Jueves. Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote

Hoy es 24 de mayo, fiesta de Jesucristo sumo y eterno sacerdote.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 14, 12. 16. 22-26):

El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
–¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?
El envió a dos discípulos, diciéndoles:
–Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?».
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
–Tomad, esto es mi cuerpo.
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.
Y les dijo:
–Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

Cuando llegó Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote, hizo una alianza nueva con toda la humanidad, borró el sacerdocio y todos los sacrificios de la antigua alianza y ofreció al Padre Dios su persona, su vida. Gastó su vida de la manera que el mismo Dios Padre le había indicado. En el fondo, gastar su vida de acuerdo con su propio ser, con su propia naturaleza que es el Amor. Es decir, le ofreció una vida de amor, una vida de servicio a sus hermanos los hombres, indicándoles el camino a seguir. Le ofreció su vida, su muerte y, por eso Dios, le resucitó. En cada eucaristía, renovamos esta única ofrenda, este único sacrifico de Jesús, nuestro Sumo y Eterno sacerdote: “Tomad, este es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos”.

Todos los cristianos, los seguidores de Jesús, participamos de su único sacerdocio. Unos participamos del sacerdocio ministerial y otros del sacerdocio común. Tanto unos como otros debemos imitar a Cristo sacerdote de dos maneras: En primer lugar, participando en la eucaristía, cada uno desde su condición, es decir, presentando al Padre a Cristo víctima, y comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre. Y en segundo lugar, haciendo lo mismo que él hizo, ofrecer al Padre la ofrenda de una vida de entrega, de servicio a los demás. Que también nosotros podamos decir las palabras de Jesús, pero aplicadas a nosotros mismos: Ésta es mi persona que se entrega a mis hermanos por amor, como signo de cumplir la voluntad del Padre, como signo de ser fieles a nuestro ser, que es un ser creado para el amor, para la entrega…   

¡Que el Señor, nos ayude a cada uno, a vivir el sacerdocio que él nos ha regalado!

Liturgia 24 de mayo

JUEVES. NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE, fiesta

Misa de la fiesta (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias, Gloria, Prefacio I de ordenaciones. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Jer 31, 31-34. Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados.
  • Salmo 109. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
  • Mc 14, 12a. 22-25. Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Antífona de entrada          Hb 7, 24
Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano
constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote,
concede, por la acción del Espíritu Santo,
a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios
la gracia de ser fieles
en el cumplimiento del ministerio recibido.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
JESUCRISTO, nuestro Mediador,
te haga aceptables estos dones, Señor,
y nos presente juntamente con él
como ofrenda agradable a tus ojos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio I de las ordenaciones.

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión
LA eucaristía que hemos ofrecido y recibido,
nos dé la vida, Señor,
para que, unidos a ti en caridad perpetua,
demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo nuestro Señor.

San Vicente de Lerins

SAN VICENTE DE LERINS

(†  445)

Al nombrar a Vicente de Lerins se agolpa luego a la mente la historia del semipelagianismo, que tanto dio que hacer a San Agustín, su gran adversario. El primer chispazo semipelagiano se dio en el norte de Africa. Con ocasión de la controversia pelagiana, el Obispo de Hipona había enseñado que las acciones del hombre, sin excepción, dependen de Dios y, sobre todo, que la perseverancia final es un don divino completamente gratuito. Contra Pelagio había recalcado Agustín la intervención divina en cada una de nuestras obras. A los monjes de Adrumeto, probablemente una fundación monástica agustiniana, les pareció dura esta doctrina, porque no acertaban a conciliarla con la libertad humana. Después de acaloradas e infructuosas disputas en el convento, al fin se deciden a escribir a San Agustín pidiéndole aclaraciones. El santo obispo atiende su demanda escribiendo dos libros, uno Sobre la gracia y la libertad y el otro Sobre la corrección y la gracia. Al parecer, los monjes se tranquilizaron, y nada más se volvió a oír de tales controversias en la Iglesia africana.

 Años más tarde surge vigorosa de nuevo la doctrina semipelagiana en el sur de las Galias. Un célebre abad del monasterio de San Víctor, en Marsella, Casiano, en su Colación decimotercera, sentaba el principio de que ciertos esfuerzos de la voluntad humana preceden a la gracia y, consiguientemente, que el principio de la fe depende del hombre. La perseverancia en el bien, decía Casiano, no es una gracia especial de Dios, sino una recompensa que se debe al justificado; la elección a la gloria depende de la perseverancia en el bien y no de una libre disposición de Dios.

 Próspero de Aquitania e Hilario, dos laicos avisados en cuestiones teológicas, ponían en conocimiento de su amigo Agustín las novedades del abad de San Víctor. El santo Obispo de Hipona, sin pérdida de tiempo, contestaba con sus dos tratados De la predestinación de los santos y Del don de la perseverancia. Sin rodeos San Agustín enseñaba que la perseverancia final la concede Dios a los elegidos cual gracia máxima y singularísima.

 La santidad y prestigio de Casiano, padre del semipelagianismo, conquistaba para sus errores la admiración y aplauso de los contemporáneos. Las novedades del abad de San Víctor no tardaron en llegar al monasterio de Lerins, emplazado en la isla del mismo nombre (hoy San Honorato), a no mucha distancia de la moderna Cannes. En esta isla, inhospitalaria por la plaga de animales venenosos, fundaba San Honorato de Arlés hacia el 410 un monasterio que había de hacerse célebre en el campo de la teología, de la patrística y de la jerarquía eclesiástica. A él pertenecía Vicente, sobre cuya vida conocemos muy poco, pues, excepción hecha del historiador Genadio de Marsella, los contemporáneos guardan el silencio más absoluto.

 Sabemos por Genadio que nació en el norte de Francia, que se ordenó de sacerdote en el monasterio de la isla de Lerins, que fue un varón docto en el conocimiento de la Sagrada Escritura e instruido en los dogmas de la Iglesia. El mismo Vicente nos dice que el año 434 habitaba una quinta apartada y que en ella vivía la retirada vida de un monasterio, lejos del tumulto de las ciudades y de las muchedumbres, donde, sin grandes distracciones, podía cumplir lo que se canta en los salmos: Vivid en sosiego y ved que yo soy el Señor.

 Sobre el género de vida que hacía Vicente antes de su entrada en el monasterio, Genadio calla. Unas pinceladas, en cambio, del mismo Vicente en uno de sus libros, nos recuerda lo que debió ser su vida en los años que precedieron a su ingreso en el monasterio. «Arrebatados en otro tiempo —nos dice— por los tristes y encontrados torbellinos de la milicia secular, hemos arribado al fin, con el favor de Cristo, al puerto de la religión, siempre refugio fidelísimo para todos, en el cual, ahuyentados los vientos de la vanidad y de la soberbia, aplacando a Dios con el sacrificio de la humildad cristiana, lograremos evitar no solamente los naufragios de la vida presente, sino también los incendios del siglo venidero.»

 El monje de Lerins nos habla aquí de una «milicia secular». ¿Es que vistió el uniforme militar antes de ataviarse con el hábito de monje? Así lo han pensado algunos autores interpretando literalmente la milicia secular de que habla Vicente. Nada más fuera de sentido. Los torbellinos de la milicia secular, contrapuestos francamente al puerto de la religión, siempre refugio fidelísimo para todos, indica bien a las claras que la expresión es metafórica. El monje de Lerins, recogiendo un pensamiento del lenguaje ascético, quiere significar con ello la convulsión tempestuosa de un mundo siempre agitado, al que singularmente pagó tributo él en los años de su juventud. ldentificarlo con el prefecto homónimo de las Galias del año 397 es también falso. La pluma de Genadio, tan pródiga en encomios para el monje de Lerins, no hubiese omitido el mayor de los elogios que de él pudiera hacerse antes de su ingreso en el convento.

 Vicente, junto con Honorato de Arlés y Salviano de Marsella, educó a Salonio y Verano, hijos de Euquerio, futuro obispo de Lyón. Este célebre prelado lionés le recuerda con elogio cuando, escribiendo a Salonio, decía de Vicente que era «un varón santo y eminente en sabiduría y elocuencia». El monje de Lerins es, efectivamente, un sabio. El sorprendente manejo que en sus obras hace de la Escritura, la inteligencia de los dogmas eclesiásticos y la formulación recta de los mismos, así como el conocimiento vasto de la historia de la Iglesia que refleja en sus escritos, son una prueba de ello. Si la formación intelectual del lerinense era buena, su preparación humanística no era inferior. Cicerón, Lucrecio, Salustio prestan al monje de Lerins su fórmula elegante y galana para revestir pensamientos de alta teología. El estilo y lenguaje de Vicente es el de los escritores distinguidos y sobresale por su clasicismo entre los demás escritores galos del siglo V.

 El monasterio de Lerins era un centro monástico cargado de entusiasmo por la ciencia, saturado de fervor teológico, foco luminoso de semipelagianismo, que mantenía relaciones con los centros culturales más distinguidos de la época. En él se habían formado Cesáreo de Arlés, Hilario, Euquerio de Lyón, Salviano de Marsella, Fausto de Rietz y Vicente de Lerins, autor este último el más afamado después de Casiano.

 Cuando Vicente vistió la túnica monástica, su convento y otros escritores de la región de Marsella, acaudillados por Juan Casiano, habían entablado una guerra sorda contra la doctrina de la gracia defendida por San Agustín en su lucha con Pelagio. Dado el carácter fogoso del lerinense y su celo por la ortodoxia, no pudo quedar al margen de la controversia. Sus grandes cualidades de teólogo y escritor le hicieron primera figura y campeón del semipelagianismo. Hacia el 410 escribió su primera obra titulada Objeciones, que eran las dificultades que él oponía a la doctrina de San Agustín sobre la gracia. Esta obra se ha perdido. Contra ella compuso Próspero de Aquitania, amigo del Obispo de Hipona, sus Respuestas de San Agustín a los capítulos de las objeciones vicentinas. Es una contestación adecuada a las objeciones del lerinense. No tardó éste en replicar. En 434 redactó su obra maestra bajo el seudónimo de Peregrino; él mismo le da en el texto hasta cinco veces el nombre escueto de Conmonitorio. Repetidas veces consigna que su libro va dirigido a «descubrir los fraudes y evitar los lazos de los herejes recientes». Los herejes modernos eran San Agustín y sus discípulos, y, por tanto, contra ellos dirigía la obra. Vicente de Lerins admiraba la doctrina del Obispo de Hipona sobre la Trinidad y Encarnación, pero rechazaba de plano sus enseñanzas sobre la gracia. Para descubrir los fraudes de los herejes propone en el Conmonitorio, cual punto de referencia, la Tradición. «Hay que procurar a todo trance —nos dice— que todos nos atengamos a lo que en todas partes, siempre y por todos se ha creído; porque esto es lo propio y verdaderamente católico.» Así es, en efecto. La doctrina de la Tradición ha de preferirse a la autoridad de cualquier escritor, por afamado que éste sea.

 Pero no se daba cuenta Vicente de Lerins que en este caso concreto el Obispo de Hipona y sus discípulos representaban la Tradición contra los semipelagianos del sur de las Galias. Así lo reconocía infaliblemente Bonifacio II cuando, al aprobar las actas del sínodo de Orange del 529, condenaba en 25 cánones las enseñanzas de pelagianos y semipelagianos y daba la razón a San Agustín. El Obispo de Hipona, por tanto, no era ningún hereje. En nuestros días nadie aceptaría tampoco el principio del monje de Lerins, cual norma discriminadora de ortodoxia, sin antes poner al margen muchas reservas.

 El Conmonitorio del lerinense es uno de los libros que más historia ha dejado en pos de sí. Hoy pasan de 150, entre ediciones y traducciones a diversas lenguas. El olvido en que le tuvieron los siglos medievales ha quedado resarcido por el recuerdo que le ha dedicado la historia de la teología moderna. En los días tormentosos de la Reforma el Conmonitorio se convirtió en manzana de discordia. pues ambos contendientes, católicos y protestantes, invocaban a su favor el canon de la Tradición propuesto por el célebre monje de Lerins. No paró aquí su actividad de escritor. Polemista por temperamento, compuso todavía un Florilegio con textos agustinianos, trinitarios y cristológicos, en los que combatía la doctrina de Nestorio.

 La obra del lerinense es benemérita en conjunto y, bajo ciertos aspectos, de valor indiscutible. Su Conmonitorio señala un hito en la historia de la Tradición, aunque le afee la interpretación torcida que de ella hizo aplicándola contra San Agustín, que representaba la verdad. El cardenal Noris ha expresado mejor que nadie esta anomalía con una ingeniosa comparación: “A veces le sucedió en esto —dice— lo que a los antiguos alquimistas, los cuales, aunque vieron frustrados sus anhelos al buscar la quimera de la piedra filosofal, nos legaron, sin embargo, la medicina con todos sus tesoros, mucho más preciosos que el oro mismo.»

 El hecho, por otra parte, de que el Conmonitorio fuese un libelo difamatorio contra San Agustín arroja sobre el lerinense, una oscura sombra, que quita brillo, ciertamente, a su actividad de escritor, pero que no empaña en nada su vida moral ni su buen nombre de monje fervoroso y santo. El lerinense defendía el semipelagianismo cuando esta doctrina no había sido aún condenada por la Iglesia. Por eso, según afirma Benedicto XIV, nada pierde San Vicente de Lerins por la defensa que de ella hizo, pues escribía de buena fe. San Agustín mismo decía de los semipelagianos que eran «hermanos y amigos que combaten juntamente con nosotros por la fe católica contra la maldad pelagiana». El papa Celestino los tenía por bien intencionados, aunque extraviados en el camino de la verdad. Con razón celebra la Iglesia su fiesta el 24 de mayo. La fecha precisa de su muerte no es posible determinarla. Genadio nos dice que murió en el reinado de Teodorico II (408-450) y Valentiniano III (425-455). Esta fecha, un tanto vaga e indeterminada, queda más restringida por el testimonio de Euquerio de Lyón, que en 445 habla de Vicente como de una persona que aún vive. Por lo mismo habríamos de colocar su muerte entre los años 445-450.

 Una advertencia final. No imaginamos a nuestro Santo polemizando en sus escritos con la Iglesia. Se ha hablado con sobrada razón del catolicísimo Vicente de Lerins. En efecto, las páginas de sus libros están saturadas de adhesión y amor a la Iglesia católica. Tanto es el entusiasmo que siente por la Iglesia de Roma, que la palabra “católico» a secas no le sirve y echa mano del superlativo. Aunque no lo afirme expresamente, supone la autoridad doctrinal suprema del Papa y tal vez su infalibilidad; al Romano Pontífice compete velar por la integridad del depósito de la Revelación, y en las polémicas sobre el mismo, nos dice Vicente de Lerins, tiene autoridad para decidir por sí solo. No podemos discutir tampoco al Santo, porque, al fin y al cabo, en todas las páginas de su Conmonitorio late un solo pensamiento: indagar lo que siente y cree la Iglesia católica.

 URSICINO DOMÍNGUEZ DEL VAL, O. S. A.

Laudes – Jueves VII de Tiempo Ordinario

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

Himno: SEÑOR, CUANDO FLORECE UN NUEVO DÍA.

Señor, cuando florece un nuevo día
en el jardín del tiempo,
no dejes que la espina del pecado
vierta en él su veneno.

El trabajo del hombre rompe el surco
en el campo moreno;
en frutos de bondad y de justicia
convierte sus deseos.

Alivia sus dolores con la hartura
de tu propio alimento;
y que vuelvan al fuego de tu casa
cansados y contentos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Salmo 86 – HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Ant 2. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Cántico: EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTISIMO Y SAPIENTÍSIMO – Is 40, 10-17

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas,
como si no existieran,
son ante él como nada y vacío.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Ant 3. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

Salmo 98 – SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS.

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

LECTURA BREVE   1Pe 4, 10-11

Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que toma la palabra que hable palabra de Dios. El que se dedica al servicio que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, Señor nuestro, cuya es la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

V. Guardaré tus leyes.
R. Respóndeme, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sirvamos al Señor con santidad y nos librará de la mano de nuestros enemigos.

PRECES

Demos gracias al Señor, que guía y alimenta con amor a su pueblo, y digámosle:

Te glorificamos por siempre, Señor.

Señor, rey del universo, te alabamos por el amor que nos tienes,
porque de manera admirable nos creaste y más admirablemente aún nos redimiste.

Al comenzar este nuevo día, pon en nuestros corazones el anhelo de servirte,
para que te glorifiquemos en todos nuestros pensamientos y acciones.

Purifica nuestros corazones de todo mal deseo,
y haz que estemos siempre atentos a tu voluntad.

Danos un corazón abierto a las necesidades de nuestros hermanos,
para que a nadie falte la ayuda de nuestro amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acudamos ahora a nuestro Padre celestial, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tiniebla y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lectura – Jueves VII de Tiempo Ordinario

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CON GOZO EL CORAZÓN CANTE LA VIDA

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.

Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.

La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.

Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.

Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.

Salmo 88, 39-53 – IV: LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE DAVID

Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el suelo su corona;

has derribado sus murallas
y derrocado sus fortalezas;
todo viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;

has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has confortado en la pelea;

has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.

Ant 2. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.

Salmo 88, 39-53 – V

¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has creado a los humanos.

¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu fidelidad juraste a David?

Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo afrentan las huellas de tu Ungido.

Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.

Ant 3. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.

Salmo 89 – BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.

V. En ti, Señor, está la fuente viva.
R. Y tu luz nos hace ver la luz.

PRIMERA LECTURA

De la segunda carta a los Corintios 4, 5-18

FRAGILIDAD Y CONFIANZA DEL APÓSTOL

Hermanos: No nos predicamos a nosotros mismos, sino que predicamos a Cristo Jesús como Señor; nosotros nos presentamos como siervos vuestros por Jesús. El mismo Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

Pero llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca evidente que la extraordinaria grandeza del poder es de Dios, y que no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; nos ponen en aprietos, mas no desesperamos de encontrar salida; somos acosados, mas no aniquilados; derribados, pero no perdidos; llevamos siempre en nosotros por todas partes los sufrimientos mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. Aun viviendo, estamos continuamente entregados a la muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en esta nuestra vida mortal. Así pues, en nosotros va trabajando la muerte, y en vosotros va actuando la vida.

Pero como somos impulsados por el mismo poder de la fe -del que dice la Escritura: «Creí, por eso hablé»-, también nosotros creemos, y por eso hablamos. Y sabemos que aquel que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros con Jesús, y nos hará aparecer en su presencia juntamente con vosotros. Porque todo esto es por vosotros, para que la gracia de Dios, difundida en el mayor número de fieles, multiplique las acciones de gracias para gloria de Dios.

Por eso no perdemos el ánimo. Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

RESPONSORIO    2Co 4, 6; Dt 5, 24

R. El mismo Dios que dijo: «Brille la luz del seno de las tinieblas», * ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.
V. El Señor nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz.
R. Ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para que demos a conocer la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.

SEGUNDA LECTURA

De las Instrucciones de san Columbano, abad
(Instrucción 1, Sobre la fe, 3-5: Opera, Dublín 1957, pp. 62-66)

LA INSONDABLE PROFUNDIDAD DE DIOS

Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.

¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá investigar las profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios infinito que todo lo llena y todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A Dios ningún hombre vio ni puede ver. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables, inescrutables, impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza, que Dios es y será tal cual fue, porque es inmutable.

¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. No indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las profundidades insondables deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En efecto, el conocimiento de la Trinidad divina se compara con razón a la profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés: Profundo quedó lo que estaba profundo: ¿quién lo alcanzará? Porque, del mismo modo que la profundidad del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad escapa a nuestra comprensión. Y por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario, al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel que pretenda conseguirlo.

Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable, estará lejos de ti, más de lo que estaba; pero, si lo buscas mediante la fe, la sabiduría estará a la puerta, que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por lo menos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.

RESPONSORIO    Sal 35, 6-7; Rm 11, 33

R. Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes; * tu justicia es como las altas cordilleras, tus sentencias como el océano inmenso.
V. ¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios!
R. Tu justicia es como las altas cordilleras, tus sentencias como el océano inmenso.

ORACIÓN.

OREMOS,
Concédenos, Dios todopoderoso, que la constante meditación de tu doctrina nos impulse a hablar y a actuar siempre según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.