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Archive for 4/06/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LIBRA MIS OJOS DE LA MUERTE.

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz, que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva,
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Haz que mi pie vaya ligero.
Da de tu pan y de tu vaso
al que te sigue, paso a paso,
por lo más duro del sendero.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo.
¡Tantos me dicen que estás muerto!
Y entre la sombra y el desierto
dame tu mano y ven conmigo. Amén

SALMODIA

Ant 1. El Señor se complace en los justos.

Salmo 10 – EL SEÑOR ESPERANZA DEL JUSTO

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor se complace en los justos.

Ant 2. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Salmo 14 – ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aún en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Ant 3. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA BREVE   Col 1, 9b-11

Llegad a la plenitud en el conocimiento de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo con alegría.

RESPONSORIO BREVE

V. Sáname, porque he pecado contra ti.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

V. Yo dije: «Señor, ten misericordia.»
R. Porque he pecado contra ti.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sáname, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Favorece a tu pueblo, Señor.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos:
para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
que encuentren en ti, Señor, su verdadera felicidad.

Muestra tu amor a los agonizantes:
que puedan contemplar tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de los que han muerto
y acógelos en el descanso de Cristo.

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó Cristo:

Padre nuestro…

ORACION

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Lunes, 4 Junio, 2018

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 12,1-12
Y se puso a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores, y se ausentó. Envió un siervo a los labradores a su debido tiempo para recibir de ellos una parte de los frutos de la viña. Ellos le agarraron, le golpearon y le despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió a otro siervo; también a éste le descalabraron y le insultaron. Y envió a otro y a éste le mataron; y también a otros muchos, hiriendo a unos, matando a otros. Todavía le quedaba un hijo querido; les envió a éste, el último, diciendo: `A mi hijo le respetarán’. Pero aquellos labradores dijeron entre sí: `Éste es el heredero. Vamos, matémosle, y será nuestra la herencia.’ Le agarraron, le mataron y le echaron fuera de la viña. ¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros. ¿No habéis leído esta Escritura:
La piedra que los constructores desecharon,
en piedra angular se ha convertido;
fue el Señor quien hizo esto
y es maravilloso a nuestros ojos?»
Trataban de detenerle -pero tuvieron miedo a la gente- porque habían comprendido que la parábola la había dicho por ellos. Y dejándole, se fueron.

3) Reflexión

• Jesús está en Jerusalén. Es la última semana de su vida. Está de vuelta en la plaza del Templo (Mc 11,27), donde ahora empieza el enfrentamiento directo con las autoridades. Los capítulos 11 y 12 describen los diversos aspectos de este enfrentamiento: (a) con los vendedores del Templo (Mc 12,11-26), (b) con los sacerdotes, ancianos y escribas (Mc 11,27 a 12,12), (c) con los fariseos y los herodianos (Mc 12,13-17), (d) con los saduceos (Mc 12,18-27), y (e) de nuevo, con los escribas (Mc 12,28-40). Al final, después de la ruptura con todos ellos, Jesús comenta el óbolo de la viuda (Mc 12,41-44). El evangelio de hoy describe una parte del conflicto con los sacerdotes, los ancianos y los escribas (Mc 12,1-12). A través de todos estos enfrentamientos, queda más claro para los discípulos y para todos nosotros el proyecto de Jesús y la intención de los hombres de poder.
• Marcos 12,1-9: La parábola de la viña: respuesta indirecta de Jesús a los hombres de poder. La parábola de la viña es un resumen de la historia de Israel. Resumen bonito, sacado del profeta Isaías (Is 5,1-7). Por medio de esta parábola Jesús da una respuesta indirecta a los sacerdotes, escribas y ancianos que le habían preguntado: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio autoridad para hacer esto?” (Mc 11,28). En esta parábola, Jesús (a) revela cual es el origen de su autoridad: el es el hijo, el heredero (Mc 12,6). (b) Denuncia el abuso de la autoridad de los viñaderos, esto es de los sacerdotes y ancianos que no cuidaban del pueblo de Dios (Mc 12,3-8). (c) Defiende la autoridad de los profetas, enviados por Dios, y masacrados por los viñaderos (Mc 12,2-5). (d) Desenmascara a las autoridades por haber manipulado la religión y por matar al hijo, porque no quieren perder la fuente de ingresos que consiguieron acumular para sí, a lo largo de los siglos (Mc 12,7).
• Marcos 12,10-12. La decisión de los hombres de poder confirma la denuncia hecha por Jesús. Los sacerdotes, escribas y ancianos entendieron muy bien el significado de la parábola, pero no se convirtieron. ¡Todo lo contrario! Mantuvieron su proyecto de tomar preso a Jesús (Mc 12,12). Rechazaron la “piedra fundamental” (Mc 12,10), pero no tuvieron el valor de hacerlo abiertamente porque tenían miedo a la gente. Así los discípulos y las discípulas deben saber lo que les espera si siguen a Jesús.
Los hombres de poder en el tiempo de Jesús: En los capítulos 11 y 12 de Marcos aparecen algunos de los hombres de poder en el tiempo de Jesús. En el evangelio de hoy: los sacerdotes, los ancianos y los escribas (Mc 11,27); en el de mañana: los fariseos y los herodianos (Mc 12,13); en el de pasado mañana: los saduceos (Mc 12,18).
Sacerdotes: Eran los encargados del culto en el Templo, donde se recogían los diezmos. El sumo sacerdote ocupaba un lugar central en la vida de la gente, sobre todo después del exilio. Era escogido de entre las familias que detenían más poder y riqueza.
Ancianos o Jefes del Pueblo: Eran los líderes locales en las aldeas y ciudades. Su origen venía de los jefes de las antiguas tribus.
Escribas o doctores de la ley: Eran los encargados de enseñar. Dedicaban su vida al estudio de la Ley de Dios y enseñaban a la gente cómo observar en todo la Ley de Dios. No todos los escribas eran de la misma línea. Unos estaban ligados a los fariseos, otros a los saduceos.
Fariseos: Fariseo significa: separado. Ellos luchaban para que, a través de la observancia perfecta de la ley de pureza, el pueblo llegara a ser puro, separado y santo como lo exigían la Ley y la Tradición! Por el testimonio ejemplar de su vida dentro de las normas de la época, tenían mucha lideranza en las aldeas de Galilea.
Herodianos: Era un grupo ligado al rey Herodes Antipas de Galilea quien gobernó del 4 aC hasta 39 dC. Los herodianos formaban una elite que no esperaba el Reino de Dios para el futuro, sino que lo consideraban ya presente en el reino de Herodes.
Saduceos: Eran una elite laica aristócrata de ricos comerciantes o latifundistas. Eran conservadores. No aceptaban las mudanzas defendidas por los fariseos, como por ejemplo, la fe en la resurrección y en la existencia de los ángeles.
Sinedrio: Era el Supremo Tribunal de los judíos con 71 miembros entre sumo sacerdote, sacerdotes, ancianos, saduceos, fariseos y escribas. Tenía gran lideranza junto a la gente y representaba la nación junto a las autoridades romanas.

4) Para la reflexión personal

• Alguna vez, como Jesús, ¿te ha sentido controlado/a indebidamente por las autoridades de tu país, en casa, en tu familia, en tu trabajo o en la Iglesia? ¿Cuál ha sido mi reacción?
• ¿Qué nos enseña esta parábola sobre la manera de ejercer la autoridad? Y tú, ¿cómo ejerces tu autoridad en familia, en comunidad y en el trabajo?

5) Oración final

Bueno y recto es Yahvé:
muestra a los pecadores el camino,
conduce rectamente a los humildes
y a los pobres enseña su sendero. (Sal 25,8-9)

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Carme Vinyoles

Había cumplido los veintiuno, estudiaba un grado superior en la ciudad catalana donde nació y con su pareja empezaba a dar forma a sus sueños de futuro. Actuaba con cautela, sabía que para la familia sería una gran sorpresa difícil de aceptar, y los quería preparar bien. No tuvo ocasión. Sus padres nunca conocieron al chico del que se había enamorado.

En realidad ellos ya tenían sus propios planes, unos planes de los que no le habían informado, a pesar de ser la protagonista principal. Un mal día, al regresar del instituto le presentaron a su marido: un «viejo flaco» perteneciente a la misma etnia, al que nunca había visto. El matrimonio estaba sellado, no había vuelta atrás. Al principio no supo reaccionar. ¿Casada a la fuerza? ¿Ella? ¡Imposible! Si se estaba preparando para ingresar en la universidad, si amaba a otra persona, si nadie le había puesto sobreaviso. De repente, su vida se iba al traste.

Desgraciadamente esta pequeña síntesis de un caso real no es una «anécdota aislada». Al contrario, forma parte de una de las prácticas tradicionales nocivas más extendidas en algunas regiones de los cinco continentes: el matrimonio forzado (MF), a menudo también infantil, un atavismo cultural que suele ocultarse en el ámbito de la privacidad doméstica, dejando a sus víctimas en una situación de absoluto desamparo. De esta forma lo reconocía en 2013 Desmond Tutu, Nobel de la Paz: «Pensaba tener una idea precisa del panorama de los derechos humanos (DDHH), pero confieso que no era consciente de la magnitud y el impacto del matrimonio infantil. Ahora comprendo que estas niñas son invisibles, que no tienen voz y eso las convierte en las personas más vulnerables y desprovistas de derechos del planeta».

En realidad la toma de conciencia a nivel internacional para erradicar el MF es a todas luces imprescindible, a estas alturas de recorrido de la Declaración Universal de los DDHH, que proclama la igual dignidad de toda persona por el solo hecho de serlo, sin que medie discriminación alguna por motivos de raza, sexo, lengua, fortuna, etc. Además de compartir la formulación de la ley, ¿nos podemos imaginar la violencia íntima y el suplicio que padece una niña, una adolescente, o una joven al ser entregada en matrimonio contra su deseo y sin escapatoria posible? Se le niega la capacidad, el derecho y la responsabilidad de escoger, una vez adulta, su propio camino y, en consecuencia, se le despoja del principal valor que la constituye: su plena humanidad. Se trata de una atroz herida que interpela, compromete y daña el desarrollo moral y económico de todas las sociedades donde se lleva a cabo esta práctica. Lo advertía Desmond Tutu: «Llegó la hora de abrir los ojos y tomar medidas valientes para la prevención».

Hay que tener en cuenta, además, que la incidencia mundial del MF no es insignificante. Según datos de UNICEF, actualmente hay 700 millones de mujeres casadas antes de cumplir 18 años (250 milllones de ellas, el 6,8%, antes de cumplir los 15). Si no se revierte la tendencia, la ONU calcula que en 2020 más de 140 millones de niñas o jóvenes de entre 15 y 19 años se añadirán a la fatal estadística. Tampoco es baladí su representación geográfica puesto que, con diferentes variantes e intensidades, abarca a países de prácticamente todos los continentes: del Norte de África, de África Occidental y Central, de Oriente Próximo y Oriente Medio, de Asia Meridional, de América Latina, del Norte de América, de Europa…

¿Qué se entiende como Matrimonio Forzado? La unión de dos personas en la que al menos una de ellas –la mujer, generalmente– no ha otorgado su pleno y libre consentimiento sino que ha sido física, sexual, psicológica y emocionalmente coaccionada por la familia y por su entorno más próximo. Y esa casuística tanto se da si la «novia» es menor (y entonces hablaríamos de matrimonio precoz o infantil) como si es adulta, ya que las formas de presión, realmente duras, no atienden a razones de edad sino al logro del objetivo buscado. En sociedades férreamente estructuradas según una concepción inmovilista de la tradición, según las normas inapelables de la transmisión del linaje y del respeto absoluto a la autoridad de los mayores y según la apropiación del «honor» de la mujer como garantía del prestigio de todo el grupo, el matrimonio no se considera una opción personal, sino un pacto de familia, de interés para toda la comunidad, que permanece unida con el propósito de mantener el orden establecido. Así las cosas, hay escaso margen para disentir. La rebeldía se castiga con el rechazo y la segregación, un estigma que diezma gravemente las posibilidades de supervivencia. La víctima sufre un elevadísimo grado de vulnerabilidad e indefensión que en la práctica impide toda posibilidad de huir del destino marcado.

Como resultado de la perseverante lucha, –no siempre reconocida– de muchas mujeres activistas en la defensa de los DDHH, finalmente el Matrimonio Forzado ha conseguido entrar en la escena internacional con su propio nombre. Ha entrado por la puer- ta grande, se podría decir, la puerta de la «Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible» aprobada por la ONU en setiembre de 2015, que incluye 17 objetivos para acabar con la pobreza, vencer la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático. En el objetivo número 5 (igualdad de género y empo- deramiento de mujeres y niñas) figura el mandato de eliminar todas las prácticas nocivas como el matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina. Es la primera vez que se alude a ello con tanta contundencia y que se identifica el MF como causa y efecto de desigualdad entre hombres y mujeres, y de empobrecimiento. Causa, porque se inscribe dentro de un sistema de relaciones y de poder patriarcal basado en la sumisión de la mujer a los designios del padre, del marido, del grupo. Efecto, porque al reducir a la mujer a un rol básicamente doméstico, disminuye sus oportunidades de educación y de autonomía y limita o anula su participación en la toma de decisiones y en la contribución al progreso colectivo. Cuando las voces más reivindicativas gritan a pleno pulmón «dadnos libros, no maridos», los gobiernos deberían darse cuenta de la estrecha vinculación entre el derecho a la educación de las mujeres y el respeto a su libertad e integridad física y emocional, con los cambios necesarios para la transformación de las condiciones de vida en beneficio de toda la sociedad.

En EEUU, en Europa, en la América Latina del siglo XXI, el Matrimonio Forzado está presente a causa de los movimientos migratorios de las últimas décadas y representa una seria amenaza para las hijas de determinados colectivos procedentes de zonas donde impera esta tradición. Diferentes asociaciones de mujeres trabajan en red con otras asociaciones de los países de origen para generar conciencia, mover mentalidades y proteger a las niñas y jóvenes en riesgo. Se están dando pasos, progresivamente, para combatir lo que cabe identificar como una intolerable manifestación de violencia comunitaria que no se puede justificar bajo ningún argumento, menos aun de tipo cultural. Estamos ante un debate complejo que contiene un punto de partida claro: una cultura se mantiene viva en cuanto es capaz de evolucionar, de cuidar y enaltecer los valores que la enriquecen y de eliminar las prácticas que se han demostrado perjudiciales para los derechos de las personas, para su propio progreso y para el desarrollo humano en general. Es un debate que hay que plantear con urgencia porque está creciendo una generación de niñas y jóvenes que sueñan con vivir en condiciones de igualdad, y porque en función de lo que acabe pasando con ellas el mundo irá dibujando su fisonomía.

En Catalunya a partir de los años 80/90 arraigó una importante hornada migratoria compuesta por familias con sus hijos. En 2014 se puso en marcha el proyecto pionero Valentes i Acompanyades que trabaja para prevenir los MF a través del empoderamiento formativo/laboral y emocional/psicológico de las adolescentes y jóvenes en situación de riesgo, estableciendo mecanismos de atención integral y sostenida que permita afrontar el conflicto familiar sin renunciar a su libertad. El trayecto recorrido desde entonces pone de manifiesto el acierto del lema: es realmente necesario un efectivo y afectivo apoyo desde muy diversos niveles para que las víctimas de esta cruda situación adquieran fuerza y ánimos para resistir. La joven a la que nos referíamos al empezar este texto no aceptó el marido impuesto, recibió acogida y terapia emocional, ingresó en la universidad, tiene previsto compartir piso con su pareja y está apoyando a adolescentes en riesgo. Fue valiente y plantó cara para decidir sobre su vida, y obtuvo acompañamiento. Pero hay muchas otras que sufren en soledad la presión del grupo y al final no pueden aguantar y ceden. Se pierden y nos perdemos con ellas su potencial, su formación, su contribución al bien común. La defensa de sus derechos es un inexcusable compromiso para la defensa de los DDHH.

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LA CRUZ

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas que, al presentarte el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

CONSIDERACIÓN DEL DÍA

La Cruz es la espada con la cual venceremos a los enemigos de nuestra salvación. Sin ella seremos vencidos. Sin Jesús nada podemos; con Él podemos todo.

LETANÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre Eterno, Dios de los cielos, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Pa­dre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Al­tísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están to­dos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eter­nos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de mu­cha misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de opro­bios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, perforado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda con­solación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, perdónanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, escúchanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y sa­tisfacciones que te dio en nombre de los pecadores, y concede propicio el perdón a los que imploran tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que tus santos misterios infundan en nosotros el fervor divino, con el que, recibida la bondad de tu dulce Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por siglos infinitos. Amén.

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74. Pero, independientemente del puesto que se les asigne, el uso de los medios de comunicación social no podrá sustituir a la meditación de la Palabra de Dios, su interiorización y su aplicación para responder a las cuestiones de los fieles. Nacerá así en ellos una familiaridad con las Escrituras, una búsqueda y una profundización de la espiritualidad, y un compromiso en el apostolado y en la misión[72]. Teniendo en cuenta las condiciones pastorales de cada país de la región, se podría proclamar eventualmente un Año bíblico, seguido, si se considera oportuno, de una Semana anual de la Biblia[73].


[72] Cf. ibíd.

[73] Cf. Propositio 3.

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EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

Lo demoníaco existe. Quizá no con cuernos, rabo y tridente en mano, como nos lo hicieron imaginar en la catequesis y las pinturas. Lo demoníaco es esa fuerza del mal, resultado de todo el mal individual que existe en nosotros; fuerza que nos supera a cada uno en particular y que, no pocas veces, nos esclaviza. Fuerza de tentación al mal, de provocación, de contradicción, de pecado palpable, encarnada en grupos de personas y en instituciones.

 

1.- El pecado contra el Espíritu Santo.

Una de las manifestaciones de lo diabólico es lo que el evangelio llama hoy la «blasfemia o pecado contra el Espíritu Santo» (Mc 3, 29). Consiste: en tergiversar las obras de Dios, en confundir las manifestaciones de Espíritu de Dios con las obras del espíritu del mal. El poder de Jesús de Nazaret es atribuido por los letrados judíos a influencia de Belcebú, príncipe de los demonios (Mc 3, 22).

Este pecado crea en el hombre una situación tal que le cierra automáticamente al plan de Dios y a la obediencia a su Palabra. Es el pecado de obstinación, de repulsa absoluta. El hombre se cierra a sí mismo el camino: el bien le parece la obra engañosa del mal. La fidelidad al evangelio de Jesucristo es hoy pensada como infiltración satánica en la Iglesia y en el mundo. La predicación seria y encarnada del Reino de Dios, un modo folklórico de hacer política y provocar la subversión; abogar por la reforma de la Iglesia, en comunión entrañable con ella, se interpreta como maquinaciones programadas para destruirla desde dentro. Uno canta a Dios, como cantan hoy las gentes, y se ven en la obligación de denunciar; como si fuera más noble el órgano que la guitarra; como si tuviere más santidad la melodía que el ritmo. ¿Qué les acontece a esos hombres que no pueden aguantar el que la comunidad exprese su fe de un modo digno, humilde y espontáneo? ¿Acaso Dios ha ordenado que las oraciones escritas en el siglo VI, fueran las únicas que se le podían dirigir a lo largo de la historia del mundo? ¿No tenemos hoy nosotros nada que decirle a nuestro Dios? Surgen en la comunidad el gesto de la paz, el abrazo fraternal o el beso de la comunión, y se interpreta como resultado de unos móviles inconfesables.

La blasfemia o el pecado contra el Espíritu Santo «no tendrán jamás perdón: cargará el hombre su pecado para siempre» (Mc 3.29). Este pecado supone admitir la contradicción como sistema y estructura permanente. Es el absurdo, el desconcierto organizado, la trastocación de todos los valores. Es el juego más sagaz del mal: consigue que el bien aparezca como producto de los demonios, para provocar la des- confianza. Es la presencia de lo demoníaco en el mundo, la posesión  diabólica, el «no» del hombre frente al Sí incondicional de la Palabra de Dios que salva al mundo. Este pecado confunde a Dios con el diablo. Ante este huracán, a veces incontenible, escurridizo, programado, apoyado, sin determinar y sin localización posible, es fruto de la sagacidad del Padre de la mentira (Jo 8, 43-44), el cristiano tiene poco que hacer: nos sentimos radicalmente pobres, impotentes, humildes y humillados. Ni tan siquiera Dios puede atajar esto: es un pecado imperdonable; el mal no tiene salvación, es la nada, la muerte, el absurdo. Sólo sabemos que el bien merece la pena hacerlo, que es lo real y lo que tiene un porvenir; sabemos que el Siervo de Dios, clavado en la cruz por las fuerzas del mal, no fue destruido. Esto es lo que nos dice la fe y de aquí nace nuestra esperanza y confianza. Creemos en Dios y en las obras del Espíritu de Dios.

 

2.- Modos concretes de pecar contra el Espíritu.

Este es el pecado radical contra el Espíritu Santo, que hemos de tener en cuenta para poder interpretar el significado de lo que acontece en medio de nuestra convivencia en el mundo. Ello nos capacita para asumirlo cristianamente.

Pero hay en nosotros, también, unos atisbos de pecado contra el Espíritu Santo que tenemos que descubrir y atajar:

— El recelo frente al testimonio del otro. La Palabra de Dios nos llega por el testimonio del hermano y el amor de Dios por la entrega del hermano. Sin embargo, frente a los demás nos sobra suspicacia, nos falta ingenuidad; somos incapaces de descubrir la novedad del otro, ese evangelio sencillo del que es portador, ese misterio que hace nuevo lo eternamente viejo, que rejuvenece lo marchito. La suspicacia, el pensar mal, el no abrirnos con cierta candidez e inocencia, el no ser como «niños» ante la Palabra que nos llega por los otros, nos impide «escuchar la Palabra y cumplirla». Nos cerramos voluntariamente ante ella y muy difícilmente crecerá nuestra fe o se nos arrancará el pecado.

— Hay otro aspecto de pecado contra el Espíritu Santo: es el excesivo uso de la crítica destructiva: cerramos los ojos a lo que hay de bueno entre nosotros, nos encerramos en la crítica de lo que no hacemos aún. En lugar de venir a la comunidad a dar testimonio de la fe, a llenarnos de esperanza, a proclamar las obras de Dios, esto parece un muro de lamentaciones. De esta manera no salimos confortados, sino desanimados, sin fuerzas, sin gracia. Es verdad que debe haber una autorrevisión constante, pero no sólo esto. En lugar de reunimos para criticar, ¿cuántas veces lo hemos hecho para ver lo que podemos hacer? Hace falta mucha imaginación, coraje, constancia y trabajo. Hagámoslo. Dejemos de criticar y criticarnos. No hacemos sino dar vueltas sobre nosotros mismos. Parece que no hemos nacido, sino para destruirnos. Somos demasiados retorcidos. Vamos siempre buscando pegas a todo. No tenemos perspectiva: nos falta paciencia y esperanza. Carecemos de sencillez ante la Palabra de Dios.

Busquemos lo bueno que hay en nosotros, profundicemos en los caminos del Espíritu, no destruyamos lo que sólo es aún una intuición, una invitación de la Palabra de Dios a nuestras vidas. De lo contrario, estamos pecando contra el Espíritu Santo.

El que escucha con humildad la Palabra es hijo de Dios, hermano de Jesús (Mc 3, 35). La que dijo: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra», regeneró el mundo, por obra del Espíritu Santo.

Jesús Burgaleta

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Jesús comienza su auto-revelación como Mesías, Hijo de Dios, por medio de sus obras y palabras en Galilea. Exorcismos, curaciones, milagros, enseñanzas, encuentros con personas de todo tipo… jalonan sus primeros pasos. Desde el principio su misión no pasa inadvertida para muchos: sorpresa, admiración, incomprensión, recelos, aparecen en los rostros y las palabras de aquellos que entraban en contacto con él.

En contraste, Jerusalén aparece en el horizonte como lugar del rechazo, de la entrega, de la pasión. Y, por supuesto, de la resurrección. No es extraño que «unos escribas que habían bajado de Jerusalén» sean los que cuestionen la autoridad y el poder con el que Jesús enseña y actúa: «Expulsa a los demonios con el poder del príncipe de los demonios».

Marcos utiliza, en varias ocasiones, un recurso literario consistente en introducir un relato dentro de la narración de otro acontecimiento: por ejemplo, la curación de una mujer enferma se narra al interior del pasaje de la resurrección de la hija de Jairo (5,21-43). En el caso que nos ocupa, la controversia de Jesús con los escribas se intercala entre la llegada de sus familiares y las palabras que intercambia con ellos. El motivo de la incomprensión y la desconfianza se entrelazan en ambos episodios.

Los escribas hacen a Jesús una doble acusación: «Tiene dentro a Belzebú» y «expulsa los demonios con el poder del príncipe de los demonios». La actuación de Jesús contra las “fuerzas del mal” se debe, según ellos, a una posesión diabólica. Las curaciones y exorcismos que están contemplando, lejos de ser manifestación de la actuación salvadora de Dios, son señales de la presencia del mal de este mundo en las acciones de Jesús.

La respuesta de Jesús demuestra su error: «Satanás no puede estar contra sí mismo porque iría a su fin». Dos ejemplos – parábolas en paralelo ilustran esta tesis: el reino que estando dividido va a la perdición y la casa, los habitantes de la misma, que en una situación de división caminan hacia su propia destrucción.

Una tercera imagen refuerza la tesis apuntada, respondiendo a la segunda acusación: «expulsa los demonios con el poder del príncipe de los demonios». Solo después de inmovilizar a quien es más fuerte que uno mismo, se puede entrar en su casa y saquear sus bienes. Es lo que hace Jesús: “inmovilizar” al príncipe de los demonios para acabar con él. En resumen, no puede estar poseído por el poder del príncipe de las tinieblas y luchar contra sí mismo.

La dura condena con que amenaza a quienes están cuestionando la fuerza con la que actúa, «quien blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás», pone de relieve la gravedad de la acusación que han hecho. El perdón misericordioso de Dios, un perdón ilimitado, encuentra una única excepción, circunscrita al caso concreto que se contempla: aquellos que se niegan a reconocer que Jesús, el Hijo amado de Dios, está habitado por la fuerza del Espíritu Santo (Mc 1, 10-12).

Terminada la controversia, se retoma la escena del encuentro con su familia: «Tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Un gesto, «miró a su alrededor a la gente», y unas palabras, dibujan los rasgos de la nueva familia de Jesús: «el que cumple la voluntad de Dios». La fidelidad a Dios, manifestada por la acción y la palabra de Jesús, alarga los lazos familiares. Poniendo en segundo plano a la familia de sangre, da importancia a la novedad que introduce el evangelio: por encima de todo, también de la familia, la fidelidad absoluta al Padre; en el centro, el Reino de Dios.

Oscar de La Fuente de La Fuente

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