I Vísperas – Natividad de San Juan Bautista

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: PROFETA DE SOLEDADES

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades.

Desde el vientre escogido
fuiste tú el pregonero,
para anunciar al mundo
la presencia del Verbo.

El desierto encendido
fue tu ardiente maestro,
para allanar montañas
y encender los senderos.

Cuerpo de duro roble,
alma azul de silencio;
miel silvestre de rocas
y un jubón de camello.

No fuiste, Juan, la caña
tronchada por el viento;
sí la palabra ardiente
tu palabra de acero.

En el Jordán lavaste
al más puro Cordero,
que apacienta entre lirios
y duerme en los almendros.

En tu figura hirsuta
se esperanzó tu pueblo:
para una raza nueva
abriste cielos nuevos.

Sacudiste el azote
ante el poder soberbio;
y ante el Sol que nacía
se apagó tu lucero.

Por fin, en un banquete
y en el placer de un ebrio,
el vino de tu sangre
santificó el desierto.

Profeta de soledades,
labio hiciste de tus iras
para fustigar mentiras
y para gritar verdades. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Isabel, esposa de Zacarías, dio a luz a un gran hombre: Juan Bautista, el precursor del Señor.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Isabel, esposa de Zacarías, dio a luz a un gran hombre: Juan Bautista, el precursor del Señor.

Ant 2. El precursor del Señor, Juan Bautista, nació del vientre de una anciana estéril.

Salmo 145 – FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS.

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El precursor del Señor, Juan Bautista, nació del vientre de una anciana estéril.

Ant 3. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN – Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie mayor que Juan Bautista.

LECTURA BREVE   Hch 13, 23-25

Según lo prometido, Dios sacó para Israel de la descendencia de David un Salvador, Jesús. Y su precursor fue Juan. Ya éste, antes de presentarse Jesús, había predicado a todo el pueblo de Israel un bautismo como señal de arrepentimiento. Y, cuando estaba para terminar su misión, solía decir: «No soy yo el que vosotros os imagináis. Pero, mirad, viene otro después de mí; y yo no soy digno de desatar su calzado.»

RESPONSORIO BREVE

V. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.
R. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

V. El que viene después de mí ya existía antes que yo.
R. Enderezad sus sendas.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cuando entró Zacarías en el santuario del Señor, se le apareció el ángel Gabriel, de pie a la derecha del altar del incienso.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando entró Zacarías en el santuario del Señor, se le apareció el ángel Gabriel, de pie a la derecha del altar del incienso.

PRECES

Oremos confiados al Señor, que eligió a Juan Bautista para anunciar a los hombres el reino de Cristo, y digámosle:

Guía, Señor, nuestros pasos por el camino de la paz.

Tú, Señor, que llamaste a Juan cuando estaba aún en las entrañas maternas y lo elegiste para que preparara los caminos de tu Hijo,
danos ánimos para seguir siempre a Cristo con la misma fidelidad con que Juan lo precedió.

Tú que concediste al Bautista reconocer al Cordero de Dios,
concede a la Iglesia anunciar a Cristo de tal manera que los hombres de nuestro tiempo puedan reconocerlo.

Tú que dispusiste que Juan menguase y que Cristo creciera,
enséñanos a saber humillarnos, para que brille Cristo a los ojos de los hombres.

Tú que, por el martirio de Juan, quisiste manifestar la justicia,
concédenos testificar tu verdad con valentía, sin temor a la tribulación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate, Señor, de los que han salido ya de este mundo
y colócalos en el reino de la luz y de la paz.

Dirijamos nuestra oración al Padre que está en los cielos diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, haz que tu pueblo, siguiendo las exhortaciones de san Juan Bautista, progrese por las sendas de la salvación y llegue así, con seguridad, al encuentro del Mesías, anunciado por el santo precursor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 23 de junio

Lectio: Sábado, 23 Junio, 2018

Tiempo Ordinario

1) ORACIÓN INICIAL

¡Oh Dios!, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas; y, pues el hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia para guardar tus mandamientos y agradarte con nuestras acciones y deseos. Por nuestro Señor.

2) LECTURA

Del santo Evangelio según Mateo 6,24-34

«Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero. «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal.

3) REFLEXIÓN

• El evangelio de hoy nos ayuda a revisar la relación con los bienes materiales y trata dos asuntos de distinto peso: nuestra relación con el dinero (Mt 6,24) y nuestra relación con la Providencia Divina (Mt 6,25-34). Los consejos dados por Jesús suscitan diversas preguntas de difícil respuesta. Por ejemplo, ¿cómo entender hoy la afirmación: «No puedes servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24)? ¿Cómo entender la recomendación de no preocuparnos con la comida, la bebida y la ropa (Mt 6,25)?

• Mateo 6,24: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero.

Cada cual tendrá que elegir. Tendrá que preguntarse: “¿Quién ocupa el primer lugar en mi vida: Dios o el dinero?” De esto dependerá la comprensión de los consejos que siguen sobre la Providencia Divina (Mt 6,25-34). No se trata de una opción hecha sólo con la cabeza, sino de una opción de vida bien concreta que envuelve las actitudes.

• Mateo 6,25: Jesús critica la excesiva preocupación con la comida y el vestido. Esta crítica de Jesús provoca hasta hoy mucho espanto entre la gente, pues la gran preocupación que tiene un padre, una madre de familia es la comida y el vestido para los hijos. El motivo de la crítica es que la vida vale más que la comida y el cuerpo vale más que la ropa. Para aclarar su crítica, Jesús cuenta dos parábolas: de los pajaritos y de las flores.

• Mateo 6,26-27: La parábola de los pajaritos: la vida vale más que la comida. Jesús manda mirar a los pajaritos. No siembran, no almacenan, y sin embargo tienen siempre algo que comer, porque el Padre celestial los alimenta: “¿No valéis vosotros más que ellos?” Lo que Jesús critica es cuando la preocupación por la comida ocupa todo el horizonte de la vida de las personas, sin dejar espacio para experimentar y saborear la gratuidad de la fraternidad y de la pertenencia al Padre. Por eso, el sistema neoliberal es criminal porque obliga a la gran mayoría de las personas a vivir 24 horas al día preocupándose por la comida y por la ropa, y produce en otra pequeña minoría rica el ansia de comprar y consumir hasta el punto de no dejar espacio para otra cosa. Jesús dice que la vida vale más de los bienes de consumo. El sistema neoliberal impide la vivencia del Reino.

• Mateo 6,28-30: La parábola de los lirios: el cuerpo vale más que el vestido. Jesús manda mirar las flores, los lirios del campo. ¡Con qué elegancia y belleza Dios los viste! “Si Dios los veste así, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?Jesús insiste en las cosas de la naturaleza, para que viendo las flores y el campo, la gente recuerde la misión que tenemos: luchar por el Reino y crear una convivencia que pueda garantizar comida y vestido para todos.

• Mateo 6,31-32: No ser como los paganos. Jesús retoma la crítica contra una excesiva preocupación por la comida, la bebida y el vestido. Y concluye: “¡Son los paganos que se preocupan con todo esto!” Debe de haber una diferencia en la vida de los que tienen fe en Jesús y de los que no la tienen. Los que tienen fe en Jesús comparten con él la experiencia de gratuidad de Dios como Padre, Abba. Esta experiencia de paternidad tiene que revolucionar la convivencia. Tiene que engendrar una vida comunitaria que sea fraterna, semilla de una nueva sociedad.

• Mateo 6,33-34: El Reino en primer lugar. Jesús apunta dos criterios: “Buscar primero el Reino” y “No preocuparse por el día de mañana”. Buscar en primer lugar el Reino y su justicia significa tratar de hacer la voluntad de Dios y permitir a Dios que reine en nuestra vida. La búsqueda de Dios se traduce concretamente en búsqueda de una convivencia fraterna y justa. Donde hay esta preocupación por el Reino, nace una vida comunitaria donde todos viven como hermanos y hermanas y nadie pasará más necesidad. Allí no habrá más preocupación con el día de mañana, esto es, no habrá más preocupación en acumular.

Buscar primero el Reino de Dios y su justicia. El Reino de Dios tiene que ser el centro de todas nuestras preocupaciones. El Reino pide una convivencia, donde no haya acumulación, y donde haya compartir, para que todos tengan lo necesario para vivir. El Reino es la nueva convivencia fraterna, en la que cada persona se siente responsable del otro. Esta manera de ver el Reino ayuda a entender mejor las parábolas de los pajaritos y de las flores, pues para Jesús la Providencia Divina pasa por la organización fraterna. Preocuparse por el Reino y su justicia es lo mismo que preocuparse por aceptar a Dios como Padre y ser hermanos y hermanas de otros. Ante el creciente empobrecimiento causado por el neoliberalismo económico, la salida concreta que el evangelio nos presenta y que los pobres encontrarán para su supervivencia es la solidaridad y la organización.

• Una lama afilada en la mano de un niño puede ser una arma mortal. Una lama afilada en la mano de una persona agarrada con cuerdas es arma que salva. Así son las palabras de Jesús sobre la Providencia Divina. Sería anti-evangélico decir a un padre de familia sin empleo, pobre, con ocho hijos y mujer enferma: «¡No ande preocupado con lo que va a comer y a beber! ¿Por qué preocuparse del vestido y de la salud?» (Mt 6,25.28). Esto lo podemos decir cuando, al imitar a Dios como Jesús, nos organizamos entre nosotros para poder compartir, garantizando a los hermanos la sobrevivencia. De lo contrario seríamos como los tres amigos de Job, para defender a Dios, contaban mentiras sobre la vida humana (Job 13,7). Sería como “disponer de un huérfano y traicionar a un amigo” (Job 6,27). En boca del sistema de los ricos, estas palabras pueden ser armas mortales contra los pobres. En boca del pobre, pueden ser una salida real y concreta para una convivencia mejor, más justa y más fraterna.

4) PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

• ¿Cómo entiendo y vivo la confianza en la Providencia Divina?

• Como cristianos tenemos la misión de dar una expresión concreta a aquello que nos anima por dentro. ¿Cuál es la expresión que estamos dando a nuestra confianza en la Divina Providencia?

5) ORACIÓN FINAL

Mi lengua proclama tu promesa,
pues justos son tus mandamientos.
Acuda tu mano en mi socorro,
pues he elegido tus ordenanzas. (Sal 119,172-173)

Jesús elige al precursor

Querido amigo: Hoy estamos ante la gran solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista, una fiesta sorprendente y que nos lleva a pensar mucho en la misericordia de Dios sobre esta familia de ancianos, Isabel y Zacarías, y sobre su elegido y preferido como precursor, Juan Bautista. El Evangelio de Lucas, capítulo 1, versículo 57-66.80, nos narra todo el nacimiento de esta figura prodigiosa que Dios se escogió para ser su precursor. Lo vamos a escuchar con todo detenimiento para después entrar en un encuentro con el amor de Dios, con su misericordia y con la misión de un hombre que nos lleva a pensar mucho sobre nuestra misión. Escuchémosle con atención:

Mientras tanto, a Isabel le llegó el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Los vecinos y parientes oyeron la gran misericordia que el Señor le había mostrado y se congratularon con ella. Al octavo día fueron a circuncidar al niño y lo llamaban con el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre dijo: “No, sino que se llamará Juan”. Le dijeron: “Nadie hay en tu familia que se llame así”. Y preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”, ytodos quedaron admirados. En ese momento recuperó el habla, se soltó su lengua y hablaba bendiciendo a Dios. Todos los vecinos se llenaron de temor y por toda la montaña de Judea se comentaban estas cosas. Cuantos las oían, las meditaban ydecían: “¿Qué va a ser este niño?”, porque la mano del Señor estaba con él. Mientras tanto el niño crecía y se fortalecía en el espíritu y habitaba en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel.

Después de escuchar esta escena tan entrañable, nos metemos en este ambiente, y nos vamos allí a ver todo lo que ocurre en este pueblecito. Juan Bautista nació en Ain Karem, como todos sabemos, que significa “fuente de la viña”. En este oasis de Judea… —donde la Virgen iría y habría estado ya con su prima—, en este oasis nació Juan Bautista, que como sabemos ha sido un regalo de la misericordia de Dios. La situación de sus ancianos padres era una situación difícil, y que para ellos representaba un gran dolor el no poder tener hijos; y más Zacarías, que era un buen sacerdote, que defendía todo el cumplimiento de todos los ritos, y se ve como frustrado, infeliz… ycondenados los dos a estar mal vistos por todo el pueblo. ¡Pero qué grande es Dios! Para Dios no hay nada imposible, y a pesar de la incredulidad de este anciano que duda cuando se le dice que su mujer va a quedar embarazada y va a dar a luz un hijo, a pesar de eso, Dios es tan grande y tan misericordioso que hace brotar la vida de un vientre anciano y estéril. Pero también qué lección le da a Zacarías: como no cree, Él le quiere probar y le deja mudo por no haber creído.

Esto nos lleva a pensar cuántas veces el Señor también nos tiene que dejar así, por incrédulos, nos tiene que dejar mudos, no nos salen palabras, no decimos nada, estamos vacíos. ¿Por qué? Querido amigo, porque no creemos lo suficiente, porque no tenemos fe, porque somos estorbo para el Dios que está lleno de misericordia en nuestro corazón.

Pero sigamos con la escena: cuando Isabel tuvo a su hijo, todos los vecinos comprendieron que era una cosa extraordinaria y que Dios se había manifestado en ellos, que había tenido compasión por ellos; y les felicitaban. Y llega el día legal de la circuncisión y ahí están los padres, quieren ponerle el nombre y se sigue manifestando todavía más la misericordia de Dios: querían ponerle el nombre de Zacarías, peroIsabel dice: “No, no se va a llamar Zacarías, se va a llamar Juan” (porque Juan significa eso: gracia de Dios, misericordia de Dios). Así son las acciones de Dios, llenas de misericordia, llenas de amor. Pero como Zacarías no podía hablar, por señas lepreguntan el nombre, y escribe: “Juan es su nombre”. Y cuando este viejo sacerdoteacepta todo lo que Dios quiere en su plan y en el plan de su hijo, en ese momento se le suelta la lengua y bendice al Señor. En ese momento dice el nombre y empieza a alabar al Señor, y cambia su vida, y pasa a ser testigo de la misericordia de Dios.

Querido amigo, ¡cuántas veces nos ha pasado a nosotros esta escena, no así, pero sí interiormente! Hemos sido espejos y frutos de una historia de salvación en nuestra vida. ¡Cuántas veces la misericordia de Dios se ha encontrado con nuestra pobreza! Y cuando nos damos cuenta de que nos ha hecho cosas grandes, nos ha liberado y nos ha llenado de vida… caemos en alabanza. Sí, caemos en alabanza.

Qué dos figuras tan buenas en este encuentro: Isabel, una mujer fuerte —“Juan es su nombre”—; Isabel, llena de la gracia y de la misericordia de Dios. Y Zacarías, ese sacerdote, que como se cree con tanta fe, con tanto rito, duda. ¡Pero cómo también se da cuenta de lo que está pasando en su vida, en su matrimonio y en su familia, que es algo distinto a lo que él cree! ¡Y cómo empieza… y piensa… y alaba al Señor! Y si nosfijamos en la figura de Juan… Juan es un preferido de Dios, es un preferido de Jesús: Dios lo elige para ser su precursor. Y ¿qué quisiera Zacarías? Que su hijo fuera sacerdote como él. Pero no. Juan tiene otra misión y empieza a cuidar su vida. ¿Dónde? ¿Qué hace? Se adentra en el desierto, viviendo de una manera extraña, es verdad, pero ahí se adentra, para ir al encuentro de Dios. En un lugar árido, despoblado, pero ahí se mete, y se mete para experimentar la soledad, todo lo que puede pasar elhombre: el dolor, el hambre, la sed… todo lo que puede pasar para llenarse de esaprofundidad de Dios. Y luego profetizar. Y luego proclamar. Y proclamar a ese Jesús que viene lleno de amor y lleno de vida.

Bien, querido amigo, a mí realmente esta fiesta me lleva a querer mucho más al Señor; y me lleva a darme cuenta del riego de la misericordia que continuamente tengo en mi vida; a darme cuenta de que muchas veces estoy muda y no sé por qué, y es porque me falta fe; que muchas veces no siento nada y es porque me falta fe. Esta fiesta es una oportunidad para reflexionar mucho sobre nuestra propia vida, para reconocer y enderezar nuestro camino, para seguir al Señor y examinar cómo llevo mi propia vida interior.

Pero también es una urgencia a la misión: soy llamada a la misión. Él me llama fuertemente y me dice —como también a Juan— y me cuestiona qué es lo que hago yo en mi vida. Juan estaba elegido, querido, programado, amado para una misión que cumplir y la cumplió exactamente. Cuando yo estoy lleno de la misericordia de Dios, cuando me doy cuenta de cómo Él trabaja en mi vida, ¡cómo no lo voy a proclamar! Y me pregunto y te pregunto, querido amigo, como nos diría el Señor: “¿Qué haces con la vida que Yo te doy? ¿Qué misión tienes? ¿A qué te dedicas? ¿Cuál es tu vida? ¿En qué te preocupas? ¿Qué es lo que haces?”. Es la vocación de Juan Bautista la que nos hace pensar hoy mucho.

¿Comprendemos, querido amigo, la misión que tú y yo tenemos en la tierra? ¿Valoramos la vocación que hemos recibido? ¿Le damos importancia a todo lo que el Señor nos da y lo manifestamos y lo proclamamos? ¿Somos precursores de algo? La sociedad nos necesita, el mundo nos necesita. ¿Nos damos cuenta de la gran importancia en nuestra vida que es encontrar a Jesús, entrar en su amistad y proclamar su amor y su misericordia? ¿A quién llego yo con mi vida? ¿En cuántos corazones voy dando y poniendo el Corazón de Dios en ellos? ¿Cuántas personas quedan en el olvido por mi falta de preocupación, por mi falta de interés, por no encontrarle a Él? ¿Cuántos? ¿Cómo no va a haber gente en mi camino que necesite de mí? Pero a veces soy muy egoísta y soy cómodo, y dudo, y vivo mi propia vida, y me olvido del don que Dios me da, y de lo que más me olvido es de dárselo a otro. Tengo una misión que hacer… pero tengo que creer. Y tengo que agradecer al Señor las veces que me deja así, muda, para que aprenda, para que se me suelte ese corazón, para que arda de amor.

Hoy en esta fiesta, querido amigo, tú y yo vamos a valorar mucho los dones que Dios nos da. Vamos a sentirnos elegidos, queridos, privilegiados. Pero también nos vamos a sentir precursores de una misión que tenemos, y nos vamos a cuestionar mucho nuestra propia vida. En esa escena tan familiar, tan de casa, tan de vecinos, hoy también nos metemos ahí, y admiramos y pensamos: “Yo soy Zacarías muchas veces. Otras veces soy Isabel. ¿Y quieres que sea Juan? Voy a ser. También voy a ser «vecino», ¿por qué? Porque voy a darme cuenta de lo grande que es Dios y de lo que hace en mi propia pobreza. Voy a alabar, voy a bendecir, voy a hacer ese cántico tan bonito de Zacarías: «Bendito el Señor»”.

Pues hoy se lo vamos a pedir mucho al Señor. Y ahí, viendo todos esos momentos de la circuncisión, paso a paso y minuto a minuto, vamos a darle gracias al Señor por elegirnos. Vamos a pedirle urgencia de misión, compromiso de misión y fe en la misión. Y vamos a intentar proclamar —como Juan Bautista, como precursor, como precursores—, el Reino de Dios, el Reino del amor, todo lo que el Señor hace en nuestra vida. Yo me digo, querido amigo: ¡si nos diéramos cuenta de lo grande que es experimentar la misericordia de Dios, lo lanzaríamos, lo diríamos, lo proclamaríamos!

Se lo vamos a pedir así. Y se lo vamos a pedir a la Virgen, y veréis por qué: porque Ella fue la que visitó a su prima Isabel. Y Ella, cuando la visitó, hizo su propioMagnificat. Hoy, querido amigo, te digo que en este encuentro tú y yo hagamos nuestro propio Magnificat. Será muy pobre, pero muy bonito, profundo y amoroso. Lo vamos a hacer así con el Señor y le vamos a pedir fuerza a Juan Bautista, este hombre que terminó en el martirio, por ser fiel, por ser fuerte. Vamos a aprender también a irnos al desierto, a experimentar ese encuentro en la soledad, y a prepararnos: prepararnos todos los días para ser misioneros cada día. Que cada día sea precursor de ti, Jesús, de tu Reino, y que experimente tu misericordia como lo hizo Isabel y finalmente Zacarías, que terminó por aceptarla. Dame gracia para este trabajo, para hacerlo sin apegarme a nada, a mi propio yo, sin estar trabajando así para mí, sino incansablemente para ti. Que yo sea canal para que lleve el amor de ti a mucha gente, que muchos te conozcan, que muchos te amen, que muchos tengan vida.

Santa María de la Visitación, ayúdame también a ponerme en camino para darme cuenta de lo grande que eres Tú y transmitirlo a los demás.

Que así sea.

Francisca Sierra Gómez

23 de junio – Sagrado Corazón

LAS ESPINAS

ORACIÓN PREPARATORIA

Oh Dios, que por medio del Corazón de tu Hijo, herido por nuestras culpas, te dignas, en tu misericordia infinita, darnos los tesoros de tu amor; te pedimos nos concedas que, al presentarte el devoto obsequio de nuestra piedad, le ofrezcamos también el homenaje de una digna satisfacción. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

CONSIDERACIÓN DEL DÍA

Espina es la falta de caridad que tienen los pudientes con los menesterosos. Siempre habrá pobres en el mundo; pero no habría de haber miserables. Jesús impone la caridad como ley suya.

LETANÍAS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Padre Eterno, Dios de los cielos, ten piedad de nosotros
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad de nosotros

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Pa­dre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Al­tísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, asilo de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están to­dos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los eter­nos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de mu­cha misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de opro­bios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestros delitos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, perforado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de toda con­solación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.

Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, perdónanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, escúchanos, Se­ñor.
Cordero de Dios, que quitas los pe­cados del mundo, ten piedad de nosotros.
Jesús, manso y humilde de corazón, haz nuestro corazón semejante al tuyo.

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno, mira el corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y sa­tisfacciones que te dio en nombre de los pecadores, y concede propicio el perdón a los que imploran tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, que tus santos misterios infundan en nosotros el fervor divino, con el que, recibida la bondad de tu dulce Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Tu que vives y reinas por siglos infinitos. Amén.

Ecclesia in Medio Oriente

93. La liturgia, y en primer lugar la celebración de la Eucaristía, es una escuela de fe que conduce al testimonio. La Palabra de Dios anunciada de manera adecuada debe llevar a los fieles a descubrir su presencia y su eficacia en su vida y en la de los hombres de hoy. El Catecismo de la Iglesia Católica es una base necesaria. Como ya he indicado, se debe alentar su lectura y su enseñanza, como también una iniciación concreta a la Doctrina social de la Iglesia, expresada de modo especial en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, así como en los grandes documentos del Magisterio pontificio[85]. La realidad de la vida eclesial en Oriente Medio y la ayuda mutua en la diaconía de la caridad permiten que esta formación tenga una dimensión ecuménica, según la especificidad de los lugares y de acuerdo con las autoridades eclesiales respectivas.


[85] Cf. Propositio 30.

Actores de reparto

En cualquier espectáculo teatral se dan cita diversos actores que encarnan diferentes y variados personajes, cada uno cumpliendo con su misión. Nos encontramos en primer lugar con la figura estelar del espectáculo, el o la protagonista que despierta en nosotros el interés y la atención, observando minuciosamente todos sus movimientos, su parlamento, su dicción, su fidelidad al personaje encomendado… Y luego, el resto del elenco se ocupa en representar con mesura a los diferentes personajes; éstos, aparentemente de menor importancia, están sin embargo llamados a guardar un equilibrio cabal para dar vida a su personaje sin excederse, midiendo escrupulosamente sus gestos, el tono de voz…, al objeto de no hacer sombra y obstaculizar a la figura estelar; estos actores reciben el nombre de «secundarios» o «actores de reparto».

Hoy celebramos la fiesta del nacimiento de san Juan Bautista, hijo de Isabel y Zacarías, pariente allegado de Jesús y su precursor, encargado de preparar al pueblo para recibir al Mesías. Es curioso que ambos primos se mantuvieran en silencio hasta cumplir los treinta años. Supongo que en todo ese tiempo hablarían, se comunicarían, ahondarían en el proyecto de salvación… Sin embargo, estas conversaciones no aparecen en absoluto en los evangelios. Al parecer, los dos primos optaron por el silencio, la observación discreta, el anonimato. Cumplido el tiempo, se levantó el telón de la representación. Multitud de personajes: Jesús, la figura estelar. El resto del elenco lo formarían: María y José, san Juan Bautista, los doce apóstoles, los pobres, los enfermos, los marginados de la sociedad…

San Juan Bautista es uno de los actores secundarios, «de reparto», en la representación escénica de nuestra salvación, pero sin duda enormemente importante y transcendente en el comienzo de la vida pública de Jesús, lo que significa que su papel era de los más difíciles de encarnar, ya que debía ser prudente, discreto, situado en la sombra pero de gran eficacia y responsabilidad. Se le verá, preferentemente, predicando la conversión y luego aparecerá bautizando a su pariente el Mesías. El resto fue todo silencio, ausencia, discreción absoluta.

Al predicar la conversión, los evangelistas ponen de relieve su austeridad, su sencillez, su conciencia de considerarse tan sólo el precursor de quien era más grande que él, y a quien no era digno desatarle la correa de las sandalias. Fueron sus tres condiciones más significativas: austeridad de vida, humildad ejemplar en su delicada actuación, y firmeza constante en la preparación de los caminos pada recibir al Salvador.

No cabe duda de que las vidas de los santos son para nosotros «señales de tráfico» que nos orientan en nuestro caminar. Conocemos al Jesús del evangelio, pero a la hora de poner en práctica sus enseñanzas, son de gran utilidad las actitudes, disposiciones y modo de ser y de vivir que tuvieron estos héroes de la santidad. Y hoy san Juan Bautista nos da lecciones de austeridad de vida, nos incita a que nos convirtamos cada mañana y cada noche, y nos enseña la belleza que contiene la humildad, esa maravillosa virtud que nos conduce a la sencillez, al anonimato, a no hacer bulto innecesario en nuestras relaciones con los demás.

En la difícil representación del inicio de la vida pública de Jesús, el precursor nos ha dado lecciones de cómo los actores secundarios, «de reparto», que somos todos nosotros, hemos de actuar, medir nuestras palabras, administrar nuestros gestos, mimar nuestros silencios… para merecer los elogios y el aplauso del público, es decir, de todos cuantos conviven con nosotros.

Pedro Mari Zalbide

Natividad de San Juan Bautista

El día de san Juan Bautista nos recuerda a todos el momento en que se inicia uno de los cambios más decisivos en la historia de la humanidad. Juan Bautista es el único santo del que la Iglesia celebra su nacimiento. Aparte de las razones que tuvieran, quienes instituyeron esta fiesta, para conmemorar hoy, no su muerte sino su nacimiento, lo que debe retener la atención del creyente es que, con la llegada de Juan Bautista a este mundo, se cierra una etapa en la historia de las tradiciones religiosas, y se abre otra: «La Ley y los Profetas llegaron hasta Juan Bautista; desde entonces se anuncia el Reino de Dios» (Lc 16, 16; Mt 11, 13). Con Juan se cierra la etapa marcada por la ley religiosa y se abre la etapa del Reino, que es vida para pobres, enfermos y pecadores. Dicho más claramente: la presencia de Juan Bautista en este mundo nos anuncia a todos que el «hecho religioso» se desplaza. El centro de ese hecho deja de estar en el templo y pasa a la calle, al campo, al desierto. Lo central ya no será «lo sagrado», sino «lo profano». Así de fuerte es esto.

Juan representó una innovación importante en su tiempo. Era hijo de un sacerdote (Zacarías) y su madre (Isabel) era de la familia de Aarón (Lc 1, 5). O sea, Juan era de familia sacerdotal en sentido pleno. Lo lógico es que él hiciera lo que le correspondía, integrarse en el Templo y vivir como sacerdote. Pero no lo hizo así. Juan fue un hombre del desierto, lugar de peligro y marginación social, donde vivían gentes que no tenían buena relación con el Templo, como era el caso de los monjes de Qumrán.

Pero Juan fue solo el primer paso de un desplazamiento decisivo. El paso de la etapa de la Ley y el Templo, a la etapa del Reino de Dios. Pero hay diferencias entre Juan y Jesús. Reduciendo estas diferencias a lo central, es seguro que el centro de las preocupaciones de Juan fue la conversión de los pecadores, en tanto que el centro de las preocupaciones de Jesús fue la salud de los enfermos y la alimentación de todos, especialmente de los pobres y excluidos sociales. El fondo de todo estuvo en que Juan creía en un Dios justiciero y castigador (Mt 3, 12; Lc 3, 17), mientras que Jesús creyó siempre en un Padre absolutamente bueno con todos (Lc 15, 11-32).

José María Castillo

Natividad de San Juan Bautista

PRESENTADOR

Un profesor de una Universidad de Barcelona, estudioso del tema religioso, afirma que las actuales generaciones son analfabetas en materia religiosa.

Cito algunos ejemplos muy simples, que, sin embargo, ayudan, facilitan el encuentro y la comprensión entre Jesús y el pueblo judío entre la Biblia y el mensaje cristiano. Ahí van algunos ejemplos: “comprar un “moisés”, «lavarse las manos como Pilato”, “el benjamín de la casa”, ”hacer de chivo expiatorio”, «estar hecho un cristo”, “es un Babel”, “no solo de pan vive el hombre”, “el que está libre de pecado que tire la primera piedra”, ”poner la otra mejilla”, ”echar margaritas a los puercos”, “de Pascuas a Ramos”, ”pasar las de Caín” y un largo etc.

Centrándonos en la lectura de la misa de hoy, concretamente en la frase: “Hasta que San Juan baje el dedo”, se parece mucho a los ejemplos anteriores. Nos da a entender que el asunto que tenemos entre manos se alargará por mucho tiempo. Pero este Santo original, como ninguno, no solo es sugerente por la frase, también lo es como modelo de comportamiento, de cumplidor de su misión: Prepara al pueblo judío para recibir al Mesías, a Jesús el Salvador. El Bautista supo retirarse a un segundo plano para dejarle a Jesús el primero: “Conviene que yo disminuya y Él crezca“. Es difícil cumplir con ésta condición. Cuesta ahondar en esta dirección. Es lo mejor que se puede decir de este Santo tan interesante. Sería magnífico que fuéramos los cristianos, como el Bautista: atractivos presentadores de Jesús, que lo presentemos como persona digna de ser atendida, contemplada y seguida.

Jesús anima con la alabanza mayor que un creyente puede escuchar : ”¿Qué salisteis a ver? ¿Un profeta?. Os digo que sí, y más que profeta”. A éste se refiere lo que está escrito: “Mira, envío por delante a mi mensajero para que prepare el camino. Os digo que entre los nacidos de mujer ninguno es mayor que Juan”.

En nuestras televisiones conocemos a varios presentadores. No siempre son conscientes de la influencia que ejercen. Si bien, cada uno somos responsables de nuestros actos.

Josetxu Canibe

Por qué tanto miedo

La barca en la que van Jesús y sus discípulos se ve atrapada por una de aquellas tormentas imprevistas y furiosas que se levantan en el lago de Galilea al atardecer de algunos días de calor. Marcos describe el episodio para despertar la fe de las comunidades cristianas, que viven momentos difíciles.

El relato no es una historia tranquilizadora para consolarnos a los cristianos de hoy con la promesa de una protección divina que permita a la Iglesia pasear tranquila a través de la historia. Es la llamada decisiva de Jesús para hacer con él la travesía en tiempos difíciles: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe?».

Marcos prepara la escena desde el principio. Nos dice que era «al caer la tarde». Pronto caerán las tinieblas de la noche sobre el lago. Es Jesús quien toma la iniciativa de aquella extraña travesía: «Vamos a la otra orilla». La expresión no es nada inocente. Les invita a pasar juntos, en la misma barca, hacia otro mundo, más allá de lo conocido: la región pagana de la Decápolis.

De pronto se levanta un fuerte huracán, y las olas rompen contra la frágil embarcación, inundándola. La escena es patética: en la parte delantera, los discípulos luchando impotentes contra la tempestad; a popa, en un lugar algo más elevado, Jesús durmiendo tranquilamente sobre un cabezal.

Aterrorizados, los discípulos despiertan a Jesús. No captan la confianza de Jesús en el Padre. Lo único que ven en él es una increíble falta de interés por ellos. Se les ve llenos de miedo y nerviosismo:«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Jesús no se justifica. Se pone de pie y pronuncia una especie de exorcismo: el viento cesa de rugir y se hace una gran calma. Jesús aprovecha esa paz y silencio grandes para hacerles dos preguntas que hoy llegan hasta nosotros: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe?».

¿Qué nos está sucediendo a los cristianos? ¿Por qué son tantos nuestros miedos para afrontar estos tiempos cruciales y tan poca nuestra confianza en Jesús? ¿No es el miedo a hundirnos el que nos está bloqueando? ¿No es la búsqueda ciega de seguridad la que nos impide hacer una lectura más lúcida, responsable y confiada de estos tiempos? ¿Por qué nos resistimos a ver que Dios está conduciendo a la Iglesia hacia un futuro más fiel a Jesús y a su Evangelio? ¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido y establecido en el pasado, y no escuchamos la llamada de Jesús a «pasar a la otra orilla» para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo indiferente a Dios, pero tan necesitado de esperanza?

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 23 de junio

El espectáculo de la primera lectura es digno de ser tenido en cuenta. Aquellas familias reales se sentían no servidores del pueblo que Dios les había encomendado sino dueños de sus vidas y destinos. Su función principal era la de luchar entre ellos tratando todos de quedarse con la porción mayor del pastel. El deseo de poder y de riquezas les llenaba de tal modo que no tenían tiempo para dedicarse a otras cosas. Lo peor de todo el resultado: terminaban matándose entre sí, destrozándose unos a otros. ¡Tantos esfuerzos para nada! ¡Tanta inteligencia derrochada para terminar muriendo en un enfrentamiento fratricida! ¡Tanto deseo de conseguirlo todo para, en realidad, perderlo todo!

Como siempre Jesús nos vuelve al sentido común, a lo que es más importante en la vida. ¿Creéis que es posible servir al mismo tiempo a vuestros deseos de poder y de riquezas y a la fraternidad del Reino que es lo que Dios quiere que hagamos? Es imposible. Son cosas que no pueden caminar juntas. Ya decía Mafalda, aquella niña argentina genial que Quino dibujó tantas veces, que es imposible amasar una fortuna sin antes hacer harina a los demás. Es un poco exagerado pero tiene mucho de verdad. 

Pero Jesús va más allá. No sólo se trata de que no se pueda servir a dos señores. Es que además uno de esos señores, el de las riquezas y el poder, no es en realidad un señor. Es más bien el atajo que nos lleva a la soledad y a la muerte. Vivir agobiados por esos deseos es perdernos lo mejor de la vida, que es el encuentro gozoso con los hermanos, el trabajo común para construir un mundo mejor y más justo. Donde nadie sea excluido y, como consecuencia, yo, cada uno de nosotros, también tenga un lugar. Donde puedo vivir en comunidad sin sentirme amenazado. Donde pueda vivir en paz. 

Porque aquellos que buscan sólo el poder, las riquezas, el estar por encima de los demás, viven siempre amenazados, tienen miedo. Los demás son siempre una amenaza. Por arriba que hayan llegado en la escala social siempre están amenazados de caer. Y, quizá porque han subido mucho, la caída es mucho más dura. Los que se entregan a esas pasiones no conocen la paz ni el descanso, no conocen el gozo de dar la mano al hermano y compartir las esperanzas y las alegrías, y también los dolores y las penas, con los que nos rodean. Viven siempre solos y atemorizados. No conocen la verdadera amistad porque desconfían de todos. No vale la pena vivir así. 

Lo que Jesús nos dice es que vale mucho más la pena trabajar por la fraternidad y la justicia, por la vida de todos, por el bien de todos. Ahí sí que podemos encontrar la felicidad, la paz, la tranquilidad. Sin agobiarnos. Sin vivir atemorizados. Porque sabemos que, buscando el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás se nos dará por añadidura.

Aristibulo Lorente, cmf