Vísperas – Miércoles VII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SEÑOR, TÚ ERES MI PAZ Y MI CONSUELO.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Salmo 125 – DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Ant 2. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Salmo 126 – EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Ant 3. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE   Ef 3, 20-21

A aquel que tiene sumo poder para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, con la energía que obra en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo, Señor, te alabe.

Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
haz que sepamos corresponder y así logremos la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
y vivan unidos por la caridad.

Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos:
acuérdate de los trabajadores que ganan el pan con el sudor de su rostro.

Acuérdate también de todos los que viven entregados al servicio de los demás;
que no se dejen vencer por el desaliento ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
y líbralos del poder del Maligno.

Llenos de fe invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y vivamos confiados en tu protección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 23 de mayo

Lectio: Miércoles, 23 Mayo, 2018

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 9,38-40
Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta un ejemplo bonito y actual de la pedagogía de Jesús. Nos muestra que él ayudaba a sus discípulos a percibir y a superar la “levadura de los fariseos y de Herodes”.
• Marcos 9,38-40: La mentalidad de cerrazón: “no viene con nosotros”. Alguien que no era de la comunidad usaba el nombre de Jesús para expulsar los demonios. Juan, el discípulo, ve y prohíbe: Tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros. ¡En nombre de la comunidad impide que el otro pueda hacer una buena acción! Por ser discípulo, él piensa tener el monopolio sobre Jesús y, por esto, quiere prohibir que otros usen el nombre de Jesús para realizar el bien. Era la mentalidad cerrada y antigua del “¡Pueblo elegido, Pueblo separado!”. Jesús responde: “No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.” (Mc 9,40). Difícilmente es posible encontrar una afirmación más ecuménica que esta afirmación de Jesús. Para Jesús, lo que importa no es si la persona forma o no forma parte de la comunidad, pero si hace o no el bien que la comunidad debe realizar.
Un retrato de Jesús como formador de sus discípulos. Jesús, el Maestro, es el eje, el centro y el modelo de formación dada a los discípulos. Por sus actitudes, es una muestra del Reino, encarna el amor de Dios y lo revela (Mc 6,31; Mt 10,30; Lc 15,11-32). Muchos pequeños gestos reflejan este testimonio de vida con que Jesús marcaba su presencia en la vida de los discípulos y de las discípulas, preparándolos para la vida y la misión. Era su manera de dar forma humana a la experiencia que él mismo tenía de Dios como Padre. He aquí un retrato de Jesús como formador de sus discípulos:
– los involucra en la misión (Mc 6,7; Lc 9,1-2;10,1),
– al volver, hace revisión con ellos (Lc 10,17-20),
– los corrige cuando se equivocan y quieren ser los primeros (Mc 9,33-35;10,14-15)
– espera el momento oportuno para corregir (Lc 9,46-48; Mc 10,14-15).
– los ayuda a discernir (Mc 9,28-29),
– los interpela cuando son lentos (Mc 4,13;8,14-21),
– los prepara para el conflicto (Jn 16,33; Mt 10,17-25),
– los manda observar la realidad (Mc 8,27-29; Jn 4,35;Mt 16,1-3),
– reflexiona con ellos sobre las cuestiones del momento (Lc 13,1-5),
– los confronta con las necesidades de la gente (Jn 6,5),
– les enseña que las necesidades de la gente están por encima de las prescripciones rituales (Mt 12,7.12),
– tiene momentos sólo con ellos para poderlos instruir (Mc 4,34;7,17;9,30-31;10,10;13,3),
– sabe escuchar, aún cuando el diálogo es difícil (Jn 4,7-42).
– los ayuda a aceptarse a sí mismos (Lc 22,32).
– es exigente y pide que lo dejen todo por amor a él (Mc 10,17-31).
– es severo con la hipocresía (Lc 11,37-53).
– hace más preguntas que dar respuestas (Mc 8,17-21).
– es firme y no se deja desviar por el camino (Mc 8,33; Lc 9,54).
– los prepara para el conflicto y la persecución (Mt 10,16-25).
• La formación no era, en primer lugar, la transmisión de verdades que había que aprender de memoria, sino una comunicación de la nueva experiencia de Dios y de la vida que irradiaba de Jesús para sus discípulos y discípulas. La comunidad que se formaba alrededor de Jesús era la expresión de esta nueva experiencia. La formación llevaba a las personas a tener otros ojos, otras actitudes. Hacía nacer en ellas una nueva conciencia respecto de la misión y respecto de sí mismas. Hacía que fueran poniendo los pies del lado de los excluidos. Producía, después de poco tiempo, una “conversión” como consecuencia de la aceptación de la Buena Nueva (Mc 1,15).

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué significa hoy, en el siglo XXI, para mí, para nosotros, la afirmación de Jesús que dice: Quién no está contra nosotros, está por nosotros?”
• ¿Cómo acontece la formación de Jesús en mi vida?

5) Oración final

Bendice, alma mía, a Yahvé,
el fondo de mi ser, a su santo nombre.
Bendice, alma mía, a Yahvé,
nunca olvides sus beneficios. (Sal 103,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 3, 31-35

31Y viene su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, mandaron a por él, llamándole.
 32Y una muchedumbre estaba sentada en torno a él, y le dicen: “He aquí que tu madre y tus hermanos [están] fuera, te buscan”.

33Y, respondiendo, les dice: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”.

34Y, mirando en torno a los que estaban sentados en torno a él, en corro, dice: “Mirad mi madre y mis hermanos. 35Porque el que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”».

 

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p style=”text-align:justify;”>3, 31-35: Habiendo vencido a sus más virulentos oponentes, que son los escribas, Jesús se dirige ahora a sus «enemigos más íntimos», los de su propia familia, cuyo enfrentamiento con él ha quedado interrumpido por la intervención de los escribas. Nuestro pasaje describe a los parientes de Jesús como hoi par’ autou (literalmente «los que están a su lado»: 3, 21), pero describiéndoles como personas que se encuentran fuera de su círculo mesiánico. Este estatus queda físicamente simbolizado al decir que ellos «están fuera» (3, 31), fuera de la casa mencionada en 3, 20. Este emplazamiento no es solo un artificio formal, sino que es un rasgo emblemático de su oposición a la voluntad de Dios (cf. 3, 35). En vez de responder a la llamada de Jesús, estos familiares intentan «llamarle» para alejarle de su misión. Irónicamente, los mismos parientes que en 3, 21 han dicho que Jesús estaba «fuera de sí» (fuera del estado de salud humana normal) son presentados ahora como los que están realmente fuera; así aparecen en paralelo a los oponentes de Jesús, de los que se dirá en el próximo capítulo que son los que 
«están fuera» (4, 11). Esta descripción de la oposición familiar resultará muy significativa para los miembros de la comunidad marcana: ellos conocen bien la manera en que las preocupaciones de familia pueden tentar a los cristianos, inclinándoles a abandonar su misión: ellos han experimentado la penosa necesidad de tener que cerrar bien los oídos ante este canto de sirenas.

A Jesús le anuncian la llegada de su madre y sus hermanos. Pero él no solo rechaza someterse a sus pretensiones, sino que vuelve los ojos hacia la multitud que le rodea y declara que su madre, sus hermanos y sus hermanas son quienes cumplen la voluntad de Dios. Tal afirmación implica que las personas que integran aquella multitud cumplen obedientes la voluntad divina y constituyen su verdadera familia. Las palabras de Jesús quedan reforzadas de modo intertextual al precisar la descripción que la gente está sentada «alrededor de él» (3, 32) o «a su alrededor en corro», imagen que evoca a un patriarca rodeado por sus hijos (cf. Sal 128, 3 y Job 29, 5 en la versión griega.

De esa manera, tanto el simbolismo del contexto narrativo como el dicho conclusivo de Jesús le presentan como el centro de un nuevo «círculo familiar». Aunque no se afirme expresamente, este círculo parece estar formado por aquellos que escuchan la enseñanza de Dios, pues cuando en Marcos hay una multitud que se forma en torno a Jesús es, ordinariamente, para escuchar su palabra (cf. 2, 2.13; 4, 1-2; 6, 34; 8, 33; 10, 1). Los que van para ser curados no se sientan tranquilamente en torno a él, sino que se abalanzan locamente sobre él. De esa forma, Mc 3, 31-35 conduce al siguiente capítulo del evangelio, no solo por su contraste entre los de dentro y los de fuera, sino también por su tema, que es el de escuchar la voluntad de Dios (4, 1-20).

En la afirmación conclusiva (3, 35), Jesús declara que aquellos que cumplen la voluntad de Dios son sus hermanos, hermanas y madres. La mención de los hermanos espirituales de Jesús tendría una resonancia especial entre los lectores de Marcos, ya que los primeros cristianos se relacionaban entre sí como hermanos y hermanas. Pero la visión de Jesús, que mira a su grupo, sentado en torno a él, contiene una dimensión nueva: la mirada de Jesús es una mirada creadora; no se limita a registrar la existencia de una familia escatológica, sino que hace que esa familia empiece a existir, a través de una mirada que se apodera de las personas y que de esa manera expulsa o destruye el poder del Diablo.

En Marcos, la iniciativa divina incluye, y no excluye, la acción humana, dado que, según 3, 35, «los hermanos, hermanas y madres» de Jesús son quienes hacen la voluntad de Dios, escuchando la palabra de Jesús. Pero, si algunos seres humanos, a diferencia de lo que pasa con aquellos que están sentados en torno a Jesús, no hacen la voluntad de Dios ¿quién es el responsable? La culpa de no atender a la palabra ¿proviene de la negligencia culpable de los hombres, de la intervención satánica y/o de una misteriosa forma divina de organizar las realidades humanas? Las parábolas del capítulo siguiente profundizarán en este tema, desarrollando a través de ellas el «misterio del reino de Dios» (4, 11).

La mirada de María

La mirada de María, aún siendo nítida y clara, siempre será para nosotros un enigma: nunca llegamos a alcanzar totalmente la profundidad desde la que arranca; la belleza que sus ojos destellan; el brillo que nace de su alma.

Pero, entre todas miradas que nos ofrece María, hay algunas que merecen nuestra contemplación y nuestra reflexión:

*La mirada al Niño. Refleja el fruto de su obediencia y de su generosidad. ¡Lo qué te espera, hijo mío! Ya entonces, desde el pesebre, María supo mirar a Jesús sabiendo que -aun siendo suyo- Dios tenía mucho que decir. Lo miró, no solamente con ojos de humanidad, sino con ojos de Madre de Dios.

*La mirada sobre José. Poco nos hablan los evangelios sobre este personaje que cristalizó en sentimientos de amor y de ternura en la vida de María. En momentos de soledad y de prueba, de pobreza y de intimidad, miraría a José con ojos de amiga y de confidente, de compañera y esposa. ¡Cuánto más te miro, José, mas te quiero! ¡Qué especiales tuvieron que ser las miradas de María a José!

*La mirada a nosotros. En el atardecer del Viernes Santo, María, sólo tuvo ojos para Cristo y para Juan. Y, al clavar su mirada en el discípulo amado, los dejó para siempre fijos y clavados en su iglesia; en los millones de hijos e hijas que hemos ido naciendo a lo largo de la historia de nuestro cristianismo.

-Venimos, en este tiempo de la Pascua, porque necesitamos ser mirados por los ojos de la Madre.

-Venimos, en este mes de mayo, porque no podemos vivir sin un rayo de su presencia

-Venimos, en el mes de las flores, porque sus ojos son referencia para los nuestros. Para los que desean mirar con la misma pureza, alegría y bondad que destellan los ojos de María.

Dejamos, delante de Ella, este “colirio”. Queremos representar nuestro deseo de ver las cosas con la misma profundidad y nitidez de María.

 

ORACIÓN

Yo también quisiera poseer, Santa María,
ojos tan lúcidos como los tuyos.
Para comprender el Misterio que te hace grande
Para entender la Palabra que te hizo  feliz
Para no perder los caminos que conducen
a la alegría viva y permanente que brota en el cielo.
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
para descubrir definitivamente a Jesús
y no perderlo ante tanto escaparate que la vida me ofrece.
Yo también quisiera tener tus ojos, Santa María,
y por encima de valles y de montes
saber que me espera un horizonte en Dios
con los brazos abiertos.
¿Cómo conseguir tu mirada?
¿Cómo alcanzar tu vista?
¿Cómo mantener la nitidez de tus ojos?
“Sólo con la oración”, me respondes Santa María,
se limpian tanto los ojos como el alma
Sólo con la obediencia
se alcanza a ver lo que el mundo niega
Sólo con la confianza
los ojos llegan donde el hombre no atina
Sólo con la sencillez
los ojos traspasan lo que la inteligencia nos dificulta
¡Ayúdame, Santa María!
Dame esos ojos grandes que ven a Dios
Dame esos ojos limpios que contemplan a Cristo
Dame esos ojos penetrados por los rayos del Espíritu
Y, si acaso no puedo,
sólo te pido que no dejes de mirarme.
Amén.

Rezamos un Ave María.

Ecclesia in Medio Oriente

Los jóvenes y los niños

62. Saludo con paternal solicitud a todos los niños y jóvenes de la Iglesia en Oriente Medio. Pienso en los jóvenes que buscan un sentido humano y cristiano duradero de su vida, sin olvidar a aquellos cuya juventud coincide con un alejamiento progresivo de la Iglesia, que se traduce en el abandono de la práctica religiosa.

Comentario Domingo de la Santísima Trinidad

Tú que estás por encima de nosotros,
Tú que eres uno de nosotros,
Tú que estás también en nosotros,
haz que el mundo te vea también en mí
y que yo te prepare el camino.

Que te agradezca todo lo que ocurre,
que no olvide la miseria de los demás.
Guárdame en tu amor,
como quieres que los demás permanezcan en el mío.
Que todo lo que forma parte de mi ser
sirva para tu alabanza
y que no desespere jamás.

Porque yo estoy en tu mano
y en ti está toda fuerza y en toda bondad.
Dame un corazón puro para que te vea,
un espíritu humilde para que te escuche,
el espíritu de fe para que permanezca en ti.
Tú, a quien no conozco,
pero a quien pertenezco.

 

Mt 28, 16-20

«16Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, almonte al que Jesús les había indicado, 17y al verlo se postraron; sin embargo algunos dudaron.

18Y, acercándose, Jesús les habló diciendo: “Me ha sido dadatoda autoridad en el cielo y sobre la tierra. 19Así pues, id yhaced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el findel mundo”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El texto evangélico es la perícopa final del evangelio de Mateo y, según muchos estudiosos, en ella se encuentra condensado todo el evangelio de Mateo. Es de señalar que es un final abierto, porque, contra lo que suele suceder en el evangelio (cada orden recibe su puntual cumplimiento), aquí las últimas palabras deJesús quedan ‘en el aire’, como para que todo el que laslea o escuche se sienta impelido a ponerlas en práctica.

 

TEXTO – ELEMENTOS A DESTACAR

Esta perícopa final, y siguiendo el peculiar estilo mateano, tiene dos partes: una introducción narrativa(vv. 16-17) y un pequeño pero impactante discurso de Jesús (vv. 18-20). El nombre de Jesús aparece en las dos partes con la clave de la autoridad. En la introducción narrativa destacan términos de referencia: a) Los Once (frente a ‘los Doce’ que tantas veces aparece, ahora mentar los ‘once’ es reflejar una herida abierta: la comunidad no es un ámbito idílico sino que tiene su historia imperfecta; esto se refleja también en la aparición -sorprendente- del verbo ‘dudar’, como para frenar la arrogancia espiritual de los discípulos de todos los tiempos e invitarlos a una más que necesaria modestia espiritual; b) Galilea y el monte nos remiten al comienzo de la actividad de Jesús, al momento de la llamada al discipulado, una invitación a recomenzar, siempre, nuestra andadura de discípulos (cf. 4,12; 4,18; 5,1): Jesús siempre nos ofrece una nueva oportunidad para reiniciar nuestra andadura tras Él, siempre se propone como Maestro al que seguir a pesar de todos los pesares. En la parte discursiva, como marca propia de Mateo, sobresale el uso – magnífico- del adjetivo todo, presente en cada frase del discurso, creando una extraordinaria sensación de plenitud, compromiso misionero y asistencia (toda autoridad, todas las gentes, todo lo mandado, todos los días). El Jesús más ‘pantocrátor’ posible ordena a los discípulos sólo una cosa: ‘hacer discípulos a todos los pueblos’, y para ello, tres verbos auxiliares: ir (salir al encuentro de todos), bautizar (hacer presente a Jesús mediante el sacramento para recorrer el camino del discipulado) y enseñar (vivir en el espíritu del discipulado). Y es totalmente sobresaliente la inclusión formada por el ‘yo estoy con vosotros’ con el Enmanuel con que comenzaba el evangelio (cf. 1,23: Dios-con-nosotros). Todo el evangelio es, pues, manifestación feliz de una compañía especial, revelación de Dios en Jesús, que nos alienta a comprender y vivir la vida con las claves ofrecidas por el Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo de la Santísima Trinidad

Santísima Trinidad
27 de Mayo de 2018

Dt 4, 32-34.39-40; Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22; Rom 8, 14-17; Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

 

Reflexión

En las lecturas de esta semana nos recuerdan que solo hay un Dios y sólo Dios merece adoración y obediencia. Pablo nos recuerda que por el Bautismo recibimos un Espíritu de adopción de hijos de Dios y coherederos con Cristo. Jesús nos llama a participar de su misión haciendo discípulos en todos los pueblos. “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial…La verdad revelada de la Santísima Trinidad ha estado desde los orígenes de la raíz de la fe viva de la Iglesia, principalmente en el acto del Bautismo.” (Cat. 234, 249)

 

Actividad

Repasen con los niños la forma de hacer la señal de la cruz. ¿Saben porque los cristianos hacemos la señal de la cruz? Explíqueles su significado. Recuérdenles como los mayores los bendicen antes de salir de casa, al hacer algo importante, al acostarse a dormir etc. De esta manera los ponen bajo la protección de Dios. Renueven con los niños las promesas del Bautismo, haciéndola señal de la cruz con agua bendita.

Oración

Señor tú eres una comunidad y nos enseñas a ser comunidad y a compartir con otros con amor. Gracias por tu promesa de acompañarnos siempre. Fortalece nuestra familia en el amor de unos por otros. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de la Santísima Trinidad

En el tiempo de Jesús, se pensaba que Dios era como un papá regañón que continuamente castigaba a sus hijos. Cristo nos hace ver que no es así, que Dios es un padre tan bueno y amoroso, que envía a su Hijo único para entregarse y sacrificarse por nosotros, por nuestra salvación. Basta con que CREAMOS en Él y que CUMPLAMOS su palabra, de lo contrario nosotros mismos nos estaríamos cerrando las puertas del cielo.

Creer en Cristo es creer que vino al mundo a salvarnos al borrar nuestros pecados con su sacrificio y a guiarnos en el camino del amor con su Palabra. Y esta fe la demostramos con nuestras obras, al obedecer sus mandamientos y tratar con amor a los demás.

Creer es tener fe y la fe es un regalo de Dios que podemos pedir todos los días en nuestras oraciones. La fe es como una semilla que Dios planta en nuestros corazones, pero que si no se riega y cuida, puede no crecer y por lo tanto nunca dar fruto.

La forma de cultivar la semilla de fe que Dios sembró en nosotros, es con oración y estudio de su Palabra. Además, Cristo nos dejó siete sacramentos que son el fertilizante que da la fuerza para crecer y dar frutos.

En especial, la eucaristía es el medio que Dios nos da para alimentar nuestra alma, para darnos fuerza para cumplir su palabra y para unirnos a Cristo y a su Iglesia.

¿Cómo se nota en mi vida que creo en Cristo?

Comentario al evangelio – 23 de mayo

NO ES DE LOS NUESTROS


¡Pobres discípulos (y pobre Jesús)!  Es que no dan una. Para una vez que Juan, el hijo del Trueno, abre la boca en este Evangelio, es para desencadenar un chaparrón. Es la vieja pretensión-tentación de tener la verdad en exclusiva y sentirse con el «poder» de controlar a todos los demás, repartiendo patentes de ortodoxia, de pertenencia…

Era la vieja mentalidad de tener una serie de códigos, pistas y condiciones para definir correctamente quiénes estaban a un lado de una línea (con Dios de su parte) y los que estaban -¡pobrecillos!- dejados de la mano de Dios, perdidos, confundidos. Pero la novedad del Reino de Jesús no va por ahí.  Fuera de la Iglesia sí hay salvación, y hay Espíritu, y gentes buenas de las que tenemos que aprender mucho.

«En la Iglesia Católica -escribía San Agustín- hay quienes no son católicos. Pero también se pueden encontrar católicos fuera de la Iglesia.  Muchos que parecen estar fuera, están dentro; muchos de lo que parecen estar dentro están fuera».

El católico es aquel que tiene un espíritu universal, que eso es lo que significa esta palabra, y sabe descubrir lo valioso en los otros, el que se sabe siempre en búsqueda de la Verdad, y los otros tienen mucho que enseñarle.

• ¿Tú verdad? no, la verdad;  y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela. (A Machado)

• La verdad no está de parte de quién grite más (R Tagore)

• Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado (André Gide)

• No poseemos la verdad ni el bien nada más que en parte, y mezclados con la falsedad y con el mal (B Pascal)

El buscador y defensor de la verdad no le cierra la boca al que tiene otras ideas, ni lo trata como enemigo, ni le prohíbe seguir pensando, investigando o expresándose.  No convierte al distinto en enemigo, sino que hace mucha mayor gala de los principios del diálogo, entre los cuales no está el creerse ya, como punto de partida, con toda la razón. Es verdad que en tiempos de relativismo, de fuertes cambios, y de confusión hay la fuerte tentación de subrayar lo propio, cerrar filas, acallar disonancias, estar muy pendientes de los posibles errores y abusos, y encontrar donde sea enemigos para plantarles cara.

Pues no va con el estilo de Jesús ese empeño de algunos grupos, movimientos y personas que pretenden tener la exclusiva de la verdad, de la salvación, de la fe, de la revelación divina e imponérsela a los otros. No va con Jesús lo de excluir, precisamente él que fue un excluido por la ortodoxia judía, y que fue durante toda su vida rodeándose de excluidos, heterodoxos y personas de mala fama.  Sino más bien, buscar puntos de encuentro, tender la mano a todos los colaboradores que quieran luchar contra los demonios de nuestro mundo, reconocer la bondad ajena, tener mucha paciencia…

No encontramos en ningún lugar del Evangelio una preocupación o intención por parte de Jesús por ser muchos, ni por mostrar el poder de los números de la gente que le seguía, ni siquiera puso las cosas fáciles para que «se le apuntaran» más. Pocos, pero levadura. Pocos, pero sal. Poca llama, pero iluminando desde el candelero. Pocas ramas en el árbol, pero con capacidad para acoger a las aves que quieran anidar en él.

Con palabras del entonces Cardenal Joseph Ratzinger:

Cada empresa tiene el derecho de promocionar su producto.  Pero la Iglesia no es una empresa. Sólo debe anunciar a Cristo.  No debe atraer hacia sí, ni engrandecer su rebaño, ni procurarse clientes, sino mostrar el rostro de Jesús.  La fe no es una mercancía, ni propiedad de un grupo en expansión.  Nosotros no poseemos nada. La Iglesia anuncia a Cristo, no busca consenso. No se puede presentar como misión lo que no es otra cosa que burda propaganda sectaria o parcial.

El mensaje de Cristo debe ser anunciado incluso allí donde no gusta.  La Iglesia es Iglesia de mártires, no Iglesia que martiriza. Una Iglesia tolerante, que no persigue a sus adversarios.

Cuando los grupos se miran a sí mismos… acaban ocupados exclusivamente de sí mismos. Cuando los grupos se miran de frente unos a otros… acaban enfrentados. El asunto es que donde hay que mirar es… al mundo, al sufrimiento de las gentes, a la defensa de lo humano… y encontrarnos allí con cualquiera que se sienta llamado a hacer el bien. No es tarea de la Iglesia hacer aceptos, ni tampoco adoctrinar… sino ser testigo del Evangelio, salir al encuentro del hombre siendo cauce del amor, la acogida y la misericordia de Dios. Con aquellos que ni siquiera mencionen a Dios, o tengan «otro Dios».

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf