Los parientes de Jesús

1. A propósito de quién es Jesús, se plantea en este evangelio el contraste entre dos tipos de familia: la vieja o natural, como punto de partida, y la nueva o cristiana, como meta de llegada. Por una parte, Jesús aparece con unos familiares que no le comprenden; la pertenencia a Dios no es un privilegio familiar, sino consecuencia de una actitud de fe; por otra, Jesús tiene unos hermanos a los que reconoce. El evangelista Marcos se pregunta por la personalidad de Jesús, pues la misión del maestro escapa al sentido común familiar y desborda las habituales categorías sociales al respecto. No se le puede juzgar según la carne ni según la ley. Existe el peligro de confundir el Espíritu de Jesús con otros poderes.

2. La familia vieja no es invalidada en este evangelio, pero sí se la considera insuficiente, ya que se basa en el parentesco de la sangre. Es célula básica de la sociedad patriarcal, en la que el padre, sujeto único de la autoridad, cuenta con el sometimiento obediente de la mujer y los hijos, el patrimonio se transmite por herencia, y todo es de todos, dentro de un sistema de propiedad muy restringido. Con frecuencia, se confunde la costumbre con el valor, y la norma con la virtud.

3. La familia nueva se basa en los lazos de fe (no es racista), está abierta a la humanidad (no es coto cerrado) y cumple con la voluntad de Dios (no es egoístamente interesada). En definitiva, la nueva familia es la comunidad cristiana, en la que el Padre es el Padre de Jesús, Cristo es el hermano mayor, y hermanos son los que construyen el reino, ámbito de la nueva casa. No todos los que están dentro de la «vieja casa» de Jesús son suyos; son discípulos de Jesús los de la «nueva casa», los que forman la comunidad cristiana. Ante el valor del reino, la familia es relativizada.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Es nuestra familia natural verdaderamente cristiana?

¿Reúne condiciones familiares positivas la comunidad cristiana a la que pertenecemos?

Casiano Floristán