Tu eres, Señor, nuestro mejor alimento

Ahora que están de moda
las recetas culinarias,
que todo el mundo busca
alimentos energéticos,
simplicidad en la adquisición
y preparación
al tiempo que vitaminice y sea sabroso,
los cristianos tenemos
el tesoro de tu Mesa.

Tú nos enseñaste a comer,
que es compartir con los amigos,
que es hablar la vida, incluso
con lo que te traicionen,
que es disfrutar juntos y que haya
de todo para todos,
para, al final, sentirse unidos,
compañeros de camino
y constructores de unas relaciones sanas
y una tierra nueva.

Tú que nos invitas a reunirnos
en tu recuerdo
y a partir y repartir el pan
unos con otros, nos dejaste un mensaje,
una misión, una tarea,
que es sentarnos a la mesa, unidos,
y hacer de la tierra entera una familia.

Cada vez que comemos tu Cuerpo,
nos comprometemos contigo,
confirmamos que queremos vivir
a tu manera y que nos unimos
a toda la Iglesia, tu gente,
para cumplir tus sueños de amor y fraternidad.

El que come tu Carne, el que Comulga,
se aparta de otros alimentos nocivos.
Se aleja de la competitividad,
no le sirve la prisa,
se aparta del poder
y relativiza el prestigio.
Hazte, Señor, carne de nuestra carne
y vida de nuestra vida.

Mari Patxi Ayerra