Jueves VII de Pascua

Hoy es 17 de mayo jueves de la VII semana de Pascua.

Hago una pausa en el camino. En el centro de ese inmenso horizonte que envuelve mi vida. Una pausa en el camino que vengo andando y que a veces me resulta cuesta arriba. Pero ahora me concedo un merecido descanso. Tiempo para contemplar esa senda que sigue y se pierde allá, hacia el horizonte. Me doy cuenta de que el Señor iba andando conmigo y sigue ahí para compartir esa pausa y para seguir luego mi andadura. Quiero estar en la presencia de Dios, que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu. Un himno de unidad, plenitud y encuentro.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 17, 20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Cuantas veces a través de las páginas del evangelio me han cautivado la figura de Jesús, al ver lo que hacía, al escuchar lo que decía, cómo hablaba a la gente. Pero ahora contemplo lo más íntimo del misterio de la vida del Señor. Su relación con el Padre. Contemplo con respeto a Jesús levantando la vista al cielo y hablando con su Padre.

El Señor pide al Padre por aquellos que le han conocido. Le pide que entren en esa misma comunión de amor que le une con él, como hijo amado. Pide que sean uno, que estén muy unidos. Unidos a Jesús, unidos entre sí. Yo en ellos y tú en mí. Nosotros, la comunidad cristiana, estamos en el centro de la oración de Jesús. En el núcleo de ese diálogo de amor entre el Padre y el Hijo.

Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy. El Padre nos ha puesto en las manos de Jesús. Somos para Jesús la expresión del amor del Padre. Cuando el Señor nos mira, ve en nosotros, como transparentado, el amor de su Padre. Por eso la oración de Jesús manifiesta su mejor deseo. Que aquellos que creemos en él, estemos donde él está.

La palabra de Jesús es, que todos sean uno Padre, como tú y yo somos uno. Ahora quiero pensar en mi mundo concreto, aquí y ahora, y elevar al Padre esa misma oración. Que todos seamos uno, Padre, por encima de fronteras y barreras. Por encima de odios y conflictos, por encima de prejuicios y etiquetas. Que seamos uno, sin que las ideologías, las incomprensiones o los idiomas se interpongan entre nosotros. Que sintamos que el otro es mi hermano, y mi hermana. Que cada corazón vibre con ternura al descubrir al prójimo. Que encontremos formas para cuidarnos y ayudarnos unos a otros a alcanzar una vida digna. Que todos seamos uno, Padre, como tú en el amor.

Señor Jesús, si me lo permites, quisiera rezar contigo, unirme a tu oración, unirme a tu diálogo con el Padre. Padre nuestro, con Jesús te pido por todas las comunidades cristianas, tan divididas todavía, para que un día no muy lejano nos encontremos unidas, dejando de una vez por todas, aquel lastre histórico que nos ha separado. Que sólo nos una el amor entre ti, Padre y Jesús, tu Hijo. Padre nuestro, con Jesús te pido que todos los que formamos la comunidad de tu hijo nos dejemos evangelizar, para que así podamos anunciarte de puertas a fuera y que la gente pueda creer que tú, Padre, has enviado a tu hijo Jesús. Padre nuestro, con Jesús te pido que todos los que estamos con él, los que hemos atendido la llamada de seguirle, sintamos con fuerza ese amor que nos une a Jesús y que esa sea la razón de nuestra esperanza. Padre nuestro, con Jesús te doy gracias, porque todos nosotros somos aquellos que tú has confiado a tu Hijo, porque somos la expresión de tu amor a Jesús. Amén.