Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

28.- “De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.). A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso:

Dios «creó […], de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17, 26-28).”

 

Habíamos comenzado en el inicio de la explicación del Credo hablando de que el hombre tiene deseo de Dios. Este Catecismo recoge por una parte la tradición de la Iglesia, de nuestra fe católica, milenaria, pero al mismo tiempo es un Catecismo de nuestro tiempo que responde a las preguntas y a la sensibilidad del hombre de hoy, y por ello, el Catecismo comienza hablando del deseo que tiene el hombre de Dios, en otros catecismos se hubiese comenzado hablando de los atributos de Dios.

No queremos decir que nosotros por motivo del contexto en el que vivimos dejemos de tener una exposición teocéntrica o cristocéntrica. Este catecismo es cristocéntrico, tiene a Cristo en el centro, pero al mismo tiempo está atento a mostrar como las verdades que la Iglesia explica en la exposición de la Revelación responden a las necesidades del hombre. Con un ojo miramos a Dios y de reojo, a este hombre a quien la Iglesia ha de servir, la Iglesia es servidora de Dios, fiel a su llamada y vocación, y servidora del hombre porque Dios le ha pedido a la Iglesia que sirva al hombre. En ese doble servicio que es uno sólo, en esa doble fidelidad, la Iglesia al comenzar su Catecismo nos recuerda que tenemos un íntimo deseo de Dios.

Esto que vamos a explicar, este credo que vamos a exponer no sólo es verdadero, sino que la Iglesia le está diciendo al hombre y mujer de hoy en día, “Además de ser verdadero, para ti es muy importante para que seas feliz, Dios no sólo existe, sino que responde a tus anhelos más íntimos, no es insignificante para ti”. Alguien podría preguntar “¿Podría haber algo más grave que negar la existencia de Dios?”, pues podría ser más grave decir que Dios existe pero que es insignificante, “Existe Dios ¿Y qué?”, cómo si mi vida no tuviese nada que ver con su existencia, esto es tan grave como el ateísmo. Es uno de los problemas que tenemos hoy en día para evangelizar, nos dirigimos a un hombre que por motivo de estar inmerso en esta cultura intrascendente, no se hace las grandes preguntas por el sentido de la vida, igual tiene ese sentido espiritual como anestesiado, y parece que no se hace las grandes preguntas, parece que este mundo está diseñado de tal manera para que no pensemos, consume y calla, tu vive día a día, saca dinero, pásalo bien, etc. y nadie se hace la pregunta de qué sentido tiene esta vida.

¿Qué ocurre? Que la vida es corta pero lo suficientemente larga para que ese planteamiento de negarse las grandes preguntas tenga crisis, una enfermedad, el fallecimiento de un ser querido, gozos inefables que uno no sabe a quién agradecer… Hay momentos en los que el planteamiento intrascendente de la vida hace aguas y el hombre se hace preguntas, en esos momentos dramáticos, a veces ha de ocurrir algo dramático para que nos cuestionemos algo en esta vida. Aunque no siempre es por algo dramático, recuerdo haber escuchado a un importante filósofo hablando de la “neurosis de la almohada del domingo” refiriéndose a gente que vive y trabaja entre semana con la única ilusión de que llegue el fin de semana cada vez más largo, intentando que el sentido de la vida sea la juerga y luego resulta que llega el fin de semana y pasa más rápido de lo que uno hubiese supuesto y en él también hay grandes disgustos, constatación de mi propia debilidad y del egoísmo de los demás, llega el domingo por la noche y hay que empezar el lunes a trabajar y a estudiar y llega la “neurosis de la almohada del domingo” y uno se plantea ¿Esto va a ser toda mi vida así, un eterno retorno, vivir amargado de lunes a viernes para ver si después disfruto algo y luego se me escapa el disfrute como el agua que se escurre por los dedos de la mano y no puedes detenerla, será mi vida como un querer y no poder?

En ese momento se percibe como un vacío existencial muy fuerte, es un momento de constatación de que nosotros hemos sido creados para el infinito y pretender saciar nuestro deseo de felicidad con la juerga del viernes o sábado por la noche es imposible, porque hemos sido creados para el infinito, para la eternidad. Esta es la afirmación primera de la que partimos, el hombre es un ser religioso por naturaleza, y claro, una gran tentación puede ser, el hombre medieval era un ser religioso pero el hombre moderno no, en esta postmodernidad en el que único dogma es la ciencia no es religioso. ¿Eso es así? Aparentemente sí, si uno hace una lectura juzgando las apariencias, pero claro, si profundizas más y conoces al hombre en su interioridad y no en sus apariencias y te das cuenta de que las cosas son distintas, el hombre actual sigue siendo religioso.

Para poder hacer esta afirmación hay que conocer el hombre por dentro y hay que constatar que hay una falsa imagen que nosotros mismos proyectamos hacia el exterior, que responde a los estereotipos pero que aquí se dice que tiene que ser de una determinada manera, tiene que ser un triunfados, y así aparecemos. Muchas veces nuestra imagen hacia el exterior responde a lo que la cultura exige de nosotros para considerarnos políticamente correctos o triunfadores y, sin embargo, ese no es el hombre real, el hombre real se descubre en las crisis que se producen en nosotros por las situaciones límite o en los momentos en los que nos topamos con nuestra realidad.

El hombre pues, sigue siendo un hombre religioso, y Dios no sólo existe, sino que es el sentido de nuestra vida. Si no tenemos esto claro, no nos atreveríamos a predicar, a mí no me hables de algo que no me interesa. Nos atrevemos a predicarle a todo el mundo “Id por todo el mundo a anunciar el Evangelio”, porque estamos plenamente convencidos de que Cristo es lo que el hombre necesita para ser feliz. La predicación de la Iglesia tiene su razón de ser porque es el encuentro entre el deseo que Dios tiene de nosotros, porque Dios tiene sed de nosotros, sed de nuestra entrega y, por otra parte, nosotros tenemos sed de Dios, tenemos sed de felicidad, sed de infinito, hemos sido creados para Dios, el hombre tiene sed de Dios incluso aunque no se dé cuenta.

Eso lo dice San Agustín en el libro de las confesiones “Yo me he dado cuenta de que buscaba a Dios desde el principio, aunque no lo supiese, aun cuando estaba robando una manzana, detrás de ese robar la manzana, en esa búsqueda que yo tenía de esa satisfacción, o de un liderazgo ante mis compañeros de ser un líder de saltar la tapia y robar una manzana, detrás de esos errores que yo he cometido en mi vida, en el fondo se escondía un deseo de Dios, lo que pasa es que me equivocaba pro dónde lo buscaba, lo buscaba movido por mi pecado, pero el motor era mi deseo de felicidad, detrás de esa inquietud estaba mi sed de felicidad, de infinito, mi sed de Dios”. Esta pequeña introducción quiere encuadrar el momento en el que estamos en esta introducción del Catecismo.

El hecho de que el hombre es un ser religioso, a diferencia de los animales, lo podemos constatar por toda la historia de las religiones y la historia de las culturas, es impresionante observar como tenemos los estudios arqueológicos claras constataciones de religiosidad en el año 50.000 A.C, el hombre tenía manifestaciones religiosas, incluso había una simbología sacra y se descubren verdaderos santuarios rupestres, el hombre primitivo trasciende el sentido de lo útil y de la realidad cotidiana, digamos los fenómenos de la religión suelen decir que esto es una ruptura de nivel, que quiere decir que el hombre primitivo no sólo se dedica a hacer lo que por instinto necesita, para subsistir tiene que luchar, para comer tiene que comer animales, tiene un instinto de supervivencia, se aparea, etc., esto se puede explicar instintivamente. Lo que no se puede explicar instintivamente es que enterrase a sus muertos mirando a oriente, mirando al sol, porque identificaba al sol como un ser supremos que le daba la vida y entonces enterraba a sus muertos mirando hacia el sol, y eso no se explica por los instintos de un animal, supone una capacidad religiosa, al hombre se le ha llamado “capax dei”, capaz de Dios, tiene una capacidad intrínseca y esto se ha visto en las ornamentaciones funerarias, en la forma de realizar las sepulturas, el hombre primitivo tenía un sentido del misterio que le fascinaba, es la admiración del hombre frente a la realidad sobrenatural, y tenía al mismo tiempo un deseo de participar de ese ser superior que es Dios.

El hombre es un ser religioso por naturaleza, porque está dotado de la capacidad de llegar al encuentro de un ser divino, que es una afirmación que hacemos con fuerza y determinación y es una afirmación muy bien apoyada por el estudio del hombre, ya sé que algunos pueden pensar que se identifica la psicología actual como una explicación del hombre sin Dios, pero nos fijamos, así como Nietzsche y Hamlet pensaron que lo principal del hombre, el motor principal que explica al hombre es la voluntad de poder, y un poco antes Freud había dicho que el motor del hombre es la voluntad de placer, Froid había pensado que lo que le mueve al hombre es el placer, sin embargo Nietche y Hamlet decía no es el placer sino la voluntad de poder, y Víctor Frankl, psicólogo de la escuela de Viena vino a demostrar después de ellos que no es cierto, que existe todavía una voluntad superior a la voluntad de buscar el placer y el poder que es la voluntad de sentido, es decir, todavía en el hombre es más determinante el buscar sentido en las cosas que hacemos, yo hago las cosas por algo, mi vida tiene un por qué, un a dónde y un de dónde, y en el fondo el hombre viene a ser equilibrado no cuando tiene mucho sexo, no cuando tiene mucho poder, lo que al hombre le hacer ser equilibrado es tener sentido en su vida, sentido que da el amor, el amar y ser amado.

Un hombre puede tener mucho placer en su vida, mucho poder y sin embargo ser un desequilibrado, sin embargo, un hombre puede ser muy austero y humilde en su forma de vida pero puede ser verdaderamente feliz porque tiene sentido, porque su existencia tiene sentido, por tanto, la voluntad de sentido es psicológicamente la explicación de que el hombre es un ser religioso que precisamente en sus preguntas religiosas lo que está haciendo es afianzando el sentido de la vida, dando respuesta a las preguntas clave del sentido de la vida. Como veis estamos poniendo unos fundamentos importantes.

Para apuntalar esto aún más se nos remite a un punto del Catecismo que es 2566 “El hombre busca a Dios. Por la creación Dios llama a todo ser desde la nada a la existencia. «Coronado de gloria y esplendor» (Sal 8, 6), el hombre es, después de los ángeles, capaz de reconocer «¡qué glorioso es el Nombre del Señor por toda la tierra!» (Sal 8, 2). Incluso después de haber perdido, por su pecado, su semejanza con Dios, el hombre sigue siendo imagen de su Creador. Conserva el deseo de Aquél que le llama a la existencia. Todas las religiones dan testimonio de esta búsqueda esencial de los hombres (Cf. Hch. 17, 27)”.

Es decir, incluso cuando nos hayamos apartado de Dios, aunque hayamos cometido errores grandes en la vida, no es tan fácil acallar esa religiosidad natural, intentamos ahogarla, acallar la voz de Dios en nosotros y nos cuesta conseguirlo, es curioso esto, a veces el hombre quiere dar la espalda a Dios quiere alejarse a Dios y no lo consigue, aquí dice una cosa interesante éste punto del Catecismo, el hombre cuando peca, cuando da la espalda a Dios pierde su semejanza, pierde la semejanza de Dios pero no pierde su imagen. Los santos padres utilizaban mucho esto, dice la Sagrada Escritura que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, pues bien, cuando el hombre peca, cuando da la espalda a Dios pierde la semejanza pero permanece la imagen, hemos sido creados a imagen y semejanza, aunque la semejanza se deforme y se pierda continua la imagen de Dios, lo cual quiere decir que hasta en el hombre más malvado sigue estando una imagen de Dios grabada y sigue teniendo una conciencia que le dice “esto no está bien”, ¿Hasta en los terroristas y en Hitler y en Stalin?”, pues también, por eso somos responsables delante de Dios porque aun en los momentos peores de nuestra vida seguimos siendo imagen de Dios aunque hayamos perdido la semejanza por el pecado y tenemos un deseo de felicidad y en nuestra consciencia está escrita esa sed y esa hambre de Dios que es lo que se enfatiza en este punto 2566.

Volvemos al punto 28 que estamos explicando y dice “A pesar de las ambigüedades seguimos siendo seres religiosos” A veces he tenido ocasión de entrevistarme con algunas personas que le escriben a la Iglesia y le piden la apostasía porque han caído en determinados círculos y se quieren desdecir de su cristianismo y escriben al obispado y dicen que quieren apostatar de su fe. A veces he tenido la ocasión de entrevistarme personalmente con alguna persona que hace esta petición y cuando uno consigue, si es que puede hacerlo, hablar de corazón a corazón, uno constata que aun incluso en quien pide la apostasía, con mucha frecuencia más que rechazar a Dios es rechazar a la imagen de lo que se ha hecho de lo que es Dios, o más que rechazar a la Iglesia es rechazar la imagen que se ha hecho o que le han hecho de lo que es la Iglesia, pero sigue teniendo en su interior una sensibilidad y un anhelo aunque a veces no lo identifique o pretenda negarlo.

Continuamos con la explicación del punto 28 y se nos remite a un texto de los Hechos de los Apóstoles “Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra y determinó con exactitud el tiempo y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen a Dios, para ver si a tientas le buscaban y le hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17,26-28).”

Este texto de Hechos de los Apóstoles habla de que el hombre ha sido creado para que buscase a Dios, y uno se da cuenta que ha sido así siempre, y descubrimos distintas culturas que a veces han identificado a Dios a tientas, como un ciego que no ve y según va tocando se imagina que eso que toca tiene una dimensión que no la tiene, como cuando muchas culturas han identificado determinados fenómenos de la naturaleza con Dios, un volcán, el sol por la energía, o tantos otros fenómenos de la naturaleza que fueron confundidos con la misma existencia de Dios. Otras veces no fueron fenómenos de la naturaleza sino determinados personajes de gran autoridad eran como divinizados como el emperador que es considerado como hijo del sol, equivocadamente, a tientas, sin saber lo que estoy tocando, se ha identificado la naturaleza o personajes como si fuesen Dios mismo, y las culturas después han ido purificándose y han entendido que Dios ha de estar más allá de la naturaleza y del hombre, y las más avanzadas han entendido que Dios ha de ser un ser espiritual, invisible, trascendente, y si es transcendente, transciende al hombre y trasciende a la naturaleza, y poco a poco, en esa purificación del sentido religioso se ha pasado a decir, y además, no pueden ser varios dioses, en las culturas más modernas se han ido acercando al monoteísmo, pero estamos en un punto que para pasar al monoteísmo y dejar el politeísmo o el panteísmo, etc., ya comenzó a ser necesaria la Revelación, porque si Dios no hubiese hablado de sí mismo el hombre ya tiene dificultad, a tientas no le da para más. Es como decir, yo a tientas puedo avanzar, pero todo tiene un límite y ya más no puedo deducir por lo que toco con mis manos a tientas y a partir de ahí es la Revelación de Dios la que nos descubre más de Él.

Ese buscar a tientas también, como dice el texto, es indicativo del deseo, de la sed y del hambre de Dios que tenemos. En teoría uno podría decir, si Dios nos ha creado no parece que tenía que ser tan difícil llegar a conocerle, que la criatura conozca a su creador…, pues es verdad, en teoría es sencillo que un hijo conozca a su padre, que una criatura conozca a su creador pues en teoría es sencillo, pero nosotros lo hemos hecho complicado, la historia del hombre apartado de Dios que se obscurece en sus razonamientos hace que lo que es sencillo pase a ser complicado. El texto dice “por más que no se encuentra lejos de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos”.

Dios está mucho más cerca de lo que siempre hemos supuesto, el hombre ha estado siempre buscando, mirando y pensando que era un volcán, un astro, un sol, y resulta que Dios está en tí, Dios es más sencillo de lo que siempre hemos pensado, es más cercano, es más fácil llegar a Dios que lo que siempre hemos pensado, pero lo que ocurre es que nuestra complejidad propia de nuestra condición carnal y de nuestro pecado lo ha hecho difícil, nosotros hemos pensado equivocadamente que Dios como es un ser infinito tiene que ser un ser complicadísimo porque hemos pensado que las personas inteligentes tienen pensamientos que yo no llego a entender, bueno pues entonces Dios tiene que ser como ese filósofo que yo no le entiendo nada de lo que dice, Dios ha de ser complicadísimo… Nosotros identificamos superior como ininteligible, y eso es una falsa proyección que hacemos. Decimos ¡Que inteligente es este! ¡No le he entendido nada! Y sin embargo es todo lo contrario, que poco inteligente es que no se ha hecho entender. Sin embargo no es así, Dios es sencillo, Dios es simple, la infinitud de Dios coincide con la sencillez, mientras que nosotros hemos supuesto que era un problema complejísimo llegar a conocer a Dios porque nos faltaba inteligencia, y no, lo que nos faltaba era conversión porque cuando uno convierte su corazón a Dios, le conoce fácilmente, ahora si tu corazón no está convertido, si no eres como niño, entonces te armas unos líos que tienes a Dios junto a ti y estás montando un lio increíble cuando todo era más sencillo.

Siempre ha existido la tendencia de los gnosticismos que básicamente es pensar que hay que ser especialmente listo para llegar a conocer a Dios. En absoluto, a Dios se le conoce desde un corazón convertido, ese es el camino, es mucho más sencillo de lo que nosotros hubiésemos podido pensar, infinitamente más sencillo. Somos nosotros los que tenemos que hacernos sencillos para conocer a Dios, pero el caso es que no es tan fácil ser sencillo, ser humilde, tener corazón de niño para conocer a Dios, y por esto es la necesidad de la Revelación, Dios ha venido a revelarse a nosotros no porque nosotros necesitásemos una inteligencia superior por encima de la humana sino porque necesitábamos el don de la sencillez, el don de la humildad, el don de la simplicidad para conocer a Dios, y Cristo que es la Revelación de Dios Padre eso es lo que nos da, la gracia de nacer de nuevo, y entonces uno dice, si Dios está en mí, si en Él vivimos, nos movemos y existimos, ¡Como puedo estar negándole o diciendo que Dios se oculta o no se manifiesta si vivo en Él, si estaba junto a mí y yo no le reconocía!

Esta es la experiencia de todos los que han ido buscando a Dios y finalmente lo han encontrado y han dicho ¡Tarde te amé! ¡Yo te buscaba por lo alto y tú estabas junto a mí! Que paciencia has tenido conmigo, que yo estaba dando palos de ciego por ahí y tú estabas haciendo de lazarillo y tendiéndome la mano. El hombre es un ser religioso y hasta metiendo la pata lo manifestamos. Metemos la pata porque en vez de buscar la felicidad donde habría que buscarla la buscamos en cubos de basura y metemos la pata buscando una plenitud que deseamos donde en el fondo más que plenitud nos autodestruimos, pero paradójicamente incluso cuando metemos solemnemente la pata estamos manifestando que somos un ser religioso, que tenemos deseo de sentido, que tenemos deseo de felicidad.