Martes IX de Tiempo Ordinario

Hoy es 5 de junio, martes de la IX semana de Tiempo Ordinario.

Llego a este momento, Señor, con el deseo de encontrarme contigo. Ahora mis pensamientos, mis preocupaciones, no importan tanto como el deseo de estar cerca de ti, y de que tú me abraces y me acompañes. Señor, hazte un hueco en mi vida y que tu palabra sea luz para mi día a día.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 12, 13-17):

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en lo que la gente sea, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»

Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: «¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea.»

Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta cara y esta inscripción?»

Le contestaron: «Del César.»

Les replicó: «Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios, a Dios.»

Se quedaron admirados.

Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. No es un alegato a favor de alejar a Dios de ámbitos mundanos. De hecho hay muchos aspectos de la vida diaria que son de Dios. A Dios le importan la justicia, el amor, el perdón, la misericordia, lo que en el fondo afecta a todo. ¿Es Dios protagonista en mi vida?

Los fariseos intentan esconderse detrás de normas, para limitar lo decisivo que puede ser Dios en sus vidas. Se pierden en pequeñas cosas en comparación con lo importante, que es hacer a Dios protagonista de la propia vida. Y a mí ¿hay algo que me impide darle la importancia que se merece a Dios?

A veces los fariseos somos nosotros. Nos cuesta encontrar para Dios el tiempo que sabemos que sí tenemos. Nos da pereza, nos perdemos en debates sobre cuestiones menos importantes, y nos puede distraer de darle a Dios lo que es de Dios. ¿En qué puntos podría ir a más en mi relación con Dios?

Jesús era un maestro que enseñaba con autoridad. Incluso quienes le perseguían reconocían en él un creyente sincero, un amante de las cosas de Dios. Contempla ahora la escena con los ojos abiertos y los oídos atentos. Como hacemos con aquello que nos genera admiración y dispuesto a aprender de este Jesús maestro.

Dios nos invita a ir a más en su seguimiento, nos conoce y sabe hasta donde podemos dar. Por eso él siempre está a la puerta llamando, esperando a seguir profundizando la relación con nosotros. Ahora ten unos minutos para conversar con Dios. Puedes ofrecerle los aspectos de tu vida en los que quieres que él sea más protagonista o pedirle luz para saber dónde está presente. Con sencillez, expresa aquello que sientes, lo que resuene en mi corazón, lo que te ha provocado esta oración.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.