El crecimiento del Reino

1. Las dos parábolas de este evangelio coinciden en la importancia de la semilla, sumamente activa, pero muy pequeña en comparación con la abundancia de la cosecha final. El reino de Dios crece lentamente, «sin saber cómo».

2. Los comienzos del reino son lentos y humildes, en medio del silencio de Dios. No aquí hay signos extraordinarios o milagrosos, sino espera paciente, ya que, gracias al Espíritu, la semilla tiene virtud interior y fuerza de germinación. Los medios con los que siembra Jesús son humildes; así deben ser los nuestros. Por pretender el triunfo fácil y rápido, sin aceptar el lento y necesario proceso, asistimos muchas veces a fracasos estrepitosos.

3. El final de la cosecha es abundante. De tiempo en tiempo, en época de siega, hay una febril actividad: lo sembrado produce sus frutos; la abundancia está asegurada.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Tenemos paciencia y esperanza o, por el contrario, nos apresuramos a emitir juicios negativos?

Casiano Floristán