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Archive for 3/06/18

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (SOLEMNIDAD).

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PUBLICA, LENGUA Y CANTA

Publica, lengua, y canta
el misterio del cuerpo glorioso
y de la sangre santa
que dio por mi reposo
el fruto de aquel vientre generoso.

A todos nos fue dado,
de la Virgen purísima María
por todos engendrado;
y mientras acá vivía
su celestial doctrina esparcía.

De allí en nueva manera
dio fin maravilloso a su jornada
la noche ya postrera,
la noche deseada,
estando ya la cena aparejada.

Convida a sus hermanos,
y, cumplida la sombra y ley primero,
con sus sagradas manos
por el legal cordero
les da a comer su cuerpo verdadero.

Aquella criadora
Palabra, con palabra, sin mudarse,
lo que era pan agora
en carne hace tornarse
y el vino en propia sangre trastornarse.

Y puesto que el grosero
sentido se acobarda y desfallece,
el corazón insano
por eso no enflaquece,
porque la fe le anima y favorece.

Honremos pues, echados
por tierra, tan divino sacramento,
y queden desechados,
pues vino el cumplimiento,
los ritos del antiguo Testamento.

Y si el sentido queda
pasmado de tan alta y nueva cosa,
lo que él no puede pueda,
ose lo que él no osa,
la fe determinada y animosa.

¡Gloria al Omnipotente,
y al gran Engendrador y al Engendrado,
y al inefablemente
de entrambos inspirado
igual loor, igual honor sea dado! Amén.

SALMODIA

Ant 1. Cristo, el Señor, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, ofreció pan y vino.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo, el Señor, sacerdote eterno según el rito de Melquisedec, ofreció pan y vino.

Ant 2. Alzaré la copa de la salvación y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Salmo 115 – ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alzaré la copa de la salvación y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Ant 3. Señor, tú eres el camino, tú eres la verdad, tú eres la vida del mundo.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tú eres el camino, tú eres la verdad, tú eres la vida del mundo.

LECTURA BREVE   1Co 11, 23-25

Yo recibí del Señor lo que, a mi vez, os he trasmitido: que Jesús, el Señor, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de pronunciar la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo, que se da por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Cada vez que la bebáis hacedlo en memoria mía.»

RESPONSORIO BREVE

V. Les ha dado pan del cielo. Aleluya, aleluya.
R. Les ha dado pan del cielo. Aleluya, aleluya.

V. El hombre ha comido pan de ángeles.
R. Aleluya, aleluya.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Les ha dado pan del cielo. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Oh sagrado banquete en que Cristo se da como alimento! En él se renueva la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Oh sagrado banquete en que Cristo se da como alimento! En él se renueva la memoria de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la futura gloria. Aleluya.

PRECES

Acudamos a Cristo, que invita a todos a su cena y en ella entrega su cuerpo y su sangre para la vida del mundo; digámosle:

Cristo, pan bajado del cielo, danos la vida eterna.

Cristo, Hijo de Dios vivo, que nos mandaste celebrar la eucaristía como memorial tuyo,
enriquece a tu Iglesia con la celebración de tus misterios.

Cristo, Señor nuestro, sacerdote único del Dios altísimo, que has querido que tus ministros te representaran en la cena eucarística,
haz que los que presiden nuestras asambleas imiten en su manera de vivir lo que celebran en el sacramento.

Cristo, maná bajado del cielo, que haces un solo cuerpo de cuantos participan de un mismo pan,
aumenta la unidad y la concordia entre los que creen en ti.

Cristo Jesús, médico enviado por el Padre, que por el pan de la eucaristía nos das el remedio de la inmortalidad y el germen de la resurrección,
da salud a los enfermos y esperanza a los pecadores.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo Señor, rey al que esperamos, tu que nos mandaste celebrar la eucaristía para anunciar tu muerte y pedir tu retorno,
haz participar en tu resurrección a los que han muerto estando en tu amor.

Pidamos al Padre, como Cristo nos enseñó, nuestro pan de cada día:

Padre nuestro…

ORACION

Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu cuerpo y de tu sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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1. La Eucaristía, compromete a la comunidad cristiana. De la síntesis temática de las tres lecturas bíblicas de hoy se concluye que el pan y el vino ofrecido por Melquisedec (1ª lect.) y los panes que multiplica Jesús para la gente (evang.) son figura de la Eucaristía, cuya celebración en la comunidad cristiana es memorial y anuncio de la muerte y resurrección del Señor, así como compromiso y solidaridad en el compartir el pan, la vida y el amor (2ª lect.).

El relato de la multiplicación de cinco panes y dos peces por Jesús, según Lucas, es el contenido del evangelio de hoy. La muchedumbre que sigue a Cristo arriesga su propia seguridad y su comida sólo por oírle hablar del reino de Dios. En correspondencia él provee a su necesidad; pero no realiza un simple acto de demagogia. Aquella cena improvisada se convirtió en signo del reino que Jesús acababa de anunciar, y que con tanta frecuencia en las parábolas evangélicas es comparado a un banquete. El pan es repartido a los pobres de Dios y a los hambrientos de este mundo, pero en fraternidad y no con filantropía paternalista.

Sorprende que Jesús dijera a los Doce: “Dadles vosotros de comer”. Si antes les había enviado a repartir el pan de la palabra, ahora les confía el pan material. De hecho les está invitando a servir y a compartir con los más pobres su propia pobreza, es decir, los cinco panes y los dos peces que tienen. La colaboración de los apóstoles con Jesús en el anuncio del reino de Dios y en el alimento a la muchedumbre hambrienta apunta en esta dirección: compromiso eclesial con la liberación humana.

Del gesto de Cristo se concluye que la Eucaristía significa un compromiso con los pobres por parte de la comunidad cristiana que celebra la cena del Señor. Como Jesús, los cristianos han de tomar partido y acción en favor de los pobres y hambrientos del mundo, para que su participación en los bienes de la tierra sea un fruto real de la liberación, la justicia y la fraternidad.

2. Compartir el pan y el amor con los hermanos. No está en nuestra mano el milagro de multiplicar los panes, pero sí compartir lo nuestro con los demás, multiplicar el pan del amor y del cariño que a tantos falta, y practicar la solidaridad con los más desheredados. Ponerse del lado de cuantos necesitan el pan de cada día quiere decir empeñarse en que sea realidad en nuestro entorno cuanto el término “pan” encierra: alimento, vivienda, familia, trabajo, cultura, libertad, religión, dignidad personal y derechos humanos. Todo esto no se aviene con las discriminaciones de cualquier tipo, sea de personas o de grupos, ni con la opresión y explotación de los semejantes. Los bienes de Dios, los de su reino y los de la tierra, son para todos.

La opción de los cristianos por la justicia y el amor, es decir, la tarea de igualdad, fraternidad y coparticipación es el compromiso más serio que tenemos para una celebración digna y auténtica de la cena del Señor. Así lo apunta san Pablo al corregir los abusos del ágape que precedía a la Eucaristía en la comunidad de Corinto, y que fue lo que motivó el tema eucarístico en su primera carta a los corintios, de la que se toma hoy la segunda lectura.

De la carta de san Pablo se concluye que la celebración eucarística es “memorial” en que actualizamos y anunciamos la muerte y resurrección del Señor hasta que vuelva de nuevo en gloria. Pero no haremos memoria fiel a Jesús con sólo recordar su muerte y repetir los gestos y palabras del Señor en la última cena. Habremos de pasar: del recuerdo a la lección de su ejemplo, que es el amor y la solidaridad; del signo sacramental a lo significado, que es la entrega ilimitada de Cristo; de la ofrenda cultual a la reconciliación con los hermanos; en una palabra, del rito a la vida, es decir, a través de la comunión eucarística hemos de llegar a la comunión de la existencia. Porque “los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, lo son también de los discípulos de Cristo” (GS 1).

3. El amor es la prueba de autenticidad. De lo contrario: la misa dominical, o diaria, es una rutina, un cumplimiento, un rito vacío de los que condenaba Jesús en línea con los profetas; el padrenuestro será una mentira en nuestros labios endurecidos por el desamor; y la comunión un hacer mesa y plato aparte sin que nos importen el mundo y los demás.

Hoy es “Día de la Caridad”, aunque deben serlo todos, pues el amor no es una programación añadida, sino algo connaturalmente cristiano. Hemos de optar por el amor frente al egoísmo insolidario, si queremos sobrevivir. El día del Corpus nos brinda la oportunidad de revisar nuestras celebraciones eucarísticas y nuestras comuniones.

¿Queremos un test para saber si han de calificarse, como dice san Pablo, de dignas o indignas, auténticas o falsas? Hay una prueba de autenticidad que no falla: es el amor en el compartir con los hombres nuestros hermanos. Hemos de purificarnos de cuanto nos separa de este amor para que nuestro sacrificio eucarístico, real aunque no cruento, sea agradable a Dios como la ofrenda espiritual del pan y del vino que Melquisedec, sacerdote y rey de Jerusalén, ofreció al Dios altísimo en acción de gracias por la victoria de Abrahán (1ª lect.).

Al comulgar repetimos: “El Cuerpo de Cristo: Amén”. Esta breve fórmula es una admirable síntesis de fe eucarística, es todo un programa de vida, un amén muy serio, un gesto de compromiso maduro (como el de comulgar en la mano cual adultos), un sí rotundo al amor fraterno, del cual el sacramento de la Eucaristía es, y debe ser ante los demás, signo visible y eficaz.
 

Hoy, Padre, nuestra oración es de profunda gratitud por el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que él nos dejó como memorial de su amor sin medida, como Pascua cristiana y como sacrificio de la nueva alianza.

Haz, Señor, que la Eucaristía dominical y diaria renueve a fondo la vida y el ritmo de nuestras comunidades, y que se prolongue en el sacrificio espiritual de nosotros mismos como hostia viva, víctima santa y agradable a tu majestad.

Que tu Espíritu, Señor, renueve nuestras asambleas eucarísticas; y que sepamos transvasarlas a la vida, a la práctica del amor, y al testimonio de la esperanza entre nuestros hermanos. Amén.

B. Caballero

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Celebramos hoy una festividad, un día sumamente grandioso: la Solemnidad del Cuerpo de Cristo. Querido amigo, tú y yo hoy tenemos que centrarnos mucho y meternos en el corazón de Dios. El evangelista Marcos nos ofrece el relato de cómo Jesús instituyó la Eucaristía en su primer día de Jueves Santo, cómo reunió a los discípulos, prepararon la cena, y nos dejó la maravilla de su amor, la invención de su amor: la Eucaristía. Vamos a escuchar el relato que nos dice Marcos en el capítulo 14, versículo 12-16 y del 22 al 26. Sumamente centrados, nos metemos en esta escena y escuchamos todo lo que ocurre en este momento tan importante para Jesús y para cada uno de nosotros:

El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeronsus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua?”. Envió entonces a dos de sus discípulos y les dijo: “Id a la ciudad y os saldrá alencuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle y donde entre, decid aldueño de la casa: «El Maestro pregunta “¿Dónde está mi sala en que coma la Pascua con mis discípulos?”. Él os mostrará una sala grande en el piso de arriba, alfombrada ydispuesta. Preparad allí para nosotros». Salieron los discípulos y llegaron a la ciudad y encontraron como les había dicho, y prepararon la Pascua. Mientras cenaban, tomópan, y dicha la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”.Tomando luego el cáliz, dio gracias, se lo dio y bebieron todos de él, y les dijo: “Ésta esmi sangre de la nueva alianza, que será derramada por muchos. Os lo aseguro: ya nobeberé del fruto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios”. Yrecitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.

Después de escuchar esta narración y de oír a Jesús: “Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Tomad y bebed, ésta es mi sangre”, después de oírle cómo pronuncia laacción de gracias y cómo nos da a comer y a beber su carne, entro en un profundo encuentro contigo, Señor, y descubro cómo Tú no puedes contener el fuego del amor que tienes por tus discípulos y por cada uno de nosotros. Cómo te consume ese amor e inventas esta maravilla que es la Eucaristía para quedarte siempre con nosotros en ese recinto sagrado que es el sagrario, para ser alimento nuestro, para darnos a comer cada día tu cuerpo y tu sangre, para darnos vida, darnos fuerza, para ser el remedio de tantas necesidades como tenemos. En este momento profundo, oyéndote a ti, entro en adoración, entro en profundo silencio y me dejo absorber por el amor de Dios, porel amor de Jesús, que se da enteramente a mí. Sobran las palabras…

Es un día muy grande: la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y lo recordamos desde muy pequeñitos, en esas procesiones solemnes, en ese olor a incienso, a romero, a tomillo; en ese estar Tú por las calles diciendo “que soy Yo, que os amo, que os doy lo que soy, que me preocupo de vosotros, que soy el Sacramento de tu vida”. Hoy también este encuentro me lleva a pensar mucho en mis eucaristías, en cómo las vivo, de qué me alimento, en qué cifro mi vida, en qué cojo y vivo todos mis encuentros, de qué me nutro en esta realidad de mi vida interior, cómo comparto este pan, cómo celebro mis eucaristías. Y dentro de la adoración, entro en una pobreza absoluta viendo lo grande que eres y lo pobre que soy yo. Y entro también a darme cuenta de cómo te das. No puedo menos de, en adoración, quedarme ahí, y decirte:“Señor mío y Dios mío: te adoro, te ofrezco mi vida, te pido perdón por todo. Y decirte: Cuerpo de Cristo y sangre de Cristo, alimentadme y embriagadme y encendedme en la hoguera de vuestro amor, abrasadme en esta toda mi pobreza, enamoradme y salpicadme de vuestro amor y de vuestra belleza. En una palabra: llenarme de ti”.

Hoy es un encuentro de silencio, de amor, de darme cuenta del amor infinito y de alimentarme de ese cuerpo de Jesús que apaga todos mis momentos de sed y que es el encuentro de toda mi felicidad. Metámonos en el corazón de Dios, pensemos qué amor tendría para instituir la Eucaristía, qué ganas de alimentarnos, qué ganas de quedarse con nosotros día y noche, qué ganas de robustecernos, de consolarnos… Y a tanto amor, ¿cómo respondo?, ¿cómo respondemos?, ¿qué hacemos?… ¿qué hacemos? ¡Qué sentimientos tendrías, Señor! Cómo recuerdo cuando leo los textos de la Biblia, cómo recuerdo lo que nos dice que David y todo su pueblo de Israel danzaba ante el Señor, cantando con cítaras, arpas, címbalos, en ese Libro Segundo de Samuel.Cómo interiormente… la adoración, la música, el canto, la danza, todo lo que pueda expresar mi amor es para ti. Cómo puedo darme cuenta y cómo “procesiono” yo a eseJesús cada vez que le recibo, cómo le llevo a la calle, qué hago, qué compromisos tengo, qué es lo que hago en mi vida.

Esta fiesta también me lleva a pensar en la soledad del sagrario, en la soledad que te quedas ahí día y noche, y que estás ahí para amarme, que me esperas, que quieres que te cuente mi vida, que quieres que te cuente todo lo que me preocupa, que estás esperando que me acerque, que te sonría, que te diga algo. ¡Cuántos ratos de soledad y cuánto, Jesús, estoy en mí misma sin darme cuenta de que estás ahí y queestás conmigo! Quiero decirte, con todo mi amor… y quiero escuchar de ti todo lo quequieres darme. Siento que me dices: “Toma mi alma, que te quiero santificar, quequiero que lo que hagas tenga vida, sea santo, sea mío. Toma mi cuerpo, mis llagas, mi corazón, mi costado, mi lanzada, tómala; quiero salvarte de tus peligros, de tus dudas, de tu falta de fe. Toma mi sangre porque te quiero embriagar, te quiero dar esa fuerza que no tienes, te quiero dar esa vida que no tienes. Toma mi agua de mi costado, porque quiero lavarte todo eso que tú sabes y que Yo sé, que sólo lo puedo lavar y que sólo lo puedo purificar con el agua de mi amor. Toma mi Pasión para cuando estés mal,cuando te sientas sola sufriendo, para que te sientas confortada”. Sí, Jesús, gracias, gracias… Yo te digo: “Oh, buen Jesús, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. Y no permitas que me aparte de ti. De los malos momentos, de los que no son tuyos, defiéndeme. Y en la hora de mi muerte, llámame y mándame ir a ti, para que con tussantos te alabe por los siglos de los siglos”.

Querido amigo, este encuentro es sumamente de adoración, sumamente deestar ahí adorando… sintiendo… absorbiendo el amor de Dios, el amor de Jesús hecho pan para alimentarme y hecho sangre para darme vida. Quédate conmigo en silencio, quieto, hasta que nos dejemos abrasar y quemar en el sol del amor de Dios. Y al terminar, postrados ante el Señor, cantándole, adorándole, diciendo que mis ojos vean,mi lengua cante, todo mi ser proclame la grandeza tuya, le digamos: “Toma, Señor, y recibe todo lo que tengo: mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad. Es lo que tengo, es mi poseer, Tú me lo has dado y a ti te lo quiero volver a dar. Todo es tuyo. Dispón como quieras de mí, pero dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta. Quiero decirte también, Señor, y pedirte que sepa adorarte, que sepa comerte, que sepa absorberte, que sepa llevarte todos los días en mi corazón, después de haberme alimentado de ti, al mundo que me rodea. Y que no adore a nadie, nadamás que a ti”.

Francisca Sierra Gómez

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LA CRUZ

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas que, al presentarte el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

CONSIDERACIÓN DEL DÍA

La Cruz es la balanza con que Jesús paga el precio de nuestro rescate. Nuestros méritos son nulos; los de Jesús son infinitos. Confiemos en Jesús crucificado.

LETANÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre Eterno, Dios de los cielos, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Pa­dre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Al­tísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están to­dos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eter­nos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de mu­cha misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de opro­bios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, perforado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda con­solación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, perdónanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, escúchanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y sa­tisfacciones que te dio en nombre de los pecadores, y concede propicio el perdón a los que imploran tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que tus santos misterios infundan en nosotros el fervor divino, con el que, recibida la bondad de tu dulce Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por siglos infinitos. Amén.

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73. Para alcanzar estos objetivos, conviene sostener los medios de comunicación ya existentes y favorecer el desarrollo de nuevas estructuras apropiadas. La formación de un personal especializado en este sector neurálgico, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también doctrinal y ético, es una urgencia cada vez mayor, de modo especial con vistas a la evangelización.

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Lectio: Domingo, 3 Junio, 2018

La Institución de la Eucaristía
La suprema prueba del amor
Marcos 14,12-16.22-26

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

Hoy, fiesta del Corpus Christi, la Iglesia nos pone delante la Última Cena, el último encuentro de Jesús con sus discípulos. Fue un encuentro tenso, lleno de contradicciones. Judas había decidido traicionar a Jesús (Mc 14,10). Pedro lo ha negado ya (Mc 14,30). Jesús lo sabía. Pero no perdió la calma, ni el sentido de la amistad. Al contrario, precisamente en esta Última Cena instituyó la Eucaristía y realizó el supremo gesto de su amor por ellos (Jn 13,1).
Los cuatro versículos que describen la Eucaristía (Mc 14,22-25) forman parte de un contexto mucho más amplio. (Mc 14,1-31). Los diversos sucesos, narrados antes y después de la Eucaristía, ayudan mucho a entender mejor el significado del gesto de Jesús. Antes del gesto de la Eucaristía, Marcos narra la decisión tomada por las autoridades de matar a Jesús (Mc 1,1-2), el gesto de fidelidad de la mujer anónima que unge a Jesús en vista de su sepultura (Mc 14,3-9), el pacto de la traición de Judas (Mc 14,10-11), la preparación de la Pascua (Mc 14,12-16) y la indicación de quién será el traidor (Mc 14,17-21). Después de este gesto, sigue el aviso de fuga por parte de todos (Mc 14,26-28) y el anuncio de la negación de Pedro (Mc 14,29-31).
La liturgia de este día talla algo del texto, pero mantiene lo esencial de la narración de la Institución de la Eucaristía (Mc 14,12-16,26-28). En el texto que ofrecemos conservamos los versículos 17-21 y los versículos 27-31, omitidos en el texto de la Misa. En el comentario podremos limitarnos al texto propuesto por la liturgia del día. En el curso de la lectura, pensemos que estamos con Jesús y sus discípulos en la sala, participando de la Última Cena y tratemos de fijar nuestra atención en lo que más nos llame la atención y toca nuestro corazón.

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Marcos 14,12: Los discípulos quieren saber dónde celebrar la Pascua
Marcos 14,13-15: Jesús da instrucciones sobre dónde y cómo preparar la Pascua
Marcos 14,16: Los discípulos hacen lo que Jesús les manda hacer
Marcos 14,17-21: El anuncio de la traición de Judas
Marcos 14,22-26: Jesús da un sentido nuevo al pan y al vino
Marcos 14,25-26: Palabras finales
Marcos 14,27-31: El anuncio de la dispersión de todos y de la negación de Pedro

c) El texto:

12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?» 13 Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14 y allí donde entre, decid al dueño de la casa: `El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ 15 Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.» 16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
17 Y al atardecer, llega él con los Doce.18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.» 19 Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?» 20 Él les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. 21 Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
Marcos 14,12-16.22-2622 Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo.» 23 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. 24Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. 25 Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
26 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. 27 Jesús les dice: «Todos os vais a escandalizar, ya que está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. 28 Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.» 29 Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no.» 30Jesús le dice: «Yo te aseguro: hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.» 31 Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Lo mismo decían también todos.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha llamado la atención y porqué?
b) ¿Cuáles son, uno por uno, los diversos sucesos que describe el texto?
c) ¿Cuál es el comportamiento de Jesús ante Judas que lo traiciona y ante Pedro que lo niega?
d) ¿Qué significa el gesto de Jesús que parte el pan diciendo: “¡Tomad y comed! ¡Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros!”? ¿Cómo ayuda este texto a entender mejor la Eucaristía?
e) Mira en el espejo del texto, entra en tu corazón y pregúntate: “¿Soy como Pedro que negó? ¿Soy como Judas que traicionó? ¿Soy como los doce que huyeron? ¿O soy como la mujer anónima que permanece fiel?” (Mc 14,3-9).

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el texto

a) Contexto:

Estamos en la sala de la Última Cena. Los acontecimientos de los dos anteriores días aumentaron la tensión entre Jesús y las autoridades. La entrada solemne de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1-11), la expulsión de los vendedores del templo (Mc 11,12-26), las discusiones con los sacerdotes, los escribas y los ancianos (Mc 11,27 a 12,12), con los fariseos y herodianos (Mc 12,13-17), con los saduceos (Mc 12,18-27), con los escribas (Mc 12,28-40), la reflexión sobre las ofrendas de los ricos y de los pobres (Mc 12,41-44), el anuncio de la destrucción del templo (Mc 13,1-3) y el discurso del juicio final (Mc 13,4-37): todo esto hace crecer la oposición de los grandes contra Jesús. Por un lado la mujer anónima, una discípula fiel, que aceptaba a Jesús como Mesías y crucificado (Mc 14,2-9). Por otro lado los discípulos que no conseguían entender y mucho menos aceptar la Cruz, y que querían huir, negar y traicionar (Mc 14,17-21.27-31). Y en medio de este ambiente tenso y amenazador, llega el gesto de amor de Jesús que se da totalmente partiendo el pan para sus discípulos.
En los años 70, época de Marcos, muchos cristianos por miedo, habían rechazado, negado o traicionado su fe. Y ahora se preguntaban: “Hemos roto la relación con Jesús. ¿No sucederá que también Él rompa su relación con nosotros? Quizás podamos volver”. No había una respuesta clara. Jesús no ha dejado nada escrito. Y fue reflexionando sobre los hechos y recordando el amor de Jesús como los cristianos fueron descubriendo la respuesta. Como veremos en el comentario, Marcos, en el modo de describir la Última Cena, comunica la respuesta que descubre a estas preguntas de las comunidades. Y es ésta: la acogida y el amor de Jesús superan el abatimiento y el fallo de los discípulos. ¡El regreso es siempre posible!

b) Comentario del texto:

Marcos 14,12-16: Preparación de la Cena Pascual.
En total contraste con la discípula anónima que ungió a Jesús, Judas, uno de los doce, decide traicionarlo y conspiró con los enemigos que le prometieron dinero (Mc 24,10-12). Jesús sabe que será traicionado. Pero aún así, trata de fraternizar con los discípulos en la última cena. Seguramente que han gastado mucho dinero para alquilar “aquella sala grande, al piso superior, con tapetes” (Mc 14,15). Además, siendo la noche de pascua, la ciudad está que rebosa de gente que está de paso. Por lo que la población se triplicaba. Era difícil encontrar una sala para reunirse.

En la noche de Pascua, las familias llegadas de todas las partes del país, cargaban su propio cordero para ser sacrificado en el templo, y luego, cada familia en una celebración íntima y muy familiar en casa, celebraban la Cena Pascual y comían el cordero. La celebración de la Cena Pascual estaba presidida por el padre de familia. Por esto Jesús presidía la ceremonia y celebraba la pascua junto a sus discípulos, su nueva “familia” (cf. Mc 3,33-35).
Aquella “sala grande al piso superior” quedó en la memoria de los primeros cristianos como el lugar de la primera eucaristía. Es allí donde se reúnen después de la Ascensión del Señor Jesús (Act 1,13) y allí estaban reunidos cuando descendió el Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Act 2,1). Pudo ser la sala donde se reunían para rezar durante la persecución (Act 4,23.31) y donde Pedro los encontró después de su liberación (Act 12,12). La memoria es concreta, ligada a los tiempos y lugares de la vida.

Marcos 14,22-26: La Eucaristía: el gesto supremo de amor.
El último encuentro de Jesús con los discípulos se desarrolla en el ambiente solemne de la tradicional celebración de Pascua. El contraste es muy grande. Por un lado, los discípulos, que se sienten inseguros y no entienden nada de lo que sucede. Por otro lado, Jesús tranquilo y señor de la situación, que preside la cena y realiza el gesto de partir el pan, invitando a los amigos a tomar su cuerpo y su sangre.

 Él hace aquello por lo que siempre oró: dar su vida a fin de que sus amigos pudiesen vivir. Y este es el sentido profundo de la Eucaristía: aprender de Jesús a distribuirse, a darse, sin miedo de las fuerzas que amenazan la vida. Porque la vida es más fuerte que la muerte. La fe en la resurrección anula el poder de la muerte.
Terminada la cena, saliendo con sus amigos hacia el Huerto, Jesús anuncia que todos lo abandonarán: ¡Huirán o se dispersarán!. Pero ya les avisa: “¡Después de la resurrección os precederé en Galilea!”. ¡Ellos rompen las relaciones con Jesús, pero Jesús no las rompe con ellos! Él continúa esperándolos en Galilea, en el mismo lugar donde tres años antes los había llamado por primera vez. O sea, la certeza de la presencia de Jesús en la vida del discípulo ¡es más fuerte que el abandono y la fuga! Jesús continúa llamando. ¡El regreso es siempre posible! Y este anuncio de Marcos para los cristianos de los años setenta es también para todos nosotros.
Por su modo de describir la Eucaristía, Marcos acentúa todavía más el contraste entre el gesto de Jesús y la conducta de los discípulos. Antes del gesto de amor habla de la traición de Judas (Mc 14,17-21) y, después del gesto de Jesús, habla del anuncio de la negación de Pedro y de la huida de los discípulos (Mc 14,26-31). De este modo pone el acento en el amor incondicional de Jesús, que supera la traición, la negación y la fuga de los amigos. ¡Es la revelación del amor gratuito del Padre! Quien lo experimentó dirá: “¡Ni las potestades, ni la altura ni la profundidad. ni ninguna otra criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, en Cristo Jesús, nuestro Señor! (Rom. 8,39).

c) Ahondando en el tema:

* La celebración de la Pascua en tiempos de Jesús

La Pascua era la fiesta principal de los judíos. En ella se conmemoraba la liberación de la esclavitud de Egipto, que se encuentra a los orígenes del pueblo de Dios. Pero más que una simple memoria del Éxodo, la Pascua era una puerta que se abría de nuevo cada año, a fin de que todas las generaciones pudiesen tener acceso a aquella acción liberadora de Dios que, en el pasado, había generado el pueblo. Mediante la celebración de la Pascua, cada generación, cada persona, bebían de la misma fuente de la que habían bebido los padres en el pasado, al ser liberados de la esclavitud de Egipto. La celebración era como un renacimiento anual.
En tiempo de Jesús, la celebración de la Pascua se hacía de modo tal que los participantes pudiesen recorrer el mismo camino que fue recorrido por el pueblo, después de la liberación de Egipto. Para que esto pudiese suceder, la celebración se desarrollaba con muchos símbolos: hierbas amargas, cordero mal asado, pan sin levadura, cáliz de vino y otros. Durante la celebración, el hijo menor debía preguntar al padre: “Papá, ¿por qué esta noche es diversa de las otras?¿Por qué comemos hierbas amargas? ¿Por qué el cordero está a medio asar?¿Por qué el pan no tiene levadura?” Y el padre respondía, narrando con libertad los hechos del pasado: “Las hierbas amargas nos permiten experimentar la dureza y amargura de la esclavitud. El cordero mal cocinado evoca la rapidez de la acción divina que libera al pueblo. El pan no fermentado indica la necesidad de renovación y de conversión constante. Recuerda también la falta de tiempo para preparar todo, siendo como es muy rápida la acción divina”. Este modo de celebrar la Pascua, presidida por el padre de familia, daba libertad y creatividad al presidente en el modo de conducir la celebración.

* Eucaristía: La Pascua celebrada por Jesús en la Última Cena

Fue con la intención de celebrar la Pascua de los judíos, cuando Jesús a la vigilia de su muerte, se reunió con sus discípulos. Era su último encuentro con ellos. Por esto lo llamamos encuentro de la “Última Cena” (Mc 14,22-26; Mt 26, 26-29; Lc 22,14-20). Muchos aspectos de la Pascua de los judíos continúan siendo válidos para la celebración de la Pascua de Jesús y son el fondo. Ayudan a entender toda la portada de la Eucaristía.
Aprovechando de la libertad que el ritual le daba, Jesús dio un nuevo significado a los símbolos del pan y del vino. Cuando distribuye el pan, dice: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo entregado por vosotros” Cuando distribuye el cáliz con el vino, dice: “Tomad y bebed, ésta es mi sangre derramada por vosotros y por todos”. Y finalmente, sabiendo que se trataba del último encuentro, la “última cena”, Jesús dice: “Ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en el que lo beberé de nuevo en el reino de Dios”. (Mc 14,25). De este modo Él unía su dedicación, simbolizada en el pan partido y compartido, a la utopía del Reino.
Eucaristía quiere decir celebrar la memoria de Jesús que da su vida por nosotros, a fin de que nos sea posible vivir en Dios y tener acceso al Padre. He aquí el sentido profundo de la Eucaristía: hacer presente en medio de nosotros y experimentar en la propia vida, la experiencia de Jesús que se da, muriendo y resucitando.

* La celebración de la Eucaristía por parte de los primeros cristianos

No siempre los cristianos han conseguido mantener este ideal de la Eucaristía. En los años cincuenta, Pablo critica a la comunidad de Corinto por que cuando celebraban la cena del Señor hacían exactamente lo contrario, porque algunos comen primero su cena y así uno tiene hambre, el otro está borracho (1Cor 11,20-22). Celebrar la Eucaristía como memorial de Jesús quiere decir asumir el proyecto de Jesús. Quiere decir asimilar el proyecto de Jesús. Quiere decir imitar su vida compartida, puesta completamente al servicio de la vida de los pobres.
Al final del primer siglo, el evangelio de Juan, en vez de describir el rito de la Eucaristía, describe cómo Jesús se arrodilla para cumplir el servicio más común en aquel tiempo: lavar los pies. Al término de aquel servicio, Jesús no dice: “Haced esto en memoria mía” (como en la institución de la Eucaristía en Lc 22,19; 1Cor 11,24), sino que dice: “Haced lo que yo he hecho”(Jn 13,15). En vez de ordenar que se repita el rito, el evangelio de Juan pide actitudes de vida que mantenga viva la memoria del don sin límite que Jesús hace de sí mismo. Los cristianos de la comunidad de Juan sentían la necesidad de insistir más en el significado de la Eucaristía como servicio, que del rito en sí.

*Resumiendo

Olvidar la riqueza de la Pascua de los Judíos, cuando se celebra una Eucaristía, es como tirar por tierra la pared donde está colgado el cuadro. La riqueza de la celebración de la Pascua, tal como se hacía en el Viejo Testamento y en el tiempo de Jesús, ayuda a profundizar el sentido de la Eucaristía y evita la rutina que banaliza todo. Haciendo un resumen de todo lo visto, he aquí algunos aspectos que pueden enriquecer nuestras celebraciones:
• Tomar conciencia de la opresión en la que vivimos todavía – masticar hierbas amargas.
• Recordar la liberación de la opresión – la respuesta del padre a la pregunta del hijo
• Experimentar la rapidez de la fuerza liberadora de Dios – carne mal cocida y pan sin levadura
• Celebra la Alianza, asumir de nuevo el compromiso – comprometerse comiendo el pan que Jesús ofrece.
• Dar gracias a Dios por las maravillas de Dios en nosotros – gestos de alabanza
• Reanimar la fe, la esperanza el amor – animación recíproca
• Recordar todo lo hecho y lo no hecho aun – recordar lo que Dios hizo por nosotros
• Recrear en nosotros el mismo don que Jesús hizo de sí – lavar los pies
• Vivir la pasión, la muerte y la resurrección – del misterio permanente de la vida
• Recibir la comunión, generadora de fraternidad – gestos de paz y ayuda.

6. Orar con un Salmo: Salmo 16 (15)

El Señor es la parte de mi heredad.

Guárdame, oh Dios, que en ti me refugio.
Digo a Yahvé: «Tú eres mi Señor,
mi bien, nada hay fuera de ti».
Pero ellos dicen a los santos de la tierra:
«¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».
Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo.
Pero no les haré libaciones de sangre,
ni mis labios pronunciarán sus nombres.

Yahvé es la parte de mi herencia y de mi copa,
tú aseguras mi suerte:
me ha tocado un lote precioso,
me encanta mi heredad.
Bendigo a Yahvé, que me aconseja;
aun de noche me instruye la conciencia;
tengo siempre presente a Yahvé,
con él a mi derecha no vacilo.
Por eso se me alegra el corazón,
sienten regocijo mis entrañas,
todo mi cuerpo descansa tranquilo;
pues no me abandonarás al Seol,
no dejarás a tu amigo ver la fosa.

Me enseñarás el camino de la vida,
me hartarás de gozo en tu presencia,
de dicha perpetua a tu derecha.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Aun cuando el Evangelista Marcos tiene interés en narrar con toda sobriedad los hechos de la vida de Jesús con un mínimo de interpretación, su relato de la última Cena Pascual de Jesús con sus discípulos está llena de detalles de carácter simbólico que nos es preciso analizar si no queremos pasar a charlar del sentido que nos quiere dar él de esta narración.

La enseñanza principal de esta narración se halla en que la muerte de Jesús no sólo reemplaza a la Pascua de la Antigua Alianza, sino que pone fin asimismo a toda la economía sacrificial de la Pascua antigua. La escena se sitúa por consiguiente en el contexto ritual de la antigua Pascua, “el día primero de la fiesta de los panes ázimos, en que se inmolaba el cordero “pascual”, y, hecho que es menester tener en cuenta, la iniciativa de celebrar esta Pascua viene de los discípulos. Son ellos quienes desean celebrarla con Jesús. “¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para tu comida pascual?” Tengamos en cuenta cómo dicen los discípulos a Jesús “tu” comida pascual. En efecto se va a tratar en esta comida que quieren celebrar, de una comida totalmente diferente de la Pascua antigua.

Jesús envía a sus discípulos a “la villa”. Se trata evidentemente de Jerusalén, que no queda nombrada. Allí no solamente se halla el Templo, sino que es el centro de toda la organización jurídica de Israel que ha llegado en este lugar a dominar totalmente la vida del pueblo. Habrá de dar con un hombre que lleva un cántaro de agua y seguirle. Era bastante improbable encontrarse con un hombre que llevase un cántaro de agua, ya que se trataba de algo que normalmente hacían las mujeres. Nos encontramos, pues, con un significado simbólico. Es totalmente verosímil que se trate de una alusión a Juan Bautista, que bautizaba en el agua, y al que han de seguir aceptando su mensaje de conversión, rompiendo con el pasado.

Cuando hayan llegado a la “casa” a la que les conducirá este hombre, le dirán al propietario (que no es el mismo que el que los ha conducido): “El maestro te dice: ¿Dónde está mi habitación alta en la que pueda celebrar la Pascua con mis discípulos?” (Este detalle tan importante – “mi” habitación alta – no aparece en la traducción actual del Leccionario). De esta manera indica Jesús que se ha llegado al fin de los tiempos; que su lugar de celebración reemplaza a la Antigua Pascua. Además la celebración en el piso es probablemente una alusión a la montaña sobre la cual tuvo lugar la promulgación de la antigua ley. Jesús promulgará aquí la Nueva Ley, el mandamiento del amor universal. Es la misma enseñanza que volvemos a encontrar en la carta a los Hebreos (2ª lectura), escrita tras la destrucción del Templo.

En el transcurso de la cena dice Jesús: “Tomad y comed”, y a continuación: “Tomad y bebed”. De manera extraña, pero simbólica sin duda alguna, no dice Marcos que los discípulos tomaran el pan; Pero de la copa dice “bebieron de ella todos”, tras de lo cual les dice Jesús: “Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, derramada por la muchedumbre”. Donde nos encontramos sin duda alguna con una alusión a la profecía que les había hecho Jesús: “La copa que beba yo, la beberéis vosotros…”, pero se da sobre todo a través de toda la narración un paralelismo con la proclamación de la Ley antigua.

La última frase de la narración de Marcos nos ofrece una gran síntesis teológica: “Tras el canto de acción de gracias, salieron para el Monte de los Olivos”.

Dejando la habitación de arriba en la ciudad de Jerusalén y una comida hecha en el cuadro de la Antigua Pascua, pasa Jesús al Monte de los Olivos, frente a Jerusalén, allí donde algún tiempo antes (Mc 13. 3) se había sentado con sus discípulos para predecir la destrucción del templo, allí donde ha de morir. En adelante no es ya el Templo de Jerusalén el lugar del culto espiritual al Padre, sino la persona de Jesús, y la Ley Antigua ha sido reemplazada por el nuevo mandamiento dado en el curo de la comida en la Habitación de arriba.

En el curso de toda celebración eucarística recibimos ese mimo mandamiento del amor y esa misma misión; nos comprometemos públicamente a vivirlo y recibimos la fuerza para ser fieles a ese compromiso.

A. Veilleux

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