I Vísperas – Santísima Trinidad

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: CANTAD Y ALABAD AL SEÑOR.

Cantad y alabad al Señor,
él nos ha dicho su nombre:
Padre y Señor para el hombre.
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
Hijo del Padre, hecho hombre:
Cristo Señor es su nombre.
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
divino don para el hombre:
Santo Espíritu es su nombre.
Vida, esperanza y amor.

Cantad y alabad al Señor,
él es fiel y nos llama,
él nos espera y nos ama.
Vida, esperanza y amor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Gloria a ti, oh Dios único en tres personas iguales, antes de los siglos, ahora y por toda la eternidad.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gloria a ti, oh Dios único en tres personas iguales, antes de los siglos, ahora y por toda la eternidad.

Ant 2. Bendita sea la Trinidad santa y la Unidad indivisa; démosle gracias porque ha tenido misericordia de nosotros.

Salmo 147 – RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendita sea la Trinidad santa y la Unidad indivisa; démosle gracias porque ha tenido misericordia de nosotros.

Ant 3. Gloria y honor por los siglos al Dios uno en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gloria y honor por los siglos al Dios uno en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

LECTURA BREVE   Rm 11, 33-36

¡Qué abismo de riqueza es la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus juicios y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva? Él es origen, camino y término de todo. A él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.
R. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

V. Honor y gloria al único Dios.
R. Ensalcémoslo con himnos por los siglos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Gracias a ti, Señor Dios; gracias a ti, Trinidad única y verdadera, Dios único y supremo, Unidad única y santa.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Gracias a ti, Señor Dios; gracias a ti, Trinidad única y verdadera, Dios único y supremo, Unidad única y santa.

PRECES

Glorifiquemos a Dios Padre que, por el Espíritu Santo, vivificó el cuerpo de su Hijo, para que su carne resucitada fuera fuente de vida para los hombres, y aclamemos al Dios uno y trino, diciendo:

¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo!

Padre todopoderoso y eterno, envía tu Espíritu consolador en nombre de tu Hijo sobre la Iglesia,
para que la conserve en la unidad de la caridad y de la verdad perfectas.

Manda, Señor, trabajadores a tu mies, para que hagan discípulos de entre todos los pueblos
y, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, los confirmen en la fe verdadera.

Ayuda, Señor, a los perseguidos por causa de tu Hijo,
que el Espíritu Santo hable por ellos, como Jesucristo nos prometió.

Que todos los hombres, Señor, te confiesen como único Dios en tres personas,
y que vivan en la fe, en la esperanza y en el amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Padre de todos los vivientes, tú que vives y reinas con el Hijo y el Espíritu Santo,
recibe a nuestros hermanos difuntos en tu reino.

Digamos ahora al Padre, movidos por el Espíritu Santo que ora en nosotros, la plegaria que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Dios Padre, que has enviado al mundo la Palabra de verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu misterio admirable, concédenos que, al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la Unidad de tu majestad omnipotente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 26 de mayo

Lectio: Sábado, 26 Mayo, 2018

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Marcos 10,13-16

Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.» Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de ante-ayer traía consejos sobre la relación de los adultos con los pequeños y excluidos (Mc 9,41-50). El evangelio de ayer traía consejos sobre la relación entre hombre y mujer, marido y esposa (Mc 10,1-12). El evangelio de hoy trae consejos sobre la relación entre madres e hijos. Para los pequeños y excluidos Jesús pedía la máxima acogida. En la relación entre hombre-mujer, pide la máxima igualdad. Ahora con los niños, pide la máxima ternura.

• Marcos 10,13-16: Recibir el Reino como un niño. Llevaron a Jesús unos niños para que Jesús los tocara. Los discípulos trataban de impedirlo. ¿Por qué lo impiden? El texto no lo dice. Tal vez porque, según las normas rituales de la época, los niños pequeños con sus madres, vivían casi constantemente en la impureza legal. ¡Tocarlos significaba contraer impureza! Y así, si los niños tocaban a Jesús, ¡él también quedaría impuro! Pero Jesús no se incomoda con estas normas rituales de pureza legal. Corrige a los discípulos y acoge a las madres con los niños. Toca a los críos y les da un abrazo diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos”. Y cuando Jesús abraza a los niños y los bendice, pone sobre ellos la mano. ¿Qué significa esta frase? a) los niños reciben todo de sus padres. No consiguen merecer lo que reciben, pero viven de amor gratuito. b) Los padres reciben a los niños como un don de Dios y curan de ellos con todo cariño. La preocupación de los padres no es dominar a los críos, sino amarlos y educarlos, ¡para que crezcan y se realicen como personas!

• Un signo del Reino: Acoger a los pequeños y a los excluidos.Hay muchos signos de la presencia actuante del Reino en la vida y en la actividad de Jesús. Uno de ellos es su manera de acoger a los niños y a los pequeños. Además del episodio del evangelio de hoy, he aquí una lista de algunos otros momentos de acogida a los pequeños y a los niños:

a) Acoger y no escandalizar. Una de las palabras más duras de Jesús es contra aquellos que causan escándalo en los pequeños, esto es, que son motivo para el cual los pequeños dejan de creer en Dios. Para ellos, mejor sería tener una piedra de molino al cuello y ser arrojado al mar (Mc 9,42; Lc 17,2; Mt 18,6).

b) Identificarse con los pequeños. Jesús abraza a los niños y se identifica con ellos. Quien recibe a un niño, a “mí me recibe” (Mc 9,37). “Y todo lo que hacéis a uno de estos niños, a mí me lo hacéis” (Mt 25,40).

c) Hacerse como niños. Jesús pide que los discípulos se vuelvan como niños y acepten el Reino como niños. Sin esto, no es posible entrar en el Reino (Mc 10,15; Mt 18,3; Lc 9,46-48). El pone a los niños como profesores de adulto. Lo cual no es normal. Acostumbramos hacer lo contrario.

d) Defender el derecho que los niños tienen de gritar. Al entrar en el Templo, Jesús derriba las mesas de los vendedores, y son los niños los que más gritan: “¡Hosanna al hijo de David!” (Mt 21,15). Criticado por los jefes de los sacerdotes y de los escribas, Jesús se defiende y, en su defensa, hasta invoca las Escrituras (Mt 21,16).

e) Agradecer por el Reino presente en los pequeños. La alegría de Jesús es grande, cuando percibe que los niños, los pequeños, entienden las cosas del Reino que él anunciaba a la gente. “Padre, yo te doy gracias.” (Mt 11,25-26) ¡Jesús reconoce que los pequeños entienden mejor que los doctores las cosas del Reino!

f) Acoger y curar. Son muchos los niños y los jóvenes que él acoge, cura y resucita: la hija de Jairo de 12 años (Mc 5,41-42), la hija de la mujer cananea (Mc 7,29-30), el hijo de la viuda de Naím (Lc 7, 14-15), el niño epiléptico (Mc 9,25-26), el hijo del Centurión (Lc 7,9-10), el hijo del funcionario público (Jn 4,50), el niño de los cinco panes y dos peces (Jn 6,9).

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• En nuestra sociedad y en nuestra comunidad ¿quiénes son los pequeños y los excluidos? ¿Cómo está siendo la acogida que les damos?

• En mi vida, ¿qué aprendí de los niños sobre el Reino de Dios?

5) ORACIÓN FINAL

Te invoco, Yahvé, ven presto,
escucha mi voz cuando te llamo.
Que mi oración sea como incienso para ti,
mis manos alzadas, como ofrenda de la tarde. (Sal 141,1-2)

La alegría de los ignorantes

¿Fuego que quema o fuegos artificiales?

«Este nos hace sentir a todos ignorantes», me ha silbado al oído el pérfido Santiago. «Menos mal», repliqué yo.

En realidad, no estaba tranquilo en absoluto. Creo que descubrir la propia ignorancia representa el primer paso en el camino de la sabiduría. Y no sólo el primero, sino también todos los siguientes. Pero hay maneras y maneras. Y la que adoptó el predicador para hacernos sentir pobres ignorantes ciertamente no era la más feliz.

Dicho brutalmente: ha salido con el pie equivocado. Y ha seguido impertérrito hasta el final, mostrándose irritante en extremo.

El Deuteronomio, en la primera lectura, nos informa de que la voz del Señor se hacía oír desde el fuego. Pero éste pretendía hacerla oír desde los fuegos artificiales.

Ha arrancado con una fórmula que no permitía presagiar nada bueno: «amor relacional». La señorita Evelina estaba petrificada más de lo acostumbrado. El coadjutor se alegraba.

Alguna viejecilla, esparcida aquí y allá, rezaba el rosario.

Nuestro párroco se había ido a esconder quién sabe dónde (probablemente en la sacristía, para secarse el sudor —hacía calor…— y para esconder la inquietud). El amigo Santiago se divertía con el llavero. Los críos estaban más inquietos de lo acostumbrado.

El predicador, poco después, nos ha hecho desfallecer con un juego de palabras: «La Trinidad inmanente y la Trinidad económica». No era «palabra de Dios» sino palabra de «uno de los más valiosos teólogos de nuestro tiempo» (mi hija me ha confirmado después que había entendido bien —aunque, a decir verdad, no había entendido nada— y también me ha revelado el nombre del «culpable»). Me hubiera gustado ver la cara de nuestro párroco cuando el predicador pintaba, en el cielo oscuro de nuestra ignorancia, aquellos ringorrangos.

Hablar con las muletas

Pero me doy cuenta de que aún no he hecho las presentaciones (por otra parte, tampoco el interesado ha sentido la necesidad de decir quién era y por qué estaba allí; quizás pensó que la fama de que gozaba era más que suficiente). Bueno, se trataba de un personaje importante en el campo de la cultura católica, un pez gordo. Debe haberlo invitado el coadjutor, que ha sido alumno suyo en la facultad.

No quiero recitar la parte del malo, pero no puedo callar mis impresiones: aquello más que una predicación era una exhibición, una ostentación de cultura. No hay nada peor que un predicador se sienta obligado a aparecer brillante a toda costa.

Existe un poder que hincha. Pero también puede darse un saber que hincha más allá de cualquier medida de decencia.

Era un pavo real que hacía la rueda abriendo todo el abanico de sus plumas variopintas. Me hubiera gustado arrancar alguna de aquellas plumas, formar con ellas un ramo, y abanicarme con él (el domingo se sudaba también en los bancos).

Un abanico de citas, del campo de la teología y de la filosofía, de la mística y la poesía, pero con una preferencia acentuada hacia los novelistas contemporáneos. Yo también leo novelas en el tiempo libre, pero en la iglesia prefiero oír proclamar la palabra de Dios, y no verla reducida a puro pretexto para excursiones en otros territorios.

Además tengo una teoría personal acerca de las citas. Quien abusa de ellas demuestra que no sabe caminar con sus piernas, sino que recurre a las citas para sostener su discurso que no se sostiene solo.

Quien no tiene un pensamiento propio, original, recurre al ajeno, venga de donde viniere.

En una palabra, hay quien, con la ambición de impresionar, no se da cuenta de que habla con muletas.

Las citas con frecuencia esconden desmañadamente la vanidad, la obsesión por hacer buen papel.

Frente a tanta ostentación de ciencia, me he sentido ignorante. Pero hubiera agradecido que también el famoso predicador hubiese confesado, o al menos dejado intuir, la propia ignorancia frente al misterio (porque se trataba de misterio).

Pero no. Terminó con una frase efectista sacada de la escenificación de una película. Parecía la traca final, ruidosa, que anuncia el fin de los fuegos artificiales (y nosotros quedamos sepultados en la oscuridad).

Paciencia. Normalmente se dice «será para la próxima vez». Espero que esa vez no llegue. Prefiero cien veces el pan casero —incluso con alguna piedrecilla dentro que hace chirriar los dientes cuando se mastica— que nos saca semanalmente nuestro párroco.

Me hacía recordar al queridísimo Georges Bernanos: «¿La palabra de Dios? Pues un hierro incandescente. Y tú que la enseñas, preferirías cogerla con las tenacillas, por miedo a quemarte, a empuñarla con las manos. Déjame reír. Un cura que baja del púlpito de la verdad con la boca un poco caliente, pero contento, no ha predicado, lo más que ha hecho ha sido ronronear».

Meditación en familia

Menos mal que en casa estaba la hija teóloga, quien primero me ha informado, con una punta de ironía, de haber seguido algunas lecciones de aquel profesor mucho tiempo atrás, «cuando todavía no era omnisciente», aunque nunca la modestia había sido su fuerte.

Después, leyendo en mi rostro la desilusión y las señales de hambre no satisfecha, ha remediado la predicación fallida leyéndome un bellísimo texto sobre la Trinidad, sacado de la espiritualidad oriental (no me arriesgo a escribir el nombre abstruso del autor, plagado de consonantes). Resumo como puedo, aunque me doy cuenta de que quitaré belleza a esa página.

Bueno, pues los tres nombres de la Trinidad, el del Padre, Hijo y Espíritu santo, se pronunciaron sobre cada uno de nosotros en el bautismo. Desde entonces estamos en ellos, y ellos en nosotros. Gracias a ellos hemos entrado en la vida nueva.

¿Pero cómo conocer a los tres? El primero que nos sale al encuentro es el Hijo. Basta que nos acerquemos a él, que escuchemos una palabra suya, y él nos toma consigo para hablarnos del Padre, y hacerlo conocer. En efecto, ha venido precisamente para eso. Basta fijar nuestra mirada en el rostro del Hijo, y ahí tenemos la posibilidad inaudita de conocer el rostro del Padre. En efecto, el Padre asume el rostro humano del Hijo.

También nosotros somos llamados a ser hijos del mismo Padre, quedar envueltos en el mismo amor.

A su vez, el Padre y el Hijo, que vienen a habitar dentro de nosotros, nos revelan al Espíritu santo, que es su soplo común, la respiración secreta de Dios, la vida que hace latir el corazón, que dilata la voz, que anima al ser entero.

El Espíritu, soplo de Dios, se une a nuestro soplo vital, para que nosotros podamos hacernos un solo Espíritu con él, y podamos pronunciar su nombre.

Si logramos apartarnos, lejos de cualquier ruido, si logramos hacer silencio, estamos en disposición de percibir la voz del Espíritu que susurra dentro de nosotros: ¡Abbá, Padre!

Y también gracias a la luz del Espíritu llegamos a reconocer el esplendor de la gloria de Dios que brilla en todos los rostros del hombre, en la belleza de lo creado.

Esta comunión con la vida de Dios, la recibimos en el momento en que acogemos su palabra, y en particular cuando comulgamos con el cuerpo de Jesús. Toda comunión es comunión con el Padre, y con su Hijo, y con el Espíritu santo.

Después de haber meditado sobre esta página, que he citado lo mejor posible, no es que me haya sentido menos ignorante. Pero al menos he entendido que si el misterio de la Trinidad se cierra a la comprensión de nuestra mente, sin embargo nos concede la experiencia íntima de todo bautizado.

Y entonces Dios —Padre, Hijo y Espíritu santo— puede ser precisamente la alegría de los ignorantes.

A. Pronzato

La Santísima Trinidad

1. Lee despacio y seguido Mc 2,1-3,6.

Esta sección es clásica en los Evangelios (tiene sus paralelos en Mt y Lc), pues recoge los recuerdos de la vida de Jesús, que, con sus hechos y su mensaje, se enfrenta a la autoridad religiosa, al sistema religioso-moral de su época, configurado por la Ley.
 

2. El núcleo de la cuestión es éste: El Reino de Dios se manifiesta en Jesús como misericordia en favor de los pecadores, de los que están fuera de la Ley. Se salta las normas en doble sentido:

– Primero, en cuanto reivindica el valor de la persona humana por encima de las leyes morales o religiosas.

– Segundo, en cuanto deja sin valor las «obras buenas»de los que intentan asegurarse el Reino. Libera así al hombre de la necesidad de justificarse mediante el cumplimiento de la Ley.

Por desgracia, el carácter escandaloso de la praxis mesiánica de Jesús ha sido domesticado con interpretaciones unilaterales. En vez de darse cuenta de que Jesús ataca los fundamentos mismos de todo Sistema (pasado o presente) que se apoya en la Ley para ordenar la vida del hombre, se dice que Jesús ataca el cumplimiento legalista de la Ley o las leyes de pureza e impureza propias del Antiguo Testamento.

¿Quieres saber si estos pasajes te atañen a ti personalmente?

– Mientras pretendes ir a Dios con tus buenas obras, justificando así tu vida, es que no has entrado en la lógica del Reino.

– Cuando juzgas a las personas según esquemas de conducta, en vez de intentar percibir su dignidad, o cuando clasificas a las personas mediante distinciones claras entre el bien y mal, en vez de intentar percibir su corazón.

– Cuando valoramos más el orden que el riesgo de la libertad, la ideología segura que la búsqueda dolorosa de la verdad.

– Cuando crees más en tu responsabilidad y coherencia que en la gracia salvadora de Dios.

Javier Garrido

Reina de los ángeles, patriarcas, profetas, apóstoles

– Oración a María

Querida Madre.
Acompáñame todos los días.
Ayúdame a portarme bien
y ser un buen hijo, servicial y atento
para lo que necesiten mis papás.
Quiero ser un buen hermano,
que no discuta ni me pelee tan fácil
por cosas que no son importantes.
Dame una manito en las cosas de la escuela
y ayúdame a tener siempre
una sonrisa para todos los que me rodean.
Ayúdame a vivir haciendo el bien,
como le enseñaste a tu hijo Jesús.
Ayúdame a ser como El y quererle con el alma y la vida.

– Le cuento a la Virgen                

REINA DE LOS ANGELES, PATRIARCAS, PROFETAS, APOSTOLES. Tengo nombre de profeta , Daniel, y lo soy desde el día de mi bautizo y tú , Virgencita, eres mi reina y eres la Reina de todos los que anuncian a Jesús, o sea, de todos los misioneros, desde los ángeles hasta el último de los bautizados el día de hoy. Como eres la mamá del Rey te sientes feliz y animas al que diga así sea una palabrita bella o haga alguito bueno en nombre de tu hijo Jesús. Ayer yo sudaba frío pero me puse en tus manos, después de misa una viejecita dijo que leí como un ángel, al fin como que estoy aprendiendo a leer más despacio y sin comerme las últimas letras de las palabras, para que todos entiendan y aprovechen la lectura como nos enseña fray Domingo. Gracias, Reina mía.

– Le pido por todos

– Enséñanos a anunciar a Jesús con todas nuestras fuerzas. 

– Reina en el corazón de todos los niños del mundo. 

– Que todos disfrutemos el reino de Dios que es paz, amor y justicia.

–  Pienso y rezo

Ahora cierro los ojos y el corazón para pensar y rezar un misterio del Rosario que corresponda al día de hoy. 1 Padrenuestro, 10 Avemarías y el gloria.

Ecclesia in Medio Oriente

65. Deseo insistir de nuevo en la formación de los niños y jóvenes, que tiene especial importancia. La familia cristiana es el lugar natural para el desarrollo de la fe de los niños y los jóvenes, su primera escuela de catequesis. En estos tiempos turbulentos, educar a un niño o a un joven es difícil. Esta insustituible tarea se hace más complicada aún debido a las particulares circunstancias religiosas y sociopolíticas de la región. Por ello quiero asegurar a los padres mi apoyo y mis oraciones. Es importante que el niño crezca en una familia unida, que vive su fe con sencillez y convicción. Y que los niños y jóvenes vean a sus padres rezar. Que los acompañen a la iglesia y que vean y comprendan que sus padres aman a Dios y desean conocerlo mejor. Y es igualmente importante que el niño y el joven vean la caridad de sus padres para con aquellos que tienen realmente necesidad. Así, comprenderán que es bueno y bello amar a Dios, les gustará estar en la iglesia y se sentirán orgullosos, pues habrán captado en su interior y experimentado quién es la verdadera roca sobre la cual construir su vida (cf. Mt 7,24-27; Lc6,48). A los niños y jóvenes que no tienen esta oportunidad, les deseo que encuentren en su camino auténticos testigos que les ayuden a encontrar a Cristo y a descubrir la alegría de ser sus seguidores.

Santísima Trinidad

Ya la denominación de esta festividad como la del “Misterio de la Santísima Trinidad” nos exime de todo intento por alcanzar una perfecta comprensión de ella.

Por definición un misterio es algo incognoscible, por consiguiente, cualquier intento por aclararlo conduce necesariamente al fracaso. Otra cosa es que, para entendernos nosotros, aplicando algunos conceptos filosóficos, propios incluso de una determinada filosofía, la escolástica, hablemos de una única naturaleza y tres personas distintas. Repito: esto es exclusivamente para uso nuestro, no para explicar el misterio de la esencia íntima de Dios. En Dios todos nuestros conceptos resultan insuficientes y solo con aplicación analógica.

Para alejar de nosotros toda duda respecto a las posibilidades de entender el misterio trinitario, finjamos que queremos explicar a una vaca la segunda guerra mundial.

¿Cómo le haríamos entender la postura de Roosevelt y Churchill, frente a Hitler y Mussolini? ¿Qué palabras emplearíamos? ¿De qué símbolos o imágenes nos valdríamos?

Sería una tarea absolutamente imposible. Una vaca nunca podrá hacerse una idea de lo que fue y representó la segunda gran guerra mundial. No tenemos un medio apto para la intercomunicación. La vaca está “programada” para expresar mediante mugidos cuatro vivencias instintivas elementales, mientras que nosotros nos movemos en un lenguaje abstracto. La distancia es abismal.

Pues, todavía es mucho mayor la distancia entre nosotros y Dios.

Sin embargo es indudable que cuando en la Revelación se nos habla de ELLA, de la Santísima Trinidad, es porque algún conocimiento nos viene bien a la hora de elaborar nuestra religiosidad. Es evidente este razonamiento porque Dios nunca hace cosas ni declaraciones en vano. Si las ha hecho será por algo.

Atentos, pues, a las informaciones que nos ha dado a través de la Revelación tratemos de entenderlas como algo que Dios ha considerado importante para nosotros.

Una de las “facetas” en las que más ha insistido la Revelación, sobre todo Jesús, para acercarnos un poco a la comprensión del misterio Trinitario es la de considerar a Dios como PADRE.

Múltiples textos hablan de esa paternidad de Dios tanto con respecto a Jesús como a nosotros.

Respecto a Jesús:

Mateo 11,27 Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Lucas 2,49 Entonces Él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?

Juan 17,11 “Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre para que sean uno, así como nosotros”

Respecto a nosotros

Mateo 7:11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?

Lucas 12:32 Jesús dijo: No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino.

Mateo 5,48 “Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Juan 1,12-13 “Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios”

Mateo 6, 9 “Vosotros orad de esta manera: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”

Una idea que entendieron y expusieron perfectamente los Apóstoles en sus enseñanzas.

1ª Corintios 1:3 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.

San Pedro (1ª, 1,3) “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”

1 Juan 3,1 “Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y lo somos”

En la Revelación aparece el Padre como el origen de todo. Por ejemplo en: Hechos 17,24-28 Dios hizo el mundo y todo lo que hay en él, puesto que es Señor del cielo y de la tierra. No habita en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que El da a todos el ser.

También Jesús aparece en la revelación como Dios, como otra manifestación de Dios. Sobre ello tenemos suficientes textos en los que Él mismo lo afirma.

Asegura que Él existió antes de Abraham (Juan 8,58). Se declaró uno con Su Padre (Juan 10,30) y que Él es igual a Dios (Juan 5,17-18).

Hay un momento en el que los judíos le dicen: “¿Por cuánto tiempo vas a tenernos en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente.” Jesús respondió, “Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que me acreditan” Y para que no les cupiera la menor duda les dijo “El Padre y yo somos uno.” (Juan 10, 25-30)

No solo proclamó ser Dios, sino que declaró tener el poder de Dios para juzgar a las naciones (Mateo 25,31-46), para resucitar muertos (Juan 5, 25-29) y perdonar pecados (Marcos 2,5-7).

Así como Dios-Padre nos eleva a la categoría de hijos, Dios-Hijo, Jesús, se nos ofrece como: la luz del mundo” (Juan 8,12), el camino, la verdad y la vida” (Juan 14,6) el único camino al Padre” (Juan 14,6) la resurrección y la vida” (Juan 11,25) el Buen Pastor” (Juan 10,11) la puerta” (Juan 10,9) el pan vivo” (Juan 6,51) la vid verdadera” (Juan 15,1). Saber esto es lo que a nosotros nos interesa para iluminar cristianamente nuestra vida. Jesús en su “esencia” es y seguirá siendo un misterio para nuestra limitada mente, pero respecto de nosotros es “todo eso”.

La tercera manifestación de Dios a través de la Escritura es como “Espíritu Santo”.

Para no alargarnos, recordamos cuanto vimos en la Festividad de Pentecostés.

Entonces contemplamos al Espíritu Santo como fuego, viento y paloma que nos fortifica, potencia, ilumina y serena. Un algo que “llena” nuestra vida y la inscribe en la órbita de lo sagrado San Pablo en la carta a los Romanos (8,14-17) sintetiza así la actuación del Espíritu:

“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero”.

Recogiendo todo lo visto tenemos que el misterio de la Santísima Trinidad con ser tan lejano a nosotros en cuanto a su esencia y comprensión, se nos ha “revelado” como tres manifestaciones del UNICO Dios: como Padre que nos da el ser, como Hijo, Palabra de Dios que nos enseña el camino hacia el Padre y como Espíritu que nos fortifica e impulsa en ese caminar.

Podríamos pensar que, de la misma manera que en el seno materno estamos rodeados por el líquido amniótico, en el mundo de la existencia estamos enmarcados en el misterio Trinitario.

Así lo entendió y lo propuso San Pablo en su discurso en el Areópago de Atenas: (Hch. 17, 27-28) Dios no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en Él vivimos, nos movemos y existimos, como alguno de vuestros poetas ha dicho también.

Este es el gran contenido de la Festividad de la Santísima Trinidad: nosotros “abrazados” por la vida íntima de Dios. Sepamos vivir, movernos y existir en Él. AMÉN.

Pedro Sáez

El Dios cristiano

1. Desde Adviento a Pentecostés, recorre la Iglesia aproximadamente seis meses contemplando a Cristo liberador, hijo del Padre, especialmente en el día de la Pascua. Otros seis meses dura el tiempo después de Pentecostés, dedicado al Espíritu santificador, engendrado del Padre y del Hijo. Cristo es precursor del Espíritu, y el Espíritu es precursor de Dios Padre. El año litúrgico es, en su realidad más profunda, un ciclo trinitario. Acabado el ciclo pascual, es necesario solemnizar la Trinidad, bajo cuyo nombre hemos sido bautizados, cuya inhabitación hemos recibido y en cuya memoria empezamos toda reunión cristiana. La idea principal de esta fiesta, nacida tardíamente en el siglo x, es recordar el dogma de la Trinidad. Con la fiesta de la Trinidad se abre un amplio «tiempo ordinario».

2. La fiesta de la Trinidad nos ayuda a contemplar el misterio pascual en la totalidad de Dios único o en la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También nos revela el ser del cristiano, imagen y semejanza de un Dios que es comunidad de vida, comunión de personas. Recordemos que la persona se define por una relación de amor. Aunque el término «Trinidad» no se encuentra en el Nuevo Testamento, se pueden observar pasajes en los que se describe la acción amorosa y creadora del Padre, la acción liberadora y salvadora del Hijo y la acción santificadora y llena de plenitud del Espíritu.

3. La comunión cristiana es comunión con Dios, por Jesucristo, en el Espíritu Santo. Además, en nombre de la Trinidad ejerce la Iglesia su triple misión, según san Mateo: evangelizar (hacer discípulos), celebrar la fe (bautizar y celebrar la eucaristía) y guardar el nuevo mandamiento (ser servidores de la caridad). Finalmente, las oraciones litúrgicas van dirigidas al Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. La fiesta de la Trinidad nos invita a madurar la comunidad de fe, a fomentar la unidad en la caridad y a desarrollar la misión en la esperanza de la plenitud.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Influye en nuestra vida cristiana el Dios trinitario?

Casiano Floristán

¿En qué Dios crees?

Una mujer devota iba a la iglesia todos las mañanas. Un día se encontró con la puerta cerrada. Insistió varias veces, pero no pudo abrir la puerta. Afligida miró a todas partes y arriba halló una nota clavada con una chincheta. La nota decía: “Estoy aquí, fuera”. La firmaba Dios.

Hay cristianos- creo que bastantes- que reaccionan igual que esta piadosa mujer. Dios solo está y, por tanto, solo se le encuentra en los lugares sagrados, especialmente en los templo. Sin embargo, Jesús le dijo a la mujer Samaritana: el santuario no hay que buscarlo, no ocupa lugar, si no que está en los actos, en la vida, en las costumbres. “Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre (…) en espíritu y verdad”. A Jesús, a los apóstoles, a los primeros cristianos cualquier lugar les parecía bueno para honrar a Dios.

En 1969 un hombre logró pisar la Luna por primera vez. Los astronautas se llamaban B. Aldrin, quién comulgó, y N. Amstrong, que rezó con el Salmo 8: “Cuándo veo los cielos obra de tus manos, la Luna y las estrellas que creaste, ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, para que te preocupes de él?”.

El mexicano, Porfirio Miranda, se preguntaba: “La cuestión no es buscar a Dios, sino buscarlo allí donde Él dijo que está”. Respecto a este punto, el Papa Francisco repite con frecuencia que “Dios está en los pobres”. A Dios le encontramos en las mil circunstancias y sucesos de la vida.

¿Quién es Dios?. Jesús nos dijo: ”Quién me ve a Mi, ve a mi Padre”. Incluso nos dejó una fotografía espléndida con la parábola del Hijo Pródigo. En Dios descubrimos multitud de facetas. Sin embargo, de Dios conocemos poco. Santo Tomás, que fue un santo y un sabio excepcional, afirma que “de Dios sabemos lo que no es, pero no lo que es”. Dios le imaginamos como la brisa suave. Escuchemos lo que nos relata el profeta Elías: “El Señor me dijo: “Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. El Señor va a pasar. Vino un huracán tan violento, que descuajaba los montes y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento vino un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue. Al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto y salió afuera”

Otra imagen sorprendente de Dios. Moisés estaba pastoreando el rebaño en las laderas del monte Horeb. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar lo llamó desde la zarza: -Moisés, Moisés. Respondió él: – Aquí estoy. –No te acerques (…). Moisés se tapó la cara temeroso de mirar a Dios. El Señor le dijo: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. He bajado a liberarlo de los egipcios, y sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa“. (Este texto es fundamental en la teología de la liberación.)

Hoy celebramos el domingo de la Santísima Trinidad. Es decir, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo. Misterio que saludamos y recordamos siempre que nos santiguamos. Por ejemplo, cuando el footbolista salta al campo o mete un gol, cuando el ciclista cruza el primero la línea de llegada, significa o debiera significar, tocando la frente que ponemos las ideas al servicio de Dios, tocando el corazón, ponemos los sentimientos y tocando los hombros ponemos nuestra acción al servicio de Dios.

Indudablemente que hoy el cuadro que nos recibe en nuestra casa- vivienda no es el Sagrado Corazón. En el comedor no destaca el cuadro de la Última cena. Su lugar lo ocupan otros motivos. No obstante, esto no indica necesariamente que la fe cuenta con menos seguidores. Bastantes estudiosos de la sociedad defienden que la fe, la religiosidad se mantiene. Aquí entraríamos en el importante tema de la secularización. Si vivimos o no en una sociedad secularizada y en qué grado. Me fijo brevemente en mi biblioteca, que es reducida. No es para impresionar a nadie y sin embargo anoto por lo menos 30 libros de cierto peso y de relativa actualidad. Enumero algunos: “Hablemos de Dios” “Dios: Una breve historia del Eterno” “La revancha de Dios” ”¿Creer para qué?” “El nuevo rostro de Dios” “Dios y los periódicos” “Dios inmediato“ “Ciencia y Dios” “¿Dios sirve para algo?”. Creo que en el 2015 se publicó un libro titulado: “Cartas a Dios desde América Latina”. Se trata de 50 cartas escritas por otras tantas personas y dirigidas a Dios. Escojo una escrita por un profesor de la República Dominicana. Para ellos Dios es la fuerza que les ayuda a caminar. “Cada mañana iniciamos la jornada recordando que Tú estás presente” En medio de las clases suena una campana y el silencio invade toda la escuela. Acordémonos de que estamos en la santa presencia de Dios.…Alumnos, maestros nos detenemos para decirte que eres un Dios presente, cercano, creativo, inteligente, cuestionador, alegre. En consecuencia se apodera de nosotros el ánimo, la alegría, la fe, la pasión y la certeza de que en Ti todo este caminar, la vida tiene sentido”

Josetxu Canibe

Ternura

El misterio de Dios supera infinitamente lo que la mente humana puede captar. Pero Dios ha creado nuestro corazón con un deseo infinito de buscarle de tal manera que no encontrará descanso más que en él. Nuestro corazón con su deseo insaciable de amar y ser amado nos abre un resquicio para intuir el misterio inefable de Dios.

En las páginas del delicioso relato de El Principito escrito por Antoine Saint-Exupéry se hace esta admirable afirmación: «Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos».

Es una forma bella de exponer la intuición de los teólogos medievales que ya entonces decían en sus escritos: «Ubi amor, ibi est oculus»: «donde reina el amor, allí hay ojos que saben ver». San Agustín lo había dicho también de un modo más directo: «Si ves el amor, ves la Trinidad».

Cuando el cristianismo habla de la Trinidad quiere decir que Dios, en su misterio más íntimo, es amor compartido.

Dios no es una idea oscura y abstracta; no es una energía oculta, una fuerza peligrosa; no es un ser solitario y sin rostro, apagado e indiferente; no es una sustancia fría e impenetrable. Dios es Ternura desbordante de amor.

Ese Dios trinitario es fuente y cumbre de toda ternura. La ternura inscrita en el ser humano tiene su origen y su meta en la Ternura que constituye el misterio de Dios. Por eso, la ternura no es un sentimiento más; es signo de madurez y vitalidad interior; brota en un corazón libre, capaz de ofrecer y de recibir amor, un corazón «parecido» al de Dios.

La ternura es sin duda la huella más clara de Dios en la creación; lo mejor que ha desarrollado la historia humana; lo que mide el grado de humanidad y comprensión de una persona. Esta ternura se opone a dos actitudes muy difundidas en nuestra cultura: la «dureza de corazón» entendida como barrera, como muro, como apatía e indiferencia ante el otro; el «repliegue sobre uno mismo», el egocentrismo, la soberbia, la ausencia de solicitud y cuidado del otro.

El mundo se encuentra ante una grave alternativa entre una cultura de la ternura y, por tanto, del amor y de la vida, o una cultura del egoísmo, y por tanto, de la indiferencia, la violencia y la muerte. Quienes creen en la Trinidad saben qué han de promover.

José Antonio Pagola