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Archive for 7/06/18

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: MÁRMOL CON SANGRE, TU FRENTE

Mármol con sangre, tu frente;
lirios con sangre, tus manos;
tus ojos, soles con muerte;
luna con muerte, tus labios.

Así quiero verte, Cristo,
sangriento jardín de nardos;
así, con tus cinco llagas,
cielo roto y estrellado.

Rojo y blanco, blanco y rojo,
te vio la niña del cántico:
bien merecido lo tienes,
por santo y enamorado.

Abismo reclama abismo:
¿o no lo sabías acaso?;
el amor llama a la muerte:
muerte y amor son hermanos.

Amor quema, amor hiende
carne y alma, pecho y labio.
Amor, espada de fuego;
amor, cauterio y taladro.

Así quiero verte, Cristo,
con sangre, lirios y mármol;
soles y lunas con muerte
en tus ojos y en tus labios. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Con amor eterno nos amó Dios; por eso levantado sobre la tierra nos atrajo a su corazón, compadeciéndose de nosotros.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Con amor eterno nos amó Dios; por eso levantado sobre la tierra nos atrajo a su corazón, compadeciéndose de nosotros.

Ant 2. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.

Salmo 145 – FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.

Ant 3. Yo soy el buen pastor que apaciento mis ovejas, y doy mi vida por las ovejas.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo soy el buen pastor que apaciento mis ovejas, y doy mi vida por las ovejas.

LECTURA BREVE   Ef 5, 25b-27

Cristo amó a su Iglesia y se entregó a la muerte por ella para santificarla, purificándola en el baño del agua, que va acompañado de la palabra, y para hacerla comparecer ante su presencia toda resplandeciente, sin mancha ni defecto ni cosa parecida, sino santa e inmaculada.

RESPONSORIO BREVE

V. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

V. Y ha hecho de nosotros reino y sacerdotes para el Dios y Padre suyo.
R. Por la virtud de su sangre.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo nos ama y nos ha absuelto por la virtud de su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. He venido a traer fuego al mundo, y ¡cuánto deseo que esté ya ardiendo!

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. He venido a traer fuego al mundo, y ¡cuánto deseo que esté ya ardiendo!

PRECES

Acudamos, hermanos, a Jesús, descanso de nuestras almas fatigadas, y digámosle suplicantes:

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

Oh Jesús, que quisiste ser traspasado por la lanza para que de tu corazón abierto, al brotar el agua y la sangre, naciera tu esposa la Iglesia,
haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Jesús, templo santo de Dios, destruido por los hombres y levantado nuevamente por el Padre,
dígnate hacer de la Iglesia morada del Altísimo.

Jesús, rey y centro de todos los corazones, que con amor eterno nos amas y nos atraes con misericordia,
renueva tu alianza con todos los hombres.

Jesús, paz y reconciliación nuestra, que has hecho las paces en un solo hombre nuevo, dando muerte al odio mediante la cruz,
danos acceso al Padre.

Jesús, vida y resurrección nuestra, alivio de los que están cansados y descanso de los que se sienten agobiados,
atrae hacia ti a los pecadores.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Jesús, que por tu amor desbordante te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte y una muerte de cruz,
llama a los fieles difuntos a la resurrección.

Unidos a Jesucristo, que nos ama como hermano, acudamos al Padre, diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Dios todopoderoso y eterno, que, al celebrar la grandeza del amor que resplandece en el corazón de tu Hijo, recibamos de esta fuente divina gracias cada vez más abundantes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Jueves, 7 Junio, 2018
Tiempo Ordinario
  
1) Oración inicial
Señor, nos acogemos confiadamente a tu providencia, que nunca se equivoca; y te suplicamos que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquellos beneficios que pueden ayudarnos para la vida presente y la futura. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 12,28b-34
Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta una conversación bonita entre Jesús y un doctor de la ley. El doctor quiere saber de Jesús cuál es el primero de todos los mandamientos. Hoy también mucha gente quiere saber lo que es más importante en la religión. Algunos dicen que es ser bautizado. Otros dicen que es rezar. Otros dicen: ir a Misa o participar del culto el domingo. Otros dicen: amar al prójimo. Otros se preocupan sólo con las apariencias o con los cargos en la Iglesia.
• Marcos 12,28: La pregunta del doctor de la Ley. A un doctor de la ley, que había asistido al debate de Jesús con los saduceos (Mc 12,23-27), le gustó la respuesta de Jesús, y percibió su gran inteligencia y quiso aprovechar la ocasión para plantear una preguntar: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” En aquel tiempo, los judíos tenían una gran cantidad de normas para reglamentar en la práctica la observancia de los Diez Mandamientos. Algunos decían: “Todas estas normas tienen el mismo valor, pues todas vienen de Dios. No nos incumbe a nosotros introducir distinciones en las cosas de Dios”. Otros decían: “Algunas leyes son más importantes que las otras y, por esto, ¡obligan más!” El doctor quiere saber la opinión de Jesús.
• Marcos 12,29-31: La respuesta de Jesús. Jesús responde citando un pasaje de la Biblia para decir cuál es el primero de todos los mandamientos: es “¡amar a Dios con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas!” (Dt 6,4-5). En el tiempo de Jesús, los judíos piadosos hicieron de este texto del Deuteronomio una oración y la recitaban tres veces al día: de mañana, a medio día y por la noche. Era tan conocida entre ellos como hoy entre nosotros lo es el Padre Nuestro. Y Jesús añade, citando de nuevo la Biblia: “El segundo es éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Lev 19,18). No existe otro mandamiento mayor que éstos”. ¡Respuesta breve y profunda¡ Es el resumen de todo lo que Jesús enseñó sobre Dios y sobre la vida (Mt 7,12).
• Marcos 12,32-33: La respuesta del doctor de la ley. El doctor concuerda con Jesús y saca las conclusiones: “«Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que amar a Dios y amar al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» . O sea, el mandamiento del amor es más importante que los mandamientos relacionados con el culto y los sacrificios en el Templo. Esta afirmación venía ya de los profetas del Antiguo Testamento (Os 6,6; Sal 40,6-8; Sal 51,16-17). Hoy diríamos que la práctica del amor es más importante que novenas, promesas, misas, rezos y procesiones.
• Marcos 12,34: El resumen del Reino. Jesús confirma la conclusión del doctor y dice: “No estás lejos del Reino de Dios!” De hecho, el Reino de Dios consiste en reconocer que el amor hacia Dios es igual que el amor al prójimo. Pues si Dios es Padre, nosotros todos somos hermanos y hermanas y tenemos que demostrarlo en la práctica, viviendo en comunidad. “¡De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas!” (Mt 22,4) Los discípulos y las discípulas deben fijar en la memoria, en la inteligencia, en el corazón, en las manos y en los pies esta primera ley del amor: ¡sólo se llega a Dios a través del don total al prójimo!
• El primer mandamiento. El mayor y el primer mandamiento fue y será siempre: “amar a Dios con todo el corazón, con toda la inteligencia, y con todas las fuerzas” (Mc 12,30). En la medida en que el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, fue profundizando en el significado y en el alcance del amor a Dios, fue percibiendo que el amor de Dios sólo será real y verdadero, si se hace concreto en el amor al prójimo. Por esto, el segundo mandamiento que pide el amor al prójimo es semejante al primer mandamiento del amor a Dios (Mt 22,39; Mc 12,31). “Si alguien dijese “¡Amo a Dios!”, pero odia a su hermano, es un mentiroso” (1Jn 4,20). “Toda la ley los profetas dependen de estos dos mandamientos” (Mt 22,40).
4) Para la reflexión personal
• Para ti, ¿qué es lo más importante en la religión y en la vida? ¿Cuáles son las dificultades para poder vivir aquello que consideras lo más importante?
• Jesús dijo al doctor: “No estás lejos del Reino de Dios”. Hoy, ¿estoy más cerca o más lejos del Reino de Dios que el doctor elogiado por Jesús?
5) Oración final
Muéstrame tus caminos, Yahvé,
enséñame tus sendas.
Guíame fielmente, enséñame,
pues tú eres el Dios que me salva. (Sal 25,4-5)

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LA PROFESIÓN DE FE

“Creo”, “Creemos”

26.- “Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: “Creo” o “Creemos”. Antes de exponer la fe de la Iglesia tal como es confesada en el Credo, celebrada en la Liturgia, vivida en la práctica de los mandamientos y en la oración, nos preguntamos qué significa “creer”. La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida. Por ello consideramos primeramente esta búsqueda del hombre (capítulo primero), a continuación la Revelación divina, por la cual Dios viene al encuentro del hombre (capítulo segundo), y finalmente la respuesta de la fe (capítulo tercero).”

 

Los dos credos que solemos rezar en la Liturgia, uno es el apostólico que es el que llamamos el corto, que dice en singular “creo” y el más largo es el Niceno- constantinopolitano, el creo de Nicea que en el Concilio de Constantinopla tuvo otras matizaciones, ese lo dice en plural.

El hecho de que se pueda confesar la fe diciendo creo o creemos tiene unos matices interesantes porque quiere decir que creer es un acto personal, es un acto tuyo personal, hay algo en el acto de fe que tienes que hacer tú y no pueden hacer los demás por ti, pero al mismo tiempo es un acto de Iglesia, es un acto eclesial, la fe la confiesa la Iglesia comunitariamente, luego podemos decir, creo o creemos y cada una de las dos expresiones añade unos matices muy importantes.

Quizá nosotros en nuestra cultura muy individualista entendemos más fácil lo de creo, es algo tuyo, tu verás si crees o no crees, parece que como acto individual subjetivo se le respeta a uno que crea, se le perdona la vida podríamos decir si cree, pero no, ese es el error de nuestra cultura individualista, decimos creo pero también decimos creemos y no sólo porque sea la suma de muchos actos individuales sino también es un plural orgánico, es la Iglesia la que nos da luz en la fe, es la Iglesia la que genera las Escrituras, la que tiene la autoridad para interpretarlas, para educarnos en la fe, es la Iglesia la que nos llama a la conversión, eso es importante que nos demos cuenta, yo no tengo un contacto directo con Dios por mi cuenta, no es así, mi relación con Dios ha sido a través de la Iglesia que es sacramento Universal del Salvación. Es la Iglesia la que me ha dicho qué evangelios son Palabra de Dios y cuales son apócrifos y no son Palabra de Dios. Es la Iglesia la que me ha dicho cuáles son las verdades reveladas y no son mí parecer individual. Es decir que yo no puedo tener un contacto directo subjetivo con Dios agarrándome a las Escrituras como si yo voy a ser el intérprete de las Escrituras, eso no es así, el Concilio Vaticano II, la “Dei Verbum” en su número 10 insiste como la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia según el plan providente de Dios están unidos, de modo que no pueden subsistir uno sin los otros, Tradición, Escritura y Magisterio de la Iglesia, luego no puedo decir creo sino creemos, bueno sí podemos decir creo pero esa singularidad tiene detrás un creemos y cuando digo creo estoy creyendo con la fe de los mártires, de los apóstoles, de las vírgenes, de los confesores. Detrás de mí está toda la Iglesia apoyándome. Me estoy sosteniendo en el pilar de Cristo que se me ha dado a través de esas doce columnas de la Iglesia.

Es importante que pueda ser creo o creemos y cada uno de ellos aporta un matiz importante. Por ejemplo, el hecho de que el acto de creer sea un acto personal y nadie puede creer por ti, se subraya que verdaderamente tienes tú que abrir tu voluntad, Dios llama a la puerta de tu corazón y tienes que abrirla tú, eso es lo que se subraya en la formulación del creo en singular, de hecho decía San Agustín que para creer es preciso querer creer, y como tú en tu voluntad no te abras a la fe, como no hagas un acto personal no vas a creer. ¿Qué hace falta para creer? Lo primero querer creer. Decía San Agustín, para los que quieren creer tengo mil pruebas y para los que no quieren creer no tengo ninguna. Es un acto personal para el que es necesario abrir la voluntad, de hecho, a menudo basta cambiar de modo de vivir para empezar a creer de verdad lo que antes negabas, es decir, que eras tú el que tenías un modo de vida contrario a la fe y entonces decías que no creías, pero era tu voluntad la que no estaba dispuesta a convertirse y cuando has estado dispuesto a cambiar de modo de vida la fe ha venido a tu corazón.

Para poder decir creo tienes que abrir la puerta, Dios toca a la puerta y espera que tú la abras. Incluso cuando Dios se manifiesta de una manera soberana como ha hecho con San Pablo y con otros hombres de iglesia, el que parece que ha derribado la puerta, aunque Dios se manifiesta a veces de una manera tan plena y tan llena de soberanía que parece que derriba la puerta, sin embargo, tú también tienes que acogerle, tienes que hacer un acto libre.

Pero por otra parte cuando hacemos ese acto libre decimos creemos porque en ese momento me apoyo en la fe de los que creen, me apoyo en esa Iglesia a la que Cristo le ha depositado la fe, hago un acto de confianza no sólo en Dios sino también en los demás, en la tradición de la Iglesia, la historia de la fe no comienza conmigo, no soy el primer creyente, de repente entro en una familia, en la de los creyentes y comienzo a decir creemos.

Por eso lo primero que dice el Catecismo es ¿Qué significa creer? Creer en hebreo viene de la palabra “HEMIN” que significa apoyarse, apoyar la existencia en Dios como la apoya un niño en el seno de su madre, es una imagen que si lo vemos en su raíz hebrea dice mucho, apoyarse, como el niño en el seno de su madre tiene el cordón umbilical, está apoyado en su madre y lo está recibiendo todo de ella por el cordón umbilical, eso es creer, en el vivimos, nos movemos y existimos, estas en Él y lo recibes todo de Él. Hemin que es el verbo hebreo significa apoyarse. Creer no es sólo una especie de acto intelectual de decir “la fe es creer que Dios existe, allí está, allí estará, algo habrá”. La clave no está en creer que Dios existe, sino que yo existo para Dios. Creer no es únicamente decir que está Dios allí, sino que yo existo para Dios, es decir, que he sido un hijo deseado de Dios, que soy un hijo irremplazable para él, no es lo mismo creer que Dios existe o que yo existo para Dios, no es lo mismo. Hay personas que sí que creen en Dios pero en ese primer sentido, que Dios existe, es un creer pero podría haber creído sin que Dios se revelase, no ha superado la filosofía humana. Creer en el sentido sobrenatural de la palabra es que yo existo para Él, que soy un hijo deseado suyo. Esto es lo que significa creer. Decía Juan Pablo II en la Redemptoris Mater, “Creer quiere decir abandonarse en la verdad misma de la Palabra de Dios viviendo, sabiendo y reconociendo humildemente cuan insondables son sus designios e inescrutables sus caminos”.

Es decir, abandonarse en la verdad misma de la Palabra de Dios viviente, esa es la definición que hace Juan Pablo II en Redemptoris Mater, esa expresión de que creer es abandonarse en Dios es bastante ilustrativa y podría ser el punto de partida para responder a esta pregunta ¿Qué significa creer? Apoyarse, abandonarse en las manos de Dios.

Aquí viene otra definición de fe, es decir, es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él. Para entender lo que es la fe hay que partir del deseo de Dios de entregarse al hombre. Dios no sólo nos ha creado, sino que nos ha buscado, la iniciativa es suya, somos porque Él nos ha querido, por un acto de amor, somos hijos deseados suyos. Luego la fe es la respuesta, si Dios se ha revelado, si Dios nos ha querido, la fe es responder a eso, es acogerlo. Él toca a la puerta y tú le abres, le acoges y él hace morada contigo. Es imposible entender la fe sin partir de esa iniciativa de Dios.

En nuestra cultura tan antropocéntrica entendemos que las cosas tienen su origen en nosotros, pero eso es un error muy cercenado de la realidad. Dios en su sobreabundancia de amor ha decidido llamarnos a la vida y cuando alguien llama hay que responder. ¿No oyes que te llaman? Esa es la definición que aquí hace el Catecismo de la fe. Como Dios se revela le da al hombre una luz sobreabundante para que comprenda el sentido de su vida. Dios no únicamente nos dice “Yo soy Padre, Hijo, Espíritu Santo…” no es una información fría, un saber abstracto, sino que el descubrirse de Dios coincide milimétricamente con que el hombre al conocer a Dios se comprende a sí mismo y entonces dice “Este Dios que se está descubriendo me está permitiendo que yo me entienda a mí mismo, que yo entienda el sentido de la vida”.

Si Dios es tu creador quien te va a dar el sentido de la vida sino Él mismo. Estaba con unos padres que han tenido su primer hijo y decían los padres “¡Como viene al mundo y no viene con el libro de instrucciones no sabemos qué le pasa”! Nosotros no tenemos la capacidad de entenderle, pues sirviéndonos de este ejemplo, Dios es nuestro Creador y Él nos puede decir lo que nos ocurre, el Creador le puede hacer entender a la criatura qué está pasando entre comillas “Es el libro de instrucciones” que estaba pidiendo el padre que no entendía cómo tenía que interpretar el sufrimiento de su hijo. Dios si nos conoce, si nos interpreta plenamente, de manera que en la Revelación no sólo le conocemos a Él, sino que en Él nos conocemos a nosotros y conocemos al prójimo, porque de lo contrario parecería que en la Revelación Dios viene a decirnos cuestiones místicas en el sentido peyorativo de la palabra, algo ajeno a mi vida, que no me dice nada, como que son cosas que no tiene nada que ver con mi día a día, con lo que me hace sufrir aquí, que a veces se ha acusado a la religión de esta cosa, de evadirte de la vida de llevarte a una serie de abstracciones y esto no es así, quien piense eso no ha entendido la revelación.

La revelación no viene a sacarte de esta vida sino a darte sentido en ella. Bien distinto de esa concepción oriental en la que parece que la espiritualidad consiste en sacarte o abstraerte de esta vida, en el fondo en eso consiste fundamentalmente el Nirvana, alcanzar un estado en el que yo me abstraiga de esta vida, sin embargo, la revelación cristiana no me lleva a abstraerme sino a darme luz para vivir la experiencia de Dios en esta vida, hasta en la materialidad de la vida encuentro la presencia de Dios. Esto lo explica en tres capítulos, en el primero va a hablar de la búsqueda del hombre, en el segundo Dios se revela y en el tercero la fe como respuesta del hombre.

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LA CRUZ

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas que, al presentarte el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

CONSIDERACIÓN DEL DÍA

La Cruz es el martillo que aplastará un día a cuantos van contra ella. De Dios nadie se burla. Ahora calla; pero vendrá un día en que hablará y… Premiará o castigará.

LETANÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre Eterno, Dios de los cielos, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Pa­dre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Al­tísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están to­dos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eter­nos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de mu­cha misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de opro­bios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, perforado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda con­solación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, perdónanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, escúchanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y sa­tisfacciones que te dio en nombre de los pecadores, y concede propicio el perdón a los que imploran tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que tus santos misterios infundan en nosotros el fervor divino, con el que, recibida la bondad de tu dulce Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por siglos infinitos. Amén.

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77. Por el sacramento del bautismo, conferido en el nombre de la Santísima Trinidad, entramos en la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y somos configurados con Cristo para llevar una vida nueva (cf. Rm 6,11-14; Col 2,12), una vida de fe y de conversión (cf. Mc 16,15-16; Hch 2,38). El bautismo nos incorpora también al Cuerpo de Cristo, la Iglesia, germen y anticipación de la humanidad reconciliada en Cristo (cf. 2 Co 5,19). En comunión con Dios, los bautizados están llamados a vivir aquí y ahora en comunión fraterna entre sí, desarrollando una solidaridad real con los demás miembros de la familia humana, sin discriminaciones basadas en motivos de raza y religión, por ejemplo. En este contexto, hay que vigilar para que la preparación sacramental de los jóvenes y los adultos se lleve a cabo con la mayor profundidad y durante un periodo que no sea demasiado breve.

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1.- Vence el bien. Pecar es alejarse de la presencia de Dios, es vivir en la oscuridad y la tristeza. El hombre no puede esconderse de la presencia de Dios, aunque lo intenta siempre cuando peca. Dios lo interroga y el hombre, una vez más, trata de huir de su culpa echándosela en cara al mismo Dios: “La mujer que tú me has dado…”. Sin embargo, el miedo del hombre que le impulsa a la huida es ya la señal que le descubre su propio pecado. Tampoco la mujer acepta su responsabilidad: también ella huye en vano de su culpa, tratando de echársela a la serpiente. No obstante, Dios, que maldice a la serpiente sin haberla escuchado antes, no maldice a Adán y Eva. La serpiente es como la expresión objetiva de toda la fuerza seductora del mal, Esta lucha que se inicia en el paraíso entre la mujer y su descendencia contra toda la fuerza seductora del mal, continuará después en la historia de la humanidad. Los hijos de la mujer, los hombres, sufrirán más de una derrota; pero al fin habrá una victoria definitiva. De la mujer -de otra mujer, pero de la mujer al fin y al cabo- nacerá “el más fuerte”, que aplastará la cabeza de la serpiente. El pecado puede ser vencido, porque Dios nos regala su perdón con su misericordia

2.- La incomprensión de los “suyos”. Jesús ha comenzado su vida pública, después del Bautismo, predicando la Buena Noticia y curando a varios enfermos. Todo trascurre alrededor del Lago de Tiberíades. Por un tiempo vive en Cafarnaún, “su pueblo”. Vemos que “fue a casa”. Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaún. El texto griego dice que aparecen “los suyos”, una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que éstos que lo buscan ahora sean sus familiares. Están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos piensen que está “fuera de sí”, o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. Hay que pensar que “los suyos” miran también por la buena fama de toda la familia. El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares. La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: “Jesús es un aliado de Satanás”.

3.- La familia auténtica de Jesús somos nosotros. Lo somos cuando escuchamos y cumplimos la Palabra de Dios. Esto es lo único que Jesús pide, que le sigamos. Somos ahora “su madre y sus hermanos”, tal como indica San Agustín en sus sermones:

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos. SAN AGUSTIN (Sermón 25, 7-8)

José María Martín OSA

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En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer.

Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

También los escribas que hablan bajado de Jerusalén decían: «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Él los invitó a acercarse y les puso estas parábolas: «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.» Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»

Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»

Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

Marcos 3, 20-35

 

Comentario del Evangelio

Siempre es más fácil hablar de Jesús que del demonio. Siempre es más agradable hablar de lo bueno que de lo malo. Pero el mal existe. Muchas veces no nos parece en un principio que algo es malo, pero nos sucede que con el tiempo nos damos cuenta de que estamos haciendo algo mal.

Jesús nos advierte que debemos tener cuidado y que nos debemos apoyar unos a otros como una gran familia para estar siempre en el camino del bien.

Para hacer vida el Evangelio

• Piensa en lo que te ha pasado en esta semana y escribe alguna cosa que creas que has hecho mal, que te has equivocado.

• ¿Por qué hacemos a veces cosas que están mal? ¿Cómo nos ayuda Jesús para cambiar y pedir perdón por las cosas que hacemos que están mal?

• Toma un compromiso para pedir perdón por eso que has hecho mal.

Oración

Ayúdanos, Jesús,
a ver claro el camino,
a defender lo tuyo, con fuerza
y con pasión,
a no desmoronarnos
al primer contratiempo
y a aceptar que no aprueben nuestra forma de actuar.
Comenzaron criticándote y acabaste en una cruz,
y a nosotros nos da miedo,
ser distintos, como Tú.
Danos energía y coraje,
para ser signos de contradicción,
teniendo la valentía de no tener
que gustar a todo el mundo.
Que Tú, Jesús, seas nuestra única seguridad,
que contrastemos la vida con la tuya,
que el Evangelio sea nuestro mapa
y el amor nuestra auténtica virtud.

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