Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

24.- Por su misma finalidad, este Catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido cuanto en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles”.

Es decir, ni por el método ni por el contenido un catecismo mayor como éste no pretende, no es su intención, sería imposible que estuviera dando respuestas a las exigencias que se tienen a veces por diversidades culturales. Por ejemplo, en ciertos lugares de África es necesario dar una respuesta muy grande al mundo de los espiritismos porque en determinadas culturas o tribus este tipo de creencias están muy introducidas. En este catecismo en el que nos encontramos, uno podrá encontrar las bases para ello, pero no lo va a encontrar desarrollado, lo lógico es que el obispo africano de ese lugar a partir de este catecismo desarrolle los puntos para dar respuesta a este aspecto concreto. Podríamos hablar de otros ejemplos u otras circunstancias que hiciesen necesario el desarrollo de un aspecto. Por ejemplo, las edades. No es lo mismo explicar el catecismo a un adulto que a un niño, ni es lo mismo explicar el catecismo a alguien con una formación intelectual desarrollada, que le pueden venir bien explicaciones y bases filosóficas, a alguien que no ha hecho estudios superiores y a los que no parece traer a colación textos filosóficos que han hablado de este tema, haciendo una especie de diálogo fe-cultura, no parece prudente porque es algo que le puede superar.

El Catecismo mayor no pretende especializarse, ni en los intelectuales, ni en los que tienen estudios básicos… Hace una exposición que después puede ser adaptado a unos y a otros. También puede haber personas con una vida espiritual muy profunda y otros que comienzan. A los primeros sería conveniente dar toda la doctrina de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa de Jesús, o situaciones de pobreza a los que se les ha de dirigir el Evangelio dándole una esperanza muy especial. Todas estas son situaciones que, en el Catecismo Mayor, que es un depósito para todos, no se ha entrado a concretar tanto. Pero sin embargo, cuando la Iglesia se dirija a dar esos pasos, hará ese esfuerzo pedagógico de referirse a ellos. La Iglesia no cae en ese error de café para todos, sí que es la misma fe para todos y no caben contradicciones entre lo que yo le explico a alguien en África o en Europa, ni puede haber contradicciones si explico la fe a una persona con nivel cultural muy alto o a una persona sencilla que no tiene el graduado escolar. Eso no quiere decir que el método sea el mismo, es decir, hay una necesidad de adaptarse. Como hace una madre, a todos sus hijos les educa igual, en un sentido, pero a cada uno se lo dice de una manera distinta. Los padres tienen la capacidad de particularizar a cada hijo según le ven y al mismo tiempo quererlos igual y educarlos bajo los mismos principios, particularizar sin contradecirse entre los hijos. La Iglesia no hace un café para todos sino cuando habla se adapta al interlocutor que tiene ante ella, hace un esfuerzo pedagógico.

Es ese esfuerzo el que deben hacer siempre los párrocos, cuando tienen diversas misas, en la misa de víspera no va el mismo tipo de gente que a la del día siguiente, a la misa de niños va otro tipo de gente, y a la misa mayor otro tipo de gente. Y cuando uno predica, si se pone en la situación del que le oye y quiere hacer un esfuerzo especial, inevitablemente si son personas mayores les habla de una manera, si son niños de otra, si son padres jóvenes que uno se da cuenta que están un tanto secularizados y están porque sus niños van a hacer la primera comunión… pues a cada uno se lo explica de forma distinta. Es la pedagogía de la encarnación, Dios se encarnó y al encarnarse nos habló no solamente desde nuestro idioma sino desde nuestros esquemas. Cuando la liturgia se celebraba en latín la predicación era en lengua vernácula y se hacía un esfuerzo pedagógico para adaptar el mensaje de Jesucristo al oyente. Este es el esfuerzo de la catequética. Explicar el Catecismo en internet, tiene su dificultad, porque ¿los lectores de qué tipo son?, bueno pues uno ha de arriesgarse y en internet hay lectores de todos los tipos, el que escribe no les ve y no ve sus caras, si están entendiendo o no, y esa especie de interacción que ha de tener el catequista con los catequizados, y ven si entienden o no, el que escribe por internet no puede hacerlo, aunque hay una posibilidad de hacer comentarios y algunos los hacen.

Así cuando se explica el catecismo mayor no se puede ser tan pedagógico como cuando uno está con un grupo concreto, pero también hacemos un esfuerzo que viene a decir básicamente “Explícaselo a los niños para que lo entiendan los mayores”, es decir, explicar en un lenguaje lo más sencillo pero saber que eso explicado de forma sencilla no va solo por los niños sino también por los mayores. Este es el método que se intenta en esta página, que no suple lo que luego la Iglesia tiene que hacer de esfuerzo en los catecismos menores, no es lo mismo hablar en vida ascendente a la tercera edad que hablar a los niños que van a hacer la primera comunión.

Hay una cita aquí del Catecismo Romano muy hermosa que dice lo siguiente, es una cita que pone un ejemplo concreto de cuál es el alma del catequista que quiere adaptarse a quien le está dirigiendo el catecismo: “El que enseña debe hacerse todo a todos para ganarlos a todos para Jesucristo, sobre todo que no se imagine el catequista que le ha sido confiada una sola clase de almas, y que por siguiente le es lícito enseñar y formar igualmente a todos los fieles en la verdadero piedad con un único método y siempre el mismo. Que sepa bien que unos son en Jesucristo como niños recién nacidos, otros como adolescentes, otros como poseedores de todas sus fuerzas. Los que son llamados al ministerio de la predicación deben al transmitir la enseñanza del misterio de la fe y de las reglas de las costumbres acomodar sus palabras al espíritu y a la inteligencia de sus oyentes”.

Como vemos, es un texto realista en el que se le pide al predicador, al catequista, meterse en el mundo interior de aquel a quien se está dirigiendo para imaginarse las dificultades que él tiene para entender, hacerse todo a todos para intentar salvarlos a todos. Ese hacerse a todos, a los niños, a los ancianos… es un principio que tenemos que pedirlo como un don al Espíritu Santo, hacernos a las personas para decirles la palabra que necesitan, no el rollito que me he aprendido de memoria para soltarlo igual a uno que a otro, sino la forma de expresión que esta persona en este momento necesita para entender, tener ese don de ser pedagogo, a ver como se lo digo a este para que lo entienda. “Hacerse todo a todos” 1Co 9, 22.