Sábado X de Tiempo Ordinario

Hoy es 16 de junio, sábado de la X semana de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 5, 33-37):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor.» Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir «sí» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

A lo largo de esta semana, estamos leyendo la Carta Magna del Evangelio, el discurso de Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas. Para Mateo Cristo es el nuevo Moisés que comunica la Nueva Ley. En este discurso aparecen seis antítesis entre el Antiguo Testamento y  los nuevos criterios de vida que Jesús enseña.

Hoy Mateo nos presenta la cuarta antítesis, que tiene que ver con el segundo y octavo mandamiento. Aquí Jesús nos señala el amor a la verdad como algo que debe reflejarse en el cristiano. Además, Cristo condena el juramento porque de algún modo está ligado a la mentira, el que jura necesita demostrar que no miente.

Así que si al cristiano no se le permite mentir, ¿qué sentido tiene jurar? Nuestras palabras deben ser veraces y debemos ser coherentes con lo que decimos y nuestro modo de vivir en la verdad. El sí de nuestra boca tiene que corresponder con el sí de nuestro corazón. El Maligno es el padre de la mentira. Por eso, la mentira no debe entrar en el corazón humano ni regir las relaciones de unos con otros. El que es capaz de mentir es capaz de cualquier cosa. Dice la Escritura: “La boca que miente mata el alma”

En un mundo donde muchas veces se vive de apariencias, en la mentira e incluso y en la posverdad, palabra que explica una cultura en el que las mentiras pueden sobrevivir si nos benefician, el Señor nos invita a vivir en la verdad, a conformar nuestro pensamiento, nuestras palabras y obras a la Verdad, ésta nos hará libres.

Liturgia 16 de junio

SÁBADO DE LA X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa de sábado (verde)

Misal: Cualquier formulario permitido, Prefacio común.

Leccionario: Vol. III

  • 1Re 19, 19-21. Eliseo se levantó y siguió a Elías.
  • Sal 15.Tú eres, Señor, el lote de mi heredad.
  • Mt 5, 33-37.Yo os digo que no juréis en absoluto.

Antífona de entrada          Sal 26, 1-2
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Ellos, mis enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Oración colecta
OH, Dios, fuente de todo bien,
escucha a los que te invocamos,
para que, inspirados por ti,
consideremos lo que es justo
y lo cumplamos según tu voluntad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
MIRA complacido, Señor,
nuestro humilde servicio,
para que esta ofrenda sea grata a tus ojos
y nos haga crecer en el amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 17, 3
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

O bien:          1 Jn 4, 16
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Oración después de la comunión
QUE tu acción medicinal, Señor,
nos libere, misericordiosamente, de nuestra maldad
y nos conduzca hacia lo que es justo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santa Lutgarda

SANTA LUTGARDA 
Virgen cisterciense


Tongres (Bélgica), 1183/1184

+ Aywiéres, 16-junio-1246

Nació Lutgarda en Tongres (Bélgica), en 1183 o el año siguiente, de una familia de la clase media, a cuyo padre no le interesaba nada la piedad, pues su afán primordial era formar a su hija para que brillara en el mundo. Con el fin de unirla en matrimonio con algún caballero distinguido, pensó prepararle una buena dote, y para ello entregó a un mercader inglés cierta cantidad de dinero para que comerciara con él y fuera aumentando cada año los fondos. Pero sucedió que los negocios le fueron adversos y en vez de aumentar el capital, casi lo pierde todo, ocasionándole no poco disgusto al ver desvanecidas las esperanzas sobre el futuro de su hija. Ella, por su parte, procuraba ataviarse lo mejor posible, cuanto le sugería su vanidad, sin faltar a la honestidad.

La madre, en cambio, pensaba muy distinto sobre el porvenir de Lutgarda. Toda su ilusión era que se mantuviera en gracia permaneciendo fiel a Cristo. Como veía que varios jóvenes la asediaban cuando todavía era una niña, tratando de entablar amistad con ella, y dándose cuenta de que les hacía bastante caso, trató de que ingresara en una especie de internado que tenían las benedictinas de Santa Catalina en Saint Troud, donde creyó que estaría resguardada de los peligros de encariñarse con un noviazgo prematuro. Aceptó a regañadientes, más por dar gusto a su madre que por inclinación natural a vivir encerrada.

Como no estaba sujeta al rigor de la clausura, aprovechaba todas las oportunidades para seguir alternando con jóvenes de otro sexo. Hubo alguno tan atrevido que llegó a propasarse más de la cuenta, si el mismo Cristo no velara por su sierva, en la esperanza de hacer de ella una esposa íntima.

 

LA CONVERSIÓN: MONJA BENEDICTINA

La vida de Lutgarda hasta los dieciocho años no tiene nada de ejemplar. Aparecen en ella los síntomas de una chica de mundo que no tiene afecto al pecado, pero la piedad brillaba por su ausencia. Al llegar la hora de salir del internado fue cuando nuestra joven comenzó a reflexionar seriamente que el camino seguido hasta entonces tratando con jóvenes no llenaba su alma, antes notaba cada vez mayor vacío de felicidad. Entonces se resolvió volver de nuevo a las benedictinas, pero no en plan de internado, como antes, porque había pasado la edad, sino para aspirar a ser verdadera religiosa, solicitando el ingreso.

La madre se alegró al ver que se iban a cumplir sus buenos deseos de tener una hija consagrada a Dios. Las religiosas le abrieron la puerta, pero recordando la frivolidad que la caracterizaba en sus años de internado, se hicieron pocas ilusiones de hallar en ella un elemento benéfico para la comunidad, antes dudaban de su perseverancia.

Sin embargo, la conducta de Lutgarda fue desde el primer día de conversión sincera, llamando la atención de las religiosas el comportamiento ejemplar de aquella antigua educanda de cabeza poco asentada. «Pero su fervor de novicia fue tan extraordinario, que suscitó la envidia de sus compañeras que lo calificaron de fuego de paja, de grande intensidad al declararse, pero de efímera duración».

Poco a poco fue cambiando el ambiente de la comunidad respecto de aquella novicia, sobre todo desde el momento que advirtieron en ella fenómenos que salían fuera de lo corriente. Entre las varias cosas que refieren los biógrafos, cuentan que se hallaba orando fervorosamente y todas pudieron cerciorarse de que una luz radiante se posaba sobre su cabeza. La única que no se enteró del fenómeno fue ella misma, que no tenía otra ambición que servir cada día con mayor fidelidad a Cristo.

Al transcurrir el tiempo determinado por los cánones, se hicieron los preparativos para la profesión religiosa. De entre los sacerdotes presentes al acto, se hallaba uno que al llegar aquellas palabras del ceremonial: Ven esposa de Cristo, recibe la corona que el Señor te tiene preparada desde toda la eternidad, notó con singular estupor que las demás compañeras recibían, según costumbre, una corona de lino, menos Lutgarda, que la recibió de oro purísimo, muy hermosa y mayor que las otras. Admirado de esta novedad, preguntó al sacerdote que tenía al lado qué significaba aquello, juzgando que todos habían notado la diferencia. El interpelado, que no había notado nada anormal, se burló de él considerando que soñaba despierto. No replicó palabra, pero dio gracias a Dios de haber saboreado aquel portento delicioso, indicio manifiesto de algo grande que había de realizarse en aquella alma de selección.

La vida de Lutgarda resplandecía cada día con mayores fulgores, despertando en las religiosas vivos deseos de tenerla por prelada, y a pesar de que todavía no había cumplido los veinticuatro años, la eligieron unánimes a la primera vacante que se produjo en la comunidad. No le agradó nada aquella decisión, a la que sólo accedió después de haberle insistido los superiores que aceptara los planes de Dios. Su gobierno estuvo marcado por el signo de la suavidad, mezclado con una condescendencia maternal que arrastraba a las almas hacia el bien. Sólo para sí se mostró austera y exigente, y tal modo de actuar fue la mejor predicación y el medio más eficaz para obtener efectos saludables en sus hijas.

Varios años rigió la comunidad de Santa Catalina con el mayor acierto, pero su alma no hallaba paz, seguía mordiéndole una repugnacia total al cargo, que no había cesado un momento desde la elección. Se consideraba indigna de regir almas, añorando mejor la vida oculta sometida a obediencia. Como esto era difícil conseguirlo, trató de dar un paso serio. Antes expuso las ansiedades de su alma a un santo sacerdote, el cual, habiendo sopesado minuciosamente las razones expuestas, aprobó sus propósitos de un cambio de orden.

 

PASA AL CÍSTER

Renunció al cargo de abadesa y se encaminó a Aywiéres, monasterio del Císter que atrajo sus predilecciones por su mayor austeridad de vida, donde esperaba disfrutar de paz en la vida escondida entre el común de sus hermanas. Éstas la recibieron como ángel bajado del cielo por la aureola de virtuosa de que gozaba en todas partes. Pasó algún tiempo entregada a una vida de sacrificio, confundida con las demás en los puestos más humildes que suelen ser los que ocupan las aspirantes. Pero llegó un momento en que las religiosas pensaron en serio que aquella luz no era posible que estuviera escondida, sino que necesitaba colocarse en algún puesto alto para que pudiera alumbrar a las almas. Por eso pensaron que su puesto era colocarla al frente de la comunidad, o bien gobernando alguna de las fundaciones que se proyectaban.

Cuando llegaron a oídos de Lutgarda tales propósitos, se afligió en extremo. Le pidió a la Virgen Madre que le quitara toda facilidad para aprender el idioma francés -que era el que se hablaba en el monasterio-, gracia que obtuvo al instante, ya que es opinión de que, en los cuarenta años que transcurrió en la orden, jamás logró dominar la lengua, teniendo que usar intérprete para entenderse con sus hermanas. El prodigio no deja de llamar la atención, pues es su voz corriente que gozó del don de lenguas, fuera del caso presente que sucedió lo contrario.

Una vez alejado el peligro de tener que presidir a sus hermanas, no pensó más que darse sin descanso a una vida de oración y a la práctica de una piedad sólida que trascendía sobre las demás religiosas más adelantadas en virtud. Eran los días en que la herejía albigense estaba ocasionando grandes estragos en la Iglesia de Francia, y como una de las virtudes favoritas de la santa era trabajar y sacrificarse por la gloria de Dios, sin cesar elevaba sus brazos a lo alto implorando remedio eficaz para tantos males.

Sus plegarias fueron escuchadas. Cierta noche, en el fervor de su oración, se le apareció la Virgen con rostro un tanto melancólico, cosa ajena del semblante mariano lleno de dulzura. Extrañada la santa logró indagar la causa, oyendo de labios de la Virgen que se debía al proceder indigno de los albigenses, que intentaban crucificar de nuevo a Cristo. Para contrarrestar los estragos de la herejía, le rogaba que practicase un ayuno riguroso con objeto de volver a las almas al buen camino y dejaran de ofender a su divino Hijo.

«No fue necesario más -escribe un biógrafo- para que nuestra santa soltase las riendas a su llanto, y observase con el más exacto rigor el precepto de la Virgen. No ha habido hija en este mundo que así haya sentido la aflicción de su madre, ni esposa que tanto haya llorado la falta de su esposo, como sintió Lutgarda las afrentas de Cristo su Esposo, y la aflicción y tristeza de su Santísima Madre. Por espacio de siete años se mantuvo con sólo pan y cerveza, sin que hubiesen podido obligarla a que tomase otro alimento; y si alguna vez, en fuerza de la obediencia, se veía precisada a condescender con el gusto y mandato de sus superiores, no le era posible masticarlo y pasarlo por fauces.»

No es menor prodigio que en todos esos siete años, a pesar de un ayuno tan riguroso, no decayó en las fuerzas, antes desarrollaba todos sus trabajos como la religiosa más robusta. Dios la recompensó con la conversión de no pocos pecadores.

 

ENSEÑANZAS

Lutgarda no nació santa, sino inclinada al mal, pero halló una gracia especial del Señor, correspondió a ella, comenzó a trabajar con denodado empeño y logró escalar las más altas cimas de la perfección. A partir de su conversión a Dios, todo cambió, por lo menos en la voluntad y en el deseo de superarse, porque la naturaleza humana no dejó de mostrar deficiencias en ella.

Como religiosa de vida contemplativa, utilizó los grandes medios santificadores que facilita. Su vida interior era tan intensa, su trato con Dios tan íntimo, que sobrecoge a quien se acerca a ella y contempla el grado al que se rebaja la omnipotencia divina, al someterse a su criatura. Escuchemos las palabras de su biógrafo: «Ni es menos maravillosa aquella llaneza y sinceridad grande con que hablando con Dios le decía: Señor, esto quiero y esto no quiero, y esto me avéis de conceder, aunque no queráis, y otras palabras semejantes, haciendo a veces de la enojada y regalona -digámoslo así- si no se le concedía al punto lo que pedía. Y gustaba su Majestad tanto desta llaneza de su trato, y desta atrevida confianza, que no sabía negarle nada de lo que le pedía, siendo la oración desta purísima virgen un suavísimo y dulcísimo entretenimiento para Dios que de semejantes llanezas y atrevimientos de amor se paga y satisface».

Suelen los artistas representar a los santos con un distintivo peculiar con objeto de poder identificarlos. A nuestra santa la representan arrodillada a los pies de un Cristo crucificado, el cual desclava un brazo de la cruz y estrecha a la santa contra su corazón. Tal distintivo tiene su fundamento histórico en el esfuerzo que hizo cierta madrugada en que, sintiéndose indispuesta por achaques, se había propuesto no acudir a los maitines, ante el temor de empeorar. Pero habiendo oído una voz muy clara que le ponía delante las grandes necesidades de la Iglesia y los muchos pecados que se cometían en el mundo, le faltó tiempo para arrojarse del lecho y correr a su sitial del coro olvidándose de los achaques.

Tal esfuerzo le mereció un singular favor: «Al entrar por las puertas del coro se le apareció Cristo crucificado vertiendo sangre por las cinco llagas, el cual, desclavando un brazo, la estrechó dulcemente contra su corazón, haciendo que sus labios se acercaran a la llaga preciosa de su costado. Los frutos reportados no pudieron ser más saludables. De momento desaparecieron de ella todos los achaques y su alma se fortaleció para seguir luchando contra sus enemigos. Desde aquel día, el costado de Cristo sería el mejor refugio al que se recogería en sus ratos de oración y cuando la naturaleza se le hacía más pesada por su flaqueza».

 

SONRISAS MARIANAS

No puede haber amor intenso a Cristo sin que vaya entrelazado con el de su Madre Santísima. Como buena hija de San Bernardo, trató desde el primer día de asimilar en su alma la devoción mariana, llegando a vivir en intensidad ese amor que desembocaba en Cristo. Al llegar al claustro, bien pronto experimentó las delicadezas marianas con ocasión de unas angustias que invadieron su alma. Llevaba poco tiempo en el noviciado y algunas creían que su conversión era falsa. Ella se entristeció ante semejantes murmuraciones.

En tal situación se le apareció la Virgen, que acudió a confortarla y a disipar aquellas nubes mañaneras. Fue la primera sonrisa de la Madre del cielo, cuya visión fue tan íntima, que desde entonces ya jamás se preocupó del qué dirán, sino todo su afán lo pondría en ser fiel a su estado de consagración. La visión —añade su biógrafo— no pudo ser ilusoria por los efectos: «Quedó el alma de Lutgarda hecha un cielo de gloria, sereno y despejado, desterradas las tinieblas de los temores que la enturbiaban y deshecho el hielo de aquellos vanos recelos que la tenían presa». De entonces arranca aquella vida de perfección que no conocerá retroceso, sino siempre se manifiesta en ella una continua superación en el crecimiento de todas las virtudes. Aquel primer impulso de ascensión hacia Dios estaba convencida de que se lo comunicó la Virgen Santísima, la medianera de todas las gracias.

Deseando verse libre del cargo de abadesa en Santa Catalina, se encomendó a la Santísima Virgen, depositando a sus pies esta oración: «Madre y señora mía: ya sabéis el desconsuelo que lleva mi alma al dejar solas a estas mis hermanas e hijas vuestras. Yo no tengo a quién volver los ojos sino a vos, ni otro arrimo y amparo sino la piedad de vuestras entrañas con que acudís a todos los desamparados. Os suplico humildemente, Madre mía, que toméis debajo de vuestro amparo este convento y a todas estas vuestras hijas las miréis con ojos de misericordia con que soléis mirar a los que amáis».

 

ÚLTIMOS DESTELLOS

Dicen los biógrafos que se le hacía cada día más penoso vivir en la tierra, lejos de la presencia del Amado que llevaba prendido en la ternura de su pecho enamorado. Suspiraba de continuo como el apóstol por verse desatado de las cadenas del destierro para estar con Cristo, lejos de tantas miserias como estaba presenciando en el mundo.

Cinco años antes de su muerte profetizó el momento de la misma, que no pudo fallar. Las duras penitencias a las que vivía sometida de continuo para obtener la conversión de los herejes albigenses y de los pecadores, unidas a los achaques propios de la naturaleza, minaron por completo su salud, de suyo endeble, que comenzó a flaquear de manera alarmante en la primavera de 1246. En esta situación, la enfermera le dice a la santa: «¡Qué pena, su padre espiritual no lo sabe, si hubiera medio de avisarle!» A lo que le replicó: «No se preocupe, hermana, que el Señor me dará el consuelo de tenerle a mi lado». Así sucedió, porque sin saber nada el abad que la atendía, ofreciéndosele un viaje a Aywiéres, sintió una fuerza interna que le atraía hacia aquel monasterio en el que se presentó de improsivo, encontrándose con el estado grave de la santa, a quien estuvo ayudando.

Poco tiempo después moría santamente el 16 de junio de 1246. Fue inhumada en un sepulcro honroso en la capilla mayor del monasterio, colocándose sobre ella un epitafio en versos latinos que resumía lo más saliente de su vida. Es abogada especial de las mujeres gestantes.

DAMIÁN YÁÑEZ, O.C.S.O.

Laudes – Sábado X de Tiempo Ordinario

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant.Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.

Himno: SEÑOR YO SÉ QUE EN LA MAÑANA PURA.

Señor, yo sé que, en la mañana pura
de este mundo, tu diestra generosa
hizo la luz antes que toda cosa,
porque todo tuviera su figura.

Yo sé que te refleja la segura
línea inmortal del lirio y de la rosa
mejor que la embriagada y temerosa
música de los vientos de la altura.

Por eso te celebro yo en el frío
pensar exacto a la verdad sujeto,
y en la ribera sin temblor del río;

por eso yo te adoro, mudo y quieto,
y por eso, Señor, el dolor mío
para llegar hasta ti se hizo soneto. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Salmo 91 – ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA DIRIGE LA VIDA DE LOS HOMBRES.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.

Ant 2. Dad gloria a nuestro Dios.

Cántico: BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO Dt 32, 1-12

Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra, los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.

Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.

Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿no es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te constituyó?

Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo dirán:

Cuando el Altísimo daba a cada pueblo su heredad,
y distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones,
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.

Lo encontró en una tierra desierta,
en una soledad poblada de aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de sus ojos.

Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus plumas.

El Señor solo los condujo
no hubo dioses extraños con él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Dad gloria a nuestro Dios.

Ant 3. ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

Salmo 8 MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE.

Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas.

Señor, dueño nuestro,
¡que admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!

LECTURA BREVE   Rm 12, 14-16a

Bendecid a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Tened un mismo sentir entre vosotros, sin apetecer grandezas; atraídos más bien por lo humilde.

RESPONSORIO BREVE

V. Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.
R.Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.

V.Mi lengua recitará tu auxilio.
R.Cuando salmodie para ti.

V.Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.Te aclamarán mis labios, Señor, cuando salmodie para ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Guía nuestros pasos, Dios de Israel, por el camino de la paz.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.Guía nuestros pasos, Dios de Israel, por el camino de la paz.

PRECES

Celebremos la sabiduría y la bondad de Cristo, que ha querido ser amado y servido en los hermanos, especialmente en los que sufren, y supliquémosle insistentemente diciendo:

Señor, acrecienta nuestro amor.

Al recordar esta mañana tu santa resurrección,
te pedimos, Señor, que extiendas los beneficios de tu redención a todos los hombres.

Que todo el día de hoy sepamos dar buen testimonio del nombre cristiano
y ofrezcamos nuestra jornada como un culto espiritual agradable al Padre.

Enséñanos, Señor, a descubrir tu imagen en todos los hombres
y a saberte servir a ti en cada uno de ellos.

Cristo, Señor nuestro, vid verdadera de la que nosotros somos sarmientos,
haz que permanezcamos en ti y demos fruto abundante para que con ello sea glorificado nuestro Padre que está en el cielo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Con la confianza que nos da nuestra fe, acudamos ahora al Padre, diciendo como Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Que nuestra voz, Señor, nuestro espíritu y toda nuestra vida sean una continua alabanza en tu honor, y ya que toda nuestra existencia es un don gratuito de tu liberalidad, haz que también cada una de nuestras acciones te esté plenamente dedicada. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Oficio de lecturas – Sábado X de Tiempo Ordinario

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso          .

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: A CAMINAR SIN TI, SEÑOR, NO ATINO

A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero;
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.

Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño, Peregrino.

Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor, enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.

Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Salmo 135 I – HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.

Ant 2. Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.

Ant 3. Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

Salmo 135 III

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.

V. Señor, enséñame tus caminos.
R. Instrúyeme en tus sendas.

PRIMERA LECTURA

De la carta a los Filipenses 4, 10-23

GENEROSIDAD DE LOS FILIPENSES PARA CON PABLO

Hermanos: Me he alegrado grandemente en el Señor de que por fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, ciertamente, pero no se os presentaba oportunidad de manifestarlos. Y no es que lo diga obligado por mi penuria, pues ya he aprendido a bastarme a mí mismo en cualquier situación. Sé pasar necesidad y sé vivir en la abundancia. En cualquier situación que se presente, estoy bien entrenado: a tener hartura y a pasar hambre, a abundar y a tener escasez. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, muchas gracias por haberme socorrido con vuestros bienes en mi apurada situación.

Bien sabéis también vosotros, filipenses, que en los comienzos de vuestra evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia, excepto vosotros, abrió cuentas conmigo de «Haber» y «Debe». Y, aun estando yo en Tesalónica, una y otra vez me enviasteis con qué atender a mi necesidad. No busco regalos, sino rentas que se vayan multiplicando a cuenta vuestra.

Tengo cuanto necesito y me sobra. Estoy en la abundancia después de haber recibido lo que me habéis enviado por manos de Epafrodito, ofrenda que es olor de suavidad, sacrificio acepto, agradable a Dios. En retorno, que mi Dios, según sus riquezas, os colme de bienes en todas vuestras necesidades con toda esplendidez en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Saludos en Cristo Jesús a todos y cada uno de los fieles. Os saludan los hermanos que están conmigo. Os saludan todos los fieles y en especial los de la casa del César. La gracia de Cristo Jesús, el Señor, sea con vuestro espíritu.

RESPONSORIO    Flp 4, 12-13; 2Co 12, 10

R. Sé pasar necesidad y sé vivir en la abundancia, estoy entrenado a tener hartura y a pasar hambre: * todo lo puedo en aquel que me conforta.
V. Vivo contento en medio de mis debilidades y de las dificultades sufridas por Cristo.
R. Todo lo puedo en aquel que me conforta.

SEGUNDA LECTURA

De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos.
(Salmo 1, 9-12: CSEL 64, 7. 9-10)

CANTAR SALMOS CON EL ESPÍRITU, PERO CANTARLOS TAMBIÉN CON LA MENTE

¿Qué cosa hay más agradable que los salmos? Como dice bellamente el mismo salmista: Alabad al Señor, que los salmos son buenos, nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. Y con razón: los salmos, en efecto, son la bendición del pueblo, la alabanza de Dios, el elogio de los fieles, el aplauso de todos, el lenguaje universal, la voz de la Iglesia, la profesión armoniosa de nuestra fe, la expresión de nuestra entrega total, el gozo de nuestra libertad, el clamor de nuestra alegría desbordante. Ellos calman nuestra ira, rechazan nuestras preocupaciones, nos consuelan en nuestras tristezas. De noche son un arma, de día una enseñanza; en el peligro son nuestra defensa, en las festividades nuestra alegría; ellos expresan la tranquilidad de nuestro espíritu, son prenda de paz y de concordia, son como la cítara que aúna en un solo canto las voces más diversas y dispares. Con los salmos celebramos el nacimiento del día, y con los salmos cantamos a su ocaso.

En los salmos rivalizan la belleza y la doctrina; son a la vez un canto que deleita y un texto que instruye. Cualquier sentimiento encuentra su eco en el libro de los salmos. Leo en ellos: Cántico para el amado, y me inflamo en santos deseos de amor; en ellos voy meditando el don de la revelación, el anuncio profético de la resurrección, los bienes prometidos; en ellos aprendo a evitar el pecado y a sentir arrepentimiento y vergüenza de los delitos cometidos.

¿Qué otra cosa es el salterio sino el instrumento espiritual con que el hombre inspirado hace resonar en la tierra la dulzura de las melodías celestiales, como quien pulsa la lira del Espíritu Santo? Unido a este Espíritu, el salmista hace subir a lo alto, de diversas maneras, el canto de la alabanza divina, con liras e instrumentos de cuerda, esto es, con los despojos muertos de otras diversas voces; porque nos enseña que primero debemos morir al pecado y luego, no antes, poner de manifiesto en este cuerpo las obras de las diversas virtudes, con las cuales pueda llegar hasta el Señor el obsequio de nuestra devoción.

Nos enseña, pues, el salmista que nuestro canto, nuestra salmodia, debe ser interior, como lo hacía Pablo, que dice: Orar con el espíritu, pero orar también con la mente; cantar salmos con el espíritu, pero cantarlos también con la mente; con estas palabras nos advierte que debemos orientar nuestra vida y nuestros actos a las cosas de arriba, para que así el deleite de lo agradable no excite las pasiones corporales, las cuales no liberan nuestra alma, sino que la aprisionan más aún; el salmista nos recuerda que en la salmodia encuentra el alma su redención: Tocaré para ti la cítara, Santo de Israel; te aclamarán mis labios, Señor, mi alma, que tú redimiste.

RESPONSORIO    Sal 91, 2. 4

R. Es bueno dar gracias al Señor * y tocar para tu nombre, oh Altísimo.
V. Con arpas de diez cuerdas y laúdes sobre arpegios de cítaras.
R. Y tocar para tu nombre, oh Altísimo.

ORACIÓN.

OREMOS,
Dios nuestro, de quien todo bien procede, concédenos seguir siempre tus inspiraciones, para que tratemos de hacer continuamente lo que es recto y, con tu ayuda, lo llevemos siempre a cabo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.