Domingo X de Tiempo Ordinario

Lo primero, que llama la atención en este relato, es que las relaciones de Jesús con su familia no fueron fáciles. Aquí se nos dice que los familiares de Jesús lo tenían por loco; más adelante, en Mc 6, 1-6, se nos informa de que los parientes más cercanos de Jesús no creían en él. Es más, el evangelio de Lucas (4, 28-29) llega a decir públicamente que, en su pueblo (Nazaret), quisieron matar a Jesús despeñándolo por el tajo de un barranco. ¡Qué difícil y complicado es comprender a Jesús! Es duro aceptar su mensaje y su proyecto de vida.

Pero es frecuente, en la vida, que quienes no comprenden las exigencias del Evangelio, en lugar de comprender y aceptar la propia incomprensión, lo que suelen hacer es insultar a los profetas de Dios y a la «imagen de Dios», que es Jesús. Llegando a decir que incluso Jesús, no trae la salvación ni la solución que necesita este mundo, sino que en realidad lo que trae es el demonio que nos endemonia a todos. Lo que entraña una mentira y una contradicción sin pies ni cabeza.

Y es que, en el mensaje de Jesús, la relación humana y fraterna entre los discípulos —si esa relación es verdaderamente humana y fuerte— tiene un poder que está por encima incluso de las relaciones más fundamentales de familia.

Cuando estamos dispuestos a eso, es decir, cuando ponemos de verdad a Jesús en el centro de nuestras vidas, tiene más poder y es más determinante que el amor a una madre y a unos hermanos. Esto es capital para empezar a entender la vida y la enseñanza de Jesús.

José María Castillo