Dame fe, Señor

DAME FE, SEÑOR
Y que no me desangre
por las cosas estériles e inútiles que no merecen la pena.

DAME FE, SEÑOR
Y que sienta el brotar de una nueva vida cuando te palpo por la oración y la Eucaristía.

DAME FE, SEÑOR
Y elévame cuando, postrado en mil problemas,
tengo la sensación de que se impondrán a mis posibilidades de hacerles frente.

DAME FE, SEÑOR
Y que me levante, para siempre escucharte, y que me levante, para nunca perderte.

DAME FE, SEÑOR
Para que, siendo débil como soy,
pueda ser enérgico como Tú quieres que yo lo sea.

DAME FE, SEÑOR
Y cura y venda mis heridas
por las que, en hemorragia continua, siento que se malogra o se pierde mi vida.

DAME FE, SEÑOR
Y, cuando pases a mi lado en situaciones distintas yo sepa reconocerte y, con mi mano,
tocar y aprovechar la salud que irradia tu manto.

DAME FE, SEÑOR
Porque la fe, es ver lleno el vacío.
Porque la fe, es confiar en lo prometido.
Porque la fe, es levantarse aún a riesgo de volver a caer.
Porque la fe, es poner a Dios en el lugar que le corresponde.
Porque la fe, es atisbar luz donde algunos se empeñan en clavar sombras.

DAME FE, SEÑOR
Y, cuando algunos me den por muerto o vencido grítame a lo más hondo de mi conciencia:

¡A ti te lo digo! ¡Levántate!
Para que, de esa manera, vean que
tu presencia invisible, es más poderosa que los eternamente visibles, tu voz es autoridad y sana calmando las heridas
tu paso no deja indiferente al que te mira con amor y te acaricia con fe

¡Gracias, amigo y Señor de la vida!