Vísperas – Lunes VIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: YA NO TEMO, SEÑOR, LA TRISTEZA

Ya no temo, Señor, la tristeza,
ya no temo, Señor, la soledad;
porque eres, Señor, mi alegría,
tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida,
tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el camino
y la vida, la verdad. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Ant 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Ant 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE   1Ts 3, 12-13

Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

RESPONSORIO BREVE

V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi oración.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

PRECES

Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu Iglesia
para que proclame a todas las naciones el gran misterio de piedad manifestado en tu encarnación.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen tu pueblo santo.

Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
para que sean contados entre tus elegidos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:

Padre nuestro…

ORACION

Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 28 de mayo

Lectio: Lunes, 28 Mayo, 2018

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Marcos 10,17-27

Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy narra dos cosas: (a) cuenta la historia del hombre rico que pregunta por el camino de la vida eterna (Mc 10,17-22), y (b) Jesús llama la atención sobre el peligro de las riquezas (Mc 10,23-27). El hombre rico no aceptó la propuesta de Jesús, pues era muy rico. Una persona rica está protegida por la seguridad que la riqueza le da. Tiene dificultad en abrir la mano y dejar escapar esta seguridad. Agarrada a las ventajas de sus bienes vive defendiendo sus propios intereses. Una persona pobre no acostumbra tener esta preocupación. Pero puede que tenga una cabeza de rico. Entonces, el deseo de riqueza crea en ella una dependencia y hace que esta persona se vuelva esclava del consumismo. Hay gente que tiene tantas actividades que ya no tiene tiempo para dedicarse al servicio del prójimo. Con esta problemática en la cabeza, tanto de las personas como de los países, vamos a meditar el texto del hombre rico.

• Marcos 10,17-19: La observancia de los mandamientos y la vida eterna. Alguien llega cerca de Jesús y le pregunta: “Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?” El evangelio de Mateo informa que se trata de un joven (Mt 19,20.22). Jesús responde bruscamente: “¿Por qué me llamas bueno? ¡Nadie es bueno, sino sólo Dios!” Jesús aleja la atención sobre si mismo y apunta hacia Dios, pues lo que importa es hacer la voluntad de Dios, revelar el Proyecto del Padre. En seguida, Jesús afirma: “Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”. Es importante mirar bien la respuesta de Jesús. El joven había preguntado por la vida eterna. ¡Quería vivir cerca de Dios! Pero Jesús no menciona los tres primeros mandamientos que definen nuestra relación con Dios. Recuerda los mandamientos que hablan del respeto a la vida ¡cerca del prójimo! Para Jesús, sólo conseguimos estar bien con Dios, si estamos bien con el prójimo. No sirve de nada engañarse. La puerta para llegar a Dios es el prójimo.

• Marcos 10,20: Observar los mandamientos, ¿para qué sirve? El hombre responde diciendo que ya observaba los mandamientos desde su juventud. Lo que es curioso es lo siguiente. El había preguntado por el camino de la vida. Ahora, el camino de la vida era y sigue siendo: hacer la voluntad de Dios expresada en los mandamientos. Quiere decir que él observaba los mandamientos sin saber a qué servían. De lo contrario, no hubiera hecho la pregunta. Es como lo que ocurre a muchos católicos de hoy: no saben decir para qué sirve ser católico. ”Nací en un país católico, ¡por esto soy católico!” ¡Cosa de costumbre!

• Marcos 10,21-22: Compartir los bienes con los pobres y seguir a Jesús. Oyendo la respuesta del joven: “Jesús fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» La observancia de los mandamientos es apenas el primer grado de una escalera que va más allá y más alto. ¡Jesús pide más! La observancia de los mandamientos prepara a la persona para que pueda llegar a la entrega total de sí a favor del prójimo. Jesús pide mucho, pero lo pide con mucho amor. El joven no aceptó la propuesta de Jesús y se fue “porque tenía muchos bienes”.

• Marcos 10,23-27: El camello y el ojo de la aguja. Después de que el joven se fuera, Jesús comentó su decisión: ¡Qué difícil es que los que tenga riquezas entren en el Reino de los Cielos! Los discípulos quedaron asombrados. Jesús repite la misma frase y añade: ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» La expresión “entrar en el Reino”indica no sólo y en primer lugar la entrada en el cielo después de la muerte, sino también y sobre todo la entrada en comunidad alrededor de Jesús. La comunidad es y debe ser una muestra del Reino. La alusión a la imposibilidad de que un camello pase por el ojo de la aguja viene de un proverbio popular de la época usado por el pueblo para decir que una cosa era humanamente imposible. Los discípulos quedaron desconcertados ante la afirmación de Jesús y se preguntaban unos a otros: “¿Y quién se podrá salvar?” Señal de que no habían entendido la respuesta de Jesús al joven rico: “Va, vende todos sus bienes y dalos a los pobres, luego ven y ¡sígueme!” El joven había observado los mandamientos desde su juventud, pero sin entender el porqué de la observancia. Algo semejante estaba aconteciendo con los discípulos. Ellos habían abandonado ya todos los bienes según había pedido Jesús al joven rico, pero ¡sin entender el porqué del abandono! Si lo hubiesen entendido no se hubiesen quedado asombrados ante la exigencia de Jesús. Cuando la riqueza o el deseo de la riqueza ocupan el corazón y la mirada, la persona deja de percibir el sentido del evangelio. ¡Sólo Dios puede ayudar! Jesús mira a los discípulos y dice: “Para los hombres, imposible, pero no para Dios. ¡Porque todo es posible para Dios!”

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• Una persona que vive preocupada con su riqueza o que vive adquiriendo las cosas de la propaganda de la tele, ¿puede liberarse de todo para seguir a Jesús y vivir en paz en una comunidad cristiana? ¿Es posible? ¿Qué piensas tú? ¿Cómo lo haces tú?

• ¿Conoces a alguien que consiguió dejarlo todo por el Reino? ¿Qué significa hoy para nosotros: “Va, vende todo, dalo a los pobres”? ¿Cómo entender y practicar hoy a los consejos que Jesús dio al joven rico?

5) ORACIÓN FINAL

Doy gracias a Yahvé de todo corazón,
en la reunión de los justos y en la comunidad.
Grandes son las obras de Yahvé,
meditadas por todos que las aman. (Sal 111,1-2)

Bautizados ya

Sumergidos en la muerte de Jesús

Jesús marcha hacia Jerusalén, hacia el bautismo de fuego. Cuando haya hecho la oblación de su vida a Dios, será difundido el Espíritu sobre la tierra. «Id, bautizad a todas las gentes en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

Pedro dirige «una especie de encíclica» a los cristianos sometidos a la prueba y acechados por el desaliento, para repetirles el secreto de su esperanza. Sumergidos en la muerte de Jesús, han visto ya la herencia que no conocerá destrucción ni envejecimiento. «¿Sois capaces de bautizaros con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? – Lo somos». Seguir a Jesús es entrar en su bautismo.

Bautismo de los pobres. Para ser bautizado, Jesús se presentará desnudo, despojado de todo. Bautizarse significa abandonar los vestidos y dejarse introducir desnudo en las aguas sin más recurso que tender las manos. Jesús se va; es necesario que el Hijo del hombre suba a Jerusalén para que se cumpla la Escritura. Nosotros necesitamos entrar en el proyecto de Dios; al ser bautizados, anticipamos ya lo que se nos promete. Bautismo en la fidelidad de Dios: el mundo antiguo ha pasado y ha nacido ya un mundo nuevo. Bautismo en una fe que no tiene otra justificación que la palabra de gracia. Bautismo en la sangre: Jesús sube al Calvario. «Si se da a sí mismo en expiación, justificará mi Siervo a muchos» (Is 53). Así somos bautizados en el amor y en la vida entregada hasta el fin. Bautismo del grano que muere para dar fruto, y fruto abundante. Bautismo de quien se ofrece a sí mismo para presentar a Dios la tierra de los hombres como ofrenda viva. Somos bautizados por la intercesión, casa abierta a todos los peligros para que aparezcan la esperanza y la vida.

«Jesús replicó: ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo voy a ser bautizado? Contestaron: Lo somos. Jesús les dijo: El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo voy a ser bautizado» (Mc 10, 38-39).

El amor de María

Escuchamos la Palabra (del Evangelio de Juan)

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.
Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: “No tienen vino.”
Jesús le responde: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.”
Dice su madre a los sirvientes: “Haced lo que él os diga.”

 

Saludo

Amar a Dios y al prójimo, son dos notas contenidas en una misma línea. Es agua recogdia en el mismo cántaro.

“Este mandato hemos recibido del Señor: que quien ame a Dios ame también a su hermano” (1Jn 4,21).

María, con sencillez y obediencia, supo guardar el equilibrio entre su afán por las cosas de Dios y, su interés, por las cosas de los hombres.

¿Quién de los que estamos aquí no recordamos las Bodas de Caná? No quiso pasar por alto la carencia de algo que hubiera supuesto un gran feo en aquella fiesta. Y, con decisión y coraje, indicó al Señor el drama de aquel momento: “no tienen vino”.

Pero, en este tiempo de la Pascua y celebrando festivamente este mes de mayo, podríamos poner sobre la mesa de nuestra memoria, muchas estampas que nos hablan de la solidaridad de María, de su amor, de su entrega, de su compromiso.

¿Quién no recuerda, aún estando llena de Dios, la visita a su prima Santa Isabel?

¿Quién de los que estamos aquí -delante de Ella- no hemos sentido su ayuda, su apoyo, su mano protectora en más de una ocasión?

¿Sabéis cual fue el acto más supremo, el más grande de María? No lo pensemos más: dejar que Cristo subiera a la cruz.

¿Cómo andamos nosotros en nuestro compromiso con los demás? ¿Nos echamos atrás ante las necesidades y sufrimientos de los que nos rodean?

Dejemos, a los pies de María, y como signo de nuestra entrega, esta bandeja repleta de medicinas y vendas. Que nunca nos cansemos de hacer el bien.

 

ORACIÓN

Quiero ser como Tú, María
con un ojo apuntando al cielo
y, con el otro, no olvidando al hombre
Quiero ser como Tú, María,
con una mano acariciando a Jesús
y, con la otra, meciendo al hombre.
Quiero ser como Tú, María,
elevada en los altares
pero caminando a pie llano en la tierra
Quiero ser como Tú, María,
con dos movimientos en tu corazón:
uno para Dios y, el otro,
regalándose a los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
con tres miradas y con tres vértices:
Dios, Jesús y los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
llena de Dios pero volcándote en los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
elegida por Dios pero sin dar la espalda a los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
tan llena de Dios
que siempre tienes lugar
para todos los que te miran y te enaltecen.
Amén.

Rezamos un Ave María.

Ecclesia in Medio Oriente

67. Estos dos aspectos alimentan y dan autenticidad a los demás actos del culto divino así como a las prácticas de piedad popular. La consolidación de la vida espiritual acrecienta la caridad y lleva naturalmente al testimonio. El cristiano es ante todo un testigo. Y el testimonio no sólo requiere una formación cristiana adecuada para hacer inteligibles las verdades de fe, sino también la coherencia de una vida conforme a esa misma fe, para poder responder a las exigencias de nuestros contemporáneos.

Homilía (Domingo del Corpus Chirsti)

EL SACRAMENTO DE LA SANGRE DE CRISTO

Las lecturas de hoy ponen ante nuestros ojos el misterio de la Sangre de Cristo. «Esta es mi Sangre de la Alianza, derramada por vosotros» (Mc 14). «La Sangre de Cristo purifica nuestra conciencia de las obras muertas» (Hech 9). «Esta es la Sangre de la Alianza que hace el Señor, con vosotros» (Ex 24).

La liturgia del «Cuerpo de Cristo» nos hace reencontrarnos hoy con la realidad toda de la celebración eucarística: con el Cuerpo y la Sangre del Señor. La evolución de siglos había hecho que nos fijáramos demasiado en el Cuerpo del Señor, hasta sólo llegar a comulgar el pan eucarístico.

Cuando Jesús pronuncia «Esta es la Sangre de la Alianza», tiene detrás de sí toda la carga del significado de la Sangre en la Escritura. La Sangre es el símbolo, la expresión, de algo más rico que su realidad fisiológica

a) Significado en el A. T.:

— La Sangre se piensa como lugar donde reside el principio vital, es como «el alma» de la carne.

— Este principio vital, energía del hombre, es don de Dios. El sólo es la fuente de la vida. El hombre es fruto de la Palabra, de la fuerza creadora de Dios.

— Cuando el hombre creyente quiere responder a la Palabra de Dios, hace un sacrificio, derrama Sangre en alabanza a Dios: bendice a Dios con la vida que de El procede. ¿Es que Dios puede ser alabado de otra manera que devolviéndole sus mismos dones?

— La Sangre, a lo largo de la historia, continúa siendo el signo del don generoso de Dios derramado sobre el hombre, de su Alianza con el mundo. Derramada sobre el pueblo y el altar—signo de la presencia de Dios—quiere decir que un mismo principio vital corre, por don de Dios, entre El y el hombre. La verdadera Alianza, sin embargo, no se sella con la sangre, sino por la fe, por la obediencia a la Palabra de Dios; la sangre es también signo de esta actitud profunda de fe y obediencia.

b) Cristo ha derramado la sangre de la nueva Alianza: su vida ha sido una perfecta obediencia a la Palabra que Dios ha pronunciado sobre el hombre.

La «Sangre» misma de Dios, el poder y la fuerza de su Palabra de vida, la eterna entrega de Dios que todo lo crea y llena de vigor, están presentes, por Jesucristo, en el momento actual para el hombre creyente.

Pero la fe supone dos movimientos:

— Vaciarnos de eso que creemos ser nuestro principio vital, de aquello que esperamos que nos dé la salvación, de la demasiada con- fianza que depositamos en nosotros mismos; causa de nuestra anemia, del pecado y de la muerte. Hay que derramar esta sangre mala, morir al hombre viejo, hacer el esfuerzo para destruir el hombre del pecado.

— Por otra parte, la fe supone llenarse de la Palabra de Dios, de una Sangre nueva, injertarse en una savia buena, coincidir por la obediencia a la Palabra, con las raíces de la propia existencia. El hombre, nacido de la Palabra, tiene que coincidir con ella para llegar a ser santo o perfecto. Cristo ha derramado su sangre, por obediencia, pero in- mediatamente se ha llenado de vida, de savia, de sangre nueva. Es el Resucitado. Esta, su Sangre nueva es lo que comulgamos.

Esto, que ha acontecido en Cristo y que le ha proporcionado la salvación, ha sucedido también por nosotros. Cristo, el Primero en todo, el Perfecto, nos revela el camino de nuestra edificación humana y por la fe entramos en solidaridad con El. Hasta tal punto, que podemos decir que por Cristo descubrimos hoy el poder de Dios que se manifestó en El, y por lo que en El se ha revelado, somos salvados, participamos de la fuerza de la Palabra creadora de Dios.

Cristo ha dejado su Cuerpo y su Sangre en el Sacramento de la Eucaristía. Celebramos su Sangre y entramos en comunión con ella. ¿Qué significa participar en la Sangre de Cristo? ¿Sabemos lo que hacemos en la Eucaristía? ¿Qué es para nosotros la Sangre de Cristo? Estas preguntas que torturan a no pocos, apuntan al significado de los sacramentos. No es fácil responder a esto desde la vida, ni tampoco iluminarlo desde el pensamiento cristiano.

a) De los Sacramentos tenemos una concepción:

— Mágica: Suceden cosas raras por la fuerza de unas fórmulas y unas cosas. Como si la comunidad y los ministros tuvieran una varita mágica para transformar cosas visibles en realidades invisibles.

— A la vez hemos cosificado el sacramento: lo hemos rellenado de gracia, como si fuera una caja o una medicina llena de energías.

— Por otro lado, lo hemos desligado de la realidad de la Iglesia, de la comunidad, de donde nace y a la que pertenece.

b) Todo Sacramento y también la Eucaristía, tienden a presentar ante la faz de la comunidad lo que ella es por el poder de Dios manifestado en Cristo. El sacramento predispone la Comunidad y ésta la fe verdadera, el encuentro con Dios en la vida.

— Lo que el Sacramento de la Sangre de Cristo nos ofrece está presente en nuestra vida; por eso podemos celebrar la Eucaristía. El Sacramento, por medio de signos, manifiesta la gracia. Hay que recibirlo en gracia.

El Poder de Dios, la Palabra, el principio vital, la Sangre de la nueva Alianza están presentes en nuestra vida, se nos ofrecen constantemente. Por la obediencia a la fe, nosotros derramamos nuestra sangre mala y nos llenamos de una vida nueva. «El que cree tiene vida eterna. El que come mi carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna» (Jo 6, 47-54). Esto acontece hoy en nosotros, gracias a lo que se ha realizado en Jesucristo.

— Esto que acontece en nuestra vida lo expresamos en la Eucaristía: reunidos escuchamos la Palabra en la que creemos, a la que obedecemos, por la que vivimos con sentido, bendecimos a Dios por la manifestación de su poder en nosotros. Ofrecemos como Cristo y en Cristo, el Sacrificio de nuestra vida, de nuestra fe, de nuestra sangre derramada, que nos capacita para recibir una sangre nueva, el principio vital de la Palabra que nos da la vida eterna. Y en la Eucaristía proclamamos que todo esto es don de Dios, que se nos ha manifestado entregado por la vida de Cristo, por el Cuerpo y la Sangre del Señor presentes en los signos sacramentales del pan y el vino consagrados, que constituyen el auténtico sacrificio agradable a Dios.

Y como es verdadero y real lo que acontece entre nosotros por la fe, es real y verdadero también lo que afirmamos de Cristo: De tal manera que nosotros, por la presencia de Jesús, estamos salvados. Esta presencia es real, viva y actual en medio de la Iglesia. Jesús es hoy la cabeza de la humanidad y de la Iglesia.

Y como esto es real, cuando lo publicamos en la comunidad, con el pan y el vino eucarísticos, con su Cuerpo y Sangre, lo que se proclama no es mentira ni cae en el vacío, sino que indica una presencia verdadera, real, física, de lo que son y significan el Cuerpo y la Sangre del Señor, de la realidad de Jesucristo: es decir, del poder salvador de Dios manifestado y ofrecido al mundo y a nosotros por y en Jesús de Nazaret, presente en medio de la comunidad de los creyentes y en el Sacramento de la Eucaristía.

Jesús Burgaleta

Mc 14, 12-16. 22-26 (Evangelio Domingo del Corpus Christi)

Los evangelios Sinópticos relatan de un modo muy similar los últimos acontecimientos de la vida de Jesús junto a sus discípulos: su Pasión y muerte. Probablemente para estos episodios utilizaron una posible fuente (oral o escrita), llamada por algunos “pasión premarquiana”, a la que cada uno de ellos añadió (o eliminó) pasajes o detalles, según la perspectiva que querían ofrecer de un mismo acontecimiento. Fruto de esto es que los relatos, ya desde los primeros hechos, coincidan enormemente: la Cena pascual y los preparativos de la misma dan comienzo en los tres a la Pasión y muerte del Señor.

Durante las fiestas de la Pascua, Jerusalén se llenaba de peregrinos que acudían a la ciudad para celebrar estos días centrales en la vida del judaísmo. Los habitantes de la ciudad solían ofrecer a sus familiares y amigos un lugar donde juntarse para realizar los ritos prescritos para esta fiesta. También algunos ponían a disposición de los visitantes en general, habitaciones o locales donde celebrar la Pascua. En este contexto de preparativos comienza la narración de la Pasión del Señor.

Jesús ordena a los discípulos que preparen todo para la cena. Los imperativos que utiliza ponen de manifiesto que él domina la es- cena: «id a la ciudad», «seguid a aquel hombre» y «preparad la cena». De este modo se quiere resaltar que Jesús es plenamente consciente de lo que va a suceder en la ciudad, cosa que los discípulos aún no han comprendido. Jesús asume con total libertad el plan que el Padre ha trazado para él; cumplir su voluntad hasta el extremo de dar la vida en la entrega de la cruz.

Una vez que todo está preparado, Jesús se sienta a la mesa con sus discípulos. El ambiente es de fiesta, de familiaridad y cercanía, de con- fianza; pero, a la vez, hay un tono de incertidumbre, de tristeza, de tensión, como queda reflejado en el anuncio de la traición de Judas, nada más comenzar la cena. Marcos va a lo esencial; su relato de la cena es sobrio, probablemente por el uso litúrgico que las primeras comunidades cristianas hacían de este relato.

Los gestos y palabras ponen de manifiesto que es el propio Jesús quien se entrega como auténtico y definitivo alimento: «Esto es mi cuerpo», «Esta es mi sangre». Se recuerdan aquí los gestos y palabras que los discípulos contemplaron en la multiplicación de los panes, pero ahora referidos a Jesús mismo, no al pan, alimento para el camino. El “cuerpo” no es solamente la materialidad exterior de la persona; se trata de “la totalidad de la persona”. «Comer mi cuerpo, la persona de Jesús» es invitación a entrar en comunión total con Él, no de forma simbólica, sino en total y absoluta comunión de vida; hacerse uno con él.

A continuación, Jesús refiere el gesto sobre la copa de vino a su propia sangre. Por medio de la sangre de los novillos sacrificados, Dios estableció su alianza con el pueblo en el desierto, una alianza de fidelidad, signo de la liberación efectuada por Dios. Ahora, Jesús es el signo de la nueva alianza que Dios sella con toda la humanidad. La salvación de Dios está vinculada a la sangre derramada del Hijo Unigénito.

Derramar la sangre, además, dispone al discípulo para entender el significado de la cruz. La entrega de la vida hasta el extremo es la señal de la salvación definitiva realizada por Dios. Entrar en comunión con Jesús (comer su cuerpo y beber su sangre) significa formar parte del nuevo pueblo de la alianza y acoger el propio destino de Jesús.

Óscar de la Fuente de la Fuente

Heb 9, 11-15 (2ª Lectura Domingo del Corpus Christi)

Como segunda lectura, la liturgia de esta solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo presenta un fragmento de la llamada «carta a los Hebreos». Pese al nombre con el que es conocido desde siempre, este libro del Nuevo Testamento no parece ser una verdadera carta, sino más bien una homilía larga o un tratado teológico breve, al que se le ha conferido una forma epistolar. Su tema central, que también se muestra en el pasaje que leemos hoy, es el del «sacerdocio» de Cristo y su contraposición al sacerdocio levítico del templo, centrado en los sacrificios de animales.

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p style=”text-align:justify;”>Comienza el pasaje
de hoy con una afirmación programática: «Cris
to ha venido como sumo
sacerdote de los bienes definitivos», es decir, de la nueva alianza. A diferencia de los sacerdotes del viejo culto, su tienda «es más grande y más perfecta, no hecha por manos de hombre». La tienda, alusión a la peregrinación de Israel por el desierto, se refiere al santuario: el de Cristo es más perfecto que el templo de Jerusalén, porque es su propio cuerpo, su propia persona.

A diferencia también del culto antiguo, Cristo «no lleva sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia» y además no realiza los sacrificios una y otra vez, como en el ciclo sin fin de la antigua alianza, sino que «ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna». El sacrificio de Cristo no es, pues, un sacrificio ritual, externo y repetitivo, sino una ofrenda existencial de la propia vida, realizada «una vez para siempre».

Continúa la comparación entre la vieja y la nueva alianza: si la sangre de animales tenía poder (o así se creía) para santificar y purificar, aunque fuera de un modo puramente ritual y externo, «¡cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, para que demos culto al Dios vivo!».

Por eso Cristo «es mediador de una alianza nueva». La palabra «alianza», que en hebreo es berit, se traduce habitualmente por el griego diathēkē, pero esta palabra significaba también, en el uso corriente, «testamento», y aquí se juega con ese doble sentido. Para que un testamento entre en vigor, es condición necesaria la muerte del testador; así, la muerte redentora de Cristo nos ha permitido a nosotros, sus herederos, entrar en posesión de la herencia prometida.

En definitiva, por medio de un lenguaje cultual se está expresando aquí la superación irreversible del esquema sacrificial propio de la antigua alianza: desde la muerte y resurrección de Jesús, que entregó libremente su cuerpo y su sangre para la salvación de todos, el sacerdocio cristiano (sacerdocio existencial, propio de todos los bautizados) ya no consiste en ofrecer sacrificios exteriores, sino en hacer de la propia vida una ofrenda generosa para la liberación de los hermanos.

José Luis Vázquez Pérez, S.J.

Ex 24, 3-8 (1ª Lectura Domingo del Corpus Christi)

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p style=”text-align:justify;”>Estamos ante lo que se suele llamar la ratificación de la alianza del Sinaí. La base está en «las palabras del Señor», es decir, los Diez Mandamientos, y «sus decretos» que corresponden al código de la alianza de Ex 21-23. La significación de esta celebración ya ha
 sido dada en Ex 19,v4-6: el pueblo de 
Israel ha sido salvado de Egipto y llevado al Sinaí. Los mandamientos y el
código de la alianza expresan, pues, la respuesta obediente al acto salvífico
 de Dios y preservan así la alianza que 
Dios establece con su pueblo. El pueblo ya había dado una primera respuesta a la iniciativa salvífica de Dios: «Haremos todo cuanto ha dicho el Señor» (Ex 19, v8). Son palabras que se repiten de nuevo dos veces en nuestro texto (ver v.3 y 7). Y esas palabras que el pueblo acepta son puestas por escrito por Moisés. Algo que realmente ocurrió siglos después. Para la tradición judía, Moisés está en el origen de todas las tradiciones legales del pueblo. En cualquier caso, se escribieran cuando se escribieran, no pueden permanecer solo en la memoria. El rito tiene su ratificación en el altar edificado «en la falda del monte». Dado que es una alianza entre Dios y el pueblo, se debe sellar con un sacrificio. En ese altar hay «doce estelas, por las doce tribus de Israel» (v.4). La alianza de Dios con Israel es siempre una alianza con una dimensión comunitaria. La persona concreta está en relación con Dios mediante su inserción en la comunidad de Israel. Al citar las doce tribus se quiere insistir en que nadie podrá decir después que no participó en la alianza.

Son «jóvenes de los hijos de Israel» (v.5) los que van a ofrecer holocaustos y sacrificios de comunión, pero el rito de la alianza lo va a llevar a cabo Moisés con la sangre de los sacrificios. Es entonces cuando el pueblo responde con las palabras que evocan la respuesta permanente del pueblo a la alianza, que siempre es una iniciativa de Dios: «Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos» (v.7). La estructura de la alianza en Israel, a pesar de lo que muchas veces se ha dicho, no tiene nada de legalismo, a pesar de que sus celebraciones se encuentran siempre en el AT rodeadas de códigos y leyes. Para Israel, la alianza es un don de Dios que espera la respuesta agradecida del pueblo. Y es en esa respuesta donde tiene su espacio la ley. Pero la iniciativa viene siempre de Dios. Y así la ética de la alianza respeta la dialéctica del indicativo (salvación) y e imperativo (ley), que es el rasgo de toda la ética bíblica (lo encontraremos también en las cartas de Pablo).

Por último, Moisés rocía al pueblo con la sangre de los sacrificios (v.8). Para Israel, la sangre es el símbolo de la vida. La sangre con la que Moisés rocía al pueblo le une a la sangre que estaba en las vasijas sobre el altar, que simbolizan a Dios mismo. Estamos ante un rito que simboliza gráficamente la unión entre Dios y su pueblo. Pero esa unión necesita preservarse a lo largo de la vida y es ahí donde entra «el acuerdo con todas estas palabras». Estas han de ser guardadas por el pueblo para preservar la permanencia en esa relación que es el núcleo central de la religión de Israel. Israel nunca puede olvidar las demandas «verbales» de la alianza si quiere ser el pueblo de Dios.

Luis Fernando García Viana

Comentario al evangelio – 28 de mayo

El evangelio de hoy recoge, probablemente, uno de los episodios más tristes de la vida pública de Jesús: una vocación frustrada. Tras su mirada amorosa y la invitación a su seguimiento, se encuentra con el tristísimo rechazo de aquel hombre que antes había corrido a su encuentro de Jesús y se había arrodillado ante él. Según los evangelios de Mateo y de Lucas se trataba de un “joven”. La juventud, edad de las grandes elecciones, lo es también de rechazos y miedos. Cuando Quevedo hablaba de “juventud, robusta y altiva”, tal vez estuviera pensando en aquella ingenua autosuficiencia que esconde la edad dorada, esa que según dos evangelistas hermoseaba a nuestro joven personaje.

  • Una pregunta mal formulada. El hombre que en aquella ocasión corrió al encuentro de Jesús y se arrodilló ante él… no formuló bien su primera pregunta. Tenía trampa. Utilizó el verbo “tener” que en el seguimiento de Jesús está de sobra. Y menos si el sujeto agente del mismo es el “yo”. Se equivocó. O mejor dicho, quedó manifiestamente a la vista su intención. En las cosas del Reino uno ni es protagonista, ni debe tratar de añadir otra propiedad más a las que ya se tienen.  No es cuestión prioritariamente de hacer para tener, sino de entrar. El Reino siempre es un don gratuito, un regalo inmerecido, una meta inalcanzable. Por eso, Jesús le corrigió con delicadeza, pero sin adular ni hacer concesiones.
  • Comenzar por los mandamientos. A continuación, Jesús le recomendó empezar por el principio, esto es, por hacer lo justo y debido: lo mandado por Dios. Hablar hoy de mandamientos nos resulta algo molesto y ya superado. Soportamos mal las imposiciones y por eso no nos gusta hablar de mandamientos, sobretodo cuando son incómodos. Y sin embargo son imprescindibles. Particularmente aquellos que cumplen tres requisitos que los acreditan: proteger valores fundamentales, evitar el subjetivismo y preservar en la debilidad. Tal vez tendríamos que recordarnos con más frecuencia que ésta fue la primera llamada de Jesús: A ser buenos. En el sentido machadiano del término. Sin esto, no se puede iniciar otros vuelos más altos.
  • Y después, venderlo todo. Esta es la segunda llamada. No se trata de una praxis ascética, ni de un desprecio de las realidades creadas, en particular de las más queridas o necesarias. Venderlo todo sólo puede entenderse desde la acogida de la propuesta de seguir a Jesús. O en términos de Pablo, hacer la “experiencia de la basura”, esto es, comprobar que todo lo que existe, y que en tantas ocasiones nos roba el corazón, es nada comparado con la suerte de conocer personalmente a Jesús, amarle intensamente y seguirle sin mirar atrás.

Seguro que muchos de nosotros estaremos de acuerdo en que siguen existiendo personas como este personaje: buenas pero sin pasarse… y también sus contrarias. Pero, ¿y yo?… suponiendo que sea una persona “decente” y buen cristiano, ¿me queda algo por vender?