El amor de María

Escuchamos la Palabra (del Evangelio de Juan)

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.
Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»
Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»
Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.»

 

Saludo

Amar a Dios y al prójimo, son dos notas contenidas en una misma línea. Es agua recogdia en el mismo cántaro.

«Este mandato hemos recibido del Señor: que quien ame a Dios ame también a su hermano» (1Jn 4,21).

María, con sencillez y obediencia, supo guardar el equilibrio entre su afán por las cosas de Dios y, su interés, por las cosas de los hombres.

¿Quién de los que estamos aquí no recordamos las Bodas de Caná? No quiso pasar por alto la carencia de algo que hubiera supuesto un gran feo en aquella fiesta. Y, con decisión y coraje, indicó al Señor el drama de aquel momento: «no tienen vino».

Pero, en este tiempo de la Pascua y celebrando festivamente este mes de mayo, podríamos poner sobre la mesa de nuestra memoria, muchas estampas que nos hablan de la solidaridad de María, de su amor, de su entrega, de su compromiso.

¿Quién no recuerda, aún estando llena de Dios, la visita a su prima Santa Isabel?

¿Quién de los que estamos aquí -delante de Ella- no hemos sentido su ayuda, su apoyo, su mano protectora en más de una ocasión?

¿Sabéis cual fue el acto más supremo, el más grande de María? No lo pensemos más: dejar que Cristo subiera a la cruz.

¿Cómo andamos nosotros en nuestro compromiso con los demás? ¿Nos echamos atrás ante las necesidades y sufrimientos de los que nos rodean?

Dejemos, a los pies de María, y como signo de nuestra entrega, esta bandeja repleta de medicinas y vendas. Que nunca nos cansemos de hacer el bien.

 

ORACIÓN

Quiero ser como Tú, María
con un ojo apuntando al cielo
y, con el otro, no olvidando al hombre
Quiero ser como Tú, María,
con una mano acariciando a Jesús
y, con la otra, meciendo al hombre.
Quiero ser como Tú, María,
elevada en los altares
pero caminando a pie llano en la tierra
Quiero ser como Tú, María,
con dos movimientos en tu corazón:
uno para Dios y, el otro,
regalándose a los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
con tres miradas y con tres vértices:
Dios, Jesús y los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
llena de Dios pero volcándote en los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
elegida por Dios pero sin dar la espalda a los hombres.
Quiero ser como Tú, María,
tan llena de Dios
que siempre tienes lugar
para todos los que te miran y te enaltecen.
Amén.

Rezamos un Ave María.