Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

LA PROFESIÓN DE FE

“Creo”, “Creemos”

26.- “Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: «Creo» o «Creemos». Antes de exponer la fe de la Iglesia tal como es confesada en el Credo, celebrada en la Liturgia, vivida en la práctica de los mandamientos y en la oración, nos preguntamos qué significa «creer». La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida. Por ello consideramos primeramente esta búsqueda del hombre (capítulo primero), a continuación la Revelación divina, por la cual Dios viene al encuentro del hombre (capítulo segundo), y finalmente la respuesta de la fe (capítulo tercero).”

 

Los dos credos que solemos rezar en la Liturgia, uno es el apostólico que es el que llamamos el corto, que dice en singular “creo” y el más largo es el Niceno- constantinopolitano, el creo de Nicea que en el Concilio de Constantinopla tuvo otras matizaciones, ese lo dice en plural.

El hecho de que se pueda confesar la fe diciendo creo o creemos tiene unos matices interesantes porque quiere decir que creer es un acto personal, es un acto tuyo personal, hay algo en el acto de fe que tienes que hacer tú y no pueden hacer los demás por ti, pero al mismo tiempo es un acto de Iglesia, es un acto eclesial, la fe la confiesa la Iglesia comunitariamente, luego podemos decir, creo o creemos y cada una de las dos expresiones añade unos matices muy importantes.

Quizá nosotros en nuestra cultura muy individualista entendemos más fácil lo de creo, es algo tuyo, tu verás si crees o no crees, parece que como acto individual subjetivo se le respeta a uno que crea, se le perdona la vida podríamos decir si cree, pero no, ese es el error de nuestra cultura individualista, decimos creo pero también decimos creemos y no sólo porque sea la suma de muchos actos individuales sino también es un plural orgánico, es la Iglesia la que nos da luz en la fe, es la Iglesia la que genera las Escrituras, la que tiene la autoridad para interpretarlas, para educarnos en la fe, es la Iglesia la que nos llama a la conversión, eso es importante que nos demos cuenta, yo no tengo un contacto directo con Dios por mi cuenta, no es así, mi relación con Dios ha sido a través de la Iglesia que es sacramento Universal del Salvación. Es la Iglesia la que me ha dicho qué evangelios son Palabra de Dios y cuales son apócrifos y no son Palabra de Dios. Es la Iglesia la que me ha dicho cuáles son las verdades reveladas y no son mí parecer individual. Es decir que yo no puedo tener un contacto directo subjetivo con Dios agarrándome a las Escrituras como si yo voy a ser el intérprete de las Escrituras, eso no es así, el Concilio Vaticano II, la “Dei Verbum” en su número 10 insiste como la Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia según el plan providente de Dios están unidos, de modo que no pueden subsistir uno sin los otros, Tradición, Escritura y Magisterio de la Iglesia, luego no puedo decir creo sino creemos, bueno sí podemos decir creo pero esa singularidad tiene detrás un creemos y cuando digo creo estoy creyendo con la fe de los mártires, de los apóstoles, de las vírgenes, de los confesores. Detrás de mí está toda la Iglesia apoyándome. Me estoy sosteniendo en el pilar de Cristo que se me ha dado a través de esas doce columnas de la Iglesia.

Es importante que pueda ser creo o creemos y cada uno de ellos aporta un matiz importante. Por ejemplo, el hecho de que el acto de creer sea un acto personal y nadie puede creer por ti, se subraya que verdaderamente tienes tú que abrir tu voluntad, Dios llama a la puerta de tu corazón y tienes que abrirla tú, eso es lo que se subraya en la formulación del creo en singular, de hecho decía San Agustín que para creer es preciso querer creer, y como tú en tu voluntad no te abras a la fe, como no hagas un acto personal no vas a creer. ¿Qué hace falta para creer? Lo primero querer creer. Decía San Agustín, para los que quieren creer tengo mil pruebas y para los que no quieren creer no tengo ninguna. Es un acto personal para el que es necesario abrir la voluntad, de hecho, a menudo basta cambiar de modo de vivir para empezar a creer de verdad lo que antes negabas, es decir, que eras tú el que tenías un modo de vida contrario a la fe y entonces decías que no creías, pero era tu voluntad la que no estaba dispuesta a convertirse y cuando has estado dispuesto a cambiar de modo de vida la fe ha venido a tu corazón.

Para poder decir creo tienes que abrir la puerta, Dios toca a la puerta y espera que tú la abras. Incluso cuando Dios se manifiesta de una manera soberana como ha hecho con San Pablo y con otros hombres de iglesia, el que parece que ha derribado la puerta, aunque Dios se manifiesta a veces de una manera tan plena y tan llena de soberanía que parece que derriba la puerta, sin embargo, tú también tienes que acogerle, tienes que hacer un acto libre.

Pero por otra parte cuando hacemos ese acto libre decimos creemos porque en ese momento me apoyo en la fe de los que creen, me apoyo en esa Iglesia a la que Cristo le ha depositado la fe, hago un acto de confianza no sólo en Dios sino también en los demás, en la tradición de la Iglesia, la historia de la fe no comienza conmigo, no soy el primer creyente, de repente entro en una familia, en la de los creyentes y comienzo a decir creemos.

Por eso lo primero que dice el Catecismo es ¿Qué significa creer? Creer en hebreo viene de la palabra “HEMIN” que significa apoyarse, apoyar la existencia en Dios como la apoya un niño en el seno de su madre, es una imagen que si lo vemos en su raíz hebrea dice mucho, apoyarse, como el niño en el seno de su madre tiene el cordón umbilical, está apoyado en su madre y lo está recibiendo todo de ella por el cordón umbilical, eso es creer, en el vivimos, nos movemos y existimos, estas en Él y lo recibes todo de Él. Hemin que es el verbo hebreo significa apoyarse. Creer no es sólo una especie de acto intelectual de decir “la fe es creer que Dios existe, allí está, allí estará, algo habrá”. La clave no está en creer que Dios existe, sino que yo existo para Dios. Creer no es únicamente decir que está Dios allí, sino que yo existo para Dios, es decir, que he sido un hijo deseado de Dios, que soy un hijo irremplazable para él, no es lo mismo creer que Dios existe o que yo existo para Dios, no es lo mismo. Hay personas que sí que creen en Dios pero en ese primer sentido, que Dios existe, es un creer pero podría haber creído sin que Dios se revelase, no ha superado la filosofía humana. Creer en el sentido sobrenatural de la palabra es que yo existo para Él, que soy un hijo deseado suyo. Esto es lo que significa creer. Decía Juan Pablo II en la Redemptoris Mater, “Creer quiere decir abandonarse en la verdad misma de la Palabra de Dios viviendo, sabiendo y reconociendo humildemente cuan insondables son sus designios e inescrutables sus caminos”.

Es decir, abandonarse en la verdad misma de la Palabra de Dios viviente, esa es la definición que hace Juan Pablo II en Redemptoris Mater, esa expresión de que creer es abandonarse en Dios es bastante ilustrativa y podría ser el punto de partida para responder a esta pregunta ¿Qué significa creer? Apoyarse, abandonarse en las manos de Dios.

Aquí viene otra definición de fe, es decir, es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él. Para entender lo que es la fe hay que partir del deseo de Dios de entregarse al hombre. Dios no sólo nos ha creado, sino que nos ha buscado, la iniciativa es suya, somos porque Él nos ha querido, por un acto de amor, somos hijos deseados suyos. Luego la fe es la respuesta, si Dios se ha revelado, si Dios nos ha querido, la fe es responder a eso, es acogerlo. Él toca a la puerta y tú le abres, le acoges y él hace morada contigo. Es imposible entender la fe sin partir de esa iniciativa de Dios.

En nuestra cultura tan antropocéntrica entendemos que las cosas tienen su origen en nosotros, pero eso es un error muy cercenado de la realidad. Dios en su sobreabundancia de amor ha decidido llamarnos a la vida y cuando alguien llama hay que responder. ¿No oyes que te llaman? Esa es la definición que aquí hace el Catecismo de la fe. Como Dios se revela le da al hombre una luz sobreabundante para que comprenda el sentido de su vida. Dios no únicamente nos dice “Yo soy Padre, Hijo, Espíritu Santo…” no es una información fría, un saber abstracto, sino que el descubrirse de Dios coincide milimétricamente con que el hombre al conocer a Dios se comprende a sí mismo y entonces dice “Este Dios que se está descubriendo me está permitiendo que yo me entienda a mí mismo, que yo entienda el sentido de la vida”.

Si Dios es tu creador quien te va a dar el sentido de la vida sino Él mismo. Estaba con unos padres que han tenido su primer hijo y decían los padres “¡Como viene al mundo y no viene con el libro de instrucciones no sabemos qué le pasa”! Nosotros no tenemos la capacidad de entenderle, pues sirviéndonos de este ejemplo, Dios es nuestro Creador y Él nos puede decir lo que nos ocurre, el Creador le puede hacer entender a la criatura qué está pasando entre comillas “Es el libro de instrucciones” que estaba pidiendo el padre que no entendía cómo tenía que interpretar el sufrimiento de su hijo. Dios si nos conoce, si nos interpreta plenamente, de manera que en la Revelación no sólo le conocemos a Él, sino que en Él nos conocemos a nosotros y conocemos al prójimo, porque de lo contrario parecería que en la Revelación Dios viene a decirnos cuestiones místicas en el sentido peyorativo de la palabra, algo ajeno a mi vida, que no me dice nada, como que son cosas que no tiene nada que ver con mi día a día, con lo que me hace sufrir aquí, que a veces se ha acusado a la religión de esta cosa, de evadirte de la vida de llevarte a una serie de abstracciones y esto no es así, quien piense eso no ha entendido la revelación.

La revelación no viene a sacarte de esta vida sino a darte sentido en ella. Bien distinto de esa concepción oriental en la que parece que la espiritualidad consiste en sacarte o abstraerte de esta vida, en el fondo en eso consiste fundamentalmente el Nirvana, alcanzar un estado en el que yo me abstraiga de esta vida, sin embargo, la revelación cristiana no me lleva a abstraerme sino a darme luz para vivir la experiencia de Dios en esta vida, hasta en la materialidad de la vida encuentro la presencia de Dios. Esto lo explica en tres capítulos, en el primero va a hablar de la búsqueda del hombre, en el segundo Dios se revela y en el tercero la fe como respuesta del hombre.