La misa del Domingo

Domingo X tiempo ordinario / Ciclo B
10 de Junio de 2018
LA PALABRA DE DIOS

  • Gén 39-15: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
  • Sal 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
  • 2 Cor 4, 13 – 5, 1: Por eso, no nos acobardamos, sino que, aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día.
  • Mc 3, 20-35: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

ECOS DE LA PALABRA

  • ¿Qué valor das a tu fe? ¿Te sirve para vivir y ser más libre?
  • ¿Cuáles son las esclavitudes que me atan? ¿Asumo responsablemente las consecuencias de mis actos?
  • ¿Pongo mi libertad al servicio de la fraternidad, de la libertad de los demás?

PROPUESTA DE HOMILÍA
El Dios de la Libertad, no da miedo.

Eran otros tiempos cuando la religión imponía respeto y daba miedo. El mundo de lo sagrado siempre ha sido un territorio incierto para la experiencia humana. La religión muchas veces ha dado miedo. Para paliarlo, los sacerdotes y los rituales sagrados de las diversas religiones venían a dar al hombre seguridad y confianza.

Hoy lo sagrado ya no da miedo. Unos porque, gracias a Dios, hemos sido educados con una imagen de Dios bondadosa y de misericordia. Otros, porque no son creyentes y Dios no les asusta. Es verdad, que muchas personas han abandonado la fe porque hemos puesto muchas normas y sanciones: la Iglesia muchas veces ha funcionado como una oficina de advertencias, culpabilizando por casi todo. Menos mal que los tiempos nuevos – y el Papa Francisco nos está ayudando a ello- nos llevan a hablar de misericordia, de apertura, y diálogo con el mundo y sus gentes. La Iglesia quiere ser “medicina” para las enfermedades de la gente, desde lo que tiene como tesoro: la fe y la fuerza del Espíritu de Jesús. Porque el mundo y sus gentes necesitan buenas noticias, nuestra fe nos debe hacer compañeros de camino generosos y buenos.

El dinamismo que nos hace libres

¿Dónde estás Adán?, pregunta Dios en el jardín del Edén. Y Adán le responde: “Oí tu ruido en el jardín y me dio miedo”. Adán siente miedo porque está desnudo. Muchas personas hoy sentimos la desnudez de una vida complicada, de unas decisiones equivocadas, de una vida familiar rota, de una vida llena de muchas cosas pero de poca vida. El relato del génesis nos recuerda que la mejor dicha consiste en vivir abiertos a Dios: cuando lo hacemos nace la luz en nuestra conciencia y el mundo cobra sentido verdadero. Cuando, buscamos hacer un mundo a nuestra imagen y semejanza, no solo perdemos a Dios; perdemos a los hermanos y nos perdemos a nosotros mismos. Nuestra fe en Dios nos debe ayudar a vivir con autenticidad por dentro. Solo así uno puede vivir satisfecho, sin miedo y libre. Si no, fijémonos en Jesús.

Las autoridades le acusan de actuar con el poder del demonio. Los milagros que hacía eran cosas raras, que tenían que ver, al parecer, con los poderes ocultos. Jesús, les increpa por su mala conciencia. No son capaces de ver que las obras buenas son fruto del espíritu de la bondad; es decir, de Dios. Ningún Reino se destruye a sí mismo: el reino de Belzebú se resquebraja con cada buena obra de Jesús porque el mal pierde poder. La fuerza de Jesús está en su total libertad y apertura para vivir y actuar en nombre de Dios.

Me pregunto si la actual situación en donde cada vez más abunda la mentira, la sospecha, el hacer las cosas en beneficio propio, el fraude y la corrupción, puede deberse al olvido de Dios. Y creo que en parte sí. Nos pasa como a Adán: queremos comer del árbol del jardín a toda costa, para tener sabiduría, dominio sobre los demás y por querer, desearíamos vivir eternamente. Cada vez que comemos de árbol del jardín nos sentimos desnudos. No es que Dios nos castigue; nosotros mismos nos desnudamos de nuestra dignidad. Por eso necesitamos un rearme moral frente a todo esto que vivimos. Un rearme moral que nos lleve a valorar el bien común, la cohesión social, la honestidad. Podríamos decir que frente al poder de ese Belzebú que anda cerca de nosotros, tratando de confundirnos, necesitamos la cercanía de Dios, para hacer su voluntad y de esa manera convertirnos en esa familia que viven la Palabra de Dios y la ponen en práctica cada día.

Pidámosle a Dios honestidad y rectitud de conciencia, y que el Espíritu Santo nos dé la verdadera libertad de los hijos de Dios.

José Luis Villota, sdb