Inmaculado Corazón de la Virgen María

Hoy es 9 de junio, fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María.

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 12, 38-44)

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.

Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

En el evangelio de hoy, Jesús me advierte de querer aparentar pasando por encima de los otros. Y enseguida se me ocurren muchos ejemplos de gente que no hace las cosas bien. Pero la invitación de hoy va a mirar a  mi entorno y revisar si en algún momento paso por encima de los sentimientos o necesidades de otros para conseguir mis objetivos, por muy loables que sean.

Jesús da mucha importancia al trasfondo de las cosas. No se queda en la superficie de los reales de la viuda. Sabe mirar más allá. Sabe leer su corazón igual que sabe leer el mío. No me pide la perfección. Me pide alimentar la bondad desde las entrañas. Yo hago muchas cosas al cabo del día pero, qué es lo que me mueve a hacerlas. ¿Qué es lo que vería Jesús si mirase en mi corazón?

Pues esta es la lección. Hacer las cosas desde la profundidad, el corazón, la bondad, como quiera llamarlo. O desde el cumplimiento. Pido a Dios que me ayude a elegir bien.

Al volver a leer el texto, puedo fijarme en el equilibrio entre crítica y saber buscar la bondad. No es criticar por criticar, sino con un fundamento profundo. No es buscar el cotilleo, sino la bondad y el buen hacer de otros como estímulo para que cada uno hagamos lo mismo. Puedo notar el buen equilibrio que Jesús muestra entre denunciar, cuando es necesario y valorar los detalles que verdaderamente tienen valor.

Atravesar las apariencias

Podemos estrechar miles de manos,
y quedar solos,
llenos de sensaciones en el borde de la piel.

Una sola mano,
y sentir en ella
el calor del absoluto.

Podemos recorrer muchos caminos,
y quedar sin futuro llenos de metros
en la planta de los pies.

Podemos dar
un solo paso,
y anticipar en él
el gozo de la meta.

Podemos mirar
muchos paisajes,
y quedar vacíos
llenos de imágenes
en la superficie del color.

Podemos contemplar un solo horizonte,
y ver asomarse en él la plenitud del infinito

 

Benjamín González Buelta, sj

Va terminando este tiempo contigo, Señor y te pido que me ayudes a elegir bien. Cada día, en decisiones importantes y también en las cotidianas. Dame la inquietud suficiente para buscar en mi corazón cómo hacer las cosas mejor, pero mejor para todos, no sólo para mí. Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de este día repitiendo en tu interior, una y otra vez, este anhelo: Qué elija desde el corazón, pensando en los otros; …Que elija desde el corazón, pensando en los otros.

San Efrén

SAN EFRÉN SIRO
Diácono y doctor

(†  ca. 373)

La Iglesia estaba todavía en los inicios de su cuarto siglo de vida y las persecuciones no faltaban, cuando en el pueblo de Nisiben, en la Mesopotamia, nacía Efrén, hijo de José, varón piadoso y justo, habiendo conseguido la nobleza más apreciada y alabada entre los cristianos: la de pertenecer a una familia rica en el número de sus miembros martirizados por la fe de Cristo. Erase el año 300 (otros suponen el año 306). Su nombre significa, como el del hijo de Jacob en el libro del Génesis (41,5), Dios me hizo fecundo. Es un nombre, por tanto, auténticamente religioso y bíblico, y por ello nos creemos con derecho a escoger aquellas biografías que hacen de San Efrén hijo de cristianos y no de paganos. Es que muchos escritores tejieron variadísimos y a veces legendarios cuentos sobre su vida, de manera que nos resulta difícil distinguir lo legendario de lo histórico. Es sabido, sin embargo, que los nombres bíblicos no eran adoptados sino por los cristianos en la Mesopotamia, y no por los paganos o por sus hijos convertidos al cristianismo a pesar de sus padres. Es cierto, además, que a Efrén le gustaba realizar en su vida y en sus pensamientos los datos y detalles que leía en la Sagrada Escritura, aplicándose a sí mismo lo que hallaba escrito sobre Efraím, el hijo de Jacob.

 En esta perspectiva recogeremos los datos que más se compaginan con la verdad del origen cristiano de San Efrén. En el «testamento» que se le atribuye nos revela el Santo el sueño que le ocurrió en su niñez, diciendo: «Vi aparecer sobre mi lengua una vid que creció tanto hasta que sus ramas cubrieron casi el mundo entero; de sus numerosísimos racimos picoteaban los pájaros del cielo y nunca la uva venía a menos, sino aumentaba a cada picoteo”. Este sueño se realizó proféticamente por la innumerable cantidad de creaciones poéticas cristianas que dejó San Efrén a la posteridad, pues sus obras no tardaron en ser traducidas al griego, armenio, latino, eslavo, etiópico y hasta en varios idiomas modernos, aventajando a cualquier otra época y región cristiana del mundo por el caudal de testimonios a favor de la fe católica encerrados en sus versos y sus ritmos.

 Cuenta la tradición que, después de los años de adolescencia, Efrén fue a ver al obispo de Nisiben. San Jacobo, viviendo con él y sirviéndole hasta que llegó la reunión del concilio ecuménico de Nicea en 325 y entonces acompañó a su obispo como diácono y secretario al concilio. De allí volvió con su obispo para realizar públicamente la decisión tomada en el concilio de que cada obispo fundase en su ciudad una escuela episcopal. San Efrén siguió enseñando en esta escuela con todo el empeño de su alma ardiente e iluminada por el Espíritu de sabiduría y caridad hasta la muerte de su obispo en 338. En esto los persas limítrofes empezaban a atacar a los habitantes de Nisiben por despecho a los romano-bizantinos que imperaban en Mesopotamia.

 De esta época son conocidas las Carmina Nisibena, donde Efrén canta en términos y figuras bíblicas las gestas y las peripecias ocurridas en la ciudad de Nisiben para defender su fe católica y no caer bajo el dominio de los paganos de la Persia. Por una vez Efrén pudo salvar milagrosamente a la ciudad por sus oraciones: el rey persa Sapor la tenía asediada varios meses y había decidido la muerte de todos sus habitantes, si no por el saqueo, por el hambre. El Señor, escuchando las oraciones de su fiel y confiado siervo, mandó una enorme cantidad de insectos y reptiles, que atacaron a los caballos y ahuyentaron a todo el ejército enemigo, dejando en paz a la ciudad, que se había reunido cerca de su obispo implorando el perdón y la gracia divina. Años más tarde el rey Sapor volvió al ataque saqueando y destruyendo, hasta que en 350 ocupó la ciudad definitivamente, haciendo que clero y cristianos huyesen lejos, prefiriendo el exilio a la esclavitud pagana. También Efrén se fue con ellos, y la Providencia le condujo hasta Edesa, otra ciudad de la Mesopotamia más hacia el interior (llamada también Orfa y al-Rocha en la hodierna nación del Irak).

 En Edesa la ciencia bíblica de los siros estaba en su apogeo. Su sede episcopal (tercera entre las doce metrópolis del Oriente) dependía del patriarcado de Antioquía. Allí había estudiado el famoso Taciano, escribiendo luego su obra Diatessaron, resumen sintético de los cuatro evangelios, utilizado muchísimo y comentado por los escritores eclesiásticos posteriores. También San Efrén lo comentará, pero este texto efrenítico nos llegará tan sólo en su versión armena.

 Y el discutido Bardesanes, filósofo naturalista de aquella época, se dice que nació en ella (154-222). Hizo escuela, y sus discípulos exageraron tanto sus opiniones científicas, que fueron luego considerados como herejes y combatidos acerbamente como tales por San Efrén. Armonio el Bardesanita había recurrido a las razones astrales para negar la resurrección de los cuerpos, y, empleando una táctica humana de mucho éxito, compuso muchas poesías con ritmo popular, donde inculcaba sus doctrinas erróneas. San Efrén se hizo cargo de la situación y recurrió a la misma arma, combatiendo la secta bardesanita con tanta superioridad en el arte poético y en la ciencia bíblica, que fue posteriormente llamado “cítara del Espíritu Santo» y “magno poeta de los siros». Con cánticos suaves, melodiosos y persuasivos rogaba a sus contemporáneos que dejasen de lado las ciencias de este mundo y meditasen más la Sagrada Biblia y los misterios del cristianismo, considerándolos la fuente de mayor seguridad para una vida intelectual digna de todos los hombres de bien.

 En Edesa, pues, San Efrén buscó primero la soledad de los montes vecinos y la vecindad de santos monjes y eremitas, admirando sobre todo la sabiduría del pueblo, que tanto provecho había sacado de la presencia en aquella ciudad de la famosa escuela episcopal «de los siros de Edesa”. Se cuenta que hasta las mujeres iban repitiendo frases inspiradas en la doctrina bíblica, tanto que una de ellas a quien San Efrén reprochaba sus miradas provocativas le contestó: «Yo tengo que mirarte porque de ti he sido tomada, mas tú tienes que rebajar tu mirada hacia la tierra, de donde has sido tomado».

 Se decidió, por tanto, Efrén a quedarse en Edesa, pero lejos del remolino de la vida social. En las chozas monacales no dejó, sin embargo, de escribir bajo el empuje y la inspiración de su fe y la gracia del Espíritu Santo, exponiendo y comentando los libros sagrados, y empezando por el Génesis, según el texto de la versión sira llamada Peschitta o «versión llana y simple”. Seguía el método exegético de la «Escuela de Antioquía». Pero en sus cánticos acudía a las alegorías y expresiones místicas, que convienen mejor al cantor de los misterios cristianos.

  No tardaron los profesores de la Escuela de Edesa en notar sus dones, y el obispo le ofreció pronto la dirección de la Escuela. Se supone que en este período (350-363) haya sido elevado a la dignidad sacerdotal, según la opinión de los que quieren considerarle como tal. De hecho vemos que toma parte, a pesar de su amor al retiro monástico, en todas las cuestiones pastorales, didácticas y patrióticas de la «cristiana ‘ ciudad de Edesa”.

 Sin embargo, el apostolado didáctico ha sido la mayor labor de San Efrén. En Nisiben, como en Edesa, le encontramos siempre enseñando o dirigiendo en las escuelas episcopales. Sus escritos poéticos, como también los otros en prosa, tienen por blanco principal e inmediato el de exponer los dogmas cristianos, contrarrestar las herejías, desterrar los vicios, mejorar las costumbres, aniquilar las malas influencias de los sectarios y herejes y aumentar la fe en los fieles cristianos. De ahí que actualmente, como hace dieciséis siglos, sus obras sean de grandísima utilidad no sólo para la historia de las herejías y de los dogmas católicos, sino también, y muy en especial, para predicar la doctrina de la Iglesia y sostener la verdad católica. En sus libros, como en su cátedra y desde el púlpito y el altar, San Efrén ha sido siempre «el doctor de la Iglesia» que expone los divinos misterios con la admiración entusiasta del poeta contemplativo y místico, a la vez que con su conducta ascética y austera ejercitaba una influencia preponderante en todo el Oriente siro a través de su fama y sus consideraciones sobre la vida y las virtudes cristianas. Encomendaba para “el combate espiritual” de cada cristiano el ayuno, la oración, lección de los libros sagrados, penitencia y humildad como las mejores armas contra los vicios. Y para la perfección no cesaba de aconsejar la vida de caridad, la virginidad y la filial devoción hacia la “Madre de Dios, purísima y sin mancha alguna”. De ella a la que siempre llama “María Madre de Dios”, afirmaba la perpetua virginidad e inmaculada concepción en varios lugares de sus himnos, particularmente cuando comparaba la santidad de María a la de su Hijo Jesús: «Tú solo, ¡oh Jesús!, y tu Madre sois puros bajo todos los aspectos, y vuestra pureza supera la de cualquier otro, pues en Ti no hay mancha alguna, ni tampoco en tu Madre».

 La otra fuente de santidad para los cristianos es la Iglesia misma a través de la vida sacramentaria, y muy particularmente la comunión inquebrantable con la jerarquía, parte esencial del cuerpo místico, exaltando el sacerdocio y la primacía de Pedro, «fuente del sacerdocio y por donde los sacerdotes reciben sus poderes santificadores»; además, no encontraremos quizá en toda la antigüedad un autor patrístico que haya tan categóricamente declarado la presencia real de Cristo en la Eucaristía y demostrado con tanta fe y amor los efectos de la comunión sacramental: «Tu cuerpo, Señor, se ha mezclado con mi cuerpo, y tu sangre con la mía; por eso las llamas del infierno se alejarán de mí y no me quemarán». «Tu cuerpo, que he comido, y tu sangre, que he bebido, resucitarán mis pobres miembros de las tinieblas de la tumba.»

 En esto, como en otros temas tratados por él, los escritos de Efrén y sus sermones eran «teología viva». Entre las actividades pastorales de San Efrén han de recordarse su celo para la formación de apóstoles, su organización de las funciones litúrgicas, tan útiles en pro de las almas y del culto, y, en fin, su amor a los pobres y enfermos.

 En el himno laudatorio que San Jacobo de Sarug (451-521) consagró a la memoria de San Efrén, le comparaba a Moisés, quien, para provecho de las mujeres y para solemnizar el culto divino, había ordenado a su hermana María que cantara los cánticos suyos junto con las demás (Ex. 15,20-21). Así hizo Efrén: para evangelizar a los fieles y catecúmenos reunía un grupo de “vírgenes» que llamábanse «hijas del pacto”, a quienes enseñaba los resúmenes poéticos de la doctrina evangélica y apostólica; y éstas, colocadas a su alrededor en las funciones litúrgicas, le hacían coro. Para cada fiesta del Señor, de los mártires, de los difuntos, como también para las veladas en honor a la Madre de Dios, las voces armoniosas de las “vírgenes» alegraban la comunidad de los fieles asistentes, repitiendo en varios tonos y melodías los conceptos de la fe cristiana, los preceptos de la moral y las reglas de vida honrada en composiciones de estilo piadoso y popular, que se grababan en la memoria y eran repetidas en los hogares y en los campos de trabajo.

 Y cuál fue la grandeza de su caridad y la actividad de sus esfuerzos cuando, acudiendo en ayuda de sus compaisanos diezmados por el hambre de un año de mala cosecha y sequía, se enfrentó con la avaricia de los ricos y las lágrimas de los enfermos sin techo y de los harapientos labradores. Con palabras de máxima austeridad hallaba como una llave milagrosa para abrir los corazones y las arcas de los que acaparaban el trigo. Con ejemplar abnegación y a pesar del peso de los años que tenía, logro hacer, bajo los pórticos de Edesa, el primer hospital conocido: camas buscadas por doquier a disposición de pobres, enfermos y hambrientos. Siguió pidiendo él mismo la limosna, mendigando y recogiendo alimentos y abrigos para todo un año, hasta que, acabada la sequía y llegado el momento de nueva y abundante cosecha, se retiró otra vez a su vida de soledad y de oración mezclada con el estudio y el servicio de la Iglesia en su culto y funciones litúrgicas.

 Cuando murió dejó dispuesto en su testamento que no le enterrasen en la iglesia debajo del altar (como era costumbre en el Oriente antiguo para con los sacerdotes), sino en el cementerio de los peregrinos y extranjeros, insistiendo tan sólo en que se acordasen de él en los santos sacrificios, «porque los sacerdotes del Hijo de Dios pueden perdonar los pecados de los difuntos por medio de sus sacrificios y sus oraciones». La fecha de su muerte no es muy fija, pero es muy probable que sea la del 18 de junio de 373 (según otros 378), y por eso el papa Benedicto XV, quien le declaró doctor de la Iglesia universal en el año 1920, la designó como día de su fiesta. Sin embargo, los maronitas y otros siros celebran su fiesta el 28 de enero.

 Sus restos, distribuidos después en reliquias, llegaron por mano de los cruzados en el siglo XII hasta Roma y varias ciudades europeas.

 Que la familia universal de los cristianos en el mundo halle en este Santo el mejor acicate y protector para reunirse y seguir unida «en la misma única barquilla de Pedro».

 MIGUEL BREYDY

Laudes – Inmaculado Corazón de María

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant.Venid, adoremos a Cristo, Hijo de María Virgen.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Venid, adoremos a Cristo, Hijo de María Virgen.

Himno: ERES TÚ LA MUJER LLENA DE GLORIA

Eres tú la mujer llena de gloria,
alzada por encima de los astros;
con tu sagrado pecho das la leche
al que en su providencia te ha creado.

Lo que Eva nos perdió tan tristemente,
tú lo devuelves por tu fruto santo;
para que al cielo ingresen los que lloran,
eres tú la ventana del costado.

Tú eres la puerta altísima del Rey
y la entrada fulgente de la luz;
la vida que esta Virgen nos devuelve
aplauda el pueblo que alcanzó salud.

Sea la gloria a ti, Señor Jesús,
que de María Virgen has nacido,
gloria contigo al Padre y al Paráclito,
por sempiternos y gozosos siglos. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Salmo 118, 145-152 TE INVOCO DE TODO CORAZÓN

Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Ant 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cántico: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temibles por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Ant 3. Alabad al Señor, todas las naciones.

Salmo 116 – INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Alabad al Señor, todas las naciones.

LECTURA BREVE   Is 61, 10

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como a una novia que se adorna con sus joyas.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor la eligió y la predestinó.
R.El Señor la eligió y la predestinó.

V.La hizo morar en su templo santo.
R.Y la predestinó.

V.Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.El Señor la eligió y la predestinó.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Mi corazón y mi carne se alegran por el Dios vivo.

PRECES

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle:

Que tu santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sol de justicia, a quien María Virgen precedía cual aurora luciente,
haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.

Palabra eterna del Padre, tú que elegiste a María como arca de tu morada,
líbranos de toda ocasión de pecado.

Salvador del mundo, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz,
por su intercesión concédenos compartir con alegría tus padecimientos.

Señor Jesús, que colgado en la cruz entregaste María a Juan como madre,
haz que nosotros vivamos también como hijos suyos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Según el mandato del Señor, digamos confiadamente:

Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que en el corazón de santa María Virgen preparaste al Espíritu Santo una digna morada, haz que también nosotros, por intercesión de María, seamos transformados en templos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Oficio de lectura – Inmaculado Corazón de María

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. (MEMORIA)

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos a Cristo, Hijo de María Virgen.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: LUCERO DE LA MAÑANA

Lucero de la mañana,
norte que muestra el camino,
cuando turba de continuo
nuestro mar la tramontana.
Quien tanta grandeza explica
sin alas puede volar,
porque no podrá alabar
a la que es más santa y rica.

Sois pastora de tal suerte,
que asegurais los rebaños
de mortandades y daños,
dando al lobo cruda muerte.
Dais vida a quien se os aplica,
y en los cielos y en la tierra
librais las almas de guerra,
como poderosa y rica.

Si vuestro ejemplo tomasen
las pastoras y pastores,
yo fío que de dolores
para siempre se librasen.
Tanto Dios se os comunica,
que sin fin os alabamos,
y más cuando os contemplamos
en el mundo la más rica. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Salmo 130 – COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE DIOS

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Ant 2. Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

Salmo 131 I – PROMESAS A LA CASA DE DAVID.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.

Ant 3. El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

Salmo 131 II.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»

V. Venid a ver las obras del Señor.
R. Las maravillas que hace en la tierra.

PRIMERA LECTURA

De la carta a los Gálatas 5, 25-6, 18

CONSEJOS SOBRE LA CARIDAD

Hermanos: Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu. No busquemos la vanagloria, provocándonos y teniéndonos envidia mutuamente.

Hermanos, cuando alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros, los que vivís conforme al espíritu, corregidlo con mansedumbre, teniendo cuidado de-ti mismo, pues también tú puedes caer en la tentación. Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque, si alguno se imagina ser algo, siendo nada, como es, se engaña. Que cada uno examine su propia conducta; y así encontrará en sí mismo motivos para gloriarse, y no en otros, pues cada uno debe llevar su propia carga.

El que recibe la instrucción de la palabra comparta sus bienes con quien lo instruye.

No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos si no desmayamos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia.

(Mirad con que letras tan grandes os escribo de mi propia mano.)

Los que quieren quedar bien ante los hombres os fuerzan a circuncidaros, sólo para evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pero ni ellos mismos, circuncida dos como son, guardan la ley; quieren que os hagáis circuncidar, sólo para tener luego de qué gloriarse a costa vuestra.

En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Lo que vale no es estar o no estar circuncidado, sino la nueva creátura que surge.

Paz y misericordia para todos los que se ajusten a esta norma, y también para el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro Espíritu. Amén.

RESPONSORIO    Ga 6, 8; Jn 6, 64

R. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; * el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada.
R. El que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo
(Sermón 8, En la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María: Opera 2, Venecia 1751, 38-39)

MARÍA CONSERVABA TODAS ESTAS COSAS EN SU CORAZÓN

María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.

Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.

Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras, hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el que Cristo el Señor entra de buen grado.

RESPONSORIO

R. No hay alabanza digna de ti, virginidad inmaculada y santa. * Porque en tu seno has llevado al que ni el cielo puede contener.
V. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
R. Porque en tu seno has llevado al que ni el cielo puede contener.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor Dios, que en el corazón de santa María Virgen preparaste al Espíritu Santo una digna morada, haz que también nosotros, por intercesión de María, seamos transformados en templos de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.