Vísperas – Miércoles VIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TE BENDECIMOS, CRISTO, EN ESTA NOCHE.

Te bendecimos, Cristo, en esta noche:
Verbo de Dios y Luz de Luz eterna,
emisor del Espíritu Paráclito;
te bendecimos porque nos revelas
la triple luz de una indivisa gloria
y libras nuestras almas de tinieblas.

A la noche y al día has ordenado
que se releven siempre en paz fraterna;
la noche compasiva pone término
a nuestras aflicciones y tareas,
y, para comenzar el nuevo surco,
el día alegremente nos despierta.

Da un sueño muy ligero a nuestros párpados,
para que nuestra voz no permanezca
muda por mucho tiempo en tu alabanza;
mientras dormimos se mantenga en vela
toda tu creación, cantando salmos
en compañía de la turba angélica.

Y, mientras duerme nuestro humilde cuerpo,
nuestro espíritu cante a su manera:
«Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu,
en el día sin noche donde reinan;
al Uno y Trino, honor, poder, victoria,
por edades y edades sempiternas.» Amén.

SALMODIA

Ant 1. Señor, tu saber me sobrepasa.

Salmo 138, 1-18. 23-24 – I TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE DIOS.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa.

Ant 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Salmo 138 II

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has formado portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Ant 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE   1Jn 2, 3-6

Sabemos que hemos llegado a conocer a Cristo si guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, miente; y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra posee el perfecto amor de Dios. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que está siempre en él debe andar de continuo como él anduvo.

RESPONSORIO BREVE

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A las sombras de tus alas escóndenos.
R. Como a las niñas de tus ojos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Que se alegren los que se acogen a ti, Señor.

Acuérdate, Señor, que enviaste a tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;
haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

Tú que constituiste a tus sacerdotes servidores de Cristo y administradores de tus misterios,
concédeles un corazón fiel, ciencia abundante y caridad intensa.

Tú que desde el principio creaste hombre y mujer,
guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos,
sigan con fidelidad a tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
Concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración:

Padre nuestro…

ORACION

Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 30 de mayo

Lectio: Miércoles, 30 Mayo, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios; gocen las naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega confiada y pacífica. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 10,32-45
Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles, y se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán, y a los tres días resucitará.» Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: «Maestro, queremos nos concedas lo que te pidamos.» Él les dijo: «¿Qué queréis que os conceda?» Ellos le respondieron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» Ellos le dijeron: «Sí, podemos.» Jesús les dijo: «La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.» Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: «Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy presenta el tercer anuncio de la pasión y, de nuevo, como en las veces anteriores, muestra la incoherencia de los discípulos (cf. Mc 8,31-33 e Mc 9,30-37). Mientras que Jesús insistía en el servicio y en la entrega de su vida, ellos seguían discutiendo sobre los primeros puestos en el Reino, uno a la derecha y el otro a la izquierda del trono. Y todo esto indica que los discípulos ¡seguían ciegos! Señal de que la ideología dominante de la época había penetrado profundamente en su mentalidad. A pesar de la convivencia de varios años con Jesús, todavía no habían renovado su manera de ver las cosas. Miraban hacia Jesús con la vieja mirada. Querían una retribución por el hecho de seguir a Jesús.
• Marcos 10,32-34: El tercer anuncio de la pasión. Ellos van camino de Jerusalén. Jesús los precede. Tiene prisa. Sabe que van a matarlo. El profeta Isaías lo había anunciado ya. (Is 50,4-6; 53,1-10). Su muerte no es fruto de un destino ciego o de un plan ya preestablecido, sino que es la consecuencia del compromiso asumido con la misión que recibió del Padre al lado de los excluidos de su tiempo. Por esto, Jesús alerta a los discípulos sobre la tortura y la muerte a la que se va a enfrentar, allí en Jerusalén. Pues el discípulo tiene que seguir a su maestro, aunque fuera para sufrir como él. Los discípulos estaban espantados, y los que le seguían estaban con miedo. No entendían lo que estaba aconteciendo. El sufrimiento no se combinaba con la idea que ellos tenían del mesías.
• Marcos 10,35-37: Piden el primer puesto. Los discípulos no sólo no entendían, sino que seguían con sus ambiciones personales. Santiago y Juan piden un lugar preferencial en la gloria del Reino, uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús. Quieren ¡adelantarse a Pedro! No entienden la propuesta de Jesús. Estaban preocupados sólo por sus propios intereses. Esto refleja el enfrentamiento y las tensiones que existían en las comunidades, en el tiempo de Marcos, y que existen hasta hoy en nuestras comunidades. En el evangelio de Mateo es la madre de Santiago y de Juan la que pide para los hijos (Mt 20,20). Probablemente, ante la difícil situación de pobreza y de falta de empleo creciente en aquella época, la madre intercede por los hijos e intenta garantizar el que tengan un empleo en la venida del Reino del que Jesús hablaba tanto.
• Marcos 10,38-40: La respuesta de Jesús. Jesús reacciona con firmeza: “No sabéis lo que pedís”. Y pregunta si son capaces de beber el cáliz que él, Jesús, beberá, y si están dispuestos a recibir el bautismo que él va a recibir. ¡Es el cáliz del sufrimiento, el bautismo de sangre! Jesús quiere saber si ellos, en vez de un lugar destacado, aceptan entregar la vida hasta la muerte. Los dos responden: “¡Podemos!” Parece una respuesta de labios para fuera, pues a los pocos días, abandonarán a Jesús y lo dejarán solo en la hora del sufrimiento (Mc 14,50). Ellos no tienen mucha conciencia crítica, ni perciben su realidad personal. Cuanto al lugar destacado, de honra, en el Reino al lado de Jesús, quien lo da es el Padre. Lo que el Jesús tiene para ofrecer es el cáliz y el bautismo, el sufrimiento y la cruz.
• Marcos 10,41-44: Entre vosotros no sea así. Al final de la instrucción sobre la Cruz, Jesús habla, de nuevo, sobre el ejercicio del poder (Mc 9,33-35). En aquel tiempo, los que detenían el poder en el Imperio Romano no tenían en cuenta a la gente. Actuaban según entendían (Mc 6,17-29). El Imperio Romano controlaba el mundo y lo mantenía sometido por la fuerza de las armas y, así, a través de tributos, impuestos y tasas, conseguía concentrar la riqueza de la gente en mano de pocos allá en Roma. La sociedad estaba caracterizada por el ejercicio represivo y abusivo del poder. Jesús tenía otra propuesta. Dice: “¡Entre vosotros no ha de ser así! El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor.” El enseña contra los privilegios y contra la rivalidad. Invierte el sistema e insiste en el servicio como remedio en contra de la ambición personal. La comunidad tiene que presentar una alternativa para la convivencia humana.
• Marcos 10,45: El resumen de la vida de Jesús. Jesús define su misión y su vida: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. Jesús es el Mesías Siervo, anunciado por el profeta Isaías (cf. Is 42,1-9; 49,1-6; 50,4-9; 52,13-53,12). Aprendió de su madre que dijo al ángel: “¡He aquí la esclava del Señor!” (Lc 1,38). Propuesta totalmente nueva para la sociedad de aquel tiempo. En esta frase en la que él define su vida, aparecen los tres títulos más antiguos, usados por los primeros cristianos para expresar y comunicar a los demás lo que Jesús quería indicar al usarlos: Hijo del Hombre, Siervo de Yavé, Rescate de los excluidos (libertador, salvador). Humanizar la vida, Servir a los hermanos y a las hermanas, Acoger a los excluidos.

4) Para la reflexión personal

• Santiago y Juan pidieron el primer puesto en el Reino. Hoy mucha gente reza a Dios pidiendo dinero, promoción, sanación, éxito. Yo, ¿qué es lo que busco en mi relación con Dios y qué le pido en la oración?
• Humanizar la vida, Servir a los hermanos y a las hermanas, Acoger a los excluidos. Es el programa de Jesús, y nuestro programa. ¿Cómo lo estoy llevando a cabo?

5) Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a las naciones;
se ha acordado de su amor y su lealtad
para con la casa de Israel. (Sal 98,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

En Mc 3, 24 encontramos en dos ocasiones la palabra basileia (= reino); es la primera vez que aparece este término tras haber sido utilizado inicialmente en 1, 15, donde se dice que Jesús vino a Galilea proclamando la cercanía del reino de Dios. Sin embargo, en 3, 24 se habla de otro reino, que se opone al de Dios: el reino de Satán, que según 3, 27 ha quedado fatalmente debilitado por la llegada del Más Fuerte, es decir, Jesús. Conforme al contexto de la discusión en 3, 27, la evidencia del debilitamiento de Satán puede verse en los exorcismos de Jesús, pues muestran que la «casa» de Satán, que es el mundo, está siendo saqueada por el Más Fuerte, que arrebata a Satán sus cautivos.

Pero ¿es realmente así? ¿Satán ha sido realmente desarmado? Si así fuere ¿cómo es que quedan en el mundo tantas realidades que parecen sugerir lo contrario? ¿Cómo es que la misma comunidad de Marcos está pasando por una tribulación que no tiene precedentes desde el comienzo del mundo (13, 19)? ¿Por qué razón algunos de los miembros de aquella comunidad parecen ser odiados por todo el mundo exterior (13, 13) y por qué esta presión de los de fuera se encuentra vinculada al engaño, a la desilusión y a la apostasía de los de dentro (13, 9-13.22)? ¿Es este un mundo en el que Satán ha sido desposeído o parece más bien que Satán se sienta todavía de un modo firme y terrible sobre el trono?

Estos son los temas con los que se enfrenta el capítulo de las parábolas de Marcos (Mc 4, 1-34), que comienza unos pocos versículos después de la «parábola» de la casa/reino de Satán (que hemos visto en 3, 22-27). La cuestión central de fondo a la que responden estas parábolas es la siguiente: ¿En qué tiempo del mundo nos hallamos? ¿Estamos en el tiempo del reino de Satán o en el tiempo del reino de Dios? ¿Este es el tiempo de la ausencia de Jesús, que no está ya presente en la comunidad marcana, y es por tanto un tiempo de llanto y de fuerte paciencia ante el asalto demoníaco (2, 20; cf. 16, 6)? ¿O es el tiempo de la presencia de Jesús en la comunidad y, por lo tanto, una época de alegría y de celebración, porque Dios ha extendido su reino de gracia sobre el conjunto de la tierra (2, 19; cf. 13, 10-11)? ¿O es, en sentido misterioso, un tiempo en que se vinculan ambas cosas (cf. Jn 16, 20)? Como veremos, nuestro capítulo, que se ocupa especialmente del «misterio del reino de Dios» (cf. 4, 11.26.30), parece situarse en la línea de esa última posibilidad.

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p style=»text-align:justify;»>En Mc 4, 1-34 hallamos, junto con Mc 13, el discurso más extenso de Jesús, un discurso que se encuentra rodeado por una narración introductoria (4, 1-2) y por una narración conclusiva (4, 33-34). Este capítulo se encuentra situado en este momento de la narración por dos razones principales.
1) La sección previa del evangelio, desde el comienzo del capítulo 2 hasta el final del capítulo 3, ha descrito la creciente y afilada división entre Jesús y sus oponentes. Hacia el final de Mc 3, sus oponentes le están acusando de realizar sus milagros como agente del diablo y él les ha acusado de blasfemar contra el Espíritu Santo (3, 20-30). La primera mitad del capítulo de las parábolas (4, 1-20) presenta esta división entre los de dentro y los de fuera, entre el buen suelo y el mal suelo, como algo que depende de la voluntad de Dios.

2) Inmediatamente después del capítulo de las parábolas, Jesús realizará su primera incursión en un territorio gentil (4, 35-5, 20). La segunda parte del capítulo de las parábolas (4, 21-32) prepara esta expansión del evangelio utilizando imágenes dinámicas de un movimiento que va de la oscuridad a la luz (4, 21-22), imágenes del crecimiento impredecible de una semilla (4, 26-29) y de la forma en que un grano de mostaza germina y viene a convertirse en un árbol grande bajo cuyas ramas pueden refugiarse los pájaros del cielo (4, 30-32).

Esta unidad ha sido cuidadosamente construida. Así, podemos ver en ella un elegante quiasmo (construcción literaria con una estructura en forma ABBA o similar, de manera que se forma un esquema cruzado; puede tener un elemento central o no):

A Introducción narrativa (4, 1-2)

B          Parábola de la semilla (4, 3-9)

C                      Afirmación general (4, 10-12)

D                                 Explicación de la parábola (4, 13-20)

C’                    Afirmación general (4, 21-25)

B’        Parábolas de la semilla (4, 26-32)

A’ Conclusión narrativa (4, 33-34).

Marcos 4, 1-9

«1Y de nuevo comenzó a enseñarjunto al mar. Y se reúne en torno a éluna muchedumbre muy grande, de modo que [estaba]élsubido en una barca, sentado en el mar, y toda la muchedumbreestaba junto al mar, sobre la tierra. 2Y les enseñabamuchas cosas en parábolasy en su enseñanzales decía:

3“¡Escuchad! He aquí que salió el sembrador a sembrar. 4Y sucedió que, al sembrar, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y la comieron. 5Y otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y enseguida brotó, porque no tenía tierra profunda, 6y cuando salió el sol se marchitó y por no tener raíz se secó. 7Y otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otra parte cayó en tierra buena y daba fruto, subiendo y creciendo, y produjo el treinta, y el sesenta, y el ciento por uno”. 9Y dijo:“¡El que tiene oídos paraescuchar, que escuche!”.

<

p style=»text-align:justify;»>• Después de la atmósfera claustrofóbica de la escena interior de 3, 20-35, el movimiento que nos lleva hasta la orilla del mar al comienzo del capítulo de las parábolas aparece como un motivo de descanso. La mayoría de las parábolas de este capítulo, incluyendo la primera, la del sembrador, tienen un contexto de campo abierto. 
La escena está estructurada en una serie de alternancias. En el marco escénico (4, 1-2), el enfoque sobre Jesús alterna con el enfoque sobre la muchedumbre. De forma semejante, en la misma parábola el destino de cada porción de semilla se describe de un modo paralelo: primero oímos hablar sobre una semilla que cae en un tipo de terreno y después se nos dice que fructifica o no fructifica y en qué medida. Más aún, las secciones en las que el destino de la semilla se describe de un modo conciso (4, 4.7) alternan con aquellas en las que se describe de modo más extenso (4, 5-6.8). Este modelo de alternancia refleja quizá la naturaleza cíclica de la agricultura, descrita en esta parábola y a lo largo de todo el capítulo. 


<

p style=»text-align:justify;»>• 4, 1-2: El capítulo comienza con la vuelta de Jesús a la orilla del mar, que él ha visitado por última vez en 2, 13. Allí comienza a enseñar y su voz poderosa atrae hacia él la mayor de las multitudes que hasta ahora ha logrado convocar (podemos traducir también: «una multitud mayor que todas las anteriores»). La magnitud y el interés de esta multitud están enfatizados por la circunstancia de que Jesús se encuentra obligado a utilizar la barca que le habían preparado en 3, 9 «para que no lo estrujaran». La sensación de drama aumenta aún más por el modo casi cinematográfico con que el sujeto de los verbos alterna entre Jesús y la multitud: 


Jesúscomienza a enseñar junto al mar

                                                                y una gran muchedumbre se reúne;

 Jesús se ve obligado a tomar una barca

                                                          y la muchedumbre se sienta en la orilla;

Jesús les enseña en parábolas, diciendo en su enseñanza…

Atrás y adelante, atrás y adelante, la cámara alterna entre Jesús y la multitud; ellos se miran (Jesús y la multitud), en una confrontación dramática. Cuando Jesús abre la boca para hablar en parábolas, entonces, en ese momento viene a darse una revelación escatológica decisiva de la verdad divina. El significado de esta escena queda subrayado por la repetición de palabras relacionadas con la enseñanza. Solo hay una concentración semejante de palabras de enseñanza en la introducción del exorcismo de Cafarnaún, en 1, 21-22. Allí, el poder de la enseñanza de Jesús queda confirmado inmediatamente por un exorcismo. Aquí es la misma enseñanza parabólica la que debe cumplir la tarea de autentificarse a sí misma.

• 4, 3-8: La parábola del sembrador. El presente pasaje nos ofrece el ejemplo más eminente de la enseñanza de Jesús: la parábola del sembrador. Más tarde, Jesús pondrá de relieve el carácter crucial de esta parábola, diciendo que ofrece la llave de todas las demás parábolas (4, 13). Sin embargo, ya en 4, 3 Jesús llama la atención sobre la importancia de esta parábola al introducirla con un imperativo en segunda persona: ¡escuchad!; este mandato recibe un paralelo al final de la parábola, donde se utiliza el mismo verbo: ¡que escuche! De acuerdo con eso, esta parábola crucial está rodeada de exhortaciones a escuchar su mensaje.

Pero ¿qué es lo que se supone que la audiencia de Marcos debe escuchar en esta parábola tan radicalmente importante? Encontramos algunas aclaraciones sobre esto en los dos comentarios que el mismo evangelio ofrece a la parábola: el dicho sobre el misterio del reino de Dios en 4, 10-12 y la interpretación alegórica en 4, 13-20. Sin embargo, no habiendo escuchado todavía esas dos explicaciones, los oyentes de Marcos pueden sentirse por el momento tan confundidos como lo están inicialmente los discípulos (en 4, 10). Este efecto es quizá intencional. Las parábolas son intencionalmente ambiguas, tienen «lagunas» que se han dejado abiertas precisamente en los puntos clave, que son centrales para el discurso. Estas lagunas desafían a los oyentes, para que pongan en juego todos sus recursos interpretativos, con el objetivo de llegar a descubrir el sentido de la narración; de esta forma se consigue que se impliquen activamente en la ardua tarea de la interpretación.

Para lograr ese fin, abriendo la clausura de la narración, los lectores de Marcos podrán recibir la ayuda del Antiguo Testamento, donde la abundancia de la cosecha aparece como una imagen estereotipada para referirse a las bendiciones de los «buenos tiempos que vienen», es decir, de la nueva era que se espera (cf. Jr 31, 12; Os 2, 21-22; Jl 2, 22; Zac 8, 12). Por el contrario, la carencia de fecundidad constituye una característica de la «presente edad mala», en la que la tierra languidece bajo el juicio de Dios (cf. Gn 3, 17-18; Jr 8, 13; Jl 1, 12); y esta esterilidad puede expresarse con descripciones de cosechas anormalmente exiguas (cf. Is 5, 10).

Este contraste entre la semilla fracasada de Mc 4, 4-7 y la maravillosamente fecunda de 4, 8 podría recordar el contraste apocalíptico entre la esterilidad de la era antigua y la fecundidad de la nueva. Según esto, el mensaje de la parábola parece ser que, a pesar de la apariencia contraria, a través del ministerio de Jesús está llegando la nueva edad esperada del reino de Dios. Esta interpretación queda confirmada por la continuación del capítulo de las parábolas. La nueva era de Dios está llegando, a pesar de toda las evidencias en contra de ello, como muestra el hecho de que la parábola no aluda únicamente a la semilla que tiene éxito, sino que sus tres cuartas partes estén dedicadas a la semilla que no logra fructificar.

Pero ¿qué significa esta falta de éxito, este signo del fracaso y la debilidad de la era antigua en una parábola que trata de la llegada del reino de Dios? ¡Todo parecería indicar que, cuando Dios llegue a la escena, debería manifestar su reinado en forma de poder y de éxito, y no en forma de fracaso y debilidad!

Según las concepciones más normales del Antiguo Testamento y del judaísmo, cuando llegue el tiempo final Dios destruirá la muerte para siempre y secará las lágrimas de todos los rostros, eliminando todos los residuos de la edad antigua y trayendo su reino glorioso sobre la tierra redimida, de manera que su pueblo rescatado cantará de alegría, y la tristeza y el llanto desaparecerán para siempre (cf. Is 25, 7-8; 35, 8-10). Pues bien, debemos poner de relieve el hecho de que en Marcos la nueva edad no ha llegado aún de una forma tal que elimine todos los vestigios de la edad antigua: la mala tierra, que es símbolo de la esterilidad, debilidad y sufrimiento del tiempo antiguo, persiste aún tenazmente y produce su cosecha de muerte. Esta extraña coexistencia de la edad nueva y de la antigua constituye para Marcos «el misterio del reino de Dios». A causa de este misterioso ocultamiento, uno necesita abrir los ojos de la fe para discernir la presencia del reino de Dios. Así fue como lo dijo Martin Buber: «Las auténticas victorias, vencidas en secreto, a veces parecen derrotas… A la luz de una débil lámpara, nuestra fe en Dios como Señor de la Historia puede parecer a veces ridícula; pero hay algo secreto en la historia y que confirma nuestra fe». Para Marcos, ese «algo secreto» es la cruz, porque es aquí donde el creyente es capaz de ver la victoria de Dios en una aparente derrota.

A pesar de que nuestra parábola reconoce claramente la existencia continua de realidades que se oponen a la voluntad de Dios, su fondo es básicamente optimista. El movimiento que va desde la semilla infructuosa hasta la que produce fruto es de tipo positivo, y la semilla que fructifica ocupa el lugar destacado del final. La descripción de la cosecha del buen suelo, con la que alcanza su clímax la parábola, ofrece una evocación de la cualidad inesperadamente gratuita del poder divino que se ha introducido en el mundo a través de la muerte y resurrección de Jesús.

Las cosas no se desarrollan de una forma lógica, como los hombres habrían supuesto, a través de una progresión lineal de treinta, sesenta y noventa por ciento, ni tampoco por una progresión en la que se dobla cada vez el número anterior (treinta, sesenta, ciento veinte); en contra de eso, hallamos más bien un elemento de la exhuberancia divina e incluso de su juego gozoso en la cantidad no anticipada del «salto» final, que nos lleva de la cosecha del treinta y sesenta por ciento… a la cosecha del ciento por uno.

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p style=»text-align:justify;»>• 4, 9: A causa del carácter misterioso del reino de Dios, hace falta un tipo de percepción especial para registrar su presencia: la parábola concluye, por tanto, con otra exhortación en la que se nos invita a oír, retomando así el tema del imperativo (¡escuchad!) del principio (en 4, 3). Hay, sin embargo, un progreso entre los dos usos del verbo «escuchar»: ahora no se pide a todos que escuchen, sino solo a «los que tienen oídos para oír», a ellos se les dice que oigan. Porque no todos pueden recibir el extraño mensaje de Jesús sobre la llegada del poder regio de Dios en medio de los sufrimientos y de la debilidad de la edad antigua. Los únicos que tienen oídos para escuchar este paradójico mensaje son aquellos a los que Dios mismo ha concedido el «órgano» adecuado para hacerlo. 
De esa manera, la exhortación conclusiva forma una transición para la «teoría de las parábolas» de 4, 10- 12 y la interpretación de la parábola del sembrador en 4, 13-20. Apunta hacia algo que esos pasajes explicitarán con un candor implacable: Dios no quiere que todos reciban su palabra, al menos en el momento presente; por eso, el hecho de que algunos la rechacen no será causa de sorpresa. Sin embargo, al mismo tiempo la exhortación conclusiva reforzará también el sentido de gratuidad, pues algunos han recibido la gracia de aceptar el mensaje divino, y les preparará para escuchar las palabras que Jesús dirige a sus discípulos: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios» (4, 11).


Mujer trabajadora

El trabajo diario de María sin duda que fue el de la casa: limpiar, cocinar, recoger y fregar…

Más que lo que hacía, importa pensar cómo lo hacía: con cariño, con cuidado para que todo quedara bien …

El amor que tenía a los de su familia se lo manifestaba sirviéndoles. El ejemplo de María nos vale hoy para poner nosotros cariño y cuidado en lo que hacemos; porque… se aprende de lo que se hace.

Imitando a María, vamos a pensar por qué hacemos las cosas, a quién queremos agradar… ¿a nuestros padres? ¿a los que nos educan?

En el modo de hacer las cosas demostramos cuánto les queremos.

ORACIÓN

María,
en la oración de hoy,
te pedimos por nuestro modo de trabajar.

Enséñanos lo que tú practicabas:
a poner cariño y cuidado en lo que hacemos.
Que en los años de colegio aprendamos a ser responsables.
Que pensemos siempre que trabajando
servimos a la sociedad y
colaboramos con Dios para cuidar el mundo.

Que nos esforcemos por conseguir lo que está bien hecho.
Porque el servicio y el amor es lo que demuestra a los otros que nos importan.

¡Santa María, madre de Dios y madre nuestra,
que pongamos amor en nuestro trabajo!

Ecclesia in Medio Oriente

69. La meditación del misterio de la Iglesia como comunión y testimonio a la luz de las Escrituras, este gran «libro de la Alianza» entre Dios y su pueblo (cf. Ex 24,7), lleva al conocimiento de Dios, «luz en mi sendero» (Sal 119,105), para que mi pie no tropiece (cf. Sal 121,3).[67] Que los fieles, herederos de esta Alianza, busquen siempre la verdad en toda la Escritura inspirada por Dios (cf. 2 Tm 3,16-17). Esta no es un objeto de curiosidad histórica, sino la «obra del Espíritu Santo, en la cual podemos escuchar la voz misma del Señor y conocer su presencia en la historia»[68], en nuestra historia humana.


[67] Cf. Exhort. ap. postsinodal Verbum Domini (30 septiembre 2010), 24: AAS 102 (2010), 704.

[68] Ibíd., 19: AAS 102 (2010), 701.

Comentario Domingo del Corpus Christi

Señor Jesucristo, nos diste tu Palabra, y quisiste permanecer para siempre con los tuyos y nos regalaste tu presencia en el Pan y en el Vino, concédenos:

  • reconocerte y adorarte en esos signos de tu amor,
  • y alimentarnos de la mesa de tu Palabra y de la mesa de Pan y de vino que nos fortalecen y nos realimentan para el caminar de nuestra vida.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. AMEN.

 

Mc 14, 12-16.22-26

«12El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba [el cordero de] laPascua, le dicen sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas [el cordero de] la Pascua?”.

13Y envía a dos de sus discípulos y les dice: “Id a la ciudad y os saldráal encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidlo; 14y allí donde entre decidle al dueño: ‘El Maestro dice: ¿dónde está mi habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’. 15Os mostrará una sala grande en el piso de arriba, preparada con divanes:preparad allí para nosotros”.

16Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, encontraron como les había dicho y prepararon [la cena de] la Pascua.

22Y mientras estaban comiendo, tomando pan y bendiciéndolo, lo partió y se lo dio, y dijo: ‘Tomad, esto es mi cuerpo’. 23Y tomando una copa, dando gracias, se la dio y todos bebieron de ella. 24Y les dijo:‘Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. 25En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta el día aquel cuando lo beba nuevo en el Reino de Dios’.

26Y, después de cantar los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El texto evangélico recoge la institución de la eucaristíaen el evangelio de Mc, en sus preparativos y su ejecución. Está precedido por el episodio de la mujer que unge a Jesús en casa de Simón el leproso (14,3-9) y la traición de Judas (14,10-11). En medio del texto litúrgico se sitúa el anuncio de la traición que Jesús hace a sus discípulos (14,17-21), y al texto litúrgico sucede la predicción que Jesús hace delescándalo general de los discípulos (14,27-31). Es un momento, no sólo de máxima gravedad para la vida de Jesús, sino de acrisolamiento de la condición discipular. Marcos es osado: presenta la institución de la eucaristía entre la traición de uno y el escándalo de todos, discípulos siempre.

 

TEXTO – ELEMENTOS A DESTACAR

Está formado por dos perícopas distintas: la primera corresponde a los preparativos de la cena de Pascua (vv. 12-16). Tiene tres partes: en la primera, los discípulos se ponen a disposición de Jesús para preparar la cena de Pascua (v. 12); la parte central recoge las disposiciones dadas por Jesús (vv. 13-15); al final, la ejecución de las órdenes dadas (v. 16). Sobresalen la insistencia en lapreparación (preparar la Pascua —> preparar la Eucaristía) y el papel de los discípulos (esos que van a traicionar o a escandalizarse de/por Jesús, lo que crea una gran tensión narrativa en el lector/oyente del evangelio, para servir de‘espejo’ o de ‘contraejemplo’). Un elemento interesante es el ‘hombre con el cántaro de agua’, que se interpretó desdeantiguo como una imagen del bautismo (agua), puerta de acceso a la eucaristía (cena pascual).

La segunda perícopa corresponde a la cena propiamente dicha, que es para nosotros el relato fundacional de la Eucaristía (vv. 22-25), totalmente centrada en las acciones y palabras de Jesús. El v. 26 forma ya transición de la siguiente perícopa, en la que Jesús preanuncia el escándalo general de los discípulos que culmina en la huida de todos ellos (14,50, cf. en oposición 1,18). Destaca la sucesión de acciones y palabras de Jesús, y básicamente el comer y beber, un pan que nos hace parte de/con Jesús en su persona (hijos de Dios en el Hijo), en su misión (el anuncio del Reino de Dios) y en su destino (la entrega de la propia vida). Un elemento interesante: la sala está dispuesta (preparada), pero los discípulos deben prepararla aún. ¿Cómo entender esto? Aquí podemos encontrar la profundidad teológica de Marcos: la Eucaristía es un don, pero también es una misión. Los discípulos son los que preparan los lugares para el encuentro con el Maestro, los que comparten vida, misión y destino con él; entonces y también hoy.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo del Corpus Christi

Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y es para nosotros tan importante que seguro después de esta celebración habréis salido por vuestras calles en procesión, celebrando esta fiesta…¿Y qué celebramos?
Cuando un equipo gana una competición, le dan un premio, un trofeo que exhibe con orgullo por su pueblo (El Barca ganó la liga y se fue a celebrarlo a Colón… con la copa en la mano)… Pues esto es algo parecido a lo que nosotros celebramos, y que para nosotros es tan importante que lo sacamos a la calle orgullosamente. ¿Y qué es?
La liga es muy importante, pero quizás el año próximo la gane otro equipo y no nos acordaremos de este año…. ¿Qué cosa es tan importante para nosotros? ¿Qué es lo más importante? ¿Lo que nos hace más felices? …. EL AMOR…..
Estamos tan contentos porque alguien me quiere tanto, que ha sido capaz de dar su vida por mí… tengo que estar feliz….
Miremos a los pelícanos que ama tanto a sus crías que se va arrancando a trozos su propio cuerpo para alimentar a sus crías, con la gran satisfacción de que sus crías siempre llevarán en ellas una parte de su madre, porque su trozo de carne se hará carne nueva en ellas.
El cuerpo y la sangre de Jesús.  ¿Esto qué es?… un trozo de carne… ¿Y qué tiene que ver esta carne con el pan y el agua?… pues que el alimento del pan y del agua se transforma en carne de un ser vivo… Muy bien…
Pues esto que acabáis de descubrir es el gran descubrimiento de la Eucaristía, la fiesta que hoy celebramos… porque uno es, aquello que come… si come crece, si no come, muere… si come grasa se convierte en grasa… si come proteínas se convierte en fuerza…
Pues el mismo Cristo, que tanto nos ama que dio su vida por nosotros… quiso quedarse para siempre con nosotros, quiso hacerse cuerpo en nosotros para vivir dentro de nosotros… y por ello, Cristo en la última Cena da a comer su cuerpo y su sangre… en forma del pan y del vino que consagramos en la Misa…
Cuando nosotros comemos este pan y este vino… el Cuerpo y la Sangre de Cristo pasan a transformarse en cuerpo y sangre nuestra… y nosotros nos transformamos en un cachito de Dios… ¿en qué se debe notar? pues en que nosotros debemos de ir pensando como Dios, y actuando como Dios… amando, perdonando, ayudando, compartiendo… de forma que cuando la gente vea todo el bien que hacemos diga «ese chico/a tiene a Dios dentro, se le nota»… esto es comulgar… y si a todos los cristianos se nos notara, porque comulgamos con Cristo, este mundo sería un mundo maravilloso…

Para la catequesis: Domingo del Corpus Christi

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo
3 de junio 2018

Éxodo 24, 3-8; Salmo 115; hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?” Él les dijo a dos de ellos: “Vayan a la ciudad. Encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo y díganle al dueño de la casa en donde entre: ‘El Maestro manda preguntar: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?’ Él les enseñará una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. Prepárennos allí la cena”. Los discípulos se fueron, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesús les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras cenaban, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen: esto es mi cuerpo”. Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo: “Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”. Después de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.

 

Reflexión

¿Entiendes las palabras de Jesús que el pan y el vino son su cuerpo y su sangre? ¿Cuándo recibes el pan y el vino crees que es a Jesús a quien recibes? ¿Qué te gustaría decirle a Jesús? Jesús nos dio todo por amor. ¿Te gustaría también a ti compartir todo con los demás por amor? En las lecturas de esta semana Jesús, sacerdote de la nueva alianza, ofrece el sacrificio a Dios y sella el compromiso con su sangre. Jesús entrega todo lo que tiene para la salvación y liberación de todos nosotros.

 

Actividad

Pueden preparar la representación de la última cena y actuarla con los niños. Se prepara pan pita y jugo de uva representando el vino. Se preparan los disfraces y las láminas con los nombres de los apóstoles y una descripción de cada uno. Se toman las citas del evangelio y se leen y los niños actúan según el narrador va leyendo. Al terminar oran y dan gracias a Jesús por su entrega.

 

Oración
Señor Jesús, tú nos alimentas cada día con pan material para crecer saludables y con tu cuerpo y sangre en la Eucaristía para fortalecernos y crecer espiritualmente.

Enséñanos a ser generosos unos con otros. Quédate siempre con nosotros y enséñanos a servirte siempre con amor. Amen.

Comentario al evangelio – 30 de mayo

Este episodio narra la petición que hacen a Jesús los hijos de Zebedeo y un sustancioso monólogo ulterior de Jesús con los discípulos. Está situado estratégicamente: Justamente detrás del tercer anuncio de su Pasión y Resurrección que el Maestro hace a los suyos en su dramática subida a Jerusalén. La carga correctiva que contiene es manifiestamente clara: Mientras Jesús anuncia su inmediato futuro de condena, sufrimiento y muerte, los discípulos están en otra onda, aspirando a puestos de honor y de gloria. Este es el contexto del escalofriante relato que hoy nos propone la liturgia. ¿Qué enseñanzas podemos extraer de este episodio?

La paciencia de Cristo.

Llama poderosamente la atención el hecho de que Jesús lejos de impacientarse y de arrojar a estos codiciosos “hijos del trueno” de su vista, responde a la petición que le proponen encaminándoles sabiamente desde la superficialidad de sus vanidades mundanas y cicateras a la profundidad de la elección suprema de beber su mismo cáliz. A Jesús no le escandaliza la estrechez de miras de aquellos dos discípulos hermanos. Se muestra como el profeta de la misericordia, capaz de corregir con paciencia sin exasperar ni fustigar. Porque el amor todo lo aguanta, Jesús jamás rechazó a nadie… ni siquiera a los que, como estos discípulos, después de tanto tiempo con Jesús no lograban entenderle. Tal vez la paciencia con el corto de miras o con el tardo de entendederas sea una de las formas actuales de decir “Dios” en nuestro mundo de hoy. Y la paciencia…, no se nos olvide, todo lo alcanza. ¡Palabra de Teresa la de Jesús!

La humildad de Cristo.

Servir es rebajarse ante aquel a quien se sirve. El servidor se sitúa al menos un peldaño por debajo de quien es servido.  Ello explica que todos busquemos profesiones que no nos obliguen a rebajarnos ante nadie, sino a permanecer autónomos e iguales. Pero parece que en la mente y en el corazón de Jesús las cosas van por otro lado. El no cuestiona sobre dignidades, sino sobre el amor. Un enamorado intenta agradar a su amada y ni se le pasa por la cabeza que con ello es “menos”. Se ha transformado su corazón de manera que la voluntad de la otra persona se ha hecho propia. Jesús habló y, sobre todo, vivió algo así, pero con mayúsculas. Y quiso que los suyos fueran de este linaje. Sabemos que los cargos, sobre todo si son altos, mezclan a los hombres pero no los unen. Y la desigualdad a favor del otro –entiéndase bien- es lo único que de verdad une, aunque ello se logre las más de las veces por vía de la aceptación y no tanto de la elección.

Se ha dicho que una de las carencias más lamentables de nuestra cultura occidental es la falta el trato directo con grandes personalidad, que sean modelos de vida. En efecto, es rarísimo encontrarse con una persona paciente y humilde al estilo de Cristo. Son muchísimos los que no han conocido a una persona verdaderamente servicial, o a alguien con integridad y amor verdaderos. Por eso es fundamental insistir en que la evangelización pasa por la imitación de actos excelentes, no por la aplicación de reglamentos o el respeto a leyes. No se puede aprender el evangelio sin mímesis, sin imitación, sin testigos. ¿Cómo van a entender si no ven? ¿Cómo verán si alguien no se lo muestra? ¿Cómo alguien mostrará el amor si no está seducido previamente?