Jueves VII de Pascua

Hoy es 17 de mayo jueves de la VII semana de Pascua.

Hago una pausa en el camino. En el centro de ese inmenso horizonte que envuelve mi vida. Una pausa en el camino que vengo andando y que a veces me resulta cuesta arriba. Pero ahora me concedo un merecido descanso. Tiempo para contemplar esa senda que sigue y se pierde allá, hacia el horizonte. Me doy cuenta de que el Señor iba andando conmigo y sigue ahí para compartir esa pausa y para seguir luego mi andadura. Quiero estar en la presencia de Dios, que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu. Un himno de unidad, plenitud y encuentro.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 17, 20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí. Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Cuantas veces a través de las páginas del evangelio me han cautivado la figura de Jesús, al ver lo que hacía, al escuchar lo que decía, cómo hablaba a la gente. Pero ahora contemplo lo más íntimo del misterio de la vida del Señor. Su relación con el Padre. Contemplo con respeto a Jesús levantando la vista al cielo y hablando con su Padre.

El Señor pide al Padre por aquellos que le han conocido. Le pide que entren en esa misma comunión de amor que le une con él, como hijo amado. Pide que sean uno, que estén muy unidos. Unidos a Jesús, unidos entre sí. Yo en ellos y tú en mí. Nosotros, la comunidad cristiana, estamos en el centro de la oración de Jesús. En el núcleo de ese diálogo de amor entre el Padre y el Hijo.

Padre, quiero que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy. El Padre nos ha puesto en las manos de Jesús. Somos para Jesús la expresión del amor del Padre. Cuando el Señor nos mira, ve en nosotros, como transparentado, el amor de su Padre. Por eso la oración de Jesús manifiesta su mejor deseo. Que aquellos que creemos en él, estemos donde él está.

La palabra de Jesús es, que todos sean uno Padre, como tú y yo somos uno. Ahora quiero pensar en mi mundo concreto, aquí y ahora, y elevar al Padre esa misma oración. Que todos seamos uno, Padre, por encima de fronteras y barreras. Por encima de odios y conflictos, por encima de prejuicios y etiquetas. Que seamos uno, sin que las ideologías, las incomprensiones o los idiomas se interpongan entre nosotros. Que sintamos que el otro es mi hermano, y mi hermana. Que cada corazón vibre con ternura al descubrir al prójimo. Que encontremos formas para cuidarnos y ayudarnos unos a otros a alcanzar una vida digna. Que todos seamos uno, Padre, como tú en el amor.

Señor Jesús, si me lo permites, quisiera rezar contigo, unirme a tu oración, unirme a tu diálogo con el Padre. Padre nuestro, con Jesús te pido por todas las comunidades cristianas, tan divididas todavía, para que un día no muy lejano nos encontremos unidas, dejando de una vez por todas, aquel lastre histórico que nos ha separado. Que sólo nos una el amor entre ti, Padre y Jesús, tu Hijo. Padre nuestro, con Jesús te pido que todos los que formamos la comunidad de tu hijo nos dejemos evangelizar, para que así podamos anunciarte de puertas a fuera y que la gente pueda creer que tú, Padre, has enviado a tu hijo Jesús. Padre nuestro, con Jesús te pido que todos los que estamos con él, los que hemos atendido la llamada de seguirle, sintamos con fuerza ese amor que nos une a Jesús y que esa sea la razón de nuestra esperanza. Padre nuestro, con Jesús te doy gracias, porque todos nosotros somos aquellos que tú has confiado a tu Hijo, porque somos la expresión de tu amor a Jesús. Amén.

Liturgia 17 de mayo

JUEVES DE LA VII SEMANA DE PASCUA, feria

Misa de la feria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Prefacio Pascual o de la Ascensión o después de la Ascensión.

Leccionario: Vol. II

  • Hch 22, 30; 26, 6-11. Tienes que dar testimonio en Roma.
  • Salmo 15. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
  • Jn 17, 20-26. ¡Que sean completamente uno!

Antífona de entrada          Hch 4, 16
Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno. Aleluya.

Oración colecta
TE suplicamos, Señor,

que tu Espíritu infunda con tal fuerza sus dones en nosotros,
que nos conceda un corazón que te agrade
y, propicio, nos haga conformes a tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
TE pedimos, Señor,

que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio pascual o de la Ascensión.

Antífona de comunión
          Cf. Jn 16, 7

Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión
TE pedimos, Señor,

que el sacramento recibido
nos ilumine con su luz
y nos transforme con su participación,
para que merezcamos alcanzar
los dones espirituales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

San Pascual Bailón

SAN PASCUAL BAILÓN

(† 1592)

Villarreal, municipio de la provincia de Castellón de la Plana, sobre la carretera de Valencia a Barcelona, hoy con más de 20.000 habitantes, de terreno llano y suelo fértil, regado por el Mijares, centro agrícola con extensos naranjales, que ostenta con orgullo uno de los templos parroquiales mayores de España, la arciprestal de San Jaime, presenta aún con más ufanía el convento franciscano del Rosario, en el cual murió el biografiado, se conservaron los restos del mismo hasta la guerra del 36 y se levanta ahora en su honor el templo votivo eucarístico internacional.

 ¡Qué contraste con la villa zaragozana de 400 habitantes, Torrehermosa, arrullada por el jalón, la que fue cuna del Santo, en la diócesis de Sigüenza!

 Mas hay que saltar a sus recintos por el siglo XVI.

 España termina su secular cruzada contra el moro. Enriquecida con un mundo nuevo, toca al apogeo de su gloria. «Cuando ella se mueve solía decirse, la Europa tiembla.»

 Por ella pasean sus flores de santidad Ignacio, Javier, Teresa, Juan de la Cruz, Pedro de Alcántara. Pero también otro que, no siendo en su vida celebridad española, en el correr de los años resultó ser celebridad mundial.

 Unos inquilinos del monasterio cisterciense de Puerto Regio, pobres de fortuna del dinero, pero ricos de fortuna del temor de Dios. Llámanse Martín Bailón e Isabel Jubera.

 Padres de un santo cuyo nombre será Pascual, por haber visto la luz en Pascua de 1540, 17 de mayo.

 Ese mismo día de 1592 el hijo más ilustre de Torrehermosa, a los cincuenta abriles de su caminar en este valle hondo, emprende su vuelo de gloria, para recibir los honores de la canonización en 1690 por intervención del infalible Alejandro VIII.

 Pastor ideal durante diecisiete años, desde los siete de su edad. Luego hermano lego franciscano durante veintiocho, desde 1564; modelo, dentro de la reforma alcantarina, como indica la liturgia de su fiesta, de jóvenes y mayores.

 La historia cuenta con elevados al honor de los altares cuyos rasgos eucarísticos son más nutridos; pero no con otro que haya sido declarado por el Vicario de Jesucristo patrón de las asambleas y obras eucarísticas ya desde 1897.

 ¿Su retrato físico?

 Era el Santo de mediana estatura, de buena presencia y de rostro gracioso y amable, aunque no expansivo.

 Tenía en su frente algunas arrugas y un principio de calvicie. Sus ojos azules, pequeños, brillantes, estaban protegidos por pestañas y cejas negras. La nariz y la boca eran regulares. Veíase bajo sus labios, de derecha a izquierda, una cicatriz que le daba las apariencias de estar siempre sonriendo. Color moreno. Barba rala. Carrillos salientes.

 De temperamento irascible unido a su gran fuerza de voluntad, disfrutó de ordinario de buena salud, a excepción de los cinco últimos años de su existencia, que fueron para él un prolongado y cruel martirio.

 Pero nos interesan más sus retratos moral y eucarístico.

 Vida pastoril.

 El zurrón del niño era una diminuta biblioteca con libros piadosos y el oficio parvo de la Virgen, que rezaba diariamente. Su cayado cuelga, bajo la cruz, una imagen de María.

 Su conversación era agradable; sus modales, suaves; su humor, templado.

 A la austeridad entrañada por el pastoreo añadía voluntarias mortificaciones, como el andar descalzo por lugares escabrosos.

 Su amor a la pobreza culminó en el hecho de rehusar el ser heredero de su amo, Martín García, hombre poderoso, propietario de muchas posesiones. Prefiere seguir la estrella de su vocación religiosa, dejando a sus padres, amo y tierra natal. Se presenta en el reino de Valencia al convento de Nuestra Señora de Loreto, recientemente fundado por los reformados de San Pedro de Alcántara en una soledad contigua a la villa de Monforte.

 Su timidez para hablar con el guardián le dejó otros cuatro años al servicio de ovejas en aquella vecindad. Su piedad, su frecuencia de sacramentos en el convento de franciscanos le delataron como santo pastor, mote con que era conocido.

 Era tal su delicadeza que se denunciaba a sí mismo cuando su, ganado hacía daño en campo ajeno. Resarcía perjuicios de su soldada.

 Por fin habla con el padre guardián, quien le admite como corista, sin que acepte esta calidad la humildad del hombre de Dios. Su única ambición es ser la escoba de la casa de Dios».

 El 2 de febrero de 1564 recibe el hábito en Loreto. Aquí permanece hasta 1573. Los cinco años siguientes en Villena, Elche, Jumilla, Ayora, Valencia y Játiva. De 1589 a 1592 es el apóstol y bienhechor de Villarreal, verdadera villa regia a la sazón, con su palacio magnífico, con sus reductos y baluartes, con sus grandes calles y deliciosas avenidas, y con las ondas azuladas del Mediterráneo, que ofrecían a sus pies una graciosa alfombra.

 Siendo sus ocupaciones casi idénticas, el curso de su existencia se desarrolla en un plan más bien monótono.

 Uno de sus biógrafos le retrata así como religioso:

 Su único vestido era una túnica. Bajo la túnica llevaba cilicio o una cadena ajustada a la cintura; su lecho, la tierra. Trabajaba animosamente. Al volver de mendigar por los pueblos levantinos, Elche, Novelda, Aspe, Játiva, Alicante, llegaba con frecuencia al convento con una carga que era más propia para un jumento.

 Desempeñó varios oficios: los de portero, hortelano, cocinero, refitolero y limosnero.

 Uno de los mayores gustos era recoger las sobras de la comida para destinarlas a los pobres.

 Cuando había colocado en orden los platos, el pan en su sitio y las botellas llenas, caía de rodillas en el refectorio y rezaba largo rato, hasta que se levantaba agitado por unos sonidos misteriosos que le obligaban a correr, a dar voces inarticuladas y a bailar delante de la Virgen. No todos se ponían serios ante estos hechos incomprendidos.

 Una página entusiasta de su novicio amigo y superior:

 «Nunca pensaba en satisfacer el menor capricho. Siempre ponía estudio en mortificarse a si propio.»

 «Yo he visto brillar en él la humildad, la obediencia, la mortificación, la castidad, la piedad, la dulzura, la modestia y, en suma, todas las virtudes: y no puedo decir a ciencia cierta en cuál de ellas llevaba ventaja a las demás… «

 Los conventos se disputaban la presencia del humilde y servicial hermano. En Jerez le conoció el predicador Jiménez, ya citado: «¡Dios santo, cómo venía!» exclama. Víle entrar en la iglesia, mientras decía la misa mayor, descalzo, polvoriento, sin capa, con sólo una túnica vil, andrajosa y estrecha, que parecía un saco.» Así viajaba siempre, recorriendo centenares de kilómetros, padeciendo hambre y sed, sembrando consejos, predicando elocuentísimamente con el ejemplo.

 El franciscano no era guerrero, ni orador de fama, ni escritor fino, ni científico de renombre, ni médico buscado. Ni llenaba el mundo con talentos extraordinarios. Teólogo sí lo era, con ciencia infusa; místico lo era también, como lo comprobaron los versados padres Juan Jiménez y Manuel Rodríguez.

 Lo que más vale: era… artista de la santidad.

 La Iglesia ha consagrado la devoción eucarística del Santo en la colecta del 17 de mayo: «¡Oh Dios, que honraste a tu santo confesor Pascual con una admirable devoción a los sagrados misterios de tu cuerpo y sangre; concede propicio que merezcamos recibir nosotros también el gozo espiritual que el recibió en este banquete!»

 Es expresiva también la frase de la lectura abreviada del oficio de su festividad: «Ardió en tierna y constante devoción para con la Eucaristía.»

 Roma se mueve sobre hechos sólidos.

 Curiosa anécdota, contada por la mayor parte de los biógrafos: Pascualito, antes de cumplir el año de su edad, se salía de la cuna para irse, de rodillas y manos por tierra arrastrando, a la iglesia «para asistir a las misas y a los oficios divinos».

 Navarro, mayoral del señor García, patrón del pastorcillo, escribe:

 «Permitíale a veces asistir a misa durante la semana. No podía proporcionarle cosa alguna que fuese tanto de su agrado.

 «Hay una montaña próxima a Elche desde la cual se divisa toda la población». En dicha montaña veíasele permanecer como en éxtasis durante largas horas, mirando alternativamente, ya a Elche, ya a Loreto.

 «Alejábase con tristeza del templo, y, siempre que desde el campo sentía la señal de la campana anunciando el momento en que el santo sacrificio llegaba al acto de la consagración, reconcentrábase dentro de sí mismo para no pensar sino en Dios.

 «Pascual oraba cierto día de rodillas y con las manos juntas. Oyese en este momento el sonido de la campana y exhala un grito: «¡Mirad! ¡Allá, allá!», dice, indicando con el dedo el cielo.»

 «Sus ojos descubren una estrella en el firmamento… luego la nube se rasga, y Pascual contempla, como si estuviera delante del altar, una hostia puesta sobre un cáliz y circuída por un coro de ángeles que la adoran. «

 «Aunque lleno el joven de temor en un principio, no tarda mucho en dejarse llevar de sus transportes de alegría ¡Jesús, Jesús se encuentra allí!»

 Siendo franciscano nada le contenta tanto como ayudar a misa.

 Hasta Paris llegó en 1576 el antiguo pastorcillo, llevando una carta del provincial de Aragón al general de la Orden. En aquellos tiempos eso era una verdadera hazaña. En una ciudad dominada por los envalentonados herejes un hombre, poniéndole un puñal en el pecho, le había preguntado: «¿Dónde está Dios?» «En el cielo», contestó Pascual.

 Luego gemía el Santo: «Ay de mí, no he confesado mí fe: no soy mártir de la Eucaristía por mi falta de memoria, por mi descuido, por mi debilidad. Debiera haber dicho que Dios está en el Santísimo Sacramento.»

 En un pueblo francés preguntáronle los herejes si creía en la presencia real. El contestó afirmativamente. Empezaron los enemigos a argüir con mil sofismas. Mas Pascual desenmascaró el error con tal abundancia de doctrina, que los herejes se sintieron acorralados y con rabia diabólica le apedrearon despiadadamente.

 Lo mismo cavando que cociendo berzas andaba unido con el Señor y repetía bellas jaculatorias. «Oh luz sin mancha —decía recordando la comunión de la mañana—, ¿qué delicias puedes encontrar en hombrecillo como yo? ¿Por qué has querido entrar en mi pecho y hacer de él un templo de tu majestad?»

 Jiménez, superior de nuestro Santo, depone:

 «El pasaba todo el tiempo posible en adoración ante el Santísimo Sacramento».

 «Al pie del tabernáculo se le hallaba después de maitines basta la hora de las misas; ¡estaba armándose para la jornada! Al pie del tabernáculo le sorprendía el anochecer; ¡estaba descansando de sus fatigas!…»

 «Cuando limosnero, con la alfombra al hombro, camina sin tregua, indiferente a los ardores del sol como a las heladas ráfagas del viento. Aspe, Ayorte, Elda, Novelda y Alicante viéronle atravesar sus calles.»

 «Su primer cuidado en cada pueblo es acercarse al sagrario y orar largo rato. Los sacerdotes observaron que el Santo hablaba poco y que su breve conversación iba dirigida preferentemente a Jesús sacramentado.»

 «Luego realiza su dicho: «Tengo gusto en dormir al descubierto.»

 Ocho días dura su enfermedad de tabardillo y dolor de costado. El paciente no exhala ni una queja ni pide medicinas ni alimentos.

 En su lecho de muerte pregunta al hermano que le cuida: «¿Han dado ya la señal para la misa mayor?» «Sí», le respondieron. Inmediatamente se llenó de satisfacción. Su alma voló a la patria de eterna gloria en el momento de la elevación.

 La misma liturgia relata la maravilla: Cuando el cadáver del Santo se hallaba en el féretro durante el funeral, con asombro general de los asistentes, en el momento de la elevación, abre y cierra los ojos por dos veces.

 Punto final, cantando la canción del serafín, que convida a la comunión:

<

p style=»text-align:justify;»> ¿Quién come suplicaciones
que sin dinero se dan,

que es Dios debajo del pan?

<

p style=»text-align:justify;»>Es una fruta muy buena,
de gran sabor y consuelo,
que vino de allá del cielo,
y al cielo nos lleva.

<

p style=»text-align:justify;»>A la una y a las dos,
y también a la tercera.
¿Hay, señores, quien le quiera,

que da de balde Dios?

<

p style=»text-align:justify;»>¡Sus! Todos lleguémonos
do las grandezas están,

que es Dios debajo del pan.

 JUAN ARRATÍBEL, S. S. S.

Pascual Bailón, San

Religioso

<

p style=»text-align:justify;»>
Autor: P. Ángel Amo

<

p style=»text-align:justify;»>
Nació el 16 de mayo de 1540, día de Pentecostés, en Torre Hermosa, provincia de Aragón (España), y murió en Villa Real (cerca de Valencia) el 17 de mayo de 1592, también día de Pentecostés. Puede decirse que este humilde «fraile laico», que no se sintió digno de recibir la Ordenación sacerdotal, fue realmente «pentecostal», es decir, dotado de los extraordinarios dones del Espíritu Santo, como el de la ciencia infusa.

Pascual Baylón, iletrado, pasó los años de su vida religiosa desempeñando el humilde oficio de portero, pero se lo considera nada menos que como «el teólogo» de la Eucaristía, no sólo por las disputas que él sostuvo con los calvinistas de Francia, durante un viaje que hizo a París, sino también por los escritos que dejó, y que son una especie de compendio de los grandes tratados sobre este tema.

Además de sus sabias disertaciones, la Eucaristía fue el centro de su intensa vida espiritual, por lo que el Papa León XIII lo proclamó patrono de las obras eucarísticas, y más tarde patrono de los congresos eucarísticos internacionales. Cuentan sus biógrafos que durante las exequias, en el momento de la elevación de la Hostia y el Cáliz, el cadáver abrió los ojos para mirar el Pan y el Vino consagrados, demostrando así el último testimonio de su amor a la Sagrada Eucaristía.

Sus padres eran muy pobres y, desde muy niño, lo mandaron a trabajar: primero a cuidar las ovejas de la familia, y después como muchacho de un rico hacendado. Lejos de la convivencia humana y de la iglesia, pasaba horas y horas en oración, y ayunaba para mortificar el cuerpo, al que frecuentemente sometía a dolorosas flagelaciones. A los 18 años hizo la petición de entrada al convento de Santa María de Loreto de los Franciscanos reformados, pero fue rechazado. Él, a su vez, rechazó una magnífica herencia que le ofreció un rico señor de la región, un tal Martín García. Finalmente, la fama de su santidad y de algunos prodigios que había realizado le abrieron las puertas del convento, en donde hizo los votos el 2 de febrero de 1564, como «hermano laico», porque no se sentía digno de aspirante al sacerdocio.

Antes de entrar al convento, mientras cuidaba el rebaño, quedaba en éxtasis al escuchar el sonido de las campanas en el momento de la elevación. Este ímpetu de devoción eucarística fue también la característica de su vida religiosa, durante la cual aumentó las mortificaciones a su cuerpo, debilitándolo hasta el límite de las capacidades de resistencia. Murió joven, a la edad de 53 años. Veintiséis años después, el 29 de octubre de 1618, fue proclamado beato, y en 1690 fue canonizado.

San Pascual Bailón
Religioso
(año 1592)

Querido San Pascual: consíguenos del buen Dios un inmenso amor por la Sagrada Eucaristía, un fervor muy grande en nuestras frecuentes visitas al Santísimo y una grande estimación por la Santa Misa.

Propagad la devoción a Jesús Sacramentado y veréis

lo que son los milagros (S. J. Bosco).

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p style=»text-align:justify;»>Le pusieron por nombre Pascual, por haber nacido el día de Pascua (del año 1540). Nació en Torre Hermosa, Aragón, España.
Es el patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna. Desde los 7 años hasta los 24, por 17 años fue pastor de ovejas. Después por 28 será hermano religioso, franciscano.
Su más grande amor durante toda la vida fue la Sagrada Eucaristía. Decía el dueño de la finca en el cual trabajaba como pastor, que el mejor regalo que le podía ofrecer al niño Pascual era permitirle asistir algún día entre semana a la Santa Misa. Desde los campos donde cuidaba las ovejas de su amo, alcanzaba a ver la torre del pueblo y de vez en cuando se arrodillaba a adorar el Santísimo Sacramento, desde esas lejanías. En esos tiempos se acostumbraba que al elevar la Hostia el sacerdote en la Misa, se diera un toque de campanas. Cuando el pastorcito Pascual oía la campana, se arrodillaba allá en su campo, mirando hacia el templo y adoraba a Jesucristo presente en la Santa Hostia.Un día otros pastores le oyeron gritar: «¡Ahí viene!, ¡allí está!». Y cayó de rodillas. Después dijo que había visto a Jesús presente en la Santa Hostia.
De niño siendo pastor, ya hacía sus mortificaciones. Por ej. la de andar descalzo por caminos llenos de piedras y espinas. Y cuando alguna de las ovejas se pasaba al potrero del vecino le pagaba al otro, con los escasos dineros que le pagaban de sueldo, el pasto que la oveja se había comido.
Alos 24 años pidió ser admitido como hermano religioso entre los franciscanos. Al principio le negaron la aceptación por su poca instrucción, pues apenas había aprendido a leer. Y el único libro que leía era el devocionario, el cual llevaba siempre mientras pastoreaba sus ovejas y allí le encantaba leer especialmente las oraciones a Jesús Sacramentado y a la Sma. Virgen.
Como religioso franciscano sus oficios fueron siempre los más humildes: portero, cocinero, mandadero, barrendero. Pero su gran especialidad fue siempre un amor inmenso a Jesús en la Santa Hostia, en la Eucaristía. Durante el día, cualquier rato que tuviera libre lo empleaba para estarse en la capilla, de rodillas con los brazos en cruz adorando a Jesús Sacramentado. Por las noches pasaba horas y horas ante el Santísimo Sacramento. Cuando los demás se iban a dormir, él se quedaba rezando ante el altar. Y por la madrugada, varias horas antes de que los demás religiosos llegaran a la capilla a orar, ya estaba allí el hermano Pascual adorando a Nuestro Señor.

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p style=»text-align:justify;»>Ayudaba cada día el mayor número de misas que le era posible y trataba de demostrar de cuantas maneras le fuera posible su gran amor a Jesús y a María. Un día un humilde religioso se asomó por la ventana y vio a Pascual danzando ante un cuadro de la Sma. Virgen y diciéndole: «Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor». Pocos minutos después el religioso aquel se encontró con el santo y lo vio tan lleno de alegría en el rostro como nunca antes lo había visto así. Cuando los padres oyeron esto, unos se rieron, otros se pusieron muy serios, pero nadie comentó nada.
Pascual compuso varias oraciones muy hermosas al Santísimo Sacramento y el sabio Arzobispo San Luis de Rivera al leerlas exclamó admirado: «Estas almas sencillas sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas valen poco si se comparan con la sabiduría divina que Dios concede a los humildes».
Sus superiores lo enviaron a Francia a llevar un mensaje. Tenía que atravesar caminos llenos de protestantes. Un día un hereje le preguntó: «¿Dónde está Dios?». Y él respondió: «Dios está en el cielo», y el otro se fue. Pero enseguida el santo fraile se puso a pensar: «¡Oh, me perdí la ocasión de haber muerto mártir por Nuestro Señor! Si le hubiera dicho que Dios está en la Santa Hostia en la Eucaristía me habrían matado y sería mártir. Pero no fui digno de ese honor». Llegado a Francia, descalzo, con una túnica vieja y remendada, lo rodeó un grupo de protestantes y lo desafiaron a que les probara que Jesús sí está en la Eucaristía. Y Pascual que no había hecho estudios y apenas si sabía leer y escribir, habló de tal manera bien de la presencia de Jesús en la Eucaristía, que los demás no fueron capaces de contestarle. Lo único que hicieron fue apedrearlo. Y él sintió lo que dice la S. Biblia que sintieron los apóstoles cuando los golpearon por declararse amigos de Jesús: «Una gran alegría por tener el honor de sufrir por proclamarse fiel seguidor de Jesús».
Lo primero que hacía al llegar a algún pueblo era dirigirse al templo y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas adorando a Jesús Sacramentado.
Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, entonces sí se sentía inspirado por el Espíritu Santo y hablaba muy hermosamente. Había recibido de Dios ese don especial: el de un inmenso amor por Jesús Sacramentado
Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento como cuando ayudaba a Misa o cuando podía estarse un rato orando ante el Sagrario del altar.
Pascual nació en la Pascua de Pentecostés de 1540 y murió en la fiesta de Pentecostés de 1592, el 17 de mayo (la Iglesia celebra tres pascuas: Pascua de Navidad, Pascua de Resurrección y Pascua de Pentecostés. Pascua significa: paso de la esclavitud a la libertad). Y parece que el regalo de Pentecostés que el Espíritu Santo le concedió fue su inmenso y constante amor por Jesús en la Eucaristía.

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p style=»text-align:justify;»>Cuando estaba moribundo, en aquel día de Pentecostés, oyó una campana y preguntó: «¿De qué se trata?». «Es que están en la elevación en la Santa Misa». «¡Ah que hermoso momento!», y quedó muerto plácidamente.
Después durante su funeral, tenían el ataúd descubierto, y en el momento de la elevación de la Santa Hostia en la misa, los presentes vieron con admiración que abría y cerraba por dos veces sus ojos. Hasta su cadáver quería adorar a Cristo en la Eucaristía. Los que lo querían ver eran tantos, que su cadáver lo tuvieron expuesto a la veneración del público por tres días seguidos.
Por 200 años muchísimas personas, al acercarse a la tumba de San Pascual oyeron unos misteriosos golpecitos. Nadie supo explicar el porqué pero todos estaban convencidos de que eran señales de que este hombre tan sencillo fue un gran santo. Y los milagros que hizo después de su muerte, fueron tantos, que el Papa lo declaró santo en 1690.
El Sumo Pontífice nombró a San Pascual Bailón Patrono de los Congresos Eucarísticos y de la Adoración Nocturna.

Laudes – Jueves VII de Pascua

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. A Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.

Himno: CONTIGO SUBE EL MUNDO CUANDO SUBES.

Contigo sube el mundo cuando subes,
y al son de tu alegría matutina
nos alzamos los muertos de las tumbas;
salvados respiramos vida pura,
bebiendo de tus labios el Espíritu.

Cuanto la lengua a proferir no alcanza
tu cuerpo nos lo dice, ¡Oh Traspasado!
Tu carne santa es luz de las estrellas,
victoria de los hombres, fuego y brisa,
y fuente bautismal, ¡oh Jesucristo!

Cuanto el amor humano sueña y quiere,
en tu pecho, en tu médula, en tus llagas
vivo está, ¡oh Jesús glorificado!
En ti, Dios fuerte, Hijo primogénito,
callando, el corazón lo gusta y siente.

Lo que fue, lo que existe, lo que viene,
lo que en el Padre es vida incorruptible,
tu cuerpo lo ha heredado y nos lo entrega.
Tú nos haces presente la esperanza,
tú que eres nuestro hermano para siempre.

Cautivos de tu vuelo y exaltados
contigo hasta la diestra poderosa,
al Padre y al Espíritu alabamos;
como espigas que doblan la cabeza,
los hijos de la Iglesia te adoramos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cantaremos danzando: Jerusalén, ciudad de Dios, todas mis fuentes están en ti. Aleluya.

Salmo 86 – HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cantaremos danzando: Jerusalén, ciudad de Dios, todas mis fuentes están en ti. Aleluya.

Ant 2. Como un pastor el Señor ha reunido su rebaño. Aleluya.

Cántico: EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTISIMO Y SAPIENTÍSIMO – Is 40, 10-17

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas,
como si no existieran,
son ante él como nada y vacío.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Como un pastor el Señor ha reunido su rebaño. Aleluya.

Ant 3. El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.

Salmo 98 – SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS.

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor es grande en Sión, encumbrado sobre todos los pueblos. Aleluya.

LECTURA BREVE   Rm 8, 10-11

Si Cristo está en vosotros, aunque vuestro cuerpo haya muerto por causa del pecado, el espíritu tiene vida por la justificación. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también vuestros cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en vosotros.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.

V. El que por nosotros colgó del madero.
R. Aleluya. Aleluya.

V. Gloria al Padre,y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor ha resucitado del sepulcro. Aleluya. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Id y sed los maestros de todas las naciones; bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Aleluya.

PRECES

Bendigamos a Cristo, el Señor, por quien tenemos acceso al Padre en el Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Escúchanos, Señor Jesús.

Envíanos tu Espíritu, el huésped deseado de las almas,
y haz que nunca lo contristemos.

Tú que resucitaste de entre los muertos y estás sentado a la derecha de Dios,
intercede siempre por nosotros ante el Padre.

Haz que el Espíritu nos mantenga unidos a ti,
para que ni la tribulación ni la persecución ni los peligros nos separen nunca de tu amor.

Enséñanos a amarnos mutuamente,
como tú nos amaste para gloria de Dios.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre, repitiendo la oración que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Tu Espíritu, Señor, infunda en nosotros la fuerza de sus dones, para que nuestros pensamientos te sean gratos y nuestra voluntad esté siempre sometida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lectura – Jueves VII de Pascua

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. A Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo, venid, adorémosle. Aleluya.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: ¿Y DEJAS, PASTOR SANTO?

¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dónde volverán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura
que no les sea enojos?
Quien gustó tu dulzura
¿qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al fiero viento, airado,
Estando tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?

Ay, nube envidiosa
aun de este breve gozo, ¿qué te quejas?
¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.

Salmo 88, 39-53 – IV: LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE DAVID

Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el suelo su corona;

has derribado sus murallas
y derrocado sus fortalezas;
todo viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;

has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has confortado en la pelea;

has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.

Ant 2. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

Salmo 88, 39-53 – V

¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has creado a los humanos.

¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu fidelidad juraste a David?

Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo afrentan las huellas de tu Ungido.

Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana. Aleluya.

Ant 3. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre. Aleluya.

Salmo 89 – BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre. Aleluya.

V. Dios resucitó al Señor. Aleluya.
R. Y nos resucitará también a nosotros por su poder. Aleluya.

PRIMERA LECTURA

De los Hechos de los apóstoles 27, 21-44

NAUFRAGIO DE PABLO

En aquellos días, llevábamos mucho tiempo sin comer, cuando Pablo, dirigiéndose a los tripulantes, les dijo:

«Amigos, mejor os hubiera sido seguir mis consejos, y no haber zarpado de Creta. Así nos habríamos ahorrado este percance y estos males. En la situación en que nos encontramos, yo os aconsejo que cobréis mucho valor. No perecerá ninguno de vosotros; sólo la nave se perderá. Esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien también adoro, y me ha dicho: «No tengas miedo, Pablo, que comparecerás ante el César; y mira, en consideración a tu persona, Dios guarda con vida a todos los que navegan contigo.» Así, pues, cobrad ánimo, amigos; que yo confío en Dios que ha de suceder tal como me ha dicho; sin duda, encallaremos en alguna isla.»

Así llegó la decimocuarta noche en que íbamos a la deriva por el Adriático. A eso de media noche, sospecharon los marineros que se aproximaban a tierra. Echaron la sonda y encontraron veinte brazas de profundidad; al poco rato, la echaron de nuevo y encontraron quince. Ante el temor de dar en algún escollo, arrojaron cuatro anclas a popa y aguardaron con impaciencia a que se hiciese de día. A todo esto los marineros intentaban escapar de la nave y, con el pretexto de ir a echar lejos las anclas de proa, arriaron el esquife. Dijo entonces Pablo al centurión y a los soldados:

«Si no se quedan éstos en la nave, no os vais a poder salvar.»

En seguida, los soldados cortaron las amarras del esquife y lo dejaron a merced de las olas. Mientras llegaba el día, Pablo animaba a todos a comer, diciéndoles:

«Hoy hace catorce días que estáis en esta espera ansiosa, ayunando y sin haber tomado nada. Por eso yo os invito a tomar alimento, pues es necesario para vuestra salud. Mi un solo cabello perecerá de vuestra cabeza.»

Dicho esto, tomó pan y, dando gracias a Dios en presencia de todos, lo partió y comenzó a comer. Con ello, cobraron todos ánimo y comieron también. Éramos en total doscientos setenta y seis los que nos encontrábamos en la nave. Una vez satisfechos, aligeraron la nave, arrojando el trigo al mar. Cuando se hizo de día, comprobaron que no conocían aquella tierra, y, como divisaban una ensenada que tenía una playa, en ella acordaron encallar la nave, si podían. Soltaron las anclas y las abandonaron al mar; desataron al mismo tiempo las amarras de los timones e, izando al viento la vela del artimón, hicieron rumbo a la playa. Pero vinieron a dar en un bajo entre dos corrientes, y allí embarrancaron la nave; la proa, sujeta en el fondo, quedó inmóvil, mientras que la popa se deshacía por la violencia de las olas. Los soldados decidieron dar muerte a los presos para que ninguno escapase a nado; pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a tal propósito. Dio orden de que los que sabían nadar se arrojasen los primeros al agua, y saliesen a tierra; y que los demás saliesen, bien sobre tablas, bien sobre otros objetos de la nave. Y así llegaron todos sanos y salvos a tierra.

RESPONSORIO    Sal 106, 25. 28. 31

R. Habló el Señor y levantó un viento tormentoso, que alzaba las olas a lo alto. * Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación. Aleluya.
V. Den gracias al Señor por su misericordia, por las
maravillas que hace con los hombres. R. Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de
la tribulación. Aleluya.

SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Libro 10, 16, 6-7: PG 74, 434)

SI NO ME VOY, EL ABOGADO NO VENDRÁ A VOSOTROS

Habían sido ya cumplidos los designios de Dios sobre la tierra; pero era del todo necesario que fuéramos hechos partícipes de la naturaleza divina de aquel que es la Palabra, esto es, que nuestra vida anterior fuera transformada en otra diversa, empezando así para nosotros un nuevo modo de vida según Dios, lo cual no podía realizarse más que por la comunicación del Espíritu Santo.

Y el tiempo más indicado para que el Espíritu fuera enviado sobre nosotros era el de la partida de Cristo, nuestro Salvador.

En efecto, mientras Cristo convivió visiblemente con los suyos, éstos experimentaban -según es mi opinión- su protección continua; mas, cuando llegó el tiempo en que tenía que subir al Padre celestial, entonces fue necesario que siguiera presente, en medio de sus adictos, por el Espíritu, y que este Espíritu habitara en nuestros corazones, para que nosotros, teniéndolo en nuestro interior, exclamáramos confiadamente: «Padre», y nos sintiéramos con fuerza para la práctica de las virtudes y, además, poderosos e invencibles frente a las acometidas del demonio y las persecuciones de los hombres, por la posesión del Espíritu que todo lo puede.

No es difícil demostrar, con el testimonio de las Escrituras, tanto del antiguo como del nuevo Testamento, que el Espíritu transforma y comunica una vida nueva a aquellos en cuyo interior habita.

Samuel, en efecto, dice a Saúl: Te invadirá el Espíritu del Señor, te convertirás en otro hombre. Y san Pablo afirma: Y todos nosotros, reflejando como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su propia imagen, hacia una gloria cada vez mayor, por la acción del Señor, que es Espíritu. Porque el Señor es Espíritu.

Vemos, pues, la transformación que obra el Espíritu en aquellos en cuyo corazón habita. Fácilmente los hace pasar del gusto de las cosas terrenas a la sola esperanza de las celestiales, y del temor y la pusilanimidad a una decidida y generosa fortaleza de alma. Vemos claramente que así sucedió en los discípulos, los cuales, una vez fortalecidos por el Espíritu, no se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente adheridos al amor de Cristo.

Es verdad, por tanto, lo que nos dice el Salvador: Os conviene que yo vuelva al cielo, pues de su partida dependía la venida del Espíritu Santo.

RESPONSORIO    Jn 16, 7. 13

R. Si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré. * Y, cuando él venga, os conducirá a la verdad completa. Aleluya.
V. Porque no hablará por cuenta propia, sino que os dirá cuanto se le comunique y os anunciará las cosas futuras.
R. Y, cuando él venga, os conducirá a la verdad completa. Aleluya.

ORACIÓN.

OREMOS,
Tu Espíritu, Señor, infunda en nosotros la fuerza de sus dones, para que nuestros pensamientos te sean gratos y nuestra voluntad esté siempre sometida a la tuya. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.