Homilía – Domingo Natividad de San Juan Bautista

Celebramos hoy la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista. Juntamente con Pedro y Pablo, son los únicos santos que tienen dos fiestas litúrgicas. En el caso de Juan Bautista, se celebra su martirio el 29 de agosto, y la de hoy, que conmemora su nacimiento, con la categoría de solemnidad. Por eso, se celebra, aunque sea domingo.

De él hace Jesús una gran alabanza: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él». Primero dice que es el mayor de los nacidos de mujer. Juan cierra un ciclo, podíamos decir que el Antiguo Testamento, y, hasta entonces, dice Jesús, ha sido el más grande, el mayor. La segunda parte puede chocarnos, cuando dice que el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Juan Bautista ha sido el precursor de Jesús, el que prepara su camino, el que lo presenta a los primeros discípulos, pero no le ha escuchado a Jesús el anuncio del Reino, que es su mensaje fundamental, ni ha sido testigo de su pasión, muerte y resurrección.

El mismo Juan, cuando presenta a Jesús, dice que «conviene que Él crezca y que yo disminuya, y no merezco desatarle las sandalias». Él mismo se hace el menor, sabe ponerse en su sitio. El importante es Aquél a quien anuncia. Esto es lo que le hace grande. Como dice el canto de María: «el Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes». Hace grande a los humildes y Juan Bautista lo es.

Ya desde su nacimiento, cuya fiesta celebramos hoy, los vecinos y parientes ven algo grande en él. Quedaron sobrecogidos al enterarse del nombre que habían elegido para él. Era algo sorprendente que no llevara el nombre del padre. Por eso, reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser de este niño?». Y se lo preguntaban porque «la mano de Dios estaba con él». Y por eso felicitaban a Isabel, porque «el Señor le había hecho una gran misericordia». Como dijo el ángel a María, en la anunciación: «Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo».

Por todo esto, la Iglesia ha escogido como primera lectura para la fiesta de hoy la vocación de Isaías y la aplica también a Juan Bautista. «Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada…Te hago luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra».

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p style=»text-align:justify;»>Tanto Juan Bautista, como Isaías, se sienten llamados por el Señor, ya desde el vientre materno, y descubren que tienen una misión. Una misión que no eligen ellos, sino que han recibido del Señor. Y los dos dedican toda su vida a llevar adelante esta misión. Los dos también son fieles hasta entregar su vida. El martirio de San Juan Bautista nos lo atestigua
 el Evangelio, pero esta fiesta la celebraremos el 29 de 
agosto.

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p style=»text-align:justify;»>En el Salmo Responsorial hemos ido repitiendo: «Te
doy gracias, Señor, porque me has escogido portentosamente». Así se han sentido Isaías y Juan Bautista. Pero nosotros también tenemos que dar gracias al Señor, porque también hemos sido escogidos por Dios. Tenemos que sentirnos llamados y escogidos, también para realizar una misión. El Señor se ha fijado en nosotros desde el vientre de nuestra madre y nos encomienda una misión. Esta misión, este cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida, es lo que tenemos que ir descubriendo día a día, para ser fieles a ella hasta el final.

En un estado de vida o en otro, también nos ha hecho luz de las naciones, para que su salvación alcance hasta el confín de la tierra. Ya nos lo ha dicho Jesús: «vosotros sois la luz del mundo». Y en otro lugar: «para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre del cielo».

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p style=»text-align:justify;»>Nuestra vida, como la de Isaías y como la de Juan
Bautista, es importante. Dios cuenta con nosotros para extender su Reino, como veíamos el domingo pasado, aunque nos veamos rodeados de cizaña. Nosotros también contamos con Él, que nos ha prometido que estará con nosotros hasta el fin del mundo. Que así sea.

Rafael Mateos Boggio, S.J.