Lunes IX de Tiempo Ordinario

Hoy es 4 de junio, lunes de la IX semana de Tiempo Ordinario.

Jesús hablaba para gente familiarizada con el trabajo del campo y el cuidado de las viñas. Sabían bien del esfuerzo y la atención que hacen falta para conseguir un fruto abundante, unos racimos dulces y de buena calidad. Pero sabían también, como a veces, algunas cepas, no dan el fruto esperando, a pesar de tanta inversión de cariño puesto en ellas. Quizás nosotros, a nuestra manera, hemos tenido la experiencia de fracasar en algún proyecto o en una relación a pesar de haber invertido mucho en ellos. Y esto nos prepara para comprender mejor esta parábola que nos propone Jesús.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 12, 1-12):

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: «Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.» Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?»

Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.

Las palabras de Jesús suscitan polémica. En la primera parte del texto, una serie de acciones positivas describen la conducta del dueño: plantar, rodear, cavar, construir, arrendar, reclamar, enviar criados y finalmente a su hijo. Los verbos que expresan la respuesta de los arrendatarios, son de una dureza sobrecogedora: agarrar, apalear, despedir, insultar, apalear, arrojar fuera, matar.

Estamos ante la narración dramática de una relación y se te invita a contemplarla. Dios volcándose con su pueblo elegido y entregándole a su hijo querido, no para que muera, sino para ser respetado y como expresión de la máxima entrega.

Deja que esa secuencia de acciones por parte de Dios te llegue al corazón. Trata de sentir que es a ti a quien están dirigidas.

En la conclusión de la parábola aparece otra imagen con mucha fuerza simbólica, la de la piedra angular. Jesús la toma de uno de los salmos más conocidos de Israel en el que se narra, con otra imagen, una historia semejante a la de la viña. Ahora son los arquitectos los que desechan una piedra pero Dios mismo la coloca como piedra angular. Una piedra evoca firmeza, apoyo, solidez, seguridad. Contempla así a Jesús y siéntelo como piedra angular de tu existencia.

Señor, aquí estoy ante ti como una viña escogida por ti. Cuidada por tu amor, colmada de bendiciones. Gracias por todo lo que hay en mi vida de don tuyo y sobretodo por haberme enviado a Jesús, tu hijo amado. Perdóname por haber respondido tantas veces a tu amor con mi desamor. Quiero pegarme ahora a Jesús como un sarmiento que se adhiere a la vid. Sólo así, llegaré a dar ese fruto que tú esperas de mí. Que me entregue a mis hermanos lo mismo que tú te has entregado a mí. Ponme con tu hijo para que él sea también la piedra angular que sostiene el edificio de mi vida.

Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta.