje, hechicería, idolatría, sectarismo, rivalidades, violencia, borracheras, orgías. Era aquella una sociedad decadente, ¿no lo será también la nuestra? San Agustín tuvo en sí la experiencia de la lucha de la carne contra el espíritu, cuando leyó este texto se sintió reflejado en él y decidió revestirse de Cristo para saborear los frutos del Espíritu. Este fue el momento de su conversión. Comenzó a vivir con amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad y dominio de sí.

4- Los dones del Espíritu tienen hoy su traducción. El don de sabiduría nos capacita para distinguir la realidad de la fantasía y vivir en consecuencia. El sabio es aquel que encuentra el secreto de la felicidad: la vida según Cristo. La inteligencia nos ayuda a aceptar los cambios que se producen en la sociedad para el bien común. Tener una mente abierta es señal de inteligencia. El don de consejo nos lleva a indagar bajo lo visible para descubrir las causas ocultas y poder ayudar al que nos lo pide. La piedad nos protege del egoísmo y del materialismo. La ciencia nos marca una dirección consistente en nuestras vidas, nos ayuda a conocer cómo son las cosas. El temor de Dios, entendido en el buen sentido, es beneficioso y nos hace realizar obras buenas, como el niño que respeta a su querido padre y no quiere defraudarle. La fortaleza es necesaria para un verdadero amor, pues nos da valor para asumir un compromiso auténtico y maduro. Con los dones que el Espíritu nos regala todo es posible desde ahora.

José María Martín OSA

Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!». Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros». Después sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

Juan 20, 19-23

 

Comentario del Evangelio

Son muchas las cosas que podemos aprender hoy en el Evangelio. Fijaros en primer lugar que los discípulos estaban como escondidos porque tenían miedo. Esta es la primera lección: no tener miedo. Y llega Jesús y los llena de paz: Jesús es nuestra paz, la paz entre nosotros.

Y después les envía, les dice que al igual que Dios envió a Jesús, nosotros somos también enviados. Jesús está dando al botón de Inicio a la Iglesia.

Y al final les regala el Espíritu Santo, la presencia de Dios permanente con nosotros. Todo lo que sucede en este pasaje del Evangelio es fundamental para entender por qué los cristianos nos hemos unido como Iglesia. No se puede ser cristiano por libre, uno solo. Así que debemos animarnos a vivir nuestra fe con otros, en nuestras parroquias, en la Iglesia.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe algo de tu parroquia que te gusta y algo de tu parroquia que te gustaría cambiar.

• ¿Por qué no podemos ser cristianos solitarios? ¿Por qué debemos estar en comunidad en nues- tras parroquias?

• Escribe un compromiso para que tu participación en la vida de la parroquia sea más intensa.

Oración

Pasa, Señor, aunque yo no te busque, distraído
en los afanes de la vida, pasa…
Eres Tú el único que da sentido a mi existencia,
el que minimiza mis errores y me vuelve
misericordia inmediata,
amor gratuito, amistad regalada y caricia de vida
Cuando te dejo entrar en mí, me tomas
al asalto y me vuelves todo amor.
Gracias por estos miedos que te reclaman,
gracias por mis fragilidades que me quitan prepotencias,
gracias porque siendo pequeño,
Tú me vuelves grande y capaz,
gracias porque contigo soy luz para el camino oscuro
de la vida y sal que aporta chispa
y humor para facilitar las situaciones.
Gracias por entrar… por pasar hasta el fondo de mí…

Señor pasa hasta el fondo

No permitas que nos encerremos en nuestros
duelos ni autocompasiones,
no nos dejes dar demasiada importancia
a lo que nos ocurre,
impide que la enfermedad, el paro,
el desamor o la desgracia nos bloquee,
porque entonces vivimos sin Ti,
y así no hay forma de superarlas.

¡Cuántas veces nos has demostrado
que vivimos anclados en nuestra pena
y lo único que nos libera es dejar
de autocompadecernos y escuchar al otro!
Minimiza, Señor, nuestros miedos
y vuélvenos misericordiosos,
compasivos con los hermanos
y adivinos de sus dificultades.
Sólo así podremos sanarnos
y recuperar la energía vital.

Entra, Señor, pasa hasta el fondo,
al silencio de mi corazón,
más allá de mi cabeza ruidosa
y de mi mente egocéntrica.
Pasa y hazme sentir como Tú,
amar como Tú,
acompañar como Tú.
Porque quiero saber aliviar el dolor de los otros,
perdonar siempre,
descargar del peso de la vida
y desculpabilizar y liberar a mis hermanos.

Pasa, Señor, aunque yo no te busque,
distraído en los afanes de la vida, pasa…
Eres Tú el único que da sentido a mi existencia,
el que minimiza mis errores
y me vuelve misericordia inmediata,
amor gratuito, amistad regalada
y caricia de vida Cuando te dejo entrar en mí,
me tomas al asalto y me vuelves todo amor.

Gracias por estos miedos que te reclaman,
gracias por mis fragilidades
que me quitan prepotencias,
gracias porque siendo pequeño,
Tú me vuelves grande y capaz,
gracias porque contigo soy luz
para el camino oscuro de la vida
y sal que aporta chispa
y humor para facilitar las situaciones.
Gracias por entrar… por pasar hasta el fondo de mí…

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio del Domingo de Pentecostés

• Jesús “exhaló su aliento sobre ellos” (22): esta expresión nos lleva a los orígenes, a aquello que Dios hizo por dar vida al hombre a quien modeló del polvo de la tierra (Gn 2,7). De estamanera el Evangelio nos dice que Cristo Resucitado, dándonos el Espíritu, es el Creador de la Humanidad Nueva.

• El don del Espíritu Santo es fruto de la resurrección de Jesús. Es el Resucitado quien lo da (19). Don del Espíritu y Resurrección de Jesús no se pueden separar. El Espíritu Santo nos ha sido dado para la nueva presencia de Dios entre nosotros (Jn 14,16-26; 15,26; 16,7-15).

• Es por el Espíritu Santo como Cristo – el único Cristo– vive en medio de nosotros y en cada uno de nosotros. Es por el Espíritu Santo que Cristo nos comunica su vida de resucitado.

• Es por el Espíritu Santo que podemos amar (alguien ha formulado que quien no ama no tiene el Espíritu Santo).

• Es por el Espíritu Santo que podemos “ver” (20) al Señor (Jn 3,3; 14,19; 20,24.29) –es “el ver” de la fe, el “ver”que llena de alegría (20)– y que podemos acoger sus presencias: en la Iglesia reunida (Mt 18,20), en la Escritura proclamada como Palabra viva (Rm 10,17), en los Sacramentos (1Co 11,24-25) y en la vida, en las personas – empezando por los más pobres– y los acontecimientos (Mt 25,40.45; Lc 12,54-13,5; 17,21).

• Es por el Espíritu Santo como podemos pasar a la acción y dar la vida por los demás como ha hecho Cristo (Jn 15,13), abiertos a la esperanza del Reino de Dios (Mc 4,26-29).

• En la celebración de la Eucaristía expresamos el reconocimiento de estas cuatro presencias del Señor: la primera,en la Reunión; la segunda, en la Palabra que se nos proclama; la tercera, en el Sacramento; y la cuarta, en el envío del final, que nos recuerda que Él está en la vida, fuera, cuando estamos en la familia o dispersos en medio del mundo y de la sociedad (en el centro de trabajo ode estudio o en la plaza o en las asociaciones…), durante toda la semana, hasta la reunión del domingo siguiente.

• El evangelista Juan habla de “discípulos”, no de apóstoles, (19) refiriéndose a quienes estaban reunidos en un mismo lugar: así acentúa la adhesión a Jesús, el seguimiento. La identidad del apóstol –enviado (21)–, por lo tanto, pasa por ser, primero, discípulo.

• No se es discípulo ni se es apóstol si no es en Iglesia: reunidos en un mismo lugar (19) y reunidos con Él, en su presencia.

• Es enviado –apóstol– aquel discípulo a quien el Resucitado envía, del mismo modo que Jesús era enviado por el Padre (21). Por tanto, el apóstol, nunca partede la propia iniciativa sino de la iniciativa de Otro.

• Siempre se refiere al proyecte de Otro: el proyecto de Dios que ha amado tanto al mundo que le quiere dar la vida (Jn 3,16) dándose a conocer (Jn 7,26).

• El apóstol –el militante cristiano– es la persona que da a conocer, con la palabra y la acción, a ese Dios que ha manifestado su amor y ha dado la vida en el hombre Jesús de Nazaret (Rm 1,5; 15,18).

Comentario al evangelio – 17 de mayo

Estando con unos pocos discípulos a su alrededor, Jesús mira la multitud de sus futuros seguidores, nos mira a nosotros. Él fue enviado a todos, incluso a cada uno de nosotros que hemos respondido a su llamada, y a todos les dará su palabra, el nombre y la gloria para que tengan vida. Siguiendo la dinámica de la hora como centro de la historia, podemos contemplar a Jesús rezando por cada uno de nosotros. Sus palabras resuenan en nuestros corazones. Sabemos que no estamos solos, que cada uno de nosotros constituimos, con nuestros dones, la presencia de Jesús en el mundo para que su palabra siga expandiéndose cada vez más.

Cuando transmitimos sus palabras estamos reverberando su voz en el tiempo y el lugar donde nos encontramos. Es en este sentido que debemos entender la petición “que todos sean uno”. Pero la unidad que Jesús pide tiene como modelo la unidad que existe entre el Padre y el Hijo: “como tú, Padre, en mí, y yo en ti”, es decir, el Hijo glorifica al Padre y el Padre al Hijo. Todo lo que Jesús hace procede el Padre y vuelta al Padre. Y lo que Jesús quiere es justamente eso: que cada persona entre en esa unidad, que cada cristiano pueda tener la conciencia que sus acciones, procedes de esa unidad, tienen origen y destino divinos. Si el discípulo es capaz de conformar su vida con la de Jesús, todos podrán reconocer en él la presencia del Hijo, y, por la presencia del Hijo, la del Padre.

Por eso, podemos decir con el salmista: “«Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré” (Sl 15).

Como la acción de Jesús, también la nuestra está muy limitada a un espacio y un tiempo determinados. Él desea contar con otros, desea contar con nosotros, para continuar su obra en el mundo. No importa que tengamos límites. Él lo sabe. La decisión de anunciarle llena nuestra vida de confianza y esperanza por un mundo mejor, no importa si lo que hacemos es muy poco, pues, como dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium “Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores»” (EG 3). 

Eguione Nogueira, cmf