Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 4, 13-20

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p style=»text-align:justify;»>13Y les dice:“¿No conocéis esta parábola? ¿Y cómo conoceréis todas las parábolas?
 14El sembrador siembra la palabra.
 15Pero estos son los del borde del camino donde es sembrada la palabra: cuando escuchan, de inmediato viene Satanás y les quita la palabra sembrada en ellos.
 16Y estos son los sembrados en terreno pedregoso: los que, cuando escuchan la palabra, de inmediato la reciben con alegría, 17y no tienen raíz en sí mismos, sino que están a lo temporal y al suceder una tribulación o persecución por causa de la palabra de inmediato se escandalizan [caen].
 18Y otros son los sembrados entre espinos: estos son los que escuchan la palabra,19y las preocupaciones del tiempo presente y la seducción del dinero y los deseos de las restantes cosas, entrando en ellos, ahogan la palabray queda sin fruto.
 20Y esos son los sembrados en la tierra buena: los que escuchan la palabray la acogen y dan fruto: uno treinta y otro sesenta y otro ciento”.

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p style=»text-align:justify;»>Después de definir el tema de la parábola del sembrador como «el misterio del reino de Dios» en 4,10- 12, Jesús ofrece ahora una interpretación de la parábola que alegoriza algunos de sus términos principales. Pero esta explicación es obra de la Iglesia primitiva, al menos en su forma presente.


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p style=»text-align:justify;»>La estructura de esta interpretación responde estrechamente a la de la misma parábola: cada parte es alegorizada, sección por sección. La interpretación puede dividirse en tres secciones: introducción (4,13- 14), terrenos improductivos (4,15-19) y el buen terreno (4,20). 


• 4,13-14: El pasaje comienza con dos observaciones: la reprimenda de los discípulos y la interpretación de la semilla. La reprensión a los discípulos por no comprender la parábola del sembrador suena hiriente. Después de todo, la parábola parece oscura, y si veinte siglos de comentadores han vacilado ante ella, ¿cómo se puede esperar que los discípulos la capten inmediatamente? De todas maneras, probablemente esa reprimenda no debe tomarse de un modo literal. Igual que el imperativo «escuchad» (de 4,3), con el que forma un paralelo, tiene una finalidad pedagógica, es decir, la de pedir a los oyentes de Jesús, y por implicación a los oyentes de Marcos, que presten mucha atención. De todas formas, aquí hay también un tono de fondo de advertencia: aunque los discípulos se encuentren dentro del círculo de Jesús (4,11a), corren el riesgo de caer en la misma ceguera que afecta a «los de fuera» (cf. 4,11b-12; 7,18; 8,14-21).

La reprimenda a los discípulos anticipa el tema principal de la explicación alegórica, es decir, el tema de los obstáculos para la percepción de «la palabra». Resulta sorprendente el hecho de que la explicación interpreta todos los elementos principales de la parábola -los tipos de suelos, los factores que impiden el crecimiento de la semilla, y el resultado de la semilla-, pero deja sin interpretar el sentido del sembrador. ¿Por qué no se especifica su identidad? Esta ausencia ha de entenderse como una «laguna» intencional dentro de la narración, es decir, un tema que se deja oscuro, para obligar al lector a fijarse y pensar, dirigiéndose así hacia el motivo central de la parábola.

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En un nivel, según Marcos, el sembrador-proclamador es el mismo Dios, como en muchos textos del Antiguo Testamento que hablan de la poderosa palabra divina. En un segundo nivel, el sembrador es Jesús, como en los pasajes de Marcos en los que Jesús enseña, dice o proclama la palabra (2,2; 4,33; 8,32; 9,10; 10,22.24; 11,29; 13,31; 14,34). En un tercer nivel, el sembrador se identifica con los predicadores de la comunidad de Marcos, aquellos cuya proclamación del evangelio (cf. 8,35; 10,29; 13,10; 14,9) es una continuación del propio anuncio de Jesús. 


La vinculación de estos tres aspectos de la palabra proclamada resulta clara en 13,11: allí donde los cristianos de Marcos son llamados a dar testimonio de su fe se les dice: «no seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu Santo», el Espíritu que es el aliento de Dios, pero que según 1,8 es también el don bautismal de Jesús. Así, 4,14 no describe simplemente algo que pasó una vez, en otro tiempo, en la época pasada del Jesús histórico, sino algo que continúa realizándose en el presente de Marcos, allí donde su comunidad sigue llevando adelante la proclamación de la palabra de Jesús.

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p style=»text-align:justify;»>• 4,14-19: Pero si la palabra es tan poderosa que puede trascender la muerte, si porta en sí el poder de Dios y de Jesús, ¿cómo es posible que tope a menudo con oídos sordos? Este es el problema del que se ocupa la mayor parte de la explicación en 4,14-19. Cada uno de los tres terrenos o suelos improductivos se describe con el mismo esquema: la misma regularidad de este esquema sugiere que el fracaso de la palabra para dar fruto constituye el cumplimiento de un plan divino; y esta sugerencia queda reforzada por la lógica implícita de la parábola: los suelos son como son (son lo que son) porque Dios los ha hecho de esa forma. Los hombres y mujeres son capaces o incapaces de escuchar dependiendo de la forma en que Dios los ha formado (cf. 4,33: «conforme a su capacidad de entender»). Según eso, en contra del modo en que la parábola se interpreta con frecuencia, su mensaje no es «convertíos en tierra buena», pues el buen suelo es buen suelo y el mal suelo es mal suelo. El suelo no puede cambiar de naturaleza. Deliberadamente esa imagen ha sido escogida por su carácter pasivo. 


Ciertamente, y a pesar de lo anterior (los suelos son lo que son), los seres humanos pueden actuar. Así, en particular las descripciones del segundo y del cuarto suelo (4,16-17.20) ponen especialmente de relieve la importancia de la acción humana de recibir la semilla y mantenerla. Pero estas descripciones de carácter más antropológico alternan con las del primer y el tercer suelo (4,15.18-19), que son más abiertamente demonológicas. El Diablo aparece explícitamente mencionado en 4,15. Así que aquí no queda espacio para la acción de la voluntad humana: Satán viene inmediatamente, e irrumpe sobre el suelo y arranca la semilla antes de que tenga posibilidad de germinar. De modo semejante, en 4,18-19 las «preocupaciones del mundo», es decir, los problemas que brotan de este mundo perecedero, que ata a las personas, no permiten que estas puedan escoger, sino que las mismas preocupaciones entran en las personas como demonios y les quitan la posibilidad de decidirse a favor de Dios. Como sucede con frecuencia en los escritos apocalípticos, la frontera entre el ejercicio de la voluntad humana y el influjo de poderes sobrenaturales resulta muy tenue. Estas descripciones de semillas que se pierden sería de gran interés para la comunidad de Marcos, dado que probablemente algunos de sus primeros miembros habían apostatado. Los rasgos del segundo suelo y del tercero (el de rocas y el de espinas) tienen quizás una resonancia especial, como sugiere su misma longitud. Es probable que algunos miembros de la comunidad de Marcos no hayan estado bien arraigados en la fe para mantenerse firmes cuando ha surgido la persecución del mundo, de manera que no han sido capaces de resistir hasta el fin, para ser así salvados (13,13); quizá otros hayan sido seducidos por la riqueza y por otras preocupaciones mundanas. Se han vuelto proskairos, inestables, cuando los tiempos se tornaron duros (4,17).

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p style=»text-align:justify;»>Enfrentado con estas defecciones como fondo, nuestro pasaje pide a los oyentes de Marcos que se mantengan firmes escuchando la palabra de Dios, que no desistan, para mostrar así que son ciertamente suelo bueno. De modo implícito, este pasaje también les consuela, pues aunque muchos están rechazando el mensaje de Jesús, ese gesto no significa, como algunos estarían tentados de pensar, que la palabra que han escuchado y proclamado no es palabra de Dios. Al contrario, precisamente porque es palabra de Dios, la reacción resulta a veces tan brutal y repentina que Satán se abalanza como un pájaro de presa para arrancarla de los corazones de la gente. Porque la palabra no es solo un mensaje sobre la nueva era, sino también el instrumento de Dios para liberar a la humanidad e introducir así la nueva edad; y por eso los poderes de la vieja edad, que tienen a la humanidad cautiva, están tan empeñados en estrangular la palabra. 


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p style=»text-align:justify;»>• 4,20: Esa resistencia manifiesta que la palabra es poderosa y que está cumpliendo su efecto, pues está derrotando a las fuerzas demoníacas que anteriormente tenían poder sobre la tierra. Pero esta resistencia es todavía una noticia mejor para la comunidad de Marcos, pues indica que, a pesar de la 
oposición que recibe, la palabra está encontrando de hecho una entrada en los corazones humanos, de manera que algunos oyentes están preparados y son capaces de escucharla y recibirla, permitiendo que fructifique en sus vidas, dejando en un segundo plano todas las restantes cosas. El reino de Dios ha entrado en escena, ha venido a través del ministerio de Jesús. La nueva edad ha irrumpido, pero misteriosamente, sin erradicar ni destruir todas las huellas de la edad antigua. Algunos pueden discernir la llegada de Dios en la vida, muerte y resurrección de Jesús, pero muchos son incapaces de ello. Pues bien, incluso esta ceguera de muchos «de fuera» constituye un reflejo de la voluntad de Dios.

Pero la voluntad de Dios no consiste en que este Reino permanezca escondido para siempre, y así lo pondrá de relieve la segunda parte del capítulo de las parábolas. Marcos cree que sucede precisamente lo contrario: muy pronto la oscuridad dejará paso a la luz, e incluso la misma oscuridad actual se encuentra al servicio de la luz. Este mensaje paradójico constituye el tema principal del siguiente pasaje.