Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 4, 10-12

10Y cuando quedó a solas, los que estaban en torno a él con los Docele preguntaban [sobre] las parábolas11y les decía: “A vosotrosos ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero a aquellos [que están] fueratodo sucede en parábolas, 12para que, mirando, miren pero no vean, y, escuchando, escuchenpero no entiendan, para que no se conviertan y sean perdonados”.

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p style=»text-align:justify;»>Jesús se retira con sus discípulos a un lugar privado, ofreciendo a esos seguidores intrigados y desconcertados una oportunidad para que le pregunten sobre la parábola que acaba de pronunciar. En su extraña dureza, la contestación de Jesús ofrece una de las proclamaciones más formidables del Nuevo Testamento. Este pasaje con la «teoría de las parábolas», insertado en su contexto actual por el mismo Marcos, contiene un número inusual de hapax legomena (= palabra que aparece una sola vez dentro de un determinado cuerpo literario). 


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p style=»text-align:justify;»>La estructura del pasaje refleja su mensaje. Su primer versículo y medio alterna entre un enfoque sobre Jesús y otro sobre sus discípulos. La fuerte vinculación entre los dos grupos y la conexión implícita entre ambos y Dios, quedan resaltadas por las frases «los que estaban en torno a él», «él les decía» y «el misterio del Reino de Dios». Pero la mitad del versículo penúltimo y el último versículo cambian el enfoque hacia un tercer grupo, el que está formado por «los de fuera», descritos como separados de Jesús y de sus discípulos (por estar fuera de su compañía) y también separados de Dios (porque son ciegos y sordos ante su palabra al no ser perdonados por Dios). Este aspecto negativo del discurso parabólico de Jesús ha sido enfatizado con gran fuerza por la desproporcionada cantidad de espacio que se le dedica. 


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p style=»text-align:justify;»>4, 10: La discusión queda iniciada por el hecho de que Jesús se retira a un espacio privado. Le sigue un grupo que incluye tanto a los Doce como a otro conjunto de personas: «Los que estaban en torno a él»: pueden ser miembros de la multitud descrita en 4, 1-2, estimulados por la parábola de Jesús, y que así quieren conocer más y convertirse en sus discípulos (cf. 4, 34). Probablemente la misma comunidad de Marcos incluye personas que preguntan, oyentes bastante estimulados por aquello que han oído sobre el evangelio, de tal manera que quieren hacer el esfuerzo de aprender más. Es posible, por lo tanto, que esta frase haga que la audiencia de Marcos recuerde su propia situación. 


4, 11-12: La primera parte de la respuesta de Jesús a la pregunta de los discípulos presenta una especie de antítesis simétrica entre el efecto que la enseñanza de Jesús produce en sus discípulos y el que produce en «los de fuera». Los discípulos han preguntado a Jesús sobre las parábolas, y por lo tanto se puede suponer que las dos partes de su respuesta se relacionan con las parábolas. En otras palabras, a los discípulos se les ha dado (revelado) el misterio del reino de Dios en las parábolas, especialmente en la del sembrador.

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Como hemos visto en el comentario a 4, 3-8, esta parábola del sembrador trata del «misterio del reino de Dios», porque expresa la forma inesperada en la que ha llegado la nueva edad, sin que haya sido erradicada totalmente la edad antigua. La diferencia entre los dos grupos no está en que unos escuchan parábolas y otros no, sino en que unos escuchan parábolas con el fin de comprenderlas, mientras que los otros las escuchan con el fin de que puedan quedar endurecidos por su falta de fe.

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La «teoría de las parábolas» de Marcos resulta consistente y se mantiene a lo largo del evangelio. Jesús utiliza las parábolas para iluminar a sus discípulos, añadiendo explicaciones para ayudarles. A los de fuera, sin embargo, a menudo les niega las explicaciones, e incluso cuando se las ofrece lo hace rechazándoles de una forma deliberada, poniéndoles así un obstáculo para su verdadera comprensión de la parábola. Este tratamiento decididamente hostil de «los de fuera» constituye la principal dificultad de este pasaje. Conforme a la visión de 4, 11b-12, la intención de Dios no es que las parábolas de Jesús iluminen a los de fuera, sino que deben cegarles, impidiéndoles que entiendan, para evitar así que alcancen el arrepentimiento y el perdón, una teoría que algunos comentaristas han presentado como cruel, perversa y monstruosa. Para complicar la dificultad, esta parte del pasaje ha sido especialmente acentuada. Esta parte resulta mucho más extensa que la anterior, que habla del privilegio de los de dentro, y en ella el acento se pone sobre la cláusula final («para que no se conviertan y sean perdonados»), que es la más difícil, cosa que ha sido retóricamente destacada por su lugar al final del texto y por el hecho de que rompe el paralelismo entre las dos cláusulas anteriores de 4, 12. 


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p style=»text-align:justify;»>Pues bien, ¿por qué necesitaría Dios, o Jesús, que la gente no comprenda su palabra? ¿Por qué necesitaría Dios o Jesús que «los de fuera» rechacen la palabra y que por tanto se condenen? ¿Será el Dios de Marcos radicalmente distinto al Dios descrito en 1Tm 2, 4, que «desea que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad»? 
La idea de que los dioses o Dios actúan a veces de forma arbitraria, en modos que se oponen al bienestar de los hombres, se encuentra muy extendida en la historia de las religiones. En el Antiguo Testamento, este reconocimiento de la soberanía divina está vinculado a la visión de que Dios es inescrutable, santo, pavoroso y trascendente, fuego devorador al que nadie se puede acercar y seguir vivo (cf. Is 33, 20). Dentro del contexto de Marcos, nuestro pasaje muestra el mismo tipo de dualidad. Conforme al uso normal de esa expresión y según el contexto marcano más amplio, «los de fuera» no son simplemente personas que accidentalmente se encuentran en el exterior de la casa en la que Jesús se ha encerrado con sus discípulos, sino oponentes de Jesús, personas que se han excluido deliberadamente del círculo de la salvación, por su actitud y su hostilidad contra Jesús. El odio ciego y la dureza de corazón que estos oponentes han ido manifestando frente a Jesús ha ido creciendo en los dos capítulos anteriores del evangelio, de tal manera que, en algún sentido, la condena que se expresa en 4, 12 en la ceguera y en el endurecimiento de los de fuera constituye la ratificación de un proceso iniciado anteriormente. 


Este esquema es semejante al de Isaías, que es la fuente de Marcos, pues según Is 6 la condena del pueblo a la ceguera, a la mudez y a la dureza de corazón viene tras varios capítulos que van describiendo la resistencia de ese pueblo contra Isaías, portador de la palabra de Dios. De todas formas, no hay manera de evitar la responsabilidad de Dios, a pesar del antagonismo inicial que los oponentes de Marcos han mostrado contra Jesús. Marcos ha mostrado con gran fuerza que ese antagonismo tiene un origen demoníaco y, conforme a la visión de Marcos, los demonios no pueden realizar su obra sin el permiso de Dios (cf. 5, 13a).

Ese modo de poner de relieve la responsabilidad de Dios ante el mal refleja probablemente la situación de la comunidad de Marcos. Esa forma de enfocar el tema brota del deseo de los primeros cristianos de fundar en Dios el hecho de que el evangelio haya sido rechazado por el pueblo judío en su conjunto: se esperaba que Israel recibiría a su Mesías con los brazos abiertos; pues bien, Jesús es el Mesías e Israel lo ha rechazado.

Pero esta referencia al determinismo divino del mal ¿constituye la última palabrade Marcos sobre el tema del despliegue de la revelación de Dios? En Isaías, la fuente de Marcos, una serie de textos posteriores (29, 18.24; 32, 3; 35, 5) muestran que la nueva edad introducirá una inversión de la sentencia de insensibilidad y condena de Is 6. De modo similar, en Marcos el tema de la finalidad de la cláusula de 4, 12 («a fin de que mirando… no vean») se retoma e invierte en las cláusulas de 4, 21-22 («para que pueda ponerse sobre el candelero», «a fin de que pueda manifestarse», «a fin de que pueda venir a su manifestación»). Según eso, el ocultamiento de la verdad que se describe en nuestro pasaje debe servir al final para la manifestación de la verdad. En Marcos, lo mismo que en Isaías, la ceguera, la sordera y la condena no tendrán la última palabra. Pero sí la tienen en nuestro pasaje.